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14.9.10

La Fundación Benedetti publica un poemario con textos inéditos del escritor

Hoy, cuando hubiera cumplido 90 años, se han preparado una serie de actividades de homenaje
Mario Bene detti, poeta y escritot uruguayo.foto:AFP.fuente:abc.es

La Fundación Benedetti ha preparado para hoy, cuando Mario Benedetti hubiera cumplido 90 años, una serie de actividades de homenaje, entre ellas la publicación de un poemario con textos inéditos, escritos por el autor uruguayo durante los dos últimos años de su vida.


Así lo adelantó ayer la presidenta de la fundación, Sylvia Lago, que indicó que «Biografía para encontrarme», como se titula este volumen, reúne 62 poemas inéditos del escritor, fallecido el 17 de mayo de 2009 a los 88 años, y lo presentará hoy la fundación que lleva su nombre, en un acto organizado para «celebrar con su poesía el día que habría cumplido los 90 años».
En dicha ceremonia también se presentará «A imagen y semejanza», una antología póstuma de Benedetti que incluye 80 cuentos sobre diversos temas. Además, se abrirá el primer Premio Internacional de Ensayo Mario Benedetti, un concurso por el que se entregarán 10.000 dólares al autor del texto que mejor analice algún aspecto de la obra del uruguayo. También se anunciará un próximo certamen de poesía anual promovido por la fundación que se creó a la muerte del poeta uruguayo.
La Fundación Benedetti, que para el aniversario de la muerte del escritor prefirió mantener el luto y no realizar ninguna actividad, preparó para la fecha de su cumpleaños «un encuentro entre amigos para recordarlo y brindar por él», agregó la escritora.
«Leeremos sus poemas, hablaremos de él y le recordaremos con alegría», aseguró Lago, que asistirá al acto junto a otros miembros de la institución, como el cantautor Daniel Viglietti y Ariel Silva, secretario personal de Benedetti hasta su muerte.

26.8.10

La historia trágica de un escritor cómico

Uno de los cuentistas de humor más imaginativos y geniales de la literatura inglesa murió hace cien años víctima del whisky

William Sydney Porter, más conocido como O Henry.foto.fuente:revistacredencial.com

Secuestros, amenazas, robos, crímenes, duelos, estafas... Antes de naufragar en whisky y morir a los 47 años, William Sydney Porter, más conocido como O Henry, descubrió que era posible divertirse con cuentos inspirados en algunos de los más oscuros instintos humanos. Otros lo habían hecho antes que él, por supuesto, pero con la intención de estremecer o moralizar, rara vez con la de despertar carcajadas.

O Henry había nacido en 1862 -el 11 de septiembre, para más trágica coincidencia- en el estado de Carolina del Norte y se lo llevó en junio de 1910 una cirrosis hepática copiosamente alimentada desde tiempo atrás. Cuando murió en Nueva York, tras una vida llena de malos momentos, llevaba en el bolsillo veintitrés centavos de dólar. Huérfano de madre desde los tres años, heredó a medias la vocación médica de su padre. Digo a medias porque, a pesar de haber sido un alumno juicioso, un tío suyo lo indujo a ser farmaceuta y trabajar en su droguería.

Al cabo de un tiempo, sin embargo, le dio por aventurar y se hizo pastor en un rancho de ovejas texano. En la hacienda convivió con inmigrantes chicanos, aprendió a defenderse en español y descubrió el alcohol, cuyo consumo lo acompañó hasta el último día de su vida. Llamado por un amigo, se trasladó a Austin, donde se transformó en burócrata de la Oficina de Registro de Bienes. No le iba mal. Tenía un buen salario, en sus ratos libres tocaba mandolina en una orquesta y se enamoró de una jovencita rica, pero que padecía principios de tuberculosis. Cuando los padres se opusieron al matrimonio, se marcharon a vivir juntos, como cualquier pareja del siglo XXI.

Pero, cosas de la mala pata, sus amigos políticos perdieron las elecciones y con ellos se fue el cargo que ocupaba. Para peor, su primer hijo murió a los pocos meses y agregó otra nota trágica a un hombre que, a pesar de todo, siempre supo sonreír y extraer sonrisas.

