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30.9.10

Las letras de la lucha final

La historia de la literatura tiene su particular capítulo dedicado a las huelgas y los conflictos laborales

El actor Marcelo Mastroianni en un fotograma de la película Los compañeros de Mario Monicelli.foto.fuente:elpais.com

El sábado pasado, durante el Festival Hay de Segovia, el cineasta y escritor David Trueba, premio de la Crítica 2009 con la novela Saber perder (Anagrama), repasó durante una hora varios fragmentos de sus películas favoritas. Entre ellas estaba Los compañeros (1963), de Mario Monicelli. En la secuencia elegida por Trueba, un intelectual (Marcello Mastroianni) interviene en una asamblea de obreros para apoyar la huelga. Después del discurso del intelectual -americana, gafas, barba- los trabajadores corren exaltados hacia la calle. Mastroianni se queda solo y ve en una mesa el bocadillo que alguien se ha dejado olvidado. Cuando, con ojos lujuriosos, se dispone a morderlo es sorprendido por el dueño del bocadillo, que ha vuelto a buscarlo. Recuperándose de la mezcla de sorpresa y frustración que le asalta, el intelectual devuelve su comida al obrero. Toda una metáfora sobre la relación entre el poder de la mente y el del estómago, el pan y las palabras. La historia de la literatura también tiene su particular capítulo de asambleas, piquetes y paros.

El mundo va a la huelga. Libro de huelgas, revueltas y revoluciones (451 Editores) es el título del volumen que hace unos meses publicó el editor y crítico Constantino Bértolo. Se trata de una antología de textos e imágenes en torno a la lucha contra la injusticia que va desde el levantamiento de los esclavos de Roma (el Espartaco de Howard Fast inmortalizado en el cine por Stanley Kubrick) hasta el movimiento antiglobalización (de la mano del colectivo Wu Ming) pasando por las revoluciones francesa, mexicana y soviética, las huelgas de Asturias en 1934 (José Díaz Fernández, Octubre rojo en Asturias) y las de París en 1968 (Olivier Rolin, Tigre de papel), sin olvidar la lucha antifranquista (Isaac Rosa, El vano ayer).

Bértolo, además, analiza el espacio marginal al que, "a despecho de su alta calidad literaria", han sido relegados títulos como Martin Eden, de Jack London, Los de abajo, de Mariano Azuela, o La madre, de Maxim Gorki. Publicada en 1907, la cruda historia de la toma de conciencia de Pelagia, la madre del título, a partir del compromiso político y sindical de su hijo, es uno de los grandes clásicos de un género de difícil canonización: el realismo social.

Conflictos en lengua española. Después de conseguir su propio espacio durante la larga posguerra franquista, los representantes españoles de ese realismo social pasaron al purgatorio desplazados por el experimentalismo de los años setenta, primero, y, luego, por la nueva narrativa de los ochenta. Franco murió en la cama y la reforma sacó de las estanterías a la revolución llevándose de paso por delante todos los matices de la justicia social. También de su versión menos ruidosa: el Estado de bienestar. Con todo, títulos como Central eléctrica, de Jesús López Pacheco, o La mina, de Armando López Salinas, merecen una lectura que vaya más allá de su consideración como mero testimonio de un tiempo pasado que el presente volvió peor. Y que el futuro puede volver actualidad pura.

Entre tanto, el testigo de una novela crítica con una sociedad en la que cada vez es más frágil la frontera entre trabajo digno y trabajo a secas, corre a cargo en la actualidad de narradores como el propio Isaac Rosa, Rafael Chirbes o Belén Gopegui. La actividad como guionista de cine de esta última también se ha ocupado en ocasiones del mundo laboral. Ahí están películas como La suerte dormida (2003), dirigida por Ángeles González-Sinde, actual ministra de Cultura, o El principio de Arquímedes (2004), dirigida por Gerardo Herrero.

Una de mineros chilenos. Una muestra de las idas y venidas del pasado es, por cierto, El arte de la resurrección, último premio Alfaguara. En su novela, Hernán Rivera Letelier relata las peripecias de un iluminado que se cree Jesucristo en el contexto de una huelga minera en el norte de Chile. El libro transcurre en los años cuarenta del siglo XX, pero el accidente que tiene atrapados a 33 obreros en el pozo San José demostró que a veces la novela "histórica" tiene un pasillo que lleva hasta el telediario.

Malos tiempos para la lírica. En Pero el viajero que huye (Visor), Manuel Vázquez Montalbán se preguntaba cuánta gente tendría que morir víctima de la injusticia para que "nos saliera social la poesía", pero lo cierto es que entre los poetas españoles actuales no faltan las voces críticas después de que algunos de sus colegas de la posguerra conocieran un ostracismo similar al de sus coetáneos novelistas (Una pista: Poesía social española contemporánea. 1939-1968, la histórica antología de Leopoldo de Luis, reeditada por Biblioteca Nueva). "La belleza de la huelga general" se titula por ejemplo uno de los poemas de Conversaciones entre alquimistas (Tusquets), de Jorge Riechmann, uno de los más destacados exponentes de una poesía social que, con la lección de Brecht bien asimilada, tiene entre sus mejores representantes a autores de distintas generaciones como Jesús Munárriz, Fernando Beltrán, Antonio Méndez Rubio, Enrique Falcón o Isabel Pérez Montalbán. (Otra pista y otra antología: Feroces, de Isla Correyero, en DVD Ediciones).

Sin olvidar la dimensión crítica que ha tenido siempre el poeta más representativo de las últimas décadas, Luis García Montero. A su libro más celebrado, Habitaciones separadas (publicado por Visor en 1994 y recogido luego en su poesía reunida, editada por Tusquets) pertenece el poema Compañero: "Yo sé dónde acabaron nuestras revoluciones, / ¿pero dónde empezaban nuestros sueños? / Si empezaron por culpa del dolor, / hay motivos recientes para seguir soñando. / Si empezaron por culpa de nuestra envenenada estupidez, / puedes seguir soñando, / pues también hay motivos".

28.9.10

Le carré:"La barbarie es fruto de la mediocridad"

Su nuevo y estupendo libro, un voluminoso mafioso ruso, dos temibles ex-agentes del KGB y un espía británico venido a menos se pelean en el vestíbulo de este hotel
El escritor John Le Carré.foto: CARLES RIBAS.fuente:elpais.com

Por si quedaban dudas, John Le Carré adora una buena trama. Cita al periodista una injusta mañana invernal en Berna, en el lujoso Bellevue Palace, uno de esos hoteles que retienen cierta grandeur de otra época incluso aunque, como es el caso, albergue una bullanguera convención de productores de gruyère. Podría pasar perfectamente por el escenario de una de sus novelas si no fuera porque en efecto lo es. En el clímax de Un traidor como los nuestrosInternational Herald Tribune que en la adaptación en proceso de su novela El topo (1974) Gary Oldman encarnará a su más célebre criatura, el agente George Smiley. Y esta vez, la vida imita a la ficción: El sándwich club del hotel es tan bueno como se asegura en el libro y desde las habitaciones se vislumbra el "río Aar bajo la ventana y los picos del Oberland bernés a lo lejos, negros contra el cielo".

"En este mismo salón", recuerda el gran novelista británico de espionaje, "se celebraba los sábados por la tarde un baile cuando llegué en 1949 a la somnolienta Berna escapando de Inglaterra para estudiar alemán. Pagabas tres francos y podías escoger a una chica con la que bailar bajo la atenta mirada de su madre". David Cornwell no era por aquel entonces el John Le Carré de su seudónimo, ese autor que adoran millones de lectores de todo el mundo, ni tampoco había sido aún reclutado en Oxford por el MI6, servicio de inteligencia británico, con una discreta palmadita en la espalda.

Han pasado más de 60 años, pero el viejo espía, que abandonó el servicio a principios los sesenta, según confesó a finales de la década pasada, sigue embarcado en la misión de retratar con envidiable compromiso los problemas de nuestro tiempo desde el subsuelo del mundo del espionaje. En esta ocasión, el tema es el blanqueo internacional de dinero, el podrido Londres plutócrata y la impunidad en la que se mueven los oligarcas rusos. Hay espías, por supuesto, que "trabajan para un país que no alcanza a pagar las facturas" y "en el que el Foreign Office no es más útil que un sueño húmedo". También hay héroes inconfundiblemente Le Carré, como la pareja protagonista, Perry y Gail, aficionados el tenis como metáfora de lo que puede y no puede ir bien en el mundo, dos tipos normales en una situación completamente anormal.

Esta ronda de entrevistas, asegura el escritor desde la altura de sus casi 80 años, será la última. Si, como asegura uno de los personajes de Un traidor como los nuestros "los diplomáticos mienten por el bien de su país y los políticos para salvar su pellejo"... ¿Habrá que creer a un autor que construido su enorme reputación a partir de tipos tan acostumbrados a vivir en la mentira que olvidan lo que es decir la verdad? "Ya soy una persona mayor", explica Le Carré con la elegancia y la genuina amabilidad que adornan cada uno de sus gestos. "Bastante tengo con concentrarme en escribir. La conversación es una forma de arte. Y los requerimientos promocionales se han hecho enormes".

P. ¿Siente vértigo al asomarse a los 80 años?

R. No especialmente, solo agradecimiento por todas las vidas que viví.

P. ¿Tantas fueron?

R. He sido huérfano, interno en el Gulag de la enseñanza británica, cristiano fallido, desgraciado, virgen durante demasiado tiempo, marido precoz, espía niñato que buscaba su identidad en la pertenencia a las instituciones del servicio secreto, amante desesperado con aventuras continuas y bastante idiotas. Supongo que maduré demasiado tarde.

P. Esto podría ser un ensayo para su anhelada autobiografía.

R. Siempre que la empiezo, acabo escribiendo una novela y eso está bien. Creo que debería acometerla un buen biógrafo, le daré una lista de gente a la que no gusto y otra de gente que me quiere [Risas].

P. Sabemos por su propia confesión que fue espía en su juventud y que su padre fue un estafador de altos vuelos... ¿Le quedan secretos por desvelar?

R. No querría sonar pomposo, pero un escritor solo tiene un enigma y es su propia vida. Mi padre era un criminal y crecí con ello. Y sí, estuve en el servicio secreto. Nunca revelaría nada de aquel tiempo, por eso supongo que no escribo mis memorias.

