21.4.17

En 2017, Colombia conmemora el Año Jorge Isaacs

MinCultura presentó en la Biblioteca Nacional el Año Jorge Isaacs a través del cual se harán actividades culturales, artísticas y académicas, para conmemorar la vida y obra del escritor vallecaucano y promover la lectura de su novela 'María'.


Con ocasión de los 150 años de 'María', obra cumbre del escritor vallecaucano Jorge Isaacs, el Ministerio de Cultura declaró este 2017 como el 'Año Jorge Isaacs' (Resolución 126 de 2017), con el fin de conmemorar su legado y exaltar su obra literaria. Así se dio a conocer este miércoles 5 de abril, durante el lanzamiento de esta declaratoria llevada a cabo en la Biblioteca Nacional de Colombia. La serie de homenajes incluirá diversas actividades organizadas por el MinCultura, la Gobernación del Valle del Cauca, la Alcaldía de Cali, la Universidad del Valle, así como otras entidades académicas del país.
El acto contó con la presencia de la Directora de la Biblioteca Nacional de Colombia, Consuelo Gaitán; la Secretaria de Cultura del Valle del Cauca, Isabel Cristina Restrepo; la Secretaria de Cultura de Santiago de Cali, Luz Adriana Betancourt; el Profesor de la Facultad de Humanidades de la Universidad del Valle, Darío Henao Restrepo y de  María Isaacs, bisnieta de Jorge Isaacs, entre otros invitados.  También se contó con la presencia del escritor y poeta  William Ospina, quien presentó una semblanza de la vida y obra del escritor homenajeado.
Durante el acto del lanzamiento Consuelo Gaitán explicó que con la declaratoria, el Ministerio de Cultura busca promover la lectura de este clásico en los colombianos, con el fin de exaltar y rendir un homenaje a los aportes históricos y literarios que de ella se derivan. "Es importante traer la figura de Jorge Isaacs al día de hoy para entender situaciones trascendentales que vivimos actualmente en nuestro país. Entre las principales apuestas que haremos desde el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional será la participación en la Feria Internacional del Libro de Bogotá, en donde nuestro estand estará dedicado a exaltar la obra del escritor. Además, en el mes de junio, en la Biblioteca Nacional, se hará una exposición a cargo de Juan Cárdenas, quien va a referirse a los personajes femeninos y a los afros, en una relectura de la novela que no habíamos tenido tan presente, por estar más atentos a la historia romántica entre Efraín y María. También se harán jornadas de lectura a través de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, porque el mejor homenaje que se le puede hacer a un escritor es leerlo", concluyó la directora de la Biblioteca Nacional.
Isabel Cristina Restrepo, destacó que al saber que se  cumplían 150 años, de la primera edición de 'María', desde la entidad a su cargo se propusieron exaltar la vida y obra de su autor. "Jorge Isaacs fue como pocos, un hombre fundamentalmente humanista. 'María', por su contenido, tiene importantes valores históricos para nosotros. Los vallecaucanos nos sentimos orgullosos  del paisaje, de la historia y del romanticismo. Deseamos que con esta celebración que hoy inicia Jorge Isaacs esté en voz de todos los colombianos".
Por su parte, Luz Adriana Betancourt, dijo que el 2017 era un año muy especial y que desde Cali se rendirá homenaje a Jorge Isaacs de muchas maneras. "Cuando uno visita la hacienda El Paraíso, surge  una gran emoción porque sentimos que estamos haciendo parte de la novela. ´María', es una obra que nos estremece. En este homenaje tendremos 61 bibliotecas públicas que se vincularán a la lectura interactiva. También habrá un recorrido de seis estaciones con participación de los jóvenes. Nuestra programación también incluye un trabajo sobre las cocinas de 'María', en la que se resaltará la cocina del siglo XIX".
William Ospina - Año Jorge Isaacs.JPGPara cerrar el acto de lanzamiento, el escritor y poeta William Ospina, hizo una semblanza del escritor vallecaucano en la que señaló que Jorge Isaacs recibió la herencia literaria  del romanticismo inglés, francés y americano. "Este hombre, que traía toda esa carga de influencias estéticas y literarias, vivió en Colombia aventuras en múltiples disciplinas: como ingeniero, explorador, naturalista, político, militar. Toda esa síntesis la plasmó  en su novela. La gran obra romántica que América Latina estaba buscando, la encontró en 'María'.  Y en momentos en que en el país se comenzaba a dudar del valor de su novela por ser muy romántica, costumbrista y local, vino la voz de Jorge Luis Borges a enseñarnos que era una gran novela y marcó una pauta de valoración y de criterio estético", señaló Ospina durante su intervención.


