18.11.14

Francia bendice la literatura de "sabio loco" de César Aira

El escritor  argentino recogerá el prestigioso premio Roger Caillois en diciembre en París
El autor argentino César Aira. / Uly Martín./elpais.com

Cualquier porteño podría ver a César Aira (Coronel Pringles, Argentina, 1949) en su laboratorio levantar día a día una de las obras más rompedoras, influyentes y caudalosas del idioma español. Basta con ir al barrio de Flores, el mismo del Papa, y sentarse en algún café. Aira llegará a media mañana tras montar en bicicleta por las bicisendas de la ciudad. Desenfundará alguna de sus numerosas plumas y comenzará a escribir “pensando cada palabrita”, con una letra pequeña, ordenada, incisiva. Para él, la literatura es una investigación. Pero no la del científico, según sus palabras, “sino la de un sabio loco o de un niño que juega al químico y mezcla dos sustancias para ver qué pasa”.
Aira sigue divirtiéndose como el primer día que comenzó a escribir. Mezcla, improvisa, se deja llevar y busca. Así nacieron Los fantasmas (1990), La liebre (1991), La guerra de los gimnasios (1992), Ema, la cautiva (1997), El mago(2002) o Artforum (2014), hasta sumar cerca de 80 títulos entre novelas, ensayos y relatos. Esa obra le hizo acreedor la semana pasada del Premio Roger Caillois de Literatura Latinoamericana, que recogerá en diciembre en París. El año pasado, lo ganó la mexicanaCristina Rivera Garza; en 2012, el colombiano Juan Gabriel Vásquez, y en 2011, el cubano Leonardo Padura.
Aira es uno de los escritores más brillantes de Latinoamérica
Francisco Garamona, editor de la editorial argentina Mansalva
“Este premio viene a confirmar lo que ya sabíamos: que Aira es uno de los escritores más brillantes de Latinoamérica”, explica Francisco Garamona, editor de la editorial argentina Mansalva. “Es una buena oportunidad también para que su obra siga expandiéndose por el mundo. Nosotros estamos por sacar su nueva novela, que se llama Biografía y que es un libro increíble de unas 120 páginas”, añade.
Cuando sus hijos eran chicos, Aira vivía con su esposa en un departamento muy pequeño. Se acostumbró a ir a un café a escribir. Y, como Buenos Aires sigue siendo una ciudad de café, “bendita sea”, los hijos se marcharon de casa y la costumbre de los cafés se quedó para siempre.
La ensayista Graciela Speranza, autora de Fuera de campo. Literatura y arte argentinos después de Duchamp (Anagrama), comentaba en una entrevista publicada en 2006 que, mientrasBorges aspira a la “perfección del proyecto, del estilo propio, de la obra única y total”, Aira aparece como “un gran antídoto contra la tiranía del proyecto, las constricciones compositivas, el fetiche del estilo”.
Pocos escritores se atreven a hablar de su propia obra como lo hizo él de la suya en una entrevista publicada en La Nación en 2009: “Mis finales no son tan buenos. Muchas veces me los han criticado, con razón, porque son un poco abruptos. Y yo he notado que a veces me canso o quiero empezar otra historia, y termino de cualquier manera”.
Escribe solo una página por día. Pero eso le da para publicar en su país varias novelas breves o “novelitas”, como las llama. En Argentina, las publica en editoriales pequeñas (Mansalva, Eloísa Cartonera, Belleza y Felicidad) o casi artesanales (Blatt & Ríos), lo cual equivale a decir que las regala, que no cobra nada. Vive de los derechos que le reportan sus libros en el extranjero. Y vive bien. No tiene coche, la pasión de su vida sigue siendo la escritura y su principal fuente de inspiración es la lectura.
“Publicar en las pequeñas editoriales argentinas es una forma de compromiso para él”, resalta el editor Francisco Garamona. “Dándonos sus libros hace posible que nosotros podamos seguir publicando a autores nuevos”.
Se da la paradoja de que el premio ayuda a consagrar a uno de los grandes desacralizadores de la literatura. Pero César Aira huye de su estatua. Las distinciones no parecen alterar su forma de vida ni su producción. Ayer acudió a su café, como uno más de los miles de porteños que cada día pueden verse escribiendo y leyendo en una ciudad hecha con un café en cada esquina.