P. Por eso su gran enemigo fue Kim Philby, el doble agente británico al servicio de la URSS que le delató a usted y a decenas de sus compañeros...

R. No estreché su mano en Moscú cuando pude, en 1989. No quería dignificarlo, como él pretendió tras el parapeto ideológico del comunismo. Cuando nos traicionó, el ya era consciente de lo que era capaz Stalin.

P. Y usted, como izquierdista en los sesenta, ¿se creyó aquel cuento? Otros, como Kingsley Amis, se dieron cuenta tarde.

R. Lo descubrí tarde, pero estaba claro. Era un régimen terrible. No había excusas. Cuando fui a Alemania por primera vez a finales de los cuarenta aun olía a muerte. No entendía cómo habían sido capaces. Luego, ya de mayor, me di cuenta de cada país tiene su barbarie. Y que la barbarie no es un atributo solo de los hombres poderosos. Es consecuencia de la mediocridad. Gente normal haciendo cosas horribles.

P. Hace año y medio declaró a este diario que creía en que el mundo financiero estaba en vías de cambiar para siempre, de aprender de los errores, que era un momento histórico. Obviamente, se equivocó.

R. Cierto. En nuestro país, los grandes bancos están sujetados en un 60, en un 80% por los impuestos. Esa era la política de Gordon Brown; imprimir dinero. Y los bancos son organismos que no benefician en absoluto a la sociedad.

P. Pareciera que los hombres una y otra vez confiáramos en el cambio de rumbo de las cosas solo para decepcionarnos de nuevo...

R. Siempre hay señales que te convencen de que esta vez será distinto. Volviendo al tema de los bancos, creo que son en gran parte responsables del blanqueo internacional de dinero. Si yo o usted se presenta en un banco de Londres con una maleta llena de billetes grandes, probablemente llamen directamente a la policía. Ahora, sí el señor Orloff, prominente hombre de negocios de Moscú, lo hace... yo se lo pregunté a dos grandes banqueros de Londres y los dos me contestaron lo mismo: si presenta ciertos credenciales y quinientos millones de libras, no somos policías, si tiene apariencia legal, será legal. En Rusia no existe el dinero limpio. Me fascinan los mecanismos del blanqueo de dinero.

P. En el libro habla de los hoteles negros...

R. Ese es maravilloso, pero no lo he inventado yo. Lo vi en Panamá por primera vez. Era uno propiedad de [el narco] Pablo Escobar. Allí los llaman hoteles de la cocaína. Son enormes, pero nunca nadie pernocta en ellos. Están vacíos. Si llama, le dirán que están completos. Y cada semana sale un camión repleto de dinero supuestamente procedente del acomodo, del casino y de los restaurantes rumbo a un banco para lavarlo convenientemente.

P. De la lectura de su última novela se deduce que no cree que el dinero no huela, el non olet de la vieja expresión de los romanos.

R. Apesta a tráfico de drogas, de armas, asesinatos a sueldo, a opresión y a enorme corrupción. Y creo que los bancos son en gran parte responsables del blanqueo internacional de dinero. Mucho más preocupante resulta el asunto en Rusia, donde no existe el dinero limpio.

P. Resulta irónico hablar de este tema en la capital de la confederación helvética... ¿Exigir a un banquero suizo control sobre el blanqueo de dinero es como aspirar a que un relojero de este país pida explicaciones al tiempo?

R. No es un asunto exclusivamente suizo. En Gran Bretaña los bancos también compiten por lavar más blanco. Le contaré mi propia experiencia en blanqueo de dinero... Cuando Harold Wilson era primer ministro, pagaba 86% de tasas y si ganabas aún más que yo, podrías verte en la situación surrealista de que tenías que pagar más de lo que ingresabas. Así que una reputada firma contable me aconsejó que constituyese una empresa en Suiza de la que recibir un sueldo. Me metí en este mundo durante unos dos años, hasta que me pillaron. Desde entonces he sido puro y virginal. Nadie sabe ya cuándo el dinero es negro, blanco o gris. La realidad es que cuanto antes entre el dinero negro en el círculo del dinero legítimo, mejor para el sistema, aunque proceda de las más horrendas fuentes.

P. Nadie está en condiciones de rechazar dinero ahora mismo, supongo.

R. Cierto. Los bancos necesitan dinero venga de donde venga. La Rochefoucauld decía que la hipocresía es el peaje que el vicio le paga a la virtud. El propio sistema de los servicios secretos se basa en el dinero negro. Es el modo en el que recibes tu salario, es inevitable. Y si por esa razón en todos los países hay un cierto matrimonio entre el crimen y la inteligencia, en Rusia el matrimonio es completo. Rusia es un estado criminal.

P. Lo afirma rotundamente...

R. Lo es. Fueron de los zares blancos a los zares rojos y ahora están bajo los zares grises. Es una nación sin ninguna experiencia democrática. Sospechan de ella. Hay dos cosas que unen a los rusos; aman su país, siempre que pasan dos semanas fuera lo añoran terriblemente, y les aterroriza el caos. En nombre del patriotismo puedes conseguir mucho si eres un político. No digamos ya del miedo al caos. El truco para gobernar un gran país es convertirlo en víctima. Ya sea con ocasión de las Torres Gemelas o la amenaza chechena. Inventamos los enemigos que necesitamos.

P. En el libro asegura que se inventan ataques chechenos para justificar crímenes de estado.

R. Estoy seguro de que sucede. Los rusos tienen una licencia para hacer lo que quieran con los chechenos. Primero Reagan y luego los Bush les dijeron: "Haceros cargo de esa gente. Es vuestro problema. Nosotros nos encargaremos del resto del mundo". Lo que era una guerra de independencia como las que ha habido en mi país o en el suyo, se ha convertido a los ojos occidentales una guerra contra el terror. Inventamos los enemigos que necesitamos. En el libro anterior, estaba presente el asunto del blanqueo de dinero y el asunto checheno, así que me quedé prendado con ello. Es una cosa que viene de 1991, cuando conocí a un tipo, uno de los hombres más peligrosos de Rusia, un pez gordo, en un club a las dos de la mañana. Se llamaba Dima, como el personaje de la última novela, y yo iba acompañado de mi guardaespaldas, que era el campeón nacional de lucha abjaso. Fue muy ilustrativo.

P. Un cliché sobre su obra dice que con el fin de la Guerra Fría, se le acabó su tema literario. Da la sensación de todo lo contrario.

R. Yo estaba cansado, ¿cuánto puedes escribir sobre los problemas morales de enfrentarse al comunismo? Lo hice durante demasiado tiempo. Lo que nos dejó fue una era pos imperial apasionante...

P. Nada que se pudiese considerar, como en el desafortunado vaticinio de Fukuyama, el fin de la historia.

R. ¡Claro que no! El propósito del capitalismo quedó desenmascarado. En una de las últimas apariciones del bueno de [su célebre personaje] George Smiley decía: "Ya hemos vencido al comunismo; ahora nos toca lidiar con el capitalismo". Y en esas estamos. No creo que la globalización sea buena en absoluto. Es la vieja colonización con otro traje. Es la destrucción del tercer mundo, la creación de mega ciudades y la explotación del trabajo barato y sin regular. Es una catástrofe ecológica y sociológica. Creo que hay mucho sobre lo que escribir.

P. Y no piensa dejar de hacerlo, claro.

R. Es mi obligación moral, muchacho.

P. ¿Contra la URSS vivíamos mejor?

R. Al menos la mitad de los problemas eran de otros. La gran pesadilla de los americanos durante la Guerra Fría es que alguien, los cubanos por ejemplo, tirase una bomba sobre Nueva York. ¡No era una realidad de la Guerra Fría, era una realidad de la era posterior! No sé por cuánto tiempo podemos vivir con este concepto de América como un animal herido. Ha provocado dos cosas: el completo aislamiento del país y la demonización del Islam. A diferencia de los europeos, los americanos piensan que una guerra sirve para algo. Y francamente, no lo entiendo, porque esos tipos han perdido (o no han ganado) todas las guerras en las que se han metido. La Segunda Guerra Mundial la ganaron los soviéticos, con el coste de treinta millones de vidas, no ganaron la de Corea, ni Vietnam. De Irak se han ido con el trabajo sin terminar y no ganarán la de Afganistán.

P. ¿Cambiará algo Obama?

R. Desearía ser capaz de cambiar algo. Pero si aún siete de cada diez estadounidenses siguen creyendo que Sadam Hussein tuvo algo que ver con las Torres Gemelas, y un 40% se traga que Obama no es americano y encima es musulmán, a qué puedes aspirar. No sé cómo podrá contra los lobbies, el aparato mediático de la derecha y contra su propio partido, que es extremadamente incompetente y desleal. Está esposado.

P. Da la sensación de que la propaganda es un asunto mucho más preocupante en esta era de la información.

R. Es más poderosa. Mussolini definió el fascismo como ese momento en el que no hay diferencia entre el poder político y el empresarial. Se olvidó del poder mediático, porque en aquellos tiempos se daba por supuesto. También hemos olvidado a dios en el argumento. Nunca creímos que en el siglo XXI el asunto religioso estaría tan condenadamente presente. Que cada cual crea lo que quiera, pero ¡que sea un asunto político!

P. Desde luego, hay que pellizcarse para creerlo...

R. Mi considerable antipatía hacia Tony Blair viene precisamente por ese lado. Y eso que le voté creyendo que era de izquierdas, cuando resultó ser más de derechas que Gengis Khan. Una vez el periódico The Guardian me invitó a entrevistarlo y consulté a algunos amigos periodistas que me dijeron: "David, es imposible hacer sangre de ese hipócrita". Así que lo rechacé. No quería contar como uno de sus triunfos. Está claro ahora, tras leer la autobiografía, que había mezclo a Dios en sus decisiones. Creo que las creencias religiosas deberían declararse en la alta política. Si yo creo que el segundo advenimiento del señor solo se dará cuando el Gran Estado de Israel está consolidado, mis votantes deberían saberlo. Si Bush y Blair pensaban que estaban conduciendo una cruzada cristiana contra las fuerzas del Islam, eso no puede ser un secreto de estado. ¿Qué Dios te dijo que invadiese un país? ¡No fastidie! ¡Cuál dios!

