2.12.16

La ley y el riesgo de un derecho para pocos

 Entrevista. El sociólogo García Villegas explica la complejidad de la justicia colombiana en medio del proceso de paz y los peligros del abuso jurídico
En las calles. Manifestantes celebran en Bogotá la firma del acuerdo de paz, el 26 de septiembre./revista Ñ


El lugar del derecho dentro en las sociedades contemporáneas, donde la disputa ideológica busca debilitar al sistema político y quitarle efectividad a los recursos que deberían asistir a los ciudadanos, es una de las preocupaciones del sociólogo colombiano Mauricio García Villegas. Desde su columna en el diario de su país El espectador asume los temas más cercanos como si se tratara de un apunte escrito en las pausas de su actividad académica. Vino a la Argentina invitado por la Escuela de Derecho de la Universidad Torcuato Di Tella donde brindó la conferencia “Colombia. Paz, Constitución y estados locales precarios” y la Clase abierta “La investigación socio-jurídica: Desafíos del trabajo empírico sobre el derecho”. En esta entrevista, no pudo dejar de hablar de esa parte de la historia que le toca vivir en Colombia, con su proceso de paz que contiene todas las tensiones y las complejidades de un país recortado entre dos estados.
–Usted propone un constitucionalismo militante. ¿Se trata de pensar los modos en que una sociedad puede ayudar a instrumentar ciertos artículos que en las constituciones tienen un componente aspiracional, como usted lo define, pero que carecen de herramientas para ponerlos en práctica?
–Muchas veces el derecho está promulgado con propósitos simbólicos. La normas no se hacen para ser aplicadas sino para producir un efecto político. Los constitucionalistas se han preocupado más por la parte doctrinaria y han descuidado lo que se llama la caja de herramientas , la parte orgánica y puramente instrumental de la constitución. Yo creo que hay que fortalecer esa parte orgánica con la idea de reducir la brecha y la esquizofrenia entre las constituciones y la realidad social. Como el derecho es un lenguaje y produce interpretaciones y representaciones sociales, es muy importante para la movilización social . En los últimos cuarenta años en América Latina los movimientos sociales y los partidos políticos han aprendido a utilizar la dimensión simbólica del derecho en su beneficio. El derecho puede ser un arma de dominación pero también puede ser un arma de emancipación cuando los movimientos progresistas lo utilizan para exigirle al poder que cumpla sus propósitos. Los movimientos de izquierda en América Latina en los años 60 y 70 nunca utilizaban el derecho porque consideraban que si litigaban ante los tribunales finalmente terminaban cooptados por el estado o volviéndose más conservadores. Esa fue una discusión muy fuerte que empezó en los Estados Unidos con el Civil rights movement . Los hechos se han ido imponiendo y ya la mayoría de los movimientos sociales en América Latina desde los indígenas hasta el movimiento LGBTI, pasando incluso por el movimiento sindical , utilizan el derecho como parte de su acción política. No sólo salen a la calle y se manifiestan, se dieron cuenta que tener éxito ante un alto tribunal, como ha tenido éxito aquí el matrimonio igualitario ,es un gran paso adelante para el movimiento. El derecho desencadena una lucha por la interpretación de sus textos y en esa lucha ganan los que logran imponer una interpretación más favorable a sus intereses.

–Usted observa que en las sociedades latinoamericanas el derecho ocupa el lugar de la política frente a situaciones donde el poder político ha mostrado su ineficacia. ¿Este derecho es otra forma de ejercer la política? También se observa en el Poder Judicial un aprovechamiento de la situación.
–Claro. En Colombia la Justicia es muy independiente pero esa independencia no ha estado acompañada de una rendición de cuentas, entonces los jueces controlan a todo el mundo pero no le rinden cuentas a nadie. Hay que lograr en América Latina un sistema más independiente, que los jueces no sean nombrados por los políticos pero, al mismo tiempo, que respondan ante la sociedad. El derecho no es una garantía frente a los abusos, puede ser utilizado por los que lo conocen y por los funcionarios hábiles para abusar de él.

–En relación al proceso de paz en Colombia. El gobierno puede negociar con la guerrilla pero lo que parece más difícil de resolver es el modo en que las FARC logren integrarse y recomponer su relación con la sociedad.
–Yo he sido muy crítico de como el proceso de paz se ha concentrado demasiado en lo jurídico. Se pasaron cinco años redactando un texto y discutiendo palabra por palabra hasta que finalmente concluyeron un gran texto, que puede ser reproducido en otros países donde existe el conflicto armado, pero el punto es que descuidaron la parte política de legitimación de la paz y de los acuerdos. El gobierno empezó a hacer publicidad y a defender con toda la fuerza el proceso de paz solamente unos tres meses antes de la votación en el plebiscito. Ya era demasiado tarde, la gente estaba muy decidida y ya era muy difícil de convencer. Las FARC se pasaron todo el tiempo encerradas, si hubieran salido un año antes a pedir perdón, a legitimarse, a tratar de convencer a la población de que no solamente iban a deponer las armas sino que iban a ser actores legítimos en la política, que iban a contribuir al fortalecimiento institucional, eso hubiera ayudado mucho al triunfo del “Si” pero no lo hicieron. Es una sobredimensión de lo jurídico y una subestimación de lo político. En eso la guerrilla, que es un movimiento ilegal, es igualmente formalista, como decimos en Colombia, igualmente santanderista. Francisco de Paula Santander fue un político libertador que vivió en la misma época que Simón Bolívar y se caracterizaba por ser muy apegado a la letra y a la ley, En Colombia existe la expresión santanderismo y todos son santanderistas, empezando por la guerrilla, lo cual es una paradoja.

