8.12.14

Antología: Veinte poemas de amor

 A través de los tiempos, todos los autores de la literatura universal le han dedicado sus versos a la pasión. Aquí, una selección de algunos de los más memorables
 
Una  deliciosa antología de veinte poemas memorables de la literatura universal./revista Ñ.

Haré una poesía sobre absolutamente nada


Guillermo de Poitiers (Aquitano, 1071-1126)

Haré una poesía sobre absolutamente nada:
no se tratará de ti ni de ninguna otra gente;
no tratará de amor ni de juventud,
ni de ninguna otra cosa,
habrá sido compuesta mientras dormía,
sobre un caballo.
(…)
Ya he hecho la poesía no sé de qué;
la enviaré ahora a aquel
que por medio de otro me la transmitirá
al Petitieu,
para que mi dama me envíe la contrallave
de su estuche.



Tú me has llenado de dolor la mente

Guido Cavalcanti (Florentino, 1250-1300)
Tú me has llenado de dolor la mente,
tanto que el alma se esfuerza por partir
y los suspiros del corazón doliente
muestran a los ojos que no puedo más.
Amor, que tu gran valor siente,
dice; “Lamento que debas morir
por esta cruel dama que no parece
oír que habla la piedad por ti”.
Voy como el que está afuera de la vida,
que a la vista parece un hombre
tallado en piedra, bronce o madera,
mas camina sólo por costumbre
y en el corazón lleva la herida
que es señal de muerte verdadera.



Relámpago en reposo

Octavio Paz (Mexicano, 1914-1998)

Tendida,
piedra hecha de mediodía,
ojos entrecerrados donde el blanco azulea,
entornada sonrisa.
Te incorporas a medias y sacudes tu melena de león.
Luego te tiendes,
delgada estría de lava en la roca,
rayo dormido.
Mientras duermes te acaricio y te pulo
hacha esbelta,
flecha con que incendio la noche.
El mar combate allá lejos con espadas y plumas.


Soneto

Elizabeth B. Browning (Inglesa, 1806-1861)
Si amarme quieres, sólo amor te mueva.
No digas: la he de amar porque me agrada
su celestial sonrisa, su mirada,
su voz, su pensamiento, que se eleva
como el mío, y al alma mía lleva
grata emoción. Que, la emoción pasada,
pudiera ser por ti menospreciada;
tal amor no triunfara en toda prueba.
Ni nazca tu cariño del encanto
que hallas tal vez al enjugar mi llanto:
quizá por ti olvidara mi dolor,
y me olvidaras tú, feliz al verme.
Amame por amor; así quererme
podrás en una eternidad de amor.


La piedad del amor

W. B. Yeats (Irlandés, 1865-1939)
Una piedad indecible
se esconde en el corazón del amor;
quienes compran y venden,
las nubes en sus altos viajes,
los vientos fríos y húmedos que soplan siempre
y el bosque fantasmal de los avellanos
donde corren aguas grises
amenazan esa cabeza que amo.




El canto de amor

Guillaume Apollinaire (Francés, 1880-1918)
He aquí de qué está hecho el canto sinfónico del amor
Está el canto del amor de antes
El ruido de los besos enloquecidos de los amantes
ilustres
Los gritos de amor de las mortales violadas por los
dioses
Las virilidades de los héroes fabulosos levantadas
como cañones antiaéreos
El precioso alarido de Jasón
El canto mortal del cisne
Y el himno victorioso que los primeros rayos de sol
hicieron cantar a Simón el inmóvil
Está el grito de las sabinas en el momento en que eran
raptadas
Están también los gritos de amor de los felinos en las
junglas
El rumor sordo de la savia que trepa por dentro de las
plantas tropicales
El trueno de las artillerías que hacen realidad el terrible
amor de los pueblos
Las olas del mar donde nacen la vida y la belleza
Ahí está el canto de todo el amor del mundo





Ultimo poema

Robert Desnos (Francés, 1900-1945)
Tanto soñé contigo,
Caminé tanto, hablé tanto,
Tanto amé tu sombra,
Que ya nada me queda de ti.
Sólo me queda ser la sombra entre las sombras
ser cien veces más sombra que la sombra
ser la sombra que retornará y retornará siempre
en tu vida llena de sol.



Se miran, se presienten, se desean

Oliverio Girondo (Argentino, 1891-1967)
Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan, se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehúyen, se evaden y se entregan.



En el cristal de tu divina mano

Luis de Góngora (Español, 1561-1627)
En el cristal de tu divina mano
de Amor bebí el dulcísimo veneno,
néctar ardiente que me abrasa el seno
y templar con la ausencia pensé en vano;
Tal, Claudia bella, del rapaz tirano
es arpón de oro tu mirar sereno,
que cuanto más ausente dél, más peno,
de sus golpes el pecho menos sano.
Tus cadenas al pie, lloro al ruido
de un eslabón y otro mi destierro,
más desviado, pero más perdido.
¿Cuándo será aquel día que por yerro,
oh serafín, desates, bien nacido,
con manos de cristal nudos de hierro?



