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12.7.10

La Primera Dama

Hasta el momento, las biografías sobre Agatha Christie, incluyendo su autobiografía, se habían concentrado en las facetas más misteriosas y ambiguas de su vida, y también en la forma como se había fraguado uno de los más rutilantes éxitos en el mundo de la novela detectivesca

Agatha Christie, La Primera dama del misterio.foto.fuente:pagina12.com.ar

Cambiando un poco el ángulo, Agatha Christie. Los cuadernos secretos (Suma) de John Curran, pone el acento en sus numerosos libros a partir del descubrimiento de los apuntes que la autora escribía en cuadernos caseros a lo largo de los años, sin intención de que fueran publicados. Un verdadero viaje a la cocina de Diez negritos, Muerte en el Nilo, El espejo se rajó de parte a parte y otros tantos enigmas que perduran para nuevas generaciones de lectores dispuestos a dejarse seducir por el eterno misterio de quién fue el asesino.

Alicia Plante

Es fácil imaginar al irlandés John Curran, un apasionado experto en la obra de Agatha Christie, cuando aquel día de noviembre de 2005 descubrió el tesoro insospechado que lo impulsó a preparar este libro: una caja con 73 cuadernos escolares y libretas comunes conteniendo anotaciones manuscritas de Agatha Christie, en ciertos momentos consignando una intención o una trama en desarrollo, en otros como en diálogo consigo misma. Y Curran fue abriéndolos uno a uno, numerados al azar por alguien que no había sido ella, alguien que no tomó conciencia de la trascendencia del material y lo relegó a una caja que a su vez fue a dar a un rincón de la habitación donde se conservaban documentos, así como ejemplares de todos los títulos en sus diferentes ediciones y traducciones, publicadas en más de cien países y vendidas en cifras billonarias, jamás superadas por nadie.

Había sido recién en 2004, veintiocho años después de la muerte de Christie, que su nieto, Mathew Prichard, hizo accesibles a los investigadores la documentación y los objetos personales de su abuela, hasta entonces celosamente guardados bajo siete llaves por Rosalind, la hija de la escritora. Prichard también levantó el cerco de misterio que volvía inaccesible la residencia de la familia, Greenway House, una bella y amplia mansión que Christie había adquirido en Devon. Invitado especialmente por Prichard a hospedarse en la casa y revisar libremente la documentación, Curran descubrió la caja, los cuadernos y el corazón de su amada Agatha Christie.

Pero antes de avanzar en sus cotejos entre anotaciones y obras publicadas, Curran nos ofrece un interesante estudio de las claves del éxito de Christie. Primero, dice, en todas y cada una de sus obras está presente una legibilidad extraordinaria que permite que jamás decaiga el interés del lector. Destaca luego la escrupulosidad con que Christie compuso sus historias, el equilibrio que lograba entre fantasía y factibilidad. En casi todas sus tramas, subraya, instala el crimen en una situación que limita el número de sospechosos (una casa de campo, un tren, un barco, una isla), lo cual, además de acotar los alcances de la investigación, estimula y activa los mecanismos deductivos del lector. Simultáneamente, la autora jamás lo defrauda: cada historia es un ejemplo de juego limpio.

Los cuadernos secretos de Agatha Christie. John Curran Suma 568 páginas

Por mi parte, considero que su infalible respeto de estas premisas lleva al público amante del género de misterio a meterse de cabeza, desde la primera página de una historia suya, en el siempre renovado duelo autor/ lector. Así, cuando cerremos el libro, será sabiendo quién ganó, quién fue más hábil, si el autor para ocultar e inducir legítimamente a error, o el error para no dejarse despistar y descubrir la verdad por su cuenta, antes de que el autor se la revelara. El libro de Curran muestra numerosos ejemplos de la malicia de Christie en el manejo de esta pulseada. Por ejemplo, en la página 24, encontramos esta cita suya: "...Si le damos un aire de misterio, los lectores pensarán que ya han dado en el clavo... Las mujeres de avanzada edad siempre funcionan bien como sospechosas; o en la 457 a El misterio de Pale Horse, uno de los títulos más potentes de sus últimos quince años según Curran, donde agrega: "...como sucede en muchos de sus títulos, lo que uno cree ver no es exactamente lo que hay; o en la 415, en relación con Los Trabajos de Hércules, otro comentario suyo: "Una vez más, Christie juega con nuestros errores de apreciación y percepción".

Cabe suponer que detrás de ese duelo, cuyo sustrato evidente es la lucha entre dos extremos representados por el criminal y el investigador, está la eterna oposición bien/mal, vida/muerte. No es extraño, entonces, que el lector se apasione con un juego que compromete aspectos tan básicos de su psiquismo.

Curran avanzó en su intensa lectura de los cuadernos, y nos muestra cómo en breves frases crípticas, apenas recordatorios que seguramente a ella le disparaban mil imágenes, Christie traza las ideas para los tres o cuatro próximos misterios –algunos materializados recién décadas más tarde– que surgían incontenibles en medio del trabajo con un libro en curso. El experto percibió que aquellos cuadernos develaban retroactivamente el secreto del "cómo" en el trabajo de la escritora, lo cual lo convertía a él en el primer testigo de una creatividad en pleno funcionamiento. Aquello, concluyó, le permitiría comprender, imaginar y apreciar con mayor profundidad ese especial cuidado de Christie en la elaboración siempre verosímil de sus argumentos y la creación de sus personajes. Para alguien que se había dedicado al estudio académico de su obra, era asombroso tener acceso a un número importante de borradores, muchos de ellos los iniciales; otros, evidentemente, los últimos –lo cual sugería el extravío de numerosos cuadernos–; poder meterse en los pliegues ocultos de su inagotable y frondosa fantasía y compartir la inquietud de su férrea exigencia consigo misma; tener ante los ojos, como en una charla con ella, los laberintos de su pensamiento, reconocer escenarios de sus novelas en la propia casa, en aquel jardín, en el mirador sobre el río en el cual algún personaje había trepado al parapeto, se había reído y había paseado por donde él lo hacía ahora. Como si las hubiese necesitado para el mejor desarrollo de una trama, Christie también había consignado en los cuadernos los bocetos y mapas de aquellas imágenes mentales sobreimpuestas a su entorno doméstico, delicados diseños que más parecen apuntes para una escenografía.

Jeroglífico del Cuaderno 56 que encabeza la primera de las dos únicas páginas en las que aparece la obra de teatro más famosa de Agatha Christie: La ratonera

La huella dejada en su espíritu por los viajes en que acompañó al primer marido aparece asimismo en los argumentos de numerosas novelas ubicadas en el extranjero, cuyas notas revelan el ansia y la inquietud de una viajera nunca saciada.

