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28.9.10

El crítico como artista

El mayor aporte filosófico de Benjamin fue considerar que la foma de la teoría crítica podía ser también una obra de arte

En Benjamin se combinaban la melancolía y la voluntad de acción política.foto.fuente:adncultura.com

Antes de cualquier consideración filosófica o crítica, Walter Benjamin se impone por la materialidad de la escritura, por la evidencia del estilo. Es realmente uno de los estilistas más virtuosos de la lengua alemana en el siglo XX. Lo interesante, en su caso, tal vez sea que ese estilo no habría existido jamás sin el tenso campo de fuerzas del pensamiento que lo sostiene. Un poco en broma y un poco en serio, el propio Benjamin respondía en un artículo que el hecho de que escribiera un mejor alemán que el resto de los escritores de su generación se debía al cumplimiento de una regla menor: no usar nunca la palabra "yo", excepto en las cartas. Pero aun en aquellos textos (la mayoría) en los que no usa la primera persona, la filosofía de Benjamin es inseparable del hombre que la pensó.

Sin embargo, esa filosofía de Benjamin nunca existió del todo. Esa filosofía es más bien una tarea, una misión que él mismo delegó en los lectores futuros. Y esto resultó así precisamente por el estilo de sus últimos escritos, aunque desde siempre había concebido la crítica como la auténtica filosofía. "La teoría romántica de la obra de arte es la teoría de su forma", anotó Benjamin en El concepto de crítica de arte en el romanticismo alemán , libro temprano, de 1919. El giro benjaminiano consistió en pensar que la forma de la teoría podía ser también una obra de arte. Pero en lugar de demorarse en el pasado, imaginó, con esa presunción romántica, una forma y un estilo ajustados al siglo XX: los de las vanguardias. Suele pensarse la trayectoria crítica de Walter Benjamin por lo menos en dos partes. De algún modo, el libro que divide esas dos mitades es el politizado Calle de dirección única , de 1928. Aunque saldaba su deuda con las novelas clásicas del surrealismo - Nadja de André Breton, El campesino de París de Louis Aragon-, esa colección fulminante de miniaturas seguía en alemán la huella de Karl Kraus ("Nunca formuló Kraus una argumentación que no sustentara con toda su personalidad", escribió). Había ahí toda una poética de la crítica, la idea de que la eficacia literaria procede del intercambio entre acción y escritura.

En rigor, esa última parte es la definitiva, pero sería impensable sin la que la precedió. Todo lo que escribió antes del Libro de los pasajes es una preparación para ese libro inconcluso, y tal vez, por su amplia ambición, imposible de concluir. Eso explica el cambio que notó Theodor W. Adorno, su amigo y compañero en el Institut für Sozialforschung: el carácter esotérico de sus primeros trabajos, y el fragmentario de los últimos. Allí, en los techados pasajes parisinos, se encontraban el gusto surrealista por los objetos obsoletos y la alegoría, el materialismo y la teología. Así como antes había sido romántica, la filosofía debía volverse ahora surrealista.

También podría decirse que ese libro, el de los pasajes, debía contener su filosofía y que ésta, por eso mismo, quedó tan inacabada como el libro. Al amparo de esa filosofía surrealista, el Libro de los pasajes , obra maestra del montaje, usa la figura de la alegoría, emblema de la ruina en su temprano El origen del drama barroco alemán , para examinar el siglo XIX y entender el XX: la alegoría une la ruina barroca con los objetos obsoletos y deslucidos que se ofrecen en la vidrieras de los pasajes. Su último libro realizaba las ideas de uno de los primeros, del mismo modo que la prehistoria de la modernidad podía explicar su presente.

Nunca hubo resignación en la filosofía del saturnino Benjamin. Su fe en las promesas contenidas en los libros infantiles (y no hay que olvidar que le interesaban mucho los cuentos infantiles y los juguetes) se lo impedía. El propio Adorno lo explicó con un recuerdo de primera mano: "Quien hablaba con Benjamin se sentía como un niño que percibe la luz del árbol de Navidad a través de las rendijas de la puerta cerrada. Pero la luz prometía al mismo tiempo, como la luz de la razón, la verdad misma, no su reflejo impotente".

© LA NACION


20.9.10

noticias del mundo

Lo que ellas quieren

Una de las primeras noticias que llamaron la atención cuando llegó a la presidencia de los Estados Unidos, fue que Barack Obama había escrito poemas en su juventud. Pero ahora sube la apuesta y anunció que el 16 de noviembre va a publicar un libro ilustrado para niños sobre personajes célebres de su país. Canto sobre vosotras: una carta a mis hijas será el título de esta obra que tendrá una tirada inicial de 500.000 ejemplares y será editada por Random House. Obama habría terminado el manuscrito poco antes de asumir su actual cargo y ya se sabe que en la tapa aparecerán las hijas del mandatario, Malia y Sasha, junto a Bo, el perro de la familia.

Gracias por los ineditos

Los días que siguieron a su muerte, la Fundación Mario Benedetti decidió no hacer ningún homenaje ni recordatorio al poeta uruguayo. Pero el martes pasado (en que el escritor habría cumplido 90 años) anunciaron la publicación de Biografía para encontrarme, un libro con poemas inéditos.

Sylvia Lago, presidenta de la Fundación Benedetti, explicó que "estos poemas tienen un tono más atenuado que los que conocemos aunque mantienen las temáticas universales que Mario ha tocado, como el amor, el pasaje del tiempo y la fugacidad, y en este caso la cercanía de la muerte. Además, la Fundación anunció un concurso de ensayos para analizar su obra y hasta propusieron que el aeropuerto de Montevideo lleve su nombre.

fuente:pagina12.com.ar

13.9.10

Los nombres del juego

Los términos con que se refieren, o se han referido, a los inmigrantes de origen latinoamericano en Estados Unidos y en Europa retratan prejuicios y prevenciones. Un paso más allá es la ley de Arizona

A pesar de los muros de contención represiva, siempre hay formas de hacer huecos.foto:archivo.fuente:elpais.com

Cuando entras a Estados Unidos dejas de ser mexicano, colombiano, cubano, y te conviertes en "latino". Antes, las autoridades de Estados Unidos nos llamaban "hispanos", una denominación de la lengua y no de la piel. Usado por primera vez por Richard Nixon en un discurso, el nombre "hispano" fue incluido por Jimmy Carter en el censo de 1980.
Un año antes, Carter fue atacado por un conejo -eso dijo- en un pantano, mientras pescaba. El conejo trató de subir a la barca y el presidente se defendió a golpes de remo. El incidente conocido como el de "the killer rabbit" fue usado como burla, pero nadie recordó que Hispania quiere decir precisamente "tierra de conejos". Ya se vislumbraba el cambio a "latinos" -para 2000, los latinoamericanos en Estados Unidos habían crecido casi el 60% en sólo diez años-, que parecían ahora más presentes y, a veces, amenazantes. Con Bill Clinton ya no se trataba de hablar español, sino de una etnia morena, de labios suculentos, traseros increíbles, capacidad para bailar, apegados a la familia y al trabajo, en el supuesto de que Jennifer López, Shakira, Salma Hayek y Penélope Cruz vengan del mismo lugar. Pero los "latinos" también son violentos, pandilleros que se niegan a aprender inglés, narcotraficantes. Y yo que quería ser inocuo frente a la Afroamericana de la aduana en Nueva York, pensé que una explicación sin palabras de a qué iba yo a Nueva York era ofrecerle un ejemplar de la revista de arte Review -la de David Rockefeller-, que iba a presentar al día siguiente. La abrió justo en un autorretrato del artista Daniel Joseph Martínez en el que alguien le dispara en la sien derecha con un revólver. La Afroamericana de Homeland Security abrió los ojos y me mostró la imagen:

-¿Qué es esto? -preguntó a punto de presionar el botón que abre la compuerta por la que sales de Estados Unidos despedido al desierto de Ciudad Juárez.

-¿Arte? -me hundí.

Después de ver los sellos en mi pasaporte, la Afroamericana se detiene en los de la República Bolivariana de Venezuela -así dice- y Ecuador. Desde esos países se ha recreado en los últimos años ese término inventado por los franceses para justificar la invasión de Napoleón III a México: América Latina. Michel Chevalier lo acuñó en 1837 cuando conoció a Andrés Manuel del Río en las minas mexicanas creyendo que habían aislado un elemento nuevo: el eritronium. Enviaron el rojo mineral a Europa, pero fue rechazado como descubrimiento hasta que, con Chevalier y Del Río muertos, los químicos alemanes aceptaron el elemento pero con otro nombre, vanadio, sacado de una diosa del sexo escandinava (el mineral parece un corazón estallando). La historia equívoca de ese hallazgo, con otro nombre, es la de la invención francesa de América Latina: un territorio cuya moral se opone al simple egoísmo de la "América Sajona". Desde entonces, hablar de América Latina es oponerla a Estados Unidos y no, como era la intención de Simón Bolívar, a una España "feudal" y opresiva que no nos dejaba a los americanos más ruta que la guerra independentista. De todos modos, todo llevaba a París y a los derechos del ciudadano. Eso, antes de que la propia Europa nos llamara "sudacas", con el sospechoso orgullo de sentirse arriba del Ecuador. Pero no ahora, a casi doscientos años de la Carta de Jamaica de Bolívar (1815), cuando América Latina invoca, simplemente, la defensa preventiva de un vecino armado que no voltea más al sur, sino al Medio Oriente. La América Latina de Hugo Chávez es como pasearse delante de una mujer que no nos voltea a ver. Es como defender la caballerosidad de Chevalier cuando nadie nos la solicitó.

La Afroamericana me mira detrás de sus anteojos. Estamos en los días de la ley que convierte en delincuentes a los inmigrantes en Arizona sólo por su aspecto de no pertenecer a ese desierto. Muchos de los "latinos" estaban ahí antes de que existiera Estados Unidos: justo ahora, de día, en el lado mexicano, fluyen las mercancías trabajadas por los empleados de salarios bajos. De noche, los asalariados cruzan la frontera por salarios menos bajos. Decido atizar la culpa de la burócrata de Homeland Security:

-No se aplica sólo a los "latinos" -se defiende.