–Que los líderes de la FARC no sean encarcelados fue un argumento que utilizó el ex presidente Álvaro Uribe para militar por el “No” en el plebiscito pero este perdón es una parte imprescindible del proceso de paz y de la negociación.
–En general la población ha visto con muy malos ojos a la guerrilla , salvo un porcentaje muy pequeño, la gran mayoría considera que la guerrilla es un grupo terrorista y esto se lo han ganado a punta de actos que son terroristas . El secuestro fue una cosa que devastó a la sociedad colombiana. Esta percepción no es fácil de cambiar. Por eso el hecho de que los guerrilleros no vayan a la cárcel es tan difícil de aceptar por la población. Al mismo tiempo ellos tienen razón, esto es un proceso de paz y de lo que se trata es de hacer la transición de un ejército hacia un partido político y no pueden pasarse la vida en la cárcel. Hay dos puntos muy delicados. El de la cárcel por un lado y por otro el de la elegibilidad política. Sobre todo la derecha considera que no tienen que tener la posibilidad de ser elegidos políticamente y esa es una condición difícil de aceptar por las FARC, sin eso el proceso de paz fracasaría porque qué otro sentido puede tener el proceso de paz si no es el de convertir a las FARC en un partido político y eso implica que los líderes de las FARC puedan presentarse como candidatos . Esto no es un proceso de rendición de una guerrilla derrotada, esto es una negociación. El fin del acuerdo de paz es el comienzo de la construcción de la paz, de la consolidación de las FARC como partido político y de la sociedad entera aceptando que lo sean. Pero es un proceso larguísimo que tomará años. Y esto no se logrará mientras no haya un desarme de los espíritus y un cierto consenso. La idea no es que se acabe la conflictividad política. Se trata de evitar esa confusión que ha existido tanto tiempo en Colombia entre conflictividad política y conflictividad armada.

La música que el Comandante no pudo parar

  La agitada controversia entre política y cultura ha marcado siempre la vida de los artistas dentro y fuera de Cuba
Pablo Milanés, Silvio Rodríguez, a la izquierda, junto con Fidel Castro./elespanol.com


"Se acabó la diversión, llegó el Comandante y mandó a parar". No existe una expresión del catecismo revolucionario cubano que haya hecho más fortuna que la frase capital que Carlos Puebla incluyó en su guaracha Y en eso llegó Fidel. Retrato de un momento crucial, la canción puso ritmo a las relaciones de las músicas cubanas, y por extensión toda la cultura isleña, han mantenido con el régimen. Desde entonces, casi incluso antes, no hubo ámbito cultural cubano que evolucionara al margen de los dictados políticos de los hermanos Castro.
¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución, ningún derecho
En el ecuador del siglo pasado, Cuba fulgía como el gran centro de ocio del Caribe. Por los teatros y salas de conciertos de La Habana pasaban primeros espadas de la música internacional, en esencia norteamericana. Aprovechaban el puente aéreo entre las dos orillas para dar recitales vespertinos en la capital cubana y luego regresar para completar la jornada con actuaciones nocturnas en Estados Unidos.
También los mejores músicos cubanos acostumbraban a viajar en aviones convertidos en verdaderas fiestas con alas. Todo empezó a desaparecer el 1 de enero de 1959: porque Cuba ya no iba a ser el burdel del Caribe, Cuba ya no sería el casino para la fiesta de los acaudalados gringos... porque Cuba ya no iba a vivir más del cabaré, del ron ni, ay, de la prostitución.

CONTRA LA REVOLUCIÓN, NADA

Con el nuevo gobierno revolucionario, el listón de la higiene cultural empezó a subir pronto. Se declaró la guerra a la noche disipada, se dificultó la vida del agitado circuito de cabarés y, en esencia, se adoptó como doctrina oficialista una forma de hacer cultura acorde con los tiempos de lucha que llegaban.
Fidel Castro lo dejó bien claro con aquella frase tajante pronunciada el 30 de junio de 1961 durante la reunión convocada por su gobierno con los autores cubanos en la Biblioteca Nacional, discurso luego difundido en Palabras a los intelectuales: “¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución, ningún derecho”.
Para intentar equilibrar la balanza, el mismo Comandante enumeró algunas de las aportaciones que la Revolución hacía por el arte y la cultura.
La política de trincheras arrancó con el cierre masivo de cabarés y salas de fiesta, sobre todo en La Habana y Santiago
A saber: nacimiento de la Imprenta Nacional y del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), refundación del Ballet Nacional, creación de la Casa de las Américas... Eran tiempos, quedó claro, para comprometerse como artistas con la Revolución. Pero que no todos estaban por la labor, ya lo asumió Fidel.
“¿Qué decir de los que han renunciado a ella [la Revolución], y qué pensar de ellos, sino con pena, que abandonan este país en plena efervescencia revolucionaria para ir a sumergirse en las entrañas del monstruo imperialista, donde no puede tener vida ninguna expresión del espíritu? Y han abandonado la Revolución para ir allá. Han preferido ser prófugos y desertores de su patria a ser aunque sea espectadores. Y ustedes tienen la oportunidad de ser más que espectadores: de ser actores de esa Revolución, de escribir sobre ella, de expresarse sobre ella”.
La política de trincheras arrancó con el cierre masivo de cabarés y salas de fiesta, sobre todo en La Habana y Santiago. También con la absorción por el nuevo Estado revolucionario de las discográficas que hasta 1959 publicaron la incesante producción musical cubana. Sobre las cenizas de sellos como Panart o Puchito, en 1964 nació la disquera que iba a monopolizar la música cubana durante medio siglo siguiente: EGREM (Empresa de Grabaciones y Ediciones Musicales).

