31.8.12

La soledad del pornógrafo

Después de escribir una prolífica obra de más de cuarenta títulos, entre los que se cuentan Sin calzones llegó la desconocida, El tumbalocas y Se me paró el negocio, ¿cómo ha sido la vida de uno de los pioneros de la literatura porno en Colombia?

Hernán Hoyos, escritor colombiano. Pionero de la novela erótica en Colombia. foto.fuente:elmalpensante.com

A sus 83 años Hernán Hoyos camina por el centro de Cali con tal vigor y habilidad que me toca alargar mi zancada y bajarme del andén para no perderlo entre la muchedumbre. Me lleva así unas cinco cuadras, luego de haberme dicho que me tenía que presentar a su “nuevo proyecto amoroso”, como él la llama.

–Es una mestiza de 24 años, finita, tiene nariz judía –me la describe excitado–. Trabaja vendiendo relojes en un local. Ya me dirás qué te parece.

Antes de llegar, me anticipa que la conoció hace dos días, que la saludó y recibió respuesta, que la convidó a mango biche con sal y ella se dejó, que le recibió una moneda de 500 pesos para que lo llamara al celular cuando ella quisiera verlo.

–¿Y ya te llamó?

–No, pero qué carajos –responde–. Le voy a caer de sorpresa. Le digo que sos un amigo que mañana se va de Cali y que los quiero invitar a mi casa para cenar los tres. Es probable que si te ve a vos acepte.

Dos meses atrás me había presentado otro “nuevo proyecto amoroso”: una despachadora de mensajería en el barrio Bretaña. De unos 45 años, piel trigueña y cuerpo de fruta, lo más llamativo de la mujer eran las sombras oscuras en los párpados y el labial rojo. Una vez llegamos, Hoyos comenzó a cortejarla y a declamarle versos de un poema romántico. Sin ser grosera, la señora dejó ver que no le interesaba. Justo en el momento de despedirnos, apareció un hombre que la saludó de beso en la boca.

–Yo que pensé que sí le gustaba –me dijo Hoyos, desilusionado.

Le pregunté la razón.

–Ella fue muy dulce y delicada una vez que llevé un paquete para mandar a Pereira.

–¡¿Solo eso?! –exclamé, sorprendido. Hoyos me miró contrariado como respondiendo: “¿Es que se necesitaba algo más?”.
A Hernán Hoyos muchos lo consideran el pionero de la literatura porno en Colombia. Desde finales de los años sesenta, ha venido publicando libros testimoniales, cuentos y novelas en los que abundan detalles explícitos de sexo, descripciones gráficas de tríos y orgías, de felaciones, cunnilingus o anilingus, y nombres populares de posiciones como el 69 o el pollo asado. En Sin calzones llegó la desconocida, una de sus pulp fictions más celebradas, describe escenas como esta en la que una lesbiana viola a una muchacha ante los ojos salaces de un pastor evangélico y su monaguillo:
Amarilis seguía lamiendo con frenesí. Soltó una mano y subiéndose la falda y bajándose los calzones se metió un dedo y sin dejar de lamer comenzó a masturbarse. La desconocida tiró fuertemente del cabello de Amarilis y logró quitársela de encima. Entonces la mujer se montó sobre la muchacha y le introdujo violentamente un dedo dentro de la vagina. Hundió su dedo tres o cuatro veces dentro de la muchacha y en seguida se dobló sobre sí misma con entrecortados lamentos. En ese momento el pene del reverendo soltaba semen junto con el del muchacho indio.
Antes de Hoyos, el sexo más explícito en literatura colombiana podía leerse en poemas de Miguel Rasch Isla o de Jorge Rojas, y en algunos pasajes de la novela Salomé de José María Vargas Vila. Y aunque había salas de cine triple x en varias ciudades, pasaría más de una década antes de que fundaran en 1979 Trópico Producciones, la primera empresa colombiana de cine porno.

Para mediados de los ochenta, libros como Nadie conoce mi sexo, Sor Terrible, Magola la prostituta, El tumbalocas, Aventuras de una bogotana, Ofelia la voluptuosa, El club del beso negro, Frentenalga y Careculo, se conseguían en librerías y colgaban de kioscos de periódicos y revistas.

En el documental Hernán Hoyos, un escritor de mala reputación, realizado por Carlos Fernando Rodríguez en 2009, el columnista Óscar Collazos admite que en una época le tuvo a Hoyos “una envidia muy grande porque era el único es-critor colombiano que ganaba plata antes de García Márquez”. El cineasta Lisandro Duque añade: “Hoyos fue un rompedor de la castidad de los jóvenes lectores colombianos”. Y el poeta Juan Gustavo Cobo Borda aclara que dentro de la lista de libros leídos por Andrés Caicedo “de modo admirativo estaba Hernán Hoyos”.

En la Semana Santa de 2009, a escasos meses de morir, el periodista cubano José Pardo Llada me contó que no ol-vidaba un día de finales de los ochenta en que lo invitaron a un colegio femenino al sur de Cali para hablar sobre perio-dismo y literatura a las estudiantes de grado once. Luego de las formalidades, el cubano les dijo: “Levanten la mano las que hayan leído a Gabriel García Márquez”. De un salón de treinta, dos o tres lo hicieron. “Levanten la mano las que han leído a Hernán Hoyos”, les dijo luego.

–Y de todas, Juan Miguel, ninguna se quedó con la mano sobre el escritorio.

Pocos días antes me había citado con Hoyos en la Plaza de Caicedo. Sentados en una banca, estuvimos contem-plando mujeres de todo tipo: adolescentes y veteranas, mestizas y mulatas, indígenas y negras, altas y bajitas, flacas y gordas. Entre ellas, una mulata de culo portentoso nos dejo boquiabiertos. Hoyos me explicó que en Cali el mestizaje había creado un tipo de mujer curvilínea, muy provocativa.

–El problema es que si uno se mete con una joven de esas –agregó señalando con los labios a la mulata que se alejaba– también se mete con la familia. Tal como está la situación en el país y acá en Cali, no sería raro que el papá estuviera en la cárcel, el hermano en la calle inhalando pegante, y ella prostituyéndose para alimentar a dos muchachitos.

Solté una carcajada.

–Vos te reís –me dijo, completamente serio– porque estás muy joven y no tenés problema para conseguir novia–. Hizo una pausa. Dio una mirada fugaz al andén por el que se perdió la mulata y concluyó: –Para uno ya tan viejo es terrible.
Hernán Hoyos vive en una casa espaciosa con piso de cemento, paredes sin resanar, y puertas y ventanas en madera rústica protegidas por rejas de hierro forjado. No tiene cielorraso. La construyó hace unos veinticinco años con el dinero de una herencia. Hoyos fue uno de los primeros que llegaron tumbando monte a esta colina del sur de Cali. Hoy la zona recibe el nombre de Alto Nápoles y está delimitada por la cerca del Batallón Pichincha.

En su biblioteca tiene los originales de sus cuarentaipico libros (la imprecisión es de él), entre los cuales hay uno que otro de ensayos y una biografía inédita de Joaquín de Caicedo y Cuero. Son bloques de hojas parduzcas, perforadas por polillas, varias con la tinta desvanecida. También tiene copias de un largometraje que escribió, dirigió y produjo en 2006, titulado Mariposas oscuras, una historia de infidelidades, crímenes y fantasmas en una familia de clase media. Junto a los anaqueles hay un piano vertical de color negro que Hoyos procura tocar todos los días. Noches atrás, con suficiente habilidad interpretó para mí Claro de luna, Para Elisa y un vals de Brahms.

Hijo de un exitoso corredor de seguros y de una profesora de piano, Hernán Hoyos nació en Cali como el mayor de tres hermanos y vivió su niñez entre esta ciudad, Popayán y Pasto. A los doce años, su madre lo matriculó en el Con-servatorio de la Universidad del Cauca. Entre el piano y el violín, Hoyos descubrió su predilección por la literatura. Leía a Julio Verne y era un visitante habitual de la Librería Climent –en esos días lugar de tertulias entre Baldomero Sanín Cano y Guillermo Valencia–. En una clase de español de tercero de bachillerato, Hoyos escribió su primer cuento: la historia de un niño que al regresar a casa descubre muerta a su mamá.

–El profesor nos dijo: “Escribir cuentos es muy difícil”, y le dije que yo podía escribir uno y mostrárselo al otro día. Eso hice. Yo ya estaba convencido de que iba a ser escritor.

Sería hasta 1953 cuando vería en letras de molde su primera novela, El retorno de la monja alférez, la historia de Catalina de Erauso. Personaje histórico del siglo XVII, nacida en San Sebastián, España, esta mujer escapó del convento, se disfrazó de hombre para enlistarse en el ejército español y desapareció en el naufragio de un barco en el Golfo de Veracruz. La novela de Hoyos, que muestra a la monja salvándose del naufragio y viviendo en la Colombia de la Colonia, fue publicada en tres entregas en el Diario del Pacífico –impreso caleño, conservador y sectario, destruido por la turba du-rante el paro nacional de 1957 que propició la caída de Rojas Pinilla–.

A los 25 años, Hernán Hoyos ganó el concurso de cuento de la revista mexicana Aventura y Misterio, con el relato “Las hermanas del coronel”. El segundo lugar lo ocupó el después muy famoso José de la Colina con “El jardín de las señoritas Villahermosa”. El jurado dijo del relato de Hoyos que era uno de los más originales que había recibido la revista, “pequeña obra maestra del género”. Un año más tarde, gastó sus ahorros en la edición de su segunda novela, Callejón de San Roque, historia de un sicario del Partido Conservador –pájaros, les decían– que en plena violencia partidista se enamora de un imposible. La siguiente novela fue Ron, Ginger y limón, de 1962. Otro relato de amores imposibles, aunque sin la cortina de la violencia.
Los días de Hernán Hoyos pasaban entre la escritura y empleos varios –recepcionista de hotel, operario de fábrica, ayudante de biblioteca, auxiliar en El País, vendedor de electrodomésticos–, hasta que una noche de 1968, sentado en la cafetería de la Librería Nacional, conoció a José Pardo Llada. Se hicieron amigos. Conversaron de Cali y de Cuba, del oficio de la escritura.

–Pero como la obsesión de los cubanos es el sexo, siempre terminábamos hablando de viejas –dice Hoyos–. Él me contaba sus aventuras. A las mías yo les agregaba observaciones de la vida sexual. Para darte un ejemplo: todas las les-bianas que he conocido son paticorticas. La pierna larga es propia de la mujer heterosexual.

Pardo Llada le dijo: “Tú lo que debes escribir es el Informe Kinsey colombiano, un estudio detallado de la vida sexual en este país”. Se refería al estudio del científico gringo Alfred Kinsey, el cual reveló que muchas de las prácticas sexuales consideradas marginales eran en realidad muy comunes.

–Agarré la idea en el aire –continúa Hoyos–. En vez de hacer un informe académico, vi que si escribía las vidas sexuales de varias personas, de diferente género y condición sexual y económica, podría dar una idea de lo que era el sexo en Cali.