De un modo que las obras terminadas no permiten sospechar, Curran se topó con la insatisfacción y la duda en Christie, sentimientos ante los cuales ella recurrió una vez más a sus cuadernos, consignando allí, de manera sólo aparentemente anárquica (abría un cuaderno, encontraba una página en blanco, y allí escribía lo que ocupaba su mente en el momento), las soluciones alternativas para la trama o el mecanismo problemático. Enumeradas meticulosamente e identificadas por medio de letras mayúsculas –cuyo ordenamiento a veces no seguía el alfabeto sino lo que su intuición ya la predisponía a decidir–, en cada caso el experto reconoció en inmediato cotejo mental y casi con el placer de un cómplice, la finalmente elegida. O, en cambio, descubrió que una escena del borrador había sido eliminada, o que al fin Poirot había reemplazado a Miss Marple o viceversa.

Estas anotaciones, que Christie jamás pensó en compartir con otros ojos, proporcionaron a Curran –y, a través de sus abundantes transcripciones, a nosotros– el paisaje ficcional contra el cual surgió y se desarrolló su obra entre 1929 y 1976, año de su muerte. Esta carrera suya, que abarcó cincuenta y cinco años, se dio a caballo de dos guerras mundiales y resultó en una producción prolija y sistemática de una novela por año, que remitía a Collins, su editor, cada Navidad. Aparte estaban los relatos breves y las obras de teatro que estrenó en el West End londinense a lo largo de veinte años, logrando en cada género el mismo enorme éxito comercial.

Merece una mención aparte el tema de su caligrafía, que curiosamente la edad volvió más clara. Era casi indescifrable, y lo logrado por Curran en esa tarea merecería ser equiparado con una de las investigaciones de Poirot.

En este inesperado regalo del destino Curran había entrado en contacto personal con la intimidad –literaria pero también doméstica y social– de la escritora a la que llevaba años estudiando. La decisión a tomar era ¿cómo organizar sus observaciones a fin de comunicarlas? Decidió no hacerlo por orden alfabético ni cronológico sino por tema, comenzando por uno que, a través de los años, fascinó a Christie, el de las canciones de cuna y los cuentos infantiles, "siempre tan trágicos y macabros, por eso encantan a los niños". A esta categoría, que abarca diez obras, pertenecen algunos de sus relatos más célebres, como Cinco cerditos y Diez negritos. Sigue la sección dedicada a los asesinatos en forma de juego, luego los crímenes realmente ocurridos y nunca resueltos, y lo que Curran llamó "asesinatos previa cita". Finalmente, siguen los casos ubicados en países extranjeros. Por supuesto, dadas las dimensiones del libro, Curran no se ocupa de la totalidad de las obras de Christie, pero confía en poder remediarlo mediante una posterior edición ampliada.

Mapa que muestra la escena del asesinato en Cinco cerditos con la casa del embarcadero.

Los dos relatos inéditos incluidos son excelentes. "La captura de Cerbero" nos sorprende con una historia que en 1940 la revista The Strand, su habitual editor de cuentos cortos, no se animó a publicar debido al retrato apenas disimulado de Hitler. La otra, "El incidente de la pelota del perro", es asimismo un alarde de ingenio. Fue escrita en 1933 pero no se publicó porque Christie decidió convertirla en una novela, El testigo mudo y nunca la ofreció a su editor.

En síntesis, Los cuadernos secretos es un libro de consulta para bibliófilos del género, y seguramente un placer para el lector que siempre amó a Dame Agatha.

10.3.10

Lanzan la primera biografía de Kafka

Más de ocho décadas después de la muerte del escritor se acaba de publicar su primera biografía

Franz Kafka, escritor checo.fOTO:aRCHIVO.fUENTE: vive.in

"En su libro titulado "La lucha por escribir. Sobre el compromiso vital de Franz Kafka", el filólogo Josef Cermak trata de "abordar las relaciones de Kafka con el 'mundo checo', que son más amplias de lo que muchos piensan", explica a Efe el autor.

Y es que Kafka, nacido en 1883 en la capital de Bohemia durante el Imperio Austro-húngaro y muerto en 1924 cerca de Viena, escribía sólo en alemán, el idioma que hablaba gran parte de la comunidad judía praguense a la que pertenecía.

Esta hermosa edición para coleccionistas, con una tirada de 2.500 ejemplares, tiene mucho material inédito, como fotos, postales escritas de sus viajes al extranjero y manuscritos relacionados con asuntos familiares.

Todo ello debía haber salido a la luz en los años 60, pero entonces la plana mayor de la editorial Odeon vaciló "al tratarse de un pequeño praguense sin importancia", recuerda Cermak, "y entonces entraron los tanques soviéticos" para aplastar "la primavera de Praga" de 1968.

Por aquel entonces vio la luz la biografía del estudioso alemán Klaus Wagenbach, con quien debería haber colaborado Cermak, pues tuvo acceso al rico legado que conservaba la sobrina del escritor, Vera Saudkova.

La anciana de 88 años, que vive en la capital bohemia, es hija de la hermana menor del escritor, la difunta Ottla, y ella junto a sus tres hijos son los únicos familiares vivos del literato.

Cermak respalda la tesis de que Kafka entendía muy bien el idioma eslavo, pues "fue capaz de apreciar la calidad literaria de un autor como Vladislav Vancura, que tiene un lenguaje muy peculiar, muy bello pero deformado".

La producción kafkiana estuvo prohibida durante la Checoslovaquia socialista, al ser considerado un autor "reaccionario", dice Cermak, por lo que sus estudiosos fueron acosados por la policía política del régimen.

Este mismo "kafkólogo" se vio obligado a publicar su primera investigación en la vecina Alemania con un pseudónimo, y no fue hasta entrada la democracia cuando se decidió a traducir al checo obras como "El desaparecido" (1990), "El Proceso" (1997) y "Diarios I, 1909-1912" (1997).

Kafka es hoy, veinte años después de la caída del comunismo, una de las figuras recurrentes del paisaje urbano de Praga, pero "su obra resulta más conocida fuera que dentro del país", reconoce a Efe Marketa Malisova, directora de la Sociedad Franz Kafka.

Si bien existen numerosas placas conmemorativas, bustos y estatuas en su honor -una plaza lleva su nombre y un centro que populariza su obra-, la inercia del pasado ha impedido que tenga el mismo reconocimiento que en el exterior y que forme parte incuestionable del bagaje literario de sus compatriotas.