CONTRA EL 'DIVERSIONISMO'

En su catálogo se dio acomodo a todas las músicas cubanas, con especial protagonismo de ritmos autóctonos y en detrimento de corrientes de música moderna que llegaban del otro lado del estrecho de Florida. Porque eso no gustaba a la dirigencia castrista, que declaró la guerra al “diversionismo ideológico”, que fue como el régimen bautizó a las corrientes culturales que no ajustaban sus propuestas de combate en la isla.
Fueron los años del miedo: uno se arriesgaba a una complicación por el simple hecho de escuchar música en inglés, por llevar el pelo largo e incluso por vestir prendas de tela vaquera. Hasta el jazz, quizá la música que mejor ha sabido entender el caudal creativo de los músicos cubanos, fue considerado un sonido contrario a la Revolución.
Bebo Valdés, Celia Cruz, Olga Guillot, Rolando Laserie, Ernesto Lecuona fueron algunos de los primeros desertores del castrismo cultural
En La Habana quedaron varados muchos músicos que vieron desaparecer su forma de ganarse la vida. Otros, en cambio, optaron por escapar de la isla del caimán verde. El imponente pianista y arreglista Bebo Valdés, la guarachera Celia Cruz, la bolerista Olga Guillot, el sabroso sonero Rolando Laserie y hasta el aventajado compositor de lo afrocubano Ernesto Lecuona fueron algunos de los primeros desertores del castrismo cultural.
Y luego se marcharían algunos más: Paquito D’Rivera, Arturo Sandoval, Willy Chirino… todos eran conscientes de que la salida de Cuba ya no tendría marcha atrás y, en el plano meramente cultural, que sus obras no iban a ser difundidas en la isla. Hubo que esperar hasta el verano de 2012 para que se levantara el veto radiofónico que impedía sonar música del exilio, según una lista negra cuya vigencia nunca se admitió.

Lucho Bermúdez con Celia Cruz, en el Cabaret Tropicana de La Habana.
Atrás quedaban los tiempos en los que hasta las primeras figuras de la música cubana aceptaban maquillar sus canciones con nuevo dogma castrista. Valga un ejemplo: en los albores de la Revolución, el imperial Benny Moré, quizá el cantante más querido de todos los tiempos en Cuba, se alió con el compositor Joseíto Fernández en una interpretación en directo en los estudios de Radio Progreso de la seminal guajira Guantanamera musicada por el segundo sobre versos del padre de la patria José Martí.
Y donde se decía digo se dijo Diego, entre apologías de la polémica reforma agraria y críticas a la “anterior situación” cuando esbirros de los dictadores Machado y Batista campaban a sus anchas.

ARTISTAS FUERA DE JUEGO

Todo permaneció más o menos igual hasta finales de siglo, entre recurrentes olas de represión (como el caso Padilla, emblema del anticastrismo, cuando en 1971 el poeta Heberto Padilla fue obligado a un indigno acto de contrición por “actividades subversivas” contra la Revolución: su delito fue publicar el libro Fuera del juego, donde Padilla puso en solfa las directrices culturales cubanas) y alguna concesión del régimen (consciente del creciente impacto económico de la cultura, La Habana permitió algunas publicaciones independientes y cierta actividad musical por cuenta propia).
Pero la novedad iba a llegar de España, nada extraño si se valoran los profundos vínculos emocionales y culturales que ambos pueblos han mantenido un siglo después del desastre colonial de 1898.
Santiago Auserón en el Circo Price

En 1991 Santiago Auserón, genuino amigo de Cuba y de sus músicas, indagó como nadie había hecho antes en los archivos históricos de La Habana. Con ayuda del poeta y musicólogo Bladimir Zamora, la sorpresa no tardó en saltar: al desempolve de los grandes nombres de la música de Cuba, de Matamoros a Sindo Garay, de María Teresa Vera a Bola de Nieve, le siguió el renacimiento de un compositor esencial del Oriente cubano.
Se llamaba Máximo Francisco Repilado Muñoz, pero iba a pasar a la posteridad como Compay Segundo por ser esa voz, la segunda, la que aportaba al dúo Los Compadres. “A menudo la pregunta por el autor de un son especialmente atractivo traía por respuesta a media voz el nombre de Francisco Repilado. Al parecer, el son en Santiago, si no era de Miguel Matamoros, tenía que ser de Repilado”, recuerda Santiago Auserón en su bitácora de esos días cubanos.
“En veladas organizadas por el agregado cultural de la Embajada de España, otros músicos jóvenes, los de la banda de Carlos Varela, se asombraban de que los españoles anduviesen tras la pista del viejo son, mientras ellos trataban de acercarse a la sonoridad del rock internacional. Curiosos cruces en el tiempo, provocados por el bloqueo”.
Compay Segundo y Fidel Castro.

Pero no todo fueron alegrías entre Cuba y España. En 1995 el conjunto canario Los Sabandeños publicó Bolero, un disco concebido como punto de encuentro entre las diferentes sensibilidades musicales (y poéticas) de América Latina en colaboración con intérpretes y autores latinos. No hubo manera: cuando Olga Guillot se enteró de que su versión de Vete de mí iba en el mismo disco que la colaboración con Silvio Rodríguez en El unicornio la que se armó fue tan gorda que, resignados, Los Sabandeños y su disquera Manzana se vieron obligados a reeditar dos versiones diferentes del disco, una con la Guillot, otra con Silvio.
Aún supuraban las heridas de las noventa millas, el muro intangible que separa a las comunidades cubanas en la isla y en el estado de Florida. Pero ya faltaba poco para que los ritmos cubanos, la gran música cubana, obraran un milagro.