P. ¿Tiende a dar crédito a las teorías de la conspiración?

R. No. Mi limitada experiencia sobre conspiraciones, que ya ha cumplido los cincuenta años [desde que abandonó el servicio secreto], es que si usted y yo conspiramos, uno de los dos se lo contará a su novia, el otro se dejará una maleta olvidada en el metro y ambos olvidaremos sincronizar nuestros relojes. El otro día Ahmadineyad dijo en las Naciones Unidas que el 11-S fue una trama del Gobierno de EE UU. Eso no puede ser, por la sencilla razón de que se necesitaría la complicidad de tanta gente, que sería prácticamente imposible guardar el secreto.

P. ¿Cómo se las apaña para no perder comba con la contemporaneidad, para escribir sobre problemas de hoy que le suceden a gente de hoy?

R. Tengo muchos hijos y nietos. Y mantengo vivo al niño en mi interior. Lo bueno de ser un escritor vejestorio es que has vivido muchas vidas y que ya no estás dominado por la pasión o el deseo, pero puedes recordar lo que es perder la cabeza por las mujeres.

P. ¿Se comportaría como un héroe en el caso de una guerra?

R. No. Una vez estuve en Vietnam. En Phnom Penh. Compartí experiencias con corresponsales de guerra y los respeté un montón, entendí por qué todos son unos junkies, tienen que hacerlo para pasar el trago.

P. ¿Cómo ve a los servicios secretos en esta nueva era?

R. Me preocupa su politización. Están al servicio del poder, proporcionan información para sostener sus mentiras. Cuando yo me dedicaba a ello, nos considerábamos como los buenos periodistas; conseguíamos verdades para arrojárselas al poder. La diferencia con los periodistas es que estábamos autorizados a emplear otros métodos, como hablar con traidores, ser desleales, pinchar teléfonos y toda esa basura.

P. A todas luces de eso trata su obra, de hacer cosas erróneas por las razones correctas y los conflictos morales que eso acarrea.

R. Exacto. Sobre el conflicto de lo que nos debemos a nosotros mismos y a la sociedad. Sobre lo que es en realidad el patriotismo.

P. ¿Nunca fue contactado por el servicio británico después de abandonarlo?

R. No. Me volví un tipo bastante impopular.

P. Se dice que los agentes del KGB adoraban sus novelas...

R. No tengo ninguna duda. Hace unos años Eugeni Primakov, que entonces era ministro de Asuntos Exteriores y había sido director del KGB, me lo confirmó. Le pregunté con quién se identificaba en mis novelas y dijo: "Smiley, por supuesto" [Risas].

Así suena Thomas Mann

No soy un hombre visual, sino un músico desplazado a la literatura, escribió el Nobel. Un libro y un CD trazan la semblanza del escritor, para quien la música era una especie de esqueleto intangible que le ayudaba a mantenerse en pie

Thomas Mann (Lübeck, 1875-Zúrich, 1955) en una imagen de los años treinta.foto CARL MYDANS / GETTY IMAGES.fuente:elpais.com

Vemos a Mann empeñado en dominar su propia vida, ambición tan inane como la de contar las arenas del mar


De cuando en cuando te topas con libros maravillosos, y no me refiero solamente al contenido, sino también al continente, al objeto físico. Esto me ha sucedido con la colección Los Escritores y la Música, unos volúmenes exquisitos y casi clandestinos, por lo desconocidos, que está sacando Ediciones Singulares. Como es evidente, de lo que se trata es de hacer una semblanza de un escritor abundando en su relación con la música. Los libros están primorosamente confeccionados y diseñados, tienen fotos buenísimas y textos bien hechos. Yo sólo he leído el volumen dedicado a Thomas Mann, que trae un prólogo formidable de Fernando Aramburu y un sólido e interesante ensayo de Blas Matamoro, y ha sido una lectura de relamerse, como quien degusta un platillo delicado y sabroso. Y, para postre, después de ese pequeño banquete de palabras, uno puede solazarse con el CD de música que viene con cada libro y que trae las grabaciones de las que se habla en el texto. En concreto, en el caso de Mann, hay fragmentos de Richard Strauss, de Gounod, Mahler, Britten, Hans Pfitzner, Schubert, Schönberg y, naturalmente, Richard Wagner. Más de 70 minutos de buena música. Y todo ese esfuerzo literario y profesional, esa edición hermosa, esa compilación discográfica única, sólo cuesta 19,90 euros. No conozco a los de Ediciones Singulares, pero creo que han hecho un gran trabajo.

De Thomas Mann ha escrito mucha gente, empezando por sus propios hijos, que hablaron de él en diversas memorias y le crearon una imagen de padre adusto y un poco terrible. Recordemos que se suicidaron dos de sus seis hijos, los dos varones, aunque el suicidio era un velo negro que pendía sobre la familia desde tiempos antiguos: también el padre de Mann se quitó la vida, así como las dos hermanas del escritor. Demasiada muerte y desesperación alrededor.

Tal vez por eso vemos a Mann empeñado en controlar lo incontrolable, es decir, empeñado en dominar su propia vida, ambición tan inane como la de contar las arenas del mar. Ya se sabe que el escritor iba a las playas con traje y corbata, totalmente inadecuado en ese entorno de cuerpos semidesnudos, de bañistas esbeltos que, por otra parte, le encendían el corazón. Como su inolvidable protagonista de Muerte en Venecia, Mann tenía una fuerte tendencia homoerótica. "Golo Mann sostenía que la homosexualidad de su padre, conocida por toda la familia, era de índole platónica", explica Aramburu. A los 75 años, por ejemplo, se enamoró perdidamente de un joven camarero a quien dedicó ardientes páginas secretas de sus diarios; pero el muchacho jamás se enteró, en su momento, de la devoción del escritor. Quiero decir que Mann estrangulaba o aherrojaba su sexualidad con el apretado nudo de esa corbata burguesa que no se quitaba ni en la playa. Él quería ser un hombre "como es debido", una persona de orden y de fundamento. Apena pensar qué podría haber hecho Mann en tiempos más permisivos. Si hubiera podido vivir su verdadera sexualidad, probablemente habría sido más feliz. Aunque quizá, quién sabe, eso no le hubiera mejorado como escritor.

Este precioso libro está lleno de datos interesantes y sutiles. Se habla de la relación de Mann con Strauss, con Pfitzner, con Mahler. Y se explica con certera concisión cómo reaccionaron los músicos ante esa gran prueba moral, esa ordalía personal que fue el nazismo: las pequeñas miserias de Strauss, la grandeza de Mann... Tanto el escritor como su familia eran muy musicales: todos tocaban algún instrumento o cantaban. "No soy un hombre visual, sino un músico desplazado a la literatura", escribió el premio Nobel en 1947. En realidad se podría dividir a los escritores, en especial a los novelistas, entre autores que ven y autores que oyen. Hay escritores fundamentalmente oníricos, rememorativos, táctiles; y otros parecen redactar sus libros al ritmo inaudible de un metrónomo interior. Entre los literatos melómanos está Mann, o Alejo Carpentier, o Vikram Seth. En el otro extremo están los autores reacios a cualquier tipo de melodía, y el sordo más famoso debe de ser el gran Vladímir Nabokov, que odiaba la música pero veía las palabras en colores.

Para Mann, en cambio, la música era una especie de esqueleto intangible que le ayudaba a mantenerse en pie. Contra el horror. Contra las muchas muertes merodeantes. De todo eso trata este volumen, y también de detalles amenos y curiosos, como, por ejemplo, que Mann basó su personaje de Muerte en Venecia en Gustav Mahler (para escándalo de algunos biempensantes), o que se inspiró en el compositor Schönberg para crear a Leverkühn, el músico protagonista de Doctor Faustus, que aparece en la novela como el inventor de la música atonal. En 1948 Mann envió un ejemplar del Faustus a Schönberg con una dedicatoria en la que reconocía que Leverkühn era él, y el compositor se agarró un cabreo monumental: "Schönberg desea que yo aclare que el atonalismo es un invento suyo y no del Demonio", escribió burlonamente Mann en una carta a un amigo. Este libro delicioso, en fin, es capaz de aunar lo leve y lo profundo. ¡Y, además, suena! En la colección de Los Escritores y la Música también han sacado a Proust, Tolstói, Shakespeare, Dante y Goethe. Al parecer son títulos difíciles de encontrar, pero sé que algunas librerías los tienen (como la Rafael Alberti, calle del Tutor, 57, Madrid). Yo voy a comprarlos todos.


Thomas Mann

Blas Matamoro. Prólogo de Fernando Aramburu.

Colección Los Escritores y la Música.

Ediciones Singulares. San Lorenzo del Escorial, 2009.

Incluye un CD de música. 96 páginas. 19,90 euros

21.9.10

El Libro de Bolsillo de Alianza cambia de cara, pero no de alma

La popular colección incorpora un nuevo diseño

Una de las nuevas cubiertas de Alianza Editorial.foto.fuente.abc.es
¿El Siddharta de Herman Hesse, dónde? "Dónde va a ser en el Librode Bolsillo Alianza".Así era una conversación entre dos precoces lectores, allá a finales de los sesenta y en los setenta.

