31.5.12

El cuento y el desafío

Gabriel García Márquez  Homenaje: 85.45.30 *

Vivir para contarla, el título de la autobiografía de Gabo, sirve al columnista para hilar algunas ideas sobre el país en el que vivimos

El cuento y el desafío
Gabriel García Márquez sonríe a la cámara del fotógrafo venezolano Vasco Szinetar. foto.fuente:elmalpensante.com
Con motivo de la celebración de los 85 años de García Márquez, se hicieron frecuentes referencias a su autobiografía, Vivir para contarla. Se habló de muchas cosas, menos de lo que yo estaba interesado en saber de manera obsesiva: si a alguien más le parecía raro el título. ¿No les llama la atención? A mí me sorprende que una autobiografía comience con una cláusula, entre aliviada y desafiante, que significa: “todavía estoy aquí”. En efecto, gugleo y escojo referencias al azar, lo que me corrobora que la expresión denota superación de un riesgo extraordinario. Un periodista mexicano nos cuenta desde Tamaulipas que, después de sendos accidentes, los políticos locales “vivieron para contarla”. Y así sucesivamente. El propio Google ofrece la siguiente interpretación: “Si sobrevives a una experiencia peligrosa o atemorizante... se puede decir que has vivido para contarlo”.

A nosotros el título de la obra nos parece más bien rutinario, y me pregunto si esa naturalización de cierto sentimiento de riesgo no es una característica específicamente colombiana, uno de los elusivos rasgos de nuestra aún más elusiva identidad. Claro: no es algo “exclusivamente” nuestro. Desde Oxford hasta Kinshasa, la vida es (también) una “experiencia peligrosa y atemorizante”. “Vivimos en diario temor”. Algunos escritores, entre ellos Bierce, lo supieron mejor que nadie. Uno no puede leer a Kafka sino con el corazón en la mano. La literatura de varios géneros –policial, de horror– solo tiene sentido si es capaz de evocar un buen sobresalto. Cuando Graham Greene llamó a Patricia Highsmith la poetisa de la ansiedad no solo estaba produciendo un elogio fantástico, y plenamente justificado, sino que estaba apuntando a una experiencia profundamente humana. También los políticos, claro, supieron desde el principio que parte fundamental de su oficio consistía en lidiar con el temor y con el riesgo. Tal intuición no ha sido especialidad solo de los matones, aunque estos por supuesto se han esforzado por hacer bien la tarea precisamente en este terreno. Mussolini unió brutalidad y lírica, recomendando “vivir peligrosamente”. Logró, en efecto, vivir peligrosamente –para los demás, pero finalmente incluso para él mismo–. No hablemos ya de la cultura popular. Cualquiera que haya visto programas de televisión como I Survived se dará cuenta del enorme poder que tiene el simple relato de alguien que logra mantenerse en este mundo contra todas las expectativas y probabilidades.

Pero en una autobiografía... Además, hay un giro que sí me parece claramente idiosincrático: esa mezcla de las sensaciones de alivio y de desquite que está encapsulada en expresiones como “vivir para contarla” o “todavía estoy contando el cuento”. Hay en esta dirección un aforismo que siempre me ha parecido maravilloso, por lo contundente y por lo diciente, del gran polemista antioqueño el Ñito Restrepo: “En Colombia, sobrevivir es una venganza”. No es: “increíble, todavía estoy aquí”, como en I Survived (“y miren la cantidad de traumas que me quedaron”). En el Ñito es más bien el grito de triunfo de la víctima que ha conservado su pellejo por un pelo, y hace gestos obscenos a la distancia: “se jodieron: todavía estoy vivo”. ¿No tiene que ver eso con la atormentada trayectoria colombiana? Para poder responder, hay que hacer tres precisiones. Primero, ni de lejos es cierto que Colombia sea el país más violento del mundo, y mucho menos que lo haya sido en el siglo XX. Ese honor queda para los alemanes, o los camboyanos, o los gringos, o los belgas. Segundo, no se sostiene que nuestro siglo XX haya sido de guerra continua. Aquí ya hay que ser más prudentes: incluso nuestros períodos relativamente largos de estabilización –primera mitad del siglo XX, Frente Nacional– estuvieron puntuados por enfrentamientos y negros nubarrones de conflicto civil. Pero la imagen de conflagración ininterrumpida seguramente no se sostenga. Tercero, sí hemos vivido una violencia endémica, de mediana o baja intensidad, con gotero, en buena parte fervientemente localista, ejercida por y contra los próximos, durante décadas. Dos ciclos de violencia muy, muy prolongados –el último, que comienza a finales de los setenta y aún continúa, constituye el conflicto más largo del mundo–, brutales y acerbos, sin fronteras muy bien definidas, sin enemigos con e mayúscula, sino con vagas amenazas acechando en el vecindario... Estoy leyendo prensa diariamente desde antes de alcanzar la mayoría de edad, y no me acuerdo de un solo día sin un suceso de espanto. Y después he venido a darme cuenta de que la abrumadora mayoría de ellos no tienen atribución de autor específico. Eso tiene que dejar algo debajo de la piel.

Ya que esta vez eché por la azarosa trocha de la especulación, añadiría una impresión más. Metido el dedo, metida la mano. Puede ser que esa sensación de estar rodeados de riesgos cotidianos, vagos y espectrales nos lleve a vivir específicamente el riesgo como rabia, y el triunfo como exasperación, sobre todo cuando esa experiencia se mezcla con la del ascenso social acelerado en un país brutalmente desigual (ascensos de vértigo y desigualdad insoportable, dos marcas de la Colombia de las últimas décadas). Pero tienen razón: aquí realmente ya estoy yendo demasiado lejos.

Una de las características más poderosas de García Márquez es su capacidad de apelar a sentimientos universales desde repertorios y experiencias rigurosamente locales. Se me ocurre que hay algo de eso en esta narrativa de su vida como una saga de riesgo y de revancha.
*85 años de Gloria. 45 años de la publicación de Cien años de soledad. 35 años del otorgamiento del Premio Nobel de Literatura.

"Aura" cumple 50 años convertida en la obra más emblemática de Fuentes

Con motivo de los 50 años, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) describió la obra como una oda de magnitudes magistrales que toca la fina línea entre la vida y la muerte a través de sus personajes: el historiador Felipe Montero, la anciana Consuelo y la joven Aura de ojos verdes que da nombre a la novela

Se cumplen los 50 años de Aura, el libro "más emblemático" de  Carlos Fuentes, quien murió a sus 83 años el 15 de mayo de 2012 en la capital mexicana. foto:eluniversal.com.mx.fuente:lainformacion.com

La novela "Aura" cumple hoy medio siglo convertida no sólo en una de las obras más emblemáticas del escritor Carlos Fuentes (1928-2012), sino también de las letras mexicanas y del Boom Latinoamericano.
"De acuerdo con el colofón de la primera edición, hoy se cumplen los 50 años de 'Aura'", el libro "más emblemático" de Fuentes, quien murió a sus 83 años el 15 de mayo de 2012 en la capital mexicana, dijo hoy a Efe una fuente de Ediciones Era.
El diseño original de la obra estuvo a cargo del pintor y escultor Vicente Rojo, quien en esa época "diseñaba todos los libros que llegaban a Era", que él fundó en 1960 junto con otros exiliados españoles, al igual que la edición conmemorativa de sus primeros 50 años.
Hace medio siglo Rojo (Barcelona, 1932) incluyó unas páginas ilustradas a la obra de Fuentes, una novela corta, y "así quedó un volumen más grueso", y para esta edición conmemorativa, que salió al mercado a principios de este año, hizo "ilustraciones nuevas", añadió la fuente.
La idea original de la editorial para celebrar los 50 años de la novela, que fue llevada al cine y al teatro, "era hacer un facsimilar de la primera edición, pero fue idea de Vicente Rojo hacer ilustraciones nuevas", explicó.
Todo surgió el año pasado, recordó, cuando "Vicente cayó de sorpresa" a una firma de libros del ganador del Premio Cervantes 1987, con la primera edición de "Aura" en sus manos. Fue "un detalle bonito", comentó.
Según la fuente de Ediciones Era, que también publicó "Los días enmascarados" (1954), la primera obra de Fuentes, y "Una Familia Lejana", al novelista "le gustó mucho el libro" e incluso estaba "interesado" en hacer una presentación de la edición conmemorativa, que se vio frustrada por su repentina muerte.
Con motivo de los 50 años, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) describió la obra como "una oda de magnitudes magistrales" que toca la fina línea entre la vida y la muerte a través de sus personajes: el historiador Felipe Montero, la anciana Consuelo y la joven Aura de ojos verdes que da nombre a la historia.
"Es un modelo y un prodigio de novela fantástica", que al mismo tiempo aborda los "rasgos principales de la moral social de nuestro país", sostiene el poeta y ensayista Hugo Gutiérrez, mientras el escritor Arturo Azuela la describe como una obra "magistral" que deja clara la universalidad de Fuentes, señala la nota de Conaculta.
Según el coreógrafo Guillermo Arriaga, la presencia de esta obra en la danza, el cine, el teatro y la música muestra el profundo impacto que ha causado en varias generaciones.
En 2001 estuvo en el centro de la polémica luego de que el entonces ministro mexicano de Trabajo, Carlos Abascal, vetara la lectura de "Aura" en la escuela de su hija por considerarla inapropiada para estudiantes de secundaria.
Las críticas de Abascal, que también censuró "Doce cuentos peregrinos", del colombiano Gabriel García Márquez, llevaron al despido de la profesora de español que recomendó las obras y dispararon las ventas de los libros, lo que fue celebrado por el escritor.
Fuentes calificó al ministro como su "mejor promotor y agente literario" y dijo que sentía la tentación de ofrecerle a Abascal el 10 por ciento de sus ingresos por la venta de sus libros.

El desempleado portugués que se convirtió en novelista de éxito

Joao Ricardo Pedro quedó sin empleo a los 39 años y se animó a escribir una novela. El resultado fue O teu rostro será o último y ganó el premio de mayor dotación . El libro se ha convertido en la obra literaria de la temporada en su país

El autor portugués Joao Ricardo Pedro. foto:Francisco Seco. fuente: elpais.com

A mediados de 2008 el ingeniero de telecomunicaciones portugués João Ricardo Pedro, de 39 años, fue despedido de su empresa, junto a un puñado de compañeros (y como muchos portugueses en estos años) y se quedó en casa con una indemnización y el futuro temblando delante de él. Durante unos días no supo qué hacer. Pero una mañana dejó a sus dos hijos en el colegio, recogió la casa y, una vez solo en su habitación (su mujer trabaja de economista) se dijo: “Ahora o nunca”. “Y esa mañana comencé a escribir. Lo hice por lo más evidente, una especie de relato de las cosas que hacía: la compra, la casa, la comida… Durante seis meses eso me sirvió de entrenamiento. Después, ya iba dando cuenta de los personajes que fueron saliendo”.
Todos los días, tras dejar a los niños en el colegio y salvando las horas que dedicaba a dar clases particulares de matemáticas, João Ricardo Pedro, de ocho y media a cuatro de la tarde, invariablemente, escribía una narración de capítulos cortos e historias imbricadas, sin plan preconcebido ni notas preliminares ni mucho orden ni concierto, confiando sólo en su instinto de novelista novato y en sus muchas lecturas. El resultado es O teu rostro será o último, una deliciosa novela, ganadora del último Premio Leya de novela en Portugal, el de mayor dotación del país, con 100.000 euros. El libro, además, se ha convertido en el volumen más vendido en la recientemente terminada Feria del libro de Lisboa y en el fenómeno literario de la temporada.

