17.6.15

Baudelaire, tan maldito como obsesionado con la perfección

 Se publica en Francia una edición de Las Flores del Mal con las correcciones del gran poeta francés
Charles Baudelaire, Poeta francés autor de Las Flores del Mal./elcultural.es

Un editor de París ha publicado por primera vez las "pruebas corregidas" por Charles Baudelaire de sus Flores del mal, la colección de poemas más célebre de Francia. Según informa la agencia AFP, el manuscrito original nunca fue encontrado y estas pruebas corregidas son los únicos trazos manuscritos de esta obra clave de la poesía moderna, y sin duda la obra cumbre del escritor francés. Antes de dar su visto bueno definitivo para la impresión de la obra, en 1857, Charles Baudelaire multiplicó los intercambios con su editor y amigo Auguste Poulet-Malassis, y, como se ve en el material mostrado a la prensa, anotó y corrigió al margen las pruebas de imprenta.

Queda en estas pruebas claro el modo de trabajar de Baudelaire, su ojo crítico, su perfeccionismo y rigor intelectual y artístico para con su propia obra. Baudelaire tacha y rectifica a pluma todo lo que le parece incorrecto, corrige una coma mal puesta, pide que se modifique el tipo de letra, exige el cambio de la ortografía de una palabra... Así, hay poemas que fueron corregidos en varias ocasiones.

Ediciones de los Saints Pères (Santos Padres) publicará el libro con una tirada inicial de 1.000 ejemplares a un precio de 189 euros, aunque el documento ya estaba en poder de la Biblioteca Nacional de Francia desde 1998, cuando lo adquirió en una subasta en Drouot por 3,2 millones de francos, cerca de medio millón de euros. Hasta ahora, el libro podía consultarse en el catálogo numérico de la BNF, Gallica, pero la comodidad de lectura, la calidad de impresión hacen de la obra que esta semana sale a la venta un documento insólito, de suma importancia cultural, y como tal ha sido recibido en Francia. Se trata de un libro de gran formato (25x35 cm) que se presenta en un cofre. La obra está ilustrada con 13 dibujos a lápiz y pluma que Auguste Rodin insertó en su propio ejemplar de Las Flores del mal.

El editor, molesto


Baudelaire, con fama de poeta maldito y aura de artista descuidado, se descubre aquí como un autor muy comprometido con el resultado final de su obra, escrupuloso hasta en el más mínimo detalle: defensor de la coma, del acento agudo así como del grave, del uso o no del circunflejo... las incontables correcciones de Baudelaire dieron constantes quebraderos de cabeza a su editor, que veía como una y otra vez el poeta se dirigía a él con nuevos cambios, añadidos y cortes. En la primera página se queja el editor: "Mi querido Baudelaire, llevamos dos meses para imprimir cinco hojas de Las Flores del mal".

A modo de ejemplo, en el margen de Bendición, uno de los primeros poemas de la recopilación, Baudelaire se cuestiona incluso la palabra "blasfemia" tal como está impresa en las pruebas. "Blasphême ou blasphème? Gare aux orthographes modernes! (tenga cuidado con la ortografía moderna)", advierte. Las estrofas son modificadas, así ocurre en "Un viaje a Citerea" y la falda de su musa no se abre "a las ligeras brisas" sino "a las brisas pasajeras". Las dos últimas estrofas de "Spleen", uno de sus poemas más conocidos las llega a reescribir por completo, dando una versión final totalmente distinta a la original; asimismo, Baudelaire también eliminó la mitad de los versos de la última estrofa.

El libro llegó a las librerías, finalmente, el 25 de junio de 1857, en edición de Poulet-Malassis y Broise. Es la consagración para el poeta que, como testimonian sus contemporáneos, habría terminado la composición de la mayor parte de su colección a principios de los años 50. Días después de la publicación de Las Flores del mal, Baudelaire provocó las iras de la prensa. La dirección de Seguridad Pública lo llevó ante la justicia por ofender la moral pública y religiosa.

El autor, ya entonces, parecía escribir con una clara vocación de pervivencia; él mismo era consciente del valor de la obra que tenía entre manos. Así, en julio de ese mismo año, 1857, escribió a su madre: "Se me niega todo, el espíritu de invención e incluso el conocimiento de la lengua francesa. Me río de todos estos imbéciles y sé que esta obra, con sus cualidades y sus defectos, recorrerá su camino en la memoria del público culto, junto a las mejores poesías de Víctor Hugo, de Théophile Gautier e incluso de Byron".