El legado del escritor
Jorge Isaacs se ganó un lugar en la historia colombiana por sus aportes desde diferentes ámbitos del saber. Fue un hombre polifacético que se destacó como escritor, político, periodista, comerciante, etnógrafo y promotor de la educación.
'María', publicada en 1867, se convirtió en un clásico de la literatura  por representar las relaciones entre diferentes clases sociales, el papel protagónico del paisaje, la reflexión sobre la transformación del mundo colonial y hacendado, las ideas de Nación y las tensiones políticas de la época, aspectos relevantes de la historia colombiana.
Una estrategia conjunta
La organización del Año Jorge Isaacs es una estrategia conjunta entre el Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional, la Gobernación del Valle del Cauca, la Alcaldía de Cali,  la Universidad del Valle y otras universidades, que buscan celebrar la vida y obra del autor de 'María', al cumplirse 150 años de su primera edición. Con tal propósito se harán diversas actividades culturales, artísticas y académicas en diferentes lugares del país, principalmente, en Bogotá y el Valle del Cauca.
Programación del Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional
En la versión 30ª de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, que se llevará a cabo del 25 de abril al 8 de mayo, el estand del Ministerio de Cultura estará dedicado a la vida y obra de Jorge Isaacs. Allí los visitantes a la Feria podrán participar de conversatorios y talleres alrededor de la obra con escritores como Pilar Quintana y Antonio García.
Adicionalmente, se realizará una exposición de imágenes que darán cuenta de varios aspectos de la novela y una instalación audiovisual donde el espectador podrá experimentar de manera interactiva diversas situaciones y emociones derivas de la obra, con diferentes referentes del Valle de Cauca como fondo. También se entregarán los primeros capítulos de este clásico de la literatura colombiana a los niños, jóvenes y familias asistentes a las actividades, invitándolos a continuar leyéndola en la Biblioteca Básica de Cultura Colombiana de la Biblioteca Nacional.
A la Feria en Bogotá, se sumarán las Ferias Regionales del Libro que se llevarán a cabo en Pasto, Ipiales, Bucaramanga, Manizales, Cúcuta, Medellín, Pereira, Cali y Montería, donde se realizará lecturas en voz alta y talleres en torno a la obra.
Entre tanto, en la Biblioteca Nacional, que estará vestida con pendones de fragmentos alusivos a 'María', se dedicarán las "piezas del mes" de abril y junio a los manuscritos de Jorge Isaacs y a la edición inédita de su novela, con las correcciones del mismo autor.
El 21 de junio,  se inaugurará una exposición a partir de una revisión del corpus bibliográfico de María por parte del escritor y curador de arte contemporáneo Juan Cárdenas. La muestra hablará de: lo femenino y sus metonímias, 'Mil Marías e imágenes de subalternidad'. La artista plástica Gabriela Pinilla se sumará con un mural en  los espacios expositivos de la biblioteca inspirado en 'María'.
Finalmente, se realizará una muestra audiovisual en torno al eje conceptual de 'Mil Marías', a través del cual se buscará compartir las diferentes variaciones y mutaciones sufridas por 'María' en Colombia y en América Latina.
Para conmemorar el Año Jorge Isaacs, el Ministerio de Cultura destinó un micrositio en el portal del Ministerio, donde se podrá encontrar información relacionada con Jorge Isaacs, 'María' y las actividades principales en el marco de esta efeméride
Programación en el Valle del Cauca y Cali
La Gobernación del Valle del Cauca, así como la Alcaldía de Cali, también tienen prevista una programación conmemorativa de actividades culturales y artísticas en torno al Año Jorge Isaacs.
Para empezar, la Gobernación realizará el 'Concurso de Autores Vallecaucanos, Premio Jorge Isaacs 2017' en las modalidades de poesía y crónica, las cuales deben situarse en la Hacienda El Paraíso. También realizará 'Cocinando con María en El Paraíso', un proyecto que busca reconocer las manifestaciones culinarias de la cocina tradicional del Valle del Cauca y la respectiva publicación de una cartografía de las cocinas populares.
Entre las actividades artísticas, se llevará a cabo en la Hacienda El Paraíso el 'Concierto amor, banda y bolero con la banda departamental'; un Concierto con la Orquesta Filarmónica de Cali y una presentación de la obra 'María', por parte de la Compañía Incolballet. La Hacienda  tendrá a su vez, una renovación del guion museográfico.
A través de la convocatoria 'María en nuestra casa', dirigida a las Casas de la Cultura del Valle del Cauca, se incentivará actividades relacionadas con Jorge Isaacs y su obra cumbre, dentro de las cuales se destacan puestas en escena con fragmentos de 'María'.
La Alcaldía de Cali también realizará actividades de lectura en espacios no convencionales como hospitales, estaciones del Sistema Integrado de Transporte Masivo MÍO y Centros Comerciales, así como en la Red de Bibliotecas Públicas del departamento, con 'Mil Maneras de leer a María'. Además, en mayo, el Archivo Histórico de Cali tendrá exposiciones y proyecciones audiovisuales de la época.
También habrá un recorrido de seis estaciones inspirado en la vida y obra de Jorge Isaacs en el Centro Cultural de Cali sobre la naturaleza, la carta como escritura sentimental, la poesía de Isaacs, el teatro, entre otros. A su vez, los días 23, 24, 27 y 28 de abril realizará una ruta patrimonial con hitos urbanos relacionados con el autor.
Una reedición de la publicación ilustrada de la fotógrafa caleña Silvia Patiño sobre la novela 'María' y el diagnóstico y restauración del monumento en el Paseo Bolívar, en el centro histórico de la ciudad también harán parte de la agenda conmemorativa de la Alcaldía en la Sucursal del Cielo.
En septiembre, se llevará a cabo en el XVIII  Festival Internacional de Poesía, una edición especial en torno a Jorge Isaacs con lectura de su obra por parte de invitados internacionales. En este mismo mes, se realizarán tertulias y recitales poéticos sobre el autor vallecaucano.
La academia también conmemorará a Jorge Isaacs
El homenaje a Jorge Isaacs también se trasladará a la academia. La Universidad del Valle liderará el Simposio Internacional Jorge Isaacs, que contará con la participación de distintas universidades como la Universidad Nacional, la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad de los Andes y el Instituto Caro y Cuervo. En Bogotá la Universidad Nacional realizará una jornada de estudio sobre la vida y obra del autor vallecaucano y  la Universidad de los Andes, por su parte, liderará un encuentro de estudiantes donde se hablará del contexto del siglo XIX y de la vida y obra del autor de 'María'.
Siga las actividades del Año Jorge Isaacs, en el micrositio: Jorge Isaacs

Un futuro que nadie logró imaginar

El ensayo de José Luis Pardo describe un mundo emancipado del pasado y desilusionado del presente

