23.9.16

El precio de la paz

 Yo no lo tenía tan claro antes de leer el artículo de Héctor Abad Faciolince. Pero ahora, si fuera colombiano y pudiera votar, yo también votaría por el

Sí a la Paz/Fernando Vicente./elpais.com

Los buenos artículos me gustan casi tanto como los buenos libros. Ya sé que no son muy frecuentes, pero ¿no ocurre lo mismo con los libros? Hay que leer muchos hasta encontrar, de pronto, aquella obra maestra que se nos quedará grabada en la memoria, donde irá creciendo con el tiempo. El artículo que Héctor Abad Faciolince publicó en EL PAÍS el 3 de septiembre (Ya no me siento víctima), explicando las razones por las que votará  en el plebiscito en el que los colombianos decidirán si aceptan o rechazan el acuerdo de paz del Gobierno de Santos con las FARC, es una de esas rarezas que ayudan a ver claro donde todo parecía borroso. La impresión que me ha causado me acompañará mucho tiempo.
Abad Faciolince cuenta una trágica historia familiar. Su padre fue asesinado por los paramilitares (él ha volcado aquel drama en un libro memorable: El olvido que seremos) y el marido de su hermana fue secuestrado dos veces por las FARC, para sacarle dinero. La segunda vez, incluso, los comprensivos secuestradores le permitieron pagar su rescate en cómodas cuotas mensuales a lo largo de tres años. Comprensiblemente, este señor votará no en el plebiscito; “yo no estoy en contra de la paz”, le ha explicado a Héctor, “pero quiero que esos tipos paguen siquiera dos años de cárcel”. Le subleva que el coste de la paz sea la impunidad para quienes cometieron crímenes horrendos de los que fueron víctimas cientos de miles de familias colombianas.¿Funcionará el acuerdo de paz? La única manera de saberlo es poniéndolo en marcha, haciendo todo lo posible para que lo acordado en La Habana, por difícil que sea para las víctimas y sus familias, abra una era de paz y convivencia entre los colombianos. Así se hizo en Irlanda del Norte, por ejemplo, y los antiguos feroces enemigos de ayer, ahora, en vez de balas y bombas, intercambian razones y descubren que, gracias a esa convivencia que parecía imposible, la vida es más vivible y que, gracias a los acuerdos de paz entre católicos y protestantes, se ha abierto una era de progreso material para el país, algo que, por desgracia, el estúpido Brexit amenaza con mandar al diablo. También se hizo del mismo modo en El Salvador y en Guatemala, y desde entonces salvadoreños y guatemaltecos viven en paz.Pero Héctor, en cambio, votará sí.Piensa que, por alto que parezca, hay que pagar ese precio para que, después de más de medio siglo, los colombianos puedan por fin vivir como gentes civilizadas, sin seguirse entrematando. De lo contrario, la guerra continuará de manera indefinida, ensangrentando el país, corrompiendo a sus autoridades, sembrando la inseguridad y la desesperanza en todos los hogares. Porque, luego de más de medio siglo de intentarlo, para él ha quedado demostrado que es un sueño creer que el Estado puede derrotar de manera total a los insurgentes y llevarlos a los tribunales y a la cárcel. El Gobierno de Álvaro Uribe hizo lo imposible por conseguirlo y, aunque logró reducir los efectivos de las FARC a la mitad (de 20.000 a 10.000 hombres en armas), la guerrilla sigue allí, viva y coleando, asesinando, secuestrando, alimentándose del, y alimentando el narcotráfico, y, sobre todo, frustrando el futuro del país. Hay que acabar con esto de una vez.
La revolución de los barbudos sirvió para que millares de jóvenes se sacrificaran inútilmente
El aire del tiempo ya no está para las aventuras guerrilleras que, en los años sesenta, solo sirvieron para llenar América Latina de dictaduras militares sanguinarias y corrompidas hasta los tuétanos. Empeñarse en imitar el modelo cubano, la romántica revolución de los barbudos, sirvió para que millares de jóvenes latinoamericanos se sacrificaran inútilmente y para que la violencia —y la pobreza, por supuesto— se extendiera y causara más estragos que la que los países latinoamericanos arrastraban desde hacía siglos. La lección nos ha ido educando poco a poco y a eso se debe que haya hoy, de un confín a otro de América Latina, unos consensos amplios en favor de la democracia, de la coexistencia pacífica y de la legalidad, es decir, un rechazo casi unánime contra las dictaduras, las rebeliones armadas y las utopías revolucionarias que hunden a los países en la corrupción, la opresión y la ruina (léase Venezuela).
La excepción es Colombia, donde las FARC han demostrado —yo creo que, sobre todo, debido al narcotráfico, fuente inagotable de recursos para proveerlas de armas— una notable capacidad de supervivencia. Se trata de un anacronismo flagrante, pues el modelo revolucionario, el paraíso marxista-leninista, es una entelequia en la que ya creen solo grupúsculos de obtusos ideológicos, ciegos y sordos ante los fracasos del colectivismo despótico, como atestiguan sus dos últimos tenaces supérstites, Cuba y Corea del Norte. Lo sorprendente es que, pese a la violencia política, Colombia sea uno de los países que tiene una de las economías más prósperas en América Latina y donde la guerra civil no ha desmantelado el Estado de derecho y la legalidad, pues las instituciones civiles, mal que mal, siguen funcionando. Y es seguro que un incentivo importante para que operen los acuerdos de paz es el desarrollo económico que, sin duda, traerán consigo, seguramente a corto plazo.
El modelo revolucionario es una entelequia en la que ya creen solo grupúsculos de obtusos ideológicos
Héctor Abad dice que esa perspectiva estimulante justifica que se deje de mirar atrás y se renuncie a una justicia retrospectiva, pues, en caso contrario, la inseguridad y la sangría continuarán sin término. Basta que se sepa la verdad, que los criminales reconozcan sus crímenes, de modo que el horror del pasado no vuelva a repetirse y quede allí, como una pesadilla que el tiempo irá disolviendo hasta desaparecerla. No hay duda que hay un riesgo, pero, ¿cuál es la alternativa? Y, a su excuñado, le hace la siguiente pregunta: “¿No es mejor un país donde tus mismos secuestradores estén libres haciendo política, en vez de un país en que esos mismos tipos estén cerca de tu finca, amenazando a tus hijos, mis sobrinos, y a los hijos de tus hijos, a tus nietos?”.
La respuesta es sí. Yo no lo tenía tan claro antes de leer el artículo de Héctor Abad Faciolince y muchas veces me dije en estas últimas semanas: qué suerte no tener que votar en este plebiscito, pues, la verdad, me sentía tironeado entre el y el no. Pero las razones de este magnífico escritor que es, también, un ciudadano sensato y cabal, me han convencido. Si fuera colombiano y pudiera votar, yo también votaría por el sí.