-¿A poco detienen holandeses porque usan zapatos de madera?

No se ríe. Me hundo otro poco.

Tras veinte minutos de interrogatorio, finalmente, la Afroamericana me deja entrar a Estados Unidos, a Nueva York -que es una tercera parte puertorriqueña, dominicana, mexicana y colombiana- y llego a la puerta de la Americas Society en Park Avenue, donde los inmigrantes morenos no cargan muebles, ni riegan jardines, ni bailan tango, ni hacen películas con Tarantino, sino que pasean perros minúsculos, peinados, pulcros, perfumados. Le digo mi nombre a la recepcionista.

-¿Italian? -sonríe.

No logro más que encogerme de hombros.

Whatever. -

Fabrizio Mejía Madrid (México, 1968) es autor, entre otras obras, del libro de crónicas Salida de emergencia (Mondadori. México, 2007) y la novela Tequila, DF (Mondadori. México, 2008).

3.9.10

Jed Mercurio entra en el dormitorio de Kennedy con la novela 'Un adúltero americano'

Con el libro quiere manifestar las contradicciones morales del ex presidente norteamericano a quien ha definido como "un santo en su vida pública, y un pecador en la privada"

El escritor y médico británico Jed Mercurio, autor de Un adultero americano. foto:internet.fuente:lavanguardia.es

El escritor y médico británico Jed Mercurio ha presentado este jueves su novela Un adúltero americano (Anagrama) con la que ha querido manifestar las contradicciones morales del ex presidente norteamericano John Fitzgerald Kennedy, a quien ha definido como "un santo en su vida pública, y un pecador en la privada". Mercurio se ha servido de las licencias literarias que permite el género novelístico para traspasar la frontera en la que los biógrafos de JFK se ven obligados a detenerse: "Las puertas de su dormitorio", según ha asegurado el autor en rueda de prensa.
La dificultad para adentrarse en su vida privada se debe a que las amantes del ex presidente nunca han hablado, o por lo menos "nunca de una forma fiable". Tampoco lo ha hecho su esposa, Jacqueline Bouvier Kennedy, con la que estuvo casado más de diez años, y de quien Marcurio ha asegurado que era la única mujer importante en la vida de ex presidente americano. Del resto "enseguida se aburría, y pasaba a la siguiente", ha añadido.

El autor británico ha tratado de ofrecer un retrato lo más positivo posible de la esfera pública de JKF, con el fin de encontrar el contraste exacto a su "peculiar" vida privada. Perteneciendo a una familia acaudalada, hubiera podido pasarse la vida "tomando el sol en la piscina, pero no lo hizo", ha explicado.

Mercurio lleva tiempo buscando para su novela a un personaje con contradicciones entre una impoluta vida pública y una doméstica de excesos, especialmente sexuales. Kennedy siempre venía a su mente. "Si hubiese tenido visión de futuro, habría escrito sobre el golfista Tiger Woods", ha bromeado.

También ha asegurado que al también ex presidente demócrata Bill Clinton le hubiese encantado haber gobernado en la época de JFK, cuando la prensa americana no se sumergía en la vida privada de los personajes públicos.

El editor de Anagrama, Jorge Herralde, ha calificado la novela de "profundamente original" y de lectura compulsiva, gracias a que Mercurio ha sabido entremezclar "la política internacional, la sexualidad y los problemas médicos" del malogrado presidente demócrata.

La tumba de JFK

2.9.10

Un lanzamiento literario sin moverse de casa y a solo un 'click'

RBA lanza Los juegos del hambre en la primera presentación on line de un libro en España

La autora estadounidense, Suzanne Collins. foto.fuente:elpais.com

La presentación de un libro ya no tiene por qué ser una cita reservada para unos pocos periodistas y conocidos. La editorial RBA ha organizado hoy la primera presentación on line de un libro en España. Tres salas para que los ciber asistentes intercambien impresiones sobre distintos aspectos especializados del libro; chats con la editora y la traductora o distintas aplicaciones para personalizar el perfil con imágenes alusivas a la novela en las redes sociales. Estas son algunas de las posibilidades que tendrán los lectores de Sinsajo -la tercera entrega de la saga juvenil Los juegos del hambre- a partir de las 17.20 en la página www.losjuegosdelhambre.com.

Más de 11.000 reproducciones en su canal de Youtube; 700 seguidores en Twiter; 101 semanas seguidas en la lista de más vendidos de The New York Times, son razones suficientes, en palabras de los responsables de la editorial, para escoger este libro de la estadounidense Suzanne Collins (Nueva Jersey, 1963) para el novedoso lanzamiento digital. La página estará disponible únicamente entre las 17.20 y las 20.00 (hora peninsular española). La idea es que todo funcione como una presentación normal: un acto con protocolo de apertura y otro de clausura. Será un espacio donde se encuentre gente interesada en una misma novela y que tengan la posibilidad de comentarla. Éste ha sido uno de los títulos más polémicos de los últimos años dentro del género juvenil por su forma de tratar la violencia, según ha señalado una encargada de la editorial.

Dentro de la página web los cibernautas encontrarán tres apartados virtuales en los que encontrarán distintas actividades. En el primero habrá un cronograma de eventos que incluye discusiones con "invitados oficiales", como por ejemplo la bloggera oficial de la trilogía. En el segundo habrá campo para hablar sobre las primeras dos entregas (Los juegos del hambre y En llamas). Y en un tercero los cibernautas podrán discutir las expectativas y rumores que ha generado la publicación de Sinsajo. The Wall Street Journal catalogó el libro, descrito en alguna ocasión como un "gran hermano teñido de sangre", como el más esperado del verano.

Dentro de la jerga de la literatura juvenil, uno de los términos más acuñados es Spoiler, que significa dar un adelanto de la trama. Como por ejemplo, hacer pública la muerte de uno de los personajes. Un apartado estará dedicado a presentar a los personajes de la nueva novela y a debatir sobre los ya conocidos. Todo está pensado de tal forma que, si el lector no quiere adelantarse y estropear su lectura durante la presentación, de un click al ratón de su ordenador y abandone la sala.

26.8.10

La historia trágica de un escritor cómico

Uno de los cuentistas de humor más imaginativos y geniales de la literatura inglesa murió hace cien años víctima del whisky

William Sydney Porter, más conocido como O Henry.foto.fuente:revistacredencial.com

Secuestros, amenazas, robos, crímenes, duelos, estafas... Antes de naufragar en whisky y morir a los 47 años, William Sydney Porter, más conocido como O Henry, descubrió que era posible divertirse con cuentos inspirados en algunos de los más oscuros instintos humanos. Otros lo habían hecho antes que él, por supuesto, pero con la intención de estremecer o moralizar, rara vez con la de despertar carcajadas.

O Henry había nacido en 1862 -el 11 de septiembre, para más trágica coincidencia- en el estado de Carolina del Norte y se lo llevó en junio de 1910 una cirrosis hepática copiosamente alimentada desde tiempo atrás. Cuando murió en Nueva York, tras una vida llena de malos momentos, llevaba en el bolsillo veintitrés centavos de dólar. Huérfano de madre desde los tres años, heredó a medias la vocación médica de su padre. Digo a medias porque, a pesar de haber sido un alumno juicioso, un tío suyo lo indujo a ser farmaceuta y trabajar en su droguería.

Al cabo de un tiempo, sin embargo, le dio por aventurar y se hizo pastor en un rancho de ovejas texano. En la hacienda convivió con inmigrantes chicanos, aprendió a defenderse en español y descubrió el alcohol, cuyo consumo lo acompañó hasta el último día de su vida. Llamado por un amigo, se trasladó a Austin, donde se transformó en burócrata de la Oficina de Registro de Bienes. No le iba mal. Tenía un buen salario, en sus ratos libres tocaba mandolina en una orquesta y se enamoró de una jovencita rica, pero que padecía principios de tuberculosis. Cuando los padres se opusieron al matrimonio, se marcharon a vivir juntos, como cualquier pareja del siglo XXI.

Pero, cosas de la mala pata, sus amigos políticos perdieron las elecciones y con ellos se fue el cargo que ocupaba. Para peor, su primer hijo murió a los pocos meses y agregó otra nota trágica a un hombre que, a pesar de todo, siempre supo sonreír y extraer sonrisas.

El primer Rolling Stone

En 1894 -mucho antes de que existieran el rock, Mick Jagger, los Rolling Stones y la revista de ese nombre que hoy conocemos- funda un semanario de humor así titulado. Fracasa, por supuesto, como corresponde a casi todas las publicaciones satíricas. Sin embargo, un editor inteligente del Houston Post entiende que detrás de ese malhadado periodista hay un excelente escritor cómico y le encarga una columna diaria que goza de éxito inmediato.

Un poco antes de ello, O Henry había saltado de la burocracia oficial a la particular, cuando le ofrecieron ser contabilista de un importante banco y aceptó. Ojalá no lo hubiera hecho, porque el prometedor empleo se convirtió en fuente de nuevos problemas. Al cabo de unos meses, el banco lo acusó de haber desviado dineros a su propio bolsillo. Porter alegó su inocencia pero, por precaución, decidió retirarse discreta y velozmente hacia el exterior.

El 7 de julio de 1986 huye hacia Honduras y vive un tiempo escondido en un casposo hotel de Trujillo, como si eso fuera mejor que una buena celda en una prisión gringa. Allí, en la caliente, histórica y pequeña ciudad costera hondureña, Porter pule aún más su español y empieza a escribir cuentos. En uno de ellos utiliza por primera vez una expresión que se ha empleado innumerables veces en varios idiomas, pero por la cual ha recibido poco crédito: "banana republic".

Su estancia de siete meses en Centro América se manifestará después en varios cuentos donde Anchuria es un país imaginario que corresponde a Honduras y Coralio una ciudad que se parece mucho a Trujillo.

El plan era llevar la familia a Honduras, pero Athol, su esposa, enferma gravemente. Obligado a regresar para atenderla, William Sydney Porter se entrega a las autoridades poco antes de que fallezca la mujer. El juez considera que el joven viudo es culpable de desfalco y lo condena a cinco años de cárcel en la penitenciaría de Columbus, Ohio.

Es allí donde Porter recupera el seudónimo O Henry, con el que había firmado unos pocos textos cuando vivía en Austin.

