19.6.13

Jurado: "Hoy se lee más que antes"

Fabio Jurado, doctor en Literatura de la Unam y profesor de la Universidad Nacional, explica cuál es la realidad sobre la comprensión de lectura en Colombia

Fabio Jurado con algunos de los estudiantes con los que ha trabajado en el tema de comprensión de lecturas./elespectador.com

Según los resultados de las pruebas de Pirls (Progress in International Reading Literacy Study), Colombia se encuentra en los últimos lugares en comprensión de lectura. ¿A qué cree que se debe esto?
No es cierto que hay un nivel bajo de lectura. Es una falacia que está latente cada vez que se llama la atención sobre la lectura; hoy se lee más que antes. Es necesario plantear que cuando los niños y los jóvenes no tienen la posibilidad de estar en contacto con textos genuinos, es natural que otros que sí tienen esa oportunidad les lleven ventaja. Los estudiantes saben leer. Hay que darle un giro a la pregunta: ¿qué es lo que no saben leer los niños y los jóvenes? Eso es otra cosa. Que no saben leer el texto que les propuso el profesor de química, el de física o el de filosofía; en efecto, si no tienen horizonte no podrán leer adecuadamente. Uno lee bien cuando tiene horizonte o cuando sabe para dónde va.
Nadie puede leer si no se señala una perspectiva: “Vamos a leer tal texto, en el marco del proyecto pedagógico sobre los transgénicos”. Tanto el maestro como los estudiantes saben para dónde van, qué van a indagar, lanzan preguntas alrededor del proyecto y eso revela que los niños y los jóvenes sí saben leer. Estoy de acuerdo con los estudiantes cuando no leen lo que les imponen, la lectura no funciona así. La lectura es una práctica que transforma el pensamiento y que contribuye a la cualificación de las competencias comunicativas a nivel oral y escrito; eso se logra porque quien lo hace siente la necesidad de comunicar. Es entonces cuando los profesores tienen que acompañar como interlocutores, ayudando a afinar las preguntas, a escucharlos, poniéndose en su lugar, así tengan una redacción muy irregular y así titubeen al hablar; si hay ideas en lo que se escribe o se habla, ya hay un punto de partida para construir esa interlocución e ir acompañando al estudiante a mejorar los modos de escribir y de leer.
Entonces, ¿cómo interpretar los resultados del estudio de Pirls?
Los países que están arriba de Colombia son aquellos en donde los capitales simbólicos y culturales son amplios. Hay una tradición de lectura fuerte y la tradición escrita ha sido una constante a través de la historia, a diferencia de Colombia, donde la tradición oral es el soporte de la cultura; el acceso a la escritura está mediado por la fuerza de la oralidad. Ahora bien, algo que nadie dice cuando se analizan los ratings es que Colombia, con sus violencias y la inconsistencia de su educación, aparece por encima de países con una economía muy estable, como Qatar y Arabia Saudita.
En el caso de Colombia, ¿qué podemos esperar de su educación con estas relaciones sociales tan desiguales y la falta de compromiso de los gobiernos con las políticas educativas? Hay que ir a las escuelas de los pueblos en donde toman las muestras para dictaminar los niveles de lectura. Por ejemplo, una escuela rural en el Cauca, que está entre las montañas de El Tambo, aislada de los contextos urbanos, en donde los niños de quinto son de baja estatura por la desnutrición; no hay biblioteca, sólo libros escolares viejos; no hay computador, porque los dos que recibieron, ya usados, se dañaron a los tres meses; al frente de la escuela hay una montaña verde, espectacular, es verde de puro pino, pino cuyo propietario es la empresa de papel Cartón de Colombia. Y me decía el director de esa escuela: “Cartón de Colombia nunca nos ha traído un cuaderno ni un libro para los niños. Explotan la madera en estas montañas para fabricar el papel para los libros, pero no conocemos esos libros”.
¿Podemos decir que continuamos enseñando a leer y escribir como hace 50 años?
Hay una tendencia cada vez mayor a abandonar los textos canónicos escolares, instructivos, y a trabajar con textos genuinos y diversos. Por eso las editoriales escolares se quejan de los descensos en sus ventas, frente a lo cual ofrecen premios para que los maestros sigan pidiendo los libros de texto. Es horrendo vincular de manera tan obsesiva a la educación con los intereses comerciales; estas editoriales no consideran las perspectivas innovadoras y los gobiernos no controlan la calidad en los enfoques. Los lineamientos curriculares y los estándares para las diferentes áreas están a tono con los enfoques contemporáneos en educación, pero los libros de texto los tergiversan, porque simplemente reciclan los mismos contenidos de hace cincuenta años.