Hoyos conversó con gente de la aristocracia valluna, con artistas, intelectuales y periodistas, casi todos de clase media; con prostitutas, travestis y proxenetas de la zona de tolerancia; hasta con delincuentes encarcelados.

–Vos sabés que no es fácil tener acceso a la vida íntima de las personas. Lo primero fue echar mano de mis amigos. Como mi padre tenía una acción en el Club San Fernando y otra en el Club Colombia, y yo iba a diario a esos clubes, tenía amigos de la clase alta. A los de más confianza, les decía que estaba escribiendo un libro y necesitaba que me con-taran sus cuentos de cama. Les prometía reserva de identidad. Algunos accedieron. Hice lo mismo con amigas de mi hermana Marianella. De esta manera, escuché la historia de exitosos profesionales y de mujeres de alta sociedad. Por ejemplo, la de un amigo del San Fernando que era actor de teatro. Él me confesó su homosexualidad y que su última orgía había sido con otro actor y dos arquitectos. Luego, busqué personajes distintos y me fui para la cárcel de Cali. El director me permitió entrevistar a algunos criminales. Uno de ellos había violado a su compañero de celda, amenazándolo con un cuchillo en la barriga. Después de escucharlo un rato, le pregunté si penetrar a un hombre era distinto que a una mujer. El tipo sonrió con vanidad y me dijo: “No. Metérselo a un hombre es igual que metérselo a una hembra”. Fueron estos detalles los que hicieron tan exitoso el libro.

Siguió con personajes de burdeles. Hoyos se había inaugurado en los prostíbulos antes de los veinte años, así que recorría la zona de tolerancia con familiaridad y muchas de las prostitutas lo distinguían. Él las invitaba a tomar algo, les contaba que estaba escribiendo un libro y las escuchaba. Luego de preguntárselo, me aclaró que ni sus entrevistados más pobres le habían recibido dinero a cambio de sus testimonios. Todos habían hablado sin esperar recompensa.

–Mirá, yo estaba convencido de que ese libro iba a ser un aporte importantísimo a la cultura caleña –me dice Hoyos, divertido–. Entonces me volví un cínico terrible. Recuerdo que fui a buscar al cura de la iglesia del barrio San Fernando. Cuando me presenté en la parroquia, le dije: “Padre, estoy escribiendo un libro sobre la condición sexual de los caleños y vengo a que me cuente su vida sexual”. Imaginate, ni me conocía. El padre, muy cortés, me hizo entrar. Frío pero no grosero, me dijo que él era completamente casto.

Cuando ya había reunido más de treinta historias, descartó las que le parecieron poco sinceras o exageradas, o las que no tenían escenas curiosas.

–Con el tiempo entendí que era imposible comprobar la veracidad de lo que me decían. La gente se inventa un per-sonaje para quedar bien. Mirá, el relato titulado “Seductor” es la historia de un amigo mío. Luego me di cuenta de que apenas una parte era verdad, la de que podía tener solo un orgasmo por relación pero penetrando a una mujer podía durar cuatro horas. Lo que no me contó y descubrí después es que le escribía cartas a una amante en las que inventaba aventuras homosexuales y ella se excitaba con eso.

Hoyos tituló el libro Crónicas de la vida sexual. Por la armada e impresión pagó 6.000 pesos –el arriendo mensual de una casa podía costar 500–. Lo llevó a la Librería Nacional de la Plaza de Caicedo. Negoció con Pardo Llada el 10% de la venta total por la publicidad en sus espacios de prensa y radio, y en menos de quince días agotó 2.500 ejemplares distribuidos únicamente en Cali, solo en ese punto de venta. Uno de los libreros de la época me contó que por las tardes la gente hacía fila para comprar un ejemplar. Que un amigo suyo había sorprendido a su abuela encerrada en el sanitario leyendo las Crónicas. Raúl Echavarría Barrientos, durante años director del diario Occidente y amigo del novelista, lo leía sin sacarlo del cajón de su escritorio y si se antojaba de hojearlo fuera de la oficina, digamos haciendo cola en un banco, lo ocultaba en un libro más grande.

–Cuando yo caminaba por el centro de la ciudad, algunas personas me detenían y me decían que el libro les había gustado mucho. En general, entre lectores de literatura yo percibía que mi libro había sido aprobado. Había algunas personas mayores, viejos sobre todo, que decían que yo narraba cosas horrorosas, pero eran minoría. Ni la Iglesia se molestó. Acaso un cura que me topé en el cerro de Cristo Rey y que al reconocerme me dijo: “Usted es un escritor de porno. Usted contemporiza con todo”.

Al final, Hoyos cobró 11.000 pesos por las ventas. Dinero suficiente para decidirse a vivir de sus libros. Abandonó el trabajo que tenía –vendedor de productos de Croydon del Pacífico– y desertó de la carrera de humanidades que recién iniciaba en la Universidad del Valle.
Arañando hasta el último peso, un año y medio después publicó Crónica de ultratumba, novela sobre una casa de espiritistas en la que timaban a los clientes. Un fracaso en ventas. Doce meses más tarde, regresó a la fórmula de las Crónicas con Casos insólitos de la vida sexual. Y aunque no alcanzó el éxito de su antecedente, logró que un literato gringo amigo suyo, Robert Maxwell, tradujera tres relatos del libro y los vendiera por cien dólares cada uno a la revista Knight –competencia de Playboy en Los Ángeles–, que los publicó a lo largo de 1972.

–Uno fue “El caso de la prostituta virgen”; otro, “Las hijas seducidas”. No recuerdo el tercero. Eso fue hace mucho tiempo. Además, yo voté las revistas originales pensando que no valía la pena guardarlas, o que sí valía la pena pero que me faltaba por hacer, me faltaba por hacer, me faltaba por hacer… y así se me fue la vida.

Vinieron luego dos de los títulos que más vendió: La colegiala y Sor Terrible. Unos 6.000 ejemplares de cada uno en tres ediciones consecutivas. Ambos, relatos reales basados en las conversaciones con las protagonistas. El primero, la vida sexual de una adolescente de dieciséis años. El segundo, la vida lésbica de una monja desde la adolescencia hasta la madurez.

Durante este tiempo, Hoyos había vivido con su madre en el barrio San Fernando. Cumplidos 43 años, se independizó. Con el ánimo de industrializar su escritura, alquiló una casa en el mismo barrio, armó el depósito de sus libros, instaló cuatro máquinas de escribir y se dedicó a teclear todo el día, todos los días. Mantenía su estado físico trotando hasta el cerro de Cristo Rey y alimentándose con una dieta poderosa en carbohidratos.

Cuando recibía los ejemplares de la imprenta, él mismo salía a venderlos maletín en mano o a dejarlos en consignación en librerías y puestos de revistas. Como su fama le alcanzaba, llevó libros a Buga, Tuluá, Cartago, Pereira, Ibagué. A Bogotá iba tres o cuatro veces por año. Al menos una vez viajaba a la costa y dejaba ejemplares en Barranquilla y Cartagena. Cuando lo consideraba prudente, pasaba por cada punto recogiendo el dinero. En la época en que pagaba 2.500 pesos mensuales de arriendo, tenía en bodega 200.000 pesos en ejemplares.

–En todo caso, era una vida pobre porque los libros no son negocio –dice Hoyos–. Nadie te compra grandes lotes de libros.

Fueron años de intensa producción editorial. Nada más en 1975 publicó cuatro novelas y una recopilación de cuentos que antes habían visto la luz en el suplemento cultural del diario Occidente. Con cada máquina de escribir avanzaba en una historia diferente. Si culminaba una escena o un capítulo de novela, o si se bloqueaba desarrollando un personaje, pasaba a la siguiente máquina y proseguía otra historia. Su sello editorial se llamaba Ediciones Exclusivas y las solapas de cada ejemplar informaban: “Ediciones Exclusivas publica novelas de tres géneros: social, de aventura y misterio, y eróticas”. Una de las que llamaba sociales era Protectores de doncellas, en la que dos tipos con plata seducían a adolescentes pobres y las obligaban a abortar luego de preñarlas; una de misterio era La fortuna de los Mendieta, la lucha de un detective por evitar que una familia quedara en bancarrota.

En Cali, la publicidad de Pardo Llada mantenía arriba la venta de las novelas, sobre todo porque nunca dejaba de referirse a ellas como “absolutamente pornográficas”. Además, lo visitaba con frecuencia siempre acompañado por gente de la farándula caleña o por colegas periodistas. Así, a Hoyos un día le caía un amigo poeta con su joven amante; al otro, un comisionista del periódico se le aparecía con una prostituta. Él a todos los recibía con cordialidad y aprovechaba para preguntarles por sus vidas sentimentales, o por anécdotas de cama. La gente, fascinada con la posibilidad de leerse luego en alguno de los libros de Hernán Hoyos, le contaba intimidades sin tapujos.

No pocas veces estas visitas terminaban en cópulas, en orgías. A pesar de que el novelista evitaba las fiestas con música a alto volumen y nadie se podía quejar de que él o sus visitantes protagonizaran escándalos o peleas, su casa comenzó a ser vista por algunos vecinos como un sitio de libertinaje y vicio.

–La casa se fue desacreditando y yo no entendía muy bien cuál era la razón –dice–. Los vecinos solo veían que mucha gente entraba y salía, nada más. Hasta que un día un amigo mío le dijo algo a una niña de quince años, hija de la vecina, que estaba muy bonita, nada grosero. La niña le contó a la mamá. Esa señora me sermoneó y me gritó: “¡Con mi niña no se meta!”. Le respondí que yo ni siquiera le dirigía la palabra a la niña. Pero la señora estaba envenenada: cuando publiqué la novela Coca, un auxiliar me empacaba los libros en mi maletín y yo le decía: “Para hoy necesito cincuenta ejemplares de Coca”. Como de esta señora solo me separaba una pared, ella escuchaba todas mis conversaciones y se imaginó que yo era un traficante y me denunció con la policía. Cuando me cayeron, se dieron cuenta de que era un libro. A los días, el dueño de la casa me llamó y me dijo que se la entregara. Yo le dije que no me quería ir y que le podía pagar un poco más de arriendo. El tipo no aceptó y me tocó irme.

De aquella temporada en San Fernando le quedó su esposa. Una vecina de 22 años llamada Nubia. Menuda, de piel blanca, pelo castaño oscuro. Fue amor a primera vista. A los días de haberse conocido, el novelista se la llevó a vivir con él, y aunque la familia de la mujer se opuso, Hoyos la hizo su esposa y rápidamente la dejó embarazada.

El nacimiento de su primer hijo obligó al novelista a mejorar sus cuentas. Tras dejar San Fernando, saltó de barrio en barrio. Le quitó tiempo a su escritura y ensayó negocios propios: abrió una vinería y quebró. Abrió una hostería y quebró. A mediados de los ochenta, su esposa ya le había dado cuatro hijos –una mujer y tres hombres– y él ya había comenzado a edificar su casa en Alto Nápoles. A su oficio de colaborador permanente en Occidente sumó el de comisionista de anuncios para el mismo periódico.