"Y esa mañana comencé a escribir. Lo hice por lo más evidente, una especie de relato de las cosas que hacía: la compra, la casa, la comida… Durante seis meses eso me sirvió de entrenamiento. Después, ya iba dando cuenta de los personajes que fueron saliendo”
Su autor jugueteó siempre con la idea de convertirse en novelista: “A los veintitantos lo pensé, pero no me decidí. Después, llegaron los trabajos, los hijos, y ya no se podía. Yo no era capaz de dedicarle dos horas después del trabajo, como hacen otros. Tal vez porque me faltaba el coraje y me sobraba miedo a darme cuenta, en cuanto empezara, de que no servía”.
Pero el ERE le dejó sin excusas. “Es curioso, porque lo que más me atraía de todo era el hecho de pensar que podía pasarme las mañanas en casa, escribiendo, sin hacer otra cosa. Eso es lo que me decidió”. Ricardo Pedro es amable, cercano, acogedor y simpático. Vive en un piso de clase media lisboeta, con juguetes de niños pequeños recogidos en las esquinas y muchos libros y discos compactos apilados por las estanterías. “Fui haciendo todos los capítulos al mismo tiempo. Así que lo vi crecer en bloque, y el primer sorprendido de todo era yo”, explica.

O teu rostro será o último, una deliciosa novela, ganadora del último Premio Leya de novela en Portugal, el de mayor dotación del país, con 100.000 euros. El libro, además, se ha convertido en el volumen más vendido en la recientemente terminada Feria del libro de Lisboa y en el fenómeno literario de la temporada.
Después, su mujer, Isabel, le convenció para que se diera prisa en acabar a fin de enviarlo al multimillonario premio Leya. “Así que me puse a escribir a todas horas, incluidos los fines de semana. Y lo envié”.
Y ganó. Y el país, Portugal, abocado a una crisis cada vez más honda, con la troika vigilándolo todo, con un desempleo creciente del 15% y miles de jóvenes obligados a emigrar a Angola, a Brasil o a Francia, acogió con interés una buena noticia por fin: la historia del parado que aprovecha que vienen mal dadas para cambiar de rumbo y salir así del hoyo. Ricardo Pedro salió, pues, en todos las televisiones y despachó multitud de entrevistas en las que contaba su vida y daba así cierto aliento a una sociedad asfixiada.
En la entrega del premio, hace unas semanas, el mismo Ricardo Pedro aludió irónicamente a la dramática situación del país, ante el primer ministro, el conservador Pedro Passos Coelho, el adalid del recorte y la contención del gasto: “Mi mujer, Isabel, aunque es economista, no se puso a mirar los intereses ni la prima de riesgo y, contraviniendo las leyes de la austeridad, me dio toda la libertad, el tiempo y la confianza necesarios para poder terminar el libro”.

"Fui haciendo todos los capítulos al mismo tiempo. Así que lo vi crecer en bloque, y el primer sorprendido de todo era yo"
Ahora, desde la mesa del despacho de su casa en la que escribe su segunda novela, de la que no sabe nada todavía (“aún estoy en fase muy preparativa, me dejo llevar”) Ricardo Pedro, que aún conserva una alumna a la que da clases particulares, extrapola su ejemplo y lo convierte en regla de política internacional: “Tal vez lo que haga falta es confianza en nosotros mismos y confianza en los otros para poder salir de esta. Pero da la sensación de que los Gobernantes no confían unos en otros. De que el alemán no se fía del griego y viceversa. Y sin esa confianza, no hay nada que hacer”.

Al borde del colapso griego

Corrupción, desidia estatal y, ahora, la crisis económica en Grecia son los temas que aborda Petros Márkaris en la serie de novelas del comisario Jaritos
EN PRESENTE.  Petros Márkaris pareciera escribir sus policiales en tiempo real.foto.fuente:Revista Ñ

Nadie describe un embotellamiento como el escritor griego Petros Márkaris. Cada vez que el comisario Jaritos se encuentra en medio de uno (lo que ocurre una decena de veces en todos los libros que protagoniza), su viaje hacia la escena del crimen, a interrogar a un sospechoso o a recoger pistas, debe detenerse para dejar paso al exasperante tiempo real de quedarse varado con el auto en una capital estridente y desordenada. Y a medida que han pasado los años y los libros, los atascos se volvieron más insoportables, los conductores más agresivos, y Atenas más desoladora. Márkaris se especializa en una ficción hiperrealista que habla del lado más oscuro de la Grecia actual, donde las calles que llevan nombres como Hipócrates y Eurípides sólo podrían conmover a los turistas.

En febrero pasado, Márkaris ganó el VII Premio Pepe Carvalho en BCNegra, el festival barcelonés de narrativa criminal, “porque es uno de los representantes más claros de lo que se ha denominado novela negra mediterránea, una forma más próxima a los grandes temas de la novela negrocriminal: corrupción, manipulación del poder, diferencias entre la justicia y la ley o mezquindad de los poderosos”. Al premiarlo, acababa de salir en castellano Con el agua al cuello, primera parte de una trilogía sobre la asfixia económica que arruina día a día a Grecia. No es la primera vez que el escritor toca temas sensibles para la sociedad: Jaritos tuvo que vérselas con el tráfico de niños en Noticias de la noche, con el terrorismo doméstico y la alienación publicitaria en El accionista mayoritario, y con escurridizas mafias urbanas en Defensa cerrada. “Elegí la novela policial porque creo que es el género más efectivo para lidiar con problemas sociales y políticos”, cuenta Márkaris a Ñ. La corrupción, la desidia estatal, los infames tiempos judiciales y el sensacionalismo periodístico son los “metacriminales” que generan o ayudan a los criminales de sus novelas. Ahora le llegó el turno al mercado: “Cuando la crisis estalló a principios de 2010, supe que había llegado para quedarse. No desaparecería, como nuestros políticos quisieron hacernos creer. Decidí escribir tres libros que exploraran sus diferentes aristas, pero que al mismo tiempo siguieran progresivamente los efectos del desastre económico en los griegos”.
En su última novela, Jaritos se enfrenta a un asesino que decapita a personas relacionadas con la banca y la especulación. Y mientras investiga, descubre la corrupción de las finanzas internacionales. ¿Cómo fue la experiencia de hacer ficción con algo que ocurría al mismo tiempo? 
Bueno, no fue la primera vez que escribí así: mi novela Suicidio perfecto apareció en Grecia en 2003 y trató los aspectos políticos y financieros de las Olimpíadas de 2004 en Atenas. Con respecto a este libro, yo crecí en un mundo en el que el dinero era sólo un medio. Ahora vivo en uno en el que el dinero se convirtió en parte de un sistema de dopaje. Convencer a la gente de que su único sueño debe ser llegar al éxito financiero y a la prosperidad en el menor tiempo posible, sólo puede conseguirse mediante el dopaje. El problema de este sistema es que nunca dejarás de doparte porque siempre vas a estar detrás de un éxito mayor, igual que los deportistas. Y así terminas arruinando tu cuerpo. La ecuación no es difícil: pasa lo mismo en las sociedades que con ese tipo de atletas.
¿Las sociedades son cómplices necesarias del sistema económico en el que viven? 
La Grecia moderna fue un país pobre a lo largo de su historia. A principios de los ‘80, el dinero empezó a entrar desde Europa. Era mucho dinero, comparado con el que Grecia estaba acostumbrada a tener. Y en lugar de invertirlo, los griegos empezamos a dilapidarlo. Esto fue sobre todo la culpa del sistema político, que simplemente arrojó dinero a la gente para tenerla contenta. En realidad fue un simple proceso para comprar votos y conseguir reelecciones. Así fue como se creó la riqueza virtual de Grecia y empezó el desastre que vivimos hoy.
En “Con el agua al cuello”, un funcionario holandés dice que los griegos pertenecen a la eurozona pero no al eurotiempo: “Usan la misma moneda que nosotros, pero para ellos el tiempo corre de otra manera”. ¿Puede profundizar en esta idea? 
Los griegos llegamos a la eurozona mientras vivíamos en un tiempo distinto. No necesariamente el tiempo de los países del sur de Europa, pero sí el de los Balcanes. La gente de los Balcanes no vive en el mismo tiempo que el resto de los países europeos.

Al darse cuenta de la mirada asesina de Jaritos, aquel funcionario holandés pide disculpas por el mal chiste. Y Márkaris, en la voz del comisario, reflexiona: “Lo bueno de los europeos es que se llevan las disculpas en el bolsillo, se trate de una grosería o de una carnicería”. Las presiones que la troika (la tríada formada por la Comunidad Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo) ejerce sobre Grecia en la forma de espectaculares recortes, amenazas y discursos condescendientes, asoman la cabeza a lo largo de todo el libro. Por ejemplo:

“–¿No puede llevarme un coche patrulla? –pregunto al que está al mando.Si nos lo destrozan, no podremos reemplazarlo por culpa de los recortes –es su respuesta.

Y Jaritos debe irse a pie sorteando, en el camino, una protesta masiva de jubilados.
Cuando supo que escribiría policiales, ¿lo incomodó saber que tendría que explicar qué había hecho el protagonista durante la dictadura? ¿Cómo fue el proceso de “humanizar” a Jaritos? 
En países como Grecia, que vivieron la ocupación alemana, después una guerra civil y una dictadura militar, es muy difícil no sentir el menor grado de simpatía por la policía si eres de izquierda, como lo he sido yo. Así que cuando supe que Jaritos iba a ser un policía, estuve en problemas. ¿Cómo crear un policía que cayera bien? Lo pensé durante mucho tiempo, hasta que tuve la idea de sacarle el uniforme. Lo que descubrí debajo fue a un pequeño burgués como mi padre. Jaritos es un hombre de familia, conservador y más bien tirado hacia la derecha. Pero la política lo ha decepcionado. Y su esposa es casi idéntica a mi madre. Si te gusta Adrianí te hubiera gustado mi mamá.
¿Puede adelantar la trama de la segunda parte de la trilogía? 
Trata sobre la evasión de impuestos y apareció en Grecia en octubre. Acabo de empezar la tercera.