Hace poco me encontré en una escuela con un libro de distribución gratuita para las escuelas públicas, es decir, distribuido por el Ministerio, con los mismos esquemas del bla, ble, bli, blo, blu para iniciar a los niños en la lectura y la escritura, cuando esto lo cuestionamos en los lineamientos curriculares de lengua castellana. La agencia gubernamental no es consecuente con lo que declara, porque los lineamientos van por un lado y los materiales de lectura por una vía contraria. Si a las escuelas en lugar de libros de texto llegasen antologías de poesía, de cuento, de ensayo, de textos de divulgación científica, de materiales genuinos, como en efecto este año ha comenzado a hacerlo el Ministerio —y sólo ahora—, los muchachos volarían; porque el problema no es que los niños y los jóvenes no sepan leer sino qué les ofrecemos para leer y para qué. Me asombra cómo les encantan a los niños los libros, pero hay pocos en las escuelas rurales. En muchas de estas escuelas los organismos internacionales que evalúan la educación, como Pirls, Pisa o Llece, toman las muestras para dictaminar que tenemos índices muy bajos en lectura, pero qué hemos de esperar si hay poco para leer en estas escuelas y, de otro lado, los docentes se educaron a distancia y la educación a distancia es de bajísima calidad.
En las regiones apartadas de las grandes capitales, no sólo no hay bibliotecas, sino que tampoco hay gente que incentive la lectura en los niños.
Los ministerios de Cultura y de Educación cuentan con programas para incentivar la lectura; cabe preguntar qué tipo de talleres hacen. Es necesario trascender la visión de la lectura que ancla la interpretación en lo literal para promover el placer de leer. No me parece que insistir en el placer de leer contribuya a incentivar la lectura. Para leer un texto, todo sujeto padece. Padecemos cuando tratamos de entrar al universo semántico de un determinando texto, luchamos para entender los códigos específicos del texto, leer es trabajar con el pensamiento; tenemos que ir y volver y devolvernos, en una relación que nos asegura la comprensión.
Los talleristas fijan la idea del placer de leer, pero obstaculizan el acceso a la comunidad letrada; ingresar a la comunidad letrada implica tener las herramientas culturales y textuales para hacer detonar el universo de los textos. Los textos se caracterizan porque representan a través de las palabras y de las imágenes los mundos en los que vivimos, pero estos mundos no aparecen en la inmediatez de la lectura, son construidos por el lector. Los sujetos que de una manera muy versátil y ágil navegan en los libros y viven el asombro cuando logran descubrir los procesos manipulatorios de los sujetos que hablan en los textos y reconstruyen los múltiples saberes contenidos en ellos, asumen el rol de lectores críticos.
¿El problema no sería, entonces, que los niños no sepan leer, sino que los adultos encargados de guiar el proceso lector no sabemos leer?
Sí, ese es el planteamiento. Si empezamos desde ahora, en unas dos o tres generaciones habrá cambios importantes. Colombia acaba de salir de una situación de analfabetismo preocupante. Hasta los años sesenta, el analfabetismo en Colombia era delicado, y sólo ha logrado avanzar hasta ahora en la cobertura en la educación primaria completa y apunta hacia la secundaria completa y hacia el ciclo de educación media, que es incompleta y superficial. La educación se transforma por décadas. Vendrán generaciones más potentes en el modo de interpretar los textos. La cantidad de personas que asisten a la Feria del Libro es una señal y lo que vemos en las bibliotecas de Bogotá y de Medellín indica que la gente quiere leer; pero no perdamos de vista las grandes carencias en las zonas rurales de Colombia, en donde hemos padecido la guerra. Con el tiempo se va a demostrar que no le atañe exclusivamente a la escuela el saber leer adecuadamente, sino a las familias. Y en los casos de las familias fragmentadas, al Estado. Allí es donde la investigación tiene que llamar la atención sobre la importancia de que los talleres respondan a la formación de lectores críticos y no simplemente de lectores alfabetizados.