El primer Rolling Stone

En 1894 -mucho antes de que existieran el rock, Mick Jagger, los Rolling Stones y la revista de ese nombre que hoy conocemos- funda un semanario de humor así titulado. Fracasa, por supuesto, como corresponde a casi todas las publicaciones satíricas. Sin embargo, un editor inteligente del Houston Post entiende que detrás de ese malhadado periodista hay un excelente escritor cómico y le encarga una columna diaria que goza de éxito inmediato.

Un poco antes de ello, O Henry había saltado de la burocracia oficial a la particular, cuando le ofrecieron ser contabilista de un importante banco y aceptó. Ojalá no lo hubiera hecho, porque el prometedor empleo se convirtió en fuente de nuevos problemas. Al cabo de unos meses, el banco lo acusó de haber desviado dineros a su propio bolsillo. Porter alegó su inocencia pero, por precaución, decidió retirarse discreta y velozmente hacia el exterior.

El 7 de julio de 1986 huye hacia Honduras y vive un tiempo escondido en un casposo hotel de Trujillo, como si eso fuera mejor que una buena celda en una prisión gringa. Allí, en la caliente, histórica y pequeña ciudad costera hondureña, Porter pule aún más su español y empieza a escribir cuentos. En uno de ellos utiliza por primera vez una expresión que se ha empleado innumerables veces en varios idiomas, pero por la cual ha recibido poco crédito: "banana republic".

Su estancia de siete meses en Centro América se manifestará después en varios cuentos donde Anchuria es un país imaginario que corresponde a Honduras y Coralio una ciudad que se parece mucho a Trujillo.

El plan era llevar la familia a Honduras, pero Athol, su esposa, enferma gravemente. Obligado a regresar para atenderla, William Sydney Porter se entrega a las autoridades poco antes de que fallezca la mujer. El juez considera que el joven viudo es culpable de desfalco y lo condena a cinco años de cárcel en la penitenciaría de Columbus, Ohio.

Es allí donde Porter recupera el seudónimo O Henry, con el que había firmado unos pocos textos cuando vivía en Austin.

¿Y esa O? ¿Y ese Henry?

¿Por qué O Henry, sin punto después de la O y sin más pistas que una inicial sobre el posible primer nombre? No está claro. Algunos dicen que lo tomó del gato de la familia y otros que lo inspiró un farmaceuta francés; no falta quien lo arma a partir de un complicadísimo juego de palabras donde aparecen el estado de Ohio y el vocablo penitenciary. El propio Porter, que era un mamagallista irreprimible, daba una versión diferente cada vez que le preguntaban por la razón de ser de su seudónimo.

Poco importa. El caso es que Austin, la ciudad que lo condena, es la que hoy conserva su memoria. La Universidad de Texas administra la Casa O Henry, un pequeño museo levantado en el lugar donde funcionó el tribunal que lo mandó a prisión. También se rinde homenaje a O Henry desde 1919 en el premio de cuento que lleva su nombre, uno de los más importantes de Estados Unidos. Entre sus ganadores figuran William Faulkner, Dorothy Parker, John Updike, Truman Capote, Saul Bellow, John Cheever, Katherine Ann Porter, Stephen King y Woody Allen.

Seamos sinceros: la vida que llevaba O Henry en la cárcel no era mala, sobre todo para un profesional de la desventura, como él. De cualquier manera, resultaba mejor que la del hotel de Trujillo. En vez de mazmorra compartida, le asignaron un cuarto cerca de la enfermería, donde trabajaba gracias a sus conocimientos de farmacia. Le sobraba tiempo para escribir y no tenía whisky a su alcance. A través de un amigo enviaba sus cuentos, de modo que las publicaciones ignoraban que se trataba de un preso. Un preso light, pero un preso. Su primer éxito fue un relato navideño que apareció en la entonces famosa McClure's Magazine en diciembre de 1899.

Un año y medio después, las autoridades, desgraciadamente, le otorgaron la libertad condicional en atención a su buena conducta y ahora sí O Henry pudo dedicarse sin cortapisas a escribir... y a beber.