Pasado, presente y futuro son respuestas cronológicas a la pregunta “¿qué es el tiempo?”. Esas tres dimensiones con las que los humanos ordenamos la historia del mundo y comprendemos la propia subjetividad tienen, sin embargo, envergadura diferente según las épocas. El pasado tuvo hasta la modernidad, el prestigio de la tradición, de lo verificable, la certidumbre de lo efectivamente acontecido. El pasado parecía firme porque fue experimentado y estaba disponible en los archivos y en la memoria. En ese sentido el pasado podía ser un yugo que obligaba al humano a la repetición, como un padre que se impone a los hijos. La modernidad debilitó la solidez del pasado mediante el progresivo giro antropocéntrico que implicó la liberación de los mitos, de la tutela de dios en materia política, social y económica y la confianza extrema en las potencias racionales aplicadas a la ciencia y la técnica. El presente se endulzó con la ilusión de lo nuevo y lo posible se volvió ilimitado hasta alcanzar un futuro que, liberado de la carga de su origen, se volvió una esperanza cuyo motor fue la idea de progreso. José Luis Pardo, filósofo español y ganador en 2016 del Premio Anagrama de Ensayo con su libro Estudios del malestar, describe en el artículo “Que viene el Futuro” un mundo que, emancipado del pasado y desilusionado del presente, tiende a depositar en el futuro una nueva mitología. El futuro, dice Pardo comentando la teoría del Realismo Especulativo, es “en cierto modo más ‘real’ que el presente y que el pasado pues es quien decide el sentido y la duración de estos últimos”. La paradoja es evidente puesto que ese futuro ‘real’ no existe, es solo una ficción imponderable. La realidad de ese futuro que no es podría deberse a que los hombres comienzan a considerarse ‘obsoletos’ en un presente gestionado por máquinas inteligentes y programadas por algoritmos, un mundo en el que domina el dataísmo en detrimento de la teoría, la virtualidad, la espectacularización de la política y de la intimidad, la fantasía de optimización absoluta de cuerpo y mente que la ciencia fomenta y que alcanzará únicamente a algunos. Esa obsolescencia podría impulsar la fuga hacia adelante. Ese futuro apremiante reemplazaría, además, escenarios en los que fracasaron los ideales de justicia y solidaridad y en los que la noción de libertad se emplea cada vez menos (o exclusivamente en relación con el mercado) porque ya no se sabe bien qué significa en el orden personal y colectivo. Ahora bien, hay que ser cuidadoso, ‘el futuro’ podría ser, sencillamente, otra quimera, un plan de evasión reclamado por un presente que no cumple con las consignas de progreso que el pasado formuló, que está encerrado en el desencanto y que no encuentra alternativas para la creciente desigualdad, la migración desesperada, las guerras, la xenofobia, la persistente misoginia. ‘El futuro’, además, estaría gestionado por intereses empresarios y por líderes que, a falta de ideas, apelan a la agresividad, a la autorreferencia y que son vulgares porque la vulgaridad les garantizó un éxito que no habrían alcanzado con su inteligencia. Pardo dice también que para explicar las deficiencias de nuestro presente no habría que apelar a significantes vaciados tales como ‘capitalismo’, ‘sistema’, ‘economía’ porque pueden funcionar como fáciles ‘proyectiles simbólicos’ o tranquilizadoras generalizaciones que, si bien al menos ofrecen un monstruo al que hacer frente, son ineficaces conceptualmente. La excesiva generalidad de los dispositivos ‘capitalismo’, ‘sistema’, etc., los transforma en vaguedades que no ayudan a pensar. Pardo llama a la filosofía y a las ciencias sociales a pensar alguna idea que “quizás no se trate tanto de una alternativa al capitalismo como a una de esas maneras de pensar las cosas que dificultan su conocimiento”.
La alternativa que Pardo pide está en las listas de los libros más leídos y recomendados en 2016: Stoner de John Williams, Manual para mujeres de la limpieza de Lucía Berlin y Black out de María Moreno. Los tres libros son del pasado. Los dos primeros –Stoner y Manual para las mujeres de la limpieza- son rescates de autores fallecidos que pasaron casi desapercibidos en su época (estaban por eso directamente sepultados en el pasado), el de Moreno es un libro en el que el pasado es tratado con los miramientos contradictorios –ternura, distancia, crueldad y alegría, sinceridad-, que merece la dimensión que ha hecho posible una vida. Los personajes principales de los tres textos (con fuerte impronta autobiográfica) –Stoner, Lucia (y los diferentes apodos con los que ella se refiere a sí misma) y ‘María/Cristina’, hija irónica del emperador Hirohito-, encarnan la perpetua épica humana de sufrimiento, superación, sufrimiento: victorias módicas, derrotas inevitables, búsquedas, pérdidas, certezas, desconciertos, amores. Los recursos literarios son limpios y eficaces en cuanto que las tramas sintetizan la complejidad intelectual y afectiva de los tres en las circunstancias epocales que les tocan. El deseo de orientación cifrado por el gusto literario que los personajes manifiestan aunque en conflicto con pasiones oscuras, de alcohol, de locura o maldad los transforma en figuras clásicas pero que, lejos de no tener vigencia, recuerdan la perpetuidad de los conflictos humanos. Los libros de Stoner, Berlin y Moreno son el pasado y hablan de él.
¿Por qué entonces cuando el ‘futuro’ busca copar la escena del presente desplegando sus marcas y tentaciones utópicas o distópicas (según quien lo juzgue), cuando busca instalarse como lo real, los libros del pasado de Williams, Berlin y Moreno prevalecen en el gusto de los lectores y son tan recomendables? La respuesta es simple, los tres libros producen alivio, son antídotos.
A pesar de que narran la dureza de la vida, los fracasos, la vocación, las muchas gradaciones afectivas del alcohol, la desesperación y la derrota, a pesar de que la tecnología no interesa en ellos y las imágenes desfilan sin asaltar, los textos permiten respirar, ralentizan el paso del tiempo y lo hacen durar para que los lectores podamos componernos en la trama que nos pertenece a todos. Stoner, Manual para mujeres de la limpieza y Black out son libros responsables no porque difundan consejos para una buena vida o porque glorifiquen el pasado con nostalgias sino porque relativizan la preeminencia del ‘futuro’ evocando el efecto constante que la fragilidad y la contingencia tienen, incluso, para la creación de un futuro fabuloso. Son tres libros que demoran la comprensión de las cosas pero para darles calado y memoria.
La autora es doctora en filosofía (UBA), docente UBA-APA, Instituto Universitario de Salud Mental, UNL.

La Ciudad de México de ‘Los detectives salvajes’

Una inmersión literaria, sentimental y gastronómica en la capital mexicana con la gran novela del escritor Roberto Bolaño como particular guía turística
Centro gastronómico, cultural y de arte Blanco Colima. en la calle Colima. / SAÚL RUIZ/Elpais.com

En la primera imagen, trozos de pescado kampachi y vinagreta de soja del restaurante Máximo Bistro.

 En la segunda, pescado a la parrilla del restaurante Contramar.
Una sala del Museo del Objeto del Objeto (MODO), en la Colonia Roma.  SAÚL RUIZ

A VECES SE visitan las ciudades como se lee un libro. Repasamos los edificios, las calles, los cafés y los detalles que vimos en las páginas y encontramos personas que podrían ser personajes. Los detectives salvajes, obra maestra de Roberto Bolaño, celebra el viaje, la carretera y la contracultura, y se lee como crónica, biografía o novela. Tiene como protagonistas a tres jóvenes poetas que emprenden una aventura sin rumbo y como punto de partida y epicentro la Ciudad de México.