En cualquier caso, la capital bohemia fue la ciudad donde Kafka se educó, por la que paseó y de la que se embebió, en medio de sus depresiones, de su auténtico horror al ruido y su sentido de la responsabilidad, algo que acabó por hacerse casi insoportable, recordó Cermak sobre Kafka, quien trabajaba en una aseguradora de accidentes industriales.

Praga fue también el lugar que inspiró sus obras, donde se volcó su genialidad, y donde tuvo sus amores, ninguno de los cuales acabó en matrimonio, si bien estuvo dos veces prometido con Felice Bauer.

"No me canso de Kafka", asegura el autor de la nueva biografía. Sus giros llenos de genialidad e ironía le arrancan una sonrisa cuando los evoca, y le hacen suspirar.

El que haya llegado hasta nosotros se debe sobre todo a su gran amigo, el también escritor Max Brod, quien gestionó su legado hasta su muerte en 1968 en Israel, a donde emigró en 1939 tras la ocupación nazi de la entonces Checoslovaquia.

Por este motivo, Malisova también ha querido conceder un premio en memoria del autor de la primera biografía de Kafka, escrita en 1937.

"Fue Brod el que se encargó de publicar su obra, y no quemarla, sino propagarla. Si no hubiera sido por él, nadie hoy conocería a Kafka", asegura la checa, en cuya oficina se conserva la mesa despacho del autor de "La Metamorfosis".

Son los sucesores y albaceas de ese otro gran autor praguense quienes hoy conservan en Tel Aviv (Israel) el resto del legado de Kafka, que supuestamente incluye el importante diario de juventud.

Los días de Kafka se apagaron en un hospital Kierling, en las afueras de Viena, víctima de la tuberculosis, aunque su cuerpo fue trasladado a Praga, donde ahora reposa en el nuevo cementerio judío de esta capital"

4.3.10

Kapuscinski, mito roto

Jon Lee Anderson, compañero del reportero, asegura que solía mezclar ficción y realidad. También dejó circular el error de su amistad con el Che

Ryszard Kapuscinski.
RyszardKapuscinski.fOTO;fUENTE:Elperiodico de Catalunya

En la contraportada de la edición inglesa de los reportajes literarios de Ryszard Kapuscinski, Ébano y La guerra del fútbol, se afirma que el periodista polaco «entabló amistad con el Che Guevara en Bolivia». Una imagen perfecta, el gran reportero mano a mano con el gran guerrillero. El único problema es que no era cierta.

El propio Kapuscinski reconoció en la intimidad esa falsedad –lo hizo ante su colega el norteamericano Jon Lee Anderson– pero que nunca se molestó en corregirla en público. «Me decepcionó que nunca reconociera ese error», asegura Anderson vía internet. El dato podría parecer menor pero adquiere un nuevo significado ante la reciente aparición en Polonia de la irreverente biografía escrita por un discípulo de Kapuscinski, Artur Domoslawski, en la que se revela la falta de rigor del famoso reportero en el ejercicio de su profesión, amén de vincularle a los servicios de inteligencia del gobierno comunista polaco.
Lo dijo John Ford en aquella vieja película: «Cuando la gente se ve obligada a elegir entre la realidad y la leyenda prefiere la leyenda». Al mejor reportero del siglo XX, todos los calificativos se le quedaban cortos. El año de su muerte, el 2007, a los 74 años, su nombre aparecía en las quinielas para el Nobel, en lo que hubiera sido el definitivo reconocimiento para el periodismo literario que él ejerció con magisterio.
Ahora, la biografía que amenaza con situar el mito al nivel del suelo explica cómo exageraba la realidad inventando imágenes para adaptarlas a su historia: como aquella interpretación de que los peces del lago Victoria habían engordado gracias a los cadáveres que Idi Ami arrojaba allí, cuando se trata de una zona que siempre había albergado una fauna piscícola formidable.
¿Faltó a la verdad Kapuscinski? ¿Se saltó las reglas básicas del rigor periodístico? Para Jon Lee Anderson la valía de Kapuscinski es más artística que estrictamente profesional. «Él era un escritor genial que fue más allá del periodismo y creó su propio género, un híbrido entre ficción y no-ficción, algo que quizá deberíamos llamar faction», dice en relación a sus libros periodísticos –como El emperador, el Sha, Ébano y Un día más con vida– que califica de «magníficos». Y añade: «No creo que haya ficción en sus artículos destinados a los periódicos».
Dilema
Gran escritor y hombre con debilidades, el retrato que Anderson hace de su colega obliga a decidir: «¿Cuál de los dos Kapuscinskis acabará siendo parte de nuestro patrimonio, el falsificador de datos o el gran escritor? ¿Cuál nos complace más? ¿Cuál ofrece una mayor aportación a la cultura universal? ¿Cuál es más justo con el Kapuscinski difunto y el legado que dejó».

3.3.10

"¿Nos dijo Kapuscinski toda la verdad?"

ENTREVISTA
La primera biografía del gran cronista y escritor ha armado un gran revuelo en Polonia, donde su viuda intentó sin éxito parar su publicación. El libro pone en duda la veracidad de algunos textos y declaraciones del autor de Imperio

El periodista polaco Artur Domoslawski, autor de la biografía sobre Kapuscinski.fOTO:GAZETA. fUENTE: El País.com

A Ryszard Kapuscinski la entrevista le parecía un género despreciable. Se jactaba de nunca haber hecho una. Artur Domoslawski, el reportero de Gazeta Wyborcza que fuera su discípulo y amigo durante los últimos nueve años de su vida, cuenta que cuando Kapuscinski preparaba Imperio, su libro de viajes a la Unión Soviética, alguien le preguntó si quería entrevistar a Gorbachov. "¿Pero de qué voy a hablar con él? ¿De amor?", dijo. Creía que los políticos nunca le iban a decir la verdad y que no tenía sentido entrevistarlos. Pero a él sí le gustaba que lo entrevistaran. "Una vez me dijo con cierto orgullo que había concedido unas mil entrevistas", recuerda Domoslawski, quien ha titulado la biografía sobre su admirado amigo Kapuscinski non fiction.
l anuncio de su publicación ha desatado una guerra silenciosa: la viuda de Kapuscinski pidió al tribunal civil de Varsovia que impidiera su difusión. Domoslawski ha vivido los últimos días en el ojo de la tormenta. Ésta podría ser otra entrevista despreciable.

Pregunta. Cuando Kapuscinski murió, aparecieron textos que oscilaban entre la hagiografía y la denuncia póstuma. ¿Cómo escribió la biografía de un personaje que fue su mentor y amigo?

