30.4.10

Ford: "No creo en el minimalismo"

ENTREVISTA
Uno de los escritores estadounidenses más reconocidos de la actualidad habla aquí de la publicación de los cuentos sin editar de su amigo Raymond Carver

VISION. "El novelista genera visiones propias sobre las cosas.".fOTO;fUENTE:Revista Ñ

"La amistad, escribió Raymond Carver en un ensayo publicado en la revista Granta en 1988, es como el matrimonio: un sueño compartido, algo en el que los participantes tienen que creer y ponerle fe, la confianza en que durará para siempre. Y sin embargo las cosas llegan a un final inevitable y ese final es la muerte.

Carver conoció a Richard Ford una noche de 1977, en Dallas, durante un festival literario en la Southern Methodist University. Ford emanaba confianza mientras Carver había dejado el alcohol pocos meses antes y "estaba sobrio pero tembloroso". A la mañana siguiente se encontraron en el desayuno y, entre galletas, jamón y maíz, hablaron hasta sentirse amigos de toda la vida. Les quedarían once años de amistad. Richard Ford tiene los ojos de un lobo (transparentes), y a pesar de esa mirada al parecer fría resulta un hombre cordial, sereno. Quería ser abogado del ejército y no empezó a escribir hasta los 23 años. Después de dos libros (Un trozo de mi corazón y La última oportunidad) decidió que eso había sido todo para él como novelista y comenzó a trabajar como periodista deportivo. "Era divertido y fácil, conocía gente famosa y me pagaban bien". Sólo duró dos años: la revista para la que trabajaba cerró. "Y como no tenía nada que hacer volví a escribir".

Y como no tenía nada que hacer escribió una trilogía tremenda compuesta por El periodista deportivo (1986), El día de la Independencia (1995) y Acción de Gracias (2006) donde los hechos narrados no intentan explicarse sino atravesar al lector a partir del desarrollo de ese personaje inolvidable que es Frank Bascombe, una persona que puede verse y comprenderse (aunque de ninguna manera pueda comprender el mundo).

Y como no tenía qué hacer, se convirtió en un autor esencial de la literatura estadounidense contemporánea. Como si fuera simple. Ford es una de esas personas poco psicoanalizadas que no les interesa analizar demasiado lo que escriben. Y quizás haya sido el exceso de psicoanálisis el que invadió de desamparo la existencia humana y haga que no entendamos bien la vida "cuando en rigor la vida es pura y simple", como dice el protagonista del cuento "Great Falls" (Rock Springs, 1987) cuando comienza a preguntarse sobre la extraña relación entre sus padres. En este diálogo, que mantuvo con Ñ en el hall del Hotel Hilton durante la última edición de la Feria del Libro de Guadalajara, Richard Ford le pedía a las chicas de la editorial Anagrama que lo sacaran a recorrer la ciudad "como si fuera un perrito". Simple.

-Toda una obra tratando de dilucidar algo en torno al misterio de la relación entre hombres y mujeres. ¿Descubrió algo?

-Si logro decir algo inteligente, va a ser la primera vez (risas). Una amiga, escritora canadiense que vive en París, dijo que si lográramos saber qué es lo que sucede entre el hombre y la mujer, podríamos prescindir de la literatura. He pasado la mayor parte de mi vida escribiendo acerca de lo que sucede entre los hombres y las mujeres. Me crió casi exclusivamente mi madre y estoy casado con la misma mujer desde que tenía diecinueve años, así que la relación con las mujeres ha sido uno de los asuntos principales de mi existencia. Con el tiempo, he descubierto que las cosas que normalmente otras personas pueden decirte sobre la vida son muy insatisfactorias. Por eso, creo que la única manera posible de aprender algo al respecto es hacer el propio recorrido dentro de los límites de la inteligencia personal y de la propia vida. Las novelas tratan sobre cuestiones particulares y lo que de ellas se puede aprender sobre los hombres y las mujeres no son verdades universales sino que, justamente, lo que se puede aprender de ellas es cuán diversas y heterogéneas son esas relaciones y cuánta atención hay que prestarle a la persona con la que estás para llegar a comprenderla. Esa persona tiene que interesarte, incluso si se trata de tu madre. Cuando era chico me interesaba mucho establecer en mi mente las conexiones que existían entre mis padres y todo aquello que, entre ellos, estaba más allá de mí. Llegar a comprender que había cosas en sus vidas más allá de mí mismo fue una verdadera revelación.

-Su visión sobre el tema suele ser bastante desoladora.

-Hay algunos libros donde es así, pero no es la perspectiva que rige la totalidad de mi obra. Las relaciones entre hombres y mujeres también son de ese modo. No siempre son felices ni te hacen reír. Algunas veces sí, pero uno asume muchos riesgos cuando decide revelarse ante otra persona y cuando esa otra persona se revela ante uno también asume muchos riesgos y no hay garantías de que eso termine bien. Pero eso no quiere decir que intente abarcar todo el espectro de posibilidades, tan sólo que escribo sobre lo que consigo vislumbrar.

-¿Qué le produjo la necesidad de escribir?

-Leer. Soy de Mississippi, un lugar del que también eran dos de los escritores más significativos de Estados Unidos: William Faulkner y Eudora Alice Welty. En ese lugar era posible pensar que ser un escritor estaba bien. De todas formas, a mi madre le gustaba mucho Hemingway. Yo nunca me volví loco por Hemingway.

-¿Le interesa el minimalismo como estética?

-No creo en el minimalismo. Creo que no existe como término aplicable a la literatura. Sí se aplica a la pintura o a la escultura pero no a nada que yo haya escrito.

-¿Por qué?

-La mayor parte de la gente que escribe intenta maximizar y no al revés. Se intenta escribir historias que tengan las exactas y justas palabras en ellas. Nadie está intentando escribir lo menos que puede sino lo más que puede. Así que como teoría, para mí, no significa nada. Es sólo algo que alguien soñó y acerca de lo cual el resto nos hacemos muchas preguntas, pero no existe. El minimalismo es uno de esos eslóganes terribles que llegan a estar colgados de la literatura, y de los cuales la literatura debería escapar porque no significan nada.

-¿Qué opina sobre la publicación de "Principiantes", los cuentos sin la intervención del editor Gordon Lish de su amigo Raymond Carver?

-No tengo ninguna opinión al respecto. El era mi mejor amigo, y yo leía las historias que escribía mientras estaba vivo. Y creo que lo que sucede después no tiene ninguna importancia, no lo tomo con seriedad. El sabía lo que quería hacer cuando estaba vivo y, como cualquiera, estaba bajo presión desde muchos lugares. Tenía su propia vida que soportar, tomó sus propias decisiones y sus historias eran buenas. Murió trágicamente joven: fin de la historia. El resto es todo una porquería.

-¿Qué le diría a los escritores jóvenes?

-Les diría que dejen de escribir si pueden. (Risas.) Pero si no pueden, entonces les diría que antes de ser escritores tomen otros trabajos primero, que tengan otras experiencias. Y si esas experiencias son satisfactorias, entonces les diría que se queden ahí y que no sean escritores porque eso les va a ahorrar muchas infelicidades. El novelista genera visiones propias sobre las cosas, sobre la humanidad, las mujeres... pero no es algo que preceda a la escritura sino que se genera en ella. Es cuando se escribe que las cosas aparecen y la gente empieza a decir que uno tiene una visión. Pero uno no sabía que la tenía hasta que escribe. Por eso vale la pena escribir, porque es bueno saber que uno tiene una visión propia del mundo.

-Cuando se ve en el espejo, ¿qué puede ver?

-Un hombre normal, perfectamente común.

-Norman Mailer decía que todo escritor tiene un gran ego.

-Norman Mailer era un hombre más bien petiso. (Risas). Yo le tenía mucho aprecio.

-¿Cuáles son para usted los rasgos de la buena literatura?

-Veamos. Tengo una fórmula personal para definir a la buena literatura: la literatura y la escritura son los medios supremos para renovar nuestra vida emocional y sensorial y aprender a tener una nueva conciencia. Si la literatura logra hacer eso, entonces es buena literatura.

Jackson, Mississippi, 1944.
Escritor.

"La mayoría de la gente empieza a escribir en la adolescencia, pero no fue mi caso", reconoce Richard Ford que hasta los 23 (cuando empezó a escribir seriamente) tenía otras preocupaciones. Anagrama publicó en español toda su obra: los cuentos de Rock Springs, De mujeres con hombres y Pecados sin cuento, la trilogía de Frank Bascombe y acaba de reeditar su libro de memorias publicado en 1988, Mi madre.

El verdadero Raymond Carver

El popular Stephen King escribe sobre una biografía de Carver y su relación con el editor Gordon Lish, quien al parecer es responsable de gran parte del famoso estilo carveriano. Y como anticipo, un cuento sin correcciones editoriales

CARVER. Según King, se decía que el editor del cuentista "minimalista" se jactaba de que éste era su "criatura". De hecho, modificó sus cuentos bastante.fOTO;fUENTE:Revista Ñ

"Raymond Carver, sin duda el cuentista estadounidense más importante de la segunda mitad del siglo XX, hace una temprana aparición en la exhaustiva –y en ocasiones extenuante– biografía de Carol Sklenicka [Raymond Carver. A Writer's Life, Scribera, todavía no traducida al español] a los tres o cuatro años de edad y con correa. "Claro que me veía obligada a tenerlo con correa", dijo mucho después su madre, Ella Carver, al parecer sin ironía alguna. La Sra. Carver podría haber tenido la idea adecuada. Al igual que los perplejos bebedores de clase media que pueblan sus relatos, Carver nunca parecía saber dónde estaba ni por qué se encontraba ahí. Una y otra vez me hacía pensar en un pasaje de Fantasmas, de Peter Straub: "El hombre simplemente manejaba, distraído por esa interminable telenovela de subordinados de los Estados Unidos".