Y LLEGÓ “CHAN CHAN”

Todo comenzó por casualidad. A principios de 1996, el productor británico Nick Gold, capitán del sello World Circuit y quizá junto al actor Matt Dillon uno de los angloamericanos que mayor cariño han demostrado por las músicas cubanas, convenció al influyente guitarrista Ry Cooder para viajar a La Habana con la idea de producir un álbum con músicos cubanos y africanos. Los africanos, en esencia procedentes de Malí, nunca llegaron a buen puerto y con los estudios de EGREM ya reservados se improvisó una solución de urgencia.
La masiva repercusión internacional de Buena Vista Social Club ayudó a la reconciliación de las generaciones más jóvenes con su patrimonio musical tradicional
El músico y productor Juan de Marcos González, líder del grupo Sierra Maestra, se encargó de reclutar a los supervivientes de la época dorada de la música en La Habana. El invento se tituló Buena Vista Social Club, se convirtió en el disco de música tradicional más vendido de todos los tiempos y, a la postre, ofreció un sincero rescate en vida a músicos como Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Cachaíto López, Rubén González, Omara Portuondo… medio mundo bailó Chan chan, La Habana empezó a recibir a turistas musicales, no hubo ciudad sin Casa de la Trova y visitantes europeos, con la piel colorada como cangrejos, se atrevían con aquel “de Alto Cedro voy para Marcané, llegó a Cueto voy para Mayarí”.
Cuba, o al menos la música de Cuba, se abría al mundo, como había pedido el papa Wojtyła en su histórica visita a la isla comunista en 1998. Aunque todavía quedaba demasiado camino por recorrer, muchos bloqueos por tumbar. Cierto es que la masiva repercusión internacional de Buena Vista Social Club ayudó a la reconciliación de las generaciones más jóvenes con su patrimonio musical tradicional, pero el daño de tanto odio seguía latiendo.
Nadie quiere la música del padre, muchos se rinden al pop inofensivo antes de apreciar el rancanchán
Este cronista fue testigo, en varias ocasiones en La Habana y en lugares rurales del interior de la isla, de conversaciones inauditas: los jóvenes cubanos estaban más pendientes de los últimos éxitos de Spice Girls, Ricky Martin o Celine Dion que de los bolerones de María Teresa Vera, del filin de Portillo de la Luz o del cha cha chá de Jorrín. Signo de los tiempos, muy parecidos en todo el mundo: nadie quiere la música del padre, muchos se rinden al pop inofensivo antes de apreciar el rancanchán, término escuchado a veces en Santiago para humillar al atlético son montuno.

PALABRA DE PABLO

En el debate sobre cultura y política en Cuba con frecuencia se echó de menos la palabra del intelectual, del artista. Algunos de los primeros nombres cubanos adoptaron un perfil discreto a la vista de los antecedentes. Otros, en cambio, no esquivaron el debate. Pablo Milanés condensó en 2008 la poca confianza que su generación tiene en la política cubana. En conversación desde Vigo, el autor de Yolanda argumentó su desánimo: “No confío ya en ningún dirigente cubano que tenga más de 75 años. Todos pasaron sus momentos de gloria, que fueron muchos, pero que ya están listos para ser retirados”.
“Hay que pasar el testigo a nuevas generaciones para que hagan otro socialismo, porque este socialismo ya se estancó, ya dio todo lo que podía dar, momentos de gloria, cosas imperecederas que aún perviven en la memoria y en los hechos cotidianos del cubano, pero tenemos que hacer reformas en muchísimos frentes de la Revolución, porque nuestros dirigente ya no son capaces. Sus ideas revolucionarias de antaño se han vuelto reaccionarias y esa reacción no deja continuar, no deja avanzar a la nueva generación que viene implantando un nuevo socialismo, una nueva revolución que hay que hacer en Cuba”.
Roberto Carcassés, en el vídeo Viene y va la Felicidad.

El penúltimo encontronazo entre política y cultura cubanas tuvo lugar en La Habana durante un festival musical celebrado en septiembre pasado ante la tribuna anti-imperialista del malecón y que era transmitido por televisión para todo el país. Desde el escenario, el compositor y pianista Roberto Carcassés, uno de los puntales de los nuevos músicos cubanos, tomó el micrófono para improvisar sobre la situación que viven los jóvenes de su generación.
“Elegir al presidente por voto directo y no por otra vía, con libre acceso a la información para tener yo mi propia opinión, que se acabe el bloqueo y el autobloqueo, por favor y ni militantes ni disidentes, todos cubanos con los mismos derechos”, cantó Carcassés. La dura reprimenda oficial no se hizo esperar: el pianista fue suspendido de licencia para actuar en la isla y sólo la intervención de Silvio Rodríguez logró que la sanción fuera revocada una semana después.
Peor le había ido al músico punk Gorki Águila, líder del grupo Porno para Ricardo, que permaneció encarcelado entre 2003 y 2005 oficialmente por consumo y tráfico de drogas. Águila ya había participado en la película española Habana blues.

LA GUERRA DEL RAP

Por ahora, el episodio más reciente de la cultura como campo de batalla para el disenso entre Cuba y Estados Unidos se cantó a ritmo de rap. Los Aldeanos es un dúo compuesto por los músicos Aldo Rodríguez y Bian Rodríguez. Con gran audacia han pergeñado lo que podría ser una crónica sucia de La Habana a golpe de hip hop.
Los aldeanos, en el tema La naranja se picó.