En 1902, ya famoso y contratado por la revista New York World Sunday, se trasladó a Nueva York. Así como había escrito piezas deliciosas sobre la vida en la frontera y las praderas sureñas, se especializó entonces en escenas y personajes de ambiente neoyorquino. Sus historias de ficción, siempre inspiradas en la realidad, son complemento indispensable de las crónicas urbanas que han escrito después autores como Gay Talase o Joseph Mitchell.

En la Gran Manzana escribió 381 de los 600 cuentos que componen su obra narrativa y se convirtió en ídolo de la ciudad y de los lectores en lengua inglesa, que lo siguen considerando uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos. Sus recopilaciones en forma de libro empezaron a publicarse en 1906 con éxito instantáneo, y siguieron saliendo en forma póstuma.

Pero su mala estrella no lo abandonaba. En 1907 se casó de nuevo y en 1909 lo dejó la segunda mujer, desesperada por su alcoholismo. Ya le quedaba poco tiempo de vida. El deterioro irreparable del tejido hepático, complicado con diabetes y cardiomegalia (corazón excesivamente grande), causó la muerte de O Henry el 23 de junio de 1910. Nada más peligroso que una cirrosis toreada...

Historias de maleantes

O Henry construyó una fascinante obra narrativa mediante el recurso de retorcer situaciones terribles hasta convertirlas en cómicas, como quizás le habría gustado que ocurriese en su amarga vida.

Así empieza, por ejemplo, El rescate del Cacique Rojo, uno de sus más famosos cuentos:

«La idea no parecía mala; pero espérese hasta que le cuente. Bill Driscoll y yo nos hallábamos en el sur profundo, en Alabama, cuando nos vino como un rayo la idea del secuestro. Como después explicó Bill, fue un momento de 'rapto mental temporal', pero eso sólo lo supimos más tarde».

Lo que sigue es la desopilante historia de los dos secuestradores que se encartan con un niño insoportable de diez años cuya pasión es jugar a indios y vaqueros, origen de su apodo de Cacique Rojo. Poco a poco los secuestradores se dan cuenta de que ellos son las víctimas del guámbito y no saben cómo hacer para que la familia lo reciba de nuevo.

Aún más delirante, más larga y más divertida es Rehenes de Momo, una de las más alocadas narraciones del Oeste norteamericano que se hayan escrito jamás. Allí abundan los elementos del género western, pero en función de las aventuras de dos maleantes inolvidables, uno de los cuales (juzguen por eso) se llama Caligula Polk.

Los bandidos de O Henry no suelen ser gente perversa, sino personas infortunadas, como él, que en un momento dado deciden sacudir su suerte haciendo caso omiso de la ley. Eso sí, procuran compensar su resbalón manteniendo una compostura digna de caballeros (o lo que ellos creen que es la compostura digna de los caballeros) y un lenguaje remilgado, rebuscado y de cursi elegancia que es una verdadera joya.

En Telémaco, amigo, dos viejos camaradas, Hicks y Paisley, que parecen clonados de la picaresca española, se enamoran de la misma viuda en una vereda perdida de Nuevo México. Para que la pasión no los fuerce a traicionar su amistad, acuerdan que ninguno de ellos hará avances a la señora mientras el otro se halla ausente. Son diálogos "exquisitos" entre gente vulgar, que producen risa y conmiseración.

- Oh, señor Hicks -[dice la dama en cierto momento en que está a solas con uno de los pretendientes]¿, cuando una se considera íngrima en el mundo, ¿no cree usted que hay razones para sentirse aún más agraviada en su soledad en una noche tan bella como esta?
Ante lo cual Hicks se pone en pie y se aparta del tentador rincón diciendo:
"- Perdóneme, señora, pero tendré que esperar a que Paisley venga antes de ofrecer respuesta audible a una pregunta tan importante como esa."