¿Y esa O? ¿Y ese Henry?

¿Por qué O Henry, sin punto después de la O y sin más pistas que una inicial sobre el posible primer nombre? No está claro. Algunos dicen que lo tomó del gato de la familia y otros que lo inspiró un farmaceuta francés; no falta quien lo arma a partir de un complicadísimo juego de palabras donde aparecen el estado de Ohio y el vocablo penitenciary. El propio Porter, que era un mamagallista irreprimible, daba una versión diferente cada vez que le preguntaban por la razón de ser de su seudónimo.

Poco importa. El caso es que Austin, la ciudad que lo condena, es la que hoy conserva su memoria. La Universidad de Texas administra la Casa O Henry, un pequeño museo levantado en el lugar donde funcionó el tribunal que lo mandó a prisión. También se rinde homenaje a O Henry desde 1919 en el premio de cuento que lleva su nombre, uno de los más importantes de Estados Unidos. Entre sus ganadores figuran William Faulkner, Dorothy Parker, John Updike, Truman Capote, Saul Bellow, John Cheever, Katherine Ann Porter, Stephen King y Woody Allen.

Seamos sinceros: la vida que llevaba O Henry en la cárcel no era mala, sobre todo para un profesional de la desventura, como él. De cualquier manera, resultaba mejor que la del hotel de Trujillo. En vez de mazmorra compartida, le asignaron un cuarto cerca de la enfermería, donde trabajaba gracias a sus conocimientos de farmacia. Le sobraba tiempo para escribir y no tenía whisky a su alcance. A través de un amigo enviaba sus cuentos, de modo que las publicaciones ignoraban que se trataba de un preso. Un preso light, pero un preso. Su primer éxito fue un relato navideño que apareció en la entonces famosa McClure's Magazine en diciembre de 1899.

Un año y medio después, las autoridades, desgraciadamente, le otorgaron la libertad condicional en atención a su buena conducta y ahora sí O Henry pudo dedicarse sin cortapisas a escribir... y a beber.

En 1902, ya famoso y contratado por la revista New York World Sunday, se trasladó a Nueva York. Así como había escrito piezas deliciosas sobre la vida en la frontera y las praderas sureñas, se especializó entonces en escenas y personajes de ambiente neoyorquino. Sus historias de ficción, siempre inspiradas en la realidad, son complemento indispensable de las crónicas urbanas que han escrito después autores como Gay Talase o Joseph Mitchell.

En la Gran Manzana escribió 381 de los 600 cuentos que componen su obra narrativa y se convirtió en ídolo de la ciudad y de los lectores en lengua inglesa, que lo siguen considerando uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos. Sus recopilaciones en forma de libro empezaron a publicarse en 1906 con éxito instantáneo, y siguieron saliendo en forma póstuma.

Pero su mala estrella no lo abandonaba. En 1907 se casó de nuevo y en 1909 lo dejó la segunda mujer, desesperada por su alcoholismo. Ya le quedaba poco tiempo de vida. El deterioro irreparable del tejido hepático, complicado con diabetes y cardiomegalia (corazón excesivamente grande), causó la muerte de O Henry el 23 de junio de 1910. Nada más peligroso que una cirrosis toreada...

Historias de maleantes

O Henry construyó una fascinante obra narrativa mediante el recurso de retorcer situaciones terribles hasta convertirlas en cómicas, como quizás le habría gustado que ocurriese en su amarga vida.

Así empieza, por ejemplo, El rescate del Cacique Rojo, uno de sus más famosos cuentos:

«La idea no parecía mala; pero espérese hasta que le cuente. Bill Driscoll y yo nos hallábamos en el sur profundo, en Alabama, cuando nos vino como un rayo la idea del secuestro. Como después explicó Bill, fue un momento de 'rapto mental temporal', pero eso sólo lo supimos más tarde».

Lo que sigue es la desopilante historia de los dos secuestradores que se encartan con un niño insoportable de diez años cuya pasión es jugar a indios y vaqueros, origen de su apodo de Cacique Rojo. Poco a poco los secuestradores se dan cuenta de que ellos son las víctimas del guámbito y no saben cómo hacer para que la familia lo reciba de nuevo.

Aún más delirante, más larga y más divertida es Rehenes de Momo, una de las más alocadas narraciones del Oeste norteamericano que se hayan escrito jamás. Allí abundan los elementos del género western, pero en función de las aventuras de dos maleantes inolvidables, uno de los cuales (juzguen por eso) se llama Caligula Polk.

Los bandidos de O Henry no suelen ser gente perversa, sino personas infortunadas, como él, que en un momento dado deciden sacudir su suerte haciendo caso omiso de la ley. Eso sí, procuran compensar su resbalón manteniendo una compostura digna de caballeros (o lo que ellos creen que es la compostura digna de los caballeros) y un lenguaje remilgado, rebuscado y de cursi elegancia que es una verdadera joya.

En Telémaco, amigo, dos viejos camaradas, Hicks y Paisley, que parecen clonados de la picaresca española, se enamoran de la misma viuda en una vereda perdida de Nuevo México. Para que la pasión no los fuerce a traicionar su amistad, acuerdan que ninguno de ellos hará avances a la señora mientras el otro se halla ausente. Son diálogos "exquisitos" entre gente vulgar, que producen risa y conmiseración.

- Oh, señor Hicks -[dice la dama en cierto momento en que está a solas con uno de los pretendientes]¿, cuando una se considera íngrima en el mundo, ¿no cree usted que hay razones para sentirse aún más agraviada en su soledad en una noche tan bella como esta?
Ante lo cual Hicks se pone en pie y se aparta del tentador rincón diciendo:
"- Perdóneme, señora, pero tendré que esperar a que Paisley venga antes de ofrecer respuesta audible a una pregunta tan importante como esa."

Otro cuento de bandidos (Asaltando un tren) ofrece las claves para robar un convoy férreo. El ladrón aconseja con adorable educación:

«La mayoría de la gente diría, si se le preguntara su opinión, que asaltar un tren es un trabajo muy duro. Bueno, pues no es así; es fácil. Yo he contribuido en alguna medida al desasosiego de los ferrocarriles y el insomnio de los trenes expresos y creo que el problema más grave que se me presentó después de un asalto fue el me hubieran timado gentes inescrupulosas a la hora de gastar el dinero del botín».

Cisco Kid, aquel célebre vaquero de cómics y películas, fue invento suyo. Aparece en 1907 en un cuento titulado, con obsesión recurrente, A la manera de un caballero (aunque ha sido traducido como La venganza de Cisco Kid).

Para que vean qué clase de caballero era este, empieza así:

«El Cisco Kid había dado de baja a seis hombres en riñas más o menos limpias, había asesinado al doble, en su mayoría mexicanos, y había dejado maltrecho a un número mucho mayor que, por pura modestia, se abstuvo de contar. Por consiguiente, una mujer lo amaba».

Dónde leerlo

La imaginación de O Henry para retorcer situaciones fue muy celebrada por los lectores, pero censurada por algunos críticos. Jorge Luis Borges señaló que la trick story (el cuento con trama y resolución de esmerada sorpresa) tiene "algo de mecánico" pero que debemos a O Henry "más de una breve y patética obra maestra".

Júzguenlo ustedes mismos. Aparecen cuentos en inglés de O Henry en http://www.literaturecollection.com/a/o_henry/ y en español en http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/henry/oh.htm.

Ignoro si los relatos de O Henry, tan desconocidos en español, podrían seducir a los lectores tanto como lo hicieron conmigo. Pero sé que si el Negro Fontanarrosa hubiera nacido en Estados Unidos hace 147 años, algunas de sus historias se parecerían mucho a las del trágico y cómico William Sydney Porter.

19.8.10

Las defensas de un 'bestseller'

Este autor, que define sus obras como ficción comercial, aboga por el género que en estos días recauda millones en ventas

Napoleón Bonaparte, visto como uno de los grandes saqueadores de la historia, es el enfoque del nuevo libro de Steve Berry.foto.fuente:elespectador.com

Steve Berry escribe ficción comercial, literatura popular, y a pesar de la indignación de algunos críticos está convencido de que con las novelas que hace no va a ganar el Premio Nobel ni ningún premio de literatura. "Lo que yo escribo son ese tipo de historias que te permiten olvidar tu realidad y tus problemas y disfrutar y despegar de tu mundo y aterrizar en Alejandría y buscar tesoros. Yo escribo entretenimiento, es la forma más simple de ponerlo", explica, sin tapujos, este escritor norteamericano para quien en el mundo editorial hay cabida para todos, "porque no todo el mundo está en el ánimo de leer a Stendhal o Tolstoi", sentencia.

A pesar de intentar por 12 años seguidos que alguna editorial lo publicara, sólo hasta 2005 este creador de novelas fantasiosas que recogen en su mayoría a personajes históricos logró publicar su primer libro, La profecía Romanov. Desde entonces la producción ha sido frenética, más de seis libros, y la venta en librerías todo un récord. Su más reciente obra, El club de París, llega a Colombia en la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

"El género de thriller de espías y confabulaciones internacionales se murió en los años noventa. La Guerra Fría había acabado y el Muro de Berlín había sido derrumbado, así que el género se quedó sin aires frescos y sin insumo para contar historias, de modo que muchos escritores como yo perdimos la audiencia —explica Berry—. Fue Dan Brown quien le dio nueva vida al género con El código Da Vinci".

Así, con la certeza de estar escribiendo una literatura popular —que aún así puede ufanarse de tener el 90% de datos históricos—, Berry presenta un libro que indaga a través de triquiñuelas y detectives esa faceta de Napoleón Bonaparte como el gran saqueador de la historia. "Bonaparte saqueó incalculables tesoros de Los Caballeros de Malta y del Vaticano y se murió en el exilio en 1821 sin que nadie supiera dónde había quedado siquiera una fracción de sus robos", comenta Berry. Para cumplir con la receta, por supuesto, El club de París cuenta con un investigador, el ex agente Cotton Malone, y con un grupo de conspiradores decididos a manipular la economía global.

