19.4.10

Aves carroñeras de Jorge Ibargüengoitia

Se reedita Dos crímenes

El escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia

El escritor mexicano Jorge Ibargüengoitia.fOTO;fUENTE:elmundo.es

"Cuando Buñuel adaptó 'Cumbres borrascosas' al mexicano, aquel gótico del original se vio trastocado como por una fiebre exótica, tropical casi. En 'Abismos de pasión', adaptación que es prototelenovela desde su título, se dice que sobrevuelan los zopilotes, unos buitres americanos. De este vernáculo chocante en los vocablos, y del velorio rulfiano y trágico del país se apropia Jorge (tomen aire) Ibargüengoitia, lo filtra en hálito ambiental para sus novelas criminales. Después de 'Las muertas', RBA ha editado 'Dos crímenes'.

Ibargüengoitia, con apellido tan difícil, con tanto slalom de rococó vasco, es un autor en alza. Hace un año su libro de artículos a lo Julio Camba, 'La revolución en el jardín', editado por el Reino de Redonda, ya había despertado elogios con caché (de gente con caché, quiere decirse). 'Los relámpagos de agosto', parodia de militarotes (reverso de 'La sombra del caudillo' de Martín Guzmán) y 'La revolución...' son dos humoradas que poco tienen que ver con los títulos de RBA. Sombra de sospecha, tránsito de calor de canícula, cerros con nopales, mujeres de negro y palabras como "paliacate", "jorongo" o "huizaches". Ni rastro de zopilotes, aquí hay "agachonas".

Como en 'Las muertas', 'Dos crímenes' se encapsula en más de un testimonio. Marcos González, "el Negro", se ve movido hacia inciertos territorios por la confluencia de algún aciago accidente, como Simón Corona en 'Las muertas'. Se trata de un relato de límpida inquisición detectivesca. Inolvidable la última frase del libro para el que lo ha leído. Usa ahí con mucha propiedad la palabra, "nomás", tan directa y económica, tan de sopetón.

La descripción primera del ambiente izquierdoso, con Marcos de narrador, nos habla de una fiesta con ecos de hielo y rones y lecturas subversivas de Lukács, y un hombre extraño entra con un diente de oro. Y después unos periódicos, unos titulares, una fuga, un autobús para el fugitivo inocente. La excusa hasta aquí. Y hasta aquí el México urbanita y policial de los años 70 (la novela es de 1974), después los nopales, los mezquites y las sombras de unas casas de adobe.

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Marcos está perfectamente descrito como un golfo con ideología, como un buscavidas, como un dandi falaz con botas argentinas. Frente a su picaresca se extiende el ambiente hostil de unos primos que esperan a la muerte del tío rico, don Ramón. "Al calorcillo de la herencia se reconcilian Abel y Caín", que canta Sabina. Y Marcos González se une a los chacales, pulula por corredores, en el cuchicheo, en la noche tórrida de alguna sobrina. Una de las farsas será la extracción de creolita en una mina abandonada. Secretos, secretos, secretos.

El pueblo de Muérdago cocina un testamento a fuego lento. El albacea será un detective más. Y después, claro, cuelgan los dos crímenes del título. Y aparece el señor del diente de oro, y "la Chamuca", una preciosidad de piernas largas que abre todo el entramado de voces y venenos. Ibargüengoitia, que desistió del teatro por falta de éxito (su dramaturgia más notoria es 'El atentado'), demuestra gran perfección formal en los diálogos y en la sucinta acotación gestual y de atmósfera.

Grave intriga

Este escritor tan gracioso, tan dueño de su propio sarcasmo, escoge en 'Dos crímenes' la vía grave de una intriga. Y su protagonista descreído, con sus botas y su jorongo (después de la última frase ya mentada, tal prenda queda hecha manto fúnebre), y sus aires altivos baraja un timo de ciudad a la familia política, que no vio en años.

Ya se recuerda al Camba mexicano con muchos honores de muerto. Los muertos de avión como él quizá quedan incluso más de lado, porque que alguien tome un Boeing 147 de Avianca y se estrelle en Mejorada del Campo, no lejos de Barajas, es una salida terrorífica de la tabla de la probabilidad que puede hacer temblar a tanta ciudadanía de los aeropuertos. Las víctimas aéreas quedan (con su pesadilla en silencio) en un limbo estadístico, que es la tiniebla que combaten los compases tranquilos del hilo musical en los despegues.

Pero cada uno recuerda el nombre con curvas del gran mexicano donde quiere, o donde puede. RBA en las librerías. Algunos en los aviones. Y muchos en su memoria lectora. Esta inspección límpida en el aire denso es una crónica de aves carroñeras (pero ni rastro de zopilotes). Es un drama sin demasiado sofoco. A años luz del dramatismo titánico de Brönte, o la prototelevonela en blanco y negro de Buñuel. Escribiéndola se podía haber estado riendo con su risa de serio, Ibargüengoitia.

'Dos crímenes', Jorge Ibargüengoitia. 202 páginas.

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