Recorrer la inabarcable capital con Bolaño resulta igual de estimulante que leer su novela, una experiencia infinita, pues como buen clásico siempre concede algo inesperado. Con la ciudad ocurre lo mismo: empieza pareciendo desorbitada y acaba siendo íntima. Antes de aterrizar se cree que transmitirá la sensación de ser una bola de bingo en un bombo, entre tantas otras lanzadas a mil direcciones, a seiscientas páginas ululantes. En los setenta, cuando se inicia la novela, había 14 millones de habitantes. El narrador de la historia, Juan García Madero, tenía 17 años. Era huérfano y vivía en casa de sus tíos. Estudiaba Derecho en la UNAM, pero le costaba ir a clase. Descubría la ciudad al tiempo que se iniciaba en la poesía y revelaba indiscutibles dotes sexuales, inquietudes y miedos. Para él, el desnorte era un estado de ánimo que cualquier lector envidiará, pues ¿hay mejor época en la vida que cuando no se va a ningún lado? Había conocido fugazmente a Arturo Belano y a Ulises Lima, representantes del real visceralismo (o infrarrea­lismo), pero los perdió de vista. El 7 de noviembre confiesa que ya no volverá a verlos, pero se equivoca. Semanas más tarde caminaba por Sullivan y, mientras cruzaba Reforma, dos voces le reclamaron:



–¡Arriba las manos, poeta García Madero!

Eran ellos.

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Cerca de ahí, en el Café Toscano de la plaza de Río de Janeiro, pienso en la frecuencia del azar en México. Hace tres años, la primera vez que vine, aparecí en casa de un amigo en esta misma colonia Roma. Me presentó a la chica con la que la compartía y a los cinco minutos descubrimos que los dos habíamos vivido no ya en el mismo piso de la calle de la Palma de Madrid, sino ¡en la misma habitación! Estas cosas pasaban con 14 millones de habitantes entonces, y pasan hoy entre 21.

EN LOS SETENTA, CUANDO SE INICIA LA NOVELA, BOLAÑO TENÍA 17 AÑOS Y ERA HUÉRFANO

De un tiempo a esta parte el arte culinario ha tomado la iniciativa en el barrio. Los sándwiches de Belmondo, la delicadeza de Blanco Colima, el glamour de Máximo, el pescado de Contramar. Todo gira a expensas del espíritu bobo (bourgeois-bohème) que irradian comercios gastronómicos, galerías vintage y fachadas déco. Arrojado por la inercia, agarro Colima en dirección a Condesa soñando con llegar a casa de las hermanas Font (“las Font viven en la colonia Condesa, en una elegante y bonita casa de dos pisos con jardín y patio trasero de la calle Colima”), creyendo que su papá –Quim, qué personaje– me invitará a un trago para demorar mi encuentro con una de sus hijas –Angélica, María…, poco importa–. Sin embargo, en la esquina con Córdoba encuentro el Museo del Objeto del Objeto (MODO), en un edificio art nouveau de 1906, similar a la casa que busca mi memoria lectora. Visito la exposición Del plato a la boca, que celebra la evolución del diseño en la cocina desde el siglo XIX hasta hoy, haciendo uso del conocido refrán “Del plato a la boca se cae la sopa”. En una pared, alguien ha escrito una nota: “Mi menú ideal: tu corazón, pero no tienes, maldito”. Viendo tenedores y sartenes pienso en la mala suerte de los realvisceralistas. Iban tan cortos de dinero que se hinchaban a cafés con leche. Vivían como poetas amarrados a la vida cotidiana, con preocupaciones mayores que el dinero o las aulas, pues iban a acabar con la oficialidad. No disfrutaban la gastronomía mexicana más allá de unas tortas. Qué pena. Manuel Maples Arce los definirá bien a mitad de libro, en el bosque de Chapultepec: “Todos los poetas, incluidos los más vanguardistas, necesitan un padre. Pero estos eran huérfanos de vocación”.

Los detectives salvajes eran ratas de librerías de viejo, amaban el polvo acumulado en esos laberínticos corredores forrados de lomos que a veces da cosa tocar por miedo a que se deshagan. Rastreadores de malditismo y sabotaje, sobre todo en la calle de Donceles, cerca del Bellas Artes, ahí donde el restaurante Sanborns de la calle de Madero, en el que en vano intentaron secuestrar a Carlos Monsiváis, que los consideraba “discípulos de Marinetti y Tzara, sus poemas ruidosos, disparatados, los dos con el pelo larguísimo, más largo que el de cualquier otro poeta, con una terquedad infantil, no me gusta, no me gusta, capaces de negar lo evidente…”. Aquí, en la complaciente avenida de Álvaro Obregón, se halla una sede de la Cafebrería (cafetería y librería) El Péndulo, referente cultural. Este edificio mereció la Mención Honorífica en la Bienal de Arquitectura Mexicana. Desde cualquiera de sus pisos no cuesta imaginar hoy a Arturo y Ulises rondando escaleras abajo, con los bolsillos cargados, ajenos a alarmas y clientes. Aunque les pega más la vecina A Través del Espejo, reducto del libro antiguo en el barrio.

El parque España no queda lejos. “Mientras caminábamos en silencio por el parque España, a esa hora transitado sólo por amas de casa, sirvientas y vagabundos, pensé en lo que me dijo María sobre el amor y el dolor”. Recorro el área verde a la sombra de los árboles recordando la naturaleza accidental de los personajes de las novelas fundacionales y la pasión por la marginalidad de los realvisceralistas, que podrían ser los chavales que fuman en el monumento a Lázaro Cárdenas, presidente que brindó apoyo a los exiliados españoles tras la Guerra Civil.

Aprovecho la cercanía para comer un taco de camarones en El Pescadito (otra opción es Fishers) y evoco la Tacopedia, biblia del taco que a buen seguro hubiera hecho gracia a Belano, o Bolaño. Y luego, por afinidad, entro en la Pastelería Suiza (fundada por un catalán, Jaime Bassegoda, que en 1942 logró colarse en la última travesía del Nyassa con otros refugiados), donde hacen el mejor pan de muertos de la ciudad.

LOS DETECTIVES SALVAJES ERAN RATAS DE LIBRERÍA DE VIEJO. AMABAN EL POLVO ACUMULADO

“Decidimos tomar juntos un pesero hasta Reforma y de ahí fuimos caminando hasta un bar de la calle Bucareli, donde estuvimos hasta muy tarde hablando de poesía”. De camino observo la inconfundible escultura de Sebastián, El caballito, y no tardo en pisar Bucareli y la zona que mejor ha resistido el paso del tiempo de la novela. Si hay un café que define el universo de los detectives es el Habana (Quito en el libro), fundado en 1952. Las calles circundantes atesoran el lumpen que adoran Belano y Lima. Sentados en estas mesas, alrededor de cafés con leche, se pasaban horas escribiendo poemas rimbaudianos y discutiendo de política, mujeres, cine. La juventud temprana es charlatana e impetuosa. Aquí han tomado café el Che Guevara, Octavio Paz… Y aquí Jacinto Requena, en noviembre de 1976, sentenciaba: “El lumpen es la enfermedad infantil del intelectual”. Buen sitio este para recordar la inocencia de los buenos tiempos, cuando todo era ir, cuando se vivía en la huida. Quizás por eso, Amadeo Salvatierra, a mitad de novela, anunciara: “Qué lástima que ya no hagan mezcal Los Suicidas, qué lástima que pase el tiempo, qué lástima que nos hagamos viejos, qué lástima que las cosas buenas se vayan alejando de nosotros al galope”.

