Los editores dicen haber vendido más ejemplares que en 2012. Hubo visitas internacionales, tecnología y política. La visitaron 1.120.000 personas
Apurarse. Pasillos completos en la Feria del Libro, en el último día. /Germán García Adrasti./ Revista Ñ |
Todo concluye al fin, nada puede escapar. Ni siquiera la Feria
del Libro más larga del mundo, que hoy cierra las puertas de su 39°
edición con resultados variados: desde la Fundación El Libro aseguran
que los editores “están contentos porque les fue bien ” y varios
stands, con el optimismo de cada año, ratifican esa postura. El público,
sin embargo, se redujo un poco: incluyendo tendencialmente a quienes la
recorran hoy, la Fundación estima un total de 1.120.000 visitantes; el
año pasado habían sido 1.200.000.
Desde Random House Mondadori afirman que “fue una Feria espectacular” y estiman que vendieron casi un 30 por ciento más de ejemplares que en 2012. Sus puntas de lanza fueron la trilogía Cincuenta sombras, de E.L. James, La furia de Evita, de Marcos Aguinis, y Agilmente,
de Estanislao Bachrach. Y una de las claves del éxito, apuntan, es el
éxito de una saga: “Una persona compra la trilogía completa y eso
dispara la venta de ejemplares y la facturación”.
En Planeta estiman una suba de alrededor del 10 por ciento en ejemplares respecto de 2012: Gabriel Rolón fue el autor estrella con su libro Encuentros y le siguió Rosa Montero con su novela La ridícula idea de no volver a verte, que en las librerías rompió con la hegemonía de James. En el stand de Grupo Prisa, Un comunista en calzoncillos, de Claudia Piñeiro, Nacida bajo el signo del Toro, de Florencia Bonelli, y El tango de la Guardia Vieja, de Arturo Pérez Reverte, fueron los más vendidos.
En Cúspide, explicó Susana Fernández, encargada de Relaciones Institucionales, se imponen los clásicos: El Principito es de los más vendidos. Allí también se siguen pidiendo masivamente clásicos decimonónicos como Orgullo y prejuicio,
de Jane Austen. Se asoma una conclusión: este año, más que en los
anteriores, la literatura se impuso no sólo en los lemas y en las
intenciones, sino en las cajas.
De las novedades de esta edición,
la más importante fue la presencia de una Ciudad Invitada de Honor. La
ciudad fue Amsterdam y su stand, el Café Amsterdam, –con escritores
holandeses, muestras de ilustradores y de dibujos y cartas de Van Gogh–
se convirtió en un punto inevitable: la venta de cerveza también tuvo
gran convocatoria. El año próximo, vendrá San Pablo.
Las visitas
internacionales engalanaron la Feria: con el sudafricano J. M. Coetzee,
el cubano Leonardo Padura, los españoles Rosa Montero y Arturo Pérez
Reverte, y el mexicano Juan Villoro desbordaron las salas y en algunos
casos hubo que poner pantalla afuera.
Como cada año, la Feria
también fue un escenario político: el acto en el que el ex número dos de
Montoneros, Roberto Perdía, presentó su libro llenó la sala y la inundó
de cantos setentitstas. Y en un mismo día coincidieron dos versiones no
sólo diferentes sino opuestas sobre Víctor Hugo Morales: Pablo Sirvén
presentó Converso y Julián Capasso hizo lo propio con Víctor Hugo: una historia de coherencia y convicción. Es que los pabellones de La Rural no son impermeables.
Otro
punto alto: la Zona Futuro reunió al público joven. Una de las claves
fue combinar la literatura con la música o los videojuegos, para ampliar
el interés del público. Allí, las editoriales alternativas explicaron
que la idea de su producción literaria es “apostar al riesgo y a nuevas
formas de circulación”. La presencia de la Feria en las redes sociales
–con transmisión de actividades y certámenes de microficción– también
resultó atractiva para los más jóvenes.
Pero no todo funcionó
como se esperaba: la Noche de la Ciudad esta vez tuvo escasa
convocatoria. La lluvia, la pelea de Maravilla Martínez y la suspensión
del recital de Toquinho conspiraron contra el evento que cada año mueve a
decenas de miles de visitantes. A eso atribuyen desde la organización
la disminución en el total del público. Y varios expositores señalaron
que haber adelantado el horario de cierre –hasta las 21, en lugar de
hasta las 22 –achicó la franja en la que trabajadores y estudiantes
pudieron visitar La Rural.
El año que viene no será uno más: la
Feria del Libro celebrará su 40ª edición y el número redondo habilita a
esperar festejos. La Rural volverá a ser el escenario, dijo Gabriela
Adamo, directora de la Feria, en medio de la polémica por la posible
mudanza a Tecnópolis fogoneada desde el Poder Ejecutivo. Y en la Feria
habrá, de nuevo, literatura, colas, debates polémicos y algún
desprevenido celebrando su encuentro anual con los libros y pidiendo,
como ocurrió ayer, “lo último de Ludovica Storni”.
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