12.6.15

De Eugeni d'Ors al 'e-book'

Catalunya celebra el centenario de su sistema de lectura pública y reflexiona sobre los cambios necesarios en el servicio cultural mejor valorado del país
Alumnas de la Escola de Bibliotecàries, entre 1934 y 1937./Paú Martí.

Arxiu Nacional de Catalunya./Gabriel Casas./elperiodico.com

Este lunes, las bibliotecas catalanas han puesto en marcha el servicio de préstamo digital, al mismo tiempo que celebran con el Any de les Biblioteques convocado por la Conselleria de Cultura el centenario del sistema de bibliotecas públicas catalán, creado por la Mancomunitat en 1915 y que es la base del servicio cultural mejor valorado hoy.

1915: PONER EN ORDEN EL PAÍS

La obra cultural del noucentisme

A principios de siglo, las bibliotecas universitarias y provinciales son museos de libros polvorientos. Al mismo tiempo, solo en la provincia de Barcelona hay tres centenares de bibliotecas de ateneos, ayuntamientos, centros obreros e instituciones como la Biblioteca Arús o el Ateneu Barcelonès. Frente a unos y a otros, la Mancomunitat de Catalunya aprueba en 1915 la creación de un sistema de bibliotecas que encarne los principios de modernidad y de orden del noucentisme y encarga la construcción de las cuatro bibliotecas iniciales. «Ni un solo pueblo sin escuela, biblioteca, carretera ni teléfono»; ese es el programa de Enric Prat de la Riba. Eugeni d'Ors redacta el proyecto y dirigirá la nueva escuela de bibliotecarias que suministrará personal altamente capacitado. Ese doble momento fundacional es el que se celebra ahora. «Conmemoramos que hace 100 años se decidió que el país se construiría a través de la cultura y a través de las bibliotecas, aplicando el modelo anglosajón (préstamo y consultas abiertas, secciones infantil y de revistas, sala de conferencias) y con un concepto de red», valora la directora del servicio de bibliotecas de la Generalitat, Carme Fenoll.

LA VISIÓN CRÍTICA

Las mujeres, mano de obra barata

Pese a los elogios a la labor fundacional de Ors y del despliegue efectivo del sistema por Jordi Rubió, en la conmemoración ha faltado la revisión crítica de parte de ese modelo original, que imprimió un carácter que el franquismo reforzó solo en sus aspectos más discutibles y que costó décadas romper. «Las normativas de la sección infantil eran espectacularmente estrictas, las bibliotecas debían ser un templo del silencio, había ese punto de la bibliotecaria superestricta; hoy el ciudadano encuentra otro tipo de caras», valora Carme Fenoll. Eugeni d'Ors es también el culpable de decidir que solo las mujeres podían ser bibliotecarias (el acceso del hombre a la escuela de bibliotecarias solo se hizo realidad en 1976). Los motivos del reclutamiento femenino, expresados abiertamente en el proyecto de 1915, son escandalosos analizados al cabo de un siglo: «obtener así una relativa reducción de gasto», captar «personal de primer orden y bien escogido» con unos salarios que no atraerían más que a hombres «de segundo orden» y garantizar que esas «misioneras de la obra de la civilidad en Catalunya» diesen (eso sí, hasta que se casaran) «un carácter atractivo, amable, de limpieza y coquetería» a ese nuevo servicio.

LAS NUEVAS BIBLIOTECAS

La transición empezó en los 90

Las dos dictaduras acabaron con los sistemas bibliotecarios de la Mancomunitat y de la Generalitat republicana y tras el heroico servicio bibliotecario en el frente vino la depuración franquista. «Aunque la Diputación de Barcelona mantuvo la antorcha encendida», valora Bailac; si la Mancomunitat dejó ocho bibliotecas, a los años 80 se llegó con casi un centenar. La gran transformación del sistema bibliotecario catalán no llegó con la transición ni con los primeros años de la Generalitat. En tiempos de Max Cahner se intentó reintegrar en la Generalitat los servicios provinciales de bibliotecas; la Diputación de Barcelona no lo hizo y se creó un doble sistema; el de la Generalitat, en Lleida, Tarragona y Girona, y Barcelona convertida en vanguardia del sistema desde que bajo la presidencia de Antoni Dalmau se decidió convertir el apoyo a las bibliotecas municipales en el paradigma del nuevo papel de las diputaciones. «Y el gran punto de inflexión fue el plan municipal de bibliotecas de Barcelona de 1998», reconoce Carme Fenoll. «De un 17% de los vecinos de Barcelona con carnet pasamos al 54%», recuerda Assumpta Bailac. El conjunto de Catalunya no está, hoy, muy rezagado: 380 bibliotecas y el 48% de la población con carnet.