La Fiesta del Libro cerró con broche de oro

 Las cifras lo dicen todo. Con más de 420.287 asistentes, 45 charlas y 104 lanzamientos de libros, la décima edición de la Fiesta se despidió por lo alto

Salón de Editoriales Independientes. Foto: Equipo de Prensa Fiesta del Libro de Medellín./semana.com

Durante diez días Medellín fue escenario de uno de los encuentros literarios más grandes del país. Los números dicen que esta vez hubo 50.000 asistentes más con respecto al año anterior. Y que las conferencias y charlas -como las  de
Mempo Giardinelli, Leila Guerriero, Ezequiel Fernández o Jaime Bayly- despertaron mucho interés entre el público. En esta edición hubo 30 invitados internacionales y 80 nacionales.
Entre los eventos destacados estuvo la primera edición del Premio León de Greiff a lo mejor de la prosa y poesía en Iberoamérica, cuyo ganador fue el venezolano Juan Calzadilla.
A su vez, se realizó el Salón de las Editoriales Independientes que, como su nombre lo indica, reunió sellos que no son comerciales junto con títulos que no circulan normalmente en el país.
Al respecto, Juan Diego Mejía, director de la Fiesta del Libro, asegura que comercialmente el Salón fue muy importante, pues les dio la posibilidad a más editoriales de mostrar sus textos a través de alianzas. “Una de las cosas que más me impresionó –dice Mejía- fue que varios asistentes me dijeron que por fin se sentían en Feria porque encontraron elementos que no hay en otras librerías. Eso me llenó de satisfacción”.
Pero esto no fue todo. Otra de las iniciativas que se destaca es “Adopta un autor”, un proyecto que consiste en que 84 escritores asistan a 84 colegios para hablar sobre lectura. Esta iniciativa empezó en 2013 y se hace antes, durante y después de la Feria. Según Mejía, es una de las mejores maneras de incentivar la lectura porque tanto autores como alumnos salen muy motivados tras cada encuentro.
Por su parte, Juan Carlos Sánchez, el Subsecretario de Bibliotecas, Lectura y Patrimonio, destaca el evento como “un proyecto con una potencia social enorme y un epicentro para unir a la ciudad”. Esto, gracias a que la Fiesta del Libro le apostó a un acercamiento gratuito a la cultura literaria y la convocatoria de editoriales inéditas.
Con cifras que ni los mismos organizadores terminan de creer (420.287 asistentes, 45 charlas y 104 lanzamientos de libros), a futuro se espera mantener coherencia para llegar cada vez a más públicos y cambiar la forma en que se piensa la cultura en las ciudades del país.