Carver nació en Oregón en 1938 y pronto se mudó con su familia a Yakima, Washington. En 1956, los Carver se trasladaron a Chester, California. Un año después, Carver y un par de amigos andaban de juerga por México. A partir de ahí, los traslados se aceleraron, y eso nos lleva sólo hasta 1977, el año en que Carver tomó su último trago.

Durante la mayor parte de esos primeros años de constantes viajes, arrastró a sus dos hijos y a su sufriente esposa, Maryann, la heroína a la que por lo general no se le hace honor en el relato de Sklenicka. Los llevaba a los tres detrás de sí como latas atadas al paragolpes de una catramina que ningún concesionario en su sano juicio aceptaría. No es extraño que sus amigos bautizaran el auto con el nombre de Perro Corredor. Tampoco lo es que su madre le pusiera una correa cuando lo llevaba al centro de Yakima.

Si bien Ray Carver era brillante y talentoso, también era el tipo de bebedor destructivo que toca fondo y luego sigue enterrándose. Los asiduos concurrentes a Alcohólicos Anónimos saben que los borrachos como Carver son maestros de la curación geográfica que se niegan a admitir que si se sube a un tomador descontrolado a un avión en California, será un tomador descontrolado el que se baje en Chicago, Iowa o México.

Hasta mediados de 1977, Raymond Carver estaba fuera de control. Cuando dio clase en el Taller de Escritores de Iowa junto a John Cheever se convirtieron en compañeros de copas. "Lo único que hacíamos era tomar", dijo Carver haciendo referencia al semestre de otoño de 1973. "No creo que ninguno de los dos haya sacado nunca la funda de las cuatro máquinas de escribir que teníamos". Como Cheever no tenía auto, Carver ponía el transporte para las excursiones que hacían dos veces por semana. Les gustaba llegar al bar en el momento en que estaba abriendo. Cheever señaló en su diario que Carver era "un hombre muy bueno". También era un tomador irresponsable que solía irse sin pagar de los restaurantes, por más que seguramente sabía que era la camarera la que tenía que pagar la cuenta de semejantes clientes. Después de todo, su esposa a menudo trabajó como camarera para mantenerlo.

Era Maryann Burk Carver la que ganaba el pan en aquellos años mientras Ray tomaba, pescaba, estudiaba y empezaba a escribir los relatos que una generación de críticos y docentes calificaría erradamente de "minimalistas" o de "realistas sucios". El talento literario suele tener sus propias reglas, pero los escritores cuyo trabajo deslumbra por su profundidad y misterio a menudo son monstruos prosaicos en su casa. Maryann conoció al amor de su vida –o su calvario; Carver parece haber sido ambas cosas– en 1955, cuando trabajaba en un Spudnut Shop de Union Gap, Washington. Tenía catorce años. Cuando ella y Carver se casaron en 1957 le faltaban dos meses para cumplir 17 años y estaba embarazada. Antes de cumplir 18 descubrió que estaba embarazada otra vez. Durante los siguientes veinticinco años fue camarera en bares y restaurantes, vendedora de enciclopedias y maestra. Poco después de casarse pasó dos semanas envasando fruta para comprarle a Carver su primera máquina de escribir.

Ella era hermosa; él era tosco, posesivo y, en ocasiones, violento. Carver consideraba que sus propias infidelidades no justificaban las de ella. Cuando Maryann incurrió en un "flirteo" luego de haber bebido un poco en una comida en 1975 –época para la cual el alcoholismo de Carver se encontraba en su apogeo–, la golpeó en la cabeza con una botella de vino. Le cortó una arteria cerca del oído y casi la mata. "Necesitaba 'una ilusión de libertad'", escribe Sklenicka, "pero no podía soportar la idea de que ella estuviera con otro hombre". Es uno de los pocos momentos en que Sklenicka da muestras de solidaridad con la mujer que mantuvo a Carver y que nunca pareció dejar de amarlo. Si bien Sklenicka transmite cierta veneración por Carver escritor y sin duda entiende la influencia destructiva que tuvo el alcohol en su vida, prácticamente no abre juicio en lo relativo a Carver como borracho desagradable y marido desagradecido (además de, en ocasiones, peligroso). Cita a la novelista Diane Smith (Letters from Yellowstone), que dijo "Fue una mala generación de hombres", y deja las cosas ahí. Cuando cita declaraciones de Maryann, que se calificaba de "Cenicienta literaria que vive en el exilio en aras de la carrera de Carver", la primera esposa aparece sólo como una ex mujer quejosa. Ray y Maryann estuvieron casados veinticinco años, y fue durante esos años que Carver escribió el grueso de su obra. El tiempo que pasó con la poeta Tess Gallagher, la única otra mujer importante de su vida, fue menos de la mitad que eso.

Sin embargo, fue Gallagher la que cosechó los beneficios personales de la sobriedad de Carver (dejó de tomar un año antes de que ambos se enamoraran), así como también los económicos. Durante el juicio de divorcio, el abogado de Maryann dijo –eso me incomoda y en cierto grado atenta contra mi capacidad de disfrutar de los cuentos de Carver– que sin un acuerdo judicial digno, la vida de Maryann luego del divorcio sería "como una bolsa de picaportes que no abrirían puerta alguna".

La respuesta de Maryann fue: "Ray dice que va a mandar dinero todos los meses, y yo le creo". Carver cumplió la promesa, con cuotas de protesta. Cuando murió en 1988, sin embargo, la mujer que lo había sostenido económicamente descubrió que había quedado al margen del cobro del producto de la venta de los populares tomos de cuentos del escritor.

Tan sólo los ahorros de Carver sumaban casi 215 mil dólares en el momento de su muerte. Maryann recibió unos diez mil. La madre de Carver obtuvo aun menos: a los setenta y ocho años de edad, habitaba una vivienda del estado en Sacramento y se ganaba la vida como "abuela asistente" en un colegio primario. Sklenicka no califica eso de trato indigno, pero me complace hacerlo por ella.

Es como crónica del crecimiento de Carver como escritor que el libro de Sklenicka resulta muy valioso, sobre todo después de que el camino del escritor se cruzó con el del editor Gordon Lish, apodado "Capitán Ficción". Los lectores que duden de la funesta influencia que ejerció Lish en los cuentos de De qué hablamos cuando hablamos de amor, seguramente cambiarán de opinión con el revelador panorama que presenta Sklenicka de esa relación difícil y amarga. Los que aún no se sientan convencidos, pueden leer los cuentos de Principiantes.

En 1972, Lish cambió el título del segundo cuento de Carver para Esquire –que editó profusamente– de "Are These Actual Miles?" (interesante y misterioso) a "What Is It?" (aburrido). Cuando Carver, ansioso por publicar en una revista importante, decidió aceptar los cambios, Maryann lo acusó "de ser una puta, de venderse al sistema". John Gardner le había dicho una vez a Carver que no se podían aceptar cambios. Carver puede haberlo aceptado –lo hace la mayor parte de los escritores que se muestran dispuestos a someterse al proceso de edición–, pero los cambios que hizo Lish fueron extensos y profundos. Carver sostuvo que "publicar en una revista importante valía la pena la concesión". Lish, que trató sin éxito de editar a Leonard Gardner (que siguió escribiendo Ciudad dorada) con similar mano de hierro, se salió con la suya en el caso de Carver. Fue el comienzo.

¿Gordon Lish era un buen editor? Sin duda. Curtis Johnson, un editor de manuales que presentó a Lish y a Carver, asegura que Lish tenía un "gusto infalible en cuanto a la ficción". Sin embargo, como temía Maryann, era mucho mejor para descubrir que para desarrollar, por lo menos en el caso de Ray Carver, del que obtuvo lo que quería. Tal vez percibió en él una debilidad esencial (los alcohólicos lo llaman "complacer a los demás"). Tal vez fue la extraña opinión elitista que parece haber tenido respecto de la escritura de Carver: calificaba a los personajes de "del todo ineptos" y hablaba de "su completa ignorancia, algo de lo que el propio Carver no tenía conciencia". Eso no le impidió atribuirse el mérito del éxito de Carver. Se dice que Lish se jactaba de que Carver era "su criatura", y lo que aparece en la parte posterior de la sobrecubierta de ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? (1976), el primer tomo de cuentos de Carver, no es la fotografía de Raymond Carver sino el nombre de Gordon Lish.

El recuento que hace la biógrafa de los cambios que sufrió el tercer libro de cuentos de Carver, De qué hablamos cuando hablamos de amor (1981), es meticuloso y desesperante. Según dice, hubo tres versiones: A, B y C. La versión A fue el manuscrito que Carver envió. Se titulaba "Tanta agua tan cerca de casa". La versión B fue el primer manuscrito que Lish le mandó de vuelta. Cambió el nombre del cuento "Principiantes" por "De qué hablamos cuando hablamos de amor", y ese pasó a ser el nuevo título del libro. Si bien Carver se sintió molesto, de todos modos firmó un contrato (sin representante) en 1980. Poco después, la versión C –la que conoce la mayor parte de los lectores– llegaba al escritorio de Carver. Las diferencias entre B y C lo "dejaron perplejo". "Había instado a Lish a meter mano en los cuentos", escribe Sklenicka. "No se esperaba (...) una picadora de carne." Carver era inseguro y llevaba sólo tres años de sobriedad luego de dos décadas de embriaguez. Su correspondencia con Lish sobre los cambios a su trabajo alternaba entre el servilismo ("eres maravilloso, un genio") y suplicar que se volviera a la versión B. No sirvió de nada. Según Tess Gallagher, Lish se negó por teléfono a restablecer la versión anterior, y si había algo que Carver entendía era que Lish ostentaba el "poder del acceso a la publicación".