En 2009 su canción La naranja se picó denunció como nadie hizo antes el férreo timón de Fidel Castro: “Su final llegará, la gente está viendo su mariconada. Hablan de libertad, esencial punto. Cabrón, viendo tu televisión no se conoce mundo. No con un régimen autócrata sin salida, que te dice qué tienes que decir y qué hacer con tu vida”.
Y cuatro años después, otra canción inflamable (esta vez una versión con rap añadido de Hermosa Habana, clásico del conjunto de música doo-wopde los años sesenta Los Zafiros), volvía a incidir en la denuncia sin tapujos: “Oh, mi Habana, no sé si es tu malecón una distracción o una extensa oficina de inmigración. Son adorables tus paisajes, tus hoteles, tus ocultos burdeles para maridos infieles. Mi Habana, la que ha cambiado al Che Guevara por dinero, ahorita sale a la venta una foto de él en cueros”.
Pero en Cuba casi nada es lo que parece, o al menos aquí hay espejismos para todos los gustos políticos. Una investigación de Associated Press reveló que Los Aldeanos y algunos otros nombres de la escena musical cubana (entre ellos, Silvito Rodríguez, sí, el hijo del cantautor) habían sido tanteados por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) para promover críticas al régimen castrista y alentar lo que la inteligencia americana definió entonces como una vía de “revolución democrática”. Fue como volver a la casilla de salida de las difíciles relaciones entre política y cultura en Cuba.
Nada nuevo bajo el sol en una isla en la que ningún comandante pudo parar el alma zumbona de la música cubana. Como en una vieja canción, continuará… quizá a ritmo de bolero: "Voy viviendo ya de tus mentiras, sé que tu cariño no es sincero, sé que mientes al besar y mientes al decir te quiero. Me resigno porque sé que pago mi maldad de ayer".  

Una novela de clases sociales en la Cuba castrista-leninista

Ronaldo Menéndez escribe en  La casa y la isla  una crónica de las desigualdades, el desencanto y la resistencia al individualismo en La Habana de su adolescencia
Rolando Menéndez, escritor cubano./Olmo Calvo/elmundo.es

No hay escritor cubano en el mundo que no está seguro de que su adolescencia, da igual si fue en los 60, en los 70, en los 80 o más acá, coincidió la pérdida de la inocencia revolucionaria. A Ronaldo Menéndez, la edad del pavo lo encontró en el año ochenta y tantos "y tengo datos objetivos para pensar que yo sí que viví ese momento histórico, ese derrotero de la felicidad colectiva que fue la pérdida de la inocencia. El derrumbe del campo socialista fue el desengaño definitivo". La casa y la isla, la nueva novela de Menéndez (editada por Alianza de Novelas) es, entre otras cosas, una crónica de aquella juventud rebelde que entró al instituto con el pañuelito de pionero al cuello y salió obsesionada por las canciones de Queen y el sabor de la Coca-Cola.
Atentos al instituto. La Escuela Vocacional Vladimir Ilich Lenin (cuyas siglas son EVVIL, y suenan casi como evil, "mal" en inglés) es el principal escenario de La casa y la isla. Hoy, igual que en los años 80, la Lenin sigue siendo la escuela de élite de la Revolución, el equivalente cubano del Colegio Nacional de Buenos Aires. Allí se juntan los estudiantes excelentes con "los hijos de la jet set del régimen", que, claro que sí, existe. Soportan una disciplina militar pero se llevan a cambio una formación sobresaliente. "Yo fui a la Lenin y mentiría si dijese que la marca que dejó en mi vida adulta fue mala. Fue una muy buena educación. Pero no ignoro que aquella escuela era también una máquina de demoler personalidades", recuerda Menéndez.
la Lenin llegan tres de los cuatro protagonistas de su novela: el narrador, que también se llama Ronaldo, y sus guapísimas e inabordables compañeras de clase, Anabela y Rebeca. De momento, las que nos interesan son ellas. Sobre todo Anabela, que es pobre e ingenua, recita versos de José Martí de memoria, y cree que Fidel era un hombre puro como los ángeles que rodean al Señor. Aquello tiene que acabar mal, claro. "En mi época, todos en la Lenin éramos de lo más leninistas. Durante esos años, algunos empezamos a decantarnos hacia la disidencia. Ahora, sé de algunos compañeros de mi generación a través de las redes sociales y ninguno está en Cuba".
Anabela está llamada a ser una de esas primeras disidentes. Sobre todo porque, a través de sus nuevos compañeros de escuela, descubrirá que la Revolución tiene su clase alta, su 1% que vive en palacetes en Miramar con sus botellas de whisky, sus vídeos de betamax, sus discos de rock... Como para no volverse loca. Es gracioso pensarlo, pero La casa y la isla es, quizá, la primera novela cubana de clases sociales que cae en nuestras manos. "En los últimos años se empieza a percibir en Cuba que en la isla hay ricos y que hay desigualdad. Pero no existe una conciencia crítica todavía. A los cubanos les contaron que vivíamos todos igual y todavía les gusta creerlo".
Anabela tampoco es crítica con el nuevo mundo que descubre. Sólo que no sabe relacionarse con él con prudencia. Como, además, tiene las hormonas desatadas, acaba por acostarse con quien no debe y donde no debe. De modo que acabará que salir de la Lenin expulsada con oprobio. Conclusión: lo que más se parece a la Lenin en el mundo, ¿es un internado religioso de los duros? "Por supuesto. Tengo esa idea en la cabeza desde que vine a España".
En realidad, la herida que causa la expulsión de Anabela es el gran asunto de La casa y la isla. En torno a esa humillación (que también esconde una traición) se van encontrando, al cabo de los años, Ronaldo, Rebeca y Anabela, además de Julio César, un médico poeta e idealista, el penúltimo creyente en la revolución socialista. "Ésta no es una novela cubana. Es una novela existencial que ocurre en Cuba y que habla de la resistencia al individualismo. Es la misma resistencia al individualismo que está en el Brexit y en el éxito de Donald Trump", explica Menéndez.
Pero que nadie se asuste: su historia no es un dramón y, si acaso lo es, es un dramón cómico, al estilo de las novelas de Junot Díaz. El relato está bendecido por el lenguaje oral habanero. Y por ahí va la última pregunta: cuando uno es un escritor cubano y tiene en los oídos ese tesoro que es el habla popular de la isla, ¿no le da miedo dejarse llevar y dejar que toda la novela sea una sucesión de habanismos encantadores pero, en el fondo, anecdóticos? "Por completo. Un libro es un objeto perdurable y yo quisiera que alguien lea mis historias dentro de 60 años. Apropiarme de los giros del habla es una tentación, pero también puede ir en mi contra cuando esos giros desaparezcan".

