17.11.14

El mexicano Élmer Mendoza y el misterio en Bogotá

El escritor invitado a  Bogotá Contada, presentó su novela  El misterio de la orquídea calavera
 
Élmer Mendoza, autor mexicano creador del detective Édgar El Zurdo Mendieta./eltiempo.com
El misterio de la orquídea calavera de Élmer Mendoza

Doce años después de estar por primera vez a Bogotá, el escritor mexicano Élmer Mendoza volvió con una doble intención: desentrañar historias sobre la capital y al mismo tiempo lanzar su nuevo libro 'El misterio de la orquídea calavera'.
Lo primero quedará consignado en un texto que Mendoza, reconocido exponente de la llamada narcoliteratura, hará sobre la ciudad para el proyecto Bogotá Contada, de Idartes; mientras que sobre su libro, una novela negra para jóvenes, habló con EL TIEMPO como pretexto para ahondar en su trabajo enfocado en las historias sobre narcos en el norte de su país.
'El Misterio de la Orquídea Calavera' está protagonizada por 'el capi' Garay, un joven de 18 años, que debe negociar la liberación de su padre, que ha sido secuestrado en San Luis Potosí (México), pero en realidad tiene otro relato interno, el de Edward James, un fascinante escocés que existió y se gastó 5 millones de dólares en construir los jardines de Xitila donde sembraba orquídeas:
¿Cómo nace este libro cuyo eje ya no es 'el zurdo' Mendieta, personaje de su exitosa saga ('Balas de Plata', 'La prueba del ácido', 'Nombre de perro')?
Partió de una pregunta sobre qué hacía yo para descansar. Mi literatura es muy adrenalínica, siempre estoy en el filo de la navaja. Y tenía dos historias incompletas, una con el 'capi y otra con Edward James, entonces se me ocurrió juntarlas. Me interesaba contar cómo la historia de un hombre como James podía influenciar una personalidad tan endeble como la de 'el capi'.
¿Por qué una novela negra para jóvenes?
No sé si es una decisión inteligente, digamos que es el medio el que me condiciona. En mi país ha subido mucho el secuestro, que es un delito tan inhumano, eso de apoderarse de la vida de alguien por dinero, no consigo entenderlo, entonces quise poner un delito así de definitivo para ayudarme a levantar a la personalidad de 'el capi', que es el hijo tonto de una familia y que a sus 18 años vive esta situación en la que puede convertirse en un perdedor o hacer algo con su vida. La circunstancia del secuestro le ayuda a conocerse, espero que mis jóvenes lectores pesquen esa punta de la madeja.
¿Es más difícil escribir novela para jóvenes?

Si hay que pensar a quién va dirigido un libro, pero a mí ambas se me hacen difícíles, lo cual es bueno, porque el día que a un escritor se le hace fácil es porque ya terminó. Yo trato de que mis novelas se parezcan pero no sean iguales y esta tenía que ser completamente distinta. Algunas veces estaba trabajando y advertía que estaba escribiendo como si mi personaje fuera 'el zurdo' Mendieta, entonces lo eliminaba sin piedad.
¿Cómo logra el tono de un adolescente como el de 'el capi' Garay?

Fue un proceso de casi tres años. Yo siempre escribo dos novelas a la vez y en esta lo que hice fue escuchar a los jóvenes de Tijuana, de Guadalajara, que hablan muy parecido.
En sus novelas prima el lenguaje coloquial y alguna vez dijo que empezó a escribir porque le interesaba el lenguaje...

Es muy importante. Es el lenguaje que me sale del corazón y eso me permite hacer un discurso diferente. Tengo antecedentes de maestros poderosos que tuvieron el valor de usar el lenguaje de la calle. Ejemplos como el Artistófanes que en su obra 'La asamblea de las mujeres', puso a un personaje a defecar en público, para eso se necesita un lenguaje; Shakespeare que cortaba las palabras pero entendía el poder oral para llegar al público; Cervantes, que es la mezcla del lenguaje y ritmos narrativos. Dante, a quien sus amigos le decían que cómo se le ocurría escribir 'La divina comedia' en toscano, que lo hiciera en latín que era el lenguaje de los hombres cultos. Al final, después de doce años la publicó en el lenguaje de la gente.
Y en autores modernos...

Sí, en todos los idiomas hay registro callejeros. No hay ninguna literatura que describa la palabra güevón como los autores colombianos. Yo la leo, veo el contexto y digo qué bonito, pero no lo podría hacer. Es una palabra que no me pertenece que es lo que yo hago con el lenguaje de mi región.
¿Qué opina de que lo llamen exponente de la narcoliteratura. ¿Qué es eso?

No me importa la etiqueta, soy el jefe o el creador y eso algún mérito tiene. Hablamos de una literatura que ha tenido que definir su estética y tiene que ver con la creación de atmósferas de violencia, de corrupción, que tienen que ver con los vasos comunicantes entre la gente que vive al margen de la ley con los que están dentro de la ley. Es también incorporar un lenguaje, un cierto grado de emotividad e historias muy fuertes.
¿Y en eso hay relación con Colombia?

Yo digo que mientras aquí escribían sobre sicarios, nosotros escribíamos sobre narcos pasando la frontera, negociando cargamentos de millones, no sobre el control de las vidas, que se supone que es el tema de los sicarios, sino del mercado de los adictos y eso implica ciertas diferencias. En Estados Unidos hay una narrativa sobre el mundo de los adictos que a nosotros nos falta, yo digo que nosotros (mexicanos)escribimos de todo lo que tiene que pasar para que ellos tengan esos personajes y escriban sobre ellos.
¿Es más fácil hacer novela negra en países como estos?
Hace 30 años se decía que en América Latina no podía haber novela policíaca porque no teníamos ni policías decentes, pero se ha demostrado que se puede y hay ejemplos invaluables. Los territorios narrativos que daban prestigio acá no eran los policíacos, se tendía al 'boom', al planteamiento de lo maravilloso que ocurría en regiones pequeñas, pero creo que estamos impulsando una posibilidad de hacer novela policíaca que va a reventar muy bien en América y en Colombia.
¿Es 'el' momento de la novela negra en América Latina?

Fue tan intenso lo del boom que creo que estamos buscando cómo sacudirlo. Aquí siempre hay un delito y una historia, además de la posibilidad de mezclar: historias de amor, de corrupción, de lo que quieras, con una investigación policíaca.
Creo que se fortalecerá y tendrá que ver con que los autores están demostrando que la novela policiaca no es mediocre, que no se escribe en tres meses como se pensaba, sino que lleva años. También tiene que ver con las propuestas desacomplejadas de la neopolicíaca latinoamericana cuyos ejemplos son Leonardo Padura, Paco Ignacio Taibo II, Ramón Díaz, Roberto Ampuero y Juan Sasturain
Sobre Bogotá

"Llegué con dos historias de hechos que ocurrieron antes del siglo 19 y sobre dos sitios, pero me han salido tantas más que decidiré lo que escriba una hora antes de sentarme frente al computador. He visto una ciudad más hermosa y más limpia que hace doce años, con gente más relajada".