Fue en esa época cuando lo conocí.

Era una tarde de marzo o abril de 1992 (la imprecisión es mía). Yo estaba en la oficina de mi papá, asistente de la Dirección en Occidente. Un hombre de poca estatura, bastante calvo, de piel cobriza y ojos escondidos de un color entre verde y café, entró y nos saludó. Luego de una breve conversación, mi padre me lo presentó. “Mijo, el escritor Hernán Hoyos”. Me sorprendí. “Ah, es él”, pensé.

En esa época sus libros me tenían engolosinado. Uno tras otro, los leía con la fiebre sexual de un adolescente de ca-torce años. De la modesta colección de pornografía oculta entre unos dos mil títulos de la biblioteca de mi padre, yo ya había hojeado las revistas y leído todos los cuentos y artículos. Y como esa colección no se actualizaba, llegué a las ca-rátulas de los libros de Hoyos. Recuerdo la de El tumbalocas, la foto de una mujer semidesnuda con unas tetas suculentas de pezones colorados. La de Sin calzones llegó la desconocida, la foto de una rubia hermosa, desnuda junto a una puerta con las bragas en la mano. La de El precio del crimen, un collage de mujeres semidesnudas y hombres armados, y la de 008 contra Sancocho, una caricatura de un viejito que ampliaba con lupa la huella de una mano sobre la nalga turgente de una mesera en babydoll. Aquellas ediciones eran del mismo tamaño que las Selecciones del Reader’s Digest. Cuando le pregunté por las carátulas, me explicó que las había hecho con fotografías que recortaba de revistas extranjeras. Las ilustraciones se las pedía a Luis E. López, caricaturista de Occidente.

Una tarde de junio de 2010 caminé con Hoyos por varias librerías de viejo buscando estas ediciones. Aunque muchos libreros no lo reconocieron al verlo, todos sabían de sus libros y decían que la gente los demandaba con regularidad. Al final, solo hallamos Se me paró el negocio, justo el único sin mujeres lascivas o ilustraciones insinuantes en la carátula, apenas el título sobre la tapa verde.

Esa tarde le pregunté si alguna vez había ofrecido o intentado negociar sus novelas con editoriales grandes para tratar de recibir adelantos y pagos sobre las ventas. Me dijo que sí, que a Plaza y Janés y a Norma había enviado La herencia de los Molina. A Bruguera, otra. No recordó cuál.

–En Plaza y Janés me contestaron: “Rechazado” y en Norma ni me respondieron ni me devolvieron el manuscrito. Tuve que ir por él. En Bruguera me dijeron que la novela era interesante, pero no la publicaron y tampoco me devolvieron la copia. No te sorprenda que se la hayan vendido a algún autor de novelitas de vaqueros.

Le pregunté si lo había intentado con los libros de sexo explícito y me dijo que no.

–¿Por qué no?

–Porque me gustaba el oficio de ser escritor, editor y mi propio distribuidor –dijo–. Porque he tenido la compulsión por ser independiente. Y porque coroné por mi propia cuenta –añadió, enfático, como si mi pregunta hubiese puesto en duda su carrera–. Tengo mi casa, la gente me ha leído, me reconocen, los periodistas me volvieron famoso y si lo hicieron por algo fue. En este momento he llegado a la realización de cosas que me propuse hace muchos años. Mirá, Pardo Llada me decía: “¿Y tú por qué estás tan pobre con semejante éxito?”, “¿A qué llamas tú pobre?”, le decía yo. La riqueza tiene varias formas. Su chofer se metía: “Don Hernán es buena gente y pobre”. ¡Imaginate, el chofer de Pardo Llada! Yo, callado. Con el dinero que gasté en la película Mariposas oscuras hubiera podido comprar un automóvil y no lo hice.

Tras un silencio, añadió que había emprendido la reedición de todos sus libros pero como ya no le gustaba viajar, únicamente los distribuía en Cali.

–Por eso apenas son trescientos ejemplares de cada título. Lo que pasa es que tengo más de cuarenta obras para re-editar. Multiplicá eso por trescientos ejemplares, da una cantidad espantosa de libros. Y estoy dispuesto a reeditarlos todos. Comencé en 2002 y van cinco, la que ahora está en prensa es Sor Terrible. La próxima será El miembro de Lucifer.

Le dije que considerara hacer una selección de sus novelas para enviarla a una editorial, que quizás yo le pudiera hacer el puente con algún editor para que las leyera sin compromiso de publicación. Y me dijo que no, que una selección implicaría entregar toda la obra y que esa era su vida entera. Hizo un silencio largo como dándose una oportunidad de pensar mejor lo que acababa de escuchar.

–Te ruego que me comprendás –finalizó, alejando cualquier duda–. No quiero perder el control de mi pequeño ne-gocito editorial.

Una actitud parecida había tenido con dos muchachos caleños representantes de un célebre sitio porno llamado lindapop.com. Enterados de los libros de Hoyos por una nota en la edición online de El Tiempo en mayo de 2010, los muchachos le pidieron una cita, se encontraron en la terraza del Hotel Royal en la Plaza de Caicedo, le explicaron qué ofrecía el sitio y quisieron saber si le sonaba adaptar una de sus novelas para una película que se vendiera a través de la página. Hoyos se negó de plano. Dijo que él no tenía tiempo para escribir el guion y orientar la adaptación, y no iba a permitir que otro lo hiciera. Por más que los muchachos le explicaron la forma en que podría ganar plata a través de internet, el novelista permaneció inflexible.

En uno de nuestros primeros encuentros, Hoyos me contó que un amigo suyo le había propuesto vender los libros descargándolos de internet. Y no le había ido bien:

–El tipo me adelantó 100.000 pesos y yo le di un cedé con Sor Terrible y mis datos biográficos. Luego, se desapareció. No creo en internet como negocio, es una güevonada. El negocio funciona si tú vas a cobrarle al cliente y te paga en efectivo o en cheque. En esta época hay cosas que son muy nombradas pero no son negocio: el internet y las librerías.

El negocio que sí le dio alguna estabilidad económica fue la venta de repuestos eléctricos de automóvil a nombre de la importadora que su hermano Octavio tiene en Pereira. A partir de 2002, como había hecho en sus ventas anteriores, Hoyos tomó un maletín, un bloc de facturas y un puñado de hojas sueltas, y fue de un almacén a otro ofreciendo la mercancía. Empezó con dos o tres clientes y en diciembre de 2010, una tarde en que lo acompañé a dejar encargos y cobrar cuentas, visitamos no menos de diez locales. Recuerdo que entramos a un almacén atendido por tres hombres de overol manchado de grasa de motor. En la pared, había calendarios con fotos de mujeres muy jóvenes en diminutos trajes de baño. Tras los saludos, Hoyos se detuvo en los calendarios y preguntó:

–¿Cuántos de ustedes se comerían a una mujer de estas, sin pensar en sus esposas? –Los tres dijeron que sí–. Enton-ces, los tres son normales –concluyó, serio.

Lo miré sin entender.
 –Ninguno es marica –acotó con una risita burlona–. En esta época, pueden tomarlo como un cumplido.

Después de dos almacenes más, entramos a una cafetería. Caía la tarde y el sofoco daba paso a la brisa caleña que hace bailar las ramas de los árboles. Luego de una que otra idea suelta, me preguntó por mi profesión, cómo me ganaba la vida. Mi explicación le despertó recuerdos:

–Con los periodistas de El País nos íbamos para la zona de tolerancia. ¿A vos te tocó la zona de tolerancia de Cali?

–La de mi época quedaba en la avenida octava norte, entre el barrio Granada y la avenida sexta. Los travestis y las putas se ofrecían en las esquinas. En las discotecas se compraban drogas sin problema. Todo eso –recalqué– hoy en día es la zona rosa.

–No, yo te hablo de la calle 19, en el centro –dijo Hoyos, arrellanándose en la silla–. Había una cuadra entera de ma-ricas, la mayoría provenían del Eje Cafetero. Recuerdo a Beatriz, de ojos grandes y pestañas largas, un culote. Apenas dieciséis años y le preguntábamos: “¿Beatriz para qué tenés ese culo?”, y decía: “Para los hombres, para los hombres”. Y cuando no hablaba con nadie musitaba para sí misma: “Prefiero la muerte, prefiero la muerte”. Algunos amigos míos se la comían. Igual con las muchachas, casi todas eran del Eje Cafetero, lindísimas, blancas de pelo negro, todo un privilegio porque las putas de Cali eran negras o mulatas. Yo me alcancé a enamorar de una y le quedé mal. Uno de joven… Era una quindiana linda. Se llamaba Edith. La invité a comer, a bailar y luego a que nos acostáramos. “¿Y si le dijera que no?”, me dijo. “¿Por qué me vas a decir que no?”. Pichamos cinco veces esa noche. Quedó enamorada de mí. Le conseguí trabajo en un café y se fue a vivir a un apartamentico decente. Ahora pienso que hizo eso para que yo la encontrara más digna de mí. Y no fui capaz de proponerle que viviéramos juntos y que tuviéramos una familia.

Hizo una pausa y desvió su mirada hacia la calle. El rumor de la avenida deformaba la música de la cafetería.

–Pasaron los años y me la encontré –prosiguió volviéndose hacia mí–. Un carro paró al lado mío. Nos vimos. Estaba toda nerviosa y me dijo: “Entre, entre Hernán”. Vi que tenía dos hijos pequeñitos, cabezones. Le pregunté de quién eran y me dijo: “Estoy viviendo con un médico”. No dije nada. Pero entendí que estaba nerviosa por haberse encontrado conmigo –agachó la cabeza–. Para resumirte: no le respondí –su voz cobró el tono de la autorrecriminación–, no les respondí a varias mujeres porque con esa capacidad sexual que había adquirido con mi dieta de carbohidratos, solo me interesaba copular y copular y copular. Y ahora tengo remordimiento. Me casé de 45 años y mi esposa me dio cuatro hijos inmejorables. Pero ahora siento remordimiento por esos años de mi juventud. Cómo es la vida… ¿no?

Hoyos no lloraba ni tenía los ojos aguados, pero su abatimiento era inocultable. Puso los codos sobre la mesa y guardó silencio. Ya me tenía acostumbrado a esos silencios repentinos tras haber hablado largo rato, como si pusiera un punto aparte al final de un extenso párrafo. Recapitulé: a su edad, Hernán Hoyos vivía prácticamente solo. Dos de sus hijos varones llevaban años viviendo fuera de Cali y habían comprado una casa en un condominio en Pereira, a donde se había ido a vivir la mamá de ellos tras haberse separado del novelista. Su hija también vivía por su cuenta. Con Hoyos solo vivía uno de sus hijos, pero era cuestión de tiempo para que se fuera de la casa. El menor, Octavio, me había explicado no sin cierta dureza que la soledad de su papá se la había ganado él mismo porque era una persona “muy difícil”. Y que la obsesión por el sexo y las mujeres había sido su infortunio.

