23.2.13

La "pena" de la viuda de Monterroso

La pena mexicana –es justo aclararlo– tiene más que ver con la vergüenza o el pudor que con nuestra altanera compasión

SIN RESPUESTAS. Bárbara Jacobs, la viuda de Monterroso, prefiere guardarse sus recuerdos/Revista Ñ
 
El periodismo diario es por definición urgente. Muchas veces el cronista se entera en el transcurso del día la nota que tendrá que producir y escribir para mañana. De eso se trata. Sirve como ejemplo el décimo aniversario de la muerte de Augusto Monterroso, el padre de la microficción, al que su ya mítico “Dinosaurio” popularizó hasta el hartazgo. El periodista piensa cómo llenar las líneas y decide rastrear a su viuda, que también es escritora y –todavía mejor– autora de microrrelatos, algunos de los cuales publicó junto a su Monterroso. Después de molestar a editoriales argentinas y mexicanas, el cronista por fin da con el teléfono de Bárbara Jacobs. Diga lo que diga, es noticia. ¿Cuál era su rutina de trabajo? ¿Por qué la microficción? Lo que sea. Pero Bárbara Jacobs se excusa: “Le agradezco muchísimo las preguntas pero prefiría no hablar de eso ahora”, dice, como si fuera Bartleby, con el tono dulce que sólo los mexicanos tienen. Y explica que hubo un homenaje (del que todas las agencias dan cuenta). Pero no alcanza. Y el cronista insiste, en vano. “Lo que usted me está pidiendo me da pena, pero no le puedo contestar”. El problema, explica ahora, es que prefiere guardar sus recuerdos y todo lo que “generosamente” le está preguntando para cuando ella escriba sobre sus memorias. Todo esto a pesar de que le sobrarán anécdotas de la vida compartida y de que ya publicó Vida con mi amigo, que en realidad no es otro, según revela, que el propio Monterroso. “¿Me permite no contestarle? Me da mucha pena con usted. Pero realmente prefiero no contestar yo nada de eso”.
La pena mexicana –es justo aclararlo– tiene más que ver con la vergüenza o el pudor que con nuestra altanera compasión. Después de siete minutos largos de pura “pena”, Jacobs por fin se afloja, recomienda alguna lectura y revela que Monterroso “era una persona ametódica, sin rutinas”: 
“No sé si eso le va a confundir más. Créame que lamento mis respuestas”. 

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