En esas pequeñas joyas (bueno, no todas pequeñas, que también estaba "En busca del tiempo perdido" de Proust, en sus siete tomazos) estaba casi todo lo que un aficionado curioso que a menudo había oído campanas y no sabía muy bien dónde quería encontrar para ir llenando y rellenando su incipiente biblioteca.
El Libro de Bolsillo nació en 1966 y además de su comodísimo formato y su no menos comodísimo precio, contaba también con aquellos rompedores diseños de portada creados por Daniel Gil. Inolvidables. Memoria sentimental y cultural de un tiempo irrepetible, compañeros de tantos viajes emocionales y literarios, los Libros de Bolsillo de Alianza quieren seguir siendo palpitante corazón de nuestro mundo editorial, a pesar de los difíciles e inciertos tiempos que vive todo lo que tenga que ver con el papel impreso.
Por ello, Alianza ha decidido realizar un lavado de cara a su hijo predilecto, y, como explica su Directora Editorial, Valeria Ciompi, se pretende "recoger el testigo de una biblioteca que siempre fue rompedora, y seguir siendo fieles a un catálogo de obras y de libros que forman nuestras señas de identidad cultural, y reivindicar obras de referencia del discurso cultural universal, sin olvidar, por supuesto, las primeras ediciones ni las nuevas traducciones".
Lavado de cara
Para este valiente lavado de cara se ha contado con uno de los mayores expertos del diseño editorial español, Manuel Estrada, quien al frente de su estudio ha trabajado durante dos años en el proyecto. Un proyecto para el que, incluso, se ha consultado a numerosos libreros. "El diseño no es, ni debe ser, lo más importante -destaca Estrada-, pero sí es trascendente en un segundo plano. Que un libro sea atractivo y manejable, sobre todo si tenemos en cuenta lo mucho que se lee en el transporte público, es necesario. Quizá, el libro de bolsillo sea la principal baza para que perviva el libro impreso".
Los cambios en la colección no son radicales, pero sí apreciables para seguir defendiendo y apostando por el libro como objeto único. El popular logotipo se ha estilizado y aligerado, se ha elegido una letra Garamond Simoncini, ligera, delicada y de mejor legibilidad, y también ha aumentado un poco el ancho del formato. Otros pequeños detalles técnicos y estilísticos completan la nueva oferta.
Entre los primeros títulos de este reestreno encontramos clásicos del siglo XX, como "El señor de las moscas", de William Golding; "El arte de envejecer", de Schopenhauer, inédito y novedad absoluta en la Biblioteca de Autor; "El guardián entre el centeno" y "Levantad, carpinteros, la viga del tejado", de Salinger; una traducción inédita de "Tiempos difíciles", de Dickens, y también por primera vez en la colección, "El capital", de Karl Marx. El Libro de Bolsillo de Alianza cambia de cara, pero no cambia de alma. Todo un mundo en el bolsillo.

20.9.10

Nace proyecto para que libros sean complementados por lectores

Un escritor de habla hispana de renombre arrancará el libro. Luego del primer capítulo, se propondrá a internautas elaborar el segundo
Lectores/autores hacen creación literaria colectiva.foto.fuente:elespectador.com

Quién pudiera escribir un capítulo de un libro a cuatro manos con uno o varios autores consagrados. O también decidir cuál es la mejor continuación que nos gustaría que tuviera la novela... Parece un sueño, pero ese planteamiento es el que ofrece el proyecto To be continued (Continuará) : que pueda salir de la Red un libro de gran calidad cuyos capítulos estén escritos por los propios internautas, entre los que estarán algunos grandes escritores.

También parecía una locura, y más compleja y costosa, hacer un concurso de tráilers de las películas que uno deseaba hacer y que por razones obvias no podía; y eso es lo que planteó Teaserland, iniciativa de Vas a Ver, los mismos promotores de To be continued, y que se saldó al final con 1.219 tráilers de 169 países y con 750.000 visitas a la página web (Teaserland.com)
El mecanismo es tan sencillo como prometedor. Un escritor de habla hispana de renombre será el encargado de arrancar el libro, que se hará en castellano. A partir de ese primer capítulo, se propondrá a los internautas que elaboren el segundo.

De entre todas las propuestas que se reciban se escogerá la mejor por vía doble: los votos obtenidos a través de los internautas y la decisión última del editor del libro virtual, que velará por la coherencia y calidad del mismo. Así, será ese editor el encargado de otorgar las grandes líneas por donde debería pasar la continuación. Una vez colgado el segundo capítulo se procederá igual para el tercero y así sucesivamente. Este sistema sólo se romperá dos veces, cuando en momentos estratégicos aparecerán los capítulos de dos autores más consagrados.

To be continued, que cuenta ya con el apoyo de diversas instituciones y entidades culturales, amén de firmas editoriales, se planteará editar el libro tanto en soporte digital como en papel. "La iniciativa no tiene como objetivo último sólo hacer un libro sino que confluyan lectura y escritura y acabe generando un foro de gente adicta al mundo de la literatura digital", apunta Xavier Bru, responsable de To be continued. Es por esa razón por la que, según Bru, "de aquí pueden nacer un sinfín de iniciativas que, al final del proceso, haya creado una auténtica comunidad literaria virtual, activa y participativa".

En el proyecto se podrá participar de múltiples maneras: como mero visitante de la página web (que le permitirá leer tranquilamente los capítulos y observar cómo se ha desarrollado la selección), como usuario registrado (que dará derecho a votar y a opinar sobre todo el proceso) y como escritor (que deberá rellenar una ficha, con sus datos literarios). Las nuevas tecnologías harán el resto: la apertura de sendos canales en Facebook, Twitter y Spotify posibilitará, por ejemplo, que desde un foro de discusión se pueda poner banda sonora a cada capítulo ya aprobado; vídeos de localización de escenarios para inspirarse mejor o, incluso, organizar un concurso para ir ilustrando las entregas.

To be continued está previsto que arranque en enero próximo, según sus responsables. "Pretendemos que quien tenga el valor y las ganas de escribir que escriba; sabemos que hay mucha gente que le gusta y que puede hacerlo muy bien y que por un motivo u otro no se han lanzado. En ese sentido, queremos tratarlos como profesionales". Ventajas de la democratización tecnológica.

Libros de risa

¿Es la literatura de humor un género menor? ¿Hacer reír a través de la lectura goza de prestigio? La seriedad y el humor no son incompatibles. Desde esa armonía se pueden decir las cosas más importantes de la vida. Bilbao acogerá un encuentro internacional en torno a este tema. Babelia ha pedido a escritores, cineastas, cómicos y músicos que repasen esa relación

Ilustración de Manel Fontdevila.fuente: elpais.com

No es fácil establecer una frontera entre las obras literarias consideradas serias y aquellas que provocan la carcajada. Cada una cumple su papel, pero cuando seriedad y humor se juntan se convierten en aliados perfectos. La literatura siempre ha demostrado esa armonía, y en lengua española ya lo hizo Miguel de Cervantes con Don Quijote. De libros para reír se hablará en Bilbao en la Primera Semana Internacional de Literatura de Humor y Humor Gráfico. Como antesala, una serie de escritores, cineastas y cómicos repasan la biografía de esa relación entre literatura y humor y recomiendan algunos de sus libros preferidos de todos los tiempos desde la crónica, la novela o la biografía. Las opiniones se acompañan de algunas recomendaciones de lecturas de libros que nos han hecho reír en los últimos dos años.

Daniel Samper Pizano

Humor y literatura... Pero, ¿acaso es que hay mucha literatura sin humor? Desde Homero hasta John Irving y desde Cervantes hasta García Márquez, pasando por Aristófanes, Petronio, Chaucer, Juan Ruiz, Boccaccio, Shakespeare, Quevedo, Rabelais, Sterne, Balzac, Gógol, Wilde, Twain y Borges -sin mencionar Las mil y una noches y mil y un autores más- acudieron al humor para construir su literatura. Sería interminable la lista de escritores a quienes debo sonrisas y risas. Pero nombraré solo a dos: Giovanni Guareschi (1908-1968), autor de El pequeño mundo de don Camilo, y el que considero ya un clásico: el Negro, de Roberto Fontanarrosa (1944-2007).

Daniel Samper (Bogotá, Colombia, 1945) es escritor. Su último libro es Para papá (Espasa), escrito con Jorge Maronna.

Juan Bas

Probablemente la literatura de humor no goza hoy, ni lo ha hecho nunca, de buena salud. Y se valora como narrativa menor por la crítica especializada. Quizá se deba a que se trata de un género difícil en el que es más complicado que en otros conseguir un buen resultado literario. Se publican una mayoría de libros humorísticos mediocres que se limitan a meter los chistes y gags con calzador. El humor en literatura creo que es otra cosa: una manera propia de mirada y de narrar que debe de formar parte del argumento, las tramas y los personajes. Un buen ejemplo, el Quijote. Dos novelas de humor que aprecio: El buscón, de Quevedo, y Ulises, de James Joyce.

Juan Bas (Bilbao, 1959) es escritor. Su último libro es La resaca del amor (Temas de Hoy).

Mayra Santos-Febres

Me desternillo de la risa cada vez que leo algunos ensayos de Chesterton o releo los pasajes del Diario de Adán y Eva de Mark Twain. No lo puedo evitar. En el Diario, Twain traspone la parodia como mera inversión de la realidad. Ilustra el profundo absurdo que es la existencia humana, el hecho de que estamos aquí, nos creemos "reyes de la creación" y en realidad no entendemos un pepino de lo que es la vida; ni hoy, ni mañana ni nunca la entenderemos, ni siquiera entendimos lo que fue en el nacimiento de los tiempos. Que esta vaina está brutal, hermano, y que nadie sabe nada, ni nos llegan las instrucciones de uso. Volviendo a Chesterton, en el ensayo El humor cockney, el humorista inglés dice que solo los humildes pueden reírse de sí mismos, porque el humor es el reconocimiento de las limitaciones propias y de lo efímero que es el tránsito humano por la vida. Y, en Movimiento perpetuo (otro rarísimo texto de uno de mis escritores favoritos, el guatemalteco Augusto Monterroso) se argumenta que las dos máscaras del tímido son la melancolía y el sentido del humor. Y que el ser humano está perdido si se las quitan las dos. En realidad, creo que el humor literario es una subversión y una operación moral. Subvierte los órdenes del mundo y tira al piso las jerarquías que se apoyan en el poder incontestable, es decir, en el miedo.

La risa no respeta a nadie, de ahí su poder y su agudeza.

Mayra Santos-Febres (Carolina, Puerto Rico, 1966) es escritora. Su última obra es Fe en disfraz (Alfaguara).

Andreu Buenafuente

Debo decir, de entrada, que desconfío de los libros que apuntan en sus solapas "la novela tiene un humor corrosivo". Nunca he conseguido estar de acuerdo con el editor o el que escribe eso. ¿Humor? ¿Estamos hablando de ironía, sarcasmo o qué? En los grandes libros (y no tan grandes), siempre hay un personaje, una situación, un enfoque que tiende a desengrasar la tupida maraña literaria de la historia. Pero de ahí a considerarlo humor

...