Otro cuento de bandidos (Asaltando un tren) ofrece las claves para robar un convoy férreo. El ladrón aconseja con adorable educación:

«La mayoría de la gente diría, si se le preguntara su opinión, que asaltar un tren es un trabajo muy duro. Bueno, pues no es así; es fácil. Yo he contribuido en alguna medida al desasosiego de los ferrocarriles y el insomnio de los trenes expresos y creo que el problema más grave que se me presentó después de un asalto fue el me hubieran timado gentes inescrupulosas a la hora de gastar el dinero del botín».

Cisco Kid, aquel célebre vaquero de cómics y películas, fue invento suyo. Aparece en 1907 en un cuento titulado, con obsesión recurrente, A la manera de un caballero (aunque ha sido traducido como La venganza de Cisco Kid).

Para que vean qué clase de caballero era este, empieza así:

«El Cisco Kid había dado de baja a seis hombres en riñas más o menos limpias, había asesinado al doble, en su mayoría mexicanos, y había dejado maltrecho a un número mucho mayor que, por pura modestia, se abstuvo de contar. Por consiguiente, una mujer lo amaba».

Dónde leerlo

La imaginación de O Henry para retorcer situaciones fue muy celebrada por los lectores, pero censurada por algunos críticos. Jorge Luis Borges señaló que la trick story (el cuento con trama y resolución de esmerada sorpresa) tiene "algo de mecánico" pero que debemos a O Henry "más de una breve y patética obra maestra".

Júzguenlo ustedes mismos. Aparecen cuentos en inglés de O Henry en http://www.literaturecollection.com/a/o_henry/ y en español en http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/henry/oh.htm.

Ignoro si los relatos de O Henry, tan desconocidos en español, podrían seducir a los lectores tanto como lo hicieron conmigo. Pero sé que si el Negro Fontanarrosa hubiera nacido en Estados Unidos hace 147 años, algunas de sus historias se parecerían mucho a las del trágico y cómico William Sydney Porter.

20.1.10

Madrugada de pintas y James Joyce

ANIVERSARIO

Admiradores del escritor se reúnen en Nueva York para leer Finnegans wake, el libro más oscuro de la historia



El escritor James Joyce, fotografiado en 1939 por Gisèle Freund.- fUENTE: El País

La 'noche Earwicker' imita al 'Bloomsday', homenaje anual al 'Ulises'

La sociedad inició la segunda lectura de la novela en 1966. Van por la página 344

"Es un desastre, pero la obra une a gente maravillosa", según Charlie Caruso

"En un ensayo titulado El fonógrafo de Joyce, Jacques Derrida cuenta que estando en una librería de Tokio oyó a un turista estadonidense exclamar: "¿No sería posible reducir tanto libro como se publica en el mundo a uno solo?". "Tendrían que ser dos", fue la respuesta del filósofo francés, "Ulises y Finnegans wake".

No todo el mundo estaría de acuerdo. El consenso, prácticamente universal, es que estas dos obras de James Joyce (1882- 1941) ocupan el primer puesto de dos listados completamente distintos: Ulises (1922), una de las cumbres de la literatura universal, es la mejor novela jamás escrita en lengua inglesa. En cuanto a Finnegans wake (1939), título final de Joyce, al que dedicó 17 años de su vida, posiblemente sea el texto literario más oscuro e impenetrable de todos los tiempos.

Entre el final de una y el principio de otra medió un año durante el cual Joyce fue incapaz de escribir nada. Su imaginación se despertó de repente el 9 de marzo de 1923. En una carta dirigida a su amiga, la editora Harriet Weaver, fechada un día después, el autor anunciaba así el nacimiento de su siguiente novela: "Con gran dificultad, ayer cogí la pluma y conseguí escribir dos páginas". Siguieron casi dos décadas de entrega absoluta. Un nutrido grupo de admiradores, entre los que figuraban los escritores más notables de su tiempo, siguió con atención la laboriosa gestación del texto, que fue apareciendo por entregas en diversas publicaciones bajo el título provisional de Obra en curso. La extrañeza de los fragmentos que iban apareciendo sumió a los seguidores de Joyce en el estupor, pero nadie se aventuró a hacer un juicio definitivo hasta ver la obra publicada. Cuando eso ocurrió, en 1939, la reacción mayoritaria fue de rechazo. Una de dos, o el gran maestro había perdido la cabeza y había producido un monstruo literario inclasificable, o bien Joyce se sumergió en una experimentación radical con el lenguaje. Fuera como fuere, el texto de Finnegans wake era completamente ininteligible.

