4.4.12

Relaciones peligrosas

Ocho relatos que muestran las misteriosas relaciones eróticas y amorosas de las parejas en Japón
Hiromi Kawakami es una de las escritoras japonesas más leídas en la actualidad. foto.fuente:semana.com

Siempre he admirado la forma en que los escritores japoneses se acercan al tema del sexo. Podemos encontrar violencia, perversidad e incluso cierta sordidez, pero nunca hay vulgaridad porque nunca pierden la elegancia ni la belleza. Se me ocurre una explicación: ellos tratan el sexo como si se tratara de algo todavía sagrado. Kawabata, Mishima, Murakami y ahora esta sorprendente escritora, Hiromi Kawakami, que viene a mostrarnos el sexo desde la perspectiva de la mujer. Y bueno, también pienso en dos películas extraordinarias: El imperio de los sentidos y La mujer de la arena. Entonces, no es solo la literatura, son todas sus representaciones artísticas las que abordan el sexo como una ceremonia, como un ritual. "Como decía Confucio, nuestro cuerpo, de pies a cabeza, es un regalo de nuestros padres y debemos protegerlo de cualquier mal para demostrarles nuestro respeto". Abandonarse a la pasión, de Hiromi Kawakami -una bióloga que descubrió tardíamente su vocación literaria- es un conjunto de ocho relatos sobre relaciones de pareja en las que predomina la dificultad de mantenerlas, de comunicarse y de que la pasión, intensamente carnal, trascienda el olvido y la muerte. En el cuento que le da título al libro, una pareja de amantes huye hasta llegar a plantearse el suicidio para no asistir a ese horrible momento en que la pasión decae: "Somos amante fugitivos. Deberíamos abrazarnos con fuerza y dejarnos arrastrar por la pasión susurrando que queremos morir juntos, ¿no crees?". En Lluvia fina, Mezaki y Sakura, una pareja que tiene poco en común, sienten pavor cuando se enfrentan a un instante de comunión: "Me parece curioso que un hombre coja la mano de una mujer cuando tiene miedo". En Avidia, una pareja adúltera tiene que buscar la inmortalidad para poder realizar su amor. Sin embargo, el paso de los siglos juntos los ha hecho olvidar el fundamento de su amor. En El pavo real, una mujer de 40 años, cansada de amar sin esperanza, entiende que el sufrimiento no tiene final: "Podría llorar, odiar o reír y todo terminaría. Pero, en realidad, las cosas nunca terminan. Siempre siguen. Siguen, quizá, hasta que mueres". Cien años es el amor constante más allá de la muerte. Un hombre casado se intenta suicidar con su amante. Ella muere y él no. Él regresa con su esposa y sus hijos y ella lo sigue amando desde la muerte, hasta que él muere, hasta que ella cumple cien años en la muerte y no sabe si hay muerte en la muerte para seguir amándolo.

Cuando hay amor compartido, predomina la angustia y el miedo. Cuando hay amor de un solo lado -siempre el de la mujer- hay terror contenido y una entrega masoquista al sexo: "Me arrastraba de un tirón hasta el futón que yo no había guardado y me hacía el amor brutalmente". Lo obvio en este cuento, que se titula En el canto de la tortuga, sería decir que el terror lo padece solo la mujer. No es así: "No quiero que me arrastres al agujero donde estás", le dice Yukio a la mujer que es incapaz de abandonar y en la que reconoce el poder de la entropía: "Yo sabía perfectamente a qué me refería. Si lo dejaba que lo tocara, Yukio se hundiría conmigo en el lugar de las cosas inciertas e inacabadas".

En Pobrecita, la relación sadomasoquista es aceptada conscientemente por la mujer: "¿Por qué me gusta que me haga daño si el dolor me hace sufrir?". Porque guarda la esperanza de que un día a él le gustaría que ella le hiciera daño. ¿Solo por eso acepta tanto dolor? No, la razón es esta: "Me dejo llevar por un fugaz sentimiento de superioridad". Y su gran conclusión: "Todos somos dignos de compasión".

Siempre narra una mujer con una actitud distante y sobria frente a la dura realidad que padece. Entienden todo, pero no quieren cambiar el orden de las cosas. Increíblemente ellas no los juzgan y esa actitud nos desconcierta y nos seduce. La respuesta a esa hierática actitud se encuentra -a mi juicio- en el cuento El insecto de dios, el mejor del libro, del que deliberadamente no hablé para no privar a los lectores del placer de 'abandonarse' a la lectura.

Hiromi Kawakami

Abandonarse a la pasión
Acantilado, 2011
223 páginas

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