Dicho esto, el libro que puedo leer veinte veces seguidas y continuar riendo es Sin Noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza. Redondísimo. No sé cuántos habré regalado. También he reído mucho con los libros biográficos de Aznar, todos los ensayos conspiratorios (¡qué imaginación!), los del Papa y la mayoría de los de autoayuda. Diría que me gustan los de monólogos que publico cada año con mi equipo de guionistas, pero me tildarán de egocéntrico. Llevamos 11 y, de momento, nadie se ha quejado.

Andreu Buenafuente (Reus, Tarragona 1965) es cómico. En la actualidad dirige y presenta el programa Buenafuente en La Sexta.

David Safier

Yo siempre prefiero el humor. Comparemos las obras dramáticas y las humorísticas a lo largo de los años. En el lado del drama tenemos, por ejemplo, a William Shakespeare, Franz Kafka y David Foster Wallace. En el del humor destacamos a Jonathan Swift, Woody Allen y... de nuevo William Shakespeare. Todos estos nombres nos dan una brillante imagen sobre la condición humana, sobre los defectos humanos y qué es lo que de verdad nos hace humanos. Pero en el humor no solo da esa perspectiva, sino que hace reír y eso es un valor adicional. Los llamados intelectuales prefieren las obras dramáticas que excluyen a muchos lectores, porque son bastante complicadas (intenten leer La broma infinita, de Wallace). Y encima le añade el valor de que estos intelectuales se creen parte de una élite, la única capaz de creer que pueden conseguir la brillantez. Sin embargo, yo prefiero reírme antes de pertenecer a una élite.

Como recomendación lectora yo sugiero los magníficos relatos de Woody Allen Without Feathers (Sin plumas) y Side Effects (Perfiles).

David Safier (Bremen, Alemania, 1966) es autor de El maldito carma. En octubre publicará Jesús me quiere.

Jorge Maronna

Es difícil establecer una frontera precisa entre la literatura seria y la humorística. Abundan los libros escritos con humor que no caen en la desprestigiada categoría de "libros de humor". Además de los célebres ejemplos de Cervantes, Rabelais o Voltaire, pienso en los Ejercicios de estilo de Raymond Queneau, Las Cosmicómicas de Italo Calvino y ciertos cuentos de Augusto Monterroso. Si se trata de humoristas propiamente dichos, mis favoritos son Woody Allen, Roberto Fontanarrosa, Daniel Samper Pizano y César Bruto (Carlos Warnes). Y también disfruté mucho con La tournée de Dios, de Enrique Jardiel Poncela; El pequeño Nicolás, de René Goscinny, y Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza.

Jorge Maronna (Bahía Blanca, Argentina, 1948) es integrante del grupo musical Les Luthiers.

José Luis García Sánchez

¿Humor y literatura? Pues no sé. Si es cierto que el humor es la más acabada invención del lenguaje humano, aquello que multiplica el significado de las palabras, que enriquece el tono de las frases, el gran recurso expresivo, el antídoto del dogma, pues ¿qué autor o qué libro elegir? Kafka es puro humor, como lo es Cervantes... Humor es el Arcipreste y Machado, Valle y Voltaire... Y Sade... García Márquez, Chéjov... Serrat y Sabina

...

O sea, toda la literatura (buena o mala) es humor (malo o bueno). Quizá no tanto, pero lo que sí es cierto es que todos los libros se pueden leer humorísticamente. Aconsejo al posible lector que se coloque los lentes del humor para leer la Biblia. Incluso la Ley de Enjuiciamiento Criminal.

¿Y un libro? Los muertos no se tocan, nene. Del más humorista de mis amigos, o del más amigo de mis humoristas, Rafael Azcona.

José Luis García Sánchez (Salamanca, 1941) es director de cine. Su último trabajo es el documental Por la gracia de Luis. Su próximo estreno será Don Mendo Rock, ¿la venganza?

Rosa Beltrán

Las obras maestras donde el humor campea usualmente parten de una carencia, de una tragedia o una imposibilidad. Almas muertas, de Nikolái Gógol; La metamorfosis, de Kafka; Catch 22, de Joseph Heller; Los relámpagos de agosto, de Jorge Ibargüengoitia.

En ellas el humor es un seguro de vida porque nos recuerda que pese a las desgracias, la vida continúa. No nuestra vida, sino La Vida. Podríamos pensar que esto no nos importa y quizá tendríamos razón. Pero algo es algo.

El humor va ligado a la tragedia y no, como se piensa, a la comedia. Porque tenemos un cuerpo frágil, porque sabemos que hay más reveses que momentos felices es que existe el humor. ¿De qué nos reímos ante el hidalgo de la triste figura azotado por las aspas del molino que confunde con un gigante? ¿De su confusión? O de la con-fusión de circunstancias: un deseo abatido por una realidad que nos es adversa. Es decir, nos reímos de la disparidad entre lo que imaginamos y lo que ocurre, pero solo porque esa disparidad va acompañada de los golpes, de la injusticia y por supuesto, de la triste figura. El humor, como la vida, encierra el misterio más profundo y la mayor paradoja pues para salvarnos a través de la risa antes hay que sufrir. O dicho de otro modo: porque sufrimos, es que podemos salvarnos a través de la risa.

Rosa Beltrán (Ciudad de México, 1960) es escritora. Su última obra es Alta fidelidad (Alfaguara).

Hernán Casciari

Cuando murió Fontanarrosa, en 2007, logró convertirse en uno de los grandes escritores argentinos junto a Cortázar, Arlt, Castillo, etcétera. Antes era un excelente humorista gráfico que publicaba viñetas y que, por afición, escribía. Tuvo que dejar de publicar viñetas para ser un escritor de verdad. Tuvo que dejar de hacerse el gracioso para que sus novelas y sus cuentos traspasaran las fronteras intelectuales. A Borges y a Cela les pasó lo contrario: sus muchos libros nos impidieron comprender que eran, principalmente, grandísimos humoristas. Mis libros de humor preferidos son las obras completas de Borges, de Cela y de Fontanarrosa.

Hernán Casciari (Buenos Aires, Argentina, 1971) es escritor. Su última obra es El nuevo paraíso de los tontos (Plaza & Janés).

Shalom Auslander

Si uno va a escribir un libro de "humor", lo primero que tiene que hacer es estar seguro de que no es una diversión tópica. Si es así, no lo podemos llamar "humor", que es al menos algo respetable; lo podemos denominar "divertido" que no es para nada respetable. Si eres judío serás llamado cool; si eres británico "ingenioso" y si eres negro no te llamarán nada porque ningún blanco lo leerá. Si uno intenta de manera decidida y hace algo completamente aburrido, entonces lo llamarán "humor intelectual" y así ganarás un premio, hablarán de ti en la prensa, pero nadie de ningún color te leerá. El libro más divertido de todos los tiempos es, en mi opinión, Candide, de Voltaire, que para muchos críticos no es un gran libro porque solo tiene 150 páginas. Lo que es por supuesto jodidamente hilarante.

Shalom Auslander (Nueva York, Estados Unidos, 1970) es escritor. Su última obra es Lamentaciones de un prepucio (Blackie Books).

Matices del humor

Carcajadas en la literatura

El humor propio

16.9.10

Un monumento enciclopédico a la historia de América Latina

400 expertos reinterpretan 200 años del continente en 95 volúmenes

Simón Bolívar en una batalla contra los españoles en el fresco La epopeya boliviana, de Fernando Leal.fuente:elpais.com

Volver a escribir la historia contemporánea de América Latina y de los países europeos que se relacionan con ella, hacerlo de acuerdo con nuevos métodos de estudio, las nuevas escuelas latinoamericanas de historiografía, y presentar todo ello en una colección que tendrá 95 volúmenes y en la que intervendrán más de 400 especialistas de 25 países, es el proyecto editorial presentado ayer en Buenos Aires, en el contexto del I Congreso Iberoamericano de Educación. Al acto asistió la infanta Elena de Borbón.

América Latina en la Historia Contemporánea, editado por el grupo Santillana y el Instituto de Cultura de la Fundación MAPFRE, propone reflexionar sobre el papel que ha desempeñado América Latina en los últimos 200 años, desde las perspectivas económica, política, cultural y social, y conjugando, además, la historia de los diferentes países americanos y la de los países europeos que ejercieron influencia en ese desarrollo.

"Es una manera nueva de vincular la realidad nacional de cada país con la gran historia americana y esta, a su vez, con la historia europea de los últimos dos siglos", explicó Emiliano Martínez, presidente de Santillana, que resaltó la importancia del empeño y el compromiso de su grupo de conseguir "los lectores que la obra merece" en todos los países. Los responsables de Mapfre y de su Fundación cultural, Diego Sobrini y Pablo Jiménez Burillo, explicaron la envergadura del proyecto y aseguraron que la colección contará con el apoyo presupuestario que necesite.

El profesor Carlos Malamud, que integra el comité editorial de la colección, explicó la importancia de que cada tomo se elabore con el mismo criterio en cuanto a división por periodos cronológicos y por el seguimiento de un esquema común que permita comparar los diferentes procesos históricos. Los libros están escritos con espíritu de "alta divulgación", en el sentido que el contenido sea de fácil acceso y lectura para cualquier persona interesada en la historia y no solo para especialistas, resaltó por su parte el historiador argentino Jorge Gelman, que coordinó los seis tomos dedicados a su país. La colección, elaborada por la editorial Taurus, parte de la ruptura del modelo colonial y la invasión napoleónica de la península Ibérica y se abre con tres volúmenes simultáneos que estudian la "crisis imperial e independencia" (1808-1830), desde Argentina, Chile y España.

El esquema previsto incluye dos fases: en la primera, con 50 volúmenes, se analizarán de forma paralela los grandes países del continente desde ese periodo hasta hoy: México, Colombia, Venezuela, Perú, Brasil, Argentina y Chile, además de España, Portugal y EE UU. La segunda fase se dedicará a Bolivia (tres tomos), Canadá (2), Centroamérica (6), Cuba (3), Ecuador (3), Paraguay (3), República Dominicana (3), Uruguay (3) y Europa (4 tomos). En cada uno de los países, ha sido un historiador de reconocido prestigio quien se ha encargado de seleccionar y coordinar el trabajo de los demás expertos.