Es justo aquí donde entra en juego la magia de Joyce: pese a la extrema inaccesibilidad de sus propuestas narrativas, sucumben a su fascinación desde los especialistas a gente con escasa preparación literaria. Un artículo publicado el pasado 16 de junio en el Irish Times, fecha en que transcurre la acción de Ulises, conocida como Bloomsday, reveló que la mayoría de la gente que salía a la calle disfrazada de personaje de la novela no la había leído, aunque muchos lo habían intentado. Con Finnegans wake, cuya dificultad es muy superior a la de Ulises, el misterio se agiganta.

Quizá sea en Nueva York donde hay una mayor tradición celebratoria de la oscura novela del escritor irlandés. Cuando se publicó la primera edición en 1939, se escenificó un velatorio (uno de los significados del vocablo wake es velatorio) en la librería Gotham en el que participaron celebridades literarias de la época disfrazadas de personajes. En esta misma librería, desaparecida en 2006, se fundó en 1947 la James Joyce Society, cuyo carné número 1 ostentaba T. S. Eliot. Y allí mismo se fundó también, hace ahora 20 años, The Finnegans Wake Society. Desde entonces, los componentes de la sociedad se reúnen el último miércoles de mes para leer y comentar la obra. Entre los miembros figuran representantes de toda clase de profesiones. La primera lectura del texto, cuya extensión total es de 628 páginas, duró cinco años. Al hacer balance, se consideró que tal vez se había procedido con excesiva precipitación. La segunda lectura comenzó en 1996. Por ahora van por la página 344.

Para los finneganianos de Nueva York, el equivalente a Bloomsday es La noche de Earwicker, en alusión a un personaje del libro así llamado. Conviene indicar que la acción transcurre íntegramente de noche. El miércoles 13 de enero, aniversario de la muerte de Joyce, unos 40 finneganianos acudieron a un antiguo pub irlandés del sur de Manhattan para celebrar Earwickernight. Los asistentes entablan una animada conversación mientras dan cuenta de una guinness o un whisky antes de sentarse a cenar en mesas comunales. "Seamos honestos", dice Charlie Caruso, periodista en Newsweek y The New York Post durante más de 50 años, "el libro es un desastre, pero consigue algo que no consigue ningún otro: reunir a su alrededor a un montón de gente maravillosa". Ron White, miembro fundador, no está de acuerdo: "Por supuesto que tiene sentido, sólo que no es posible descubrirlo a solas. Hay que leer el libro en grupo".

A una indicación de Murray Ross, el presidente, el maestro de ceremonias, un hombre de pelo blanco, sonrisa perenne y gestos pausados, Kevin Gilroy, da comienzo a la velada. Antes de engolfarse en el juego de charadas, pasatiempo favorito de la familia Joyce, el grupo entona Finnegans wake, balada tradicional irlandesa que narra la resurrección de Tim Finnegans, al derramarse sobre él una botella de whisky en pleno velatorio, historia que por supuesto aparece en la novela. Los finneganianos cantan a capella y no desafinan demasiado. Concluida esta parte del ritual, se aprestan a iniciar el juego de adivinanzas. Ross y Gilroy arrojan al interior de un sombrero hongo unas papeletas en las que aparecen frases extraídas del enigmático volumen. Distintos voluntarios las van leyendo en silencio para sí y, mediante gestos, intentan trasmitir su contenido a la audiencia. Resulta asombrosa la facilidad con que, una a una, logran identificar las frases secretas, hasta que sólo queda la última. Una chica la extrae mientras la asamblea de finneganianos la observa, gozosamente tensa. La esposa de Humphrey Earwicker, presencia que Joyce envuelve en un misterio que la hace particularmente atractiva, responde al nombre de Anna Livia Plurabelle. Los sinuosos movimientos que hace con las manos la encargada de representar la última adivinanza logran transmitir el viaje que efectúa por el tiempo la elusiva criatura de ficción. Como si lo hubieran ensayado, varios asistentes se ponen en pie de un salto y recitan al unísono: "Anna fue, Livia es, Plurabelle será". Imposible no imaginarse a Joyce riéndose en su tumba."