Como si lo hubiera percibido de antemano y ya me resultara obvio, le dije:

–Me parece que ese remordimiento es la reacción a tu soledad o el temor a la soledad.

Hoyos me buscó los ojos. Y lo negó con la cabeza. En un tono ligeramente fanfarrón respondió:

–Mirá, tengo una o dos cincuentonas que mantienen detrás de mí, me lo han pedido de frente, no te las he presen-tado. Pero yo no me dejo atrapar.
Una de las últimas veces que vi a Hoyos fue en la casa de sus hijos en Pereira. Era la tarde de un martes, a comienzos de 2011. Hoyos me había traído de Cali un paquete con fotocopias de sus novelas, varios cuentos completos y reseñas de prensa acerca de su obra. En el paquete también había metido las reediciones de Sor Terrible y de La colegiala, cuyo aspecto era muy distinto al de las viejas ediciones que yo tenía. Estas parecían cartillas y las carátulas eran dibujos a lápiz sin mujeres desnudas, del mismo Luis E. López, ya también octogenario. Durante largo rato habíamos hablado de las similitudes entre Cali y Pereira, y de algunas de sus novelas. Yo ya me iba.

–¿Hubieras preferido –le pregunté camino a la puerta– que en este momento de tu vida los lectores te reconocieran por ser un novelista versátil, no solo por ser el escritor pornográfico?

–A mí me gustaba el sexo como tema para la literatura, pero no me hubiera inclinado a escribir historias exclusivamente eróticas si no hubiese recibido el empujón de Pardo Llada. Ahora, esos libros me hicieron famoso porque la gente prefiere el sexo a otros temas. De ahí en adelante, aunque escriba cualquier cosa con la misma técnica y habilidad narrativa, la gente va a pensar que leerá sexo. Y eso no se puede cambiar.

–¿Cómo te está yendo con las ventas de las reediciones?

–No es fácil vender libros en Cali. Cuando voy por la calle, la gente me reconoce, me saluda, algunos me invitan a almorzar, pero no tienen 5.000 pesos para comprarme un libro. Eso es Colombia.

Le dije que con las fotocopias que me había traído pensaba ponerle punto final a este perfil. Hoyos no hizo ningún comentario; parado al lado de la puerta se limitó a decirme muy serio:

–Tengo que presentarte a mi nuevo proyecto amoroso. Tiene como veinte años. Es la hija de un panadero. Se deja coger la mano, se deja besar la mano. Es linda.

–¿Qué tendrías qué hacer para que una mujer de esas se fijara en vos?

–No sé –vaciló un instante y luego sonrió generosamente dejando ver un hueco negro en medio de su tablero dental–: la constancia vence lo que la pinta no alcanza.

Pablo Neruda sí murió de cáncer, dice informe

El Premio Nobel de Literatura falleció el 23 de septiembre de 1973

Pablo Neruda habría muerto de cáncer en la próstata.foto.fuente:elespectador.com

Un nuevo informe del Servicio Médico Legal (SML) de Chile apunta a que el poeta Pablo Neruda sí falleció de cáncer, pese a las dudas suscitadas sobre la causa de su muerte, ocurrida doce días después del golpe de Augusto Pinochet, reveló el periodista español Mario Amorós.
 
Amorós, autor del libro "Sombras sobre Isla Negra, la misteriosa muerte de Pablo Neruda", de Ediciones B-Chile, desveló en un artículo publicado por el diario digital La Nación el contenido de un informe firmado el 8 de marzo por el tanatólogo Germán Tapia Coppa.
 
El periodista confirmó que en ese documento de siete páginas, al que tuvo acceso en exclusiva, el doctor Tapia, experto del SML, concluye que el Premio Nobel de Literatura 1971 falleció el 23 de septiembre de 1973 debido al cáncer de próstata que padecía.
 
Fuentes del SML señalaron que no pueden hacer referencias a informes elaborados a petición de la justicia.
 
Según Amorós, ese documento fue redactado a petición del juez Mario Carroza, que dirige la investigación judicial abierta en junio de 2011 a raíz de una querella presentada por el Partido Comunista (PC), del que el autor de "Canto general" fue militante.
 
El PC se basó para ello en unas declaraciones del antiguo chofer de Neruda, Manuel Araya, que en 2011 insistió en que el poeta fue asesinado por agentes del régimen mediante el suministro de una inyección letal mientras estaba internado en una clínica de Santiago.
 
En cambio, en este nuevo informe, según asegura Amorós, el doctor Tapia señala que "se puede plantear que la forma médico legal de la muerte del señor Pablo Neruda se correspondería con una muerte no violenta (es decir, muerte natural) del tipo muerte por enfermedad".
 
Añade también que este caso "puede clasificarse dentro de las llamadas muertes repentinas, es decir, aquellas muertes naturales cuyo desenlace fatal -si bien era esperable- no contaba con elementos objetivos que hicieran sospechar que ocurriría en un corto periodo de tiempo".
 
Sobre la posible exhumación de los restos, el doctor Tapia sostiene que "un eventual análisis de la osamenta de la víctima podría aportar antecedentes necesarios para conferir un mayor sustento científico al diagnóstico de cáncer prostático".
 
En cambio, considera que sería difícil confirmar mediante este mismo procedimiento si Neruda recibió una inyección letal.
 
"Existen escasas posibilidades de que análisis toxicológicos de los restos óseos demuestren la presencia de alguna sustancia química administrada a la víctima que hubiera interferido de alguna manera en su estado de salud, ya sea provocando o acelerando su muerte", señala.
 
Según relata Amorós, tras recibir en marzo este documento del SML, el juez Mario Carroza decidió encargar a otro organismo chileno un nuevo informe enfocado en averiguar el grado de deterioro que el cáncer había provocado en la salud de poeta.
 
Con todo ello, el juez puede decidir si finalmente ordena la exhumación de los restos de Neruda, tal como solicitó en diciembre el Partido Comunista, y como ya se hizo en 2011 con el cuerpo del presidente Salvador Allende.
 
Por otra parte, el abogado Eduardo Contreras, que representa al Partido Comunista, ha entregado al juez un escrito de dos páginas en el que dos especialistas canadienses manifiestan su disposición a participar en la exhumación del poeta, afirmó Mario Amorós.
 
En él, el doctor Bhushan Kapur, de la Universidad de Toronto, señala que cree en la posibilidad del envenenamiento.

Barcelonegra

En cuanto al protagonista, se suma al grupo de investigadores brillantes pero bordes 

Portada El asesino de la Pedrera. foto: RBA
Aro Sáinz de la Maza, escritor catalán, se estrena con El asesino de la Pedrera. foto: RBA. fuente: lavanguardia.com

La novela negra con denominación de origen Barcelona sigue consolidándose como un fenómeno que explota la aureola mercadotécnica de la ciudad y, al mismo tiempo, respeta sus precedentes. Hace unas semanas, Xavi Ayén nos informaba sobre el mapa literario y los nuevos autores de esta tendencia barcelonegra y hablaba del libro El asesino de la Pedrera (RBA), de Aro Sáinz de la Maza. Son 570 páginas que, con irregular tensión, acumulan muchas pautas del género. Una lectura tan seguida, sin embargo, justifica semejante arsenal de señuelos narrativos, los mismos que tanto abundan en las muchas series de televisión policiacas. La suma de todo se traduce en potencia argumental, pocas frivolidades y expansiones históricas que, en ocasiones, parecen responder a una tentación inevitable: querer rentabilizar al máximo el esfuerzo de documentación.

Sáinz de la Maza convierte la Barcelona de Gaudí en el decorado de una serie de asesinatos macabros y logra que la arquitectura delirante del artista sea coherente con la depravación de los psicópatas y con la propia estructura del relato, trabajada con la precisión de un laboratorio de criminología. Además de Gaudí, la novela incluye una reflexión crítica sobre la ciudad y los estragos del postolimpismo, que, por desgracia, no sólo fueron urbanísticos. En este sentido, la novela pepecarvalhea, aunque sin la sentimentalidad desencantada que tanto identificaba al gastrodetective creado por Manuel Vázquez Montalbán. Fiel al mismo propósito de escribir desde el presente y de referentes propios, Sáinz de la Maza trabaja con inquietudes actuales: skaters, okupas, prohombres corruptos, chantajes entre burgueses que viven de un patriotismo que les permite saquear su propio país...

¿Y el argumento? No lo contaré para zafarme de los nuevos inquisidores, que consideran delito la reseña informada, y sólo enumeraré algunos ingredientes de esta receta: la visita del Papa a la Sagrada Família, un estafador millonario llamado Félix, un ex alcalde olímpico amenazado de muerte, las clásicas disputas intestinas entre cuerpos de seguridad, el sensacionalismo mediático, una nueva topografía urbana con eixamples gais y un análisis minucioso de la obra de Gaudí. En cuanto al protagonista, se suma al grupo de investigadores brillantes pero bordes, capaces de fascinar, aunque parezca mentira, a mujeres de bandera. En la novela negra sigue vigente el tópico de hombres que se acaban de separar, que intentan dejar de beber o de fumar, insomnes, alérgicos a la autoridad y a la higiene, males padres y peores maridos. ¿Por qué? Porque si fueran felices, amables, responsables y sensatos nadie leería estas historias.

Cuba levanta el veto a Celia Cruz y Gloria Estefan

 El gobierno cubano ha decidido acabar con la lista negra en lo que se interpreta como un nuevo gesto de apertura de Raúl Castro, nuevo presidente de Cuba



fuente:qdiario.com, youtube.com
Las radios cubanas están de enhorabuena. Artistas de la talla de Celia Cruz y Gloria Estefan podrán volver a sonar en toda la isla, después de muchos años vetadas por el gobierno del país. De momento no hay confirmación oficial (ni se espera que la haya, puesto que supondría admitir que había censura), pero varias emisoras ya se lo han hecho saber a la BBC, que ayer destapaba la noticia.
En la lista de artistas (nunca publicada) cuya música volverá a sonar en Cuba también figuran nombres como los de Willy Chirino, el saxofonista Paquito d’Ribera o el pianista Bebo Valdés. Todos forman parte de una nómina de alrededor de cincuenta músicos que fueron vetados por huir de la isla y criticar duramente tanto a la Revolución cubana de 1959, como a su líder, Fidel Castro. Incluso lo han seguido haciendo a través de sus trabajos musicales, como es el caso de Gloria Estefan con su famosa canción Cuba Libre.
Ahora, con Raúl Castro al frente del país, el gobierno cubano ha decidido acabar con esta lista negra en lo que se interpreta como un nuevo gesto de apertura de la isla al mundo. Aunque, sin duda, quien más lo celebrará será el pueblo cubano, que más de cincuenta años después podrá volver a oír el “azúcar” de su querida Celia Cruz.