Respuesta. Intenté resolver una serie de preguntas clave para entender a Kapuscinski. Uno: ¿Cómo hizo su carrera de gran reportero en un sistema que no era democrático? ¿Era suficiente tener el talento de reportero y de escritor? ¿O era necesario tener otros talentos como el de un negociador político, el saber convivir con gente extraña y el de tener un buen olfato? Dos: ¿Cómo fue la vida privada de un hombre que creció en medio de una guerra y que después estuvo siempre de viaje? ¿Cómo fue el Kapuscinski hijo, padre, esposo y amante? Tres: ¿Nos dijo siempre toda la verdad de lo que había sucedido y de lo que había sido testigo? ¿O cruzó las fronteras de la ficción vendiendo lo que hacía como periodismo? Había varios temas polémicos por investigar: durante décadas, Kapuscinski creyó en el Partido Comunista de Polonia y construyó su carrera de escritor utilizando su posición privilegiada, no de un modo cínico sino como un creyente de verdad. También colaboró con el espionaje polaco mientras era corresponsal en América Latina y África.

P. ¿Cómo lo conoció?

R. Un día Kapuscinski se apareció en Gazeta Wyborcza y le pidió a mi jefe que nos presentara. Le había gustado un texto que yo había escrito sobre Colombia, acerca de las negociaciones entre las FARC y el presidente Pastrana. Al principio fue más una relación de discípulo-maestro. Pero en poco tiempo se convirtió en una verdadera relación entre dos amigos.

P. ¿Qué problemas de conciencia tuvo al escribir su biografía?

R. Cuando iba descubriendo cosas que aparecían como desfavorables a él, mi dilema era si dejar el trabajo o seguir. Con el tiempo, interioricé todo eso y empecé a dejar de mirar a Kapuscinski como un mito. Se trataba sólo de mirarlo como a un ser humano.

P. ¿Qué diría a quienes, antes de leer esta biografía, le han acusado de oportunista y traidor?

R. No acepto este tipo de acusación. Creo que quien lea mi libro se dará cuenta de que la biografía fue escrita con una enorme simpatía. Kapuscinski me fascina. En primer lugar, porque ayudó a un entendimiento universal de los mecanismos del poder. Kapuscinski no cree que el poder trate del progreso y del bien de la gente, cree que el poder trata sólo del poder, y punto. A pesar de toda su desilusión sobre las revoluciones que vio, fue un simpatizante de los cambios radicales. En segundo lugar, Kapuscinski nos propuso otra lectura sobre los desafíos del mundo de hoy desde la perspectiva de los excluidos: dio voz a los que nadie escucha y habló en nombre de ellos. Era un cronista y abogado de conflictos que nadie parecía advertir ni entender. Nunca compartió el entusiasmo por el capitalismo ni por las ideas de difundir la democracia entre los salvajes. La tercera gran contribución de Kapuscinski fue elevar el reportaje al nivel de la gran literatura. A veces hacía experimentos literarios peligrosos para el periodismo. Es complicado llamar "periodísticas" sus historias, pero en la mayoría de casos son gran literatura. Por eso fue candidato para el Premio Nobel. Su camino es a la vez un gran ejemplo y una gran advertencia: cruzar las fronteras entre los géneros de ficción y no ficción sirve sólo para los cronistas y escritores más honestos y talentosos.

P. ¿Cómo administró todos los rumores sobre él?

R. Verificaba uno por uno. Por ejemplo, se supone, por lo que escribió el mismo Kapuscinski, que se había salvado de ser fusilado en cuatro ocasiones. Hasta donde se sabía, él era el único testigo de lo que supuestamente le había sucedido. Según testimonios que encontré, en uno de esos casos, Kapuscinski no fue el único testigo. En la biografía, no puedo concluir que los otros tres casos en que Kapuscinski dijo que había estado a punto de ser fusilado tampoco fueran verdad porque en estos él fue el único testigo. ¿Era un cobarde para viajar a lugares peligrosos? No. Kapuscinski pasó muchos años viviendo en lugares en los que arriesgaba su vida. Pero también sabía que parte de la literatura son los mitos y leyendas, y que el imaginario del mundo intelectual está repleto de estos sobre escritores. Él se esforzó para fabricar este mito sobre él mismo. Llamar a eso "mentira" incluye un juicio moral que no comparto. La palabra "fabulación" es más justa. Kapuscinski mismo usaba la expresión "intensificar la realidad" para contar lo esencial sobre ella.

P. ¿Cómo quería él que lo viéramos?

R. En un momento de su vida Kapuscinski se dio cuenta de que tenía una experiencia extraordinaria en la comunidad de reporteros internacionales: que fue un gran testigo de la caída del sistema colonial en África, pero que, a diferencia de otros, él estuvo en más lugares y por más tiempo. Se dio cuenta de que fue también testigo de revoluciones, dictaduras, golpes de Estado y toda clase de rebeldías en América y Asia. Se dio cuenta de que estuvo cerca de grandes personajes de todo el mundo, aunque, como se suele creer, no llegó a conocerlos a todos. Lo empezaron a llamar "el reportero del siglo XX", alguien que durante la segunda mitad del siglo pasado estuvo en todas las partes donde había sucedido algo trascendente, un gran testigo. Quería que pensáramos eso. Dijo que había recorrido la ruta del Che en Bolivia, y a partir de esta frase se creyó que estuvo junto a él. En las portadas de la edición inglesa de La guerra del fútbol y de Ébano se publicitaba que había tenido amistad con el Che o Lumumba. Y Kapuscinski nunca lo corregía ni lo negaba. Cuando Jon Lee Anderson estaba preparando la biografía del Che, le preguntó si lo había conocido y Kapuscinski le dijo que eso era un error de la editorial. Pero pasaban los años y las mismas frases aparecían en las cubiertas de sus libros. Quería que lo viéramos también como a un escritor y, en sus últimos años, como a un pensador.

P. ¿Cómo entender su colaboración con el Servicio de Inteligencia de la Polonia comunista?

R. Para entender el caso de Kapuscinski es justo contextualizar cómo eran durante la guerra fría las relaciones entre el poder y los intelectuales. Fue una época en que los servicios de inteligencia usaban a los periodistas, escritores, científicos y artistas para obtener información. Por su amistad con gente del Partido Comunista pudo haberse negado a colaborar. ¿Por qué no lo hizo? Porque veía a la Polonia comunista como su patria. Era un creyente en el socialismo. ¿Cometió un pecado? Sí. En esa época no lo entendió. Sólo pudo entenderlo años después.

P. ¿Imagina a Kapuscinski acabando de leer su biografía?

R. Si él hubiera escrito una biografía de alguien, lo habría hecho de una manera similar a la mía, pero no sería feliz leyendo la suya. Después del esfuerzo que hizo durante años para esconder cosas de su vida y crear una leyenda, tal vez se molestaría conmigo. ¿Hubiese sido mejor que escribiese su biografía alguien que no lo hubiera conocido y admirado tanto?