'PervertiDos', la segunda antología de parafilias ilustradas

Es la segunda entrega de una antología de escritos eróticos, Perversiones

Portada de la Antología de microrrelatos eróticos que va para su segunda versión.foto.fuente:elmundo.es

'Vicio lector', 'Desnudo impresionista' o 'Placer solitario en hoteles de lujo' son algunos de los títulos de los casi medio centenar de microrrelatos eróticos de 'PervertiDos', la segunda entrega de un catálogo de "parafilias ilustradas" que se presenta este fin de semana y que busca "jugar con el lector".
Alberto Olmos, Juan Carlos Márquez, David Roas, María Zaragoza o Fernando Clemot son algunos de los autores que componen este mosaico, ilustrado con una veintena de imágenes firmadas por dibujantes como Joaquín López Cruces, El bute, Jorge Fornés o Gsús Bonilla, y que cuenta con el prólogo del escritor y crítico literario Sergi Bellver.
 'PervertiDos' (Traspiés) es la segunda entrega de una antología de escritos eróticos que llega tras el éxito de 'Perversiones', publicado el año pasado e integrado por unos cuarenta relatos que reivindicaban la "perversión erótica".
Todo el proceso de 'PervertiDos' se ha hecho por internet, o bien en las redes sociales, o por encargos a través del correo electrónico o en el blog abierto para apoyar a los libros pero que "ha ido adquiriendo identidad propia", según la editorial.
En total, se ha seleccionado medio centenar de microrrelatos de los casi 200 que se recibieron, firmados por unos 170 autores, entre los que hay nombres consagrados y otros noveles o desconocidos, pues se ha tratado de primar la calidad de los textos.
Y es que, el objetivo final de todos estos autores, según explica Sergi Bellver en el prólogo, es "buscar aliados en este divertimento del lenguaje y la imagen, para que sus propias parafilias narradas y trazadas revelen también la de los lectores, es decir, para jugar con ustedes".
La editorial Traspiés tiene prevista la firma de ejemplares en la Feria del Libro de Madrid los días 1, 2 y 3 de junio, así como una presentación, que promete "divertida", el sábado en una librería del madrileño barrio de Lavapiés

30.5.12

Y así delató Góngora al inquisidor...

En un manuscrito inédito el poeta acusa a un miembro del Santo Oficio. Era su antiguo amigo Jiménez de Reynoso, quien vivía amancebado con una mujer. Es el primer texto del literaro cordobés hallado desde el siglo XIX


Cuadro de Velázquez: Retrato de Luis de Góngora.1622. foto.fuente:elpais.com
Un refinadísimo esteta del Siglo de Oro hablando de las “inmundicias y suciedades ordinarias” que manchaban unas camisas tendidas al sol tras noches de desfogue sexual. Luis de Góngora (Córdoba, 1561-1627), el padre del sofisticado culteranismo, narrando cómo el inquisidor Alonso Jiménez de Reynoso, para beneficiarse cómodamente a doña María de Lara, mandó abrir un boquete en una muralla “de nueve pies de ancho”. Este es parte del contenido de las cinco páginas manuscritas por el célebre literato, halladas por la hispanista Amelia de Paz, y que han sido presentadas hoy en la Biblioteca Nacional como la gran joya de una exposición dedicada al autor de Soledades.
Desde el siglo XIX no se hallaba un manuscrito gongorino de semejante peso. El poeta Dámaso Alonso encontró dos renglones con los que el poeta apostilló de su mano una carta dictada. Pero el hallazgo anunciado en la inauguración de la muestra Góngora. La estrella inextinguible. Magnitud estética y universo contemporáneo, organizada por Acción Cultural Española, supondrá un cambio en la forma en que vemos a este clásico.
“La visión que tenemos en España de Góngora es la de un clérigo serio, severo… la del cuadro de Velázquez”, señala por teléfono la hispanista y advierte que, aunque todavía es pronto para establecer conclusiones, este manuscrito mostraría un Góngora más desenfadado y burlón.
De Paz estudiaba el contexto social de Góngora cuando, revisando la sección de la Inquisición de Córdoba en el Archivo Histórico Nacional, dio con las cinco páginas manuscritas a doble cara. “Ha sido un hallazgo totalmente involuntario”. El texto es una acusación de Góngora contra un inquisidor, su antiguo amigo Alonso Jiménez de Reynoso. El porqué de dicho ataque permanece en el misterio: “Góngora y Reynoso habían sido amigos y por alguna rencilla, creo sobre el padre de Góngora, se enfadaron”, explica De Paz, quien prepara un libro sobre el disoluto inquisidor.



Primera página del manuscrito de Góngora  foto: Acción Cultural Española

El Santo Oficio tenía su propio sistema de control interno y enviaba a los diferentes tribunales inspectores (los inquisidores visitadores) que evaluaban la conducta del resto de inquisidores, algo así como el departamento de asuntos internos del que se habla en las series policiacas. Góngora aprovechó la visita de uno de esos inspectores para poner de hoja de perejil a su examigo Alonso, quien estaba amancebado con María de Lara, a quien había conocido en Granada y a quien llevó de ciudad en ciudad allá donde fue destinado. El inquisidor no solo mantenía una conducta tenida por inadecuada para un clérigo, sino que además –según Góngora– hizo obras en su nidito de amor “a costa del Rey”, o sea, malversó dinero.
Ese tipo de testimonios ante la Inquisición solían realizarse de manera oral, por eso el hecho de que exista este texto le añade valor. Góngora fue llamado a testificar por la mañana y alegó no acordarse de nada: “debo recorrer la memoria”. Luego, por la tarde, envió las cinco hojas manuscritas. “Llevó al inquisidor a su terreno, el de la lengua escrita”, señala la hispanista.
La acusación de Góngora (un personaje influyente en Córdoba, hijo de una conocida familia y racionero de la catedral, o sea, que se llevaba una parte de las rentas del templo) surtió efecto. “Consiguió quitarse de en medio a Reynoso porque puso en marcha su red de influencias. Reynoso fue sancionado. Lo suspendieron y lo trasladaron a otro tribunal, algo que en realidad fue un ascenso porque lo mandaron a Valladolid, que era una plaza más importante que Córdoba”, cuenta De Paz.
La hispanista quita importancia a la tórrida relación sexual entre el inquisidor y doña María de Lara, una relación “muy pública y escandalosa”, según Góngora. “Era el típico amancebamiento. Había un consentimiento grande, no solo por parte de la Inquisición, también por la parte de la gente. A poco que uno lea sobre el funcionamiento del Santo Oficio descubre que era más indulgente de lo que se suele creer”.
La memoria y la obra de Góngora fue la amalgama que catalizó a la Generación del 27. Para culminar el homenaje al poeta cordobés por el tercer centenario de su muerte, el 16 y 17 de diciembre de 1927 la vanguardia poética se reunió en Sevilla: José Bergamín, Juan Chabás, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti y, singularmente, Dámaso Alonso, quien realizó ediciones críticas y estudios, en especial sobre su segunda etapa, la denominada culterana, en la que la inteligibilidad de los textos se subordinaba al efectismo estético.
La exposición que acoge la Biblioteca Nacional repasa los más de 400 años de influencia de la obra gongorina en la literatura universal. Para ello se muestran centenares cuadros, manuscritos, grabados, dibujos, cartas, esculturas, instrumentos musicales, tapices, partituras, carteles, libros, y revistas.

"Pública y escandalosa"

Extracto del manuscrito de Góngora:

“Ýtem, e oýdo decir a Álualo de Vargas,paje que fue del dicho ynquisidor, como la dicha doña María era su amiga y entraba y salíade su casa muy de hordinario, y la tenía veinte y treinta días en un aposento alto que llaman de la Torre, donde la entraban por una escalera falsa que está en la principal, que sube a su quarto, y para tener correspondençia a su aposento hiço romper a costa del Rey la muralla de nueve pies en ancho,y el dicho Vargas la bio abrir y trabajar en ella como agora se puede ber por vista de ojos; y que quando el dicho ynquisidor dormía con la susodicha doña María lo echaba él de ver en quatro y seis camisas que había él mudado la noche y estaban tendidas a la mañana en el terrado para enjugallas del sudor, donde hallaba en las delanteras de las dichas camisas las inmundiçias y suciedades hordinarias de semejantes actos, como lo dirá el dicho Áluaro de Vargas”.

'Un adelantado a su tiempo'

Todos los hermosos caballos. Veinte años de un clásico estadounidense

 En mayo de 1992 Cormac McCarthy publicó All the Pretty Horses.  En ese momento, con 59 años de edad, era un autor desconocido. Hoy es candidato para el Nobel y uno de los novelistas favoritos de Hollywood. ¿Por qué esta novela le abrió McCarthy a un público masivo? Y ¿Qué significa esta novela hoy, a veinte años de su edición?

Cormac McCarthy versión en blanco y negro de sus 59 años
Cormac McCarthy versión  actualizada y en colores. foto:archivo. fuente: Revista Ñ

Hace 20 años este mes se publicó en los Estados Unidos la novela Todos los hermosos caballos (All the Pretty Horses) de Cormac McCarthy. McCarthy era un autor totalmente marginal. Tenía 59 años de edad y había publicado cinco novelas pero ninguna de ellas había vendido más de 5.000 ejemplares. Era lo que se llama “un escritor de escritores.” Hoy en día, con 79 años de edad McCarthy es considerado un tesoro viviente de las letras estadounidenses. Ha ganado los premios más importantes de su país para un autor de ficción. Además, es un favorito de Hollywood. La adaptación de su novela No es país para viejos por los hermanos Cohen, por ejemplo, ganó un Oscar por mejor película en el 2007. Este año un guión original de McCarthy será filmado por Ridley Scott. Sólo se le esquiva el Nobel, para el cual es un firme candidato. Pero el punto de infección en la carrera de McCarthy fue Todos los hermosos caballos.

El 19 de abril de 1992 salió un largo perfil de Cormac McCarthy en la revista del domingo de The New York Times. Parecía mentira. Según la nota uno de los autores más importantes de los Estados Unidos era un desconocido, casi ermitaño –apenas leído— que vivía en El Paso, Texas. Un hijo literario de Herman Melville y William Faulkner, nunca había dado una entrevista en su vida. Cortaba su propio pelo. Había dejado de beber hace unos diez años. Escribía sus libros con una Olivetti manual en hoteles de mala muerte. Le interesaba más la ciencia que la literatura pero su gran ambición –por más que no lo declarara directamente- era ser el gran escritor del mito del suroeste de los Estados Unidos. Próximamente se publicaba una nueva novela con un curioso titulo que contaba la odisea de dos adolescentes tejanos en 1950 que viajan a México a caballo. Parecía mentira. O sino, una operación mediática.

Aunque no había sido premeditado, el éxito de McCarthy se debió a esta curiosa circunstancia: que era un autor nuevo, pero viejo. Que era un novelista que era una novedad absoluta, pero con una importante obra ya escrita. Todos los hermosos caballos es una bisagra en su carrera porque trata de todas sus obsesiones, pero en una forma menos cruda que sus previos libros: la violencia; el desarraigo del hombre por el avance de la civilización altamente tecnológica; la naturaleza de la maldad; la relación entre los hombres y los animales; el arquetipo del viaje hacía lo desconocido. Y marcó el camino para las novelas de la segunda etapa de su vida, incluyendo La Carretera, que ganó un Pulitzer en el 2007.

El mejor homenaje que puede recibir un artista es de otro artista, no de un académico o crítico profesional. En un programa de radio de ciencia en abril del año pasado de la cadena estadounidense NPR, Cormac McCarthy estuvo reunido con el cineasta alemán Werner Herzog para hablar sobre las conexiones entre la ciencia y el arte. Al fin de ese programa Herzog se adueño del micrófono y se puso a leer de las últimas páginas de Todos los hermosos caballos. Antes de leer, Herzog dijo de McCarthy: “Inventa paisajes enteros. Inventa caballos, los describe de una manera que nunca hemos visto antes. Por mera declaración, Cormac McCarthy crea paisajes enteramente nuevos que han sido desconocidos para nosotros; aunque pareciera haber existido, como Faulkner inventó y describió es sur profundo; o como Joseph Conrad describió las junglas y los misterios… No hay nada mejor. Y por décadas no hemos tenido un  lenguaje como este en la literatura americana.”

