9.12.14

Prisionero de su tiempo

Patrick Modiano se reconoce como  un niño de la guerra , nacido en 1945, hijo del París de la ocupación, en su discurso de aceptación del Nobel
Modiano se dispone a leer su discurso del Nobel, en Estocolmo. / Anders Wiklund/elperiodico.com

Un escritor está marcado indeleblemente por su fecha de nacimiento y por su tiempo, aunque no haya participado directamente en la acción política, aunque dé la impresión de ser un solitario, replegado en lo que se llama su torre de Marfil. Y si escribe poemas, estos son un reflejo de la época en que vive", señaló el domingo el francés Patrick Modiano, en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2014, pronunciado en el majestuoso salón de la Academia sueca, en Estocolmo. El novelista, que admitió sentirse a veces "prisionero de su tiempo", se reconoció como "un niño de la guerra", nacido en 1945, "en el París de la ocupación", una ciudad, un tiempo y un ambiente que sobrevuela todas sus novelas y cuya mirada le valió el prestigioso galardón, que recibirá el miércoles de manos del rey Carlos Gustavo de Suecia. El hecho de que tras esa fecha "ciudades y poblaciones enteras hubieran desaparecido" le hizo, dijo, "más sensible a los temas de la memoria y el olvido".

Palabra escrita


Evocó Modiano (Boulogne-Billarcourt, 1945) esa "ciudad extraña", aquel París que fue ocupado por los nazis, en el que aparentemente la vida continuó "como antes", con cines, teatros y restaurantes abiertos, pero que "no era el mismo". "Ciudad silenciosa", oscura y en la que se "hablaba a media voz y las conversaciones nunca eran francas porque se sentía una amenaza flotando en el aire". Un París que quienes lo vivieron, gente que sentía "remordimiento por haber sobrevivido", quisieron "olvidar muy rápido". "Y cuando sus hijos les preguntaban después por ese periodo y ese París, respondían con evasivas. O bien guardaban silencio como si quisieran arañar de su memoria esos años sombríos y ocultarnos alguna cosa -continuó-. Pero ante esos silencios de nuestros padres, nosotros lo adivinamos como si lo hubiéramos vivido".

Modiano aludió a su aversión a hablar en público recordando que a un novelista se le da bien la palabra escrita, no la oral. "Pertenezco a una generación que no dejó hablar a los niños (...). No les escuchaban y a menudo les cortaban la palabra. Eso explica la dificultad de expresión de algunos de nosotros (...). De ahí, sin duda, ese deseo de escribir que surgió al final de la infancia. Esperas que los adultos te lean. Estarán obligados a escucharte sin interrumpirte y sabrán de una vez lo que tienes en el corazón".El Nobel reflexionó sobre el hecho de escribir, "curiosa actividad solitaria", en la que se pasan momentos de "desaliento" al iniciar una novela y en la que cada día "tienes la impresión de ir por un camino equivocado y sientes la tentación de volver atrás". "Es como ir al volante de un coche, de noche, en invierno y sobre el hielo, sin visibilidad -comparó-. No tienes opción, no puedes dar marcha atrás, debes continuar avanzando".

Y habló Modiano de la relación con sus libros. "En el momento de acabar un libro, te parece que este empieza a separarse de ti y que respira ya el aire de la libertad (...). En los últimos párrafos muestra cierta hostilidad en su prisa por escapar de ti. Y te deja una vez has trazado la última palabra. Se acabó, él ya no te necesita, te ha olvidado", se lamentó, sintiendo el "gran vacío" del abandono y la ruptura del vínculo con su obra que, a partir de ese momento, ya pertenece a los lectores. Esos sentimientos, añadió, son los que le empujan a escribir el siguiente libro. En su relación, "íntima y complementaria" con el lector, dijo que este siempre sabe más que el autor, quien debe "dejar que el libro impregne al lector poco a poco", conduciéndolo sin forzarlo y, usando el símil de la acupuntura, "clavando la aguja en un lugar muy preciso" para que el flujo se propague por el sistema nervioso.

Lecturas nostálgicas


"Un escritor del siglo XX se siente, a veces, prisionero de su tiempo y la lectura de los grandes novelistas del siglo XIX -Balzac, Dickens, Tolstói, Dostoievski- le inspira una cierta nostalgia", siguió el Nobel, que durante el discurso citó entre otros a Poe, De Quincey, Hitchcock, Modigliani, Flaubert, Mandelstam o Yeats. Reflexionó sobre el acelerado tiempo en que vivimos y mostró su curiosidad por saber cómo las próximas generaciones, nacidas con internet, mails y tuits, experimentarán la literatura, ya que la intimidad y los secretos, grandes temas de la novelística, ahora se muestran abiertamente en las redes sociales. Sin embargo, "optimista sobre el futuro de la literatura", está convencido de que los "escritores del futuro» sabrán tomar el relevo "igual que lo ha hecho cada generación desde Homero". Porque, en definitiva, según Modiano, "el papel del poeta, el novelista y el pintor es revelar el misterio y la fosforescencia que yacen en el fondo de cada persona".

Discurso en francés