16.6.15

Reinhardt: "Nunca hay que dejar de esperar lo mejor de la vida"

 El escritor francés publica El amor y los bosques, en la que muestra la terrorífica realidad del maltrato psicológico a una mujer
Éric Reinhardt, autor francés de El amor y los bosques./elcultural.es

Éric Reinhardt (Nancy, 1965) nos recibe en el salón de su casa de París, distrito X, una mañana soleada del mes de junio. La vista es de una belleza inimaginable desde allí, el inmenso ventanal enmarca la iglesia de la Trinidad. Reinhardt es uno de los grandes nombres de la literatura francesa actual. En todos sus libros, desde Le moral des ménages y Cendrillon hasta El sistema Victoria, realiza profundos retratos de las mujeres en la sociedad de hoy en día. Editor de libros de arte, recibió en 2012 el Globe de Cristal d'Honneur por el conjunto de su obra.

Las novelas de Reinhardt se desarrollan entre la realidad y la ficción, aunque ninguna tanto como la última, El amor y los bosques (Alfaguara), con la que ha conseguido en Francia un éxito unánime (Premio Renaudot des Lycéens, Candidato al Premio Goncourt y finalista del Premio Médicis). El escritor presenta la obra en el teatro del Instituto Francés esta tarde, donde él mismo leerá unos fragmentos.

En El amor y los bosques el autor aparece como personaje mostrando que esta obra ha sido producto de una realidad, de una terrorífica realidad: el maltrato psicológico de una mujer. Bénédicte Ombredanne, de clase media, inteligente, de pensamientos brillantes, escribe al autor después de haberse sentido identificada con él tras la lectura de uno de sus libros. A raíz de esta carta, que emociona al autor, se encuentran en dos ocasiones en las que la mujer le confiará la atroz realidad que vive junto a un marido maltratador.

- ¿Quién es Bénédicte Ombredanne y porqué ese deseo de mostrar que su novela es real?
- El libro se inspira en encuentros, sucesivos e importantes, con diferentes mujeres. A partir de sus testimonios he construido al personaje ficticio de Bénédicte Ombredanne, como un híbrido de todas ellas y de sus experiencias. Todo empezó después de recibir una carta que me pareció muy bella. Cuando la autora de la misma me contó su historia comprendí que un día haría un libro sobre el maltrato. Me sentí violentado por lo que me contaba. Me pareció terriblemente injusto que una mujer sensible, inteligente, con diplomas como ella pudiera ser tratada de esa manera.

- ¿Bénédicte Ombredanne es un personaje real?
- No. Su historia fue el detonante de mi novela pero no cuento su historia. A raíz de esta persona recibí más mensajes de mujeres maltratadas y un día, en un tren, conocí a una mujer que me había visto en la tele y que al oírme hablar pensó que si alguien debía escribir una novela sobre su vida, ese tendría que ser yo.

- Su novela se mete en la piel de estas mujeres que no consiguen salir de la situación en la que se encuentran. Muchas veces, como es el caso de Bénédicte Ombredanne, ni siquiera tienen el valor de hablar sobre ello...
- Me he puesto en su lugar. He escrito este libro pensando en un traumatismo que hubiera vivido yo mismo. Mi propósito fue el de ser ella, para poder mostrar al lector su sufrimiento de la forma mas íntima posible. Por eso, es mi libro mas personal. Lo que pasa en las casas de estas familias, nadie es capaz de decirlo. Esta mujer del tren vino a mí para que a través de la literatura, denunciara esta situación y ayudara a otras mujeres a salvarse. Por un lado mi libro nace del relato de esta mujer y, por otro, incluyo otros testimonios. Nada de lo que cuento es ficción. Nunca hubiera podido inventar esas cosas yo mismo.

- El personaje de su novela no deja a su marido a pesar de tener todas las cartas a su favor para conseguir una vida agradable. Su actitud derrochista, sulfura al lector. ¿Porqué piensa usted que Bénédicte Ombredanne prefiere seguir con la persona que le destroza la vida?
- Ante este personaje, yo estoy igual que usted. También me hago preguntas. El marido de Bénédicte Ombredanne no la deja partir. Si ella decidiera marcharse, sería una locura. Tampoco ella es una persona que esté a gusto en la realidad, que sepa afrontar los conflictos, la adversidad. Forma parte de esas personas que están mejor en su mundo interior. Es la inversa de mi heroína precedente, que sueña con la victoria. Bénédicte Ombredanne convierte su vida en belleza a través de los sueños, las fantasías, la esperanza. No a través de la realidad.