Ese dilema de hierro es lo que alienta Raymond Carver: A Writer's Life. Cualquier escritor podría preguntarse qué haría en esa situación. Yo lo hice, por cierto. En 1973, cuando se aceptó la publicación de mi primera novela, me encontré en una encrucijada similar: joven, siempre borracho, tratando de mantener a mi esposa y mis dos hijos, escribiendo por la noche, ansioso por tener un desahogo. El desahogo llegó, pero hasta que leí el libro de Sklenicka pensaba que se había tratado del anticipo de 2.500 dólares que Doubleday pagó por Carrie. Ahora me doy cuenta de que puede haber sido no tener a Gordon Lish como editor.

No hace falta más que leer los cuentos de Principiantes y los de De qué hablamos cuando hablamos de amor para notar el cambio: la prosa de Principiantes consiste en densos pasajes de narración en los que se intercalan golpes de diálogo. En De qué hablamos... hay tanto espacio en blanco que algunos de los cuentos ("Después de los tejanos", por ejemplo) casi parecen capítulos de una novela de James Patterson. En muchos casos, el hombre que no permitía que los editores modificaran su propio trabajo destruía el de Carver. A ese respecto, Sklenicka expresa una indignación que no parece dispuesta o capaz de articular en defensa de Maryann y califica de "una usurpación" la edición que hizo Lish de los textos de Carver. Impuso su propio estilo a los cuentos de Carver, y el minimalismo que se le atribuye al escritor era en realidad obra de Lish. "Gordon (...) llegó a pensar que no sabía nada", dice Curtis Johnson. "Se volvió pernicioso."

Sklenicka analiza muchos de los cambios, pero el lector inteligente abrirá el libro y los buscará por sí mismo. Dos ejemplos desoladores: "Si ello te place" y "Algo sencillo y bueno" ("Después de los tejanos" y "El baño", respectivamente en De qué hablamos...)

En "Si ello te place", James y Edith Packer, una pareja mayor, llega al bingo local y descubre que sus lugares habituales están ocupados por una joven pareja hippie. Peor aún, James observa que el hombre hace trampa (por más que no gana, su novia lo hace). En el transcurso de la tarde, Edith le susurra a su esposo que está "manchando". Más tarde, ya en la casa, le dice que la hemorragia es seria y que tendrá que consultar a un médico al día siguiente. En la cama, James se esfuerza por rezar (una herramienta de supervivencia que tanto James como su creador adquirieron en las reuniones diarias de A.A.), al principio de forma vacilante, luego "empezando a articular palabras en voz alta y rezando con fervor. (...) Rezaba por Edith, para que estuviera bien". Las plegarias no lo alivian hasta que agrega a la pareja hippie en sus meditaciones y hace a un lado los sentimientos negativos anteriores. El cuento termina con una nota de esperanza ganada con esfuerzo: "Si ello te place, dijo en las nuevas oraciones para todos, los vivos y los muertos." En la versión editada por Lish no hay oraciones y, por lo tanto, tampoco revelación; tan sólo un marido preocupado y resentido que quiere decirles a los hippies irritantes lo que pasa "después de los tejanos", después de los juegos. Es una completa reescritura, y es un engaño.

El contraste entre "El baño" (editado por Lish) y "Algo sencillo y bueno" (original de Carver) es aún menos digerible. El día del cumpleaños de su hijo, la madre de Scotty encarga una torta que nunca se va a comer. Un auto atropella al chico cuando va del colegio a su casa y termina en coma. En ambos relatos, el repostero hace insistentes llamados a la madre y a su esposo mientras el chico se encuentra al borde de la muerte en el hospital. El repostero de Lish es una figura siniestra que simboliza el carácter inevitable de la muerte. Lo escuchamos por última vez por teléfono mientras exige que se le pague. En la versión de Carver, la pareja –cuyos integrantes son personajes y no sombras– va a ver al repostero, que pide disculpas por su crueldad no deliberada cuando comprende cuál es la situación y sirve café y sándwiches a la afligida pareja. Los tres toman esa comunión juntos y hablan hasta la mañana siguiente. "Comer es algo sencillo y bueno en un momento como éste", dice el repostero. Esta versión tiene una simetría satisfactoria de la que carece la versión recortada de Lish, pero tiene algo más importante: corazón.

"Lish podía (...) hacer un muñeco de nieve a partir de un montón de nieve", es lo que dice Sklenicka sobre su versión de los relatos de Carver, pero no se trata de una metáfora. Es más convincente cuando habla sobre los cambios que hizo Lish en un pasaje de "No son tu marido" (en ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?), donde señala que la versión de Lish es "más mezquina, más tosca y en cierto modo desmerece a ambos personajes". Carver lo dice mejor. Cuando el narrador de "La aventura" por fin admite que no tiene afecto ni consuelo que brindar a su padre, dice de sí: "Yo era todo superficie pulida sin nada dentro excepto vacuidad". En última instancia, eso es lo que tienen de malo los cuentos de Carver tal como Lish los presentó al mundo, y eso es también lo que hace que estas ediciones sean una corrección necesaria y bienvenida.

Traducción de Joaquín Ibarburu (c) The New York Times y clarín

Clatskanie, 1938 - Port Angels, 1988.
Escritor.

Falleció en pleno apogeo y reconocimiento de su carrera de escritor, tanto en Estados Unidos como internacionalmente. Vivió en docenas de lugares, tuvo infinidad de trabajos y siempre estuvo agobiado por la falta de dinero. Aparte de varios libros de poemas (que pueden conseguirse en español), publicó cuatro libros de relatos, un género en el que ha quedado consagrado como uno de los grandes escritores de las últimas décadas: ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, De qué hablamos cuando hablamos de amor, Catedral y Tres rosas amarillas todos publicados en Anagrama, al igual que la antología Short Cuts. Vidas cruzadas y el libro póstumo Si me necesitas, llámame. Además publicó un breve libro con cinco ensayos autobiográficos y una meditación titulado La vida de mi padre (que en español publicó Norma).

29.4.10

Lunada literaria

Natalia Montejo Vélez

Promotora de lectura Biblioteca Pública Virgilio Barco

Tel: 3158890 ext 335

Correo electrónico: nmontejo@biblored.org.co

Los cuentos de Carver ven la luz sin las correcciones de su editor

Principiantes es el original de De qué hablamos cuando hablamos del amor. La mítica colección de relatos estará en las librerías el próximo 6 de mayo
Raymond Carver, en 1987, en una visita a París, dos años antes de su muerte. fOTO: SOPHIE BASSOULS / SIGMA CORBI:fUENTE:elperiodico.com

"Un artículo del crítico norteamericano D. T. Max, aparecido en el New York Times en 1998, 10 años después de la prematura muerte del cuentista norteamericano Raymond Carver, confirmaba algo que no había trascendido hasta el momento más allá de los rumores en los círculos literarios estadounidenses: que el estilo austero, liofilizado y evanescente del autor, lo que se ha venido a llamar minimalismo (de hecho, una puesta al día de las fórmulas que en su día acuñara Hemingway) era, en realidad, producto de las abundantes correcciones de su editor, Gordon Lish. Ahora la edición original de ¿De qué hablamos cuando hablamos del amor?, el libro que colocó a Carver en el Olimpo, se publica (el 6 de mayo) con el título de Principiantes (Anagrama / Empúries), sin cortes –Lish eliminó un 50% del total y en algunos cuentos hasta una tercera parte– y sin aditivos.

LA PRUEBA

Lish, gran impulsor de la nueva narrativa minimalista en Alfred A. Knopf, vendió su archivo privado a la Universidad de Indiana y allí Max encontró la prueba del delito: los originales del libro profusamente tachados, párrafos e incluso páginas enteras con extensos añadidos que transformaban a veces el sentido de los relatos. Las atribuciones de Lish fueron más allá del mero editing. ¿Cómo permitió Carver que sucediera eso? Fue algo parecido a un pacto faustico. El editor y el autor se conocieron en 1969, cuando Carver además de escribir dedicaba gran parte de sus esfuerzos a destruirse a base de alcohol. A Lish, editor agresivo y excelente publicista, le sobraba la seguridad de la que Carver carecía. Limó la sentimentalidad del escritor, impuso silencios significativos, cambió títulos y nombres –un poco arbitrariamente– e hizo correcciones brillantes, primero en ¿Quieres hacer el favor de callarte por favor? y luego en ¿De qué hablamos...
La correspondencia entre Carver y Lish muestra cómo al principio el cuentista se sentía agradecido por el trabajo de Lish, aceptando sus cambios sin apenas comentarios pero a medida que se cimentaban su prestigio y su vida personal –dejó de beber y conoció a la que sería su segunda esposa, la poeta Tess Gallagher–, las misivas empezaron a reflejar que la dependencia le molestaba. En una carta de 1980, poco antes de la publicación de ¿De qué hablamos... Carver admite a Lish que sus «versiones son mejores», pero teme que demasiadas personas hayan leído los cuentos originales como para permitir la publicación del libro. Lish hizo caso omiso a sus objeciones, el volumen salió según su gusto y la crítica, admirada, destacó sobre todo el despojado estilo de su autor, ¿de Carver? Ese fue el principio del fin de la relación entre el escritor y el editor.

ENSEÑANZAS

La bonanza personal de Carver, que cercenaría abruptamente un cáncer de pulmón con apenas 50 años, le hizo aprender de los malos tiempos y, aunque no le gustase reconocerlo, también de las enseñanzas de Lish en cuanto a esencialidad en la escritura. En 1983 aparecía Catedral, su obra cumbre unánimemente alabada y mientras, en la intimidad, el autor se ufanaba de que ya no necesitaba a su exeditor. Cuando el artículo de Max desveló la cuantía de la intervención de Lish, Gallagher, la viuda, se negó a hacer declaraciones. Años más tarde, reveló, oportunamente, que Carver le había hecho prometer que en el futuro publicaría Principiantes. La obra apareció en Inglaterra el año pasado en tapa dura, pero en Estados Unidos ha quedado un tanto oculta dentro del volumen Carver: Collected Stories, porque la editorial Knopf se ha negado a editarlas de forma independiente.
Ahora ambas versiones están servidas. Solo falta saber cuál de los dos Carver nos gusta más.