Rubén Darío, su universo en 360º

La sede de la Biblioteca Histórica de la Complutense muestra manuscritos, facturas y cartas que le enviaron Machado, Juan Ramón y, sobre todo, Francisca Sánchez, su gran amor español a la que llamaba "coneja"

Carta de Rubén Darío a Francisca Sánchez desde París./elmundo.es

Era un baúl enorme, que pesaba como un muerto, y azul, el color por excelencia deRubén Darío. Dentro de él había de todo, un mundo construido a través de multitud de pedazos: facturas de whiskiespoesíasrecetas de cocinarecibos de coches de caballosdibujos infantiles, afectuosas cartas de Manuel y Antonio Machado, análisis médicos, postales escritas de puño y letra por Juan Ramón Jiménez, correspondencia de Emilia Pardo Bazán, gastos en sombreros, cuentas de restaurantes, cartas firmadas con apelativos cariñosos, misivas revelando las estrecheces económicas... Por haber, dentro de ese arcón había hasta el código secreto empleado para enviar telegramas a casa y hacer saber, con el mínimo gasto posible tanto en letras como en dinero, si se andaba o no corto de parné. «Ma», por ejemplo, significaba: «Mal. Envía lo que puedas».
Nada menos que unos 5.200 documentos y escritos de todo tipo contenía ese baúl. En ese cofre paquidérmico el último y gran amor de Rubén Darío, la española Francisca Sánchez, fue guardando con devoción todos los papeles sobre sus 16 años de vida con el poeta nicaragüense, creando un gigantesco archivo que conservó con celo hasta más de 40 años después de la muerte del poeta y que documenta como ningún otro las varias caras de Rubén Darío. Desde su faceta más doméstica y privada hasta su proceso de escritura, pasando por las relaciones que mantuvo con otros escritores, su trabajo como periodista o sus misiones diplomáticas. Y ahora que en 2016 se ha cumplido el centenario de la muerte de Rubén Darío y que en 2017 se celebrarán los 150 años de su nacimiento, los tesoros de ese baúl salen a la luz.
Ese Rubén Darío a 360 grados se puede desentrañar en 'Una historia en fragmentos de papel', la exposición que hasta el 22 de diciembre acoge la sede de la Biblioteca Histórica de Universidad Complutense de Madrid, en la calle Noviciado. La muestra se nutre de varios de los más de 5.000 documentos que Francisca Sánchez guardó durante años en el famoso baúl, que antes de morir donó al Estado español.
Francisca Sánchez, y su hijo Güicho.