- El tema de la multiplicidad de los seres que nos constituyen me ha interesado muchísimo. Dentro de una persona existen por lo tanto diversos YOS que pueden ser hasta contradictorios. ¿Es por eso que Bénédicte Ombredanne elige el de la victima?
- No creo que elija. Todo fue una serie de malas decisiones que han proyectado al personaje en una vida que no es la que ella soñaba. Vive una traición cuando es joven, aparece este segundo marido que le propone un trato y acaba casándose con él, para tener una vida tranquila y los hijos que deseaban. “Por qué no”, se dice.

- Es usted un defensor de los ideales, ¿está de acuerdo con esta actitud?
- Siempre es un error seguir los “por qué no”. Es una capitulación. Nunca hay que cesar de ser idealista. Nunca hay que dejar de esperar lo mejor de la vida. Nunca hay que renunciar. Cuando uno empieza a renunciar, a decirse “vale, por qué no, es mejor que nada”, “a lo mejor este hombre es mejor de lo que imagino”, es ahí donde empieza el horror. Bénédicte Ombredanne renuncia a sus sueños. Todos conocemos a este tipo de personas que para salvar sus vidas se atan aún más. Como los que tienen un hijo para salvar su matrimonio. Creen liberarse, enriquecer sus vidas de algo diferente, cuando en realidad hacen todo lo contrario. Cuando Bénédicte Ombredanne se da cuenta de lo que ha hecho, ya es tarde. Intenta recuperarse con sus hijos, ser una buena madre.

- Pero no tiene el menor entendimiento con ellos. Su hija adolescente Lola está del lado del padre. La imagen que da de la familia es muy dura entre un hombre que la maltrata y unos hijos que no la comprenden.
- Él es el que pone a sus hijos en contra de su madre. Bénédicte Ombredanne es muy rígida con su hija como lo es con su propia vida. Está agotada. Su marido no la deja dormir. Lo único que no quiere es que su hija tenga su misma vida y se vuelve de una rigidez extrema con Lola que además es adolescente. Su conflicto viene de este malentendido.

- Usted dice que de su libro no ha inventado nada, que todos los hechos le han sido transmitidos por otras personas. Entonces, ¿dónde está el escritor y porqué es una novela y no un libro de testimonios?
- Es novela por su forma. Empiezo con una mujer que lee, cuenta, el relato, luego toma el relevo su hermana. Es la forma que permite descubrir que se trata de una novela, una obra de arte. Cuando escribo busco hacer una obra de arte. Dentro de esta forma, la historia me fue contada por varias voces. Yo lo que hago es fabricar una escritura hilando esos fragmentos. Quería confrontar al lector con la fuerza y la violencia de esta historia pero sin hacer el menos análisis psicoanalítico.

- En todas sus novelas hace un retrato de la mujer en el siglo XXI, siempre con la misma profundidad, pero siempre diferente. El amor y los bosques nace de un sinfín de testimonios que usted recibe de muchas mujeres, ¿piensa que el maltrato, la falta de igualdad entre el hombre y la mujer, es uno de los grandes males del siglo XXI?
- Podemos considerar que en nuestras sociedades occidentales el combate está ganado, que la mujer es igual que el hombre, pero estamos muy lejos de ello. En eso me considero un hombre feminista. Como lo dije en mi anterior novela, El sistema Victoria. La novela trataba de la lucha de una mujer por alcanzar el poder. En este libro, rompo los esquemas tradicionales del hombre y la mujer. La mejor manera de luchar contra la segregación en el caso de las mujeres es luchando contra los clichés que nos inculca la sociedad, la educación, desde hace generaciones. Hay que levantarse contra la obligación de ser hombre conforme a las ideas que uno se hace del hombre. O, al revés, mujeres que se sienten obligadas a actuar como mujeres. Si la gente viera que se puede ser “hombre” con una gran sensibilidad o fragilidad, que se puede ser “mujer”, pero sentir amor hacia el poder, la guerra y la lucha, entonces conseguiremos dar un paso importante hacia la igualdad de los géneros. Todavía queda mucho trabajo por hacer.