La iniciativa de Santillana (que forma parte del Grupo PRISA, editora también de EL PAÍS) tiene un segundo aspecto novedoso: en cada país se realiza simultáneamente un trabajo de localización de fotografías que dará origen a grandes exposiciones pero que, sobre todo, permitirá contar en 2012 de uno de los mayores y más importantes bancos de imágenes del mundo sobre la historia latinoamericana.

15.9.10

Ceden a Universidad de Salamanca la obra de Aristóteles anotada por Heidegger

La fundación neozelandesa ha cedido el compendio de las obras por un período de cuatro años, prorrogables, y en los que estarán a disposición de los investigadores y estudiosos

Aristóteles, Filósofo griego, nacido en Estagira.foto:internet.fuente:adn.es

La fundación neozelandesa Vista Linda ha cedido temporalmente a la Universidad de Salamanca las obras completas de Aristóteles en griego con anotaciones manuscritas de Martin Heidegger, además de una carta de Unamuno dirigida al escritor Juan Valera, depositada con anterioridad en la institución.

El rector de la Universidad de Salamanca, Daniel Hernández Ruipérez, ha calificado hoy el legado de Aristóteles como "un documento único en el mundo", integrado por cinco volúmenes correspondientes a una edición de 1831, y con anotaciones del filósofo alemán Heidegger.

La fundación neozelandesa ha cedido el compendio de las obras por un período de cuatro años, prorrogables, y en los que estarán a disposición de los investigadores y estudiosos.

Junto a esta entrega, en los últimos meses también se ha depositado en la Universidad de Salamanca procedentes de Vista Linda, la misiva de Unamuno a Varela y la obra "Kant, Immanuel: Kritik der reinen Vernunf", de J. F. Hartknoch, fechada en 1781.

La fundación y la universidad han suscrito hoy un convenio marco en el que se regula el intercambio de estos y otros materiales, así como de conocimiento científico y cultural entre ambas instituciones.

La carta del autor de "Niebla" es un documento "único", según el cónsul honorario de España en Auckland (Nueva Zelanda), Antonio Regueiro, quien ha añadido que se trata de "una página viva de la universidad que ha regresado a ella tras 108 años de peregrinación por el mundo".

La misiva tienen un gran valor, porque es una de las pocas escritas de puño y letra por el pensador vasco y ex rector salmantino, que se van a conservar en la Casa Museo dedicada a él en Salamanca, según ha detallado la directora de la sala, Ana Chagüaceda.

Además, ha subrayado Chagüaceda, es el "único testimonio escrito y vivo" que da fe de la relación de amistad entre Unamuno y Valera. En la carta, Unamuno se refiere a la afición común por los poetas ingleses y de la admiración del pensador por Hispanoamérica y las nuevas corrientes literarias de la primera década del siglo XX.

Por el acuerdo ratificado hoy entre las partes, la Universidad de Salamanca garantizará la integridad de las obras cedidas, por lo que depositará los legajos en dependencias que cumplan las condiciones de seguridad necesarias para su alojamiento y consulta.

14.9.10

Mario Vargas Llosa

"Detrás de la crisis financiera hay una moral degradada por la codicia. Y ésa es una forma terrible de incultura"

Mario Vargas Llosa. foto: Sergio Enríquez-Nistal.fuente:elcultural.es

Este otoño Mario Vargas Llosa publica El sueño del celta, novela mayor entre las suyas. El escritor recorre en ella el rastro fascinante de Roger Casement, diplomático británico, héroe de la independencia de Irlanda y testigo del horror de la colonización belga del Congo. Un personaje de novela que ha llevado a Vargas Llosa al infierno de la crueldad colonizadora y al cielo (o casi) de un hombre de leyenda. El viaje ha durado tres años y su relato es apasionante. Lo va filtrando el escritor en una larga y apacible conversación por la que se cuelan escepticismos y preocupaciones varias. Vargas Llosa avisa: "la degradación moral y cultural nos lleva al abismo"

Roger Casement entró en la vida de Mario Vargas Llosa de una manera casual. Leía el escritor una nueva biografía de Conrad, y por ahí andaba ese tipo extraordinario y fascinante llamado Casement, que le atrapó hasta el tuétano y le ha tenido absorbido durante tres años largos. Es el protagonista absoluto de su novela El sueño del celta (Alfaguara) y también, claro, de nuestra conversación, una tarde de estas sofocantes, en su casa de Madrid, donde todo era, sin embargo, silencio y frescor, espacio, orden.

Que anduviera todavía suelto, sin haber sido encerrado en las páginas de un libro, un personaje como Roger Casement resulta asombroso cuando oyes a Vargas Llosa contar su peripecia vital, tan heróica y oscura al mismo tiempo. Casement fue la primera persona que Conrad conoció en su primer viaje al Congo como capitán de un barquito contratado por la compañía del rey Leopoldo II. Se hicieron muy amigos y fue Casement, diplomático británico que llevaba años viviendo en África y conocía ya todo lo que ocurría, quien le abre los ojos a Conrad sobre el mundo que se va a encontrar. Casement desempeñó por tanto un papel fundamental en la gestación de El corazón de las tinieblas, como el propio Conrad reconoce en su correspondencia.

Una doble vida maravillosa
"Yo me quedé muy intrigado -dice el escritor- al ver que Casement había jugado un papel tan importante denunciando las atrocidades que se cometían en el Congo durante la época del caucho, y que también había hecho una investigación sobre la situación de los indígenas en la Amazonía, en la misma época. Así que, sin pensar en escribir sobre él, empecé a buscar documentación y me encontré con un personaje interesantísimo, realmente novelesco, con no una sino muchas vidas, algunas de ellas oscuras, vidas que parecían poco compatibles.... y de pronto ocurrió lo mismo que me ha sucedido con todo lo que he escrito: que me vi, sin haberlo previsto, trabajando en una posible novela, tomando notas, con ideas que brotaban a partir de las lecturas, de los descubrimientos del personaje, y la verdad es que ha sido una experiencia maravillosa, porque, además, me ha llevado a mundos que desconocía casi por completo: el Congo, imagínate; Irlanda, la primera guerra mundial, los movimientos independentistas irlandeses...".

Cuanto más averiguaba, más ideas le suscitaba la peripecia y el coraje desconcertante del personaje. Cuenta el escritor que Casement era también el arquetipo perfecto "para desmitificar a los héroes y describirlos en su dimensión real. Seres en los que encontramos actos heróicos y las miserias propias de un hombre que vive en una permanente contradicción personal: diplomático británico trabajando para los nacionalistas radicales irlandeses y manteniendo una doble vida también en la personal. Un hombre tremendamente generoso, y al mismo tiempo, supongo, profundamente desgraciado, porque en el mundo puritano británico de entonces ser homosexual era un riesgo muy grande, era vivir al borde de la condena criminal".

Una explotación monstruosa
El caso es que Casement fue de las primeras figuras europeas que se enfrenta al colonialismo con argumentos, con razones fundadas en la experiencia directa, no en razones abstractas, morales, intelectuales...

"Él vive el colonialismo -insiste Vargas-. Él va al África convencido de que el colonialismo es un movimiento benéfico para los indígenas, porque les aporta el cristianismo, les aporta la civilización, y descubre que el colonialismo es una explotación monstruosa que degrada al colonizador y al colonizado, que es un sistema profundamente destructor de la moral y de todos los valores que él admiraba. Y entonces experimenta una transformación radical, que traduce en una conducta extraordinariamente valiente, sacrificada y prolongada en el tiempo.Transformación respecto a su tradición más arraigada: enfrentarse a una Inglaterra que admiraba, a la que veía como el emblema de la civilización, y preguntarse, bueno, si realmente estoy en contra de la colonización del Congo por los belgas, ¿por qué voy a estar a favor de la colonización de Irlanda por los ingleses? Todo ello le lleva a un cambio de sí mismo tan radical, con una fuerza moral tan extraordinaria..."

Vargas Llosa termina su relato apasionado con esta frase de Bataille: "El ser humano es el abismo donde los contrarios se funden". Yo creo -añade Vargas Llosa- que es como una descripción de Casement. Todos los abismos se funden".

Tan contradictorio fue el personaje, tan dramático, que la tragedia sobrevive a su ejecución, que se llevó a cabo "sin el menor obstáculo" en la Torre de Londres en 1916. Antes, Casement fue sometido a humillaciones varias debido a "sus perversiones sexuales" y fue finalmente enterrado "sin lápida, ni cruz, ni iniciales". Durante medio siglo le fue negada a su familia la posibilidad de darle sepultura cristiana. "Todavía hoy -dice el escritor- vas a Irlanda y la gente se pone muy incómoda con el nombre de Casement. Se le reconoce, sí, que fue una de los héroes de la Independencia, pero nadie quiere hablar de él. Prefieren mirar hacia otro lado".

La tragedia eterna del Congo
- Después del espanto de crímenes y crueldad de los belgas durante el reinado de Leopoldo II (1835-1909), las cosas no mejoran; pasan los años, un siglo entero, y en el Congo siguen muriendo millones de personas...
- Yo creo que el Congo vive en esa tragedia permanente porque jamás se recuperó del trauma que significó el colonialismo de Leopoldo II, que fue un verdadero genocida, quizá el primer gran genocida moderno, porque concibe todo un sistema, que además está montado sobre la hipocresía, presentando la colonización belga como una empresa evangélica, civilizadora, y en realidad todo eso es una cortina de humo detrás de la cual hay una crueldad vertiginosa, y un exterminio de millones de africanos, y algo más: esa sociedad quedó tan destruida que no tiene la posibilidad de reconstituirse, y ha fracasado una y otra vez en todos los intentos de civilización ya que las estructuras básicas del país quedaron profundamente dañadas, deshechas. El caos absoluto que es el Congo lo arrastra desde la colonización, porque ¿qué ha venido después? Guerras civiles, la dictadura de Mobutu, en la que el país sigue desangrándose, saqueado por los propios congoleses.

