Mostrando entradas con la etiqueta en minúscula. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta en minúscula. Mostrar todas las entradas

8.7.10

El escritor que no podía leer



Cuando el escritor Howard Engel se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un hombre que no podía leer. No porque se hubiese quedado ciego, sino porque las letras se le enredaban y las palabras jugaban a una metamorfosis de caracteres rebeldes y desconocidos.

Su voz (en inglés) cuenta esta historia en el video de más arriba, que descubrí en la página de NPR. Creo haber entendido que el hombre jamás recuperó su capacidad de leer, y que tuvo que reentrenar su cerebro para lograr descifrar párrafos y páginas con una paciencia infinita. Sin embargo, y por esos misterios de nuestras neuronas, su habilidad para escibir permaneció intacta. Continuó publicando libros como si nada.

Esto me recordó lo que le ocurrió a Sun Kwon, uno de los personajes de la pareja surcoreana de Lost, en la última temporada de la serie: cuando en uno de los capítulos ella corre por la selva escapando de John Locke, tropieza y se golpea la cabeza. El traumatismo le hizo perder la capacidad de hablar inglés, pero no de entenderlo o hasta incluso de escribirlo, idea que el polirrubro Jack Shephard le sugirió para poder seguir comunicados.

Es probable que los guionistas de Lost, tan lectores ellos, hayan leído las novelas policiales de Engel y hayan tomado prestada su historia. Lo cierto es que aquí fue la realidad la que superó a la ficción.
Tomado de En minúscula

16.6.10

Más blogs de fútbol...

El Mundial de las letras en redonda

Jugadas de pared, el blog epistolar de los escritores Juan VIlloro y Martín Caparrós

No soy futbolero, condición que por estas pampas lo convierte a uno en un espécimen de laboratorio. Me costó años entender lo que era una posición adelantada, ignorancia que sumada a mi nulidad física para correr detrás de una pelota, me dejó siempre en los márgenes de ese universo tan popular.

En cada Mundial, sin embargo, cumplo con mi cuota módica de fútbol como para poder meterme de reojo en polémicas, insultos, llantos y gritos de gol desaforados. La intensidad de un mes me rinde por cuatro años, y con eso me alcanza. Aunque como el juego que peor juego pero más me gusta es el de los libros, en los entreactos mundialistas intento saber de qué se trata, al menos desde la ficción. En ese sentido, Argentina tiene una tradición de escritores que le hicieron honor al género, desde Osvaldo Soriano y el "Negro" Fontanarrosa, hasta Juan Sasturain y Eduardo Sacheri, por nombrar un puñado. También tenemos jugadores que le han sabido sacar punta al lápiz, como Jorge Valdano o Juan Pablo Sorín, y una editorial –Al Arco– dedicada exclusivamente a la narrativa deportiva.

Ahora bien: en mi precalentamiento mundialista descubrí que para Sudáfrica 2010 la novedad pasa por los blogs futbolístico-literarios, es decir, aquellos escritos por autores que saben que la pelota es redonda, que no se debe agarrar con la mano y que el inicio de los partidos depende de los husos horarios de cada quien.

La lista de estos blogs se multiplica con el correr de los días, pero en desorden de aparición se pueden mencionar los del peruano Iván Thays (El fondo de la tabla); el mexicano Juan Villoro y el argentino Martín Caparrós juegan a cuatro manos convocados por la revistas Soho y Letras Libres (Jugadas de pared); el suplemento Babelia del diario El País reunió en su blog Papeles perdidos (bajo la pestaña "El mundial en castellano") a diez escritores iberoamericanos cuyos países participan en el Mundial para que sigan a sus selecciones como uno más de la hinchada (Oliverio Coelho será el embajador argentino); mientras que el diario El Mundo, también de España, creó el Once literario donde ya hay un perfil de Messi escrito por Andrés Neuman y otro de Sergio Romero de puño y letra de Juan Terranova.

Este Mundial tiene quien lo escriba.
tomado de En minúscula

10.6.10

The New Yorker y su canon futurista

Como lo hizo hace diez años, The New Yorker publica ahora la lista de los 20 escritores jóvenes más prometedores de la narrartiva actual. Ninguno de ellos nació antes de 1970
El peruano Daniel Alarcón, residente en los Estados Unidos, autor de Radio Ciudad Perdida

Los "20 de menos de 40" a los que vale la pena prestar atención según la revista, fue seleccionado por los editores a través de un largo y secreto proceso que provocó bastante ansiedad entre los jóvenes autores, como si fuese una cucarda de consagración.
Entre las diez mujeres y los diez hombres de este canon futurista hay escritores de Miami, Etiopía, Chicago... y uno solo de origen latinoamericano -aunque residente en Los Estados Unidos, lo mismo que todos los incluidos en la lista aunque hayan nacido en otros países-: Daniel Alarcón. El mismo criterio se repitió hace una década, cuando con buen ojo señalaron a Junot Días.

La lista se publicará en el número doble de la revista que llegará a los kioscos el lunes. Pero en The New York Times la adelantan:

Chimamanda Ngozi Adichie (Nigeria, 32)
Chris Adrian (Estados Unidos, 39)
Daniel Alarcón (Perú, 33)
David Bezmozgis (Canadá, 37)
Sarah Shun-lien Bynum(Estados Unidos, 38)
Joshua Ferris (Estados Unidos, 35)
Jonathan Safran Foer, (Estados Unidos, 33)
Nell Freudenberger (Estados Unidos, 35)
Rivka Galchen (Canadá, 34)
Nicole Krauss (Estados Unidos, 35)
Yiyun Li (China, 37)
Dinaw Mengestu (Etiopía, 31)
Philipp Meyer (Estados Unidos, 36)
C. E. Morgan (Estados Unidos, 33)
Téa Obreht, (Yugoslavia, 24)
Z Z Packer (Estados Unidos, 37)
Karen Russell (Estados Unidos, 28)
Salvatore Scibona (Estados Unidos, 35)
Gary Shteyngart (Rusia,, 37)
Wells Tower (Canadá, 37).
Tomado de En minúscula

7.5.10

"¡Qué razaaa!"