Recorrer la exposición es un poco como mirar por el ojo de la cerradura ycontemplar a hurtadillas el universo más personal del poeta modernista. Porque la muestra no sólo ofrece innumerables pistas sobre su proceso de creación literaria, a través de cuartillas en las que se ve lo que Rubén Darío tachaba y lo que no tachaba en sus poemas, los cambios que realizaba aquí o allá. No sólo deja ver cómo eran sus relaciones con otros poetas españoles e hispanoamericanos, con numerosas cartas que revelan el profundo respeto y fascinación que Rubén Darío despertaba entre sus contemporáneos. «Querido y admirado maestro», comienza por ejemplo una carta que le escribió Antonio Machado. «Mi admirado amigo», le llama Emilia Pardo Bazán en otra misiva. Hasta Juan Ramón Jiménez, famoso por su egocentrismo y por ser poco muy dado a los cumplidos, encabeza una postal que le mandó en 1903 a Rubén Darío para darle las gracias por el poema que le ha enviado para la revista Helios con un explícito «Querido maestro». «Y para que Juan Ramón Jiménez se dirigiera en esos términos a alguien es que tenía que respetarle enormemente», subraya sonriendo entre dientes Marta Torres, directora de la Biblioteca Histórica Complutense y una de las comisarias de la muestra.
Pero aunque todo eso está muy bien, lo más fascinante es poder ejercer de voyeur y echar un vistazo a la vida privada de uno de los genios del modernismo. «Sin duda, lo más apasionante de la exposición es que refleja la vida personal y doméstica de Rubén Darío», admite Marta Torres. Permite al visitante bajar al genio del pedestal y verlo simplemente como hombre: en su casa, con su mujer y su hijo, con los apuros económicos que sufría, los dispendios que se daba cuando tenía dinero... Ahí está por ejemplo el famoso cuaderno de hule, una libreta de tamaño cuartilla con las tapas forradas en negro que es una especie de universo en miniatura de Rubén Darío: allí caben desde algunos de sus poemas como Canción otoñal (con sus debidos tachones y correcciones) hasta dibujos infantiles realizados por el único de los tres hijos que tuvo la pareja que sobrevivió o los deberes que el poeta le ponía a Francisca, una mujer que era analfabeta cuando la conoció, o las claves secretas que los dos empleaban para comunicarse por telegrama...
También hay varias cartas de Rubén Darío a Francisca, muchas de ellas encabezadas por apelativos cariñosos como «mi hijita» o «coneja» y escritas a menudo durante los viajes que obligaban al poeta a separarse de su compañera. Misivas que con frecuencia dejan ver las penalidades económicas que atravesaba la pareja. «Querida coneja, haciendo un gran sacrificio te mando cien francos. (...) Te quiere, tu conejo". Aunque también en la muestra hay documentos que reflejan lo alegremente que gastaba cuando tenía dinero, como la factura de 93 pesetas que en 1909 pagó a una compañía madrileña de coches y caballos de lujo, las facturas en sastres y sombreros o las cuentas en whiskies. Porque tan famosos eran sus abusos etílicos que, de hecho, se dice que después de enviudar de su primera mujer se casó con Rosario Murillo, conocida como la garza morena, cocido de whisky, sin ser consciente de lo que hacía.
A Francisca Sánchez la conoció más tarde, después de que el diario argentino La Nación le enviara como corresponsal a España para que describiera la situación del país tras el desastre del 98. Un día, durante un paseo en compañía de Valle-Inclán por la Casa de Campo en Madrid, Rubén Darío vio a una chica de familia humilde que le fascinó. Era Francisca, hija de uno de los jardineros que cuidaban de ese recinto. «Se reían y me echaban piropos. Les obsequié unas flores. Las aceptaron. Después, a los dos días, los volví a ver. Vino a visitarme. Otra vez les obsequiaba con flores. Me ofreció si quería dar un paseíto por la Casa de Campo. Cómo no. (...). Me hizo varias preguntas. Le contestaba. Después el amigo se separaba», recordaba la propia Francisca en una entrevista que le hicieron cuando tenía 82 años, 59 desde de aquel episodio y 41 de la muerte del poeta.
Comenzó así una apasionada historia de amor y escándalo, en la que Rubén Darío enseñó a Francisca a leer y a escribir, trató por todos los medios (sin conseguirlo) de obtener el divorcio de su segunda mujer para poder casarse con ella y que trajo al mundo tres hijos, aunque sólo uno de ellos sobrevivió, Rubén Darío Sánchez, Güicho, a quien nombró heredero universal en su último testamento, conservado junto a los dos anteriores en el archivo de la Complutense. Pero la suya fue una relación que duró hasta mucho después de la desaparición de Rubén Darío. Aunque Francisca se casó tras la muerte de éste, jamás lo olvidó, y siempre conservó su enorme archivo. «Fue su gran amor. Ella misma me lo dijo con esas palabras», cuenta la periodista Rosa Villacastín, nieta de Francisca y autora de La princesa Paca, la novela en la que recrea su historia.
Rubén Darío, y Güicho, el hijo que tuvo con Francisca.

¿Y cómo era Rubén Darío como hombre?, le preguntamos a Marta Torres. «Alguien muy complejo. Muy intenso. Y muy generoso. Fue él quien en París prestó a Antonio Machado el dinero necesario para regresar a España con Leonor, quien ya estaba gravemente enferma. Era muy amigo de sus amigos».