Eduardo Lago, director del Instituto Cervantes en Nueva York, es miembro fundador de la española Orden del Finnegans.

16.12.09

Cortázar, eje de un nuevo homenaje

Ahora cinco jóvenes poetas nicaragüenses rendirán un homenaje al escritor argentino Julio Cortázar, tras cumplirse 25 años de su muerte.


Julio Cortázar, autor de Rayuela.

El homenaje, titulado "Tributo a Julio Cortázar, a 25 años de su partida", tendrá lugar el próximo viernes en la sede de la librería "Literato", cerca del nuevo centro de Managua, informó el poeta Francisco Ruiz Udiel en un comunicado.

Los jóvenes autores nicaragüenses ofrecerán un recital poético que incluirá la lectura de relatos del escritor argentino (1914-1984), señaló.

El recital estará a cargo de Johann Bonilla, Karen Rodríguez, Ninoru Amisaca, Francisco Ruiz Udiel y de Valdrack Jaentschke, hijo del secretario de Relaciones Internacionales y Cooperación de la Cancillería de Managua, del mismo nombre, añadió la comunicación.

En la actividad también se proyectará una colección de videos sobre la vida del escritor argentino "que lo vio todo en Nicaragua".

El autor de Rayuela, uno de los padres del llamado "boom" de la literatura latinoamericana, falleció el 12 de febrero de 1984 en París y sus restos están enterrados en el cementerio de Montparnasse de la capital francesa.
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fuente: Revista Ñ

11.11.09

El Pozo", obra "fundacional" de Onetti, cumple 70 años

Tras muchos avatares, Juan Carlos Onetti (1909-1994) publicó en 1939 esta novela corta de apenas cien páginas, que se aparta de lo que por aquel entonces se escribía en el ámbito rioplatense y que comparte mucho, sin haberla leído, con la literatura existencial que se forjaba en Francia.

El Pozo, publicado en 1939 cuando Onetti tenía 30 años, fue un texto avanzadísimo para su tiempo. Mucha gente lo compara con ´La Náusea´ de Sartre.
Uruguay conmemorará en diciembre el septuagésimo aniversario de la publicación de El Pozo, una obra "fundacional" para la literatura latinoamericana que marca ya la ruta del laberinto imaginario de Juan Carlos Onetti.

El homenaje que el mundo cultural hará a El Pozo cerrará el "Año Onetti", que en 2009 ha celebrado el centenario del nacimiento un 1 de julio del autor uruguayo, que, junto al poeta Mario Benedetti, más ha influido en la literatura en castellano del siglo XX.

El Pozo es crucial para entender la obra de Onetti", pues "la mayor parte de los temas importantes para este escritor están ya en esta novela", explica Hortensia Campanella, editora de las obras completas del escritor.

El protagonista de El Pozo, Eladio Linacero, evade la soledad y el fracaso que definen su vida con la ensoñación y la búsqueda de otra dimensión que, en definitiva, encienda una luz en la oscuridad que lo rodea.

Campanella es también directora del Centro Cultural de España en Montevideo, una de las instituciones que han participado en el año del autor de La vida breve y El astillero.

"Me hubiera gustado clavar la noche en el papel, como a una gran mariposa nocturna. Pero en cambio, fue ella la que me alzó entre sus aguas como el cuerpo lívido de un muerto y me arrastra, inexorable, entre fríos y vagas espumas, noche abajo", culmina Linacero en su intento de escribir unas "memorias".

Ahí está "la insatisfacción del ser humano con su propia vida, la conciencia de que la muerte es una condena que marca al hombre desde su nacimiento, con el tema del soñador, al intentar superar estos problemas a través del sueño, de la creación", subraya Campanella.

El otro gran tema, precisa, "es el fracaso de todos esos intentos".