Las catorce mejores bibliotecas virtuales

Con base al listado de bibliotecas publicado por la página En la red, Literatura hoy hace un ranking de las catorce mejores bibliotecas digitales

Toma, lee, según el antiguo proverbio latino./rincondelbibliotecario.blogspot.com




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Saramago en su tierra

Tres años después de su muerte la presencia del Nobel sigue en Lanzarote

La viuda de José Saramago, Pilar de Río (a la izquierda),con autoridades locales durante la inauguración de la escultura en homenaje al escritor en una rotonda junto a la que fue su residencia en la localidad de Tías. / Javier Fuentes/elpais.com

Pilar del Río, la viuda de José Saramago, quiso que la memoria del Nobel siguiera ligada a Lanzarote y tres años después de su muerte, a pesar del desdén de las autoridades estatales y canarias sobre el legado del autor de Cuadernos de Lanzarote, ahí siguen, en el municipio de Tías, la casa (“A Casa”) y la biblioteca del escritor.
Hoy se cumplen esos tres años de la muerte del portugués de Azinhaga, que conoció a la periodista y escritora, y ahora traductora, Pilar del Río, se enamoraron y decidieron irse a vivir a Lanzarote, donde ella tenía una hermana. La casa, que ahora está abierta al público, igual que la biblioteca que ambos atesoraron, se fue construyendo poco a poco; se dice que el propio Saramago contribuyó a hacerla, piedra a piedra. En su porche, mirando hacia Fuerteventura, donde vivió otro trasterrado, Miguel de Unamuno, y en medio de la diatriba que hubo en Portugal en torno a la novela El Evangelio según Jesucristo, Saramago exclamó un día:
--Me podrán negar todo, pero nadie me quitará este aire.
Lanzarote fue la otra patria de Saramago. Por eso Pilar del Río no quiso que a la muerte de su marido, cuyas cenizas fueron esparcidas en Portugal, y en Lisboa tuvieron efecto las exequias, esas pertenencias que le unían a este territorio (la casa, la biblioteca) fueran selladas para siempre.
Su voluntad de permanecer aquí con esos recuerdos, abriéndolos al público, chocaron desde el principio y hasta ahora mismo con la despreocupación activa de las autoridades canarias y estatales, que no han considerado pertinente poner en valor el patrimonio que el escritor legó a la isla de César Manrique. Hasta este último 15 de junio no consiguió la Fundación Saramago que la localidad de Tías, donde se ubican A casa y la biblioteca, fuera señalizada convenientemente para que los posibles visitantes de estos lugares por los que transitó el escritor encontraran fácilmente accesible el camino por el que discurrió aquí la vida y la obra de Saramago.
Ahora ya hay una rotonda que indica por dónde ir; Pilar del Río dio la frase que, además, indicara en el sitio lo que para Saramago era Lanzarote: “No es mi tierra, pero es tierra mía”. Son legendarias las fotografías en las que se le ve caminando por la lava, así como sus numerosos textos sobre Lanzarote, a la que dedicó no sólo esa dedicación literaria; además Saramago colaboró activamente con la Fundación César Manrique, que prolonga en la isla la labor ecológica, artística y política que desarrolló el famoso artista lanzaroteño para impedir que Lanzarote fuera predio de los depredadores. José Saramago siguió, ahí y en todas partes, siendo altavoz del compromiso de Manrique, hasta su muerte hace tres años.
Desde 1993, cuando la pareja se fue a vivir a Lanzarote, Saramago escribió numerosas novelas, artículos y diarios en Lanzarote. Lo hacía en el altillo de la casa en la que ahora siguen sus objetos, sus cuadros y los lugares donde pasó sus años de lucha y de sosiego. Poco antes de morir, tras una batalla que libró, como él decía, “gracias a la fuerza de Pilar”, se despedía con la caballerosidad de un hombre que nunca sublimó su dolor: “Até amanhá!”. A su muerte, Lanzarote lo consideró suyo, como demuestran aún sus habitantes, y Portugal lo acogió como el hombre que fue, un ciudadano ejemplar y comprometido. Aún está por ver que las autoridades españoles que tendrían que ayudar a que su legado sea patrimonio público entiendan que Saramago tuvo dos patrias, y en ninguna de las dos se sintió ajeno. Ahora ya se sabe por donde se va a A Casa en Tías. Durante tres años, al menos, ese fue un sitio casi clandestino en la isla.