El formato papel vence al digital en pleno siglo XXI

Seguimos encontrando en el papel la esencia de la lectura, rehusando, por lo tanto, de lo que la modernidad tecnológica nos ofrece


La lectura es una actividad de placer y conocimiento./actualidadliteraria.com

Pues aunque parezca mentira, según el informe del CIS publicado en enero del año pasado, el  79,7% de los lectores españoles prefiere un libro físico y solo un 11,1% se decanta por el formato digital. Resumiendo, estaríamos hablando de que 4 de cada 5 lectores lee como se viene haciendo durante gran parte de la historia humana. Algo que, en comparación con otros ámbitos, sorprende y mucho.
Actualmente, todos disponemos de ordenadores, tabletssmartphones y un sinfín de artilugios electrónicos capaces de facilitarnos las cosas a la hora de disfrutar de nuestro preciado hobbyDe todas formas, seguimos encontrando en el papel la esencia de la lectura, rehusando, por lo tanto, de lo que la modernidad tecnológica nos ofrece. Algo que, por descontado, no sucede en otros quehaceres  de nuestro día a día.

Si nos paramos a pensar, el formato digital nos aporta muchísimas más facilidades. Nos permite, primero de todo,almacenar una cantidad prácticamente infinita de libros. Algo que, por descontado, nuestras estanterías hogareñas serían incapaces de soportar.
Nos solucionaría, por lo tanto, la habitual problemática  del espacio. Tema este,  recurrente en discusiones familiares sobre estanterías curvadas y libros amontonados por doquier.  Aun así, en España, a pesar de tener la solución en nuestras manos, los que amamos la lectura, generalmente, seguimos llenando nuestras casas, la de padres, hermanos o amigos, de libros ya acabados o, simplemente, libros condenados  a una lista de espera prácticamente infinita.
Todo esto por no hablar de las facilidades a la hora de disponer de prácticamente cualquier libro de manera instantánea. Permitiendo esto, leer cualquier cosa en cualquier lugar del mundo con solo hacer un clic. Algo que, por descontado, facilitaría el hábito de leer sin prácticamente ninguna limitación.

A pesar de todo, el formato físico sigue ganando de paliza al digital y, aunque sea extraño, creo que existe una explicación lógica a todo esto. Muchos, por descontado, nos llamaran locos o excéntricos, algo que no nos viene de nuevo ya que, tristemente, los que nos gusta leer no es que seamos el núcleo más numeroso de la sociedad, ni mucho menos.
Seguramente todo  reside, y en esto baso mi reflexión,  en algo que solo los que leemos sabemos apreciar. Aunque no se crea o no se entienda,  la lectura se vive y se disfruta  con los 5 sentidos. Ninguna superficie electrónica nos hace sentir el olor, el tacto de las páginas o el peso de la historia que estamos leyendo.
Nosotros, sin ninguna duda,  tratamos a los libros como cajas llenas de estímulos de todo tipo siendo cada uno único y genuino. Leer no consiste en devorar palabras sin más, leer es sentir y notar. Es un acto romántico en toda regla. Nos ancla a nuestro pasado y nos hace vivir situaciones irrepetibles. Leer es algo que de momento, para muchos, sigue estando solo al alcance del mundo físico,  el del papel.

Agatha Christie: 126 años del nacimiento de la reina del suspenso

Agatha Christie escribió a lo largo de su vida más de 150 cuentos, 80 novelas y 21 obras de teatro, entre las que destaca La Ratonera, que llegó a estar 63 años en el teatro


                                                   Agatha Christie, en su cocina./lavanguardia.com

Agatha Christie, la indiscutible reina literaria del suspense, nació tal día como hoy hace 126 años. Considerada como una de las escritoras más exitosas de todos los tiempos, Agatha Mary Clarissa Miller debutó en el mundo de las letras en 1920 con la novela El misterioso caso de Styles, donde conoceríamos a su personaje más icónico, el célebre detective Hércules Poirot.

En su carrera como novelista, en la que figuran obras como Muerte en el Nilo (1937) y Diez Negritos (1939), brilla con luz propia una obra: Asesinato en el Orient Express (1934), que se ha convertido en su título más popular y que ha sido llevada al cine en varias ocasiones.

Agatha Christie escribió a lo largo de su vida más de 150 cuentos, 80 novelas y 21 obras de teatro, entre las que destaca La Ratonera, que llegó a estar 63 años en el teatro.