La Embajada de España en China veta a dos autores españoles

El embajador rehusó ceder el Cervantes para no enojar al Gobierno local

Heriberto Araújo y Juan Pablo Cardenal. foto.fuente:elmundo.es

La Embajada española en Pekín ha decidido vetar la presentación de un libro de dos autores españoles, impidiendo que tuviera lugar en su sede diplomática o en el Instituto Cervantes de la capital china. La obra, 'La silenciosa conquista china', de los periodistas Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo Rodríguez, será finalmente acogida por la embajada de México, el próximo 7 de junio.
El libro, que relata los efectos de la diáspora china en el mundo, va por su quinta edición en España y está siendo traducido a otros cinco idiomas. Los autores pretendían realizar su presentación china en el Instituto Cervantes, siguiendo el ejemplo de otros autores españoles y latinoamericanos. "El embajador [Eugenio Bregolat Obiols] nos dijo que hacerlo podría enfadar al Gobierno chino. Llegados a un momento de la conversación, le pregunté si había leído el libro", explica Araújo sobre la reunión que mantuvo en la embajada el pasado 25 de abril. "Su respuesta fue que no lo había hecho".
España ha llevado la política de distanciar Derechos Humanos e intereses comerciales o diplomáticos más lejos que la mayoría de democracias occidentales. La estrategia, seguida indistintamente por los gobiernos socialistas y populares, ha llevado a los ocupantes de Moncloa a evitar entrevistarse con el Dalai Lama para no enojar a Pekín o a ponerse al frente de sucesivas campañas diplomáticas a favor del levantamiento del embargo de armas impuesto tras la masacre de Tiananmen de 1989. España sigue siendo, a pesar de ello, uno de los países de la Unión Europea con mayor déficit comercial con China.
Cardenal: "Nuestra investigación requirió dos años, incluyó un trabajo de campo por 25 países y 500 entrevistas. Quizá lo que nos faltó para tener su beneplácito fue hacerle el caldo gordo a la mayor dictadura del planeta"
La embajada ha negado a elmundo.es que el veto a los escritores españoles estuviera motivado por la censura. "Teniendo en cuenta que el libro no ha sido publicado en China continental, el Instituto Cervantes no consideró oportuna la presentación del mismo en el centro de Pekín, y así fue transmitido por el embajador", según María Llinares Sanjuán, consejera de información.
El Instituto Cervantes ha presentado en el pasado otros libros sobre China que no iban a ser distribuidos en el país asiático, como fue el caso de 'Amarillo pasión', un ensayo escrito por José Luis García-Tapia, ex consejero económico y comercial de España en Hong Kong. También se han presentado obras de temática no relacionadas con el país asiático, incluida la novela 'Hienas en la niebla', del escritor peruano Juan Morillo Ganoza. "Creemos que hay una causa ideológica detrás de la decisión del embajador de vetar la presentación del libro. Si se lo hubiera leído, habría entendido que un libro puede ser crítico y a la vez ser solvente. Nuestra investigación requirió dos años, incluyó un trabajo de campo por 25 países y 500 entrevistas. Quizá lo que nos faltó para tener su beneplácito fue hacerle el caldo gordo a la mayor dictadura del planeta", asegura Juan Pablo Cardenal, coautor del libro.
Los dos periodistas españoles, con una larga experiencia como corresponsales en China para diferentes medios, aseguran sentirse especialmente molestos por el hecho de que el embajador Bregolat les pidiera una audiencia privada para conocer de primera mano su trabajo de investigación, reunión a la que asistió la cúpula diplomática española. Poco después anunció su decisión de no permitir la presentación en la Embajada o en el Instituto Cervantes. "Queríamos darle difusión entre el público hispanohablante, porque muchos diplomáticos latinoamericanos en Pekín han seguido el proyecto de cerca. Funcionarios de países como Cuba o Ecuador, cuyos países deberían tener a priori una relación mucho más ideológica que España con China, nos han expresado su apoyo. Finalmente ha sido una de esas embajadas (México) la que nos ha abierto sus puertas para organizar la presentación", se lamenta Araújo.

Brizuela: "¿Por qué nos da vergüenza reconocer que alguna vez tuvimos miedo?"

El autor de Una misma noche, historia ambientada en la dictadura argentina galardonada con el Premio Alfaguara de novela 2012, habla sobre las trampas de la memoria y el comportamiento de los ciudadanos en momentos oscuros 

La novela de Lepoldo Brizuela está apuntalada sobre sucesos autobiográficos.foto.fuente: abc.es

Cuando Leopoldo Brizuela tenía 12 años, tocaba a Bach de memoria. Cuando en el invierno de 1976 o la primavera de 1977 la «patota», una patrulla militar argentina, entró en su casa y empezó a registrarla, siguió tocando el piano como quien se cubre los ojos para no ver lo que está pasando. Lo hizo hasta que el grupo se fue por donde había venido. Acto seguido, los mismos hombres asaltaron la casa contigua y secuestraron a su vecina. Nunca habló del tema con sus padres, presentes durante la «inspección».
El recuerdo de lo sucedido regresó a buscarle 30 años más tarde, cuando una pandilla de policías ladrones se coló de nuevo en la casa del vecino. El platense rebuscó en sus entrañas y construyó, a partir de las pesquisas de su memoria, un relato de ficción que le ha valido el Premio Alfagurara de novela 2012. «Una misma noche» no es una novela sobre la dictadura argentina», advierte el escritor, «sino sobre la memoria».
Recordaba los detalles de aquel suceso con cuentagotas, hasta que los puso sobre el papel. «La escritura tiene una potencia absoluta y fascinante para revivir los recuerdos», explica, «creo que la literatura está precisamente para eso, para ayudar a recordar a la comunidad». Y añade: «Me resulta difícil pensar qué habría hecho si no lo hubiese escrito, qué habría hecho para librarme de ello».
El argentino no lanza una mirada analítica desde el presente hacia el pasado, sino que trata de reconstruir el «universo mental» de sí mismo y de su entorno en el momento del registro. Dar un salto en el tiempo y abstraerse de toda la producción cultural (enciclopedias, testimonios, películas) en torno al régimen de Videla.
Leopoldo vuelve una y otra vez sobre los reportes de la memoria. Le interesa esa capacidad tan propia del ser humano de olvidar lo que no le interesa o le produce dolor. «La memoria es una entidad en constante mutación», explica, «que nos permite modificar nuestro propio pasado».

Víctimas y verdugos

El autor no juzga a sus personajes –inventados pero con un reconocido poso autobiográfico–, sino que les concede el beneficio de la duda en situaciones «oscuras». «Intento comprender qué pensaba cada uno, qué sabía y hasta qué punto podía decidir», señala. La sombra del colaboracionismo civil, activo o pasivo, es alargada en los regímenes autoritarios. Para Leopoldo, lo auténticamente «terrorífico» de la novela no es el asalto, sino el hecho de que Leonardo Bazán, su alter ego en la novela, «se encontrase frente a una dictadura que podía durar 40 años y simplemente eligiese una vida dentro de eso».
En su novela no hay culpables. Tampoco héroes. Trató de evitar los discursos épicos o victimistas de algunos supervivientes. «Cuando la gente habla de estos temas, resulta que todo el mundo fue valiente, resistió, salvó vidas... ¿Por qué nos da vergüenza reconocer que alguna vez tuvimos miedo?», se pregunta.
Leopoldo escribió «Una misma noche» entre las seis y media y las ocho de la mañana durante algo más de un año. «Eso te hace sentir tranquilo por el resto del día», sonríe. Trabaja encima de una cama, «en posición de buda», y escribe con papel y pluma: «Estoy convencido de que así pasan cosas distintas...». A las ocho de la mañana del pasado 26 de marzo, alguien llamó a su teléfono móvil. Era Rosa Montero, la presidenta del jurado del Premio Alfaguara de novela.
– ¿Quién habla?
– Cariño, ¡soy Rosa!
– ¿Qué Rosa...?

  Títulos recomendados para la Feria del Libro


V Encuentro de Escritores por la Tierra

Una cita que arrancó, hoy,  miércoles y se extenderá hasta el dos de junio en Tarragona, España

Ana María Matute, una de las invitadas de honor del Encuentro de Escritores por la Tierra, que se inicia este miércoles en Tarragona. foto:Efe.fuente:lavanguardia.com

Ernesto Cardenal, Raúl Arias, Manuel Vicent o Ana María Matute serán algunos de los participantes en el V Encuentro Escritores por la Tierra, una cita que arranca este miércoles y que se alargará hasta el 2 de junio en la ciudad de Tarragona. Se trata de un evento de gran prestigio, organizado por la Red Internacional Escritores por la Tierra (RIET), y que este 2012 coincide con la capitalidad de la cultura catalana de Tarragona, siendo un escenario propicio para poner de relieve el trabajo de análisis y reflexión de escritores, científicos, sociólogos, antropólogos, naturalistas y otros representantes del mundo social y cultural, referentes todos ellos a nivel mundial.
“Los muchos ponentes y participantes llenarán Tarragona de diálogo y, a través de los grupos de trabajo, la dotarán de un documento de futuro, el Manifiesto de Tarragona”, según ha explicado el presidente de la RIET, Ángel Juárez. Los grupos de trabajo serán tres; el primero se centrará sobre el impacto ambiental del turismo y de la industria, así como su difícil convivencia. El segundo grupo tratará la crisis económica y sus efectos sobre la sociedad, con la presencia destacada de Federico Mayor Zaragoza. El tercer y último equipo de trabajo abordará el presente y el futuro de patrimonio histórico de las ciudades, también amenazado en el actual contexto de penuria económica.
A lo largo de estos próximos días la ciudad de Tarragona contará con la presencia de personalidades bien destacadas a nivel mundial, especialmente en el campo de las letras. Así, el Encuentro de Escritores por la Tierra contará con Manuel Vicent y Ana María Matute como invitados de honor y, entre las decenas de ponentes, figuran Ernesto Cardenal -Premio Reina Sofía de Poesía 2012-, Raúl Arias, Forges o el alcalde salvadoreño Óscar Ortiz. A su vez, el programa incluye recitales del tenor Iván Borrás y cuatro exposiciones de temáticas y disciplinas diversas.
Música y muchos reconocimientos
Para cerrar el V Encuentro de Escritores por la Tierra habrá un concierto especial en el Teatre Metropol de Tarragona, en el que actuarán artistas de diferentes partes del mundo, incluyendo Costa Rica, Guinea Ecuatorial, Bolivia, Serbia y España. Según Ángel Juárez, “el evento situará a la ciudad en el lugar que le corresponde, culturalmente hablando” y destaca la posibilidad que tienen los ciudadanos de disfrutar de cuatro días llenos de actividades gratuitas y de todo tipo.  
La celebración del encuentro coincidirá con la entrega de los XVIII Premios Ones, que concede la Fundación Mediterránea, acto que tendrá lugar el viernes 1 de junio en el Palacio de Congresos de la ciudad. Se trata de unos galardones destinados a personas y entidades que trabajan en pro del medio ambiente, la cooperación y la solidaridad. En esta ocasión, entre los premiados, figuran la empresa Cator, el biólogo Ramon Folch o la periodista Mayte Carrasco.

