10.12.14

¿Fue Octavio Paz el último intelectual?

 La Feria Internacional del Libro de Guadalajara despide el centenario del mexicano, autor incómodo que reivindicaba "la mirada crítica" en "la búsqueda del presente" 
Libro que recoge el discurso de Octavio Paz durante la recepción del Premio Nobel, en 1990 Seix Barral/lavanguardia.com

Se apaga el 2014, año en el que se ha celebrado el centenario del nacimiento del poeta y ensayista mexicano Octavio Paz (1914-1998), autor de libros como Los hijos del limo, Árbol adentro, Piedra de Sol, o Vislumbres de la India. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que cierra este domingo, ha querido recordar al escritor. Es "la voz más clara, nítida, equivocada a veces, tal vez, pero honesta y valiente de uno de los intelectuales más lúcidos del siglo XX", ha afirmado, en la FIL, el poeta Ángel Ortuño.
El mexicano fue "el intelectual menos políticamente correcto" de la literatura mexicana, dijo, en la misma feria, el historiador Enrique Krauze. "Si una opinión basada en lo que sinceramente pensaba le iba a acarrear enemistades, no le importaba (...) no escribía para el aplauso, escribía para revelar lo que, a su juicio, era la verdad".
¿No es eso, en realidad, la principal pulsión del intelectual? ¿No se trata de huir de los discursos para convencidos y arriesgarse a abrir brechas de pensamiento?
Presente y modernidad
Paz participó, muy joven, en el II Congreso Internacional de Escritores Antifascistas, celebrado en Valencia en 1937. En 1943 se trasladó a los Estados Unidos, donde descubrió el modernismo angloamericano. Dos años más tarde, ingresó en el cuerpo diplomático de México y fue destinado a París, y participó activamente en el movimiento surrealista. El año 1962 cambiaría su vida, al ser nombrado embajador en la India, país fundamental para su obra poética, presente en títulos como El mono gramático o Ladera este. En 1968 dimitió de su cargo como protesta por la represión de las manifestaciones estudiantiles en la plaza de Tlatelolco y, de regreso a México, funda las revistas: Plural (1971-1976) y Vuelta (1976-1998), galardonada con el premio Príncipe de Asturias. En 1981 Octavio Paz es galardonado con el premio Cervantes y, en 1990, el Premio Nobel, que recibe con un discurso sobre La búsqueda del presente.
La mixtura entre poesía e historia es una de las claves para entender la obra, siempre calidoscópica, de Octavio Paz. La pregunta sobre qué quiere decir ser mexicano atraviesa casi toda su producción, tanto ensayística como literaria. “El México precolombino, con sus templos y sus dioses, es un montón de ruinas pero el espíritu que animó ese mundo no ha muerto. Nos habla en el lenguaje cifrado de los mitos, las leyendas, las formas de convivencia, las artes populares, las costumbres. Ser escritor mexicano significa oír lo que nos dice ese presente - esa presencia”, decía durante la recepción del Nobel.
Otra de las ideas nucleares en su obra es la tensión, invisible, entre modernidad y presente: “La búsqueda de la modernidad era un descenso a los orígenes. La modernidad me condujo a mi comienzo, a mi antigüedad. La ruptura se volvió reconciliación. Supe así que el poeta es un latido en el río de las generaciones”.
El autor de Blanco defiende que pensar el hoy significa, ante todo, “recobrar la mirada crítica”. Muy influido por su estancia en Oriente, y también por la noción cíclica de la vida, es capaz de detectar los dogmatismos tanto de derechas como de izquierdas. Para Octavio Paz no se trata tanto de hablar del fin de las utopías como de dejar de mirar la historia como un fenómeno cuyo desarrollo se conoce de antemano. Por ello sostiene que “el determinismo histórico ha sido una costosa y sangrienta fantasía. La historia es imprevisible porque su agente, el hombre, es la indeterminación en persona”.
La escritura como descubrimiento
Hoy, que la aceleración del presente, y el problema de lo instantáneo, son temas centrales de cualquier filosofía que quiera afrontar la actualidad, volver a Paz es interesante para preguntarse por el ahora. El ahora, argumenta el mexicano, “no implica renuncia al futuro ni olvido del pasado: el presente es el sitio de encuentro de los tres tiempos. Así como hemos tenido filosofías del pasado y del futuro, de la eternidad y de la nada, mañana tendremos una filosofía del presente. La experiencia poética puede ser una de sus bases”.
Creación y ensayo, imaginación y rigor, así, van de la mano. “Escribir es inventarse, y al inventarse, descubrirse. Escribir es recobrarse”, argumenta Octavio Paz, quien también destaca como un obstinado traductor en títulos como Versiones y diversiones. ¿Qué es traducir? “Una recreación, un juego en el que la invención se alía a la fidelidad: el traductor no tiene más remedio que inventar el poema que imita”.
Escritor incómodo, no dejó de ser, pese a todo, un puente entre tradiciones. Transita entre la libertad y la igualdad, entre la crítica y la intuición, y rechaza tanto la “peste autoritaria” del estado comunista como la doctrina política marcada simplemente por el mercado.
Enrique Krauze, en una conferencia titulada El poeta y la revolución, dentro de las actividades de la FIL, ha negado que Octavio Paz fuera de derechas, como algunos círculos de escritores y periodistas han querido insinuar. El autor de El laberinto de la soledad, nos recuerda el historiador, fue “ninguneado” por la izquierda. “Creía en las libertades” y se opuso siempre, en sus libros y en sus artículos, a “los autoritarismos” de la época.