Dalí y García Lorca, cartas de seducción

Un estudio reúne por vez primera la relación epistolar entre el pintor surrealista y el poeta.  Es una mezcla de amistad, literatura, arte y flirteo
Salvador Dalí (izquierda) y Federico García Lorca./elpais.com

“Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo (...) yo iré a buscarte para hacerte una cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Las pobres bestias estarán ateridas. Tú te acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una máquina de retratar (…)”. Así de apasionado escribe Salvador Dalí en el verano de 1928 a su íntimo amigo Federico García Lorca. Era algo más, “un amor erótico y trágico, por el hecho de no poderlo compartir”, aclararía el pintor en 1986, en una carta al director publicada en EL PAÍS y dirigida a Ian Gibson, al que acusa de subestimar sus relaciones con el poeta, “como si se hubiera tratado de una azucarada novela rosa”.
La relación entre estos dos genios se dio, con altibajos, entre 1923 y 1936, y dio pie, colaboraciones artísticas aparte, a un intenso epistolario, una particular conversación iniciada en 1925 y que, por vez primera, puede leerse en su conjunto en Querido Salvador, Querido Lorquito (Elba), gracias a la labor del periodista Víctor Fernández.
Tan hábil como meticuloso, Fernández (que ha recuperado la erudita edición de las cartas de Dalí que anotó el estudioso Rafael Santos Torroella) ha reunido además la correspondencia que Lorca mantuvo también con el padre y la hermana del pintor, Ana María Dalí, y con Lidia de Cadaqués, extravagante personaje que se creía la reencarnación de La ben plantanda de Eugeni d’Ors. Tampoco es tanto epistolario. De la cartas del pintor al poeta aún han sobrevivido una cuarentena; de las de Lorca a Dalí, apenas siete. Fernández cree que la explicación a la diferencia aparece si se busca a la mujer. En este caso, a dos: “Una es Ana María, que vendió mucho material de archivo de su hermano tras la Guerra Civil; la otra es Gala, que por celos destruyó otras muchas; entre los papeles de García Lorca ha sido hallada una anotación que reza: “Gala no me gusta”; luego se sabe que Lorca era uno de los temas no gratos en casa de los Dalí cuando estaba Gala; entre los papeles del pintor hay cartas de Lorca recortadas con tijeras; a esa documentación tenía acceso poquísima gente, entre ellas la mujer del pintor”, sitúa Fernández.
Tras esas desapariciones está, según el compilador, la sombra de una pulsión homosexual. La correspondencia, pespunteada de dibujitos de uno y otro y de postales retocadas, “es un juego de seducción: Lorca da lo mejor de sí mismo, tratando de encandilar con su palabra a un Dalí que quiere estar a la altura intelectual del poeta. Uno intenta atrapar al artista en su tela de araña; el otro deja hacer hasta cierto punto”, opina Fernández.
No hay nada explícito en las cartas, ni tan siquiera una mención a la joven Margarita Manso, con la que Lorca mantiene relaciones sexuales a petición del propio Dalí, voyeur de un encuentro que fue una condición que impuso el pintor para mantener relaciones con el poeta. El sacrificio de García Lorca no sirvió de nada porque Dalí siguió sin ceder, en especial durante la segunda estancia del poeta en Cadaqués, en 1927, como después haría público en una soez entrevista con Max Aub.
El pintor surrealista, sin embargo, se sabe atractivo a los ojos del poeta y juega varias veces con las referencias sexuales. Lo practica incluso en una carta de principios de septiembre de 1928 en el contexto de una dura crítica literaria que el pintor hace a Lorca sobre su recién Romancero gitano (ver despiece).
Algunos estudiosos quisieron ver en esa misiva el inicio del final de la relación. “No hubo ruptura sino distanciamiento”, apunta Fernández, quien recuerda que hay correspondencia posterior y cita una carta en la que Lorca se ríe del pequeño timo que un Dalí necesitado de dinero intentó perpetrar contra los padres del poeta bajo el pretexto de que aún no había cobrado como escenógrafo de la obra de su hijo Mariana Pineda.
El distanciamiento sería aprovechado por Luis Buñuel, a su modo celoso, que va haciendo “una labor de zapa en esa relación”; el cineasta, hasta entonces con escaso eco intelectual y popular, acabaría realizando con Dalí el guion de Un perro andaluz, título en el que Lorca siempre se sintió aludido.
El mecanicismo, las películas de Buster Keaton, recomendaciones literarias de todo tipo (con referencias a Joyce incluidas) y explicaciones de cómo van sus respectivas obras, algunas comunes, van desfilando por las páginas de la correspondencia, que Fernández ha trufado con algún inédito, como un dibujo que el propio Dalí pidió que se llamara Lorca Dalí (1926), o una hoja de carta de la finca de Coco Chanel, donde se hospedó Dalí, de 1938, y en la que el artista dibujó una cabeza del ya asesinado García Lorca. “El poeta empezó a aparecer en dibujos suyos tras su muerte”, explica Fernández.
Defiende el compilador que Dalí tuvo una época lorquiana que dio frutos en doble sentido. En Lorca: una Oda a Salvador Dalí, publicada en la Revista de Occidente (y en apéndice en el libro): “Lorca no hizo nada así por nadie más”; Dalí, por su parte, habría reflejado al granadino en las pinturas La academia neocubista y en La miel es más dulce que la sangre, este último un cuadro en paradero desconocido pero del que el libro recoge un esbozo. Como obra en común quedará la pieza teatral Mariana Pineda, con figurines del pintor.
A Dalí le quedó la sensación de que podía haber evitado quizá la muerte de Federico. “Creía que no insistió lo suficiente para que le acompañara a Italia en 1936”. Cuando murió su esposa Gala, en 1982, Dalí se enrocó mentalmente y viajó a su juventud en la Residencia de Estudiantes, donde en 1923 conoció a Lorca y a Buñuel. En los huesos, negándose a comer, con 34 kilos, una de las enfermeras que atendió a Dalí en ese final dijo que en todo ese tiempo sólo le entendió una frase: “Mi amigo Lorca”.