COLOR CARIBE. Mayra Santos-Febres es la matriarca del Festival de la Palabra. Se define como un espécimen exótico: es la única autora de raza negra que escribe en español.

El martes por la noche arrancó aquí en Puerto Rico el Festival de la Palabra, un encuentro literario como nunca antes había tenido lugar en esta isla de ningún lugar, o de todos. ¿Son norteamericanos que hablan y escriben en español? ¿Pertenecen a los Estados Unidos, pero son ajenos al american way of life? La escritora portorriqueña Mayra Santos-Febres, directora y turbina de este encuentro (porque lo de motor le queda corto), lo definió con un exacto juego de palabras: "Este es un lugar no lugar. Es un estado libre asociado que ni es estado ni es asociado... es Puerto Rico".

Mayra logró convocar a casi 70 escritores de América latina y España, para compartir mesas, charlas, talleres, debates y encuentros con un par de docenas de autores locales y un público que no está acostumbrado a leer -porque no les llega, o porque abundan los títulos en inglés- narrativa en castellano. El gran punto de encuentro del Festival es el Cuartel de Ballajá, en el corazón del viejo San Juan. Pero en los alrededores también pasan cosas: autores que se reencuentran después de mucho tiempo, excursiones a la selva profunda, rondas de ron y charlas postergadas. Porque mientras la literatura es protagonista, las anécdotas se escriben en los márgenes de una Moleskine (remito al blog del peruano Iván Thays, con el cual es imposible competir, para ponerse al tanto casi en tiempo real de lo que sucede aquí).

Un grupo de los Bogotá39 invitados al Festival se han propuesto imponer una frase de cabecera que sintetice el espíritu del encuentro. Es una frase multipropósito, útil tanto para expresar sorpresa como para insultar. El énfasis o la cadencia de las vocales alargadas pueden provocar ofensa, sugerir una caricia o escalar hacia otras propuestas más intensas. Pero unos y otros, cuando recuerden con palabras a Puerto Rico, se reconocerán con este mismo santo y seña: "¡Qué razaaaa!".

CALLEJEROS. El argentino Pedro Mairal, el colombiano Antonio García Angel, la portorriqueña Mayra Santos-Febres, la ecuatoriana Gabriela Alemán y el peruano Iván Thays.

"NO ESTOY DE ACUERDO". Fue la frase más escuchada en la mesa sobre periodismo y literatura que compartieron la española Rosa Montero y el argentino Martín Caparrós. Un sabroso duelo de titanes.

TURISMO HUMEDO. Esta imagen explica por qué la cubana Karla Suárez y el español José Ovejero llegaron tan fresquitos al Festival, luego de una excursión al Parque nacional El Yunque.

COMO CALIENTA EL SOL. Las sonrisas disimulan el calor del mediodía en esta pausa con Gabriela Alemán, la colombiana Pilar Quintana y Pedro Mairal.
Tomado de En minúscula

29.4.10

Rosas y libros

Es un clásico de cada año donde las rosas, los libros y la gente son protagonistas

Además del caos que dejaron en Europa los aeropuertos boca arriba, las nubes volcánicas trajeron a Barcelona otra preocupación: el temor a que no llegaran a tiempo los seis millones de rosas importadas desde Holanda.

Quien haya estado en esta ciudad un 23 de abril sabrá de lo que hablo. Hoy caminé por Las Ramblas y repetí la misma ceremonia que todos: cambiar un libro por una rosa. La tradición dice que ellas regalan el libro, y ellos, las rosas. La fiesta se llama Sant Jordi, y es un clásico de cada año donde las rosas, los libros y la gente son protagonistas.

A medida que me acercaba hacia el epicentro de la movida, veía en las calles y avenidas, en las puertas de los bares o en las bocas de las estaciones de metro, jóvenes que montaban una mesa, un mantel, un par de sillas y un puesto improvisado de flores. Tres por 5 euros, una por 2,50, en sus versiones más sobrias de celofán en flor. Pero a medida que llegaba a Las Ramblas, la cosa se puso más sofisticada. Había rosas envueltas en tules, rosas de colores imposibles, arreglos de rosas encerradas en complejos trabajos de ingeniería con soportes, engranajes y maderas encorvadas.

Mientras la gente paseaba con rosas en sus bolsos, mochilas, cochecitos de bebé o cascos de motocicletas, una fila se armaba frente a una confitería donde vendían cajas de bombones con forma de libros y tapas de best seller dibujadas con mazapán.

Mientras los perfumes de un rojo intenso lo invadían todo, los libros -con un diez, quince o hasta veinte por ciento de descuento- se vendían por hectárea en las casetas de Las Ramblas, los puestos improvisados en medio de las veredas o en las megalibrerías en las que el apretuje era imposible.

Al menos, una vez al año, los libros tienen quien los adopte. En el noticiero están diciendo que el título más vendido fue El asedio, la nueva novela de Arturo Pérez Reverte, y que las rosas no llegaron a agotarse, pero casi. Como sea, fue un día de postal.




tomado de En minúscula