El libro fue reseñado con buena crítica por The New York Times Book Review, sin embargo Berry, un experto en lidiar con críticos, cree que todos disfrutan sus novelas y se pierden en sus aventuras, sólo que son incapaces de reconocerlo. "No lo puedo entender, le pagamos a gente para que vuelva los libros basura. Que tal si un periódico le pagara a alguien para que se parara enfrente y le dijera a todo el que pase: 'No lean esto, porque tiene esto malo y esto otro', eso es lo que hacemos con la critica", concluye enfático este escritor, que quizá venda más a causa de esa crítica manida.

18.8.10

'Los diarios de Adán y Eva'

Edición especial que se publicará en septiembre con motivo del centenario de la muerte de Mark Twain

Los diarios de Adán y Eva de Mark Twain. foto.fuente:vive.in

El escritor estadounidense Mark Twain, además de ser el autor de títulos universales como 'Las aventuras de Tom Sawyer' o 'Huckleberry Finn', también firmó una pequeña delicia, 'Los diarios de Adán y Eva', que se publica ahora en una edición especial con motivo del centenario de su muerte.

Esta es una versión de este libro, irónico y tierno, sobre las relaciones entre Adán y Eva en el jardín del Edén, que se completa o ilumina con los dibujos del artista Francis Meléndez y que estará en las librerías a principios de septiembre, editado por Libros del Zorro Rojo.

'Los diarios de Adán y Eva', que se publicó por primera vez en 1906, es un obra llena de humor sobre la historia bíblica y la creación del mundo, un tema que interesaba mucho a este autor, considerado por Faulkner "el padre de la literatura norteamericana" y para el que la Biblia era fuente natural de sus pensamientos y reflexiones sobre la condición humana.

No en vano, Mark Twain, nacido el 30 de noviembre de 1835 en Florida (Missouri, EEUU) y fallecido el 21 de abril de 1910, además de dedicarse a la ficción, siempre con un trasfondo social, desde su pluma como periodista se implicó con todo lo relacionado con la situación del hombre, como lo relacionado con la esclavitud o las diferencias sociales.

Para Twain, que al inicio de su carrera estaba considerado un gran humorista, Eva es la intelectual de la pareja, la encargada de poner nombre a las cosas, y Adán, más contemplativo, está ocupado en buscar refugio y alimentos. Todo un divertimento del que el lector puede gozar contemplando también los bellos y humorísticos dibujos a lápiz del prestigioso artista zaragozano Francisco Meléndez, ilustraciones que parecen grabados con un Adán mitad reptil, mitad lord romántico decadente, o desnudo y flaco, con aire barroco y circense, o con una Eva desnuda, con un pelo surrealista interminable, pescadora de letras.

16.8.10

Pensamiento crítico en la 'caja tonta'

Los libros que indagan o explican filosofías vitales que laten en las series de televisión se han convertido en complemento para los seguidores

Los principales actores de la serie Mad Men, del guionista y director Matthew Weiner. Elegida por tres años consecutivos mejor serie dramática en EE UU.foto.fuente:elpais.com

En un corcho de la oficina de los productores de Mad Men han colgado una felicitación. No es la enésima carta anónima, sino una manuscrita del propio presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Cualquier asesor de imagen -quién sabe si ha sido ocurrencia de uno- apoyaría esta expresión de entusiasmo, porque hoy la pasión por cierta televisión es cool. Algunas series, calificadas por algunos como "la mejor narrativa americana actual", no son un fenómeno nuevo, hay que remontarse al 2002 con el estreno de The Wire. Aunque sí lo es el comportamiento de la audiencia. Han descubierto que hay vida más allá del visionado de un capítulo de cualquiera de estas series. Ellas te ponen a prueba. Hace tiempo que el espectador no aguarda la entrega semanal y se indigesta con un atracón de episodios. Ahora, además, gracias a Facebook y Twitter, disfruta de un contacto directo con los actores, productores y guionistas; intercambia impresiones en los foros cibernéticos y tiene acceso a los detalles más inauditos en unas webs oficiales cada vez más completas. Un caldo de cultivo que ha propiciado una avalancha de libros sobre unas series que invitan a la reflexión.

"Twitter o Facebook son un mundo. Yo me twitteo con los actores o con los guionistas. Hay una revolución desde hace un año en la que tienen cabida los libros y cualquier medio de comunicación. Es muy divertido, pero también un poco loco porque hay mucho y hay que ir descartando", cuenta entusiasmada Mariló García, coordinadora de series Cinemanía y bloguera (yonomeaburro.blogspot.com). "Por ejemplo, después de las nominaciones de los Emmys en Twitter había actores que se quejaban. El periodista está dejando de ser el intermediario". Su blog, centrado en las series, recibe 4.000 visitas diarias con picos de 15.000.

La periodista propuso, sin fortuna, a un sello editorial escribir un libro sobre la moda en las series. "Las editoriales tienen miedo a lo nuevo", dice convencida. "Los productores ahora son también los guionistas y eso es muy importante. Cuando tú haces un producto y pones la pasta, intentas que sea un fenómeno". El resultado es que se adelantan informaciones para caldear el ambiente y se editan, al igual que en las superproducciones juveniles, guías oficiales de las series.

¿Y por qué no antes la reflexión en las series? Las reglas publicitarias generaban espectadores perezosos, vendidos a un entretenimiento tan puro como hueco. Hasta que llegó el canal de pago HBO con su eslogan "esto no es televisión" y rompió los cánones. No estaba obligado a rendir pleitesía a los anunciantes, sino a presentar sus respetos a una audiencia dispuesta a costear un producto vanguardista. "No hay nada que te sirva de paño caliente respecto a una historia triste, una historia airada, una historia subversiva, una historia perturbadora", observa David Simon, productor de The Wire, una serie "sobre la porción de Estados Unidos que hemos desechado".

"La literatura de series no es solo un fenómeno fan que vive del fetichismo, sino que quien se enfrente a estas obras verá que aquí se están dilucidando formas distintas de la narrativa audiovisual contemporánea", sostiene Xavier Pérez, profesor de narrativa audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra. "HBO fue una gran apuesta experimental. Habíamos pasado una época en la que parecía invariable que la serialidad televisiva se basaba en un esquema de un mundo estable que se desequilibra y que al final vuelve a la estabilidad original", agrega Pérez. "Sus guionistas empezaron a declarar que se habían inspirado en series como Berlin Alexanderplatz (basada en la novela de Alfred Döblin), de Rainer Werner Fassbinder, que presentaban un mundo en permanente descomposición", subraya Pérez, coautor con Jordi Balló de Yo ya he estado aquí. Ficciones de la repetición (Anagrama, 2005). Durante muchos años, Pérez pensó que Twin Peaks, de David Lynch, y The Kingdom, de Lars von Trier, serían siempre una excepción en esa concepción desintegradora.

¿Hablamos de las series como si fueran Arte, con mayúsculas? "Es muy complicado, porque el arte es lo que los hombres dicen que lo es y, sobre todo, las instituciones legitimadas para decirlo. Es un producto comercial, pero de calidad máxima intelectual, política y estética", opina Iván de los Ríos, profesor de filosofía contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid. "Apuestan por una nueva forma de narrar, no tan simplista y sensacionalista. Una expresión muy crítica sobre la sociedad que las engendra".

La caja tonta (o lista) y los filósofos de nueva hornada han creado un tándem muy rentable en Estados Unidos, un país de gran tradición en ensayos de cultura popular. Las series son la excusa para explicar conceptos filosóficos -un vade retro para el lector medio- y que, sin embargo, pica el anzuelo por su afinidad televisiva. "Este tipo de libros continuará. Titular con el nombre de la serie y luego añadir "... y la filosofía", es una idea que nació en 1999 con Seinfeld. Ahora hay más de cincuenta libros. Son inteligentes, para fans inteligentes de una cultura popular inteligente. La televisión no es para peleles", sostiene William Irwin, profesor de Filosofía en el King's Collage de Pensilvania, autor de esa primera obra (Seinfeld and Phisosophy: a Book about Everything and Nothing) y coeditor de Los Simpson y la filosofía. La máxima de Homer: "Si lo intentas y fracasas la lección es: nunca lo intentes".

"No se requiere tener un background filosófico. Intentamos que el público sea capaz de pensar de una forma más crítica, y que vea que muchas de las preguntas que se plantea en sus series se han debatido décadas", explica Henry Jacoby, autor de La filosofía de House. Todos mienten. "Sería estupendo si después de leernos alguien se interesa por la filosofía". "Hay muchas cuestiones filosóficas planteadas en House. Como es obvio, algunas relacionadas con la ética médica. House usa la lógica para resolver puzles. Pero no son las únicas", prosigue Jacoby. Al estadounidense le ha salido un competidor en España: el manual de autoayuda Dr. House. Guía para la vida, de Toni de la Torre.

"La tradición de apelar a la cultura popular para explicar y discutir la filosofía nos hace volver a Sócrates. Él hablaba en términos de la mitología popular y analogías agrícolas", compara Irwin. "La mayoría de los filósofos comprenden que con estos libros tratamos de difundir la filosofía como él. A veces me topo con algunos prejuicios, pero no permito que me fastidien".

"La divulgación científica vende. Uno no compra un libro de Aristóteles porque nos resulta un peñazo, pero si ves en la librería Aristóteles en 20 minutos, te engancha", argumenta De los Ríos. "Aunque sí hay filosofía en Los Simpson. Por ejemplo, las paradojas de la omnipotencia de Bart. Nadie me escucha si yo afirmo: 'En la teología medieval se decía: si Dios existe y es omnipotente crearía una piedra que sería incapaz de mover... '. Pero te llega si lo pones en boca de Bart: '¿Podría Jesucristo calentar en el microondas un burrito tanto que fuera incapaz de comérselo?". De los Ríos ha participado en dos libros de factura nacional: The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión y Los Soprano forever. Antimanual de una serie de culto, ambos en Errata Naturae.