Sexo y literatura

En una carta de Dalí a Lorca de 1928, comentando la aparición de ‘Romancero gitano’, Dalí mezcla sexo y crítica literaria: “Federiquito, en el libro tuyo (…) te he visto a ti, la bestiecita que eres, bestiecita erótica, con tu sexo y tus pequeños ojos de tu cuerpo (…) tu dedo gordo en estrecha correspondencia con tu p…”. (...) “Tu poesía se mueve dentro de la ilustración de los lugares comunes más estereotipados y más conformistas”.

La partida de la vida se juega en 64 casillas

El libro Ajedrez y ciencia de Leontxo García da pie a un diálogo entre él y Arturo Pérez-Reverte.  El periodista asesoró al escritor en varios de sus libros.  Los dos reflexionan sobre la relación entre el deporte mental y la lógica o la literatura

Leontxo García (izquierda) y Arturo Pérez-Reverte, en plena partida tras su conversación en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. / Cristóbal Manuel./elpais.com

Imposible al verlos no pensar en la Muerte y el caballero de El séptimo sello. Leontxo García (Irún, 1956) juega con las blancas. Avanza el peón de Rey dos casillas. Arturo Pérez-Reverte (Cartagena, 1951) traga saliva, aprieta las mandíbulas y replica lanzando adelante su propio peón negro. Le echa valor porque sabe que lo tiene eso, negro. La insólita partida —es la primera vez que juegan— culmina la conversación que el célebre periodista de ajedrez (y ex jugador semiprofesional) y el novelista, buenos amigos, han sostenido para EL PAÍS con motivo de la publicación del libro del primero Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas (Crítica), un entusiasta ensayo lleno de historia, información y sensacionales anécdotas de primera mano (¿sabían que a Bobby Fischer, el genio de Pasadena, con el que García tuvo varios encuentros, le fascinaban los dragones de Komodo y fue a verlos a su remota isla?). El mano a mano de Leontxo García y Pérez-Reverte no se celebra en Simpson’s-in-the-Strand, el fino salón de ajedrez escenario de la bellísima partida de Anderssen y Kieseritzky en 1851, sino en la cafetería del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Pero no es menos intenso.
Leontxo García. Si tengo que identificarme con una pieza, quizá el alfil, porque es incisivo.
Arturo Pérez-Reverte. Es una estocada de florete. El caballo es un sablazo de húsar. La torre, artillería.
L. G. El ajedrez es único. No hay otra actividad en la que dos personas puedan mantenet una relación tan intensa sin tocarse.
A. P.-R. Tu libro es un magnífico abanico de lo que el ajedrez puede ser en la vida. Un deporte, sí, un entretenimiento, y tantas cosas más. Potencia lo que eres.
L. G. Imprime carácter. Ofrece muchas lecciones.
A. P.-R. Aprendes el respeto al adversario, a aceptar las reglas, a encajar la derrota, y la victoria.
L. G. Descubres que siempre vas a encontrar a alguien que te gane. Aunque seas Fischer o Kaspárov. Y el gran principio socrático: “Solo sé que no sé nada”. Hasta que no existan las computadoras cuánticas, ni hombre ni máquina son perfectos en el tablero. El ajedrez es finito desde el punto de vista matemático pero infinito para la mente humana normal.
A. P.-R. El ajedrez te da la certeza del error. El iceberg del Titanic, siempre ahí. La mina que espera que la pises. Esa certeza te mantiene vivo intelectualmente.
L. G. El que pierde en ajedrez es el que más aprende. En ajedrez no le puedes echar la culpa al árbitro o al terreno embarrado.
A. P.-R. El ajedrez simboliza mucho. Junto con la navegación y el mar el ajedrez es lo que mejor simboliza aquello que llamamos vida. Igual que hay quienes van a misa, yo voy a buscar consejo espiritual al ajedrez.
L. G. Es como la vida. Plantea situaciones similares. Lo que usas en ajedrez lo puedes usar en la vida. Ayuda a ordenar el caos. Cando juego, pongo orden en el caos. Analizo tu movimiento, descarto el 95 % de opciones, considero tres, elijo una. Voy calculando, ordenando, pero a la vez está la dichosa maquinita, el tic-tac...
