22.11.13

No a la violencia contra la mujer

El día de su desgracia, la solitaria joven decide entrar en una cantina a beber unas copas para olvidarse del mal día que ha tenido. Conoce a unos chicos y, con éstos, comienza a jugar. Sí, a jugar. En medio de las copas y unas jugadas maestras de billar, Sarah flirtea con su mirada, con el movimiento de su cuerpo, con su inocente sonrisa y así, se divierte un poco con los chicos que ha conocido

Protesta de las mujeres por las mujeres, hoy, con las mujeres no  más violencia./semanariovoz.com
Sarah Tobías es una joven y atractiva mujer, a quien el maltrato del cual fue víctima durante su infancia le dejó graves secuelas, quedando así condenada a vivir de manera precoz, en el oscuro mundo de las drogas y el alcohol. La joven Sarah trabaja como mesera en una fonda de mala muerte. Una noche, después de trabajar, decide ir a un bar a obtener un poco de diversión. Está sola. Al parecer, su relación sentimental con el hombre que ama no va nada bien. El hecho de no poder tener una relación estable con un hombre la convierte en una mujer solitaria que encuentra en el alcohol una forma de evadir su patética soledad.
El día de su desgracia, la solitaria joven decide entrar en una cantina a beber unas copas para olvidarse del mal día que ha tenido. Conoce a unos chicos y, con éstos, comienza a jugar.
Sí, a jugar. En medio de las copas y unas jugadas maestras de billar, Sarah flirtea con su mirada, con el movimiento de su cuerpo, con su inocente sonrisa y así, se divierte un poco con los chicos que ha conocido.
Ahora suelta el taco, lo pone en la mesa lenta, muy lentamente y acomoda su blusa de manera que sus pechos, pequeños, pero bien puestos, quedan casi al descubierto, mientras sostiene la mirada de su oponente. Una mirada traviesa y desafiante. Da la vuelta y con un modo de andar resuelto y altanero, se aleja poco a poco de la mesa de juego. Saca una moneda y, estando al pie de la rockola, decide poner una canción. Su opositor no le quita la mirada de encima, así mismo, los otros hombres que estaban en el bar, se sienten atraídos por la mirada libre y desafiante de esta bella joven.

Recuerdos que estremecen

Una canción que la llena de recuerdos la hace estremecer. Empieza a mover su cuerpo con mucha sensualidad, da la espalda a su público masculino, mueve las nalgas con un aire provocador, despacio, da la vuelta, toca sus pechos mientras el resto del cuerpo se deja llevar por el ritmo de la música.
Un público de machos en celo se ha amontonado alrededor de la sexy bailarina. Sarah se encuentra abstraída por la música. Cierra los ojos, se pierde del mundo real y baila, sólo baila. Abre los ojos y sonríe a su contrincante de juego, lo mira a los ojos y coquetea. Éste se acerca, la toca, la besa. Sarah solo escucha la canción, ha bebido y ha fumado demasiado. Los lobos la acechan, babean por la presa que se les muestra fresca, provocativa.
El jefe de la manada se acerca, la olfatea, la besa, ella responde sin más, a un inocente beso. Las caricias de éste se hacen cada vez más desesperadas y frenéticas. La alza con una mano a la mesa de billar, con la otra le arranca la minifalda, esa prenda de vestir que le hace creer a los machos que quien la usa es presa sugestiva: fácil.
Sarah se asusta. Lanza una mirada al lobo como pensando, “otra vez Caperucita escogió mal el camino”. Aún hay tiempo de devolverse, siempre hay tiempo. Sara grita “no más”, “basta”, pero es demasiado tarde, la jauría está ávida de carne fresca. Ya nada la detiene. El lobo le arranca de un tajo su ropa interior, Sara dice “no” cada vez más angustiada, la manada se ríe, celebra. Unos la asaltan, la violan, la ultrajan, otros miran, se divierten y alientan a los violadores para que continúen el espectáculo. Sarah es presa fácil en un mundo de lobos hambrientos. Es su culpa, ella se metió en la cueva; “ella se lo buscó”.

Sin justicia

La joven mujer sólo quería un poco de diversión, pero acaba ultrajada, violentada. Acude a pedir justicia, pero nadie le cree. Ella ha “provocado” al lobo entrando a su cueva y mostrando su carne fresca, delicada, tentadora, sugerente. El lobo no piensa: actúa por instinto.
¡Pero se hace justicia! Una joven abogada se interesa por su caso. Sarah no está sola. Gracias a esta brillante profesional, los agresores han sido castigados. Todos: los que la violaron, los que rieron y animaron, los que no hicieron nada. Todos pagaron. Sarah no quiere ser violada. ¡No es no! Así de simple. (Jodie Foster interpreta a Sarah Tobías en Acusados, 1988).
La violencia la hemos padecido las mujeres en todas las formas, no sólo en Colombia sino en toda América Latina y el mundo entero. Vale la pena mencionar que desde la Revolución Francesa ha habido mujeres luchadoras de la causa femenina como Olimpia de Gouges, escritora política, quien, debido a su personalidad rebelde, se manifestó contra la represión jacobina y contra Robespierre y Marat.
Fue, entonces, acusada de ser una realista reaccionaria, por lo cual fue condenada a la guillotina en 1793. Sus obras fueron de contenido feminista y revolucionario. Conmovida por las ideas de la Revolución Francesa, publicó en 1791 un manifiesto titulado “La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana”, tomando como modelo la Declaración de 1789, y aplicándola de manera rigurosa a las mujeres. Fue este el escrito más importante de la época en pro de las reivindicaciones femeninas.

Caso emblemático

Así mismo un caso emblemático en cuanto a la violencia política que hemos padecido las mujeres es el de las tres hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), quienes el 25 de noviembre de 1960 fueron torturadas y asesinadas por la Policía secreta del dictador Rafael Trujillo. Sus cuerpos masacrados fueron arrojados a un barranco y encontrados poco después.
Ellas eran tres activistas políticas quienes, con un grupo de amigos y amigas, militaban en contra de las injusticias de la dictadura de Trujillo. Son estas tres víctimas símbolo de las luchas libertarias femeninas.
En nuestro país, a diario, las mujeres son víctimas de feminicidios y persecución política. De esta forma, varias lideresas defensoras de derechos humanos han sido asesinadas (caso más reciente el de Adelinda Gómez Gaviria). Así mismo las víctimas del desplazamiento forzado en nuestro país son, en su mayoría, mujeres. Mujeres que al mismo tiempo, muchas de estas, han padecido la tortura de la violación, ya que sus cuerpos son utilizados como botín de guerra en medio de esta guerra sucia.
Para finalizar, al igual que lo sucedido con el personaje de Sarah, las feministas y defensoras de los derechos de las mujeres exigimos justicia por todos los casos de agresión sexual, desplazamiento, feminicidios, de los que están siendo víctimas las colombianas dentro y fuera del conflicto armado que azota a nuestro país.
Hoy 22 de noviembre todas y todos a la calle, ¡Porque la paz y la democracia con las mujeres sí van!

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