Gordon Lish, el villano de la historia

El relato corto se hace grande

Recopilaciones, nuevos galardones y la consagración de editoriales especializadas certifican la buena salud del cuento El género halla su público también en la Red

fOTO;fUENTE:elpais.com

"Los libros de cuentos han dejado de ser una engorrosa cláusula en el contrato de un escritor. Tampoco son ya el trampolín hacia la novela para los narradores debutantes o el descanso entre novelas para los consagrados". Lo dice Juan Casamayor, que hace 10 años fundó Páginas de Espuma, una editorial que se enfrentó a uno de los grandes clichés de la edición española: "El cuento no vende".

"Pasé los primeros años escuchando esa frase por duplicado, sí: no vende, no vende...", recuerda Casamayor, que una década después tiene un catálogo de 170 títulos en papel -con autores como José María Merino, Medardo Fraile o Ana María Shua-, 40 en formato eléctrónico y casas en Argentina y México. Su best seller, dice, es Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki, con 54.000 ejemplares vendidos. En 2002, además, se atrevió con Pequeñas resistencias, un imprescindible panorama del cuento en lengua española en cuatro tomos coordinados por Andrés Neuman, que en octubre publicará una nueva entrega consagrada a España.

El escritor Eloy Tizón, que el próximo día 12 dictará en la Biblioteca Nacional la conferencia El renacer de la cuentística, considera clave la aparición de editoriales especializadas para la consolidación definitiva de un género que nunca contó en España con el predicamento que siempre tuvo en Latinoamérica y, sobre todo, en Estados Unidos. Allí una red de revistas pagaba tradicionalmente a los escritores por publicar sus relatos. Basta leer las memorias de Ernest Hemingway, un maestro de la distancia corta, para certificar que en algunos países se podía vivir del cuento.

Junto a Páginas de Espuma, Tizón cita a la palentina Menoscuarto, fundada en 2004 y con 75 títulos en un catálogo en el que conviven los relatos completos de Miguel Delibes, Carmen Laforet o Esther Tusquets con libros nuevos de Gonzalo Calcedo y Manuel Moyano. En Menoscuarto acaba de aparecer Siglo XXI. Los nuevos nombres del cuento español actual, una antología firmada por Gemma Pellicer y Fernando Valls. Profesor de la Universidad de Barcelona, Valls es el gran crítico del género en España. De hecho, Siglo XXI se suma a otras dos selecciones suyas que hicieron época: Son cuentos (Espasa, 1993) y Los cuentos que cuentan (Anagrama, 1993). Si la primera subrayó la labor breve de Juan José Millás, Soledad Puértolas, Javier Marías o Antonio Muñoz Molina, la segunda hizo lo propio con Javier Cercas, Mercedes Abad, Juan Bonilla o Fernando Aramburu.

Para Valls, su nueva antología certifica un hecho insólito hasta ahora: "La continuidad desde los años setenta de un género que en el panorama español ha sido guadianesco". Ello pese a la calidad de figuras como Ignacio Aldecoa, Juan Eduardo Zúñiga o Medardo Fraile. Para Eloy Tizón, por su parte, la gran muestra de la vitalidad del género es, en lo literario, el hecho de que estos dos últimos sigan activos a la vez que los 35 nuevos autores antologados por Valls: de Carlos Castán, de 47 años, a Matías Candeira, de 26, pasando por Hipólito G. Navarro, Pilar Adón, Ricardo Menéndez Salmón o Elvira Navarro.

"Están a la altura de los autores latinoamericanos de cuentos de su generación. Eso es algo que podemos decir pocas veces", afirma Fernando Valls de unos autores cuya "melodía de época", dentro de una gran variedad de temas, sería su pertenencia a "la tradición del realismo" y una "asimilación no mimética de las vanguardias". Más que boom del cuento, apunta Casamayor, lo que hay es "un crecimiento sostenido". Un crecimiento al que han contribuido tanto las ediciones de cuentos completos de grandes clásicos por parte de Alfaguara, Lumen, Anagrama o Alba como los minilibros con uno o dos textos lanzados por Alfabia, Gadir o Alpha Decay.

En los alrededores de la literatura, Valls destaca además tres elementos que han impulsado la vitalidad y dignificación del cuento: 1) Muchos autores han pasado por talleres literarios y ahora ejercen como profesores. 2) Hay al menos tres premios de altura dedicados a los libros de cuentos: el NH, el Ribera del Duero y el Setenil. La primera edición de este último recayó en Los girasoles ciegos (Anagrama), de Alberto Méndez. Y 3) Internet.

Javier Sáez de Ibarra, antologado por Valls y ganador del Ribera del Duero con Mirar al agua (Páginas de Espuma) descata la importancia de la Red como refugio crítico y creativo de un género tradicionalmente "desatendido" por los medios tradicionales. Bitácoras como El síndrome Chéjov, La luz tenue, Vivir del cuento o la del propio Fernando Valls -La nave de los locos- son para el escritor referencias tanto en la información como en la creación: "Uno puede colgar un relato y recibir al instante el eco de los lectores. Tal vez la pega es la ansiedad por renovar los contenidos".

Sáez de Ibarra, que ha publicado tres libros de cuentos, pertenece al club de los fieles al género. Lo mismo que Berta Marsé, autora de En jaque y Fantasías animadas (en Anagrama) y también presente en Siglo XXI. ¿Para cuándo una novela? Ésa es la pregunta a la que los dos se enfrentan recurrentemente. "¡Bastante complicado es escribir un relato!", responde Marsé. "El cuento no es el hermano menor ni el primo ni el cuñado de la novela".

Borrás:"El libro impreso sobrevivirá"

ENTREVISTA
Manuel Borrás, uno de los editores españoles más respetados en el mundo, estuvo de visita en Colombia como invitado de la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional

El editor Manuel Borrás (izq.) junto a Rafael Baena, novelista colombiano, autor de la novela Samaria Films XXX.fOTO;fUENTE:elespectador.com

"Esta es la historia de un hombre que vive de publicar libros impresos en pleno siglo XXI, en la era del libro electrónico. Él se llama Manuel Borrás y su empresa Pre-Textos. Desde 1976 en Valencia se expandió al ámbito europeo y latinoamericano hasta convertirse en una de las editoriales españolas más prestigiosas, no tanto por su volumen de ventas sino por la calidad de sus autores.

Publica clásicos como Chéjov, García Lorca, Azorín, Pessoa, Baudelaire, Conrad, Derrida, Pavese, contemporáneos como John Updike, Claudio Magris y José Emilio Pacheco, aunque se especializó en descubrir escritores de gran potencial como el argentino Andrés Neuman. Borrás estuvo en Bogotá pasando revista a su catálogo de escritores colombianos y charló con El Espectador sobre la industria del libro.

¿Cómo define Pre-textos?

Una editorial esencialmente literaria, que se precia de aplicar un criterio de excelencia para seleccionar los libros que incorpora a su catálogo. A pies juntillas creo que el catálogo de un editor es el mejor libro que puede escribir, en el fondo es su autobiografía.

¿Cómo defender ese criterio sin ceder a la presión comercial?

Un catálogo es un libro de carácter polifónico que requiere toda una armonización. No se construye a golpe de caprichos sino articulado en función de un criterio de excelencia rigurosa, que es lo que hemos venido haciendo. Nos distinguimos por selectivos no por acumulativos. Por mucho que le haya ido bien a un autor con nosotros, si nos trae un libro que no nos gusta no lo publicamos.

¿Cómo surgió Pre-Textos?

Nació de un azar y de una urgencia. Una vez concedidos los permisos gubernativos para ser editores, en un momento muy complicado en nuestro país durante el fin del franquismo, teníamos que dar un nombre para registrarlo. Se cumplía el plazo y no dábamos con ninguno hasta que una noche el núcleo fundador, que permanece a la fecha y está integrado por Manuel Ramírez, Manuel Arranz, Silvia Pratdesaba y yo, nos sentamos en torno a una botella de whisky. Barajamos nombres, no nos gustaba ninguno y les dije: "Tenemos que buscar un pretexto para salir de este atolladero". Entonces mi interlocutor dijo: "Ya está. ¿Por qué no la llamamos Pretextos". Y otro sugirió incorporar el guión para darle mayor ambigüedad.

¿Cuántas obras han publicado?

Tenemos más de 1.100 títulos.

¿Es clave ser editor-filólogo?

Un editor, si sabe leer en distintas lenguas, mejor que mejor. Me especialicé en la rama de germánicas y me permite tener información de primera mano sobre lo mejor que se está escribiendo.

¿No es un suicidio ser editor de libros impresos en el siglo XXI?

No lo veo como un suicidio. Cinco siglos de cultura impresa no se van a borrar de la noche a la mañana. Sí, verdaderamente, representamos la resistencia que debemos ejercer. El libro impreso está llamado a sobrevivir. Lo que pasa es que la irrupción del ebook, del kindle, se está presentando desde la prensa con una unanimidad contra el libro impreso que provoca pavor. Hay un interés de la industria por mostrarlo como la alternativa definitiva a un soporte declarado obsoleto. Eso me parece una patraña y me remito a los resultados: el otro día en un diario de izquierdas de mi país había un gran titular de "Crece el ebook", y la letra chica decía que subió 0,27 en el interés del público. ¿Qué quiere decir esto? Tenemos que preservar nuestra memoria. Hay que dejar rastro, y el archivo que deja un libro impreso en su formato papel no lo va a borrar un artilugio. Otro dato: en España una gran empresa sacó un ebook que iba a ser la novedad en Navidad y Reyes. Lo pusieron en oferta en la sección de libros y hoy está en electrodomésticos.