Julio Villanueva Chang es editor de la revista literaria Etiqueta Negra.

La oscura interpretación de Kafka por Robert Crumb

El volumen incluye las versiones en formato de cómic de narraciones como La metamorfosis. La biografía ilustrada del escritor de Praga prefigura trabajos recientes como su Génesis


EL TRABAJO Robert Crumb ilustra su trabajo en una mutua de seguros de accidentes de trabajo.
EL TRABAJO Robert Crumb ilustra su trabajo en una mutua de seguros de accidentes de trabajo.
LAS MUJERES Crumb ilustra la relación del escritor con Milena Jesenska, a quien escribió «en lugar de vivir juntos, por lo menos podremos tendernos, felices, uno junto al otro para morir».
LAS MUJERES Crumb ilustra la relación del escritor con Milena Jesenska, a quien escribió «en lugar de vivir juntos, por lo menos podremos tendernos, felices, uno junto al otro para morir».

Ilustraciones. fUENTE:El periodico de Catalunya

"Dos mentes torturadas en negro –negrísimo– sobre blanco. Franz Kafka como biografiado. Robert Crumb como dibujante que recibe el encargo alimenticio de ilustrar un libro pero que acaba desbordando los límites de la modesta colección de divulgación en el que debía aparecer su trabajo. El resultado es Kafka, un volumen recuperado en la colección de novela gráfica de la editorial La Cúpula en la que el patriarca del cómic underground norteamericano repasa la vida del escritor de Praga, intercalada con versiones de varios de sus relatos.
El proyecto surgió en 1993, como parte de una colección de libritos didácticos con títulos como Kafka para principiantes, Freud para principiantes, Marx para principiantes... Una editorial argentina de libros legales y de empresa, Errepar, publicó también la colección. Pero el volumen encargado a Crumb volaba más alto (las ilustraciones devoraban literalmente la biografía básica escrita por David Zane Mairowitz y ridiculizaban el lema de la serie, Libros fáciles para ideas importantes) y no podía quedar perdido sin más: en el 2005 fue recuperado con honores en inglés como R. Crumb's Kafka, operación que ahora repite en España la editorial fija de Crumb, La Cúpula. Tapa dura, buen papel, nuevas reproducciones y rotulado. También se ha traducido de nuevo el texto al castellano, suprimiendo los modismos platenses de la edición argentina.
El dibujante de este Kafka ya no es ese gamberro contracultural y procaz y ya empieza a ser el Crumb hoy canonizado que expone en el Hammer Museum de Los Ángeles los originales de su Génesis, la obra que publicó en el 2009 y a la que dedicó cuatro años de trabajo absorbente. «Ya es el Crumb maduro, con dibujo realista y sin hacer coñas», explica el editor Josep Maria Berenguer.
En el libro se insertan versiones de Crumb, que van de las tres a las 17 páginas, de la leyenda del Golem y de los relatos La condena, La metamorfosis, La madriguera, La colonia penitenciaria, El proceso, El castillo, Un artista del hambre y un fragmento de la novela inconclusa América. «El infierno es uno mismo». Lo dijeron Eliot y Sartre, lo repite Crumb en su autobiografía y lo podría asumir Franz Kafka. Porque resulta que el dibujante católico, norteamericano, sarcástico y lascivo, y el acomplejado judío de Praga acaban teniendo un terreno común. En el libro no dejan de estar presentes –se trata de Crumb, pero también de Kafka– las obsesiones sexuales o las fantasías enfermizas. Por supuesto, la transformación de Gregor Samsa en un escarabajo es digna del Crumb más lisérgico. La visión del padre, del atormentado ilustrador que retrata como unos salvajes a los patriarcas del Génesis. Y en las ilustraciones sobre la frustrada y reprimida vida amorosa de Kafka (la estólida Felice Bauer, la amiga de esta Grete Bloch, la independiente Milena Jesenska y su último amor, Dora Diamant) el salaz Crumb también se contiene, aunque se deja ir al recrear la visita de un joven Kafka a la habitación de una prostituta de Praga.

PRAGA, HOY / Pero el Robert Crumb cínico, crítico y mordaz reaparece en las últimas páginas, que retratan la Praga poscomunista. Un paisaje con un McKafka Hamburgers, el salón de belleza Metamorphosis, una Kafkateria, la pizzeria Ghetto y por supuesto camisetas con la cara del escritor. El dibujante, claro, se dibuja con una de ellas, bien remetida debajo del pantalón con cinturón apretado.

16.2.10

La viuda de Kapuscinski quiere que no se publique su biografía

NO ES FICCION. Kapuscinski Non-Fiction de Artur Domoslawski saldría a la venta en tan sólo dos semanas.fOTO:Archivo:fUENTE:LA Vanguardia.es

El autor, Artur Domoslawski, sospecha que "el problema reside en un pasaje de la biografía que se refiere a la posible colaboración con los servicios secretos comunistas"

La viuda del escritor y reportero Ryszard Kapuscinski quiere impedir que se publique la biografía de su marido, fallecido en 2007 y considerado uno de los mejores periodistas del mundo, con 19 libros publicados y reconocimientos como el Premio Príncipe de Asturias.


"La que fue esposa de Kapuscinski (1932-2007), Alicja Kapuscinska, ha solicitado al tribunal civil de Varsovia que impida la divulgación del libro 'Kapuscinski Non-Fiction', de Artur Domoslawski, según informa hoy la edición digital de 'Reszpospolita'.

La viuda Ryszard Kapuscinski no ha querido dar explicaciones e insiste en que su abogado le ha recomendado no hablar del tema hasta que los jueces se pronuncien sobre su petición.

"Estoy sorprendido, no quiero creer que la mujer de un gran autor quiera que los tribunales censuren la difusión de información", lamenta Domoslawski, quien sospecha que el problema reside en un pasaje de la biografía que se refiere a la posible colaboración de Kapuscinski con los servicios secretos comunistas.

Artur Domoslawski ha explicado que cualquier referencia a la conexión del fallecido reportero con el espionaje durante el comunismo se basa en archivos del Instituto para la Memoria Nacional (IPN), una institución encargada de estudiar los crímenes cometidos durante el periodo de ocupación nazi y comunista.

A pesar de las dificultades, el autor mantiene su intención de publicar la biografía de Ryszard Kapuscinski, un lanzamiento que está previsto para dentro de dos semanas.

Entre las obras más conocidas de Kapuscinksi se encuentra "Ébano", considerada por muchos expertos su mejor libro, en la que a través de varios reportajes describe diferentes países de África. Otras de sus publicaciones son "La guerra del fútbol", en la que habla sobre diversos conflictos africanos y latinoamericanos; "Viajes con Herodoto" o "Los cínicos no sirven para este oficio".