Escritores que no leen

Mundo literario versus Literatura
Leer es la gimnasia del escritor./zendadelibros.com

Gran parte de los supuestos escritores, aspirantes a escritores y escritores en ciernes con los que me topo de un tiempo a esta parte, en realidad no están preocupados por la escritura, sino por la publicación de su obra. Una obra que, paradójicamente, todavía no han escrito, pero que desean ver en los escaparates de las librerías cuanto antes. Sí, tienen más urgencia por publicar que por escribir; la publicación no es una consecuencia, es necesidad, una obsesión. Es, diría, el objetivo único. La literatura queda en un segundo plano. ¿A quién le importa la literatura? Lo que está en juego es otra cosa.
En una encuesta realizada por el diario El País en enero del 2015, el 35% de los españoles reconocía no leer nunca y solo el 29,3% aseguraba hacerlo de manera habitual. Yo sería todavía menos benévolo. Considerando que la lectura tiende a ser utilizada como una de las principales varas para medir la cultura y el desarrollo humano —probablemente de manera sobrevalorada—, a nadie le gusta pasar por inculto y poco evolucionado. Así que es fácil que ese 35% sea algo mayor y que del 29,3% no lea de un modo tan frecuente como asegura.
A pesar de estos datos, puede que este sea el país con más escritores por metro cuadrado. Usted mismo seguro que también escribe, pese a no leer. O su vecino del tercero. O su cuñado. Los cuñados escriben mucho.
"Ellos ponen a tu disposición toda la maquinaria de una editorial tradicional: diseñadores, maquetadores, correctores… Lo único que, irónicamente, no hacen es la labor de un editor."
Sí, España es un país plagado de escritores que no leen. Prueba de ello es la ingente cantidad de concursos literarios que podemos encontrar, posiblemente uno por cada población de más de mil habitantes, a los que se presentan del orden de trescientos manuscritos —como poco—. Ya ironizó sobre el tema el escritor peruano Fernando Iwasaki en su divertido libro de cuentos España aparta de mí esos premios —por cierto finalista en su primera edición del premio de relatos mejor dotado, El Premio Ribera del Duero—.
Al calor de este fenómeno —los escritores que no leen—, sin parangón en ningún otro país, han surgido infinidad de editoriales de autoedición y coedición que, impulsadas por el crecimiento de las plataformas digitales y las redes sociales, crecen y se multiplican al igual que las setas venenosas, que diría Bukowski.
Si no me creen, tecleen en el infatigable Google y verán que aparecen tantas como editoriales tradicionales, con reclamos del porte “publicar un libro nunca fue tan fácil”, o “publica tu libro fácil y rápido”.
Y sí, efectivamente, es así de sencillo. Envías un archivo en Word o PDF y a los pocos días recibes una respuesta en la que te informan de que ha sido aprobada la publicación de tu obra por “un comité de lectura” y que, si así lo deseas, tendrás un libro maravilloso entre tus manos: tu libro. Ellos ponen a tu disposición toda la maquinaria de una editorial tradicional: diseñadores, maquetadores, correctores… Lo único que, irónicamente, no hacen es la labor de un editor, que principalmente consiste en cuestionar la obra, o ciertas partes de ella, para intentar mejorarla.
¡Claro que sí! Por qué tener que someterse a la posibilidad de engorrosos rechazos. El arte es subjetivo.
Junto con la carta de aceptación se adjunta un presupuesto que deberás abonar en dos cómodos pagos (50 % por anticipado) y que dependerá de la tirada que desees. Puede variar desde los 500 € hasta los 750 € por una tirada de 50 ejemplares (se va reduciendo la cuantía por ejemplar según aumenta esta).
"Poco importa si la maquetación deja mucho que desear, las correcciones brillan por su ausencia, el blanco nuclear del papel tiene una calidad más que cuestionable y el diseño de cubierta es de dudoso gusto."
Por supuesto, aceptas porque ya te imaginas con tu obra bajo el brazo. Una gran obra a la que un mercado editorial viciado le ha cerrado las puertas injustamente. Además, como todo el mundo sabe, muchos de los grandes escritores de la historia comenzaron autopublicando. Has oído por ahí que incluso el propio García Márquez; todo un Premio Nobel. Lo que no te preguntas, para qué, es cuánto leyeron estos escritores antes de poner una letra sobre el papel y animarse a enviarla.
Y tu libro llegó. Una gran caja, con alrededor de 300 ejemplares dentro, que abres con orgullo de escritor. Sacas uno, lo acaricias, lo fotografías y cuelgas su imagen, cuando tu corazón se ha recuperado de la emoción y la arritmia, en Twitter, Instagram y Facebook. Los “me gusta” caen como moscas. Poco importa si la maquetación deja mucho que desear, las correcciones brillan por su ausencia, el blanco nuclear del papel tiene una calidad más que cuestionable y el diseño de cubierta es de dudoso gusto. Mejor aún, poco importa el contenido del mismo. Ni siquiera a ti, que, a fin de cuentas, no lees. Lo importante es que te has convertido en escritor.
"Sí, publicar nunca fue tan fácil. Editar tampoco. Pero escribir sigue siendo un poco más complejo, aunque no se publique."
Y para culminar tu escalada al mundo de las letras, solo te queda organizar una presentación en uno de los garitos literarios de moda del centro de tu ciudad y convocar a todos tus familiares y amigos para endosarles tu obra. Si se te da bien la venta recuperarás el dinero invertido y quizá hasta puedas ganar unos eurillos. Ellos, además, no tendrán ningún problema en alimentar tu ego con alabanzas a tu literatura, para eso están allí y algunos desconocen otra con la que comparar, aunque luego utilicen tu novela o tu libro de relatos para calzar un mesa que cojea.
Sí, publicar nunca fue tan fácil. Editar tampoco. Pero escribir sigue siendo un poco más complejo, aunque no se publique; entre otras cosas porque para ello primero hay que realizar el esfuerzo (para algunos placer) de leer mucho.