Soneto amoroso definiendo el amor

Francisco de Quevedo (Español, 1580-1645)
Es yelo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado;
es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde, con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado;
es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero parasismo;
enfermedad que crece si es curada.
Este es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!



A Eros

Alfonsina Storni (Argentina, 1892-1938)
He aquí que te cacé por el pescuezo
a la orilla del mar, mientras movías
las flechas de tu aljaba para herirme
y vi en el suelo tu floreal corona.
Como a un muñeco destripé tu vientre
y examiné sus ruedas engañosas
y muy envuelta en sus poleas de oro
hallé una trampa que decía: sexo.
Sobre la playa, ya un guiñapo triste,
te mostré al sol, buscón de tus hazañas,
ante un corro asustado de sirenas.
Iba subiendo por la cuesta albina
tu madrina de engaños, Doña Luna,
y te arrojé a la boca de las olas.



Soneto LXVI

Pablo Neruda (Chileno, 1904-1973)
No te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de Enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.




Le regret d’Heraclite

Jorge Luis Borges (Argentino, 1899-1986)

Yo, que tantos hombres he sido, no he sido nunca
Aquel en cuyo amor desfallecía Matilde Urbach.



Sin título

Juan Gelman (Argentino, 1930)
amor que se serena ¿termina?
¿empieza? ¿qué nueva
vejez le espera por vivir?
¿qué fulgor? amor asomándose
de sí mismo a sí mismo siendo
también memoria de sí
comiendo
de sí ¿qué vieja
sombra le chupará la nuca? oh pestes
que visitaron mi país
atacaron se fueron
ajenas como el viento



Por qué viniste

Hilda Doolittle (Estadounidense, 1886-1961)
¿Por qué viniste
a perturbar mi decadencia?
Soy vieja (era vieja hasta que llegaste);
la rosa más roja se abre
(qué ridículo,
en esta época, en este lugar,
imposible, impropio,
hasta ligeramente escandaloso),
la rosa más roja se abre;
(nadie puede detener,
ninguna amenaza inmanente del aire,
ni siquiera el clima,
que marchita nuestra fruta veraniega),
la rosa más roja se abre
(tienen que tomarlo en cuenta).



Si no quiero

Idea Vilariño (Uruguaya, 1920-2009)
Si no quiero
si no estoy esperando
si es mentira
si lo hago por vivir
por ir pasando
si estoy aquí sin sueños
sin esperanzas y
sin nada que me sirva
ni le sirva a la vida
y los miro sin asco
con paciencia
y me digo
se creen todo se
dedican la vida
sufren
no dudan nunca
miran besan se ríen
y sin sospechar nada
aseguran que aman.





Amor se fue

Macedonio Fernández (Argentino, 1874-1952)
Amor se fue; mientras duró
de todo hizo placer.
Cuando se fue
nada dejó que no doliera.



XV

César Vallejo (Peruano, 1892-1938)
En el rincón aquel, donde dormimos juntos
tantas noches, ahora me he sentado
a caminar. La cuja de los novios difuntos
fue sacada, o tal vez qué habrá pasado.
Has venido temprano a otros asuntos
y ya no estás. Es el rincón
donde a tu lado, leí una noche,
entre tus tiernos puntos
un cuento de Daudet. Es el rincón
amado. No lo equivoques.
Me he puesto a recordar los días
de verano idos, tu entrar y salir,
poca y harta y pálida por los cuartos.
En esta noche pluviosa,
ya lejos de ambos dos, salto de pronto…
Son dos puertas abriéndose cerrándose,
dos puertas que al viento van y vienen
sombra a sombra.




Sin título

Ernesto Cardenal (Nicaragüense, 1925)
Me contaron que estabas enamorada de otro
y entonces me fui a mi cuarto
y escribí ese artículo contra el Gobierno
por el que estoy preso.



Vete de mí

Homero Expósito (Argentino, 1918-1987)
Tú, que llenas todo de alegría y juventud
y ves fantasmas en la noche de trasluz
y oyes el canto perfumado del azul
vete de mí.
No te detengas a mirar
las ramas viejas del rosal
que se marchitan sin dar flor,
mira el paisaje del amor
que es la razón para soñar y amar.
Yo, que ya he luchado contra toda la maldad,
tengo las manos tan deshechas de apretar
que ni te puedo sujetar,
vete de mí.
Seré en tu vida lo mejor
de la neblina del ayer
cuando me llegues a olvidar
como es mejor el verso aquel
que no podemos recordar.
Seré en tu vida lo mejor
de la neblina del ayer
cuando me llegues a olvidar
como es mejor el verso aquel
que no podemos recordar.