-¿Y Leopoldo II salió impune de semejante atrocidad?
-Leopoldo II nunca pisó el Congo. Al final, y gracias a los informes y campañas, que partieron de Inglaterra y se extendieron luego por Europa, el rey tuvo que ceder el Congo al estado belga, porque hasta entonces era una propiedad suya, se lo habían regalado. Es un hecho extraordinario, sí, que te da una idea de lo mucho que ha evolucionado el mundo: se reúnen catorce países en Berlín, donde no hay un solo congolés y le regalan el Congo, una extensión que es casi como toda Europa Occidental, a Leopoldo II para que lo civilice, lo cristianice, y lo abra al comercio mundial. Y el rey belga, durante más de 20 años, explota el país como un botín personal. Es una historia absolutamente increíble. Fíjate, después de todo, Leopoldo II fue considerado como el gran monarca humanitario. Increíble.

La codicia puede con todo
-Y todo ello por la codicia, la codicia humana que parece no tener límite, y que sigue, todavía hoy, siendo la causante de los grandes males del mundo.
-Digamos que la codicia robustece el prejuicio que hace considerar a los africanos como seres infrahumanos, como animales: la codicia está en la base del prejuicio racial, de ese sistema discriminatorio en el que el pobre congolés no tenía acceso a la educación, a un tratamiento mínimamente humano, porque era un simple objeto, un animal de carga al que se podía explotar impunemente. Pero lo que está detrás es la codicia, sí, y sin instituciones que la frenaran, que obstaculizaran el desencadenamiento de la barbarie. Ocurrió ayer y las secuelas están vivas en nuestros días...

-La humanidad va produciendo cada vez más tiranos, se dice en una de las páginas de El sueño del celta. Pero, sin embargo, siempre le he oído a usted mostrarse optimista con respecto a la marcha del mundo.
-Creo que sí, que vamos a mejor, pero en ese momento, en la situación política que él vive, era muy difícil ser optimista. Fíjate que él vive la experiencia atroz de la Primera Guerra mundial, que es una de las matanzas más espantosas, vive la experiencia del Congo, vive la experiencia de la Amazonía, la experiencia de Irlanda... Más bien lo extraordinario es que no se dejara abatir por esa montaña de injusticia y barbarie y que pensara que era posible actuar... El siglo XX ha sido un siglo de horror, con dos guerras mundiales en las que prácticamente la humanidad se desangró; hemos conocido los regímenes más ferozmente criminales de la historia, el fascismo y el comunismo; hemos vivido dictaduras como las de los países tercermundistas, y, pese a todo, el progreso es considerable.

El nacionalismo siempre es contra alguien - Bernard Shaw, lo recuerda Casement, decía que el patriotismo es una religión, un acto de fe.
- Yo creo que el patriotismo es un sentimiento positivo, en lo que tiene de adhesión a la tierra en la que naciste, a la lengua que hablas, a los usos, costumbres, a las creencias en las que te formaste... Ahora bien, cuando el patriotismo se convierte en nacionalismo se vuelve negativo. El nacionalismo siempre es contra alguien, contra los otros, es una manera de proclamar una diferencia que secretamente quiere decir una superioridad sobre el resto. Por eso el nacionalismo tiene siempre un carácter peligroso, divisorio y violento.

"Ahora bien, dentro de una situación colonial, de invasión, de explotación, es lógico que el nacionalismo asuma una valencia positiva. Pero eso sólo transitoriamente. Fíjate en lo que ocurrió en África. Los pueblos africanos tenían todo el derecho de levantarse contra los colonizadores que los explotaban. Pero ¿en qué se convierte el nacionalismo una vez que esos países alcanzan la independencia?: en un instrumento de poder sobre el cual se construyen dictaduras absolutamente corrompidas y violentas".

Habla Vargas Llosa de "los peligrosos extremos". "Amar a tu país, sí, pero no dándole la razón cuando no la tiene. Eso es un chantaje, es el nacionalismo del chantaje. Criticar a un gobierno no es criticar a un país, muchas veces es justamente lo contrario: criticas al gobierno porque amas al país".

-Hábleme del suyo, del Perú de hoy, con Fujimori en prisión.
-Es una cosa que me enorgullece mucho. Creo que es la primera vez en la historia del Perú que un gobierno democrático lleva a un dictador a los tribunales civiles, y lo juzga concediéndole todos los derechos de defensa, con observadores internacionales, y lo condena a 25 años de cárcel por asesino y ladrón. Y no solamente a él, por lo menos a una veintena de militares y dirigentes políticos de la dictadura. Es un ejemplo para el mundo. Ojalá todos los dictadores acabaran en la cárcel, presos, condenados por tribunales civiles. Perú está viviendo, creo, un buen momento. Desde que cayó la dictadura ha habido una continuidad política muy provechosa. El Perú podría dar el salto que ya ha dado Chile, por ejemplo: está creciendo la clase media, que es la que proporciona la estabilidad.

Cuba y Chávez
-Decía que Cuba está dando las últimas boqueadas....
-Sí, las últimas boquedas, creo que una vez que se muera Castro, que es un símbolo que está allí, congelando el país, el desplome será inevitable. Pero un régimen que sólo es ya un cadáver putrefacto que sólo ha traido miseria, que mantiene a la gente en un limbo cortado del mundo...no puede continuar...

Vargas LLosa añade que lo que ya no tiene Cuba son los defensores.. Los intelectuales cuando tienen vergüenza no dan la cara. Por eso ya no hablan de Cuba, no se atreven a decir: "nos equivocamos, fue un error". Algunos lo han hecho. Porque, ¿con qué argumentos puedes defender Cuba?, un país que se cae a pedazos, donde la miseria generalizada es la característica más general, donde el sueño de la inmensa mayoría de los cubanos es escapar, salir de allí, aunque se los coman los tiburones... ¿cómo vas a defender eso? Qué fracaso tan absolutamente evidente, tan explícito... Bueno, ya hay una izquierda que ha aprendido y digamos que, aunque a regañadientes, reconocen que Cuba es un fracaso, y la prueba es que en America Latina tienes hoy una serie de paises con gobiernos de izquierda que respetan la economía de mercado, la empresa privada... Chile, Brasil, Uruguay...casos muy interesantes, que han renunciado a todas las recetas socialistas en el campo económico, y están prosperando. Están desapareciendo los extremos.

- Bueno, ahí está Chavez.
- Pero esa es una dictadura tan corrompida, con una oposición tan fuerte dentro del país, no es un modelo que pueda extenderse, no lo creo, me parece un caso más bien excepcional y creo que muy transitorio. El personaje es tan ridículo, tan mediocre, es una especie de caricatura de Fidel Castro... y ademas la oposición interna es tan viva en Venezuela, los venezolanos no quieren que siga ese modelo fracasado en el mundo entero.

"Yo me he equivocado mucho, y mi unico mérito es haberlo reconocido", confiesa el escritor. Y añade: "Lo grave es perseverar en el error, por fanatismo, por vanidad... Desde que yo rompi con el mito marxista, he tratado de ser muy coherente en mi defensa de una cultura y una política democrática, porque sigue siendo lo menos bárbaro y cruel, y lo menos desastroso desde el punto de vista económico"

Pantalla y estupidez
Con Casement todavía en el corazón y en el aire que respira, Mario Vargas trabaja ya en un próximo ensayo que le aleje de la sensación de vacío. Se llamará La civilización del espectáculo y, aunque el título es suficientemente explícito, el escritor despliega su inmisericorde decepción contra las nuevas tecnologías, la pantalla, la tv, que según él fomentan la frivolización, la negación del pensamiento, y nos envía a una especie de vacío animado. ¿Tanto?

-Es que no quiero que esta tecnología acabe con la cultura que me ha formado a mí, que te ha formado a ti, que es la cultura del libro. Y ésa no es la cultura de la pantalla. Creo que la literatura que se hace para el libro es más compleja, más profunda que aquella que se va hacer para la pantalla. ¿Por qué la frivolidad, el amarillismo, la estupidez han copado la totalidad de las televisiones del mundo, incluso en los países más cultos? ¿Por qué? Por el medio. La manera de llegar al gran público es apuntar a lo más bajo, eso es sabido desde siempre. El medio ha dado una determinada orientación a la cultura y me temo que eso no va a cambiar ya.

"Al libro hay que defenderlo al mismo tiempo que se desarrolla toda esa cultura audiovisual, que es una realidad de nuestro tiempo y tiene aspectos muy positivos. Pero lo que se refiere a la cultura de creación, de hechos culturales, la pantalla va a frivolizar y banalizar extraordinariamente la cultura. Ya lo ha hecho, lo está haciendo, y si algo puede defendernos de ese fenómeno de la frivolización, que es el fenómeno cultural más importante de nuestro tiempo, es leer a Tolstoi, a Víctor Hugo, a Joyce, el Quijote..."

-A todos ellos los puede leer en un e-book.
-Si, yo sé, yo sé, los conozco... Sé que esos objetos están aquí, pero, en fin, vamos a proteger el libro. Yo espero que no desaparezca el libro. El humanismo ha quedo relegado al cuarto de los trastos viejos. Es una curiosidad, una especie de anacronismo en este mundo de gadgets.

-Me está usted diciendo que pantalla es casi casi sinónimo de estupidez.
-Sí, hay un tipo de estupidez contemporánea que tiene mucho que ver con la cultura audiovisual de nuestro tiempo. Es un hecho. Yo he vivido en Inglaterra cuando la tv en Inglaterra era un modelo. Sólo había dos cadenas, eran una maravilla, pero eso ya ha desaparecido. La estupidez ha entrado masivamente, apoyada además por una tecnología punta, y los programas que podemos llamar de alto nivel son mínimos, y además relegados al último rincón, para minorías excéntricas. ¿Y Francia? ¿Tú sabes cuál es el grueso del alimento televisivo para los franceses?: la estupidez.

-Sí, pero una cosa es la producción televisiva y otra muy distinta la producción editorial nueva, tecnológicamente hablando, es decir, una nueva posibilidad de leer...
-(Con ganas de zanjar el asunto) Mira, yo quiero que tú tengas razón. Yo quiero esquivocarme, quiero estar en el error, pero... pienso que no. Lo que se lee en una pantalla nunca puede ser lo mismo que lo que leemos en un libro. La pantalla es el espectáculo, una forma de diversión muy respetable, siempre que exista lo otro. Pero si reemplaza a lo otro, creo que entramos de lleno en un vacío animado. Me temo que todo el pensamiento que conforma lo mejor de la creatividad humana va a desaparecer.