Los mejores libros sobre librerías

El escritor Jorge Carrión conoce bien las librerías. Se ha recorrido muchas de ellas por todo el mundo y ha escrito un bello ensayo sobre estos locales que esconden mucho más que libros entre sus paredes. Y también es un buen prescriptor de títulos protagonizados por librerías, como estos diez que elige para el Día del Libro

Para Carrión, unos de los mejores libros de ficción sobre librerías es un cómic: Los sucesos de la noche, de David B., “dos volúmenes sobre las oníricas y fascinantes librerías de viejo de París, que conforman una topografía secreta de la ciudad. Una absoluta maravilla”, afirma. También destaca Mendel, el de los libros, de Stefan Zweig, que considera “un alegato precioso y sofisticado en favor de la memoria y la tolerancia, en contra de todos las políticas extremas”.

No faltan 84, Charing Cross Road, “un volumen epistolar sobre librerías que escribieron Hanff, una escritora entusiasta, y Brian Clark, un librero ejemplar” ni el recorrido por las librerías evocado por Sylvia Beach y Adrianne Monnier (Rue de L’Odeon), y que para Carrión son “las mejores memorias de libreras parisinas. Beach y Monnier, amantes de los libros, de los autores y de ellas mismas (por separado y como pareja estable) son las grandes prescriptoras de la literatura en inglés y en francés del París de entreguerras”. A estos libros se une la historia de la famosa Shakespeare & Co. contada por Jeremy Mercer. “Es una gran crónica autobiográfica sobre la segunda Shakespeare and Company, la de Georges Whitman, de quien fue amigo y a quien retrata en todas sus contradicciones”.

La historia sobre la librería en la que Alberto Manguel conoció a Borges aparece en Una historia de la lectura, “un excelente ensayo divulgativo sobre los modos en que los humanos hemos ido leyendo a lo largo del tiempo”, afirma Carrión.

Para concluir, tres libros: Un silencio menos, de Mario Levrero, donde cuenta sus conversaciones con el escritor uruguayo Elvio Gandolfo en las que narra sus experiencias como librero de viejo; American smoke, de Ian Sinclair, “otro escritor con pasado de librero. Sus viajes por los USA siguiendo los pasos de los escritores que primero conoció a partir de libros comprados en librerías de Londres (auténticas epifanías), resume Carrión; y, finalmente, una joya, La librería de los escritores, “un librito que resume una utopía: la famosa y fugaz Librería de los Escritores de Moscú”, desvela el escritor.


JORGE CARRIÓN para LIBROTEA: "La mejor ficción sobre librerías es un cómic. Una novela gráfica de David B. en dos volúmenes sobre las oníricas y fascinantes librerías de viejo de París, que conforman una topografía secreta de la ciudad. Una absoluta maravilla."
David B. vuelve a realizar otra pirueta con la imaginación a base de relatos callejeros, librerías sorprendentes y la niebla espesa de la Ciudad de la luz Como casi todas las cosas del ámbito de lo maravilloso, todo empieza con un sueño o una intuición. Así sucede este cuento fascinante, cuando David B. descubre en una librería de París una antigua revista del siglo XIX, titulada Los sucesos de la noche. En sus singulares páginas, la crónica se entremezcla con el esoterismo. Con este punto de partida, el autor construye una historia desasosegante, entre lo onírico y lo detectivesco. Azrael, ángel de la Muerte, la cábala judía o Ene, el dios ancestral de la exterminación y el olvido, transitan aquí por las calles de un París fantasmagórico. Pura magia a cargo del autor de Epiléptico. La ascensión del Gran Mal, autor decisivo en la deriva actual de la novela gráfica europea, que mezcla ficción y autobiografía a partes iguales, y maestro de autores de la talla de Marjane Satrapi.


JORGE CARRIÓN para LIBROTEA: "Un gran relato sobre librerías lo escribió el autor de El mundo de ayer y es un alegato precioso y sofisticado en favor de la memoria y la tolerancia, en contra de todos las políticas extremas."
Escrito en 1929, Mendel el de los libros narra la trágica historia de un excéntrico librero de viejo que pasa sus días sentado siempre a la misma mesa en uno de los muchos cafés de la ciudad de Viena. Con su memoria enciclopédica, el inmigrante judío ruso no sólo es tolerado, sino querido y admirado por el dueño del café Gluck y por la culta clientela que requiere sus servicios. Sin embargo, en 1915 Jakob Mendel es enviado a un campo de concentración, acusado injustamente de colaborar con los enemigos del Imperio austrohúngaro. Un breve y brillante relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo xx.

JORGE CARRIÓN para LIBROTEA: "Precioso volumen epistolar sobre librerías lo escribieron Hanff, una escritora entusiasta, y Brian Clark, un librero ejemplar. El intercambio es perfecto. La lectura, muy emocionante."
En octubre de 1949, Helene Hanff, una joven escritora desconocida, envía una carta desde Nueva York a Marks & Co., la librería situada en el 84 de Charing Cross Road, en Londres. Apasionada, maniática, extravagante y muchas veces sin un duro, la señorita Hanff le reclama al librero Frank Doel volúmenes poco menos que inencontrables que apaciguarán su insaciable sed de descubrimientos. Veinte años más tarde, continúan escribiéndose, y la familiaridad se ha convertido en una intimidad casi amorosa. Esta correspondencia excéntrica y llena de encanto es una pequeña joya que evoca, con infinita delicadeza, el lugar que ocupan en nuestra vida los libros... y las librerías. 84, Charing Cross Road pasó casi inadvertido en el momento de su publicación, pero desde la década de los setenta se ha convertido en un verdadero libro de culto a ambos lados del Atlántico. Edición limitada en tapa dura.