29.5.12

Por un seno descubierto, vetan la más reciente edición de Arcadia en puntos de venta

Almacenes de cadena se niegan a vender Arcadia porque lleva en su portada un autorretrato de la artista francesa Orlan con el pecho parcialmente descubierto. Gloria Zea y Ana Piedad Jaramillo, directoras del Museo de Arte Moderno de Bogotá y del Museo de Antioquia, critican la medida

Portada de la edición 80 de Arcadia. Polémica que se ha despertado porque asoma un bonito seno. ¿Puritanismo tardío? ¿Secuelas de un consevadurismo doblemoralista cargado de censura? Juzguen lectores. foto.fuente:revistaarcadia.com


Llegan al Mambo en Bogotá y al Museo de Antioquia en Medellín dos exposiciones de la artista francesa Orlan. Su trabajo incluye imágenes controversiales, e incluso ha transmitido en directo las excéntricas cirugías plásticas a las que se ha sometido. Arcadia escogió para su portada un autorretrato en el que la artista sale envuelta en un manto blanco con un pecho parcialmente descubierto, una imagen realizada hace casi 30 años, que ha sido exhibida cientos de veces en los museos más importantes de todo el mundo.
A pesar de que la obra de la portada no tiene ninguno de los elementos chocantes del trabajo de la artista, Arcadia fue rechazada en Panamericana y en Carrefour. Los almacenes explicaron que las asociaciones de padres de familia han sido inclementes en la vigilancia de las imágenes que consideran inadecuadas para sus hijos, que se exhiben en los anaqueles de las cadenas. La reacción pone en evidencia la enorme distancia que aún separa el arte contemporáneo de los prejuicios de la sociedad.
Tanto Gloria Zea, directora del Museo de Arte Moderno en Bogotá, como Ana Piedad Jaramillo, directora del Museo de Antioquia en Medellín, dieron a conocer a este medio su opinión sobre la determinación tomada por los almacenes y sobre la obra de la artista.
“Es absolutamente ridículo –aseguró Zea–. Estamos en 2012, pero volvemos a los tiempos de la inquisición. La decisión es anticuada, cavernaria. La imagen de Arcadia fue justamente la que yo elegí para las invitaciones a la exposición y hasta ahora ha tenido una respuesta extraordinaria. Orlan ha sido un ícono, especialmente para los jóvenes, pues ha sido polémica, contestataria y ha tenido mucho éxito. Justamente lo que ella busca es escandalizar, su trabajo es así, y lo ha logrado”.
Por su parte, Ana Piedad Jaramillo le comentó a Arcadia: “Pienso que en la historia del arte ha habido obras mucho más fuertes y escandalosas. En la exposición, nosotros le advertimos al público que podrá encontrar imágenes inquietantes, pero cuyo único propósito es motivar una reflexión sobre el cuerpo. Orlan tiene una propuesta ética, social y política, incluso tiene un punto de vista frente a la salud, así que me llama la atención la forma en la que reaccionaron a la portada. Además, los museos están llenos de desnudos y a estos asisten miles de niños y colegios. ¿Qué pasará entonces con la Venus de Milo o La maja desnuda?

Baile con serpientes

Horacio Castellanos Moya merece el título de Jim Thompson hispano

Horacio Castellanos Moya, en Barcelona, en 2011. foto: Antonio Moreno. fuente:elmundo.es

Cosas de la edición de nuestros días. Tan confusa como contemporánea. Y controvertida. Tan lejos y tan cerca, pero alejados en realidad. Aparece ahora en España esta novela, 'Baile con serpientes', de Horacio Castellanos Moya, y lo hace en Tusquets, aunque la novela vio la luz en 1996. Más vale tarde que nunca. Sobre todo porque, tras su acelerada e irrefrenable lectura, una no puede más que ratificar violentamente las palabras de un grande, 'San Eduardo Mendoza', sobre este hondureño criado en El Salvador aunque ciudadano de Ciudad de México: "Uno de los escritores más interesantes del panorama literario en español". Pues eso. Violentamente. No hay otra forma de hacerlo.
No en vano el gran Horacio Castellanos Moya apunta (y lo hace literalmente, ¡cuidado!) maneras para merecer el honroso título de Jim Thompson de lo 'negroide' hispano. Míster Jaimito Thompson, nuestro güey. Anfetamínico y hasta las trancas de guifiti 'garrafonero'. Un tipo que, por sí solo, contiene todo un 'boom' de lo negrocriminal. El 'boom' emergido de una bomba de neutrones que deja a su paso un sangriento reguero de lectores degollados, pero más que satisfechos y encantados con la milagrosa posibilidad de que la estricnina, por fin, se dosifique en poco más de 170 páginas.
Lleva Castellanos Moya la violencia de todo un continente, la cual no es poca, pegada a los dedos entintados con que escribe sus feroces historiadas. Siete de sus 10 novelas han aparecido en Tusquets en lo que va de milenio. Sin embargo, el desconocimiento casi generalizado de su obra habla (a gritos) del estado de la cuestión de este país 'desenbankiado'. Somos tontos. Seguimos siendo tontos y así continuaremos, felices en mitad de la estulticia, mientras no nos entre en la cabeza que los grandes narradores de hoy en día son lobos esteparios, periféricos y ajenos al 'marketing' que impone la infeliz mercadería. Basta con asomarse, durante unas líneas, no más, a su prosa implacable para saber que aquí desenfunda, desde lo más profundo de las pesadillas centroamericanas, un escritor de raza. ¡Líricos, sentimentaloides y metafísicos, abstenerse!
Necesitaba un trago, con urgencia, aunque fuera un six de cervezas. Salí del auto. Dentro de poco, el atardecer comenzaría a insinuarse con sus anaranjados tenues. Caminé hacia el terreno baldío para salir a la calle. Pero me entraron unas súbitas ganas de cagar. Decidí mejor enfilar hacia la barda de atrás de la huevera, de la que estábamos más cerca y colindaba con la barranca. Estaba acurrucado, distraído, disfrutando de la defecación, cuando percibí una presencia a mis espaldas. Me volví. Era Loli, quien serpenteaba tranquilamente hacia mí. Sentí vergüenza de que me viera en esas condiciones.

Lejos del corazón salvaje

 Sólo para mujeres reúne las columnas escritas con seudónimo por Clarice Lispector para periódicos de Río de Janeiro

Clarice Lispector tenía una visión de lo cotidiano, más allá de lo denominado femenino y que apunta más al universalismo del ser humano. foto.fuente: Revista Ñ


En 1959 Clarice Lispector se separó de su marido, el diplomático Maury Gurguel Valente, con quien había vivido en el exterior durante casi dieciséis años. Regresó a Brasil con sus dos hijos: no tenía casa ni trabajo. Como le resultaba imposible vivir de la literatura, se dedicó a buscar colaboraciones en los periódicos de Río de Janeiro. Consiguió una columna en el Correo da Manha, “Correo femenino-Diario de utilidades”, que firmaba como Helen Palmer, y otra en el Diário da Noite, “Sólo para mujeres”, que firmaba como la famosa actriz y modelo Ilka Soares. Ya había tenido una experiencia similar en Comício, en 1952. Publicó la primera entre 1959 y 1961, y la segunda desde 1960 a 1961. Ambas columnas apuntaban al público que hoy en día siguen imaginando las revistas femeninas: mujeres cuya preocupación principal oscila entre la cosmética, la moda y el hogar. Según cuenta Nádia Battela Gotlib en Clarice. Una vida que se cuenta , es probable que durante este periodo Lispector haya también escrito para el departamento de publicidad de Pond’s. Lejos (lejísimo) de las discusiones que se han dado a lo largo del siglo XX en torno a lo femenino y el feminismo, la editorial Siruela reunió estos textos y los publicó en un volumen con el título Sólo para mujeres . Primer problema: este libro no es un libro, a pesar de su bella encuadernación y su papel suntuoso. Segundo problema: este libro no lo escribió Clarice Lispector.
Hay una razón por la cual Lispector publicó estas columnas bajo seudónimo, más allá de los pedidos específicos de sus editores de turno y del márketing: la voz (si es que podemos llamarla voz) que aparece allí no es la suya. Los temas que se tocan en estos textos no son los de la escritora, que más tarde se probó como una cronista excepcional y sensible, cuando publicó sus columnas semanales en el Jornal do Brasil, ahora sí firmadas con su nombre verdadero. En Sólo para mujeres hay recetas de cocina y de cuidado personal, soluciones a problemas domésticos, consejos sentimentales, apreciaciones machistas por doquier: “La mujer casada prefiere quedarse en casa, cuidando del hogar y de los suyos”. Algunos de los títulos son “Para que lo lea tu marido”, “Mascarilla de tomate”, “Transpiración en los pies”, “La necesidad de dieta”: es como si los hubiese escrito la Betty Draper de las primeras temporadas de Mad Men . Lispector hace su trabajo y cumple amoldándose a un discurso sobre lo femenino que ella no comparte. No hay nada de lo anómalo que suelen tener los cuentos y las novelas –incluso las crónicas– de una las voces más interesantes de la literatura brasileña.
Al tedioso conjunto de columnas (leer una es leer todas) lo acompaña un irritante epílogo a cargo de Aparecida Maria Nunes, que intenta sacar agua de donde no la hay. Los esfuerzos de Nunes por demostrar que hay elementos literarios en estos textos son enormes, pero infructuosos, porque no convencen a nadie. Dice que Lispector intentó “iniciar a sus lectoras en la esfera embriagadora de lo cotidiano”, como si tal cosa existiera. En realidad, Lispector había vivido muchos años en Estados Unidos y conocía al dedillo la retórica de revistas como Vogue.
En la contratapa leemos que “la escritora nos muestra que, a pesar de las conquistas actuales de la mujer, la esencia femenina permanece siempre igual”. Mejor dicho: a las mujeres de hoy y de siempre, por naturaleza, sólo les interesa ser coquetas, vestirse bien y que sus maridos estén contentos. El segundo sexo de Simone de Beauvoir se publicó en 1949. ¿Es posible que los editores de Sólo para mujeres se hayan perdido esta novedad?

¿Por qué Italia?

