1.7.15

Una mujer sin importancia

Alice McDermott publica  Alguien, un sutil y certero retrato femenino
La novelista estadounidense Alice McDermott, en su reciente visita a Barcelona.

Las propias raíces (en su caso irlandesas), la familia, sus rituales y los secretos y demonios que se esconden en ese ámbito son el hábitat natural de la neoyoquina Alice McDermott (Brooklyn, 1953) que lo ha diseccionado con grandes dosis de humanidad y buen ojo para los benditos detalles en siete delicadas novelas, algunas de las cuales fueron traducidas hace años por Tusquets sin hallar el eco que se merecen. Y aquí hay que explicar que McDermott ha obtenido entre otros el National Book Award y ha sido finalista al Pulitzer en dos ocasiones.
Su último trabajo, y el primero que se traduce al catalán, es Alguien (Asteroide / Minúscula) y sigue la historia de Marie, una mujer sin importancia -por decirlo, sin ironía, a la manera del también irlandés Oscar Wilde-, alguien común y corriente, marcada por su estricta educación católica, que no destaca por su inteligencia o su belleza, que se casa, tiene cuatro hijos y acaba sus días en una residencia. Una buena mujer. Lo más banal. "Se suele aconsejar a los escritores que no escriban sobre alguien a quien no le pasa nada y a mí me gusta llevar la contraria", ríe maliciosa McDermott en su visita a Barcelona. "Yo quería presentar una única voz femenina porque me parecía que no había demasiadas novelas así en la ficción contemporánea", dice la autora que ha utilizado no poco material familiar en su escritura. "Estoy familiarizada con la generación que retrato en Alguien. Es la de mi madre, mis tías, esa generación de emigrantes que crecieron a principios del siglo XX, antes de la segunda guerra mundial".
En total, la autora recorre 70 años de vida en Brooklyn, el barrio de la emigración por excelencia tantas veces mitificado en las ficciones. "Yo nací en Brooklyn pero no me crié allí. Así que creo que irremisiblemente el barrio que retrato es más inventado que real, basado en los recuerdos y en las historias que me contaron. Me interesaba sobre todo el carácter metafórico de ese lugar que alimentaba los sueños de los que llegaban convencidos que desde allí era posible hacer cualquier cosa".

La vida mientras pasa

Una estructura aparentemente desordenada, como lo es también la vida, sigue los pequeños antibajos existenciales de la protagonista, para mostrar al lector sin subrayados una complejidad poco evidente. "He huido voluntariamente de la tópica escena de la ancianita acodada en la ventana mientras ve caer la lluvia y su vida pasa a golpe de flashback. Mi intención que es todo fuera fluido, mostrar la vida sencillamente mientras pasa y que al final al lector le quede la sensación de que le han dejado asomarse a una vida contada".
En ese relato se encadenan las historias de la vecindad, el primer desengaño amoroso, el curioso trabajo de Marie como consoladora en una funeraria, el noviazgo, la importancia de Gabe el hermano que quiso ser cura y que esconde un secreto -ante el que la autora se muestra, como no, discreta-, la relación con unos hijos ingratos... "Básicamente, lo que he querido mostrar es la singularidad de una única vida concreta y la fantástica insistencia con la que nosotros, los seres humanos, nos involucramos en ella. Y a la vez nuestra percepción de que somos individuales y mortales y que aún así mantenemos la esperanza e insistimos en seguir amándonos los unos a los otros, aunque comprendamos que la vida tiene un final inevitable". Puro estilo McDermott.