¿Qué significó para Pre-Textos el Premio al Mérito Editorial que le concedieron en la Feria del Libro de Guadalajara 2008?

El reconocimiento a nuestra labor, es nuestro pequeño Nobel. El hecho de que un grupo de editores internacionales nos distinguiera nos llena de sano orgullo. Estamos muy entusiastas para seguir en la difusión de la mejor literatura latinoamericana.

¿Hay punto de equilibrio entre filosofía editorial y negocio?

Todo producto cultural tiene un trasfondo empresarial y hay que establecer ese justo equilibrio. Nunca nos hemos rendido a un mercado ni a las modas y recibimos unas cuentas de beneficio a pesar de que esta editorial está dirigida a lectores más que a público, sin desdeñar al público.

¿Darío Jaramillo Agudelo fue el primer colombiano que editó?

Sí. Coincidimos en el jurado del premio de poesía Pérez Bonalde en Caracas y me entusiasmó cómo pensaba. Con ocasión de un viaje que hizo a España le pedí una antología de poesía y ya le hemos publicado 10 títulos.

Acabo de leer la muy buena tercera novela de Rafael Baena, 'Samaria Films XXX', inspirada en el mundo de la industria pornográfica. ¿Por qué le interesó este colombiano?

Por su calidad. Aquí ya lo había editado Alfaguara (Tanta sangre vista) y nosotros le publicamos ¡Vuelvan caras, carajo! Ya tiene tres novelas de excelente factura y se ha hecho un lugar en la literatura colombiana.

Un descubrimiento que lo pone tan contento como las obras de Pedro Juan Valencia.

Sí, son de esos autores secretos. Valencia con Eclipse de cuerpo tuvo una recepción crítica en mi país que no te puedes imaginar. Es excepcional y le acabamos de editar Versiones de mi vida.

¿Qué tanto sabe de literatura colombiana?

Estoy pendiente de ella desde los 15 años. Además estaba suscrito a la revista Eco, que dirigía Juan Gustavo Cobo. Leí a José Asunción Silva, León de Greiff, García Márquez. Por eso publicar colombianos es culminar un sueño.

¿De Colombia qué es lo próximo a publicar?

Darío Jaramillo prepara una gran antología de De Greiff y también tengo en mi maletín un nuevo original de él.

¿Qué impresión le dejó la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Nacional?

Es la demostración de que la academia puede ofrecer una serie de instrumentos, como la disciplina, a un potencial escritor, así no pueda infundir el talento o la inspiración. Por las óperas primas que conocí, está siendo muy efectiva y me parece admirable. Lo importante es que mantenga el criterio de excelencia.

Rosas y libros

Es un clásico de cada año donde las rosas, los libros y la gente son protagonistas

Además del caos que dejaron en Europa los aeropuertos boca arriba, las nubes volcánicas trajeron a Barcelona otra preocupación: el temor a que no llegaran a tiempo los seis millones de rosas importadas desde Holanda.

Quien haya estado en esta ciudad un 23 de abril sabrá de lo que hablo. Hoy caminé por Las Ramblas y repetí la misma ceremonia que todos: cambiar un libro por una rosa. La tradición dice que ellas regalan el libro, y ellos, las rosas. La fiesta se llama Sant Jordi, y es un clásico de cada año donde las rosas, los libros y la gente son protagonistas.

A medida que me acercaba hacia el epicentro de la movida, veía en las calles y avenidas, en las puertas de los bares o en las bocas de las estaciones de metro, jóvenes que montaban una mesa, un mantel, un par de sillas y un puesto improvisado de flores. Tres por 5 euros, una por 2,50, en sus versiones más sobrias de celofán en flor. Pero a medida que llegaba a Las Ramblas, la cosa se puso más sofisticada. Había rosas envueltas en tules, rosas de colores imposibles, arreglos de rosas encerradas en complejos trabajos de ingeniería con soportes, engranajes y maderas encorvadas.

Mientras la gente paseaba con rosas en sus bolsos, mochilas, cochecitos de bebé o cascos de motocicletas, una fila se armaba frente a una confitería donde vendían cajas de bombones con forma de libros y tapas de best seller dibujadas con mazapán.

Mientras los perfumes de un rojo intenso lo invadían todo, los libros -con un diez, quince o hasta veinte por ciento de descuento- se vendían por hectárea en las casetas de Las Ramblas, los puestos improvisados en medio de las veredas o en las megalibrerías en las que el apretuje era imposible.

Al menos, una vez al año, los libros tienen quien los adopte. En el noticiero están diciendo que el título más vendido fue El asedio, la nueva novela de Arturo Pérez Reverte, y que las rosas no llegaron a agotarse, pero casi. Como sea, fue un día de postal.




tomado de En minúscula

28.4.10

La editora De Moura apuesta por la salud del libro y la calidad de los contenidos

Sostiene que la polémica sobre el libro en formato digital o en papel no es, en realidad, más que un tema de continentes y que lo verdaderamente importante son los contenidos

Beatriz De Moura, editora. fOTO:EFE.fUENTE:que.es

"Considerada una de las más importantes editoras europeas, la española de origen brasileño Beatriz de Moura lleva prácticamente toda su vida rodeada de libros.

En 1968 fundó Tusquets Editores con un capital equivalente a 1.500 euros, una locura "romántica", recuerda, que se convirtió en un éxito cuando su "espíritu aventurero" y su pasión por la literatura se combinó con la experiencia en los negocios de quien fue su compañero en esta aventura, Antonio López.

La combinación resultó y "más de 40 años después seguimos aquí", apunta la editora, que saluda el fenómeno que se ha dado en España en los últimos años con la proliferación de pequeñas editoriales que tratan de abrirse un hueco en el mercado.

Pese a que reconoce que la crisis no fue tan dura para las editoriales españolas en 2009 como se temía, augura un año difícil en 2010 y teme que la situación económica termine por obligar a cerrar a muchas de las pequeñas empresas del sector.

Su recomendación para las nuevas editoriales es precisamente la clave de Tusquets: el equilibrio, porque "se puede fracasar bien por exceso de riesgo económico o bien por exceso de romanticismo", afirma Moura, que visita en estos días Buenos Aires para participar en la Feria Internacional del Libro.

Más preocupada por los efectos de la crisis en el sector que por el avance de las nuevas tecnologías, Beatriz de Moura sostiene que la polémica sobre el libro en formato digital o en papel no es, en realidad, más que un tema de "continentes" y que lo verdaderamente importante son los contenidos.

"No me asusta la tecnología", afirma, aunque admite que grandes grupos editoriales han tomado ya la delantera en la experimentación con soportes digitales y que, por cuestiones financieras, los pequeños y medianos se están quedando atrás.

"Creo que no debemos precipitarnos" porque "vivimos del libro en papel y seguiremos viviendo del libro en papel. En el futuro, pueden convivir los dos soportes, habrá gente que prefiera papel y habrá quien prefiera otro formato".

"Convivirán los dos formatos, siempre que encuentren cada uno su terreno y su público", aventura.

Además, advierte de que "sea cual sea el soporte, dentro tendrá que haber un contenido, y los contenidos se los daremos los editores. Van a necesitar de nosotros muchísimo, nos lo están pidiendo a gritos".

El auténtico problema, a su juicio, está en la piratería y en cómo combatirla para evitar que termine minando la creación literaria.

"Aún no se han encontrado medios tecnológicos para proteger la divulgación de estos contenidos. Llegará un día que no se pueda bajar ningún contenido sin una remuneración para el autor, de lo contrario se acabará con la creación tanto literaria, como musical o fotográfica".

El libro, insiste, "no tiene por qué asustarse demasiado, y en el futuro se encontrará una vía de recaudar dinero para que los creadores puedan seguir creando".

Para Beatriz de Moura esta revolución tecnológica es similar a la que se vivió en el pasado con la aparición de la televisión o el cine.

"Cuando apareció la televisión decían que el cine iba a desaparecer, pero se fue amoldando, cada periodo busca la manera de encontrar su territorio de actuación y no desaparece ningún modo de expresión porque aparezcan nuevas técnicas", afirma.

Prueba de la buena salud del libro, dice, son éxitos como el de la saga de Harry Potter que, en su opinión, "demuestran que el poder de la imaginación aún existe sobre un soporte que se llama papel y que miles de chicos de todo el mundo esperan para poder leerlo. Es un fenómeno inesperado en plena era de las tecnologías".

En medio de este complejo contexto, con la amenaza de la crisis y la experimentación de las nuevas tecnologías, Beatriz de Moura apuesta por los valores de una buena editorial: publicar un catálogo de calidad sin dejar de explorar escritores desconocidos.

"En la medida de lo posible intento hacer lo indecible para que un buen autor no se me escape. Eso sí es futuro", concluye.

Pacheco:"Me gustaria que el premio Cervantes hubiera sido para Cervantes"

"Los escritores somos miembros de una orden mendicante"

El escritor mexicano José Emilio Pacheco recibe el aplauso de los Reyes.fOTO:AFP.fUENTE:adn.es

"El poeta mexicano José Emilio Pacheco, que recogió hoy el Premio Cervantes de manos del Rey, hizo una emocionada defensa del gremio de los escritores, "miembros de una orden mendicante" que no reciben, como le pasó a Cervantes, el merecido reconocimiento por su obra.

"No hay en la literatura española una vida más llena de humillaciones y fracasos" que la del autor del Quijote, subrayó Pacheco, que hubiera deseado poder dar este premio a quien le da nombre.

"Me gustaría que el premio Cervantes hubiera sido para Cervantes. Cómo hubiera aliviado sus últimos años el recibirlo. Se sabe que el inmenso éxito de su libro en poco o nada remedió su penuria", afirmó el autor de "Tarde o temprano".