¿Ruinas mayas convertidas en parque de atracciones?

Arqueólogos de México en pie de guerra contra las autoridades por la mala preservación de los yacimientos precolombinos 

Elton John en un concierto en la pirámide maya de Chichen Itzá. foto.fuente:elmundo.es

Elton John, Pavarotti o Plácido Domingo han sido algunos de los artistas que han podido utilizar la pirámide de Chichen Itzá, en México, como parte del decorado de sus conciertos. La última estrella que iba a atronar sus piedras con la música pop era el ex-beatle Paul McCartney, que, sin embargo, ha decicido cancelar su actuación en el yacimiento arqueológico maya, tras las vivas protestas de un grupo de arqueólogos e historiadores liderados por el INAH -Instituto Nacional de Antropología e Historia de México-.
La gota que ha colmado finalmente  la paciencia de los expertos ha sido, no obstante, la decisión del Gobierno de construir una fachada de vidrio y acero en una parte del Fuerte de Guadalupe en Puebla  con la intención de que esté lista para el próximo 15 de septiembre, día de celebración de la independencia nacional. La construcción es una muestra más para los arqueólogos de la nula preservación y conservación del patrimonio histórico por parte de las autoridades que ya han permitido en el pasado aberraciones como el uso para los conciertos de estrellas de la música internacional. Como protesta, han ocupado el Museo Nacional de Antropología. 
Pero además, las protestas de estos grupos han alcanzado los mismos yacimientos como el del parque de Chapultepec, donde los últimos turistas del verano que han ido a visitarlo han sido recibidos por pancartas, carteles y personas clamando por la irrreponsabilidad del Gobierno con megáfonos incluidos, tal y como ha informado el Washington Post. La cuesitón es que los arqueólogos creen que la dejación y el uso de estos restos del pasado de forma comercial, además de ser denigrantes, están poniendo en peligro los propios vestigios, ya que este tipo de actividades no son compatibles con una buena preservación de las ruinas.
La utilización de las mismas como reclamo turístico y comercial y para eventos ha sido una tónica en el pasado. El caso más llamativo fue el de Teotihuacán donde la empresa estadounidense de supermercados Wal Mart construyó en 2004, en sus alrededores, a menos de un kilometro de distancia, uno de sus establecimientos. La noticia tuvo repercusión en su momento y hubo como en esta ocasión, protestas por la imagen que proyectaba  la marca comercial.
Ahora con el descubrimiento del calendario maya y el supuesto apocalipsis del final de 2012, última fecha del calendario antes de que comience de nuevo el cómputo, y que sin embargo ha sido explotado de forma efectista para atraer a los turistas ha provocado que se intensifiquen estas acciones. En el complejo del palacio maya de las Ruinas del Rey en  Cancún, México, por ejemplo, se ha anunciado un espectáculo denominado como “de luz, paz y armonía mundial”  durante el equinoccio de otoño el próximo 22 de septiembre, mientras los arqueólogos y expertos temen que los yacimientos acaben convirtiéndose en una suerte de Disneyworld, parques de atracciones sin el rigor necesario de preservación.

30.8.12

El profesor Piglia enseñará literatura por televisión

El escritor, autor de Respiración artificial, Plata quemada y Blanco nocturno hará un ciclo de cuatro clases, cruzando libros y escenas culturales

PRIMERA CLASE.  Ricardo Piglia, el profesor en pleno set de clases. Todo empieza con un desafío de lucha libre en 1856. foto.fuente: Revista Ñ

Era Buenos Aires, era 1856 y las calles aparecieron empapeladas con un anuncio: el luchador estadounidense Charles desafiaba a los varones porteños a vencerlo, puño a puño. Si el retador hacía que Charles mordiera la lona se llevaría 2.000 pesos. Se inscribieron –cuenta el profesor– “tres argentinos, tres italianos, dos vascos, un irlandés, un francés y un hombre de nacionalidad desconocida, que peleó enmascarado”. El jurado: José Toribio Martínez de Hoz (fundador de la Sociedad Rural), el Jefe de Policía y ...¡Sarmiento! Antes de que empiece la pelea, un hombre se levanta desde un palco y reta a otro a duelo. El desafiante es Lucio V. Mansilla, escritor y personaje de la época. El desafiado, José Mármol. El profesor mira a sus alumnos y la cámara los mira a todos. Esto es el estudio mayor de Canal 7. Esta es una clase del escritor Ricardo Piglia y, también, un programa de televisión. La clase/capítulo de hoy girará alrededor de los libros de los contrincantes: Una excursión a los indios ranqueles (Mansilla) y Amalia (Mármol).
“Escenas de la novela argentina” será un ciclo de cuatro entregas, producido entre el Canal y la Biblioteca Nacional, que irá los sábados a las 20.30, desde esta semana. En él, Ricardo Piglia –autor, entre otros, de Respiración artificial, Plata quemada  y Blanco nocturno dará un curso, que es el mismo que ya dio en las universidades de Buenos Aires y de Princeton.
En todas las clases hay tres bloques. El primero abre con una escena, como la de la pelea –“no la inventé, está ahí”, se ríe Piglia– y sigue con conexiones que van de la novela elegida a la cultura y la literatura contemporáneas. En el segundo el profesor/conductor charla con un invitado, sentados en sillones. En el tercero, redondeo y preguntas.
El primer programa, el de Masilla y Mármol, está dedicado a “La vida privada” y la invitada es María Moreno. El segundo se trata de “La voz argentina”, cuenta las reflexiones de Eduardo Wilde cuando, en 1888, tiene en las manos un invento nuevo, el grabador, y se centra en Juan Moreyra, de Eduardo Gutiérrez. El invitado es Juan Sasturain.
En el tercer capítulo se habla de “La conspiración”, los autores son Roberto Arlt y Rodolfo Walsh y el invitado, Ricardo Bartís.
El ciclo termina con un programa sobre “La utopía”. El protagonista será Macedonio Fernández, que en 1928 se fue a leer una novela por la radio, dos años antes del primer radioteatro. Ahí el libro será Museo de la novela de la Eterna, de Macedonio, y el invitado, Horacio González, director de la Biblioteca Nacional.
Los alumnos son estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras que recibieron la clase en el momento en que fue grabada, en junio.
¿Quién se va a sentar un sábado a la noche a ver una clase de literatura? Ayer, en una reunión con periodistas se hablaba de la expectativa de encontrar un público como el de En terapia. Y aunque es cierto que quien no haya leído los libros mencionados se perderá una parte importante, Piglia sabe hace mucho que una clase es una puesta en escena y sabe manejar los tiempo y la tensión.
Por eso, cuenta que Mansilla terminó preso pero deja para los últimos minutos el resultado de las peleas de Charles. Decirlo aquí ¿es informar o contar el final?

Parrafadas de éxito ‘online’

 La revista Jot Down se lanza al papel tras triunfar en la Red Artículos larguísimos y entrevistas oceánicas son la marca de la casa

Una de las fotos publicadas en la edición de papel de Jot Down. foto: Alberto Gamazo. fuente:elpais.com
 Del Evangelio según los gurús de lo digital: “En la Red solo se leen artículos breves; la gente ya no tiene tiempo; hay dos clases de periodistas: los rápidos y los malos”. Tal vez esa liturgia, que se repite un día sí y el otro también en muchas redacciones por el mundo, sea cierta. Pero cierto también es que a la religión del periodismo en Internet le ha surgido un hereje. Se llama Jot Down Magazine, publica artículos online de miles y miles de caracteres, cuenta con un diseño vintage en blanco y negro y –increíble pero cierto- triunfa. Tanto que, tras un año de vida en Internet, la revista se ha permitido el lujo de sacar un número de autohomenaje en papel, del que ya se han vendido más de 8.000 copias.
“Hacemos lo que nos gusta, lo que buscábamos y no encontrábamos en otros medios. Queríamos artículos menos superficiales, análisis en profundidad. Jot Down es un himno al fuego lento”, explican desde la dirección de la revista. Por cierto, y antes de se pregunten por qué una referencia tan genérica, es esta otra de las cosas que les gusta a los fundadores de Jot Down: no figurar. “La estructura no tiene interés, ni tampoco las personas. No queremos tomar el protagonismo”, asegura Carles A. Foguet, director de comunicación de Jot Down.
La portada de la segunda edición de la revista de papel de Jot Down.

Al fin y al cabo, es también una manera de dirigir los focos hacia sus contenidos. “Los protagonistas son los entrevistados y los que escriben”, defienden. En realidad, sobre todo los primeros. Las largas charlas con artistas, políticos y (muchos) periodistas son la auténtica marca de la casa de Jot Down. Y, para ello, la revista ha establecido dos conditio sine qua no: la conversación dura al menos una hora. Y nada de hablar con creadores que promocionan su último libro/disco/película/cualquier otra cosa que intenten vender.
De Álex de la Iglesia a Oscar Tusquets, de Vicente del Bosque a Angels Barceló, ya hay unos 150 que han aceptado jugar con las reglas de Jot Down. Y seguramente más seguirán, al ritmo de dos por semana. Siempre y cuando, eso sí, el texto cumpla con dos criterios básicos: que sea de calidad y que diste años luz de la prensa rosa. Pocas reglas pero imprescindibles para ser fieles al lema que la revista ha robado al Polonio del Hamlet de Shakespeare: “Hay método en nuestra locura”.
Lo hubo, al parecer, desde el big bang. Es decir, desde que en mayo de 2011 Jot Down pasó de ser el sueño de dos amigos a una página de carne, hueso y píxeles. Los dos fundadores (el informático Ángel Fernández y la directora) y otros cuatro miembros conformaron el equipo de dirección. Y, con un presupuesto de 45.000 euros, se lanzaron a la aventura del periodismo.
Aparte del entusiasmo, les unía la seguridad de que llegarían a algún lado: “Hacemos lo que creemos que se debe hacer. Si no conseguimos salir adelante será únicamente nuestra responsabilidad". Y también compartían una condición peculiar para dirigir una revista: ninguno de los seis es periodista.
En el fondo, lo que hacen tampoco tiene mucho que ver con lo que publican los diarios. “Hacemos periodismo, pero no reporterismo ni investigación. No damos noticias, ni nos interesa la actualidad”, relata Foguet. Más bien, se trata de reflexiones infinitas sobre un tema que puede ir de la carrera de Roger Federer al Padrino, al Ulises de Joyce, o de diálogos oceánicos con un entrevistado. Aunque una de las críticas más frecuentes que recibe Jot Down habla precisamente de charlas muy blandas y poco cañeras. “No es nuestra intención poner a alguien en aprietos. Es un proyecto amable, buscamos una relación con el entrevistado. Me parecería fuera de lugar ir a por él”, aclara Foguet.
Una foto que acompaña un artículo de Ramón Besa en la edición impresa de Jot Down. fotos: Guadalupe de la Vallina
 