Una impactante campaña para denunciar lo poco que ganan los escritores

¿Se puede hacer uno rico con la literatura? Posiblemente no. O casi seguro no
7 libros para hacerse con un paquete de café.

Dos libros para comprar una baguette.

Cuatro libros para una caja de paracetamol.

¡¡530 libros!! para unas gafas nuevas.

2646 libros para hacerse con un portátil.

13 libros para poder comprar un libro de bolsillo.


 Aunque las historias de escritores que ganan millones de euros con sus libros suelen llegar a los grandes titulares y a todos los medios, lo habitual no es que eso sea lo que ocurra. Según apuntaba un estudio británico no hace mucho, solo 1 de cada 10 escritores vive de lo que escribe. En realidad, según concluía el mismo estudio, son solo unos pocos autores los que se reparten la mayor parte de las ganancias: el 5% de los escritores gana el 42,3% de todos los ingresos que generan los libros.
Otro estudio, este estadounidense, señalaba que un tercio de los autores no gana más de 500 dólares al año con sus obras y que la mitad de los escritores no pasa de la franja de los 1.000 y 2.999 dólares (lo que hace que no puedas vivir ni de lejos con lo que ganas escribiendo). Las cosas son, posiblemente, mucho más complicadas cuando se analiza lo que ocurre en ciertos nichos concretos y en ciertos géneros concretos (no es lo mismo escribir novelas que escribir poesía…).
Esta realidad es, además, bastante ignorada por los propios lectores, que no suelen/solemos pararse a pensar en lo que ganan (o no) los autores detrás de los libros que leemos. La Charte des auteurs et des illustrateurs pour la jeunesse, una asociación francesa que representa a los escritores e ilustradores de literatura infantil y juvenil, ha lanzado una gráfica campaña para dejar claro que esta realidad existe e invitarnos a pensar sobre ello. Los autores franceses de este género reciben un poco menos de la media que los escritores de literatura general en derechos de autor, aunque en general esas cifras no son muy elevadas. Del precio del libro, los escritores franceses se llevan un 10/12% en derechos de autor, 7% en este caso, como recordaban al hilo de esta campaña los medios galos.
La campaña nos muestra de forma muy gráfica la situación económica en la que tienen que moverse los autores, dándonos cifras de los libros necesarios para conseguir comprar cualquier cosa. Los protagonistas de la campaña son escritores e ilustradores.

La infidelidad a través de la literatura

 El amor, la pasión, los celos, la culpa y el engaño son algunas de las aristas que atraviesan la infidelidad como eje del conflicto de varias obras literarias
Una de las versiones más eróticas de Madame Bovary es la del año 2000 del cineasta Tim Fywell. Foto: Tomado de video./semana.com


La infidelidad ha sido una fuente para la creación de innumerables obras literarias en diferentes épocas y en diversas culturas. En estos libros se narra las causas, la pasión, la culpa, el drama, el escándalo y el castigo por un hecho que es tan común en los seres humanos.
“Miraba con estupor: ese cuerpo le parecía agradable, sin duda. Era el mismo que durante años lo había enloquecido de deseo (…) y sin embargo, siendo el hombre que era (su esposo), el mismo pensamiento detestable regresaba a su mente, el mismo pensamiento de todas las noches y todas las mañanas: Ya no le atraía, ya no sentía ganas de verla desnuda, estaba acostumbrado a su cuerpo y había perdido el interés en verla”. Este es un fragmento de El amanecer de un marido (2008), un libro de cuentos del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince.
El cuento, que lleva el mismo nombre que el título, muestra algunas causas de la infidelidad: el aburrimiento, la pesadez de la costumbre, los hábitos que hacen que la emoción se pierda, el desgano que produce la rutina.    
La infidelidad se ha retratado desde la época clásica con textos emblemáticos como La Iliada de Homero cuando Helena es la causa de una guerra por serle infiel al rey Melenao con el príncipe de Paris. En la biblia y la Torah uno de los mejores relatos sobre infidelidad es la historia de Betsabé y el rey David que incluso llega a causar la muerte de Urías, esposo de Betsabé, para estar con ella.
El escritor Antonio García, autor de Recursos Humanos (2006), una novela que aborda la infidelidad, explicó a Semana.com que la literatura infiel es interesante porque narra la transgresión de la regla, porque va en contra de lo moral y porque muestra sin tapujos la humanidad. “Estas historias son interesantes cuando se sale de la norma homogeneizante. Además, dentro de las formas de villanía, la infidelidad es muy común y por eso muchas personas se pueden sentir identificadas. Es por eso que los lectores, en muchas ocasiones, terminan amando al infiel. El protagonista de mi historia es un cabrón pero al final uno va por él, uno quiere que le vaya bien”, dijo García.
“Yo creo que la novela realista del siglo XIX fue siempre muy crítica de la sociedad burguesa predominante. El matrimonio, como institución fundamental en dicha sociedad, fue atacado a lo largo del siglo justamente como vehículo social o elemento preservador del orden y por tanto como fuente de miseria e infelicidad. De ahí que el tema de la infidelidad sea tan frecuente”, afirmó Claudia Montilla, profesora de literatura de la Universidad de Los Andes.
Por su parte, Melba Escobar, escritora y columnista, aseguró que la infidelidad sigue vigente aunque ya ha sido tratado de mil formas en varias épocas y en varias culturas “porque es un tema universal como el amor, la muerte o la maternidad y por eso seguirá encontrando otras formas de representación”.
En la literatura hay grandes obras que retratan los conflictos y las emociones que se producen a partir de la infidelidad. Uno de ellos es el erotismo, “pero lo interesante de obras que tratan este tema es que generalmente no son explícitas con lo sexual”, aseguró Montilla.
Para la docente una de las mejores novelas de adulterio es Madame Bovary (1857) del francés Gustave Flaubert. Y en la historia una de las escenas más sugerente es cuando Emma y su amante León dan un paseo en coche por las calles de Ruán. Allí, el lector se ve obligado a imaginar porque el narrador sólo menciona la velocidad del coche, la nomenclatura de las calles de la ciudad y al final una mano que asoma por debajo de las cortinillas y arroja pedacitos de papel.
Lo interesante de Emma es que no es infiel por amor. Es infiel porque está aburrida y quiere vivir la emoción que ve en los personajes románticos y enamorados de la ópera. Y además es la infiel que los lectores detestan porque “es una mujer autocomplaciente, romántica, cursi, arribista e interesada – dijo Montilla; ella no se suicida por amor sino porque le van a embargar la casa”.
Madame Bovary tiene varias adaptaciones. Esta es una de las últimas.