"Cuánto nos duele verlo o ver a su rival Lope de Vega humillándose ante los duques, condes y marqueses. La situación sólo ha cambiado de nombres. Casi todos los escritores somos, a querer o no, miembros de una orden mendicante. No es culpa de nuestra vileza esencial sino de un acontecimiento ya bimilenario que tiene a agudizarse en la era electrónica", aseguró Pacheco.

La anécdota

Minutos antes de recibir el Premio Cervantes en la Universidad de la localidad madrileña de Alcalá de Henares, el poeta ha protagonizado una divertida anécdota en frente de los periodistas al caérsele los pantalones.

"No tenía tirantes, es muy buen argumento contra la vanidad", dijo con buen humor ante los periodistas en el Claustro de la Universidad.

Pacheco, que iba acompañado del director general del Libro, Rogelio Blanco, y del rector, Fernando Galván, se detuvo brevemente ante la prensa para expresar sus sentimientos media hora antes de recibir el premio de manos de los Reyes de España.

"Me siento muy nervioso, es un día único e irrepetible. Es una gran fiesta", señaló el poeta mexicano, que indicó que todos "han sido muy generosos" con él estos días.

El premio Cervantes 2009 adelantó que pronunciará ante los Reyes "un discurso muy sencillo y muy modesto".

El discurso íntegro de José Emilio Pacheco

Snoopy y Charlie Brown vuelven a casa

Los herederos de Charles Schultz compran los derechos del célebre cómic por más de 132 millones de euros

El dibujante Charles Schulz con un dibujo de Snoppy, en una imagen de 1995.fOTO: AP.fUENTE:elpais.com

"Charlie Brown y Snoppy cambian de dueños. La familia del dibujante Charles Schulz y la empresa Iconix Brand Group pagarán 175 millones de dólares (más de 132 millones de euros) al grupo United Features Syndicate para hacerse con los derechos de los personajes que creó Schulz hace más de 50 años.

Las aventuras de la célebre pandilla es una de los más editadas de la historia e icono de la cultura pop del siglo XX. La primera tira del cómic apareció el 2 de octubre de 1950. Cuando Schulz se retiró en 1999, tenía más de 355 millones de lectores y se publicaba en 21 idiomas en más de 2.600 periódicos y revistas de 76 países de todo el mundo. En la actualidad, la marca está registrada en más de 40 países y tiene unas ventas anuales por valor de más 2.000 millones de dólares.

Los derechos serán explotados por una nueva empresa en la Iconix tendrá el 80% y la familia Schulz el 20%. Los herederos del dibujante, fallecido en 2000 a los 77 años , han asegurado que la compra tienen mucho de sentimental. Peanuts tiene ahora lo mejor de ambos mundos", ha declarado Craig Schulz, hijo del dibujante. "La propiedad de la familia y la visión y los recursos de Iconix para perpetuar la creación de mi padre a través del próximo siglo, con toda la bondad que traen sus adorables personajes".

La mujer de Schultz siempre ha sostenido que una de los grandes deseos de su marido era tener los derechos de imagen de sus personajes. "Era lo que más quería. Hoy estará sonriendo", declaró Jean Schulz, tras hacerse público el acuerdo de compra. En su última tira, publicada publicada un día antes de su muerte el 12 de febrero de 2000, el dibujante se despedía de sus seguidores y también de sus personajes, nunca aceptó que sus aventuras salieran de los lápices de otro autor. "He tenido la fortuna de dibujar a Charlie Brown y sus amigos durante 50 años. Eso me ha permitido hacer realidad lo que ambicioné desde niño", escribió Schulz en su despedida.

Libros iluminados

Lo que de día es un ir y venir de coches se había convertido al abrigo de la noche en un mar de libros iluminados

fOTO;fUENTE: Revista ñ

"Puede que una noche, en cualquier calle, descubras que los libros han abandonado la oscuridad de las baldas de nuestras casas para tomar la calle y lanzar un grito. Un grito de luz. Algo así debió ocurrirles a los vecinos de la calle Water, en el neoyorquino barrio de Dumbo, el pasado 17 de febrero. Lo que de día es un ir y venir de coches se había convertido al abrigo de la noche en un mar de libros iluminados. No se trata de magia, sino de otra acción del colectivo Luzinterruptus, que desde hace poco más de un año está realizando algunas de las intervenciones artísticas urbanas más bellas que se pueden encontrar.

Con materiales baratos y al alcance de cualquiera salen ciertas noches a sorprender a los viandantes, en acciones que combinan la poesía pura con la crítica social y política. Zapatos de tacón sorteando las interminables obras de las ciudades, jaulas doradas que encierran los recuerdos de un barrio (Lavapiés, Madrid), amenazantes periódicos anunciando la crisis en las escaleras de la Bolsa… La imaginación de este colectivo formado por tres autores procedentes de distintas disciplinas (iluminación, arte y fotografía) parece no tener fin. Su especial sensibilidad hacia el "objeto libro" nos llama la atención y queremos compartirlo contigo. Encantadora nos parece su acción Lecturas privadas en lugares públicos, en la que reinterpretaron los rincones más insospechados de la urbe como rincones donde abandonarse a la lectura de una buena novela negra…

Descubrimos su emocionante instalación en nueva York y queremos que compartas con nosotros la sorpresa. No pierdas de vista a Luzinterruptus. Cualquier noche de éstas pueden salirte al encuentro. Madrid, Barcelona, Zaragoza, Nueva York y Maubeuge (Francia) son algunas de las ciudades que ya se han visto invadidas con sus luces.

27.4.10

Se busca corresponsal en Buenos Aires

"Corresponsales especiales que a través de piezas breves nos comentarían los hechos o situaciones más relevantes o que consideren que debemos conocer en Papeles Perdidos"

Por: Winston Manrique Sabogal

fOTO;fUENTE:papelesperdidos

"Festejar con libros 200 años de historias. Ese es el título y la temática elegida este año por la 36ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires con motivo del bicentenario de las independencias de los países latinoamericanos. Y que ustedes pueden contarnos en Papeles Perdidos. Así haríamos entre todos un post-crónica coral de creación continua.

Feriabuenosaires

Visitantes en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires

¿Qué les parece? Serían algo así corresponsales especiales que a través de piezas breves nos comentarían los hechos o situaciones más relevantes o que consideren que debemos conocer en Papeles Perdidos. Incluso con entrecomillados de escritores o editores que asistan a la Feria o recomendaciones de libros, anécdotas y demás. La Feria empezó el pasado jueves y se prolongará hasta el 10 de mayo con decenas de actividades literarias y culturales, lo cual la reafirma como una de las más importantes del mundo hispanohablante.

Por lo pronto va una pista: mañana miércoles y el jueves se van a realizar sendas jornadas magistrales que "buscan ayudar a comprender la Argentina de los pasados 200 años, vislumbrando horizontes posibles para los futuros tiempos", anuncia la organización de la feria. Ello dentro de la actividad Encuentro del Bicentenario. Otras jornadas son el Festival de Poesía, el Encuentro de Narración Oral y la Bienal Borges-Kafka. Toda la información en http://www.el-libro.org.ar/.

Uno de los programas más exitosos es Invitados del Exterior que este año cuenta con la presencia de medio centenar de autores de todo el mundo como el italiano Alessandro Baricco, el alemán Rüdiger Safranski, el francés Alban Cerisier, el checo Josef Cermak, los colombianos Fernando Vallejo y Darío Jaramillo y los españoles Almudena Grandes, Enrique Vila-matas, Luis García Montero, Antonio Gamoneda y Rosa Montero.

Damos así un paso más dentro del ciberespacio y el diálogo en torno al mundo del libro que tanto nos gusta e interesa. Algo parecido a lo que ya hicimos con el Congreso virtual de la lengua hace dos meses, sólo que esta vez son ustedes quienes proporcinan la información, la opinión y el debate

Las notas de estos corresponsales episódicos, que serán ustedes, las leeríamos en el espacio de Comentarios. Lo dicho, espero que se animen en caso de pasar por la feria bonaerense. Gracias por anticipado y espero sus noticias.

Muere a los 82 años el escritor británico Alan Sillitoe

OBITUARIO

El autor de Sábado noche, domingo mañana y La soledad del corredor de fondo fue uno de los exponentes de la literatura realista británica

El escritor británico Alan Sillitoe, en una fotografía de 1994.fOTO;fUENTE:elpais.com

"El escritor británico Alan Sillitoe, uno de los componentes del grupo de autores conocidos como Angry Young Men, cuyo realismo retrató la vida de la clase trabajadora tras la Segunda Guerra Mundial, murió el domingo 25 de abril a los 82 años. En 1958 escribió su famosa novela Sábado noche, domingo mañana , una historia sobre una familia trabajadora en Nottingham. Otros trabajos incluyen Gadfly in Russia, un relato publicado en 2007 sobre sus viajes por Rusia. En total, Sillitoe, que se consideraba poeta más que novelista, escribió más de 50 libros, entre ellos su autobiografía, publicada en 1995 con el nombre de Life Without Armour.

Sábado noche, domingo mañana fue llevada al cine con la actuación del actor Albert Finney, mientras que su novela La soledad del corredor de fondo también fue llevada a la pantalla grande, con Tom Courtney. Ambas obras son consideradas dramas clásicos de la realidad británica de mediados del siglo XX.

Nacido en la ciudad de Nottingham (norte de Inglaterra) el 4 de marzo de 1928, Sillitoe también publicó varias obras de poesía, libros infantiles y piezas de teatro, además de ser crítico sobre temas sociales. Sillitoe abandonó la escuela cuando tenía 14 años y trabajó en una fábrica de bicicletas antes de ingresar en la Real Fuerza Aérea (RAF) como operador de telefonía.