Ryszard Kapuscinski fue un viajero incansable y recorrió a lo largo de su vida África, Asia y Latinoamérica como corresponsal de la Agencia Polaca de Prensa (PAP).

Muere Kapuscinski (2007)

25.11.09

El perseguidor de Cortázar

Entrevista con Mario Goloboff

Este argentino escribió un libro que recorre la vida del autor de ‘Rayuela’ en el que ahonda en las razones de sus letras. El abandono del padre, su enfermedad de niño y el universo femenino en el que creció determinaron su enigmática pluma.

En 1938 apareció la primera publicación de Julio Cortázar, el poemario ‘Presencia’, escrito durante sus años de mayor soledad y erudición.

Mario Goloboff fue contemporáneo de Julio Cortázar un pedazo de su vida, aunque el escritor argentino era 25 años mayor que él. Ambos caminaron por los mismos lugares sin saberlo, como intuyendo su inevitable encuentro. Carlos Casares fue, por ejemplo, el pueblito donde nació Goloboff, y fue justo la región en la que Cortázar, después de recibir su diploma como profesor, se fue a ejercer la docencia. Quiso también el destino que, aunque por diferentes regímenes, ambos fueran exiliados políticos y que pasaran sus años de juventud en las calles de París. Pero fue sólo 14 años después de la muerte de Cortázar (1984) cuando se produjo por fin el encuentro, ese gran momento en el que tantas horas, tantas clases y lecturas en torno a Julio Cortázar tendrían sentido. En 1998, una editorial le encomendó a Mario Goloboff la tarea para la que parecía había nacido: contar la vida de ese enigmático argentino que encaminó las letras de toda una generación. Entrevistamos a este escritor que estuvo de visita en Bogotá dictando unas clases en la maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Nacional.

¿Qué lo motivó a adentrarse en la vida de Cortázar?

En el momento en el que yo estaba volviendo de Francia, y después de haber enseñado la literatura de Cortázar desde siempre, sus cuentos, la novela Los Premios, Rayuela, me propusieron hacer una biografía de él, y dije que sí, pero que sería una biografía desde el punto de vista del hombre de letras. La aclaración era necesaria por lo multifacético de la personalidad de Cortázar y porque estaban saliendo biografías sobre hombres célebres, como Jorge Luis Borges, más bien sobre la vida íntima y eso a mí no me interesaba.

¿Con qué se encontró cuando empezó su búsqueda?

Encaré la vida de un hombre que nació con la poesía y que los últimos textos que escribió en el hospital cuando iba a morir fueron también poesía, y que se pasó toda su vida dedicado a la literatura, leyendo, escribiendo y algún corto período enseñando.

¿Cómo es el proceso de releer textos de Cortázar reconstruyendo su vida?

Yo advertí cuando contratamos la biografía, que no era un adorador de Cortázar, que no iba a escribir un texto complaciente. Iba a escribir una biografía con sus matices y con lo que yo veía de bueno y malo, porque ni siquiera en esa época yo era un fanático de su literatura, es decir, había cosas que me gustaban mucho, otras menos, otras nada y también en sus actitudes políticas.

¿Usted alguna vez conoció a Cortázar?

Lo conocía, lo había tratado, no mucho, pero más que eso recogí mucho documento oral, escrito, testimonios de su hermana menor, amigos de la infancia, su adolescencia, de la juventud, de la madurez. Relatos de mujeres que habían sido sus novias y lo ocultaban y mujeres que no habían sido sus novias y lo proclamaban, así que conseguí hacer un panorama amplio. Algunos elementos que yo había pasado por alto y varios de sus gestos personales me dieron una dimensión humana más rica y positiva de la que yo tenía.

¿Cuál era esa imagen que tenía de él?

Yo pertenezco a una generación que viene después de Cortázar, que lo discutió, incluso políticamente. Esa generación del 68, cuando Cortázar se tomaba la Casa Argentina en París como parte de la revolución. Nosotros le decíamos, le escribíamos en las revistas de la época que la revolución estaba en América Latina, no en París y que andar proclamándose comunista y revolucionario en Francia en el momento en el que los jóvenes caían aquí, nos parecía un gesto un poco inconsecuente.

Le criticábamos el hecho de hablar de América Latina en París, estar fuera, pero fuimos injustos, porque él terminó siendo una de las voces escuchadas y de los portavoces del dolor que estaba cundiendo durante las dictaduras del Cono Sur. Él hizo mucho contra la represión.

Y en materia literaria, ¿le cambió también su imagen?

En cuanto a sus textos, durante mucho tiempo pensé que lo mejor de su literatura estaba en sus primeros cuentos y releyendo todo vi que no era cierto, que hay muchos y muy buenos textos casi sobre el final de su vida también. El último libro de cuentos que él publica, titulado Horas y publicado en 1983, contiene algunos textos que realmente pueden estar en alguna buena antología de cuentos universal.

Después de una valoración general de la obra, no creo tampoco, como muchos, que Rayuela sea una obra magnífica, lo que sí creo es que es un texto audaz en su intención de crear una ruptura en la novela, un intento que se queda un poco a medio camino entre lo tradicional, porque termina contando una historia tradicional, y todo lo que Morelli propone como ruptura.

¿Pero qué es lo que más lo sorprende en esa relectura?

El mérito de los grandes artistas: no quedarse con la fórmula que le dio el éxito, eso fue algo que caracterizó a Cortázar. Cuando él encontró una forma que le dio buenos resultados, siempre se pasó a otra, y corrió el riesgo de no ser leído, de no tener buena crítica; eso es muy poco visto, porque por lo general los autores cuando encuentran una fórmula que les da fama, empiezan a repetirse y se agotan.

Cortázar, por ejemplo, después de remontar cifras de ventas increíbles con su libro Rayuela, escribe una novela casi ilegible, 62/ Modelo para armar, que es el texto menos leído de Cortázar hasta el día de hoy, pero donde él se propone hacer otra cosa en la vía de romper con el género.

¿Por qué tanta inquietud por Cortázar?

Cortázar es un escritor argentino importantísimo con el que se da un fenómeno muy singular. Yo lo digo al final de la biografía, un fenómeno que para mí todavía hoy es enigmático, porque yo doy clase en Francia a los chicos de 20 y 22 años que han nacido después que murió Cortázar, que no saben nada de él, no lo conocieron, y luego doy clases en Argentina o doy una charla en un colegio con chicos de 14 años y es gente que si les enseño a García Márquez, Rulfo, Onetti, Arguedas, Borges, todos grandes escritores latinoamericanos, los admiran, les gustan, pero con Cortázar pasa algo raro, aparte de todo eso se enganchan, lo sienten muy prójimo y muy próximo. Es como dijo Rulfo, siempre “nuestro hermano mayor”.