Una fórmula que convenció a Ferran Adrià, uno de los primeros entrevistados, pero no a Norman Foster, que rechazó hablar con Jot Down. Sea como fuere, los síes se han ido multiplicando, y con ellos los lectores, hasta los 600.000 al mes. También se fue ampliando la estructura de la revista, que hoy cuenta con 10 redactores en plantilla, más de 80 colaboradores (que cobran) y firmas como las de Félix de Azúa y Fernando Savater.
“Por un lado, rastreamos la Red en busca de talentos. Por otro, gente a la que entrevistamos se propuso para ayudar sugiriendo otras posibles charlas o llevándolas a cabo ellos mismos. Y nos escribe mucha gente a diario ofreciéndose para colaborar”, cuenta Foguet del crecimiento de Jot Down. Mercancía rara en un mundillo que tiembla por un doble terremoto: económico y del modelo de negocio. "Jot Down no pretende sentar cátedra, no nos presentamos como ejemplo a seguir para ayudar a salvar el sector (si es que eso es posible)”, matiza el director de comunicación.
De hecho, de momento la revista ni siquiera les da para comer. Todos sus miembros tienen otro, y principal trabajo. La poca publicidad por ahora no compensa los esfuerzos, menos aún ya que el número de papel les ha costado otra inversión de 26.000 euros. De ahí que estén “en el límite del capital inicial”.
Sin embargo, la escasez de recursos no parece ser un problema dramático, al menos a juzgar por sus ambiciones futuras: “Hemos puesto en marcha la editorial Jot Down books: publicaremos libros de material propio y de divulgación científica. Lanzaremos nuestro merchandising e intentaremos que la revista impresa sea trimestral”. Algo así como una vuelta al primer amor. Jot Down iba a nacer en papel, hasta que un “tipo de bigotes” les dijo que aquello sería un suicidio. Así que replegaron hacia Internet, pero no cambiaron la fórmula.
El sueño en el cajón también sigue siendo el mismo: “Aspiramos en el futuro a ser el New Yorker en castellano”. ¿Imposible? Desde luego complicado. Pero cuidado con las certezas apresuradas. Se corre el riesgo de quedar desmentidos. Como los gurús.
                Guadalupe de la Vallina

La Dama Oscura de William Shakespeare era una prostituta

Un nuevo libro desvela la identidad de la mujer de los sonetos 127-152 como una meretriz de Clerkenwell llamada Lucy Negro  

Duncan Salked demuestra en su investingación, que Lucy Negro era una vulgar puta de un burdel. foto.fuente:elmundo.es

La belleza atormentadora de la mujer de ojos, pelo y piel negros, tal y como la describió William Shakespeare en sus afamados sonetos, sería por fin identificada como una prostituta de un burdel de Clerkenwell llamada Lucy Negro, o Black Luce, según el último estudio publicado por el Dr Duncan Salked, investigador becado de la Universidad de Chichester. La “Dama Oscura” como se ha conocido siempre a la enigmática mujer de los sonetos 127-152 del dramaturgo y poeta inglés y que a menudo les ha prestado su nombre, ha sido durante siglos uno de los enigmas más emblemáticos en torno al genio literario a quien La Aventura de la Historia dedicó un extenso Dossier en el número de julio.
Desde los dramaturgos George Bernard Shaw u Oscar Wilde, hasta el novelista James Joyce, muchos han intentado desvelar la identidad de la oscura dama, que inspiraron versos como este: ”En la antigüedad lo negro no se consideraba bello, y aunque lo fuera, no llevaba el nombre de la belleza, pero ahora, lo negro de la belleza es heredero” del soneto número 127. Shakespeare, que se refiere a ella más adelante como “mi malvada mujer” o “mi ángel del mal” dejó sin resolver la identidad de su misteriosa o misterioso amante, puesto que se ha apuntado en el pasado a una posible relación homosexual.
Sin embargo, el profesor Duncan Salked ha asegurado ahora que tiene evidencias de que la mujer que inspiró estos versos se trataba de Lucy Negro, una prostituta asociada con la también meretriz Gilbert East, quienes tenían relación con Philip Henslowe, según consigna él mismo en sus diarios, un propietario de teatros, promotor del Rose Theatre, y dueño de la compañía teatral rival de la de Shakespeare.
El hecho de que Lucy encajara perfectamente con la imagen de pelo y ojos oscuros que brinda en sus sonetos el literato y que estuviera definitivamente conectada con el mundo teatral a través de Philip Henslowe, quien menciona a ambas a menudo en sus diarios, han llevado a la conclusión al erudito de que podría tratarse de la escurridiza “Dama Oscura”.  Además, Salked añade que el bardo tenía una estrecha relación con Clerkenwell, donde además vivían muchos de sus conocidos.
Versión E-book de la
obra de Duncan
Salked

No obstante, ya se le habían atribuido diferentes identidades a la vieja dama oscura shakesperiana antes, como Mary Fitton, una doncella de la reina Isabel II, y una explosiva belleza de la época, según la pluma del dramaturgo George Bernard Shaw, quien creía que se trataba de la famosa dama ya que ésta acabaría teniendo un hijo ilegítimo con William Herbert, conde de Pembroke, cuyas iniciales coincidirían con la dedicatoria a W. H a quién Shakespeare dedica los citados poemas. Las iniciales W. H fueron también la base para que Oscar Wilde identificara al amante como William Hughes, un actor, mientras que otras teorías apuntan a Elisabeth Vernon, quien compartiría un enrevesado cuadrado amoroso, de nuevo con el conde Pembroke, Lady Penelope Rich y el propio Shakespeare.
Sea como fuere los argumentos de Duncan Salked que asegura que Lucy Negro es sin duda “la más plausible de las candidatas al dudoso papel de la Dama Oscura” han sido publicados por la editorial Ashgate en su libro William Shakespeare among the courtesans. Prostitution, Literature and Drama. 1500-1650.

Especialista cree que, pese al auge de nuevas tecnologías, "es muy complicado que el libro escrito desaparezca"

"Es bastante complicado que el libro escrito desaparezca después de 4.000 años de tradición literaria"

Dos niños jeugan entre un libro gigantesco. foto:archivo.fuente:lainformacion.com

El catedrático de la Universidad de Granada (UGR) Juan Julián Merelo Guervós ha reflexionado este miércoles sobre la importancia de las nuevas tecnologías como "herramienta" para la promoción de una obra literaria. En este sentido, ha asegurado que "como un escritor no trate de usar esos medios, su obra literaria se va a quedar totalmente atrás", tras señalar también que, pese al auge de las nuevas tecnologías, "es bastante complicado que el libro escrito desaparezca después de 4.000 años de tradición literaria".
Las nuevas formas de promoción y difusión de una publicación a través de las redes sociales y las herramientas que ofrece Internet en este ámbito de la literatura serán estudiadas este miércoles y este jueves en la Sede Antonio Machado de Baeza (Jaén) de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) gracias al encuentro, dirigido por Juan Julián Merelo Guervós y el doctor en Informática Víctor Manuel Rivas, 'Escribir en y para Internet: narrativa y tecnología en la era de las redes sociales'.
El curso tendrá una doble visión ya que se estudiará cómo se puede utilizar los soportes nuevos para escribir literatura y cómo se puede usar Internet en general para publicar, sacar un provecho económico y para promocionar un producto. Para conseguir esto, el director del encuentro, Juan Julián Merelo, ha adelantado a Europa Press varias claves: estar en las redes sociales, utilizar Twitter y conocer su lenguaje, ser honesto y reconocer los errores y, por último, no dedicarse sólo y exclusivamente a vender el producto sino dar un valor a los lectores y ofrecerles entretenimiento.
Por otra parte, el doctor en Informática y también director de este curso, Víctor Manuel Rivas, ha querido recordar que Internet y las redes sociales son unas herramientas que se pueden conocer más o menos pero que "es innegable que cuanto más las conoces, mucho más partido les puedes sacar". Además, ha asegurado que "quien se dedique a escribir, tiene que pasar por Internet porque es lo más asequible para difundir".
En este sentido, Merelo ha añadido que "prácticamente todos los editores y escritores reconocen que están ahí porque es una forma fácil de difundir de forma viral lo que uno escribe".

Diez consejos para ser un escritor millonario

A propósito de la lista de los escritores mejor pagados del 2011 que publicó la revista Forbes