Un libro explícito con lo sexual es El amante de Lady Chatterley(1928) del escritor  británico David Herbert Lawrence. Es una novela que abarca el conflicto entre el deseo y la moral. Es tanta la pasión que es casi justificada la infidelidad.
“Lo nuevo en ella no era la pasión, sino la hambrienta adoración…Corría como una bacante, una bacante que corriera por el bosque en busca de Iacco, en busca del turgente falo del cual no había voluntad propia independiente, ya que era únicamente servidor de la mujer. El hombre, individualmente considerado, no era más que un servidor del templo”, se lee en El amante de Lady Chatterleyque fue censurada por la dictadura de Franco en España.
Una obra magistral para describir esa infidelidad que es más sutil, que no se materializa es Seda (1996) del italiano Alessandro Baricco, una novela corta de gran riqueza narrativa. Además ofrece una de las escenas más explícitas de sexo, pero que no es más que una fantasía. Aborda el deseo por lo extraño, lo exótico, lo misterioso, lo desconocido; la amante es casi un ser místico.
“–Es un dolor extraño. Voz baja. –Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca”, dijo el Hervé Joncour de la historia para explicar cómo se siente por no poder alcanzar su deseo de estar con una mujer que conoce en Japón
Escobar encuentra en La insoportable levedad del ser (1984) del checo Milan Kundera una infidelidad que puede a veces ser más una exploración desde el deseo que no llega a materializarse pero que permite una realidad desde la fantasía. Algo similar sucede en Libertad (2010) del estadounidense Jonathan Franzen.
La película se basa en la novela Seda, que escribió el italiano Alessandro Baricco en 1996 bajo el 




título original Seta. En el reparto destacan las presencias de Keira Knightley y de Michael Pitt.
García recuerda El amor en los tiempos del cólera (1985) de Gabriel García Márquez, una novela colombiana en la que al personaje principal de la historia se le va la vida en el deseo que no alcanza. Una de las escenas más potentes es cuando Florentino Ariza se presenta en la casa de Fermina Daza el día del velorio de Juvenal Urbino, el esposo, como si por fin hubiera llegado la oportunidad para estar con ella.  
Un sentimiento común en las obras de infidelidad son los celosSenectud, publicado en 2006 pero escrito a principios del siglo XIX, del italiano Italo Svevo, es una obra que retrata los celos enfermizos. Svevo narra la infidelidad desde todos los ángulos, el femenino, masculino en el que se ve el camino entre la dicha y el dolor.
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Emilio Brentani ve a su amante Angelina como una mentirosa y traidora, pero la ama con todas sus fuerzas. Sin embargo, sus celos le hacen sentir que necesita dañarla para comprobar si ella le ama.
Sin duda, la culpa es uno de los sentimientos que puede acompañar la infidelidad, sobre todo cuando se siente respeto y aprecio por la pareja. Un clásico de la literatura que refleja esto es La Dama y el perrito, publicado en 1899 por ruso Anton Chéjov.
Después del primer beso Ana se siente muy mal, mientras que a Gurov le molesta el arrepentimiento de ella pero decide seducirla y consolarla. Luego, muestra cómo la culpa va desapareciendo con la repetición de la transgresión: “- ¡Que Dios me perdone! – dijo ella, y sus ojos se llenaron de lágrimas-Es terrible. - Hablas como si quisieras justificarte. -¿Cómo puedo justificarme? Soy una mujer mala, vil; me desprecio a mí misma, y ni pienso justificarme. No es a mi marido a quien engañé sino a mí misma (…) y ahora llegué a ser una mujer mala, vulgar, a quien cualquiera puede despreciar. Gurov ya estaba cansado de escucharla. Lo aburría su tono ingenuo, su arrepentimiento, tan inesperado e impropio. Si no fuera por las lágrimas en sus ojos se podría pensar que estaba bromeando o ensayando un papel”.
Otra novela en la que se muestra la culpa y sobre todo desde una persona que tiene conflictos religiosos es en El fin del romance(1951) de Graham Greene. Sarah, la protagonista, siente una culpa inmensa porque aunque no ama a su esposo, él es un buen hombre que le ofrece seguridad. En cambio Bendrix, su amante, le ofrece toda la pasión que ella no había vivido antes.
García recuerda la escena cuando ocurre algo que pone en peligro la vida de Bendrix, entonces Sarah, con todos sus conflictos religiosos, se arrodilla, llora y le pide a Dios que salve la vida de su amante, a cambio promete sacrificarse y alejarse de él.
La película basada en la historia de Graham Greene es protagonizada por Julianne Moore, Ralph 