¿Pero qué es eso que lo hace ver tan cercano?

El boxeo, la droga, el jazz, la política, la guerrilla, no sé, su propia figura, algunos de sus textos, El Perseguidor, basado en Charlie Parker, hay una energía, es una inercia inmaterial que viene de sus textos y que se da en pocos casos en la literatura .

¿Cuando hace el recorrido por su escritura se da cuenta de que las letras hablan de la vida del autor?

Quise hacer una biografía de un hombre de letras, en ella subrayo aspectos de su vida que se ven en sus textos. La pérdida muy temprana del padre, por ejemplo, que se va del hogar cuando él tiene 5 años.

Cortázar nace en 1914 en Bruselas porque el padre es agregado comercial de la embajada y está en Bélgica trabajando y los toma la Primera Guerra Mundial. Eso marca radicalmente su bilingüismo inicial, su contagio de otra lengua. Luego ellos vienen a la Argentina, a Banfield, a una casa al sur del gran Buenos Aires e inmediatamente el padre abandona el hogar y él no lo ve más.

Hay quien dice que alguna vez se cruzaron y tuvieron un encuentro bastante tumultuoso, pero el hecho de que él se criara sin padre, en un universo completamente femenino, conformado por la mamá, la tía, la abuela y su propia hermana, eso, sin duda, tiene un efecto en la visión de la mujer que desarrolla en su obra, la de la mujer amada, de la chica adolescente con sus juegos perversos, como ese cuento Silvia.

Eso también determina el universo infantil de Cortázar...

Lo hace ser un chico muy debilucho, psicosomático. Ese Cortázar que nosotros conocimos fumando habano y tomando ron era un nene enfermizo, asmático, muy lector, muy apocado, tímido, vuelto sobre sí mismo a las 10 años, al punto que un médico le dijo a la mamá: si este chico sigue leyendo así, se va a morir. Fue muy buen alumno en la primaria, retraído, no deportista; ahí justamente nace toda la idea de enfermedad de la obra de Cortázar.

Aurora Bernárdez, su mujer de casi toda la vida, me dijo que cuando iban a hacer un viaje, el de luna de miel a Italia, estaban haciendo las maletas y Julio le dijo que en dónde iba a empacar los remedios; Bernárdez no entendió muy bien la solicitud de su marido hasta que un día conoció la casa de su madre y encontró un cuarto lleno de medicamentos, una suerte de farmacia. Y ahí tienes todos los cuentos en torno a la enfermedad, hospitales y sanatorios, en camas: La noche boca arriba, La salud de los enfermos, La señorita Cora, Torito, un cuento de un boxeador, al que toma en el instante del hospital, en el momento de su agonía. Ahí está Cortázar escribiendo desde su vida.

12.11.09

Los mitos de un escritor incómodo

Alcohólico, mujeriego y crítico feroz de su época, la vida del autor de "El cuervo" vuelve a generar polémica, a partir de su biografía y la reedición de sus cuentos traducidos por Julio Cortázar.

ANIVERSARIO. Este año se cumplieron 200 años del nacimiento del escritor estadounidense Edgar Allan Poe.
Jorge Aulicino
Sobre Edgard Allan Poe existen numerosos malentendidos, acendradas mistificaciones e insuficientes verdades, que la biografía Una vida truncada, del gran inglés Peter Ackroyd –autor de una extraordinaria Biografía de Londres– y la reedición de los Cuentos completos de Poe traducidos por Julio Cortázar –ambas de Edhasa–, no dejarán de alimentar. En algún punto, la biografía de Ackroyd arroja una luz ambigua sobre la figura del escritor como para desperfilar, como conviene, a un mito, a base de verdades muy probables y contradictorias.

¿En qué consiste la mistificación de Poe?

Básicamente, en que fue un prisionero de su tiempo, un "suicidado por la sociedad", diría Artaud, como dijo de Van Gogh; un molesto e indeseable esperpento, un genio que se sentía incómodo en la "prisión de los Estados Unidos" –debemos a Baudelaire el tropo–, un visionario que murió frustrado, para ser descubierto, como corresponde, muchas décadas después, como uno de los fundadores de la escuela norteamericana del cuento y parte integrante de la Patrística literaria de aquella nación. Ackroyd prefiere llamar a esa vida "truncada" (cut) y no frustrada (frustrated).

La lectura de la biografía de Ackroyd corrobora sí que Poe no se sentía cómodo en los Estados Unidos. No sabemos por qué. Vagó de una ciudad a otra de la costa Este escribiendo en periódicos y perseguido por la pobreza. Pero: a) no fue en absoluto un desconocido; fue uno de los periodistas más exitosos de su época y también uno de los escritores más reconocidos, por cierto no a la altura de Longfelow –tampoco tuvo tiempo para disputarle la consagración, ni su carácter belicoso le hubiese permitido convertirse en patriarca hierático; b) pudo escapar de la pobreza: dos periódicos al menos multiplicaron exponencialmente sus ventas gracias a su inspiración y su trabajo; uno de ellos le hubiese proporcionado un porvenir más que holgado, pero lo abandonó porque lo aburría; c) uno de los motivos por los que Poe, en su corta vida, llegó a la fama, fue su crítica muchas veces despiadada, tanto como bien escrita, a sus contemporáneos; era célebre por sus provocadoras reseñas, que fueron laudatorias cuando se trataba de mujeres que lo halagaban; d) su poema "El cuervo" tuvo un éxito enorme, aun para la época, y escuchárselo recitar con su voz magnética parece que era una de las grandes experiencias a las que un norteamericano culto podía aspirar en la primera mitad del XIX. Todo lo cual indica que Poe no tenía razones para sentirse incómodo, aunque seguramente, en verdad, lo estaba. Era un pionero extraordinario, laborioso y creído de sí mismo, violento a veces, indecoroso otras, aunque la mayor parte del tiempo se comportaba con unos modales tan amables, suaves y caballerosos que asombraba. Era un bebedor sediento, de los que se emborrachan hasta caer, en una rápida y letal sucesión de tragos. Y era un sureño –se había criado en Virginia–, con pretensiones de aristócrata, esclavista y antiburgués.

Segunda cuestión relacionada con el falso mito: era absolutamente consciente de que escribía para los magazines, y por lo tanto sus cuentos debían impresionar. Le gustasen o no, en ellos encapsulaba lo sublime. Precursor del sensacionalismo periodístico y literario, aconsejó a los propietarios de periódicos incluir con frecuencia prosas como las suyas que, en el terreno de la ficción, anticipaban las crónicas de crímenes truculentos que alimentaron a los grandes rotativos del siglo XX.