Los secretos del escritor millonario. fotoilustración. fuente:revistaarcadia.com
Lina Vargas, periodista de Arcadia, se preguntó qué los hace tan exitosos. Después de reflexionar, estas fueron las divertidas conclusiones a las que llegó.
1. Escriba sagas. JK Rowling con Harry Potter, Janet Evanovich con Stephanie Plum, Suzanne Collins con Los juegos del hambre y John Grisham con Theodore Boone: todos los escritores mencionados por Forbes han sucumbido al poder de las sagas. Desde trilogías hasta series de quince libros con un solo protagonista que, por lo general, cuentan la misma historia. Las sagas surgieron en la Edad Media para narrar las vidas de santos y reyes de forma muy parecida a la oralidad y, según indican las cifras, continúan siendo la fórmula mágica para los best sellers. Así que prepárese para escribir mucho. La buena noticia es que no tiene que innovar demasiado de un libro a otro.
2. Escriba como habla. Lo dijo James Patterson, el escritor más rico según Forbes, que gana noventa y cuatro millones el año pasado. “En realidad, intento que la literatura escrita se parezca a la oral y las descripciones no me interesan, creo que aburren y no aportan nada”. Si lo que usted busca es vender libros, trate que su escritura sea lo más sencilla posible. Recuerde que sus lectores quieren entretenerse con una historia digerible. Por eso huya de las metáforas muy ingeniosas y de las frases, párrafos y capítulos largos.
3. No sea tan profundo. Buena parte del éxito de los best sellers está en las historias poco complejas. Suzanne Collins, la autora de Los juegos del hambre y novena en la lista de Forbes con una ganancia de veinte millones de dólares, podría haber escrito una novela complicadísima sobre la violencia, la pobreza y la desigualdad. Lo que hizo, en cambio, fue una trilogía llena de acción y sin una gota de reflexión. Y eso la ha hecho vender veinticinco millones de ejemplares.   
4. Haga que sus personajes hablen y actúen. ¿Recuerda los monólogos de Raskolnikov, el protagonista de Crimen y castigo? ¿Recuerda que allí estaban todas las contradicciones y temores de la condición humana? Pues no se le ocurra hacer nada similar cuando esté construyendo los personajes para su best seller. Escriba sobre gente sin vacilaciones morales. Desde luego, pueden tener rasgos distintivos, pero nada que al lector le cueste imaginar. Piense, por ejemplo, en lo bien que le fue a los vampiros de Crepúsculo a punta de dilemas flojos. Eso sí, llene las páginas de su best seller con diálogos y acciones en las que todo quede explicado. En un best seller no hay lugar para las dudas.  
5. No escatime en el misterio y la intriga. No solo se trata de terminar los capítulos en punta para asegurar que el lector siga leyendo. Que sus historias sean sobre misterios, crímenes y conspiraciones le darán un puesto seguro en la lista de los más vendidos. Tenga en cuenta que existe toda una gama de posibilidades: desde las intrigas en el mundo de la justicia que tan bien ha sabido recrear John Grisham, cuarto en la lista de Forbes, hasta las conspiraciones históricas de Ken Follet, en el número catorce.   
6. Recree un par de escenas sexuales o eróticas. La maestra en este punto es, por supuesto, E.L. James, la autora de Cincuenta sombras de Grey que aunque no hizo parte de la lista de Forbes es, según la revista, una candidata fija para el conteo del próximo año. La respaldan las treinta y un millones de copias que ha vendido en el mundo. La trama es conocida: la inocente joven Anastasia Steele comienza una relación con el millonario Christian Grey. No contenta con la diferencia de clases entre los personajes, James decidió poner su vendedor toque personal: la relación entre Steele y Grey está marcada por las prácticas sadomasoquistas.
7. Añada un romance tormentoso. Si por algún motivo le da pudor escribir escenas explícitamente eróticas, empiece por el romance. Tome a Stephanie Meyer como ejemplo. La autora de la saga Crepúsculo se valió de una premisa simple: el amor siempre es tormentoso. Si no que lo digan las telenovelas latinoamericanas. Si quiere seguir por esta vía, haga que sus personajes tengan una diferencia en apariencia irreconciliable –de clase, edad o racial– que, sin embargo, superan gracias al amor.   
8. Ubique la historia en otra época. Aunque ya está pasando el boom de las novelas históricas, la fórmula todavía puede atrapar a los lectores: haga pasar hechos inventados como si hubieran ocurrido de verdad. El lector no solo se sentirá cautivado con la trama, sino que sentirá que está aprendiendo de historia. Entre más conspiraciones pueda recrear, mejor. No olvide usar frases como: “la verdad sobre…”.
9. Atraiga a los jóvenes. Así como lo hicieron Rowling, Meyer y Collins –tres de las seis escritoras de la lista de Forbes– escriba para jóvenes. Recuerde que las estrategias de promoción están cambiando y que, además de los lanzamientos tradicionales, los libros consiguen lectores según lo mucho que suenen en blogs y redes sociales. A su libro para jóvenes –que puede ser sobre magos, vampiros, mundos apocalípticos y hasta ángeles– súmele videojuegos, películas y todo el merchandising que se le ocurra.
10. No se encariñe con sus libros. Sin excepción, los quince escritores de la lista de Forbes tienen algo en común: no paran de escribir. Patterson, por ejemplo, ha publicado más de cien novelas. Una cifra asombrosa respaldada por una decisión inteligente. Si sueña con ser un escritor de best sellers no espere a que su libro salga de las listas para empezar el siguiente. No olvide que es difícil que un libro siga vendiéndose igual de bien después de varios meses de haber salido al mercado.
Una última recomendación: usted quiere ser un best seller, así que no se preocupe por no ser un escritor más profundo. Más bien siga este consejo del muy sincero James Patterson: “Cuando comencé a interesarme por la literatura leí a autores como James Joyce o Gabriel García Márquez y me di cuenta de que mi talento no alcanzaba para escribir el Ulises. Ahora bien, poco después leí novelas como Chacal o El exorcista y me dije que yo era capaz de escribir ese tipo de libros”.

29.8.12

Barranquilla, capital americana de la cultura 2013

Es el gran núcleo cultural de la costa norte colombiana. García Márquez popularizó su río en El amor en los tiempos del cólera. La designación coincide con su 200 aniversario como villa

Baile folclórico celebrado durante el acto celebrado en Barranquilla. foto:Efe. fuente:elpais.com

Aunque fuera de Latinoamérica muchos solo la conocen como la ciudad colombiana donde nació Shakira y escenario de uno de los carnavales más importantes del continente, declarado Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, Barranquilla es mucho más que eso. Esta bella urbe es conocida como La puerta de oro a Colombia, ya que constituye el puerto marítimo y fluvial por el que entró el progreso y la cultura al país andino vía el Caribe. En ella desemboca el navegable río Magdalena, la principal arteria fluvial del país, que García Márquez popularizó en El amor en los tiempos del cólera. Fue escenario de las luchas por la independencia y del viaje final del Libertador Simón Bolívar hacia la muerte. Actualmente es el principal núcleo cultural de la costa norte colombiana y por ello ha sido declarada Capital Americana de la Cultura 2013 por el International Bureau of Cultural Capitals (organización que impulsa el desarrollo cultural en distintas regiones), en un acto que coincide con el 200 aniversario de la denominación de la ciudad como villa de Colombia.
"Estamos muy contentos, es la primera vez que una ciudad colombiana es Capital Americana de la Cultura", comenta Liney Escorcia, jefa de prensa de la Secretaría de Cultura de Barranquilla, en conversación telefónica. "Aunque aún no hemos terminado la agenda cultural para el 2013, pronosticamos que vamos a recibir inversiones en turismo, construcción y otras empresas. La cultura es nuestra bandera y nuestra aliada para impulsarnos".
Por Barranquilla entró el progreso y la cultura; escenario de las luchas por la independencia, del viaje final del Libertador Simón Bolívar y de múltiples actividades artísticas
En el evento, celebrado en el Teatro Amira de la Rosa entre ritmos de cumbia, puya y vallenato entre otros, se habló de la riqueza musical, literaria y folclórica de la ciudad, que sustituye a Sao Luis (Brasil) en el podio del certamen cultural. El presidente del International Bureau of Cultural Capitals, el español Xavier Tudela, encabezó el certamen y destacó que la urbe había sido elegida entre otras cinco, candidatas "por su voluntad decidida de hacer de la cultura un elemento estratégico de cohesión social, dinamización ciudadana, desarrollo económico y proyección internacional".
Al acto también acudieron la alcaldesa de la ciudad, Elsa Noguera, y la ministra de cultura Mariana Garcés, quienes destacaron la necesidad de trabajar por la cultura para el desarrollo de la ciudad y del país. "Si queremos un desarrollo integral de la ciudad, tenemos que trabajar con la cultura", declaró Noguera ante más de mil espectadores.
Si queremos un desarrollo integral de la ciudad, tenemos que trabajar con la cultura
En las décadas de los cuarenta y los cincuenta, la ciudad fue escenario del movimiento intelectual encabezado por el Grupo de Barranquilla, que reunió a las principales personalidades de la cultura colombiana en el mítico bar llamado La Cueva, que hoy es una fundación cultural. Del 8 al 12 de febrero la fundación llevará a cabo el VI Carnaval Internacional de las Artes en el Teatro Amira de la Rosa, en el que tendrán lugar proyecciones de cine, obras de teatro y otros eventos culturales. La ciudad también es sede de una de las festividades más imaginativas del país: el Carnaval de Barranquilla, declarado en 2003 Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la Unesco.

Otras Capitales Americanas de la Cultura

J. M
Antes que Barranquilla fueron denominadas Capitales Americanas de la Cultura:
 Mérida (México, 2000)
Iquique (Chile, 2001)
Maceió (Brasil, 2002)
Ciudad de Panamá (Panamá) y Curitiba (Brasil), ambas en 2003
Santiago (Chile, 2004)
Guadalajara (México, 2005)
Córdoba (Argentina, 2006)
Cuzco (Perú, 2007)
Brasilia (Brasil, 2008)
Asunción (Paraguay, 2009)
Santo Domingo (República Dominicana, 2010)
Quito (Ecuador, 2011)
Sao Luis ( Brasil, 2012)

La desolación de la belleza

Michael Taussig, profesor de la Universidad de Columbia, publica La bella y la bestia, un libro que parte de su asombro por la desaforada búsqueda de la belleza en Colombia a través de la cirugía plástica. ¿Qué misterios esconde ese deseo de cambio violento? ¿Es acaso una metáfora de las otras violencias que asolan el país?

Michael Taussig investigó la cirugía cósmica que se someten las mujeres colombianas como métafora de la violencia de los paracos, guerrillos y narcos. foto.fuente:revistaarcadia.com