"Estos libros tienen una mezcla de rigor intelectual y humor, a veces con mala leche. Se ha intentado, y creo que conseguido, que los ensayos tuviesen la altura intelectual de los guiones", explica De los Ríos. El editor de Errata Naturae, Rubén Hernández, no tiene intención de publicar muchos más: "No queremos especializarnos en series. Tiene que surgir un libro muy en nuestra línea editorial". The Wire arranca con un prólogo de David Simón. El productor y periodista de sucesos no se anda con chiquitas: "La pauta que sigo para intentar ser verosímil es muy sencilla (la vengo siguiendo desde que empecé a escribir ficción): que se joda el lector medio". Prosigue con una conversión entre Simon y el Nick Horby (Alta fidelidad), que pasaron una tarde en Londres hablando del proceso de escritura, de Baltimore, de la música y del deporte. Le dan el relevo siete ensayos de Rodrigo Fresán, Iván de los Ríos y Margaret Talbot, entre otros. Y el volumen se cierra con El confidente, un inédito de Georges Pelecanos, uno de sus guionistas.

Mientras tanto, Los Soprano forever propone diferentes ángulos de la vida de esta familia mafiosa de Nueva Jersey: su relación con Dios, el sexo, el mal o la obesidad. Ideas que se desgranan de la mano de De los Ríos, Fresán, Fernando Delafuente. Ignacio de Castro Rey y Fernando Castro Flórez. "Los Soprano es un buen producto que está sobredimensionado porque sufrimos aburrimiento doméstico", plantea este último, quien se niega a un "arresto domiciliario" para ver series.

Los Soprano. Temporada dos. Un tipo feliz. Tony (el protagonista): "Tengo el mundo cogido por las pelotas y no dejo de sentirme como si fuera un puto pringado". "¿Qué opinarían Platón, Aristóteles, los estoicos o los epicúreos de la felicidad de este gordo criminal?", se preguntan en Los Soprano y la filosofía (Richard Greene y Peter Vernezze). "No creo que la gente necesite saber más de Los Soprano, pero hay un montón de cuestiones que explorar. Nuestros ensayos versan sobre qué nos puede decir Los Soprano acerca de la filosofía y de nosotros mismos. La gente está interesada en la cultura popular porque no vivieron el pasado. Es algo que hay que estudiar ahora", explica Richard V. Greene, de la Weber State University, coeditor de la obra.

"Está haciendo televisión una generación que ya nació con ella, y eso influye y beneficia", se felicita Rodrigo Fresán, quien participa también en Los Soprano forever. "No escribiría guiones, son un planeta diferente. Bueno sí, si me lo pidiese alguien de quien soy fan, pero seguro que luego me arrepentiría", asegura este forofo de Bob Esponja.

Los enigmas de Perdidos (Lost), la paranoia en la isla del Pacífico, con osos polares y un humo negro asesino, genera mucha literatura. "Es normal porque la serie plantea lo siguiente al espectador: 'Tienes que saber más si quieres entrar en mi mundo'. Es una máquina de producir otras interpretaciones y un complemento son los libros. No podemos ver Perdidos como vemos una película o un sit com", razona Simone Regazzoni, autor de Perdidos. La filosofía. "Tenemos que participar en la creación de ese mundo. Y para hacerlo necesitamos leer y escribir, conocer a otras personas que viven en ese mundo. Mi libro es una forma de participar en el juego narrativo de este mundo. Tiene, como en un videojuego, distintos niveles de dificultad".

"Perdidos no es filosofía popular, pero un filósofo puede hacer filosofía popular con la serie. Hay todavía demasiados prejuicios. El filósofo clásico intelectual (que no sabe qué está ocurriendo en la cultura popular) se resiste a la televisión. Se entiende que no pueda cambiar su paradigma intelectual, pero la nueva generación de filósofos (bad guys para los académicos) está preparada para trabajar con las series, los cómics o la pornografía", prosigue Regazzoni. El profesor de la Universidad Católica de Milán es coautor también de un ensayo sobre House y otro de Harry Potter que Duomo publicará este septiembre.

Se esperaba para estas fechas la edición inglesa, pero la Enciclopedia Lost, tan ansiada por los fans, verá la luz en otoño. Ha trascendido que intentará explicar todos los enigmas y misterios en sus 400 páginas, con más de 1.500 fotos. El final tan abierto de la emisión defraudó a muchos que confían en cerrar muchas incógnitas con su lectura, como han prometido los productores. Grijalbo sacará a la venta la versión en español. Lluís Alba y Miguel Pérez, del blog Zumbarte, sabían que su baza frente a la Enciclopedia Lost era el tiempo. Así que el mismo día de la despedida, tras seis temporadas, entregaron su volumen Perdidos. La guía definitiva a Dolmen, editor desde 2006 de otros cuatro libros sobre la serie. "Tiene 400 páginas, con análisis de cada capítulo. No hacemos elucubraciones personales, ni nos hacemos eco de las teorías de otros", cuenta Alba.

Don Draper, el publicista neoyorquino protagonista de Mad Men, tiene siempre en su escritorio media docena de camisas almidonadas. Todo lo que ve o toca es elegante y, pese a lo que podría parecer, nada es insustancial en la serie favorita de Barack Obama. Se retrata las costumbres sociales y políticas de cambio de los años sesenta en Estados Unidos (la identidad y la autenticidad del feminismo, la libertad o la felicidad) con tal profundidad que Irwin es también editor de otro libro Mad Men and Philosophy: nothing is as it seems (Paperback, 2010). Los niñatos malhablados y corrosivos de South Park han sido también merecedores de tres libros que, como el primero, no han llegado a España. Y de otros irreverentes, la familia animada más conocida del mundo, se acaba de editar El Evangelio según los Simpson. El libro, escrito por Mark A. Pinsky, un periodista judío que sirvió al Ejército israelí, muestra como Bart y compañía se mofan de la religión organizada pero, al mismo tiempo, abrazan la fe para hacer frente a su frustración social.

El tiempo demostrará si la literatura de series ha llegado para quedarse. Por lo pronto, pocos niegan que las series son una compañía un poco adictiva. De los Ríos lo resume: "No sabemos qué hacer con nosotros mismos y necesitamos consumir productos que nos den la ilusión de que queda algo para mañana".

Yo ya he estado aquí. Ficciones de la repetición. Jordi Balló y Xavier Pérez. Anagrama. Barcelona, 2005. 198 páginas. 19 euros. The Wire. 10 dosis de la mejor serie de televisión. VV. AA. Introducción de David Simon. Ilustraciones de David Sánchez. Errata Naturae. Madrid, 2009. 238 páginas. 16,90 euros. Perdidos. La filosofía. Simona Regazzoni. Traducción de María Ángeles Cabré. Duomo Ediciones. 133 páginas. 19,90 euros. Perdidos. La guía definitiva. Dolmen. Lluís Alba y Miguel Pérez. Dolmen. Barcelona, 2010. 460 páginas. 20 euros. El Evangelio según los Simpson. Mark A. Pinsky. Selector. México, 2010. 330 páginas. 19,50 euros. Los Soprano y la filosofía. Richard Greene y Peter Vernezze. Traducción de María Ruiz de Apodaca. Barcelona, 2010. 266 páginas. 19,50 euros. Los Soprano forever. Antimanual de una serie de culto. VV AA. Traducción de Inés Antón. Errata Naturae. Madrid, 2009. 169 páginas, 16,90 euros. Dr. House. Guía para la vida. Toni de la Torre. Now Books. Barcelona, 2010. 7,50 euros. La filosofía de House. Todos mienten. William Irving y Henry Jacoby. Selector. México, 2009. 248 páginas. 15 euros. Los Simpson y la filosofía. William Irwin, Mark T. Conard y Aeon J. Skoble. Traducción de Diana Hernández. Blakie Books. Barcelona, 2009. 415 páginas. 22 euros.

13.8.10

El hombre del millón de libros

Visita al templo libresco de Abelardo Linares, bibliómano y editor sevillano

El librero Abelardo Linares, entre las estanterías de una de las naves de Santiponce (Sevilla).foto: ALEJANDRO RUESGA.fuente:elpais.com

El viejo Eliseo Torres tenía la extraña costumbre de no querer vender sus libros. Aquel librero gallego exiliado en Nueva York siempre quería guardarse algún ejemplar. Como si aquello, un reino de un millón de libros, fuera a durar toda la vida. Pero cada vez que Abelardo visitaba su librería de cinco plantas en el Bronx insistía en llevarse lo que podía. Tanto, que un día Eliseo pidió a su dependienta que no dejara entrar más a aquel sevillano pesado. Con la puerta en las narices, pudo darle una tarjeta. "Si algún día Eliseo falta, llámeme". Dos años después, sonó el teléfono. Tras una larga negociación con la viuda, llegó el acuerdo. Abelardo Linares se mudaría a Nueva York y dirigiría durante un año la librería para pagar el precio que habían fijado por aquellas 250 toneladas de papel impreso. Si transcurrido el tiempo no lograba alcanzar la suma, volvería a España con las manos vacías y sin el dinero. Ella, claro, aceptó. A un mes de que se cumpliera el plazo, Abelardo ya empaquetaba su tesoro para llevarlo en barco a Sevilla.

"Con el tiempo he llegado a entenderle. La gente pensaba que Eliseo estaba loco porque iba a pasearse por la librería cuando estaba cerrada, como un fantasma. Al poco de estar ahí, yo también empecé a hacerlo. Y sí, a veces a mí también me cuesta vender algunos libros", confiesa en una de las tres naves de 500 metros cuadrados de Sevilla donde almacena el millón de ejemplares. Además, Linares es poeta, fantástico editor y, probablemente, uno de los libreros de viejo más importantes del mundo. Sus movimientos y precios son la referencia. Renacimiento es el nombre de las dos grandes pasiones que ocupan su vida: la librería y la editorial. Como autor, acaba de publicar su último libro de poesía: Y ningún otro cielo (Tusquets, 2010).

Pero todo el asunto se complica. El descomunal esfuerzo que dedica a cada una de las ediciones de obras descatalogadas, joyas con espléndidas traducciones perdidas en la desidia de un mercado que funciona al peso, no se corresponde con las ventas. Ninguno de los 90 títulos que ha editado este año ha superado los 400 ejemplares. "La gente ya no lee. O peor, lee mal. Los grandes distribuidores se han dado cuenta de que el mercado potencial es la gente que no lee y las librerías están llenas de basura. Volvemos al siglo XVIII, a que lea una minoría", masculla resignado. ¿Y el libro electrónico? No le teme. Al contrario. "Es más democrático. Los títulos podrán defenderse solos, independientemente de quién esté detrás".