El Pozo fue "un texto avanzadísimo para su tiempo. Mucha gente lo compara con 'La Náusea' de Sartre. En todo caso es una atmósfera común, puesto que Onetti no conocía 'La Náusea'. Y, si es cierto que lo había escrito siete años antes, entonces fue anterior a Sartre", explica la editora y crítica.

La autora, también biógrafa de Mario Benedetti, relata el proceso que Onetti se atribuyó a la hora de escribir por primera vez El Pozo, en realidad a principios de los años treinta.

Vivía por entonces Onetti en Argentina, donde imperaba el férreo mandato de José Félix Uriburu; impedido de poder comprar cigarrillos un fin de semana, el incipiente literato uruguayo y ya fumador empedernido "en la desesperación escribió El Pozo, aunque esta primera versión se perdió después", cuenta Campanella.

"En 1939, sus amigos Juan Cuña y Castel, que tenían una pequeña editorial que estaba sacando libros de poesía, le pidieron un texto breve y él rehizo El Pozo, agrega.

"Lo imprimen de forma muy modesta, en papel de estraza, y colocan en la tapa un dibujo que había realizado la entonces esposa y prima hermana de Onetti (María Julia), y al que se le agregó la firma falsa de (Pablo) Picasso, un ingrediente más que se suma a la leyenda y la aureola que rodean a este libro y a Onetti", cuenta el escritor Wilfredo Penco.

El Pozo es "una obra fundacional" y "una apuesta por la escritura", sin atarse "a ciertas formas tradicionales que hasta entonces imperaban en la literatura uruguaya y también hispanoamericana", destaca Penco, también director de la Academia Nacional de Letras de Uruguay.

Penco subraya que Onetti "nunca fue un escritor de multitudes" y tampoco lo será en el futuro, "por más que se promueva su obra".

En cambio, en opinión de la directora del Centro Cultural de España en Montevideo, ahora "se le está leyendo más, distintas generaciones se incorporan a su lectura" y El Pozo es "una excelente puerta de ingreso" a su obra.

Campanella recordó la intensa relación de Onetti con España, donde, en 1975, "encontró una acogida, un refugio, frente a la dictadura de su país".

Onetti murió en Madrid el 30 de mayo de 1994, ciudad que se ha convertido junto a Montevideo en el foco de los homenajes realizados en el Año Onetti.

Fuente: EFE

7.10.09

Baltimore ofrece a Edgar Allan Poe el entierro que nunca tuvo

Instalarán una capilla con el cuerpo del escritor el 9 de octubre y el 10 se
celebrarán 2 funerales públicos



Cuando Edgar Allan Poe murió hace 160 años, su entierro pasó desapercibido y apenas asistió una decena de personas, algo que cambiará este fin de semana, cuando la ciudad de Baltimore (E.U.) oficie el funeral que el maestro del terror nunca tuvo.

De hecho, según informó el municipio de Baltimore, para evitar una gran aglomeración de gente, se harán dos funerales, en el marco de las celebraciones del bicentenario del nacimiento del famoso escritor que están teniendo lugar este año.

El ayuntamiento decidió instalar una capilla ardiente con el cuerpo del escritor el viernes 9 de octubre y el sábado se celebrarán los funerales públicos con los honores que merece el escritor, considerado uno de los grandes de la literatura estadounidense.

Cuando Edgar Allan Poe murió el 10 de octubre de 1849, a los 40 años de edad, su fallecimiento no se hizo público, por lo que solo 10 personas acudieron a darle su último adiós.

Pero las autoridades municipales esperan que a los actos del sábado acudan cientos de personas, incluidos actores caracterizados como los amigos de Poe, escritores y artistas de la época.

Baltimore ha dedicado todo el año 2009 a honrar la figura y la obra del maestro del horror gótico, que nació en Boston pero que murió en esta ciudad portuaria, cercana a Washington.

A lo largo del año se ha desarrollado un programa de actividades denominado "Nunca Mas", en honor a las palabras que repetía el pájaro parlante del famoso poema de Allan Poe, "El Cuervo", con el que se dio a conocer en el panorama literario del momento.




fuente:EFE http://delcastilloencantado.blogspot.com