Hijo de un trabajador curtiembre analfabeto, el escritor relató en alguna ocasión las penurias de su infancia. "Vivíamos en una habitación en Talbot Street (Nottingham) cuyas cuatro paredes olían a fuga de gas, grasa y capas de papel enmohecido", dijo una vez el escritor. Su primer relato de ficción, sobre la vida de sus primos y escrito cuando era un niño, fue incendiado por su madre porque ésta creía que revelaba muchas cosas. Mientras servía para la RAF contrajo tuberculosis, lo que le obligó a pasar 16 meses en un hospital de la Fuerza Aérea antes de recibir una pensión, tras lo cual se decidió por la literatura.

Sillitoe estaba casado con la poeta estadounidense Ruth Fainlight, con la que contrajo matrimonio en 1959, y era padre de un hijo y una hija adoptada.

Vallejo: "El sexo es algo del cuerpo pero ante todo es algo del alma"

ENTREVISTA
El amor y la muerte, dos experiencias que no se pueden filmar "porque pasan dentro", en una charla con el autor de La virgen de los sicarios

EN BUENOS AIRES. El autor trató de narrar su muerte en el libro El don de la vida.fOTO;fUENTE:Revista Ñ

"Que no, dice, que el loco furioso que desde sus libros tira con ametralladora verbal contra todo lo (humano) que camine no es él, no es Fernando Vallejo, no es el hombre que nació en Colombia en 1942, que es admirado en el mundo de habla hispana, que es el autor de La virgen de los sicarios . Dice que no es él pero a los dos minutos dice más o menos lo mismo que el personaje del libro que vino a presentar, como que Borges "es un muy mal poeta". Pero sobre todo dice que, como el personaje de El don de la vida ­"ese loco"­ él lleva una lista de gente conocida que murió. Setecientos ya tiene. No es capricho.

Este es un ­otro­ libro sobre su muerte. ¿Qué tiene que ver la lista? "Uno no muere de golpe, morirse es acabarse de morir. Piensa cómo los que lo acompañaron a uno con las ilusiones de uno, los valores de uno, desaparecieron. Entonces qué queda de uno, qué queda de uno en un mundo ajeno".

Vallejo se ha cansado de decir que él es un escritor en primera persona. Que no les cree nada a los narradores en tercera, que lo saben todo de sus personajes. Y esa convicción, claro, le complica el intento de narrar su muerte.

­ Es un imposible; uno escribe en tercera persona muy fácilmente la muerte de un personaje, pero ¿cómo dice uno en primera persona: "yo me morí"?

­ -Lo puede hacer el cine, hay camarógrafos que filmaron su muerte.

­ Filmar la muerte es como filmar el amor. El amor no se ve, el amor es interno. La pornografía no da cuenta de nada de lo que está pasando dentro de los que la están viviendo. El amor no se puede ver con una cámara ni la muerte tampoco; lo que cuenta es lo que está pasando dentro.

­ -¿Y qué es el amor?

­-El amor es sexo.

­ -Pero el sexo sí se puede ver.

­ -El sexo no se puede ver porque se ve lo exterior pero no se ve lo que está pasando en el alma. El sexo ante todo es algo del alma, es también algo del cuerpo pero ante todo, del alma.

­ -¿Y la muerte qué es?

­ -También del alma, la que se muere es el alma.

­ -¿Y el alma qué es?

­ -El alma es el yo, el momento, el ahora, lo que recordemos en el ahora. Es una pesadilla de la materia.

­ -Entonces el alma podría morir antes del cuerpo.

­ -Todas las noches morimos cuando estamos dormidos y no soñamos. Lo que sigue vivo es la maquinaria biológica. Con la muerte, se muere esa maquinaria y se muere definitivamente lo que ella sostiene, que es el alma.

­ -Y usted trata de anticipar lo que será eso ...

­ -Me estoy encaminando a pasos agigantados hacia la muerte.

­ -Como todo el mundo.

­ -Sí. Pero llega un momento de la vida en que uno se da cuenta que ese programita se acabó.

­ -¿Eso cuándo le pasó?

­ -Va pasando poco a poco después de los 50, cuando uno empieza a ver que se le muere la gente que lo ha acompañado a uno en la vida, quienes lo han rodeado, la familia, los amigos, la gente que uno ha querido, los enemigos, las ciudades, las calles, las casas que van tumbando, las calles que van ampliando, que convierten en avenida, los barrios que van tumbando, los hoteles que eran de primera y se vuelven hoteluchos, todo se va acabando y uno se va acabando como el mundo que lo ha rodeado. Y la música, la que estaba viva cuando uno era muchacho y que se muere también.

­ -¿Cómo muere la música?

­ -La dejan de oír los jóvenes y los viejos que la oían se mueren Aquí el tango y la milonga ya se murieron. En Medellín estuvieron vivos hasta hace diez años, fue el último reducto del tango y la milonga.

­ -Usted ha dicho que escribe para molestar, pero es un autor de éxito.
¿Será que encarna una especie de enojo de la época, un malestar que los demás no gritamos?

­ -Hay un malestar general, no se si en la historia de la humanidad haya sido siempre así, pero calculo que nunca como ahora, porque nunca para empezar había habido tanta gente, nunca habíamos estado tan amontonados. La frase de Sartre, que el infierno son los demás, se está convirtiendo en la gran frase de la humanidad.

­ -En el libro dice que Borges es muy mal poeta. ¿De verdad lo cree?

­ -Eso lo dice el loco del libro, no yo. No solo un muy mal poeta sino un prosista bastante irregular, está lleno de afectaciones, de impropiedades, como si no fuera su idioma la lengua española. Y no porque esté lleno de anglicismos, no usa anglicismos: es porque no se siente que hubiera respirado el aire que traían las palabras de la lengua castellana, como que hubiera respirado otro aire distinto."

¿Puede un computador escribir un poema de amor?

El poeta Dionisio Cañas y el psicólogo Carlos González Tardón analizan la cercana posibilidad de que la informática llegue a adquirir la intencionalidad requerida para la poesía

El poeta y coautor del libro ¿Puede un computador escribir un poema de amor? Dionisio Cañas. fOTO: Alberto Cuéllar.fUENTE:Elcultural.es

"Lean los siguientes versos:

Yunques ahumados
Sus muslos se me escapaban como
Peces sorprendidos
La mitad llenos de alas.
Con la sombra levanta
La arquitectura del humo
Un pie de mármol afirma
Su casto fulgor enjuto

¿Es el de arriba un buen poema? Malo no, desde luego. Es humano, eso también, con esas imágenes convocadas, con esos adjetivos, "casto fulgor enjuto". Esos giros parece que sólo los puede dar una persona, pero el que acaban de leer es un poema escrito por un ordenador mediante un programa informático de escritura automática. Es el reto superado al que aspiraban el poeta Dionisio Cañas y el joven especialista en psicología de los videojuegos Carlos González Tardón en el libro de reciente publicación ¿Puede un computador escribir un poema de amor?

Obra más de preguntas que de respuestas, esta que publica Devenir Ensayo es la primera que aborda el tema del tecnorromanticismo y de la poesía electrónica en el ámbito del español. "¿Podremos llegar a enamorarnos de un ordenador? ¿Podrá el ordenador escribir un poema?" se preguntaban en largas charlas los autores antes de ponerse con el libro. "Es un asunto que se plantea desde los años 50. Por alguna razón a la informática le ha interesado mucho saber si un ordenador puede sentir a través de las palabras. Porque, ¿son ellas las que nos permiten emocionarnos?", plantea de partida Dionisio Cañas, poeta "anacrónico", según se define, que se lanzó a este libro tras escribir un artículo sobre poesía y ordenadores hace un par de ellos.

La tesis es bien sencilla: Lo que une al ordenador con la poesía es la palabra. Ahora bien, ¿puede esa palabra creada por una máquina tener intencionalidad cuando se trata de escribir un poema? Según Cañas, hablamos un proceso que está hoy muy avanzado en la informática, una disciplina cada día más interesada en los estudios emocionales de la voz digital, por ejemplo. El ingeniero Pablo Gervás, que colabora en este libro, ha desarrollado ya cuatro programas que generan poesía y métrica tradicional, unos sistemas que "tenderán a perfeccionarse cada vez más", avanza el poeta, para quien un asunto en el que los ordenadores llevan las de ganar es la métrica, que no es sino pura matemática. "Puede que en poco tiempo premien a un poeta que es un ordenador en un concurso. No me extrañaría, puesto que muchos de los participantes humanos son, de hecho, muy robóticos", ironiza Cañas.

El autor, a pesar de ser consciente de la dura competencia que le está surgiendo al poeta, confiesa seguir muy feliz escribiendo sus poemas analógicos y leyendo poemas digitales, algunos recogidos en una pequeña antología que incluye su libro y que coinciden en una serie de premisas: "Hay un elemento que organiza el flujo del lenguaje. Por ejemplo, poesía española, poesía clásica, poesía del 27, etcétera. Luego, hay otra parte que analiza la métrica. Y, por último, el programa tiene un elemento que discierne si se parece a lo anterior y otro que encuentra características destacables", explica Cañas en torno al funcionamiento de estos generadores de versos. Sin embargo, opone, el valor final, esto es, si es bueno o malo, todavía se lo otorga el lector humano.

La cosa asusta, no obstante, porque al igual que, como decía Pessoa, el poeta es un buen fingidor, el ordenador tendrá mucha más facilidad para describir sentimientos impostados, que ni siquiera le pertenecen. Y, además, tiene la ventaja de la memoria, la facilidad matemática para reconocer, por ejemplo, lo novedoso o no de una composición, para recurrir al intertexto a la hora de homenajear a un poeta de un tiempo determinado, o para asumir estilos de la retórica de cada periodo histórico.

Cada uno en su casa puede probar cierta escritura automática uniendo campos en los resultados de los buscadores, por ejemplo. "Salen versos sorprendentes al colaborar con el ordenador", añade Cañas, que en cambio especifica que la mayoría de estos estudios los están realizando programadores que son poetas.