La novelista británica, que desafió en ochenta puzzles policiacos a las mentes de millones de lectores, murió pacíficamente el 12 de enero de 1976 a los 85 años, un año después de su célebre personaje Hércules Poirot tras una “buena vida”, según aseguró ella misma en su autobiografía.

De niña tuvo un carácter tímido y retraído, y rechazaba sus muñecas para jugar con amigos imaginarios. Su padre, que vivía de rentas, se pasaba el día jugando a las cartas, murió cuando ella tenía 11 años, dejando a su mujer e hijos en bancarrota.

Durante la I Guerra Mundial trabajó como enfermera en un hospital, de donde sacó la inspiración para escribir una historia policial cuya víctima moría envenenada. La novela fue El misterioso caso de Styles (1920), y con ella inauguró su carrera como escritora.

EL MISTERIO DE SU DESAPARICIÓN

Se casó el 24 de diciembre de 1914 con Archibald Christie, pero se divorciaron en 1928 cuando la abandonó para irse con su secretaria. Esto, unido a la muerte de su madre, le causó una gran crisis nerviosa que dio lugar a una amnesia. En una noche de diciembre del año 1926, apareció su coche abandonado cerca de la carretera, pero no había rastro de ella. Sobre el suceso se hicieron muchas especulaciones. Apareció once días más tarde en un hotel de la playa registrada con el apellido de la amante de su marido. Al no saber quién era publicó una carta en un periódico para ver si alguien la reconocía, pero como firmó con otro apellido nadie lo hizo. Afortunadamente su familia la encontró y pudo recuperarse de este golpe con tratamiento psiquiátrico.

Sus historias han sido llevadas al cine y la televisión, especialmente las protagonizadas por Hercules Poirot y Miss Marple. Se calcula que se han vendido unos cuatro mil millones de sus novelas que fueron traducidas a unos 103 idiomas. En 1971 fue condecorada con la Orden del Imperio Británico.

16.9.16

Literatura negra en Medellín

 Del miércoles 14 al viernes 16 de septiembre, se realiza Medellín Negro, un congreso sobre la literatura policíaca en Colombia

En esta edición, Medellín Negro tendrá como invitado especial al escritor y periodista argentino Leonardo Oyola/semana.com

En el Salón Humboldt del Jardín Botánico se desarrolla Medellín Negro, un evento que cumple seis ediciones como el congreso más grande de literatura negra -también conocida como policiaca- en el país. Con el apoyo de instituciones como la Universidad de Antioquia y la Universidad de Los Andes  se reúnen los amantes de este género y lo debaten.
Para esta edición el tema central es la noción de justicia, pues la idea, además de exaltar la producción que se ha adelantado los últimos años, es generar una discusión real en torno al contexto que inspira cada una de las historias. De acuerdo a Mallory N. Craig – Kuhn, una de las personas que lidera la iniciativa de la Universidad de Antioquia, “al tratarse de una narración realista, nos inspiramos en lo que nos ocurre. Por eso, es muy importante preguntarnos cómo entendemos la justicia y a qué tipo de justicia podemos y queremos llegar”.
No obstante, Mallory no es la única que reconoce la importancia del contexto social en la producción de novela negra. Autores como Santiago Gamboa, Fernando Vallejo, Gustavo Forero, entre muchos más, no solo son grandes exponentes nacionales del género, sino que también tienen como ejes temáticos el crimen en las sociedades contemporáneas.
“La novela negra está en uno de sus mejores momentos porque hay mucha experimentación. Antes solamente había producción con estructuras clásicas, es decir que los personajes siempre eran los mismos y generalmente había una sanción -legal o social- al final del los relatos. Hoy en día, los personajes  son indígenas, mujeres y clases bajas, y además, los finales son más flexibles”, agrega Mallory.
En esta edición, Medellín Negro tendrá como invitado especial al escritor y periodista argentino Leonardo Oyola, autor de la novelas Chamamé y Kryptonita. Adicionalmente, el congreso exaltará las múltiples posibilidades del género de crimen en un momento en que no solo hay muchos estímulos para producir novela, sino también historias por contar.
*La entrada es libre.
Para más información visitar este enlace.