Manejó, aun en la poesía, la noción de efecto. "Siempre existe un punto en que se dan la mano la ironía y la decadencia, y nunca queda claro si Poe está riéndose o llorando ante sus propias imaginaciones", señala Ackroyd. Poco antes, cita al propio Poe: los relatos de mayor éxito contienen "lo absurdo rayano en lo grotesco, lo aprensivo coloreado con lo horrible, lo ingenioso exagerado hasta lo burlesco, lo singular revestido de lo extraño y lo místico. Podría decirse que todo esto es mal gusto"; a lo que agrega Ackroyd: "Este era el credo periodístico de Poe, unos principios que siguió fielmente durante su carrera de escritor".

Poe tenía absoluto control sobre su estilo, dice su biógrafo, y si deploraba sus borracheras intensas, era por la sensación de pérdida de dominio de sí mismo que le acarreaban. Pero el talón de Aquiles de Poe no fue el alcohol, fueron las mujeres. Se enamoró de la madre de un compañero en la adolescencia, luego de su prima adolescente Virginia, con la que se casó, y al morir ella, de sucesivas mujeres, en pocos años, y de dos al mismo tiempo, frente a las que enaltecía su amor en términos parecidos y ante las que se declaraba al borde del suicidio, o de la muerte más atroz, a causa de ellas (de cada una por separado).

Algo conscientemente teatral, de vaudeville dramático, hubo en toda la obra la Poe, incluidas sus cartas, siempre escritas en agonía definitiva y desolación mortal que no le impedían seguir viviendo. Su muerte, muchos años después de las primeras líneas exageradamente patéticas dirigidas a su padrastro, fue realmente grotesca. Si de verdad fue arrastrado en Baltimore a servir de votante disfrazado en unas elecciones fraudulentas, en plena borrachera –de hecho vestía unas ropas y un sombrero raros en él cuando lo encontraron exánime–, entonces sí fue un suicidado por la sociedad, en sentido completamente aleatorio: durante el vértigo de sus viajes por el Este, más sentimentales que literarios, poseído además de su compulsión alcohólica.

Discutida no ha sido lo suficiente la traducción que hizo Cortázar de esta literatura, no menos complicada que su creador. Anotación: Poe no escribía bien; contra anotación: lo hacía maravillosamente dentro del estilo paródico efectista con el que sacaba partido periodístico y literario de una generación que amaba el rebuscamiento, como sinónimo de alta literatura (todo para leer narraciones de disparatada imaginación en las revistas). Cortázar le corta el pelo y lo emprolija. Sus traducciones son de una fluidez que Poe no tenía. Se leen sin la dificultad, los estucos y el taraceado del original. Y a veces sin ese relumbrón sangriento oscuro, esa luz de teatro, de la que Poe dotaba sus cuentos, esa belleza extraña que sacaba de la abundancia de adjetivos ("dull, dark, soundless"). Cortázar pues escribe bien; Poe escribía mal y sólo la imaginación lo salva. No es tal, tampoco esto. El mito verdadero dará aún qué conversar, mistificar y desmitificar.
fuente: Revista Ñ

20.10.09

Gabo, el perseguido

Un Nobel politicamente incómodo
Las noticias sobre los espionajes de la DFS al escritor colombiano son sólo un episodio más en la larga lista de señalamientos, persecuciones y exilios que ha padecido.
Esta es una de las célebres fotos tomadas en marzo de 1981 cuando Gabo y su esposa, Mercedes, parten para México por los supuestos rumores de un auto de detención en su contra. Archivo El Espectador.


Por: Angélica Gallón Salazar
“Gabo fue vigilado por la desaparecida DFS (un equivalente a la CIA o al KGB en México) desde 1967 hasta 1985”, reveló el diario Universal de México el domingo en la noche. Los archivos exponen una conversación captada entre García Márquez y el director de la agencia de noticias cubana Prensa Latina, Jorge Timossi, en la que queda en evidencia que el literato había cedido los derechos de su libro Crónica de una muerte anunciada al gobierno de Cuba. Además, confirman que Gabriel García Márquez era “pro cubano, pro soviético y un agente de propaganda al servicio de la Dirección de Inteligencia cubana”.
Este nuevo y polémico episodio es sólo uno más de la larga lista de espionajes, persecuciones y exilios que ha padecido el escritor de Cien años de soledad, quien durante décadas, sobre todo antes de recibir el Premio Nobel —que para muchos se convirtió en su mejor blindaje—, fue visto con recelo por sus ideas de izquierda y su incómoda proximidad con el dirigente cubano Fidel Castro.
Antes de que estuviera en la mira de la DFS y de la CIA —que también lleva su nombre en muchos archivos—, el escritor colombiano, en 1967, recién publicada su obra maestra sobre Macondo, fue censurado en algunas escuelas y colegios de Colombia por el supuesto contenido soez, pecaminoso y escandaloso de la obra. Su libro, por ejemplo, fue prohibido en un colegio de Zipaquirá, como lo recuerda el candidato presidencial Gustavo Petro. Pero no fue el único plantel educativo donde ocurrió algo similar.
Luego vendría en 1974 la creación de la revista Alternativa, de la que García Márquez no sólo fue su director, sino que encarnó el espíritu ideológico de la publicación. Por eso, en más de un número, casó peleas a muerte contra los promotores y defensores del llamado Estatuto de Seguridad, decretado el 6 de septiembre de 1978 por el entonces presidente Julio César Turbay con el propósito de fortalecer al Estado en su lucha contrainsurgente.
Sus letras duras y directas contra ese régimen especial que le había dado facultades extras a los militares en materia judicial, lo pusieron aún más en la mira de las autoridades, y aunque nunca se supo a ciencia cierta quiénes fueron los autores materiales e intelectuales, también lo hizo víctima, a él y a sus compañeros de la revista, de una bomba que causó serios destrozos en la sede.
La tensión nunca aflojó, al punto que el 26 de marzo de 1981, de mano de unos amigos, “entre ellos unos funcionarios del Gobierno”, el escritor se enteró de que contra él había sido dictado un auto de detención. Gabriel García Márquez y su esposa, Mercedes, partieron al siguiente día para México, en donde sin saber, cambiaron una persecución por otra, esta vez una más soterrada que logró mantenerse oculta hasta estos días cuando se expone en la prensa. Un nuevo episodio que no hace más que revelar cómo Gabo, antes del Nobel (1982), era un personaje para muchos políticamente incorrecto.