En octubre del 2006 el London Review of Books publicó extractos del diario que el prestigioso antropólogo australiano Michael Taussig llevó durante su trabajo de campo en Colombia, antes de la versión final del libro La bella y la bestia (publicado el pasado 30 de julio por The University of Chicago Press). Los lectores tuvieron acceso a primeras impresiones como la siguiente: “Pese a que hay una necesidad desesperada por el acceso a servicios de salud (…) no disminuyen los implantes mamarios, liposucciones y reconstrucciones del himen, tratamientos que ascienden a los 400 dólares, en una sociedad en la que el salario básico es aproximadamente 160 dólares mensuales. (...) Entre tanto, el gobierno Uribe, amigo de Bush, embelesado con la economía de libre mercado, destroza el sistema de salud. El Ministerio de Salud no existe, me cuenta un periodista inglés que reside hace mucho en Colombia”.
Días después, el reconocido historiador de la Universidad de Oxford, Malcom Deas, envió una carta a la revista: “Si Michael Taussig escoge ver a Colombia en términos de cirugía plástica y liposucción, esa es su decisión, pero yo encuentro este diario arrogante. Algunas de las cosas que dice simplemente no son ciertas. ‘El Ministerio de Salud no existe’ escribe Taussig. (…) Mi empleada del servicio fue sometida, el año pasado y a través del sistema público de salud, a una cirugía de corazón”.
Una semana más tarde Taussig replicó en una carta titulada “¡Vote por Uribe!”: “Aunque estoy muy aliviado al escuchar que la ama de llaves de Malcom Deas fue atendida por el servicio público de salud, no puedo dejar de preguntarme si tan buena suerte tiene que ver con las conexiones de Deas con el señor presidente, cuyas políticas neoliberales han llevado a un sistema que ya era débil, al punto de quiebre. Con respecto a la cirugía plástica, pienso en ella como metáfora. Así como la cirugía plástica está pensada para embellecer a la persona, así también la apariencia —pero solo la apariencia— de la nación está siendo manipulada”. Deas envió un último mensaje asegurando que nada había tenido que ver Uribe en la cirugía de su empleada del servicio e invitando irónicamente a Taussig a escribir una misiva titulada “¡Vote por Chávez!” o “¡Vote por Raúl Castro!”.
La polémica entre los dos connotados académicos, aunque anecdótica, permite hacerse a una idea del lugar desde el que escribe Taussig. A diferencia de otros colombianistas, no es amigo de aparecer en la prensa ni asesorar políticos o intimar con poderosos. En sus trabajos no solo se basa en la observación etnográfica, incursiona en el mapeo de los hechos, estudia archivos, emplea las herramientas de la crítica literaria y se interesa por las contradictorias memorias de las poblaciones con las que trabaja.
Médico de formación, doctor en Antropología y profesor de la Universidad de Columbia, Taussig vino por primera vez a Colombia hacia finales de los sesenta y ha regresado una vez al año desde entonces. Viajó al país en tanto que académico comprometido que, como muchos en su época, vio con simpatía los vientos de revolución que soplaban ya no solo en Colombia sino en América Latina. En palabras de Carlos Alberto Uribe: “Antes que etnólogo, Michael Taussig se hizo médico por entrenamiento en Australia y, luego, al tiempo que hacía una especialización en Psiquiatría en el decenio de 1960, decidió jugar su corazón al azar de la antropología en la London School of Economics y se lo ganó la Violencia”.
La metáfora quirúrgica
En octubre del 2011 periodistas de todos los medios se esforzaban por conseguir una entrevista con Jessica Cediel. La modelo, que había sufrido complicaciones tras someterse a un procedimiento para agrandar sus glúteos, se disponía a dar su versión de los hechos y decenas de personalidades, televidentes y oyentes querían opinar al respecto. Meses atrás, la explosión de uno de los implantes mamarios de la presentadora Laura Acuña había generado un furor similar.
Biopolímeros adulterados que se volvieron piedras, prótesis de silicona que estallaron en aviones, intestinos perforados por corsés vibradores “quema-grasa” y litros de pus drenados de traseros sépticos. Jóvenes que tras intervenciones para agrandar los ojos no pudieron volver a cerrarlos nunca jamás, ni para dormir. Estas fueron algunas de las anécdotas escuchadas por Michael Taussig a lo largo de su trabajo de campo en las calles, plazas, peluquerías, plantaciones y ríos del suroeste de Colombia. Son historias que generan fascinación y curiosidad. Historias sobre el abismo, sobre mujeres que cayeron por el precipicio de la fealdad justo cuando creían estar ascendiendo hacia la perfección. Mujeres que al autor le recuerdan a ciertos corteros de caña de azúcar que entablaban pactos con el diablo para recibir sus favores, pero pagaban un precio, muriendo trágicamente.
En su nuevo trabajo, La bella y la bestia, el antropólogo parte de estas complicaciones, deformaciones y dolencias para preguntarse por la belleza, la violencia y la cirugía cosmética. Eso que llama “la cirugía cósmica”, porque cambia la manera en que existimos en el mundo, en el cosmos.
Cirugía cósmica, consumo compulsivo
“La sonrisa es todo y a través de ella se puede saber quién es cada ser humano” se lee en la publicidad de una clínica de “estética dental” con sedes en varias ciudades del país: “Diseñamos su sonrisa por $1.200.000, incluye blanqueamiento, corte de las encías, alargamiento dental y consulta con cirujano plástico. Flexibilidad en los planes de pago”.?
No se “hace” ni se “crea”, una sonrisa, se “diseña”. ¿Por qué se escoge esa palabra? Una sonrisa de diseñador como una falda de diseñador, aunque mucho más difícil. Taussig se imagina las peripecias que deben hacer médicos u odontólogos para pensar un proyecto de sonrisa (cientos de proyectos de sonrisa), y la cantidad de retoques cósmicos necesarios para diseñar algo tan revelador de la intimidad como una nueva forma de reírse. ¿Qué significa, pues, reconfigurar algo tan misterioso como la sonrisa?
En el pasado, la fisionomía se ocupaba del estudio de aquellos signos corporales que, se creía, revelaban condiciones permanentes o transitorias del alma. “Hay ciertos caracteres en nuestros rostros que llevan en ellos el lema de nuestras almas”, se lee en alguno de los antiguos tratados de fisionomía humana. Para Taussig, es posible que lo que justifique la cirugía cósmica sea precisamente ese razonamiento, en su versión radical: cambiar lo exterior y modificar el rostro para crear un nuevo interior. Una vez que se está ahí, en ese nuevo interior, la suerte cambiará y los retoques cósmicos, como la alquimia, llevarán al cambio de rumbo. La manipulación de la fisionomía implicaría no solo un lifting facial, sino un lifting del alma.
Pero no solo con la sonrisa y el rostro se experimenta. Como sentenció la modista Olivia Mostacilla mientras preparaba el almuerzo en su casa a las afueras de Cali y contaba historias de lipoesculturas, costillas extraídas y vaginas reconstruidas: “Todo lo que le queda a la persona es el nombre”. Desde hace poco más de una década, la cirugía está en todas partes, explicó Mostacilla. Taussig escuchó sobre la oferta de procedimientos en las clínicas, casas y garajes de varias ciudades del Valle y Risaralda, en donde cualquier persona, médico o aprendiz, enfermero, peluquero o autodidacta ofrece servicios como cirujano cósmico. Durante su recorrido por uno de los pueblos arruinados y agroindustriales al sur de la ciudad de Cali, conoció también la importancia del “pelo prestado”, esas largas extensiones de pelo falso, costoso y brillante que, sin importar la pobreza, niñas y adultas se cosen al cuero cabelludo.
Mientras una peluquera con un extravagante vestido de baño fucsia le cortaba el pelo, y rodeado de mujeres con pelo prestado hasta la cintura, Taussig reflexionó sobre la belleza como derroche, como tsunami de consumo extravagante, barroco. Recordó cómo durante su infancia, en la Australia de los años cuarenta, gastar a manos llenas no era bien visto, y lo que debía hacer la gente responsable de la clase media era invertir, ahorrar. Sin embargo, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial el consumo se convirtió en algo noble, civilizado. Si antes los símbolos del progreso eran las fábricas y los automóviles, ahora lo son los zapatos deportivos Nike, las camisetas de marca, los vestidos de diseñador.
La historia de la enfermera afrocolombiana que, “insatisfecha con su nariz chata”, se sometió a una rinoplastia, deja entrever esta relación entre belleza, cirugía y consumo desenfrenado. Tras el primer procedimiento que salió mal, una segunda cirugía la dejó, en palabras de su tía, “respirando como un gato”. Poco después decidió someterse también a una liposucción. Vecinos y familiares relataron a Taussig cómo “la joven que ronronea” se encierra todos los días, después del trabajo, a ponerse, admirar (y luego esconder) las joyas que compra. Se le escucha pasar la noche en vela con su nueva nariz, su nueva cintura, sus nuevas joyas, encerrada, contemplándose. Su consumo, dictamina el autor, no es solo de mercancías: ella misma es el derroche.
De ahí Taussig vuelve a su aguda mirada hacia el capitalismo ya no en tanto que producción sino como consumo. El llamado progreso o la dominación de la naturaleza, explica, ahora incluye la intervención quirúrgica del cuerpo femenino. Y en Colombia, al paso de un lado al otro se agrega la particularidad de algunos de sus protagonistas: narcotraficantes, paramilitares y guerrillas.
Diseño de sonrisa, de cuerpo, de nombre
El papel higiénico que alias El Mexicano mandaba decorar con sus iniciales en oro, las cajas de pomada contra el acné que alias Jacobo Arenas hacía cargar por el monte (y que acabaron dejándole el rostro “como el de un albino”) y, en general, los caprichos y vanidades de hombres del bajo mundo, son ejemplos perfectos de derroche y consumo extravagante. Taussig documenta cómo estos hombres poderosos han recurrido constantemente a la cirugía cósmica: alias “Chupeta”, el hombre que ordenó más de trescientos asesinatos, pasó por quirófanos colombianos y brasileros; el paramilitar Pedro Julio Rueda se hizo coser las yemas de los dedos de un campesino para cambiar sus huellas digitales, y Salvatore Mancuso se practicó un diseño de sonrisa.
Pero “los malos” no solo se construyen nuevas caras y nuevas mujeres. La cirugía cósmica habría sido igualmente la firma o el acto distintivo de los paramilitares que acudieron a la mutilación con motosierra o ácido. Para Taussig, el diseño de sonrisa de Salvatore Mancuso es el complemento perverso para la carnicería paramilitar del pasado reciente colombiano. La cristalización de “la bella y la bestia”: el villano sonríe mientras sus víctimas son despojadas.
Y tras las lipoesculturas, mamoplastias, rinoplastias y diseños de sonrisa de tantos narcos, paras, actrices y novias, Taussig percibe una tendencia: desde hace un tiempo, escribe, es el propio Estado el que ha sido sometido a un “cambio extremo”, a una cirugía cósmica a través de la cual el rostro es continuamente intervenido para esconder el otro rostro, el del control paramilitar y mafioso de concejos, alcaldías, gobernaciones y asambleas, el del Congreso y los niveles más altos del Gobierno.
Agroindustria y desolación
Cerca de la peluquería donde conoció el “pelo prestado”, el autor encuentra el río La Paila que corre, represado, para beneficio de la agroindustria. A orillas del río un joven lucha por sacar una bolsa de la garganta de una vaca, pues el plástico puede enredársele en los intestinos. El agua está llena de bolsas blancas y flotantes “que juegan como pájaros que vuelan bajo”. Taussig describe los cambios en el paisaje que trajo consigo la creación de megacultivos de caña de azúcar en los años sesenta, “la cirugía cósmica le fue practicada al paisaje antes de que le fuera practicada a los cuerpos de las colombianas”.
La historia de la belleza no solo incluye la cronología del cuerpo femenino, comprende la belleza de las calles, los edificios, los tugurios, las plantaciones de la agroindustria que “se extienden hasta lo que solía ser el horizonte”, los ríos fétidos, la maquinaria con la que se reemplaza cotidianamente a los corteros de caña, la tierra devastada por pesticidas y hormonas. Es una historia de la fealdad que se expande mientras los hijos de los corteros forman pandillas como “los sin futuro” o “los dandies” y compran zapatos de marca, “en un mundo destinado a eliminarlos mientras ellos se eliminan entre ellos”.
Bellas víctimas mudas
Al final del día, La bella y la bestia no es un libro sobre la cirugía estética. La cirugía, para Taussig, es una metáfora de las mutilaciones de la violencia paramilitar, la farsa del proceso de paz y la devastación agroindustrial.
Sin embargo, y por el bien de la metáfora misma, hubiera sido interesante escuchar las voces de las mujeres operadas, drenadas, deformes o adoloridas. Taussig sabe de sus historias a través de vecinas, tías, amigas, chismosas, pero nunca se sienta a conversar con ellas. A excepción de una brevísima llamada telefónica en que el autor le pregunta a la “sobrina de una amiga” por los motivos que tuvo para operarse (esta le contesta lacónicamente “porque mis amigas son flacas y yo quería ser como ellas”), así como de algunas referencias a una entrevista concedida por la exnovia de un mafioso a la prensa, no hay en el libro testimonios o puntos de vista de las mujeres que inspiraron la metáfora.
El cuerpo de la mujer, escribe Taussig, es transformado por el capitalismo. Y sí, puede ser. Tambien por el consumo, claro. De eso trata en extenso el libro. Los hombres del bajo mundo, agrega, son dioses cuyo propósito es hacer el mundo para dominarlo primero, y ello a través del cuerpo de la mujer. De nuevo: puede ser. Tiene sentido. Pero a las bellas víctimas de los hombres, el capitalismo y el consumo, Taussig no les abre los micrófonos.

* Antropóloga y columnista del El Espectador. Cursa un doctorado en Geografía Humana en la Universidad de Montreal.