Degradados por la codicia -¿Dónde se ha quedado su optimismo respecto al progreso del mundo?
-En el sentido material, sí, pero lo que va a colapsar es lo otro, los valores, los principios, la cultura, la ética, que están en absoluta decadencia. Piensa en la corrupción mostruosa que está detrás de la crisis que vivimos hoy. Esa crisis no es una crisis, digamos, puramente financiera. Detrás de la conducta de los grandes banqueros, de los grandes empresarios, hay una moral degradada, profundamente depravada por la codicia. Y esa es una forma terrible de incultura . De eso hablaban todos los grandes pensadores liberales, desde Adam Smith hasta Hayek o Popper. Decían: la libertad, que es el gran instrumento del progreso, si no viene sólidamente fundada, sostenida, por una espiritualidad y una cultura rica, creativa, crítica, en constante renovación, puede llevarnos al abismo. Es exactamente lo que está ocurriendo con la cultura. El progreso moderno es un progreso tecnológico, material, pero el otro se ha degradado a unos extremos...

"Veo a España con mucha preocupación"

Vargas Llosa vive unos cinco meses al año en España ("es donde más a gusto me siento, sí"). El resto los reparte entre Londres y Perú, fundamentalmente. Así que tiene una idea muy precisa de la actualidad política y económica de nuestro país. Y le preocupa.

"La veo con mucha preocupación, sí. Porque la crisis que, desde luego, es global, en España tiene una gravedad particular y esto es preocupante, teniendo en cuenta que España fue, o parecía ser, la historia feliz de los tiempos modernos. Hasta hace poco, cuando tu mirabas alrededor, el caso exitoso era el español: había pasado de una dictadura a una democracia, de ser un país más bien tercermundista a ser un país del primer mundo, de ser un país de grandes desigualdades, a ser un país de clases medias, en un periodo relativamente corto y prácticamente sin violencia. Era un ejemplo para el mundo. Y de pronto, vemos que las cosas no eran tan bellas como parecían, que en realidad debajo había una serie de problemas no resueltos, que de pronto han levantado cabeza y, hombre, no creo que se vaya a retroceder al pasado pero, clarísimamente, el optimismo que se justificaba hace diez años, hoy día ya no se justifica. Yo creía que el gran éxito de la Transición había sido enterrar las rivalidades, la intolerancia, pero veo que no estaban tan enterradas, y, ¡ojo! que unas minorías consiguen muchas veces, dadas ciertas circunstancias, arrastrar a la mayoría. Yo creo que hay esperanza, que la crisis se sorteará, pero no hay que confiarse. Nunca hay que confiarse".

11.9.10

Siete días con Bioy por Brasil

Un libro y una exposición reviven el viaje del escritor durante un congreso

Adolfo Bioy Casares fotografió a estos niños en Brasilia en 1960, cuando la ciudad aún estaba a medio hacer.- HEREDEROS DE ADOLFO BIOY CASARES.fuente:elpais.com

En una semana, ya se sabe, se puede crear el mundo. Adolfo Bioy Casares (Buenos Aires, 1914-1999) se conformó con construir un diario de los siete días de 1960 que pasó en Brasil, invitado a un congreso de escritores del PEN Club. Un diario que gira sobre varios mundos: un encuentro literario en el que coincide con Graham Greene y Alberto Moravia, un reencuentro erótico en suspenso con la brasileña Ofelia -a la que había besado en París nueve años atrás e inmediatamente sucumbió a una gripe titánica- y un desencuentro con una ciudad inventada -Brasilia- que le defrauda por su arquitectura y por el éxodo que desata. "Fotografié, no sé con qué resultado, casas dignas del peor (o del mejor, tanto da) Le Corbusier y a indios, con orejas de un palmo y perforadas, que hace tres años vivían como únicos pobladores de la zona", escribe. Una selección de esas fotos puede verse hasta el 19 en Casa América, donde ayer se presentó la nueva edición del diario, gracias a un acuerdo entre la argentina La Compañía y la española Páginas de espuma.

El pequeño librito, Unos días en el Brasil, tuvo la primera vez una tirada minúscula de 300 ejemplares. Fue el único título que Michel Lafon, que escribe el posfacio en la nueva edición, leyó tras la muerte de Bioy. Lafon, un francés excéntrico que abrazó el español cuando se veía como lengua de pobres y acabaría convertido en catedrático de Literatura Argentina en Grenoble, fue primero fan y luego amigo del autor de La invención de Morel. Tan amigo que, al final de su vida, atrapado en sus dolores físicos y anímicos, era uno de los pocos a los que Adolfo Bioy telefoneaba desde Buenos Aires para pedir ayuda. "Lo leí tras su muerte como una prolongación de su amistad, creo que en la obra hay un encanto literario que funciona bien", señala Lafon.

En el diario, pese a la brevedad, se reflejan todos los Bioy. El alérgico al botafumeiro literario: "Nunca se las daba de escritor, supongo que por la coexistencia diaria con Borges y por su modestia no quería verse como un gran escritor y por eso se siente molesto en congresos en los que hay que asumir el papel de estrella", reflexiona Lafon. El convulsivo seductor que teme el mañana: "Uno sabe que está viejo cuando aparecen lunares en las manos y nota que se volvió invisible para las mujeres". El Bioy irónico y displicente: cuando Alberto Moravia se lamenta de que el artículo que le dedica el argentino Antonio Aíta es una traducción de la solapa de su último libro, Bioy le ataja: "¿De qué se queja? Si Aíta no hubiera tenido a mano esa solapa, ¿imagina lo que hubiera escrito?".

10.9.10

Skármeta: "Siento que la sociedad latinoamericana tiene muy mutilada el alma"

El autor de Ardiente paciencia, entre otros, cree que la región "aceptó la globalización sin matizarla". Y que "las grandes reservas son los artistas"

ANTONIO SKARMETA. El escritor chileno lanza su nueva novela "Un viaje de película", en noviembre.foto.fuente: Revista Ñ

El escritor chileno Antonio Skármeta llegó el lunes a Buenos Aires con un objetivo central: presentar la película El baile de la Victoria, dirigida por Fernando Trueba, protagonizada por Ricardo Darín, y basada en la novela homónima que le valió al autor el Premio Planeta en 2003.

El objetivo, cuenta, vale también para visitar una ciudad que "lo tiene tomado del corazón".

El vínculo del autor de Ardiente paciencia con Argentina es fuerte: vivió en Belgrano entre los 9 y los 11 años y pasó en el país sus primeros meses de exilio tras el golpe a Salvador Allende, en 1973.


­-¿Qué huellas dejó su experiencia en la Argentina?


-Fue fundamental: por sobre todo, yo soy un narrador, y nací como narrador contándole algo a alguien en forma oral. Y eso sucedió en este país. Cuando vivía aquí, siendo chico, apareció el gusto por la poesía y descubrí una facilidad para recitar versos.

También lo vislumbraron mis maestros y lo fomentaron. Luego ese talento pasó de la escuela al barrio, y las madres me pedían que recite en los cumpleaños.

Me ruborizaba, pero lo hacía, y allí fue cuando me descubrí contando historias.


­-¿Y esa impronta cómo se filtra en su literatura?


-Muchas de mis obras están nutridas de la Argentina, aún cuando no es escenario del relato. Por ejemplo, en El baile de la Victoria, uno de los protagonistas, en Chile, se pone a recitar una propaganda de yerba que yo oía en la radio cuando era chico: "Tomá mate y avívate, que la cosa, che hermano, es muy sencilla". Vaya a saber de dónde habrá salido ese recuerdo.

Y ahora, siete años después, ese tipo está interpretado por Ricardo Darín...


­-Como narrador, usted ha escrito novelas, cuentos, obras teatrales, guiones de cine y de radio, ¿cómo decide hacia qué formato se orienta cada idea?


-Estoy muy pendiente de mi interlocutor, me pregunto por él.

Sé que soy capaz de expresar una emoción, que tengo la técnica necesaria para hacerlo, entonces me pregunto si eso que yo quiero contar va a encontrar un auditor.

Lo que determina el género para una idea es saber cuál es el modo más adecuado para comunicarla.

De ahí en más, puede ser una canción, un cuento, una novela.


­-En una entrevista reciente señaló que el libro y la cultura no circulan como antes y que eso lo obsesiona, ¿qué cree que está pasando?


-Siento que la sociedad latinoamericana tiene muy mutilada el alma, las ganas de crear. Ha aceptado con un gesto sumiso la globalización y no se esfuerza por matizarla. Por suerte, las grandes reservas son los artistas: los cineastas, los músicos, los escritores, los pintores. Hay una tendencia al promedio, y creo que eso es algo desabrido. Por eso creo que es fantástica la intransable actitud de los artistas.


­ -¿Cree que las nuevas tecnologías pueden tomar la posta en este proceso de circulación?
­-Sin querer sonar antiguo, creo que no. Porque si bien se amplían los canales de comunicación, creo que los intercambios de información que se dan en Internet se basan en lugares comunes, que se habla de lo que ya se sabe, y no surgen grandes innovaciones. Y el arte es lo contrario a todo eso, es el reino de la singularidad.

En cuanto al libro específicamente, no creo que el soporte electrónico haga circular más a la literatura. Simplemente porque creo que el libro, el de papel, es infinitamente más moderno que el tecnológico, por sus funciones: se puede subrayar, se puede doblar una página, y si no te gusta, lo puedes tirar por la ventana, algo que nadie haría con un aparato. Si viene el eBook, vendrá, son las leyes de la historia, pero creo que el papel es irreemplazable.
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Skármeta Básico
Antofagasta, Chile, 1940.
Escritor.

Estudió Filosofía e hizo su tesis sobre Ortega y Gasset.
Durante el gobierno de Allende, fue miembro del Movimiento de Acción Popular y Unitaria. Tras el golpe de Pinochet, en 1973, pasó un año en la Argentina y se instaló en Alemania. Allí escribió su primera novela, "Soñé que la nieve ardía" y el libro que lo haría famoso, "Ardiente paciencia", que llegaría al cine como "El cartero de Neruda". En 2003 ganó el Premio Planeta con "El baile de la victoria".