A Abelardo, hombre tímido y tranquilo a sus 57 años, el olor de ese viejo papel acumulado le recuerda a cuando bajaba del avión en Río de Janeiro a la caza de libros. Respira hondo. Huele a una suerte de fruta pasada, dice, entre dulzona y agradable. Cuando agarra un libro, cuando rebusca entre alguno de los nueve pisos de estanterías que tiene cada planta de la nave, los dedos delatan al coleccionista. Es esa manera de tocar tan precisa y veloz, de pasar las páginas y señalar con el índice, como fijando las líneas. La misma que descubre a los obsesivos compradores de vinilos cuando escudriñan en una de las cubetas de la tienda de discos. "Es que coleccionar tiene algo de cazador. Hay una parte depredatoria, de ver lo que te falta. Chesterton decía que hay que estar loco por algo para no volverse completamente loco".

Localizar el legado de otros locos también es su trabajo. De vez en cuando recibe la llamada de una viuda para sacarse de encima una biblioteca. Hay que ir, revisar y ofertar. A veces toda una mediocre colección por un puñado de buenos ejemplares. Da igual. La última que se ha quedado: mil libros comprados entre los años veinte y los setenta. Pero escasean ya los buenos lotes. "Las bibliotecas de los que mueren ahora son peores. Empezaron a comprar libros a partir de los años cuarenta y cincuenta y, claro, no es lo mismo que a comienzos de siglo. El valor en esto depende del tono de la época". Esta personal manera de trabajar le ha convertido en personaje de varias novelas. "En una me pintaban como un seductor de viudas para quedarse con sus bibliotecas".

Su colección empezó hace unos 40 años. Ya entonces, cuando de chico perdió uno de sus valiosos ojos, llevaba una libreta donde anotaba todo lo que leía. A los 11 años empezó a escribir sus primeros poemas y en poco, con algo más de 20, llegó a comerse unos 500 libros al año. "Para mí no hay diferencia entre trabajo y diversión", matiza. Ahora va de la nave a casa y de casa a la nave. A pocos kilómetros una de otra desde que se separó de su mujer y buscó un adosado cerca de su millón de libros.

La biblioteca personal de Abelardo también está en el polígono, junto a cajas todavía por ordenar del fondo de Nueva York. Y su colección de poesía es única. Casi todo primeras ediciones. 20.000 títulos conseguidos uno a uno durante toda una vida. Pero está todo tan mal -"tengo demasiados worst seller"- que Abelardo piensa en venderla. "Así quizá podría subvencionar a la editorial. Gracias a la librería he podido invertir varios millones de euros en esto, pero ya no da para tanto", revela mientras con un hilo de voz pretende que no hay para tanto. ¿Dolor? "Bueno... llega un momento en que te das cuenta que nunca lo tendrás todo. Cuando ya has hecho un conjunto, algo que tiene un sentido, tampoco pasa nada si te deshaces de ello. Pero si finalmente la vendo, el precio nunca representará lo que a mí me ha costado reunirla".

Y así, quizá algún día aparezca alguien por las naves de Abelardo y le dé una tarjeta con un número de teléfono. Es posible que no suceda nunca, o que sea mucho más tarde que pronto. Pero podría ser que el absurdo mercado triunfe y que él se canse de todo este asunto y alguien, con el imposible equilibrio entre fuerza, locura y erudición con el que se plantó un día en Nueva York, tenga que conservar y renovar el legado que Eliseo y él construyeron a lo largo de casi un siglo. Si eso pasara, si alguien le buscara un día, lo único bueno es que sería muy fácil encontrarle.

Exiliado en Nueva York

- Abelardo Linares compró entera la librería de Eliseo Torres, exiliado gallego en Nueva York. Esta es una de las etiquetas que se utilizaban en el establecimiento en el que tuvo que trabajar durante un año vendiendo la cantidad suficiente de libros para pagar el precio que la viuda fijó. Fueron algo más de 200.000 ejemplares y logró hacerlo en 11 meses, uno antes de que expirara el plazo acordado. Durante todo ese tiempo vivió al norte de Manhattan, cerca del Bronx, donde estaba la librería.

9.8.10

Marilyn también fue poeta

Un libro que se publicará en octubre revela textos inéditos de la actriz. Incluyen cartas con intelectuales de su época y permite descubrir una faceta totalmente desconocida: era poetisa

CON ARTHUR MILLER. Una de las fotos inéditas que la muestran junto a su segundo esposo, el dramaturgo Miller.foto.fuente: Revista Ñ

"Prólogo

"Nadie sospechaba que en ese cuerpo vivía el alma de una intelectual y poeta", dice en el libro, el escritor italiano Antonio Tabucchi."

La breve y trágica vida de Marilyn Monroe sigue dando noticias, aún hoy, a 48 años de su muerte (cumplidos exactamente ayer). Ahora, es su faceta menos conocida la que sale a la luz. La de una Marilyn que escribía: poemas, textos literarios y cartas intercambiadas con figuras intelectuales de su época como Truman Capote, Norman Mailer, Pier Paolo Pasolini y Arthur Miller, quien fue, además, su segundo marido. Su albacea, Anna Strasberg, ofreció material inédito (que incluye dibujos y recetas de cocina, entre otras curiosidades) de la que fuera el gran símbolo sexual del siglo XX y lo recopilado, junto a 33 imágenes también inéditas, serán publicadas en octubre. El libro tendrá varias ediciones en Europa y los Estados Unidos. Sobre ella, se publicaron cientos de biografías en todo el mundo. Pero hasta ahora no había registro de la propia actriz sobre sus opiniones y experiencias. Este libro, que se llamará Fragmentos, es la primera oportunidad de acercarse al interior de uno de los íconos de la cultura popular del último siglo. "Se trata de la visión de una mujer que intentaba comprender el mundo que la rodeaba y sus relaciones con los demás y con ella misma. Era una lectora infatigable de Joyce, Beckett y Whitman", explicó uno de los editores. Lejos, muy lejos del estereotipo de la rubia tonta, los escritos de Marilyn muestran los pensamientos más íntimos de la actriz y la hacen más humana.

5.8.10

El libro electrónico pone contra las cuerdas a Barnes & Noble

La gran cadena de librerías de EE UU anuncia su posible venta

Fachada de uno de los establecimientos de Barnes & Noble en Estados Unidos.- REUTERS.fuente:elpais.com

Se quiera reconocer o no, el empuje del libro electrónico está cambiando a velocidad de vértigo el negocio editorial en EE UU. El empuje es tal que ha puesto de rodillas a Barnes & Noble, la mayor cadena de librerías del país con 720 establecimientos. A la vista del desplome que están sufriendo sus ingresos por la explosión de las ventas a través de estos dispositivos, sus gestores han anunciado que están pensando en vender la compañía.

El de Barnes & Noble no es el único síntoma de una enfermedad cuyos males se hacen sentir incluso en la atonía empresarial de lo más crudo del crudo verano. El superagente Andrew Wylie (apodado no por casualidad El Chacal) sacudió hace unas semanas los cimientos tradicionales de la edición al anunciar el inicio de un contrato con Amazon para publicar en formato digital libros de algunos de sus autores más consagrados, como Philip Roth o John Updike.

Para ver que ambos asuntos están conectados basta fijarse en cómo han descendido los beneficios de explotación de Barnes & Noble y en el hecho de que a Amazon le han sobrado tres años para vender más libros electrónicos que en tapa dura.

Hace una década, la cadena, presente en todas las ciudades grandes o pequeñas de EE UU, estaba valorada en unos 2.200 millones de dólares (1.675 millones de euros). El martes, antes de hacer público el inesperado anuncio al cierre de Wall Street, se mantenía a duras penas en los 700 millones. Leonard Riggio, su fundador, dijo que la opción de la venta es para dar valor a los inversores. Y de momento, lo ha conseguido.

Solo la idea de que Barnes & Noble cambie de manos ha disparado sus títulos un 25%. Esto es, la compañía vale ahora cerca de 1.000 millones de dólares (761 millones de euros). Pero ese respiro de un día no va a ser suficiente para sobrevivir en un negocio en plena transformación, donde la inversión en nueva tecnología digital es clave para la supervivencia.

Barnes & Noble, que vende unos 300 millones de libros anuales, lanzó el pasado verano su propio lector electrónico, el Nook, para sacar tajada de ese mercado en ebullición. Pero llegó muy tarde, y con un dispositivo que convenció poco. Paralelamente, las ventas de libros en papel se están trasladando hacia grandes cadenas comerciales de descuento como Wal-Mart, Target y Costco.

Pese a ello, los gestores de la cadena creen que la marca cuenta "con una ventaja competitiva única". Aunque no dan detalles de cómo corregir el rumbo. Una posibilidad es ponerla en manos de un grupo de inversores. En ese caso, estará por ver cuál sería el papel del fundador, que controla el 29,9% del capital.

La presión de los inversores es alta. Frente a Riggio se encuentra Ronald Burkle, que controla el 19% y reclama un cambio radical en el equipo de gestión y mayor participación en el capital. Una batalla interna que crea dificultades adicionales para que la compañía pueda adaptarse a los nuevos tiempos.

Hace tres años, Barnes & Noble era una fuerza capaz de imponer lo que iban a leer los estadounidenses. Bastó una simple conexión a Internet para que las reglas del juego cambiaran. Amazon aprovechó esa ventana con su megatienda electrónica y eso explica que la marca valga hoy 55.000 millones de dólares (41.800 euros), 15 veces más que hace una década.

Borders, la segunda cadena de librerías en EE UU, atraviesa por una situación aún más delicada, hasta el punto de que desde el año pasado se especula con que podría declararse en suspensión de pagos. A comienzos de este también se lanzó al negocio del libro electrónico para limitar daños.