Un original de Borges, hallado "en una carpeta mugrienta"

El cuento La Biblioteca de Babel.Por casualidad, lo encontró en Brasil Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional. Ahora se exhibe allí 

Son nueve folios de un cuaderno de contabilidad en los que Jorge Luis Borges escribió con esa letra minúscula a través de la que era capaz de evocar el infinito. Se trata del original de La biblioteca de Babel, uno de sus cuentos célebres, que el escritor y actual director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel, halló en Brasil y trajo en préstamo a Buenos Aires desde San Pablo después de dar con él de manera casi fortuita: un coleccionista privado lo abordó tras una conferencia para invitarlo a ver el material. “El documento estaba en un ambiente recargado de papeles, cuadros, fotos, mapas, cartas de reinas y próceres como San Martín y Rivadavia. Me sorprendió que, en una carpeta mugrienta, apareciera algo de tanto valor. Me temblaba la voz, fue una emoción muy grande", relató el escritor.
Correcciones. Parte del manuscrito de "La biblioteca de Babel", el cuento de Borges que se exhibe en la Biblioteca Nacional. /Emiliana Miguelez
Como en un juego de espejos, esos que tanto le gustaban a Borges, la Biblioteca exhibe ahora –y por primera vez- el original del cuento –publicado en El jardín de los senderos que se bifurcan (1941) y luego en Ficciones ( 1944)-, que remite a esa otra biblioteca, ilimitada, que Borges imaginó; una metáfora del universo y su naturaleza inagotable, prefigurada ya en el ensayo La Biblioteca total (1939). Cargado de múltiples significados –matemáticos, filosóficos, acaso místicos-, el texto ha sido objeto de las más diversas interpretaciones y es uno de los más citados en publicaciones científicas.
“Es un auténtico tesoro”, definió Manguel en relación al manuscrito. Él mismo comunicó el hallazgo en un desayuno que compartió con un grupo de periodistas y del que participaron también Elsa Barber, subdirectora de la entidad, y el director de Programación Cultural, Ezequiel Martínez. “Estos papeles tienen un valor material indiscutible y por otro lado un valor simbólico. Hay pocos elementos que conforman la simbología universal y debemos a Borges uno de estos elementos: el concepto de la biblioteca de Babel, que hoy podemos asociar a Internet”, expresó el escritor y traductor.
Con el tesoro. Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional, detrás del a vitrina donde se exhibe el manuscrito de Borges. / Emiliana Miguelez
En el marco de este intercambio, Manguel comunicó, a su vez, la adquisición de un ejemplar del número 76 de la Revista Sur, donde se publicó el cuento La lotería en Babilonia y en el que Borges realizó correcciones a mano (el ejemplar, pertenecía a la colección del conductor Antonio Carrizo, que era amigo del escritor y fue donado por su familia a la institución).
Más allá de su valor bibliográfico, ¿qué información acerca del proceso de escritura de Borges proveen al lector esas hojas con meticulosas correcciones, marcas, búsquedas?, consultó Clarín. Según Manguel “además del fetichismo del objeto mismo, el manuscrito permite “ver a Borges pensar, entender la evolución de una idea en el papel. Sirven para conocer el lugar de la técnica en su escritura y cómo fue evolucionando el texto.” Para el autor de "El Aleph", que decía que “el concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio”, la corrección era esencial, una instancia de depuración del material.
“Estos documentos refieren, además, a nuestra historia, son nuestro patrimonio intelectual. Ojalá sean comprados por particulares que puedan donarlos a la Bibliotecapara incorporarlos definitivamente al patrimonio público”, concluyó. El valor estimado del original de “La biblioteca de Babel”, rondaría los 500 mil dólares, aunque la biblioteca invirtió un millón para asegurarlo.
El material incorporado al acervo de la biblioteca integra ahora la muestra “Borges el mismo, otro” que ocupa tres salas y que estará abierta hasta diciembre (puede visitarse lunes a viernes de 9 a 21 hs, sábados y domingos de 12 a 19 hs).
Con la nueva incorporación, la muestra contiene buena parte de los originales de Ficciones. Ese libro, compuesto por siete relatos -entre los que se incluyen "Las ruinas circulares", "El jardín de los senderos que se bifurcan", "Pierre Menard, autor del Quijote" y "Examen de la obra de Herbert Quain"- significó un punto de inflexión en la vida literaria de Borges e inició el camino de su consagración internacional.

La Biblioteca de Babel (Fragmento)
El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. 
(...)
“Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana - la única - está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.
Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.”