Fiennes y Stephen Rea.
La tragedia y el drama es otra característica de las novelas infieles. Según Montilla una novela que refleja muy bien esto es Ana Karenina (1877) del ruso León Tolstoi. Ana está tranquila en la vida que tiene y adora a su hijo y respeta a su marido. No es feliz por amor, pero tiene una buena vida. Todo cambia cuando conoce a un hombre que se convierte en su amante y sufre todas las inseguridades, sufre porque la sociedad la juzga y sufre porque su esposo la aleja de su hijo. La pasión es tan fuerte en Ana Karenina que de nuevo se justifica la infidelidad.
“Bien: obtendré el divorcio y seré la mujer de Vronsky. ¿Acaso Kitty dejará entonces de mirarme como me ha mirado hoy? No… ¿Y Sergio dejará de preguntar por mi vida y por qué tengo dos maridos? Y entre Vronsky y yo, ¿qué nuevo sentimiento va a brotar? ¿Será posible una nueva sensación que, si no nos hace felices, consiga al menos que no nos sintamos desgraciados? ¡No, no, y no!», se contestó sin vacilar. ¡Esto es imposible! El abismo que nos separa es demasiado profundo. Yo causo su desgracia y él la mía. Se han hecho todas las tentativas, pero la máquina se ha estropeado”, esta es una de las escenas que muestra la complejidad de los conflictos que atraviesa Ana Karenina.
Ana Karenina tiene varias representaciones en el cine y el teatro. La critica en Rusia no estuvo 



muy
a gusto con la adaptación del cineasta Joe Wright.
El escándalo es otro elemento que aparece cuando la infidelidad es descubierta. Un libro que trata el tema que además ha sido un escándalo en el mundillo literario es Cartas a Anne, un texto compuesto por 1.218 cartas que el presidente François Miterrand le envió a su amante de toda la vida, Anne Pingeot. El presidente estuvo casado con Danielle Gouze, con quien tuvo dos hijos. Solo hasta el día de su entierro muchos se dieron cuenta de que tenía un amante. La historia es fascinante por la capacidad del engaño.
"Amo tu cuerpo, la alegría que corre en mí cuando soy dueño de tu boca, la posesión que hace arder en mí todos los fuegos del mundo, el surgir de mi sangre adentro tuyo, el placer que arroja el volcán de nuestros cuerpos, llama en el espacio, incandescente", escribía Miterrand.
Para mostrar el castigo y la humillación del infiel y sobre todo si es mujer, Crónica de una muerte anunciada (1981) de García Márquez es perfecta. Ángela Vicario es humillada porque decide confesarle a su esposo la noche de bodas que no es virgen. Él indignado la devuelve a la casa de sus padres, y ella se niega a revelar quién fue la persona con la que estuvo antes.
La infidelidad se presenta en este caso de una forma rara porque cuando Ángela tiene relaciones sexuales todavía no conoce a Bayardo, pero tenía guardar esa castidad, como todas las mujeres de su época, hasta el matrimonio. Ángela tenía la opción de engañar a su futuro esposo pero decide ser honesta y por esto es avergonzada.  
‘Crónica de una muerte anunciada‘, ha sido una de las pocas novelas de García Márquez que ha 




sido llevada al cine. Al igual que con‘El amor en los tiempos del cólera‘, la adaptación






 cinematográfica de la narrativa del nobel colombiano no ha sido muy exitosa.


La letra escarlata (1850) es la novela cumbre del estadounidense Nathaniel Hawthorne. Está ambientada en Nueva Inglaterra de principios del siglo XVII, y relata la historia de Hester Prynne, una mujer acusada de adulterio y condenada a llevar en su pecho una letra ‘A’, de adúltera. Montilla relató que Hester cree que su marido está muerto, que ha naufragado. Entonces busca consuelo en un hombre con quien desarrolla una gran pasión y con quien tiene una hija. La sociedad la condena y la reduce a terribles humillaciones que ella trata de vivir con dignidad, pero esto la va acabando.


‘La letra escarlata‘ es una película dirigida por Roland Joffé y protagonizada por Demi Moore y 



Gary Oldman. La película está basada en la novela homónima de Nathaniel Hawthorne.


Lo que sucede después del escándalo y del castigo se puede ver en Felicidad conyugal (1859) de Tolstoi. “Tiene el final feliz más triste porque la protagonista decide resignarse. Es un final en el que la pareja se reconcilia pero es amargo porque se conforma a no buscar nada más porque cree que no hay nada mejor que lo que ya tiene”, recordó García.
La narración que describe lo que sucede en Felicidad conyugal es esta: “Sólo él existía para mí en el mundo, y para mí era el más maravilloso y el más impecable de los hombres; por eso no podía vivir para nada más que no fuese él, que no fuese ser a sus ojos lo que él creía que yo era. Y él me creía la mejor y la primera de las mujeres del mundo, dotada de todas las virtudes posibles; y yo intentaba ser esa mujer a los ojos del mejor y el primer hombre de todo el universo”.
La novela deja un sin sabor, porque a diferencia de las demás, el protagonista no decide atreverse, no arriesga, no peca, no transgrede, que es precisamente lo que muchos esperan de la literatura infiel.