Un tecnotorpe llamado Luis Antonio de Villena
El libro se completa con un interesante antagonista, Luis Antonio de Villena, que más que tecnofóbico se considera "tecnotorpe". Villena duda muy mucho sobre el hecho de que las emociones puedan salir de una máquina. "Fue muy interesante el diálogo con él, puesto que consideraba que para la poesía el ordenador no podía ser más que una pura herramienta", recuerda Cañas, conocedor de que Villena, en cambio, acabó reconociendo que esto del tecnorromanticismo tenía su aquel.

¿Puede un computador escribir un poema de amor? es, finalmente, un libro para aficionados a la poesía o seguidores del implacable avance de la informática, y una obra que trata otros temas de actualidad, como el interés de la tecnología en crear máquinas que suenen como personas. "Esa será la próxima etapa del ordenador, la de la palabra hablada. Quién sabe, tal vez podamos en unos años pedirle al ordenador que nos escriba y nos recite un poema para no sentirnos solos", bromea el autor, que tras cuatro años de trabajo deja firmado un volumen de loable esfuerzo divulgativo y alto contenido para curiosos e inquietos en general.

Mordzinski reúne en París sus fotos de escritores

Una exposición en París muestra la obra del llamado fotógrafo de escritores

Retrato de Atiq Rahimi.fOTO:Mordzinki.Fuente:Elpais.com


"Daniel Mordzinski hizo su primera fotografía a un escritor en Buenos Aires en 1978, cuando tenía 18 años. Fue durante el rodaje de un documental para el que Jorge Luis Borges habló durante horas. Mordzinski, "por timidez, por timorato", no se acercó demasiado al escritor y disparó desde lejos. Al revelar, descartó un negativo en concreto por considerarlo fallido: detrás del cogote de Borges aparecía una mano que pertenecía al director de fotografía del documental y que, a juicio del joven fotógrafo, se había colado sin permiso y no tenía por qué estar allí.

Veinte años después, Mordzinski, considerado ya "el fotógrafo de los escritores", a fin de reunir material para una exposición, reparó de nuevo en esa vieja y primera foto: la mano misteriosa que bailaba (y señalaba algo) a la espalda de Borges no le pareció ya un error, sino todo lo contrario: casi un atributo más del maestro argentino. "Y la incluí, claro. Mi primera foto, la que me abría camino. A lo largo de veinte años ella no había cambiado, pero yo sí", explica. Ahora, Mordzinski, nacido en Buenos Aires y residente en París, reúne en la Maison de L'Amérique Latine, una colección de 300 retratos de narradores, novelistas y poetas de Latinoamérica, de España y Francia. "Mis tres orillas", dice.

La exposición, que se trasladará al Liceo Francés de Madrid en junio, se titula, consecuentemente, Les Trois Rives y se abre con una impresionante (y triste) fotografía de García Márquez sentado en la cama de su dormitorio de su casa de Cartagena de Indias, tomada en enero, con toda la habitación a la espalda y mirando hacia la luz que entra por la ventana. "Esa misma mañana yo acababa de hacerle una foto a Vargas Llosa en la cama de su hotel, leyendo, cuando me llamó Mercedes, la mujer de García Márquez para decirme que Gabo me esperaba a las doce de la mañana". Las dos fotografías de los dos gigantes de la literatura en español, en su tiempo amigos íntimos y ahora enemigos viejos por una bronca que ninguno ha querido explicar jamás, tomadas el mismo día y en la misma ciudad, se exponen a unos metros de distancia.

También hay otra de Julio Cortázar que esconde una historia. "Era 1979. Yo llevaba muy poco en París", relata Mordzinski. "Hice mi primera exposición, con fotos típicas, juveniles, de contrastes algo fáciles, en fin, un mendigo al lado de un Mc Donals y por ahí. Y busqué el número de Cortazar en la guía y le dejé un mensaje en el contestador diciéndole que no conocía a nadie en París e invitándole". El fotógrafo no se lo creía cuando el autor de Rayuela apareció por la sala esa tarde de invierno. "De aquella exposición sólo ha sobrevivido una foto: precisamente la que más le gustaba a Cortázar. Las demás se han indo cayendo de las exposiciones a lo largo de los años. Esa no. Es de unos músicos callejeros que pusieron una funda de guitarra en el suelo en la que se metió para jugar uno de sus hijos. Cuando el niño salía de la funda, le hice la foto".

26.4.10

Los fantasmas de la revolución

El cubano Leonardo Padura desanda los caminos del asesinato de Trotski. Indaga el hecho, crucial para el siglo XX, a través de la víctima y su victimario, Ramón Mercader

Letras libres. La prosa de Padura, cada vez más política.fOTO;fUENTE:Revista Ñ

"Agosto de 1940. Coyoacán. México. "El grito (de Trotski)... removió los cimientos de la fortaleza". Y su muerte, su eco, tan real como simbólico, desnudó las miserias del estalinismo. Ese hecho, con los grises que correspondan, es la llave de El hombre que amaba a los perros, la novela en la que el cubano Leonardo Padura desovilla esta historia crucial, y sobre todo triste, para el sueño de la revolución socialista. El autor tiene un mirador privilegiado para narrar la tragedia. Se para en la misma isla caribeña y se calza el traje de un personaje ficticio, el escritor Iván Cárdenas Maturell, quien en 1977 conoce a un tal López, un enigmático personaje que pasea por la playa dos hermosos galgos rusos, ese hombre dispuesto a confiarle los detalles más profundos de la vida de Ramón Mercader, el verdugo de Trotski. A partir de ese nudo, son tres los personajes que motorizan el relato: Mercader, el comunista español enceguecido por la directiva soviética que lo convirtió en un soldado de la NKVD; Trotski, depositario de la furia de Stalin, que ya viejo y exiliado dará vueltas por el mundo tratando de desnudar a su enemigo, el
sepulturero de la revolución; e Iván, el escritor cubano que representa a la masa, metáfora de una generación y resultado de una derrota histórica que muchos comprendieron tarde. El mismo Padura lo explicita a través de su alter ego: en su intención de entender a Mercader, tenía que entender, mostrar y conocer la magnitud de la víctima. Y todo ello sin dejar de hablar de Cuba, donde transcurre el tiempo real de esta historia, que empieza a escribirse en 1977, un año antes de la muerte de Mercader en La Habana, y termina, si es que le cabe un fin, en este siglo XXI. Va y viene Padura entre sus tres personajes centrales y repite muchos pasajes cruzando sus puntos de vista. Se nota ese esfuerzo que a veces abruma.

En el libro, Liev Davídovich Bronstein, Trotski, es sólo un ejemplo de la furia de Stalin, tal vez el más vital por haber sido un actor crucial de la revolución del 17 y por convertirse con los años en el gran teórico marxista. Pero esa furia también arrasó a figuras como Andreu Nin, el trotskista español que timoneó el POUM, a Erwin Wolf y a los mismísimos hijos de Trotski. Padura también desanda esos vínculos. Lo cuenta tan bien, a veces, que conmueve con la implosión de aquella España ensagrentada por la Guerra Civil, un país que tuvo la Revolución al alcance de la mano y que "sacrificó ese destino porque los dueños del socialismo supremo (los comunistas rusos comandados por el georgiano Stalin )", se volvieron funcionales a las falanges de Franco. ¿Qué hubiera sido de Europa con una España socialista? ¿Qué de la Unión Soviética si Trotski se hubiera impuesto a Stalin? Padura hurga sin ofrecer antídoto en un mundo lleno de mezquindades y delaciones, en el que un titiritero maneja cientos de marionetas, soldados del miedo o de la ceguera. Y nos da su visión de cómo fue que se pervirtió "la mayor utopía que alguna vez los hombres tuvimos al alcance de la mano". Antes y después del crimen, Ramón Mercader, Jacques Mornard o Jacson, algunos de sus nombres, va dando pistas de ese destino, a veces aceptando sus errores, otras veces negándolos maquinalmente.

En esa evolución de los hechos Iván, el personaje cubano, se va arrastrando hacia la escritura con dolor. Y ese dolor se siente y se transmite en las páginas de El hombre que amaba a los perros. Pasa él mismo de las bonanzas de la Cuba ochentista a las penurias del período especial, tras el fin abrupto de la URSS. Deja en claro Padura que la revolución cubana, que nació 20 años después del asesinato de Trotski, demoró en distanciarse de la manipulación y el ocultamiento de una historia que fue escrita y reescrita a merced del poder. Del mismísimo Stalin. "En Cuba era poca la gente que sabía de Trotski", dice Padura. Tampoco en España entendieron el juego de Stalin a tiempo, y ya era tarde cuando convirtieron a Mercader en el símbolo de un gran error para los comunistas españoles. Eso también lo sugiere el libro. En cuanto a Stalin, a Hitler y al final cantado de la URSS, las profecías de Trotski terminaron por cumplirse. Iván, tal vez Padura, convivió casi 30 años con esta historia lacerante.

Lo nuevo en su obra es la historia de Mercader. En una biografía ficcionada, reconstruye la trayectoria de este hombre que nunca dejó de escuchar el grito de Trotski. También es ameno y exhaustivo el relato del penoso exilio del líder e impactante ese fresco de la URSS de Stalin, capaz de crear un nuevo sistema de explotación, "otra clase de dictadura adornada con la retórica y sostenida en mentiras y miedos". La revolución traicionada escribió Trotski. Y Padura rubrica. Costará en cambio sentir la compasión que siente Iván por Ramón Mercader, moldeado para cometer uno de los crímenes más reveladores de la historia del siglo XX. Tal vez sienta él mismo el soplo de Trotski en la nuca y escriba empujado por ese influjo. Trae muchas respuestas El hombre que amaba a los perros, aunque sea ficción. Pero trae sobre todo preguntas. Podremos pensar cómo hacer la revolución del futuro, pero la pregunta es si, alguna vez, superaremos estos odios. La revolución fue traicionada, y éstos son algunos de sus fantasmas.