JORGE CARRIÓN para LIBROTEA: "Las mejores memorias de libreras parisinas son estos dos volúmenes de Beach y Monnier, amantes de los libros, de los autores y de ellas mismas (por separado y como pareja estable), las grandes prescriptoras de la literatura en inglés y en francés del París de entreguerras."
Bienvenidos a La Maison des Amis des Livres en el número 7 de la Ruede L’Odéon. Adrienne Monnier nos abre las puertas de su mítica librería y nos cuenta los secretos de los clientes habituales que la frecuentaron: Joyce, Beckett, Rilke, Prévert, Hemingway, Proust, Breton, Gide y muchos otros.
París, 1915. Mientras la guerra irrumpe en la tranquilidad del otoño, el sueño de una joven inconformista se hace realidad: en el corazón del Barrio Latino, cuna de la experimentación literaria, la emprendedora y valiente Adrienne Monnier abre La Maison des Amis des Livres, la librería que marcaría la vida intelectual del París de la primera mitad del siglo xx. Rue de L’Odéon nos ofrece un retrato y un testamento personal y profesional de una mujer que dedicó treinta años a la literatura con creatividad y pasión y que fue, junto con su íntima amiga Sylvia Beach, una de las protagonistas más destacadas de aquella época dorada.
La librería cerrará en 1951. Después de treinta años de intensa actividad, Adrienne se retira de la escena cultural, pero sobrevive en estas páginas de memorias dedicadas a quien ama los libros y París y a los que sueñan todavía con entrar en La Maison des Amis des Livres y rebuscar en sus estanterías mientras escuchan en vivo a Erik Satie.


JORGE CARRIÓN para LIBROTEA: "Una gran crónica autobiográfica de una librería es este testimonio de Mercer en la segunda Shakespeare and Company, la de Georges Whitman, de quien fue amigo y a quien retrata en todas sus contradicciones."
Con unos facinerosos pisándole los talones, el cronista de canalladas Jeremy Mercer se planta en París a la espera de algo. Cierto día, cuando deambula con aguacero y sin techo por la orilla izquierda, le ofrecen té en una fábula conocida como Shakespeare and Co. Aquella guarida es, en realidad, el segundo avatar de una fantasía ideada por Sylvia Beach en los años veinte como domicilio de una generación no más perdida que cualquier otra, un templo ya difunto pero resucitado durante los cincuenta con extravagantes consecuencias. Allí, sin ir más lejos, residieron Ginsberg, Burroughs, Ferlinghetti y otros tambores de la percusión beat. George Whitman, su nuevo sacerdote, ofrece hospedaje a cambio de trabajo a los letraheridos sin rumbo, y nuestro Jeremy acepta la generosa oferta para acabar convertido en huésped, confidente y factótum del estrafalario posadero. Lo acompañará en su aventura un formidable reparto de exotismos humanos decididos a llevar la bohemia parisina hasta las cotas más sublimes de lo descabellado. Y lo entrañable. Y lo literario. Porque la librería más famosa del mundo aloja el sueño de unas vidas reales hechas con la materia de la ficción. Este libro es la memoria de esos días.

JORGE CARRIÓN para LIBROTEA: "Excelente ensayo divulgativo sobre los modos en que los humanos hemos ido leyendo a lo largo del tiempo, con ese capítulo estelar sobre la librería en que Manguel conoció a Borges (y se convirtió en uno de los miembros de su círculo de lectores de confianza)."
Con un espíritu lúdico que atrapará a todo aficionado al libro y a la lectura, Alberto Manguel traza en esta deliciosa mezcla de psicología, historia, anécdotas, memoria, fantasía, estudios clásicos, etc., un estimulante recorrido por el caprichoso y apasionante laberinto de 6.000 años de palabra escrita. Lectores y experiencias de todos tiempos y lugares nos guían con amenidad a través de " Una historia de la lectura " , precisamente la que Manguel ha sido capaz de articular a partir de su condición de lector ávido e inteligente: san Ambrosio, uno de los primeros en aprender a leer en silencio; Diderot, convencido de las propiedades terapéuticas de las novelas “picantes”; Borges, que pedía que leyeran para él su madre, sus amigos, quien estuviera a mano; Stevenson, que no quería aprender a leer para no privarse del placer que le producían las lecturas de su niñera.

JORGE CARRIÓN para LIBROTEA: "En estas conversaciones con Elvio Gandolfo el gran escritor uruguayo habla de vez en cuando de sus experiencias como librero de viejo. Yo me lo imagino como a Quentin Tarantino en su videoclub, tan joven, definiendo una poética de la remezcla."
“Al preparar una compilación de entrevistas a Levrero, uno de los entrevistadores me comentó, por ejemplo, que lo que había grabado era mucho más extenso, pero que el propio Levrero le había pedido que no difundiera lo que habían hablado sobre su primera etapa, de niñez, adolescencia y juventud. Al parecer le provocaba resquemores varios. Tenía algunos datos: el padre trabajaba en las grandes tiendas London-Paris, la madre era al parecer sobreprotectora y había hecho que dejara de ir a la escuela por un soplo al corazón. De todos modos los datos provenían del propio Levrero, y también otros más inmediatos y palpables (como un elefante de plata y un bochón de vidrio) estaban dispersos en obras como Todo el tiempo o Desplazamientos”.


JORGE CARRIÓN para LIBROTEA: "Otro escritor con pasado de librero. Sus viajes por los USA siguiendo los pasos de los escritores que primero conoció a partir de libros comprados en librerías de Londres (auténticas epifanías)."
La obra de Iain Sinclair es, en cierto modo, la de un detective. Un detector de pistas que, al seguirlas, resuelve misterios. Ocurre con Sinclair, sin embargo, que sus peculiares investigaciones poco tienen que ver con el crimen y mucho con la huella cultural que van dejando sus héroes a lo largo de los siglos. En American Smoke Sinclair abandona el territorio que más conoce, Londres, para desembarcar por primera vez en una zona desconocida: Estados Unidos. Este peculiar libro de viajes relata el encuentro de Sinclair con una vastedad geográfica y cultural inabarcable: de punta a punta del país, de una costa a otra, el autor sale a la busca de nombres esenciales para comprender su prosa, su visión del mundo y su acidez conceptual, de Malcolm Lowry a Jack Kerouac, de Charles Olson a William Burroughs, y de Gary Snyder a toda clase de mitos, paisajes y recuerdos que han moldeado el imaginario colectivo, con particular interés (aunque no exclusivamente) por la Generación Beat y los grandes espacios abiertos de América. Asimismo, Sinclair también busca el fantasma de Roberto Bolaño en Barcelona y en Blanes, o los de Malcolm Lowry o William Burroughs en California. Descrito como un libro de «trayectos errados y decisiones malaventuradas», American Smoke es un road trip alucinógeno que confirma a Iain Sinclair como el paseante definitivo y uno de los cronistas más afilados de las últimas décadas.


JORGE CARRIÓN para LIBROTEA: "Un librito que resume una utopía: la famosa y fugaz Librería de los Escritores de Moscú."
La Librería de los Escritores en el Moscú revolucionario es como un remanso de amor a la cultura y a los libros en medio de un mundo caótico y violento y contra todas las dificultades imaginables.