El editor que rescató a Italo Svevo para los españoles saluda el protagonismo de la literatura italiana en la Feria del Libro de Madrid

Cesare Pavese, autor italiano, hoy, considerado un clásico contemporáneo.foto.fuente:elmundo.es

Parafraseo el título del excelente libro de la helenista francesa Jacqueline de Romilly, '¿Por qué Grecia?', en el que explica las razones de la influencia permanente de la cultura griega en el mundo. Aunque hoy Grecia es noticia por motivos menos felices, la cultura griega clásica nos sigue fascinando y su influencia en nuestras vidas es felizmente omnipresente.
En estos días se celebra la Feria del Libro de Madrid, una verdadera fiesta del libro, visitada cada año por muchos cientos de miles de personas, como si se tratara de un espectáculo deportivo de masas: por unos días, en Madrid los libros compiten con éxito con la televisión, de la que Marsé ha dicho con acertada ironía que es el verdadero Ministerio de Cultura en España. Esperemos, por cierto, que el Gobierno, en cuanto pase lo peor de la crisis, recupere el genuino Ministerio, que no debió suprimir, en un país que es, ante todo, una cultura, y que cuenta con una industria cultural tan importante, en todos los sentidos.
Italia es este año el país invitado de la Feria del Libro de Madrid. ¿Por qué Italia? Italia es una de las grandes literaturas europeas que aún no había sido invitada en la gran fiesta del Retiro. Un país que merece ser considerado Patrimonio de la Humanidad (por algo ostenta el primer lugar en la lista de la UNESCO como país con más lugares que tienen tal consideración, seguida de cerca, por cierto, por España). Su influencia cultural desde la antigüedad es comparable a la griega: ambas culturas conformaron Occidente. Después vivió su fructífera Edad Media, fue cuna del Renacimiento y hasta hoy, Italia ha seguido produciendo un arte y una literatura incomparables, orlada de nombres que merecen veneración. Tras la unificación se produce en Italia un portentoso período literario, entre finales del siglo XIX y principios del XX, que alumbra a los 'scapigliati' Tarchetti y Dossi, a Verga, Svevo, Pirandello...
Albert Camus escribió en una ocasión que para él, España Francia e Italia eran, en un cierto sentido, un mismo país
Durante el siglo XX, Italia sigue generando una literatura y un cine magistrales, ajenos a la inestabilidad política, y da lugar a una fabulosa generación tras la segunda guerra mundial que arranca con el neorrealismo: Vittorini, Pratolini, Morante, Bassani y Brancati, para seguir con nombres del calibre de Pavese, Cassola, Malerba, Calvino, Sciascia, Buzzati, Tabucchi o Magris, por nombrar a algunos de los mejores.
Albert Camus escribió en una ocasión que para él, España Francia e Italia eran, en un cierto sentido, un mismo país. Uno suscribe plenamente esa afirmación, que merece ser objeto de análisis profundo en un contexto como el actual: tratemos de aglutinar, buscar raíces comunes en lugar de buscar diferencias. Y sin embargo la grandeza de la cultura italiana y la proximidad geográfica social y cultural entre España e Italia no siempre se ha reflejado en un conocimiento mutuo entre nuestros dos países. Desde la Revolución Industrial, la cultura sajona ha dominado el mundo y junto a la gran influencia intelectual francesa de los dos últimos siglos, ello se reflejó en la abundante traducción al español de autores franceses y sajones, pero relativamente pocos italianos.
Es cierto también que Italia ha sufrido desde su unificación una inestabilidad política que ha podido mermar su influencia intelectual en el mundo. Pero nada de esto justifica el desconocimiento de su extraordinaria cultura, de su maravillosa literatura, ni lo escaso de la atención que se le ha prestado en España.
Esto es algo que ha tenido su reflejo en el mundo editorial. Desde los años 70, ha habido en España esfuerzos encomiables por dar a conocer lo mejor de la literatura italiana: sellos como Bruguera, Seix Barral, Tusquets, Anagrama o Siruela abrieron caminos que otros hemos continuado. No importa quien lo haga, lo importante es que se publique la gran literatura italiana, entendiendo por ello lo que generalmente se aleja del ruido, la fama efímera o la actualidad inmediata y nos deja lo mejor, lo grande, ese elenco de autores cuya lectura realmente nos hace mejores y nos ayuda a conocer el mundo y a nosotros mismos, de los que Italia cuenta con muchos. La mayoría, por cierto, y como suele ocurrir, no son los que más suenan en estos días. Es un mal de nuestro tiempo el frecuente éxito de lo trivial, también en literatura, y el olvido de lo sublime, de lo que realmente vale la pena, y no menos en el caso de la literatura italiana.
Recomiendo, a manera de ejemplo, dos grandes novelas cuya traducción española hubo de esperar más de un siglo y que han pasado desapercibidas pese a merecer figurar entre las grandes de la literatura: los 'Cuadernos de Serafino Gubbio', de Pirandello, y 'Eros', de Giovanni Verga. Son sólo dos ejemplos, cabría hablar de otros, pero viendo el olvido en el que caen obras tales nada más ser traducidas, hay que preguntarse dónde está la crítica literaria española, que a menudo presta atención a nimiedades.

[foto de la noticia]

Cuando a uno le preguntan, con frecuencia, por qué publica tanta literatura italiana, suele responder ¿y cómo no? Lo cierto es que la acogida, la difusión que tiene la gran literatura italiana no es generalmente la que merece y eso hace más costoso el esfuerzo, más incierto el resultado, más quijotesco el empeño, pero por eso mismo más necesario. Ojalá esto empiece a cambiar. Stendhal, gran amante de Italia, escribió en una ocasión: "Si se tiene sensibilidad y una camisa hay que vender la camisa para irse a Italia". Les aconsejo que vayan a Italia cuanto puedan y, entretanto, disfruten de su gran literatura, conózcanla, profundicen en ella, les dará mucho.

Consejos para titular una novela en diez tuits

El título de una novela es la mejor puerta de entrada de la historia. Muchas veces, el novelista pasa días, semanas o meses buscando ese título perfecto


El escritor Eduardo Mendoza y otros nueve escritores te dan 10 consejos para titular una novela, sintetizados en una decena de tuits. Mendoza, por ejemplo, recomienda leer las esquelas de los periódicos. Allí, dice, se encuentran buenas ideas. foto.fuente:elaviondepapel.tv


En otras ocasiones, le llega como un fogonazo. En la Feria del Libro de Madrid, preguntamos a 10 escritores qué consejo darían para titular una novela. Sus respuestas se pueden resumir en esta decena de tuits.
Escritores como Eduardo Mendoza, Lucía Etxebarría, Rosa Montero, Agustín Fernández Mallo, Juana Salabert, Javier Reverte, Inma Chacón, Luis Goytisolo o Clara Sánchez nos dan su mejor consejo de cómo titular una novela.
Mientras firmaban en la Feria del Libro de Madrid 2012, surgió esta serie de 10 tuits que sintetizaron sus recomendaciones, que compartimos en Twitter, bajo la etiqueta #comotitularnovelas.
1.- Eduardo Mendoza: Lee las esquelas de los periódicos, que dan muchas ideas. 
2.- Agustín Fernández Mallo: ¿Si el título es tan perfecto, para qué has escrito el libro? Pule un título que tenga que ver lo menos posible con el contenido. 
3.- Lucía Etxebarría: La mayoría de los títulos son cursis. Cuando estés desesperada, usa un verso como título. 
4.- Rosa Montero: Tiene que ser un título verdadero, que nazca de dentro de la novela. Este consejo me funciona. 
5.- Leopoldo Brizuela: Cuanto más voluminosa es la novela, más corto y vago debe ser el título, como Rojo y Negro, por ejemplo. 
6.- Juana Salabert: Termina la novela, pon fin y espera tres días. El título sale como un fogonazo. 
7.- Inma Chacón: El título debe ser evocador. Sintetiza la historia y tiene que ser simbólico. 
8.- Javier Reverte: Que el título de la novela te salga del alma. 
9.- Clara Sánchez: Lo mejor es ponerle a la novela el título de alguno de los capítulos. 
10.- Luis Goytisolo: El título siempre debe salir del interior de la novela, para entenderla sin saber aún de qué va.
 

28.5.12

Contra el mito de Andrés Caicedo

Este ensayo desmitifica a un ícono literario de Cali y de Colombia en la década de los 70

Andrés Caicedo, autor de ¡Qué viva la música!  foto: archivo. fuente:elespectador.com

Exposición de manuscritos y fotografías en la sala audiovisual de la Biblioteca Luis Ángel Arango; curaduría de Luis Ospina; extenso artículo de Sandro Romero en el número 126 de la revista El malpensante; reedición, esta vez en el sello Alfaguara, de ¡Que viva la música! La enumeración fácilmente podría superar las palabras de esta diatriba. Haciendo caso omiso a mi aspecto de buitre, pelear con los muertos no ocupa un renglón de mi agenda. Sin embargo, algo entre las bambalinas del boom caicediano siembra, cuando menos, sospechas. Quizá la cuestión radica en el manejo dado por los deudos a los despojos de los artistas, sean los huesos o las hojas dejadas en una gaveta. Trátese de la viuda de Roberto Bolaño, la de Borges o los albaceas de contra quien va dirigido este texto, para el caso da igual, los herederos transforman el legado del difunto en una marca de moda, en el seductor clic de máquinas registradoras.
A pesar suyo, mas gracias a sus pocos buenos amigos, Andrés Caicedo pasó de malogrado escritor y prematuro suicida —¿cuál no lo es?— a estandarte de una generación que a punto estuvo de darles un vuelco a las instituciones sociales, pero a la postre resultó acomodada en la burocracia antes blanco de escupitajos y pedradas. Sobre el caleño se ha dicho mucho, la mayor parte de lo cual no resiste un examen minucioso, como a menudo sucede con las leyendas mediáticas. Por ejemplo, la diadema de inventor de la narrativa urbana en Colombia ciñe la melenuda testa del creador de Ojo al cine. Sus personajes, dicen los misarios de la liturgia caicediana, están desgarrados por la disyuntiva de aquello que de ellos se espera y sus reales ambiciones. O el socorrido mantra de intelectuales de naricilla respingada y calculada marginalidad: por fin alguien le dio respiración boca a boca a la momificada novela de esta esquina del continente.
A lo anterior, contesto en orden: Cali es apenas la escenografía de los relatos del cinéfilo, no su núcleo. El Madrid de la posguerra es el centro discursivo de La colmena; Bogotá, al menos la maltrecha red vial, es la médula de Ciudad Baabel; el D.F. es la nuez de La región más transparente. La urbe deja de ser escenario y cobra la dimensión de personaje principal cuando los pequeños dramas de los habitantes pasan a un segundo plano y sirven de pretexto para captar las vibraciones del fenómeno citadino. Nada de eso ocurre en los libros de Caicedo.
Segundo, la desazón existencial de los jóvenes de los años maravillosos, y utilizo la cursiva en una expresión que adquirió con el tiempo ropaje de cliché, es el resultado, entre otras cosas, del triunfo de un modelo socioeconómico basado en la producción y el consumo, y de las secuelas de la conflagración europea de los cuarenta. Eso en la cuna del rock: Inglaterra y EE.UU. En Colombia el diagnóstico es completado por las cientos de matanzas elevadas a la categoría de guerra por nuestra proverbial costumbre de creer que cambiándole de rótulo el problema pierde virulencia. Con esas coordenadas, entendemos de dónde viene la angustia sin matices no sólo de Andrés sino de un no menor número de artistas coetáneos. Además, la declaración de la juventud como umbral de una muerte digna, amén de típica bravata adolescente es un pastiche de la afirmación del personaje de un filme de Nicholas Ray y del famoso aparte de una canción de The Who. La canonización del muerto por propia mano es una estupidez sólo comparable con su total defenestración. El suicidio no mejora la obra ni la enturbia.
Tercero, la salud de la novela colombiana del siglo XX es envidiable. Además del fenómeno García Márquez, del ecuador de la centuria hasta los ochenta proliferan trabajos de registros interesantes. Baste mencionar los nombres de Fanny Buitrago, Gustavo Álvarez Gardeazábal, Umberto Valverde, Germán Espinoza y Óscar Collazos. En síntesis, Caicedo merece un puesto en los manuales de literatura colombiana —no un capítulo ni una nota pie de página; ojalá un párrafo no escrito por Sandro Romero—, pero lejos está de ser el ábrete sésamo de una tradición valiosa incluso si de él prescindiera.
Así como el destino de Bolívar es eficaz metáfora de la suerte de América Latina —cada quien usa a su antojo la proclamas del prócer, desde el bufón de Chávez hasta los no menos risibles patriarcas del conservadurismo—, Andrés Caicedo ilustra el saldo de los sesenta en Colombia. Lectura obligada en colegios y universidades, santón de una hornada de angelitos con el destino reluciente de Master Card, ícono vendido a cuentagotas pero con pulso firme, rebelde bien visto por el establecimiento literario, alma y nervio del interesante y ya vetusto Caliwood, Caicedo, al menos su póstuma celebridad, es el fruto de una cruzada publicitaria de familiares y amigos. A fin de cuentas, el anzuelo propagandístico en torno a su silueta consiste en asimilarla con un contexto histórico de utopía y drogas. De esa forma, como por arte de magia, la alusión al nombre de Caicedo de inmediato conduce a la época en la cual Ricardo Ray no era un nostálgico pastor protestante y la delincuencia tenía el rostro de James Dean y no el de un pistolero narcotizado.
Una facción de herejes propuso una interesante variación de la doctrina oficial del cristianismo: Jesucristo es la creación suprema de Pablo de Tarso. Aprovechando el cese de actividades del Santo Oficio, concluyo con una parodia de la sacrílega tesis: Andrés Caicedo es tal vez la mejor invención de la mente de Sandro Romero y, en menor medida, de la de Luis Ospina. De hecho, el asunto traspone los umbrales del chiste. El paralelismo entre Pablo de Tarso y Sandro Romero merece el calificativo de sorprendente. Ninguno conoció en persona a Cristo o a Caicedo, no obstante escribieron hasta la extenuación sobre el uno, el primero, o el otro, el segundo. Sin el denuedo apostólico de Pablo y Sandro, Jesús habría sido un sedicioso más, crucificado por los romanos, y Andrés, otro joven burgués con veleidades de genio a quien se le fue la mano con la dosis de calmantes.