ANY DE LES BIBLIOTEQUES

Conmemoración y alguna realización

El Any de les Biblioteques, explica Carme Fenoll, «tiene un doble objetivo, dar a conocer la historia centenaria de las bibliotecas y hacer una prospección de cómo han de ser las bibliotecas del futuro». Su programa de actos ha sido comparativamente modesto (una exposición ya clausurada en el Palau Robert, la difusión de los dietarios de las bibliotecarias desde los años 20 en el repositorio Memoria Digital de Catalunya... «Es una iniciativa fantástica recordar que este fue el primer sistema de lectura pública del Estado y que ha habido durante muchos años una política de apuesta por las bibliotecas,», reconoce Daniel Gil, presidente del colegio profesional de bibliotecarios y documentalistas (que justo hoy celebra en el Pati Manning su 30º aniversario), aunque cree que sería el momento de reunificar las bibliotecas públicas en una única red. Coincide con él Assumpta Bailac, que echa en falta «iniciativas que mejoren la situación del sistema, cosas que queden». Aunque no estén directamente vinculados a la conmemoración, no obstante, Carme Fenoll confía en que este 2015 deje una herencia palpable: carnet único, catálogo común y sistema de préstamo interbibliotecario integrado.

EL EFECTO DE LOS RECORTES

Las compras de libros, reducidas a la mitad

Aunque el sistema tenga una aprobación tremendamente positiva por parte de la población (con una nota de 8,1), los efectos de los recortes presupuestarios se acumulan año tras año. «Hemos sido pioneros en Barcelona en la alfabetización digital, pero con ordenadores que ya tienen 10 años; ahora es más necesario invertir en renovar equipos que en nuevos centros», lamenta la gerente de Biblioteques de Barcelona. De los más de cuatro millones de euros que gestionaba para compras cada año la Conselleria de Cultura, tras la retirada de los dos millones que aportaba Madrid se ha pasado a dos millones. Biblioteques de Barcelona, con aportaciones municipales y de la Diputación, ha pasado de 2,5 millones a 1,2 millones. La presencia de novedades en los estantes se ha resentido.

EL PRÉSTAMO ELECTRÓNICO

Proyecto con frenazo ministerial

Este lunes se puso en marcha el proyecto Ebiblio en Catalunya. Con una inversión del Ministerio de Cultura de 1,6 millones de euros para crear 17 plataformas y dotarlas de e-books (solo en castellano), las administraciones catalanas han aportado otros 320.000 euros para llegar a los 1.900 títulos con más de un millón de préstamos disponibles descargables gratuitamente por los usuarios con carnet de biblioteca en ebiblio.cat. Otras 15 comunidades, que empezaron antes, no han hecho este esfuerzo adicional y los resultados han sido paupérrimos: 78.838 préstamos a 24.672 usuarios en siete meses. Assumpta Bailac es optimista («aquí se han dado de alta 1.400 usuarios en el primer día, y se ha hecho un esfuerzo por reforzar la oferta con novedades y títulos en catalán») pero Carme Fenoll avisa del frenazo en seco del ministerio; se ha desdicho de su promesa de adquirir libros en catalán y sus fondos en el segundo año pasarán de 1,6 millones de euros a 600.000.

EL DEBATE DEL FUTURO

Espacios de encuentro

Según Fenoll, la biblioteca, más allá de lo digital, ha de ser cada vez más un «espacio de acogida», que integre a la población inmigrante (gran usuaria de las bibliotecas), donde se puedan desarrollar talleres y en las que «los bibliotecarios sean aún mejores prescriptores literarios y culturales, que faciliten el contacto entre contenidos y personas y con el territorio en el que has decidido vivir». Assumpta Bailac cree que las tendencias están claras y se ha reflexionado sobre ellas: lo necesario es poner recursos para darles respuesta. «Cada vez más son espacios para estar; estar leyendo, trabajando, haciendo talleres, encontrándose con la comunidad de vecinos... Hoy el préstamo ya es solo el 35% de la actividad». Desde el colectivo profesional, Daniel Gil tiene otras reclamaciones: «Es muy hiriente la situación de las bibliotecas escolares. Se deben desencallar las bibliotecas provinciales de Barcelona y Tarragona y extender el servicio bibliotecario a las poblaciones con menos población».