A. P.-R. Que me aprieta todo el rato.
L. G. Y tengo que tomar una decisión, con análisis cartesiano e intuición a la vez.
A. P.-R. Y miedo.
L.G. Exacto. Como en la vida, de nuevo. No puedes estar seguro, no puedes sopesarlo todo.
A. P.-R. Y ahí estamos en mi terreno. En una ciudad asediada, con un entresijo de calles y un itinerario que tienes que decidir. ¿Dónde será el bombardeo?, ¿dónde estará emboscado el francotirador? Necesitas sangre fría, experiencia, intuición, y darte prisa.
L. G. Los jugadores conocen el miedo. Kaspárov dijo que él ganaba a las máquinas porque ellas no sabían lo que es el miedo.
A. P.-R. El miedo es saludable.
L. G. Ya que estoy con el ex corresponsal de guerra déjame decir que el ajedrez es como una guerra sin sangre. Una guerra sin lo malo.
A. P-R. Recuerdo una escena, en la guerra de Bosnia, dos abuelos jugaban en Sarajevo. Era una salvación mental. En las cárceles es muy bueno. No hay otra forma tan útil para evadirse. Ofrece consuelo, respeto por uno mismo.
L. G. Los estudios a lo largo de 120 años coinciden en que practicar el ajedrez permite desarrollar la inteligencia en matemáticas y mejorar la comprensión lectora, aquello en lo que más fallan los niños españoles.
A. P.-R. Pese a algunos detractores, el ajedrez y la lectura son complementarios. Es cierto que el ajedrez puede agravar ciertas patologías, paranoia, agresividad, pero como todo. Si estás majara... Hay frikis en todo.
L. G. Puede ayudar. La gente confunde a los obsesos del ajedrez con los jugadores normales. Si tu vida es solo ajedrez no tienes donde aplicar sus lecciones. Es como el marisco, muy bueno pero no puedes comer solo eso.
A. P.-R. Lo que me interesa es la liturgia. La liturgia del ajedrez no es baladí. Las actitudes, los gestos, el ritual, las maneras de perder y ganar, la gota de sudor en la frente del jugador...
L. G. Tú eres uno de los nuestros. Doy fe de las horas que te has pasado observando torneos. No solo por obligación profesional de novelista que se documenta, sino porque te fascina. Un noble entusiasta. Tu pasión por la parte literaria del ajedrez... Nos conocimos en 1990, cuando escribiste La tabla de Flandes.
A. P.-R. El ajedrez aparece en muchos libros. El pintor de batallas, El asedio... En la última, El tango de la guardia vieja, recurrí a ti para que me solucionaras problemas técnicos graves. Me facilitaste el acceso a torneos internacionales, me ayudaste mucho. Con Sánchez Ron te comimos el tarro para que te decidieras y escribieras un libro. Por fin lo has hecho. Tu libro es oro puro, un filón de informaciones.
L. G. Todo lo que pones de ajedrez en tus novelas es exacto. Echarte una mano ha sido un reto intelectual. El problema era a veces cómo encajar la práctica del ajedrez en el marco narrativo sin que chirríe para el que sabe mucho y no resulte prolijo para el lector que no conoce ese mundo.
A. P.-R. Yo te llamaba: “Leontxo, tengo un problema”. Por ejemplo, ¿qué puede destruir a un campeón durante un campeonato? O ¿cómo se descubre a un tramposo? Todo eso me lo vestías de seriedad para que pasara el filtro de un ajedrecista serio.
L. G. ¿El mejor jugador? El más carismático de todos los tiempos, Fischer. Pero también un ejemplo negativo de obsesión y desequilibrio.
A. P.-R. Me gusta mucho Capablanca, con ese aspecto mundano. Y Arturo Pomar. Con apoyo institucional habría sido grande. Pero le sepultaron en el olvido. Un ejemplo de esta España que desprecia cuanto ignora, y a la que solo interesa el gol de Zarra.
Leontxo García y Pérez-Reverte (que reconoce no tener nada que hacer ante el rival) no acabarán su partida. Tras una serie de movimientos que incluyen una escabechina de piezas en el centro del tablero lo dejarán disimuladamente. Como amigos. Tablas.