3.8.10

El mapa de la literatura norteamericana y sus alrededores

Publicado en 1919, Winesburg, Ohio es un libro fundamental y fundacional para entender la literatura norteamericana

Sherwood Anderson.foto.fuente:pagina12.com.ar

Con las muertes todavía tibias de los grandes fundadores (Whitman, Thoreau, Twain, Hawthorne, Melville), este libro extraño, cruza de colección de cuentos y novela atomizada, da vida a buena parte de las verdades, los mitos y las ideas que luego se verían en Faulkner, Hemingway, Fitzgerald, Thomas Wolfe y los herederos de esa generación de deidades literarias. La fundación de un pueblo, el retrato de sus habitantes y el papel del testigo que lo cuenta y lo escribe es un influjo poderoso que cruza a la Comala de Rulfo, el Macondo de García Márquez y hasta la literatura barrial de hoy en día. Imposible de conseguir en castellano hasta hace poco, la edición de Acantilado pone en las librerías esa pequeña maravilla en 22 capítulos.

Un maestro que se expresa más con sus manos nerviosas que con las palabras es sospechado por tocar a sus alumnos. Un granjero poseído intenta mojar la cabeza de su nieto, aterrorizado heredero, en la sangre de un cordero. Una mujer hastiada siente una noche de lluvia el deseo irrefrenable de lanzarse a correr desnuda bajo el aguacero por las calles del pueblo. Un pastor atisba por una ventana una mujer que fuma y experimenta una revelación de Dios. Vidas rutinarias, sometidas a la costumbre pero también retobándose contra los preceptos morales de su comunidad, de pronto pueden encontrar el sentido de su existencia en un gesto –como mucho, un acto– que les descubrirá el sentido de su existencia. Un muchacho, periodista del diario local, que ambiciona ser escritor, George Willard, camina el pueblo, lo recorre buscando una historia que merezca ser narrada y, por lo general, la historia se le presenta cuando menos se lo espera, ya sea paseando distraído o bostezando en su escritorio. "Debes escucharme –le recomienda un médico viejo y fracasado que alguna vez también fue periodista–. Tal vez puedas escribir el libro que nadie escribiría. La idea es muy sencilla, tan sencilla que, si no tienes cuidado, podrías olvidarla. Consiste en esto: todo el mundo es Jesucristo y todos acaban siendo crucificados. Eso es lo que quería decirte. No lo olvides. Pase lo que pase, no dejes que se te olvide." Todos en Winesburg, Ohio, porque éste es el pueblo, son entonces pobres cristos con una vida que merece atención y puede constituir una buena historia. Y esta historia se roza y vincula con la de sus vecinos: quien es protagonista en un cuento pasa más tarde a ser circunstancial en otro, porque todos y cada uno, ya sea en primer plano o de soslayo, son protagonistas en esta colección de cuentos que no pierde de vista nunca la relación entre el sujeto y su contexto, el individuo y la sociedad o, si se prefiere, entre el uno y el todo. Algunos, como un vendedor de combustible, piensan que podrían ocupar el lugar del cronista y se animan a suministrarle ideas sobre su oficio: "El mundo está en llamas. Empieza así tus artículos: El mundo está en llamas. De esta manera conseguirás que la gente se fije en ti". La consigna anticipa una de las máximas de John Cheever en sus clases de literatura creativa en Iowa University al proponer: "Escriban como si estuvieran en un edificio en llamas". Pero todavía faltan décadas para el surgimiento de este Homero de los suburbios. Ahora, en Winesburg, Ohio, una maestra también tiene consejos para el futuro escritor: "Tendrás que conocer la vida. Si quieres ser escritor debes dejar de tontear con las palabras. Será mejor que abandones la idea de escribir hasta que estés mejor preparado. Ahora debes vivir. No pretendo asustarte, pero quisiera que comprendas el alcance de lo que piensas hacer. No debes convertirte en un mero mercachifle de las palabras. Lo más importante es que aprendas lo que la gente piensa, no lo que dice".

Publicado en 1919 por Sherwood Anderson, Winesburg, Ohio es desde entonces un libro basal de la literatura norteamericana. Inconseguible en castellano hasta ahora, publicado con una traducción impecable de Miguel Temprano García, en su edición de Acantilado, fue galardonado en Barcelona el año pasado por su presentación cuidadosa. Volviendo: en la fecha de su primera publicación, en 1919, no hace tantísimos años que han muerto Whitman y Melville con sus intentos ciclópeos de fundar una literatura que abreva tanto en Thoreau y Emerson como en la Biblia. Con esa distancia escasa, sin el humorismo caricaturesco de O'Henry ni el pathos de Harte, como un Twain más melancólico, Sherwood Anderson (Camden, Ohio, 1876 - Colón, Panamá, 1941), planta las bases de la short-story, funda un género y, a un tiempo, construye una manera de enfocar la realidad que, pasando por la teoría del iceberg de Hemingway, alcanzará a Carver, Ford y Wolf. Lo que sorprende en Anderson es el absoluto despojamiento de la prosa, la intervención escasa y como conversada de la voz narradora, además de una pasmosa frescura al describir paisajes, hombres, mujeres, ese pueblo. Anderson parece, por instantes, prestarle más atención a la naturaleza, un viento, una nevada, un temporal, que a sus caracteres. Al describirlos los integra a la tierra, al clima, a una naturaleza que empieza a sentir los avances y estragos del industrialismo que acabará con ese ritmo adormecido de lo provinciano, aunque los dramas chicos, esas tragedias secretas, de golpe, contadas desde la intimidad de sus vidas, cobran la trascendencia de épicas privadas, pero siempre, sin altisonancias, sin perder de vista aquello que por cotidiano no puede darse por sentado. Por ejemplo, acerca de uno de sus personajes Anderson escribe que la suya "es más la historia de una habitación que la de un hombre". Cada ser, entonces, está encerrado. El oficio del escritor consiste en disponer del talento necesario para abrir su puerta y curiosear. Conviene fijarse en la dedicatoria que precede estos veintidós cuentos que, según la crítica, conforman una athomized novel: "Este libro está dedicado a la memoria de mi madre, Emma Smith Anderson, cuyas agudas observaciones acerca de todo lo que la rodeaba despertaron en mí la inquietud de mirar por debajo de la superficie de las vidas ajenas". (El subrayado es mío.) Cuando, en la ficción, la madre de George Willard muere, el muchacho dejará atrás su puesto de reportero en el Winesburg Eagle y subirá al tren que lo llevará al mundo, la experiencia, otra vida. Cero paradoja: deberá dejar atrás Itaca para narrarla. "Quien se aleja de su casa/ ya ha vuelto", anotaría Borges con motivo del I Ching.

Al concluir la lectura de estos cuentos algo empieza. Y es, nada menos, el inicio de la portentosa y moderna literatura norteamericana. Una literatura que, como paradigma, habría de contribuir a las búsquedas de otras voces, otros ámbitos. En sus ensayos sobre literatura norteamericana, a propósito de Anderson, Cesare Pavese aseveraba en "Middle West y Piamonte": "No existe el arte por el arte. E incluso la más ociosa lírica parnasiana resolverá para el lector un problema de la práctica: cómo vivir soñando. Para entender a los modernos novelistas norteamericanos no sólo es necesario conocer cuál es la necesidad histórica común que han enfrentado con su obra, sino que es indispensable, para no hablar inútilmente, encontrar una imagen, un paralelo histórico que ponga en términos conocidos por nosotros aquellos modos de vida de ultramar que, a casi todos nosotros, nos gusta imaginar un tanto exóticos". Si para Pavese –como para Calvino y Vittorini– la literatura norteamericana, con Anderson puntero, ofrecía un prisma para enfocar el Piamonte de posguerra, su operación no fue diferente en otros escritores. Consideremos: Winesburg, Ohio empieza con un plano del pueblo. En el trazado de sus calles, incluyendo el trazado del ferrocarril, se manifiesta una intención: localizar lo que se narra, concederle una impronta de verosimilitud. El mapa del pueblo, dibujado de puño y letra por el mismo Anderson, es el antecedente de otro mapa célebre, el del condado de Yoknapatawpha, en Jefferson, propiedad "privada" de William Faulkner, donde habrían de transcurrir todas sus obras. (Como leyenda literaria circula la anécdota de que fue Anderson quien impulsó a Faulkner a la publicación. El joven Faulkner le habría acercado su primera novela a Anderson. Y éste, con tal de librarse de su lectura, le recomendó –al modo Arlt– un imprentero.) Unos años después, no siempre apelando al dibujo del plano, pero sí al propósito de inventar un pueblo, habrían de suceder, derivadas, operaciones identitarias similares de territorialización: la Comala de Rulfo y el Macondo de García Márquez, por citar dos ejemplos. Más acá, el Belgrano de Briante. Y, por qué no, desde Winesburg, Ohio, aunque sus autores puedan no conocer el pueblo de Anderson pero sí sus estribaciones, leer el Lanús de Olguín, el Boedo de Casas, la Villa Celina de Incardona y la Turdera de Pradelli.

La vida que esperaba a George Willard al marcharse de Winesburg, Ohio, una vida aventurera, soñada por un chico de pueblo, puede imaginarse siguiendo la biografía de su padre en la realidad. Anderson dejó el colegio a los catorce años, tuvo varios oficios, fue soldado en la Guerra de Cuba y más tarde publicitario y periodista. Escribió una considerable cantidad de novelas y relatos y también dos volúmenes autobiográficos. Su epitafio reza: "La vida, no la muerte, es la gran aventura". La relación entre experiencia y literatura es una cuestión vital en su obra vasta. Pero que le atribuyera un primer lugar a la experiencia no significa que la literatura fuera secundaria. Uno no es tanto lo que vive, parece sugerir Anderson, como lo que cuenta. Más importante aún, la manera en que lo interpreta y lo cuenta.

13.7.10

El amor a lo oscuro y a la reflexión social de Martin Cruz Smith

El autor de Gorky Park vuelve a la Semana Negra de Gijón 20 años después

Martin Cruz Smith, ayer en Gijón. foto:PACO PAREDES.fuente:elpais.com

A las musas es imposible controlarlas. Martin Cruz Smith (Reading, Pensilvania, 1942) así lo cree, pero asegura que su escritura, "cargada de reflexión social", como la describió ayer Paco Ignacio Taibo II, director de la Semana Negra de Gijón, ha evolucionado a un lado más oscuro: "La experiencia a lo largo de los años hace que mis historias, sin pretenderlo, sean más oscuras y afiladas". El escritor llevaba dos décadas sin pisar Asturias.

