4.7.15

Simonetti "Me costó reconocerme como una persona gay"

  En su más reciente novela, jardín  el escritor chileno realiza una radiografía de la condiciones de vida de la población chilena al final del siglo XX, desde la intimidad de una familia
jardín de Pablo Simonetti.


 Pablo Simonetti, autor chileno de jardín./elespectador.com

La vida de Pablo Simonetti se ha agitado desde hace algunas décadas, cuando ocultar su condición sexual se hizo imposible y decidió dejar atrás los miedos para luchar por los derechos de la población LGBTI. Descubrió su vocación como escritor al mismo tiempo que afianzó e hizo pública sus preferencias sexuales y llegó a hacer parte de la fundación ‘Iguales’, en su país. 
Aunque estudió Ingeniería Civil se dedicó de lleno a la literatura y al activismo. En 1999 publicó su primer libro de cuentos ‘Vidas vulnerables’, con el que emprendería su carrera. El Espectador habló con él sobre su más reciente publicación; jardín, un recorrido intimo por la vida de una familia que evidencia las tensiones sociales y económicas en un país que se intenta recuperar de las secuelas de la dictadura de Augusto Pinochet.
¿Cómo surge la idea de la novela?
En el año 2013, durante la rememoración  de los cuarenta años del golpe de Estado,  un amigo que arrendaba un cuarto en el barrio donde yo había vivido de niño, me llamó a contarme que estaban demoliendo la casa donde viví mi infancia. Para mí significó un remesón muy fuerte. Esto pasaba 12 años después de que la hubiéramos vendido y pensé en ese momento, -mi madre hubiera podido haber vivido en esa casa durante estos doce años, en  la casa de toda su vida-. En la noche fui a comer con un amigo y me contó que había ido a ver una apuesta de ‘El jardín de los cerezos’ de Chejov. En ese momento se me ocurrió la novela. La familia que aparece, ‘mi familia’, pierde un jardín de mucho valor para ellos y doce años después viene a consumarse la destrucción definitiva de este lugar. La imaginé de principio a fin. 
¿Por qué cree que una historia tan íntima puede ser puede llegar a ser libro?
Pienso que las historias entre más íntimas y más particulares sean, más universales se vuelven. Por ejemplo, esta novela, que nunca menciona a la dictadura hace referencia al sufrimiento de una familia que vive las consecuencias por una ideología que dominó a Chile durante 20 años. Esto sucede a finales del año 2000 hasta cuando el capitalismo en Chile estaba en su máxima expresión. Por otra parte un jardín es una representación simbólica para cualquiera, todos buscamos un jardín íntimo, un jardín privado. 
Hábleme un poco de esta relación de estas vivencias de su vida con la novela…
El epígrafe de la novela es un agradecimiento a mi mamá por haberme regalado un jardín para vivir. Cuando digo ello hago referencia a un lugar dentro de mí, un lugar donde me siento bien conmigo mismo. A mí me costó alcanzar ese lugar. Me costó reconocerme como una persona gay, me costó convertirme en escritor, esto siempre hará parte de mi literatura. Entonces todas mis historias hablan de personas que todo el tiempo están lidiando con dilemas en la personalidad y creo que le atañe a muchas personas ya que todos estamos en ese proceso de convertirnos en quienes en realidad somos. 
Con el regreso de la democracia a Chile, ¿qué tan fácil es ser escritor gay en la actualidad?
En el regreso a la democracia muchos derechos se restituyeron, -la reposición de la dignidad política fue algo valioso- pero a las personas LGBT a principios de los años noventa, prácticamente no se les restituyó su condición ciudadana porque la sodomía se siguió considerando delito. Las personas gay eran perseguidas en la vida pública y era concebida como un trastorno. En los años noventa la Organización Mundial de la Salud (OMS) quito de la lista de enfermedades a la homosexualidad, eso demoró mucho tiempo en permear las capas de la sociedad chilena. 