18.6.13

Juan Gabriel Vásquez gana el premio Gregor von Rezzori

Su novela El ruido de las cosas al caer le permitió adjudicarse el galardón más prestigioso de Italia

Juan Gabriel Vásquez fue reconocido por su novela El ruido de las cosas al caer./emol.com

El ruido de las cosas al caer, del escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, fue la novela ganadora del premio italiano Gregor von Rezzori 2013, galardón destinado a las mejores obras narrativas extranjeras, según informó hoy la editorial Alfaguara.
Vásquez (Bogotá, 1973) ya había conseguido el premio Alfaguara de Novela 2011 por esta obra, que también resultó finalista de otros concursos internacionales como los premios Médici y Femina o el Independent Foreign Fiction Prize, que organiza el Consejo de las Artes del Reino Unido junto al diario británico The Independent.
"El ruido de las cosas al caer", que ya fue adquirido por editoriales reputadas como Bloomsbury en Gran Bretaña, Riverhead en Estados Unidos o Seuil en Francia, conocerá además una distribución mundial en países como Brasil, Alemania, Israel o Turquía, entre otros.
Con esta novela el autor suma una nueva incursión en el terreno de la ficción, tras "Los amantes de todos los santos" o "Los informantes", que compagina con su carrera de columnista y traductor de escritores clásicos como E.M. Forster o Víctor Hugo.
El premio Gregor von Rezzori es uno de los galardones más "prestigiosos de Italia", asegura Alfaguara en su comunicado, y ha sido concedido a escritores de la talla de Arturo Pérez-Reverte, Enrique Vila-Matas, ganador en 2012

Cien libros para ordenar el caos

Expertos de 14 países preparan una lista antes de la entronización del libro digital: un canon de la literatura occidental para las bibliotecas familiares