14.4.17

Gabo y la elección de Mitterrand

García Márquez ayudó al candidato socialista a encontrar nuevos recursos para su campaña presidencial
Gabriel García Márquez saluda al presidente francés François Mitterrand en 1981. AGE/elpais.com

En este mes de abril coinciden las elecciones en Francia con el tercer aniversario de la muerte de Gabriel García Márquez y este hecho me trae a la memoria algo que vivimos con Gabo en relación al triunfo electoral de François Mitterrand en mayo de 1981. Para entonces me encontraba en Panamá cobijado por Omar Torrijos quien me había invitado en la emergencia a hacer de su país “una tierra de refugio y de combate”. Una mañana de esas llamaron a la puerta del piso que alquilaba en el edificio San Gabriel, esquina calle 50. Asomé la mirada al ojo de pez y para sorpresa mía vi al otro lado el rostro de Gabo.
Nos habíamos conocido unos años antes cuando en enero de 1975 él formaba parte del Tribunal Russell reunido en Bruselas para juzgar los crímenes de las dictaduras en América Latina y yo venía fugado de la prisión en Bolivia, convocado como testigo de cargo. En los últimos meses nos encontramos dos o tres veces como emergencia de la dolorosa transición democrática boliviana que me obligó a curar en el exterior las quemaduras sufridas en el atentado de aviación, del que Gabo escribiría meses después una de sus crónicas, e iniciar una campaña internacional de información sobre la naturaleza de la dictadura que venía de instalarse en Bolivia el 17 de julio de 1980, a fin de impedir su reconocimiento.

En realidad Gabo escribe la crónica con la imaginación periodística impactada por el hecho de que al atentado ocurrido en Bolivia en plena tercera campaña electoral consecutiva el 2 de junio de 1980, del que soy único sobreviviente —vuelo al que en el último instante no sube el candidato presidencial Hernán Siles Suazo—, le suceden en el lapso de un año otros “accidentes” de aviación extrañamente ligados a procesos y personajes políticos de avanzada en la región. Así, Jaime Roldós se estrella en el avión presidencial en la serranía de Huayrapungo en Loja el 24 de mayo de 1981. Días después, el 5 de junio, el general Rafael Hoyos Rubio símbolo y promesa del proceso militar progresista del Perú encabezado por Juan Velasco Alvarado desaparece en un helicóptero mientras realizaba una visita de comando. Finalmente, el general Omar Torrijos muere al estrellarse el avión de la Guardia Nacional Panameña cerca de la cordillera Central el 31 de julio del mismo año. Gabo entonces ante esa cadena mortífera de acontecimientos titula con presentimientos “nunca la muerte había sido tan selectiva”.
Instalados ya con Gabo en casa comenzó él a relatar, con la mirada mitad ingenua y mitad socarrona que lo caracterizaba, la situación creada en Francia por el balotaje en las elecciones presidenciales entre Giscard y Mitterrand y particularmente la decisión de Chirac, que decía conocer de fuente directa, de hacer las cosas de tal manera que su votación de la primera vuelta se volcara al menos en parte hacia el candidato socialista en la segunda. Contra todo pronóstico lo menos esperado se había producido, afirmaba con entusiasmo. Para lograrlo el Partido Socialista francés había agotado en ello todas sus reservas financieras y por tanto la tarea a contra reloj era encontrar nuevos recursos donde fuere. Ajustando el gesto añadió que para eso él estaba allí. Que el propio François Mitterrand se lo había pedido. “Nadie mejor que tú”, le había dicho. Y sin ocultar su satisfacción me trasmite que el presidente José López Portillo de México ya lo había hecho. Jaime Roldós del Ecuador también, y que en el curso del día lo haría el general Omar Torrijos de Panamá.
Bueno saberlo, ¿verdad? Más aún en momentos en los que la democracia vuelve a jugarse complejos desafíos en Francia, Europa y Latinoamérica, y en los que una cierta sinergia democrática de modalidades diversas continúa interactuando positivamente entre ambos lados del Atlántico.
Bueno saberlo también como tributo a la memoria de nuestro común amigo Gabo. Bien puede servir esta historia para ajustar un tanto la percepción de lo que fueron en vida sus opciones políticas, que alguna dislexia ubica erróneamente en el ámbito exclusivo de la Revolución Cubana y del castrismo. En realidad los posicionamientos de Gabo surgían dominantemente de una extraña, original y particular articulación personal de lo político, lo ideológico, lo ético con la realidad percibida a través de su fecundísima sensibilidad literaria y su apasionada atracción por la narración, el relato, la crónica, los sucesos, los personajes, la geografía humana. Para él no había paisaje sin gente ni gente sin paisaje que lleva en la piel, palpa, huele, escucha, presiente. No hay historias sin mitos, sin magia, sin destinos obligatorios como marcas indelebles, inevitables. Las personas de ese mundo eran sus personajes, los espacios los suyos y los acontecimientos sus historias y relatos.
Gabriel García Márquez se situaba en el campo del progresismo democrático desde donde surgían los procesos y lideratos que le atraían como partes de una trama literaria. Eran personajes del laberinto inagotable de su relato. Se identificaba con ellos y los hacía partes de su propia tertulia.
Como caribeño total y sin retorno, Cuba, por ejemplo, se le aparecía iluminada como la mayor de las Antillas y en ese mundo cabía todo lo demás, incluido Fidel como una especie de Aureliano Buendía de mil batallas. Y lo mismo ocurría con El Negro Peña Gómez, dominicano monumental y tierno a la vez. El general Omar Torrijos, imaginativo David criollo y atrevido, en esa suerte de Zanzíbar nuestro que es Panamá. Y Olof Palme, tan lejos y tan cerca, habitante inmaculado de la transparencia nórdica. Sembrador humilde. Generoso. Solidario. Visionario. Y, claro está, François Mitterrand, político socialista, sí, pero inseparable en Gabo del francés elegante e ilustrado, con la literatura a cuestas escondida en el alma y en cuya casa del Barrio Latino parisino conoció. A todos ellos admiró, entre otros tantos, a todos quiso como amigos y con todos ellos compartió interminables tertulias.
Tal vez ahora, quién lo diría, podamos comprender plenamente las razones por las que en la solemne ceremonia de inicios de mandato realizada en el Panteón de París el 21 de mayo de 1981 Gabriel García Márquez estaba ahí como invitado de honor a pocos metros del nuevo presidente de Francia.

García Márquez y el rastro de su nacimiento a lo largo de su obra