La poesía cristiano-marxista de Ernesto Cardenal

Poesía de la A la Z

Ernesto Cardenal poeta nicaragüense, galardonado con el Premio Reina Sofia de Poesía Iberoamericana. foto:archivo.fuente:revistadeletras.net.

El poeta nicaragüense Ernesto Cardenal ha sido recientemente galardonado con el premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, rompiendo en esta XXI edición con la ya tradicional costumbre de alternar el homenaje entre un poeta español y otro hispanoamericano -el pasado año lo recibió la escritora cubana Fina García Marruz- hecho que no se repetía desde que en 1995 y 1996 los recibieran José Hierro y Ángel González  respectivamente.
El premio Reina Sofía con el que la Universidad de Salamanca y el Patrimonio Nacional reconocen “la obra literaria de un autor vivo que por su valor supone una aportación importante al patrimonio cultural de Iberoamérica y España”, según reza en sus bases, cuenta entre sus laureados con nombres como Claudio Rodríguez, José Ángel Valente, Mario Benedetti, Pere Gimferrer, Nicanor Parra o Francisco Brines a los que ahora hay que añadir el nombre de Ernesto Cardenal.
No es la primera vez que el escritor recibe un premio de este nivel si bien, en opinión de muchos, su obra no ha recibido hasta el momento el reconocimiento que merece. Aunque ganador en 1965 del Rubén Darío, máximo galardón de las letras nicaragüenses; nominado en 2005 al Nobel de Literatura -escritores como Sábato y Delibes apoyaron esta nominación- o finalista del Cervantes, el propio escritor ha confesado recientemente en una entrevista concedida al periódico ABC que en 2009, año en que se le entregó el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en Chile, se jactó de “ser el poeta menos premiado de la lengua castellana”.
El escritor Jaime Siles, miembro del jurado, comentó, tras hacerse público el fallo del certamen, que el nombre de Ernesto Cardenal faltaba en ese premio pues “es un poeta de una obra muy amplia y un gran traductor de los clásicos. Ha sido todo un símbolo de un momento histórico, cuya calidad ha sido hoy reconocida”.
Este galardón supone un reconocimiento no sólo al escritor sino a una de las figuras más emblemáticas de la lucha por la igualdad de los hombres y por la libertad del individuo en Hispanoamérica; su poesía, con un lenguaje cercano y coloquial, sencillo y claro, universal y directo, pero sobre todo muy valiente, ha servido para llevar a  todas partes su mensaje social y su propia visión del mundo. A través de ella percibimos una figura de gran calidad humana y firme compromiso ético, desvelándose al mismo tiempo un autor que ha sabido conjugar a través del lenguaje, como en la propia vida, las que ha considerado sus tres pasiones: poesía, Dios y  revolución, en ese orden.
Artista polifacético, escultor, sacerdote, político, teólogo, traductor,  escritor, y revolucionario, como él mismo se define ante todo, ha recibido otros reconocimientos a su trayectoria personal y compromiso vital como el Premio de la Paz de la R. F. de Alemania, el Premio por la Paz de la Asociación de las Naciones Unidas, en España, o la Orden José Martí, la mayor distinción que concede el Estado cubano; ha sido investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Granada (España), la Universidad Nacional de Costa Rica, la Universidad Autónoma Latinoamericana de Colombia y la Universidad Veracruzana de México, en reconocimiento a sus aportaciones a las letras universales. La IX edición del Festival  Internacional de Poesía, que tendrá lugar en el 2013 en la colonial ciudad de Granada, en Nicaragua, estará dedicada a este escritor. Así mismo  ejerce el cargo de Presidente Honorífico en varias instituciones como, por ejemplo, la Red Internacional de Escritores por la Tierra (RIET). Finalmente, es desde el 2010 miembro de la Academia Mexicana de Lengua.
Para comprender en toda su extensión la poesía del escritor nicaragüense y la concesión de este premio es imprescindible hacer un breve repaso de algunos acontecimientos de su vida que han sido determinantes en su obra y que se han visto de una u otra forma reflejados en ella.


Ernesto Cardenal (foto: dipity.com)

Ernesto Cardenal Martínez nace en Granada (Nicaragua) en 1925, en el seno de una acomodado familia burguesa lo que le permitió estudiar en colegios religiosos de su país, primero, y posteriormente continuar su formación en el extranjero, Filosofía y Letras en México y Doctorado de Literatura Inglesa en Nueva York, así como viajar por España, Francia, Italia y Suiza. Aficionado desde muy joven a la poesía escribe su primer poema con tan sólo siete años y las primeras publicaciones verán la luz en revistas mejicanas de los años 40.
En 1950, tras viajar por Europa, vuelve a Nicaragua y se involucra en política –aunque siempre se haya considerado un revolucionario y no un político- en contra de la dictadura de Somoza lo que le lleva a participar en el asalto al Palacio Presidencial en la revolución de abril del 54; a partir de ese momento el escritor continuará defendiendo  la causa como miembro destacado del  Frente Sandinista de Liberación.
Tras el fracasado golpe de estado en el que mueren varios amigos y compañeros, se retira a un monasterio trapense en Kentucky bajo la guía espiritual de su maestro y mentor Thomas Merton, monje poeta y autor exitoso, cuya influencia fue fundamental para el escritor pues de su mano descubrirá un nuevo modo de pensar basado en que la contemplación no se sitúa fuera del mundo sino en y por el mundo y lo contemplativo no debe de ningún modo ser ajeno a los problemas sociales y políticos;  esta máxima que marcará su vida de ahora en adelante se sitúa muy próximo al socialismo más radical. Así, en palabras de Cardenal, el descubrimiento de Dios lo llevó a descubrir la revolución.
En 1959 abandona Kentucky y se traslada a México para cursar estudios de Teología que culminan con su ordenación como sacerdote en 1965.


Pintura primitivista en la que aparece Ernesto Cardenal con unos campesinos en su comuna de Solentiname (propiedad de Alejandra Crespo)

Se retira entonces a una isla de Solentiname (un pequeño archipiélago en el lago de Nicaragua, comprado por Cardenal en 1959 y posteriormente cedido a la APDS (Asociación para el Desarrollo de Solentiname) donde, acorde con la doctrina trapense, funda una comunidad religiosa, agrícola, artística y contemplativa -pero  guerrillera- muy similar a las primitivas comunidades cristianas en su ideario y en su funcionamiento. Constituida principalmente por campesinos y artistas locales, que implantaron un sistema de cooperativa, pronto comenzó a recibir visitantes del exterior por lo que se construyó una casa de huéspedes además de una biblioteca (el nombre Solentiname proviene del náhuatl Celentinametl, que significa “lugar de muchos huéspedes”, “lugar de descanso” o “lugar de hospedaje”). Fue fundamental para el desarrollo de la comuna el fomento del arte como forma espiritual de acercamiento a Dios, promoviendo la pintura primitivista (pintura de los pueblos aborígenes de la zona que no poseían conocimiento teórico de arte) que será conocida con el tiempo en todo el mundo, así como la escultura y la poesía. Pronto, esta pequeña agrupación se constituirá en un importante foco de la revolución de la vida cultural y religiosa iberoamericana.
Pero Solentiname fue algo más; durante esta etapa Cardenal adquiere una mayor relevancia en su papel social y, desde la religión, retoma su actitud políticamente activa sirviéndose de las asambleas y reuniones en las que instruye a los asistentes no sólo en aspectos religiosos o espirituales sino también sociales y políticos, analizando la situación social desde presupuestos marxistas, mediante la lectura compaginada de textos del evangelio con otros de figuras relevantes como Marx, Fidel Castro o Mao Tse Tung. De su estancia y actividades en la isla deja constancia una de sus obras más conocidas que lleva por título El evangelio en Solentiname.
Pero pese a la fundación de esta comunidad de carácter social, no  fue hasta 1970, durante un viaje a Cuba, cuando  realmente descubre  el marxismo como único camino para la verdadera transformación social lo que, siendo sacerdote como era, supuso un problema de conciencia pues ambas doctrinas parece que debieran funcionar separadas. La respuesta personal a esta disyuntiva se le reveló a través de los postulados de la Teología de la Liberación, a la que pronto se adhirió – y de la que llegó a ser uno de los máximos representantes y defensores- pues en ella entendió verdaderamente que marxismo y fe no son incompatibles y que es posible una revolución social desde una postura cristiana, aunque ajena al catolicismo que defiende la Iglesia de Roma.
En su obra Lo que fue Solentiname: Carta al pueblo de Nicaragua el cura guerrero lo relata así:
Llegué con otros dos compañeros hace doce años a Solentiname para fundar allí una pequeña comunidad contemplativa. Contemplación quiere decir unión con Dios. Pronto nos dimos cuenta que esa unión con Dios nos llevaba en primer lugar a la unión con los campesinos, muy pobres y abandonados, que vivían dispersos en las riberas del archipiélago. La contemplación también nos llevó después a un compromiso político: la contemplación nos llevó a la revolución; y así tenía que ser, si no, hubiera sido falsa. Mi antiguo maestro de novicios Thomas Merton, inspirador y director espiritual de esa fundación, me había dicho que en América Latina el contemplativo no podía estar ajeno a las luchas políticas.
Al principio nosotros habíamos preferido una revolución con métodos de lucha no violenta (aunque sin desconocer el principio tradicional de la Iglesia de la guerra justa, y el derecho a la legítima defensa de los individuos y de los pueblos). Pero después nos fuimos dando cuenta que en Nicaragua actualmente la lucha no violenta no es practicable. Y el mismo Gandhi estaría de acuerdo con nosotros. En realidad, todo auténtico revolucionario prefiere la no violencia a la violencia; pero no siempre se tiene la libertad de escoger.
Lo que más nos radicalizó políticamente fue el Evangelio. Todos los domingos en la misa comentábamos con los campesinos en forma de diálogo el Evangelio, y ellos con admirable sencillez y profundidad teológica comenzaron a entender la esencia del mensaje evangélico: el anuncio del reino de Dios. Esto es: el establecimiento en la tierra de una sociedad justa, sin explotadores ni explotados, con todos los bienes en común, como la sociedad que vivieron los primeros cristianos”.
En esta primera etapa del lago se forja más si cabe el espíritu de rebeldía y lucha que habría de conjugar con una profunda defensa de la fe si bien no el sentido de fe impuesto desde el Vaticano al que consideraba tan tirano e indiferente ante los problemas de los más desfavorecidos como cualquier dictador político y cuya forma de entender la religión fue calificada recientemente por el artista como “una caricatura del cristianismo verdadero”.
Cuando el 19 de julio de 1979 triunfa la revolución,  Ernesto Cardenal es nombrado Ministro de Cultura de la Junta de Gobierno de Nicaragua, cargo que ocupará durante 8 años. Su labor al frente de este Ministerio fue fundamental para el pueblo nicaragüense pues supuso un esfuerzo sin precedentes por extender la cultura a todos los rincones del país y a todas las capas sociales, especialmente de zonas rurales, a través de numerosas campañas de alfabetización que lograron movilizar a la población que pronto, por propia iniciativa, comenzó a  fundar Casas de Cultura y crear Talleres de Poesía por toda la nación, en el firme convencimiento de que sólo un pueblo culto puede asegurar un futuro digno y construir una sociedad libre y justa. En palabras de Julio Cortázar  “se empujó la palabra cultura a la calle como si fuese un carrito de helados o de frutas”.
Cardenal siempre se mostró, por otro lado, muy crítico con la manipulación ideológica que a través de la cultura ejerció el régimen somozista, durante el cual, por ejemplo, era imposible encontrar algún tipo de lecturas que no fueran libros con las teorías marxistas. Sobre ello el propio Cardenal declararía que “más malo que no poder leer a Marx es tener que leer sólo a Marx”.