César Aira, a su imagen y semejanza

Continuación de ideas diversas  reúne micro ensayos del autor argentino


La realidad es el cruce de fragmentos de la vida que vienen de muchos lados y van para no se sabe dónde. Los pensamientos igual. Eso es lo que escenifica César Aira en Continuación de ideas diversas (Ediciones Universidad Diego Portales). Retazos de recuerdos, experiencias, lecturas, pensamientos, sueños, inquietudes, fantasías, certidumbres, incertidumbres… cogidos todos en algún momento de su desarrollo y plasmados en este libro cuyas parrafadas pasan por páginas sueltas de un libro futuro que podrían tener otros párrafos anteriores y, por supuesto, después, hasta dar forma a un libro completo.
O no. Ser lo que son. Principio y fin de toda idea. Sin más vida que la expuesta allí.
Eso  convierte este libro en un artefacto a imagen y semejanza de Aira. Un autorretrato de su vida personal y creadora, coherente con su propia producción. Piezas, en apariencia sueltas, pero unidas por hilos comunes como el tiempo, los recuerdos, la memoria y la creación literaria. Prueba de su autoconciencia como escritor, explorador y aventurero de un arte. Acaso el más completo porque “la superioridad de la literatura sobre las demás artes radica justamente en las demás artes. La literatura las incluye, trabaja con sus mecanismos, con las claves de sus mecanismos, los que las demás artes emplean a ciegas y la literatura expone en toda su belleza, en sus asimetrías, en su ingenio. Y no es de hoy, no es cosa de las experimentaciones de multimedia: siempre ha sido así”.
“La literatura que es solo literatura es una cáscara vacía, una utilización espúrea del medio, o del formato. Es el caso de la novela de hoy”.
La literatura es forma, asegura el autor argentino. Por eso no le vale que solo se hable de una obra bajo el prefijo “es sobre…”.
César Aira narra. Este es un ensayo sobre pensamientos e ideas en movimiento hechas relato con vida en progresión, pero todas con la vocación de contar hasta darse forma a sí mismo, entre las que figuran…
“¿La principal influencia en mi vida de escritor? Las historietas de Superman, de los años cincuenta y sesenta. Ahí está todo lo que yo quise hacer escribiendo, y en cierta medida, hasta donde pude hice…”.
“Dentro de mí vive un hombre que no lee. Nunca hubo un libro en sus manos, ni lo habrá. Sus horarios son prolongados. (…) Dentro de mí se realiza un esfuerzo sobrehumano por reunificar las dos iglesias, la de la Poesía y la de la Prosa”.
“El realismo es lo que da la posibilidad de extenderse en el relato y escribir libros de muchas páginas. Qué raro. ¿No debería ser al revés?...”.
“Yo dejé de traducir hace diez años, y lo hice con alivio, pero pasado el tiempo empecé a sentir que había perdido algo…”.
“¿De qué se olvida uno? De recordar algo. Es decir: no se olvida de la cosa sino de su recuerdo. El recuerdo, la huella en la memoria, es lo único que hay…”.
“El estudio es una de las actividades más misteriosas que hay. De lo que uno estudia, decía un viejo profesor, lo que importa no es lo que se recuerda sino lo que se olvida…”.
“Toda vanguardia, llevadas sus premisas a las últimas consecuencias, desemboca en la muerte del arte tal como lo conocemos: actividad pequeño burguesa, individualista, casi siempre mercenaria, vanidosa, capitalista...”.
“Si el pastiche es la imitación irónica de un estilo ajeno, ¿no existiría la posibilidad de que toda la literatura haya sido pastiche?".