Ayer, Cruz Smith tenía ganas de hablar de política, de sus orígenes y de las figuras que han inspirado sus más de 20 novelas, principalmente de género negro y westerns. Con un gran sentido democrático y progresista en sus declaraciones, Cruz Smith se alegra de que Barack Obama llegara al poder, porque John McCain y Sarah Palin "podrían pertenecer al Know Nothing", un movimiento de mediados del siglo XIX surgido del temor de los estadounidenses a los inmigrantes irlandeses. Por eso, el escritor se muestra contrario a la Ley de Inmigración de Arizona: "Los europeos conquistaron el continente americano a los nativos en su totalidad. Ahora la historia les devuelve la jugada y quieren criminalizar a aquellos que vienen a Estados Unidos en busca de trabajo; esos blancos reclaman un país que ya no es suyo, que no existe". Si alguien puede hablar de multiculturalidad es el autor de Gorky Park (Grijalbo). Su padre, John Smith, tocaba el saxo. Músico de jazz, conoció en la exposición de Nueva York de 1939 a una india de la tribu Pueblo, de Nuevo México, "con una belleza como la de Ava Gadner". El saxofonista tuvo un flechazo: "Mis padres formaron la perfecta conjunción entre el be-bop y la reina de la belleza".

Las últimas noticias de intercambios de espías rusos y estadounidenses devuelven a la actualidad a su personaje más conocido, el detective ruso Arkady Renko, el protagonista de Gorky Park, que decide suicidarse en La Habana en la cuarta entrega de la saga de siete libros ambientados en la época de la Guerra Fría. En Havana bay, el soviético decide insuflar aire en sus venas y acabar con su vida: "Conozco muy bien a mis personajes, y cuanto más años pasan, más depresivos se vuelven". La trama lo lleva a mantener al protagonista vivo: "Introduzco la idea en esta obra de que lo difícil es esperar a que la vida pase".

El autor confiesa que vive cargado de más de doce ideas que le rondan la cabeza continuamente y que de situaciones dispares han salido sus mejores obras: "Un día de compras con mi esposa y mis hijas, para no aburrirme, decidí leer algunas revistas. En las últimas páginas encontré una fotografía de unas mujeres de la época victoriana, de clase baja, vestidas con pantalones. Esa imagen, junto a la de mi familia empujando el carrito de la compra hizo la conexión en mi cabeza, y dio lugar a lo que más tarde sería La rosa, mi libro sobre un grupo de mujeres mineras en Wigan". Un guiño y recuerdo de uno de sus libros favoritos, The road to Wigan Pier, inédito en España, un estudio sociológico que realizó George Orwell de la clase trabajadora del norte de Inglaterra antes de la Segunda Guerra Mundial.

Más influencias: considera a Batman un héroe de guerra y califica de magistral al momento en que el actor Richard Widmark arroja a una anciana paralítica por las escaleras en El beso de la muerte (1947): "Hay tanta cultura de donde beber que mis influencias no se quedan en un apartado de la literatura, son permeables".

23.6.10

La revolución que quiso pagar Rockefeller

Dos historiadores descubrieron documentos que prueban que el grupo Rockefeller ofreció costear una revolución comunista en los países bolivarianos a cambio de petróleo


PRUEBA. Parte de los documentos hallados en el Archivo Estatal Ruso de la Historia Socio-Política.foto.fuente: Revista Ñ


El grupo petrolero Rockefeller propuso financiar la "revolución comunista" con la que soñaban los primeros partidarios de Lenin en los países bolivarianos (Colombia, Venezuela, Ecuador), a cambio de que sus líderes le garantizaran concesiones de oro negro a perpetuidad.

Documentos que acreditan ese ofrecimiento y cómo el mismo se discutió en la Internacional Comunista o Komintern se encuentran en el Archivo Estatal Ruso de la Historia Socio-política, RGASPI (Rossiiskii Gosudarstvennyi Arkhivialno-politicheskoi istorii) y fueron encontrados por dos especialistas en el comunismo en Latinoamérica, los historiadores rusos, padre e hijo, Lazar y Víctor Jeifets.

Ese archivo sirve como depositario principal de la documentación relativa a la historia del socialismo, los registros del Partido Comunista de la Unión Soviética y sus predecesores, sobre todo antes de 1953, incluidos los papeles de la Komintern así como los registros del Komsomol, la organización para la juventud. Opera bajo la supervisión de la Oficina de Archivos Federales de Rusia (Rosarchiv).

Sobre la base de un trabajo minucioso de los papeles de la III Internacional, los Jeifets junto con el suizo Peter Huber, prepararon un diccionario bibliográfico sobre latinoamericanos que participaron de una manera u otra de las tareas de la Komintern, bajo el titulo La Internacional Comunista y América Latina, 1919- 1943 (2004, Instituto de Latinoamérica de la Academia de Ciencias de Moscú junto al Institut pour histoire du communisme, de Ginebra).

Lazar y Victor Jeifets estudiaron el nacimiento de los partidos comunistas que en busca de su destino dieron pasos tempranos para la creación de la Gran Colombia (Colombia, Venezuela, Ecuador), cuyo instrumento sería la Federación de Pueblos Latinoamericanos y de la Federación Sindical Mundial, dependiente de la Komintern. Los líderes del Partido Socialista del Ecuador suponían la existencia en esos países de una situación revolucionaria capaz de convertirse en revolución socialista. Pero evaluaron que el estado organizativo de los partidos afines era débil por lo que consideraron la necesidad de unificarse con venezolanos y colombianos y trabajar bajo una dirección común.

Durante este debate registrado por cartas del ecuatoriano Ricardo Paredes a la IC, se consideró el plan que trajo a la discusión el dirigente sindical colombiano Raúl Mahecha, de gran prestigio por su participación en una huelga en plantaciones del banano en su país. El mismo explicaba una propuesta a él llevada por los representantes del grupo Rockefeller de poner a disposición del Partido Socialista Revolucionario de Colombia, "para realizar la revolución social, primero en Colombia, después en Ecuador y luego en Venezuela", 5 millones de dólares, 20 mil fusiles, 10 millones de proyectiles, 200 cañones con pertrechos, 500 ametralladoras, un buque de guerra de 5 toneladas y 1.800 millones de dólares para Colombia con la condición de que esta última le otorgue a la Standard Oil la concesión petrolera.

La documentación revela que emisarios de Rockefeller hablaron sobre la disposición de hacer un desembolso "para el estado proletario" en otros países, "según la riqueza del subsuelo en esta materia". A los negociadores de la Standard Oil, juraban, no les interesaban los tipos de gobierno que estaban en el poder en esos países ya que manifestaron igual disposición de ponerse de acuerdo con "conservadores, liberales, demócratas, anarquistas, socialistas, comunistas" pues, afirmaron, "que lo que conseguirán es el petróleo de esas naciones... que no intervendrán de ninguna forma en materia política ni en cuestiones económicas y de comercio, fuera de sus concesiones". Para proceder a la entrega de dinero y arsenales, les eran suficientes las firmas de Alberto Castrillón, otro relevante dirigente obrero y de Mahecha "en documento secreto que harán inmediatamente y que sería aceptado por los camaradas".

La propuesta se extendía al Partido Socialista Ecuatoriano y al Partido Revolucionario Venezolano. En caso de rechazo por parte de los comunistas, los emisarios anticiparon que ofrecerían este plan a Enrique Olaya Herrera, quien se perfilaba como presidente, plan que incluía organizar la invasión a Ecuador para "imponer su política petrolera y conseguir el oro negro que empieza a carecer en EE.UU. y que Inglaterra le va quitando sus posiciones en Colombia y otros países". La secesión de Panamá del territorio de Colombia en 1903, incrementó el nacionalismo y puso en dificultades transitorias al capital de los EE.UU. que aprovecharon firmas británicas.

Semejante propuesta le parecía un "cuento cómico" a Enrique Terán, que ejercía la Secretaría general del Partido Socialista Ecuatoriano. Sin embargo, la situación puso a los líderes del PSE y a Mahecha en particular ante una elección seria. Ninguno de los involucrados se atrevía a tomar una postura por su cuenta y riesgo sin consultar con la Komintern. Incluso reflexionaron, a guisa de "ejercicio intelectual", qué lograrían aceptando la propuesta, si la misma podía contribuir a favorecer la rápida realización de la revolución social, con mayor posibilidad de victoria. En caso contrario, pensaban, la revolución podría estar asociada con "lo que representaba la lucha contra las concesiones imperialistas, como se dio en Rusia, mientras la revolución social no triunfara en otros países, capaces conjuntamente en aplastar al imperialismo".

La ventaja consistía en la entrega por "esos bandidos" de armamento "(....) inmediatamente y sin despertar ninguna sospecha por parte de la burguesía". El resultado final podía ser "la posibilidad de triunfar en las tres repúblicas y formar nuestra unión federativa soviética que compone una fuerza tan grande que podríamos declarar la guerra a las concesiones después y aplastar al imperialismo con nuestra guerra continental y montoneras. La oportunidad de no dejar avanzar a la reacción más adelante hasta que aniquile nuestros partidos como en Chile, México, Cuba, Venezuela, etc. La reacción se presenta, como hemos dicho, muy seria contra nuestras conquistas y nuestras organizaciones. Si va más adelante sin que tomemos el ataque como defensivo, es muy posible que a nuestros débiles partidos nos diezme el asesinato y las masacres infames con que sigue soñando la burguesía. El poder ayuda eficientemente en América Latina a la liberación de todas las naciones del continente...." (Carta de J. Paredes al secretariado de la Komintern el 9 febrero de 1929).

Estaban convencidos de que podrían llevar adelante semejante curso de acción y así lo hicieron saber a la Komintern, que no estaba en condiciones de dar ayuda para la revolución con los alcances del grupo petrolero. Por ello los líderes socialistas reclamaron al secretariado de la IC una rápida respuesta al "derecho de adoptar soluciones propias". Jamás Moscú respondió la carta o se extravió.

Además, como revelan otros documentos sobre pedidos de ayuda militar y económica para "lanzar la insurrección" en Venezuela, por ejemplo, fueron eludidas por el Kremlin, lejos entonces de alentar una revolución continental.