Denos un ejemplo de la falta de la falta de inclusión y temor de la comunidad LGBT en Chile…
En 1992 se dio una primera rueda de prensa en donde un grupo LGBT habló con máscaras en sus rostros. Sin máscaras hubieran sido perseguidos en sus pertenencias, en sus familias. No sólo era una privación de derechos sino una invisibilización. Yo no diría que es una característica de la sociedad chilena sino del mundo latinoamericano.  Pero desde el año 2010 el cambio ha sido vertiginoso. La derecha también se abrió al tema lo cual hizo que fuera un tema de política transversal. 
La literatura puede servir para lograr la aceptación de la diversidad  sexual. ¿Escribe para ello?
Los principales intereses literarios de mis novelas son la herencia y la identidad. –Voy a permitirme usar una calificación que hizo Luis García Montero, un escritor español al comparar ‘La Oculta’ de Héctor Abad y ‘jardín’ y señaló que ambas novelas hablaban de la ‘microfísica del poder’ al interior de la familia. La homosexualidad está presente en la familia, está relacionado con la identidad, con los temas de la herencia, muchas veces los padres no se ven representados en los hijos homosexuales, y lo que trato es de abordar este tema de forma intima, desde otros espacios dando espacios a las sexualidades que pocas veces se tienen en cuenta como el de la mujer. Por ejemplo en ‘Madre que está en los cielos’, hay un hijo gay y una mujer rebelde a las formas y costumbres que la familia ha tratado de imponerle, entre otros personajes. Mis novelas han puesto a la homosexualidad en un lugar en que permite la asimilación de la diferencia. 
El salto de la ingeniería a la literatura es abismal, ¿cómo fue ese proceso?
Vengo de una familia muy católica, no beata, sino practicante. Virtuosa en el sentido de la acción del otro pero muy prejuiciosa en el tema de la sexualidad. Tuve que sacarme capas de prejuicio para reconocer mi homosexualidad, incluso, asistí durante un tiempo a una terapia intensiva que me ayudó muchísimo para alcanzar los resultados de la libertad que necesitaba. Fui aprendiendo de mí mismo, para encontrar mi lugar en el mundo, y ese es el centro de mi obra, propiciar la búsqueda de nuestro lugar en el mundo. Fue una lucha contra todas las formas de opresión, entre ellas, no podemos olvidar al capitalismo. ‘jardín’ es mi mejor dardo contra el capitalismo. Ya que cuenta la historia de una familia capitalista que sufre la persecución de este sistema económico.
Hablemos de la relación entre la vida íntima y la literatura partiendo de historias locales para esbozar realidades generales…
En Chile esta apuesta ha crecido mucho. Alejandro Zambra me parece que es un escritor que trata los temas desde la intimidad, desde la memoria de su familia, desde un sector de Santiago en particular. No me siento alejado de Alejandro en estas búsquedas. Las ‘microhistorias’ por demás son siempre las más universales, porque cuando uno alcanza una relación consigo que permite alcanzar verdades que han sido cubiertas por discursos dominantes, levanta de esa línea entre conciencia y el inconsciente, que es un línea de inteligencia perceptiva y está logrando ser realmente personal, en ese sentido recuperando el sentido individual de las palabras de la masa, cuando se logra esto, se está haciendo política y no literatura. 
No podría dejar de preguntarle de su relación con  Roberto Bolaño…. 
Lo leí con mucha pasión, él presentó mi primer libro de cuentos, ‘Vidas vulnerables’, pero soy un escritor diferente a él, puesto que en su apuesta hay mucha metaliteratura. El escribió sobre escritores, sobre linotipistas, poetas, más en mundo público de lo literario y de allí saca su fuerza.  Además, le interesó mucho la ‘tectónica literaria’ literaria. Pero también tuve la influencia de un escritor que se llama Gonzalo Contreras, y otros escritores que me transmitieron otros mundos literarios.