Fotomontaje de Tolo Ramón. /elpais.com

...Homero, Woolf, Rulfo...
Orden en el caos. Jerarquización en la anarquía. Boyas en medio de un océano tempestuoso. Semáforos en la imbricación entre los mundos analógico y digital. Ideas satanizadas en los últimos tiempos en nombre de la libertad y la relativización de valores artísticos, pero que ahora quieren reivindicar para la literatura 57 expertos de 14 países. Propondrán una biblioteca de cien obras de ficción y cien de no ficción del mundo occidental que no deben faltar en las familias, en las bibliotecas de las casas. Doscientos libros que serán editados en papel antes de que el mundo digital arrincone el modelo tradicional.
...Platón, Gogol, Faulkner...
De La Biblia a García Márquez. Entre medias, como en toda lista, no sobrará ningún libro, pero sí faltarán algunos, según cada lector, de acuerdo al ejemplo de lista que presenta Miguel Ángel Garrido Gallardo, investigador del CSIC y presidente del Congreso Internacional La biblioteca de Occidente en contexto hispano, que empezó ayer y terminará el sábado en Madrid, con escala el miércoles en San Millán de La Cogolla. Un encuentro organizado por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), el CSIC y Cilengua; con ponentes como José- Carlos Mainer, crítico literario español y profesor de la Universidad de Zaragoza; José Manuel Sánchez Ron, académico y profesor de la Universidad Autónoma de Madrid; Michel Zink, del Còllege de France en París; y Giovanni Maria Vian, de la Universidad de La Sapienza de Roma.
...Ovidio, Dante, Whitman...
¿Qué cien libros de ficción se deberían conservar en los hogares? ¿Cuáles de ciencia, filosofía, política, historia o economía? El espíritu del congreso, según Garrido Gallardo, no es crear un canon propiamente dicho, sino proponer una serie de títulos esenciales para apreciar, disfrutar y comprender la literatura y el curso de su historia inacabable. Por eso los libros que salgan de ese congreso no serán necesariamente los previsibles de un autor o de un movimiento o de una época concreta. Se trata, según Garrido Gallardo, “de mostrar la diversidad de la creación literaria a lo largo de la historia y de elegir las obras cuya lectura pueda resultar de más fácil acceso a los lectores generales, y en especial a aquellos más reticentes. Buscaremos conquistar lectores”.
...Shakespeare, Byron, Orwell...
No es atrincherarse en la nostalgia o el pasado, aclara José María Vázquez García-Peñuela, rector de la UNIR. Es recordar y aprender que nada viene de la nada, que autores como Sófocles o Lope de Vega o Proust son esenciales en la creación literaria no solo para los lectores sino, especialmente, para otros escritores porque sus lecturas les han permitido la renovación de la literatura.
...Cervantes, Brontë, James...
Es un golpe sobre la mesa en el mundo de la Red y de la sobreinformación donde todo tiende a ser valorado de la misma manera. Para Mainer, es una respuesta a la banalización del contenido de la cultura en todos los ámbitos y “peor en Internet”. Un momento en el cual con cierta frecuencia, advierte Mainer, los temas presentes o novedades creativas adquieren demasiada relevancia. A su vez, afirma, en el campo de la academia ha aumentado un tipo de demagogia a través de la cual los profesores privilegian la novedad literaria para los alumnos sobre las obras tradicionales.
...Bocaccio, Eliot, Tolstói...
Mainer reconoce que el canon es complejo, y por eso mismo esencial: “No es solo el reconocimiento de rango estético superior de una obra, sino que indica cómo ha sido el momento, reflejo de la herencia colectiva”.
...Goethe, Austen, Kafka...
No es seguro que el sábado, una vez concluya el congreso, esté la lista definitiva; lo que sí está claro, según Garrido Gallardo, es que saldrá el elenco de directrices y criterios para dicha selección. Algunas coordenadas podrían ser: una obra por autor, un libro por movimiento literario y solo entrarán títulos que tengan como mínimo 50 años, tiempo suficiente para haber decantado su valor. Para Garrido, por ejemplo, en su propuesta del realismo francés clásico no estarían ni Balzac ni Stendhal, su elección es Gustave Flaubert, y no con Madame Bovary sino con Tres cuentos.
Es la élite deselitizada.
...Plutarco, Andersen, Chéjov...
Uno de los últimos en proponer un canon occidental, y muy polémico, fue Harold Bloom. Era 1994. Bloom cree que ahora más que nunca se requieren de estos puntos de referencia porque, como dijo hace año y medio: “Esa literatura, la canónica, que parece agonizar, es fundamental conocerla si queremos aprender a oír, a ver, a pensar... A sentir...”.
...Garcilaso, Molière, Dostoievski, Ibsen, García Lorca, Guimaraes, Milton, Hamsun, Borges, Beckett, Darío...