Ernesto Cardenal ante Juan Pablo II (foto sin autoría)

De esa época como ministro data uno de los episodios más conocidos de su vida que lo llevó a enfrentarse  abiertamente  a la Iglesia de Roma cuando Juan Pablo II, a su llegada a Nicaragua en 1983, al pie del avión y ante las cámaras de todas las televisiones del mundo, reprendió y humilló al escritor (sacerdote católico) por apoyar la causa sandinista y mezclar la revolución política con la religión, una revolución con sacerdotes al frente, una revolución “cristiana”. En 1985 fue suspendido “a divinis” por el Vaticano, que consideró incompatible su cargo político con su misión sacerdotal.
El propio Cardenal ha expuesto su opinión al respecto señalando que  el verdadero motivo de la visita del Papa a su país no fue otro que un intento de acabar con la revolución y desprestigiar al nuevo gobierno, en la errónea creencia de que si mostraba públicamente su desacuerdo con ella, los católicos se posicionarían contrarios a este; pero el pueblo mostró su apoyo a Ortega desoyendo la voz de Juan Pablo II lo que supuso un serio revés para la Iglesia Católica. Todos estos hechos desafortunados no consiguieron sino ennoblecer una figura  que pasó a ser conocida más allá de sus fronteras.
Para este religioso socialista, como para gran parte de los nicaragüenses,  la idea de una revolución no estaba reñida en sus consciencias con la fe. La causa del movimiento sandinista era también la causa cristiana, un movimiento que solo perseguía la libertad y la igualdad para todos los seres humanos y ese es precisamente el auténtico mensaje del evangelio de Jesús. El escritor británico Graham Greene, en una reunión de escritores celebrada en Moscú, afirmó que “en Centroamérica se estaba borrando la contradicción entre cristianismo y marxismo”; y el propio Cardenal, al final del tercer tomo de sus memorias, Revolución perdida, concluye:  “Toda revolución nos acerca al Reino de los Cielos, aun una revolución perdida. Habrá más revoluciones”.
Pero el compromiso que constituyó la consigna de su vida y que le llevó a defender las causas de los movimientos de liberación popular tanto en su país como en otros, pronto se vio afectado por el giro que el gobierno sandinista comenzó a aplicar a  su política convirtiéndose en la misma tiranía contra la que Cardenal había luchado. El escritor abandona el FSLP por el autoritarismo y la corrupción de Daniel Ortega y se adhiere al MRS (Movimiento Renovador Sandinista), una de las dos ramas en las que se dividió el antiguo Frente de Liberación que estaba representada por los “sandinistas ilustrados” liderados por el novelista Sergio Ramírez,  y que contaba entre sus fundadores con la también poetisa y revolucionaria Gioconda Belli.


Ernesto Cardenal (foto: servetbiblio.blogspot.com.es)

Estos apuntes biográficos ofrecen una visión bastante concreta de lo que ha significado la persona de Ernesto Cardenal en Hispanoamérica y nos facilita el acercamiento y la interpretación de su obra; no obstante, debo señalar que suelo recelar de aquellos escritores cuya fama literaria es superada con creces por otras facetas de su vida generalmente más conocidas y a las que su nombre es automáticamente asociado (siempre me asalta la duda del valor literario real y objetivo de su obra y de la independencia de aquellos que la juzgan respecto a otros aspectos extraliterarios); nuestra Historia de las letras ofrece algunos ejemplos cuyos nombres no citaré por no herir sensibilidades o suscitar polémica. Y es esto  lo que sucede con  la figura de Ernesto Cardenal,  conocida en gran parte del mundo más por su proyección socio-política que por su obra poética; cualquier ciudadano europeo, por ejemplo, conoce la imagen del cura-poeta con aspecto de guerrillero fiel desde hace años a su indumentaria: boina negra, cabellera, bigote y barba canosa, camisola blanca y sandalias, vinculado a movimientos revolucionarios y a la disidencia política; pero no son tantos los que han leído su obra escrita. Quizá este premio sirva para que esta faceta deje de ser la menos conocida.
La poesía de Ernesto Cardenal, como él mismo ha señalado, “no es muy lírica”; es una poesía de la realidad, del objeto más que del sujeto, una poesía de la vida misma y por eso en ella cabe todo, desde la lucha ideológica (“Las riquezas injustas”) a los guiños a la cultura más pop o contracultura (“Oración por Marilyn Monroe”), desde los temas más profanos (“De estos cines, Claudia”) a los místicos o filosóficos (“Canto cósmico”), desde la reivindicación socio-política (“Hora cero”), al amor (“Nuestras relaciones”) o desde la fe más profunda y la espiritualidad (“Salmos”) a los deseos carnales (“Anoche soñé con un coito”). Pero, ¿de dónde viene esta forma de entender la poesía?  El propio escritor ha manifestado en numerosas ocasiones que esta concepción abierta y liberal del hecho literario se debe esencialmente a la influencia de la literatura norteamericana, en concreto a Ezra Pound, uno de los primeros poetas en emplear con éxito el verso libre en composiciones extensas y romper la barrera entre  prosa y  verso, al que Cardenal tradujo al español:
Ezra se consideraba un hombre reducido a fragmentos e imaginaba el universo como un poema roto. Para recomponerlo lo reducía todo a poesía, su propia vida, las noticias de los periódicos, los datos de la economía, los episodios de la Biblia, las cotizaciones de Wall Street, los partes meteorológicos, la filosofía de Lao Tse, el carro de la basura, la gloria de los griegos y todos los desechos de la historia”.
Así pues, como ya he señalado, es esta una poesía que abarca todo, tanto en lo referente a las formas -si bien Cardenal usa el verso como unidad básica de sus creaciones- como al fondo, pues en su obra  no existen temas o elementos que sean propios de la prosa y otros que sean propios de la poesía. Todo lo que se puede decir en una novela, un cuento, un artículo o un ensayo  puede también decirse en un poema. En él caben datos estadísticos, fragmentos de cartas, editoriales, noticias periodísticas, crónicas de historias, documentos, chistes o anécdotas, que tradicionalmente han sido consideradas como elementos propios y exclusivos de la prosa.
Para ello se sirve de un lenguaje cercano y coloquial, sencillo y claro, universal, nada hermético nada oscuro; valiente como él mismo. Y es precisamente esa forma  de hacer y de entender la poesía la que ha logrado  acercar a todos los rincones su mensaje social. La obra de Ernesto Cardenal, incluso en sus más terribles circunstancias, es aquella que narra la tortura de un ser humano (un campesino, un revolucionario, un hombre común), el asesinato de un héroe, o la amargura de un hombre abandonado. Es pues, una poesía en la que tienen cabida todos los temas y todos los tiempos, y es además receptiva de la realidad sea cual sea esta y sea como sea de dura. Una poesía, en fin,  abierta al mundo y que hace de él una obra de arte.
Actualmente, el poeta nicaragüense es considerado el máximo representante de una corriente poética  denominada Exteriorismo, cuya esencia consiste en priorizar lo concreto frente a la abstracción de la metáfora, algo similar a  lo que se podría llamar la anti-poesía. Se trata, en sus propias palabras, “de una poesía objetiva: narrativa y anecdótica, hecha con los elementos de la vida real y con cosas concretas, con nombres propios y detalles precisos y datos exactos y cifras y hechos y dichos”. Es, en fin, la poesía impura.
Como él mismo ha reconocido en numerosas ocasiones, fue el poeta nicaragüense José Coronel Urtecho, al que considera su maestro, el que le enseñó las técnicas de una poesía de periodista, escrita con imágenes, no con metáforas, directa y concreta, que trata de cosas reales y la vida cotidiana, y que estructuralmente rechaza la rima e incluso a la regularidad del ritmo en el poema.
Para Cardenal, el Exteriorismono es un ismo ni una escuela literaria. Es una palabra creada en Nicaragua para designar el tipo de poesía que nosotros preferimos. El Exteriorismo es la poesía creada con las imágenes del mundo exterior, el mundo que vemos y palpamos, y que es, por lo general, el mundo específico de la poesía”.
Y es efectivamente este mundo el que el lector percibe cuando se acerca a la obra de Ernesto Cardenal, un poeta  cuya figura va más allá de su mera labor literaria, un hombre que se siente libre y piensa como tal, un escritor que no ha dejado de sorprender al mundo con su proyecto teológico-político y su compromiso social.
Este galardón que acaba de recibir supone el reconocimiento de una faceta menos conocida por el gran público,  que  aclama una obra valiente y comprometida, personal y social al mismo tiempo, repleta de matices y con una extraordinaria variedad de registros, arriesgada y vanguardista  pero, a la vez, “sobrecogedoramente humana”:
Si algún impacto tiene mi obra es por razones extraliterarias. Yo no soy grande como escritor, pero es grande la causa que inspira mi poesía: la causa de los pobres y de la liberación”.