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17.5.10

La prisión de las palabras

Este hombre ha pasado 13 años en prisión y ha aprendido allí tanto de literatura que podría ser catedrático

Para Jerry Santa o Henry Santamaría las cárceles, por su entorno y sus vicios, no hacen mejores personas sino que producen seres vengativos.foto,fuente:elespectador.com

A Jerry Santa o Henry Santamaría, como es su nombre de bautismo, la primera frase de La Vorágine lo explica y lo representa: "Antes de que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia", declama en una suerte de confesión, de exorcismo. Tiene 45 años, de los cuales 13 los ha pasado en distintas cárceles del país, pero más allá del lado oscuro de su historia, para él existe un mundo trazado por el rastro de la tinta y el olor del papel y el borrador. Recita con exactitud el primer párrafo de Cien años de soledad y describe la ciudad de Jean Valjean en Los miserables de Víctor Hugo, la recrea como si hubiese sido él quien estuvo preso por robar un pan. De alguna manera su mundo, su vida y su historia se mezclan con los universos de los personajes que ha leído.

Santa es una de esas personas con una inteligencia especial, con un particular gusto por el lenguaje y la historia. Sabe tanto de literatura que podría dar una cátedra sobre el tema en cualquier colegio. En 2002, mientras purgaba su condena en la cárcel Modelo de Bogotá, fue galardonado en el salón de arte penitenciario y carcelario con un relato histórico titulado El camarada Andresito, una historia que relata cómo se desarrollaron, en el interior del penal, las elecciones presidenciales de 1998, en las que salió elegido Andrés Pastrana. Este es el relato de su vida.

"Nací en Bucaramanga, pero me crié en Cali. Uno no es de donde nace sino donde se hace. Mi padre fue corredor de seguros y nos dio las comodidades suficientes para que yo y mis 10 hermanos creciéramos como gente privilegiada. En el 74 vivíamos en el barrio El Polo, que en ese entonces era el norte de Bogotá. Después mi papá dejó a mi mamá y se fue a Nueva York. Allá se vino en picada. Yo no soy hijo de papi, yo soy hijo de mamá.

Estudié hasta tercero de bachillerato, empecé a trabajar y cuando uno le coge el gusto a la plata deja muchas cosas. Los libros han sido mi ventana a la libertad, son mi bien más preciado, mi escampadero en momentos de angustia y desazón. Lo que me ha otorgado la vida es la posibilidad de leer.

La tercera parte de mi vida la he pasado guardado: Picota, Modelo, Acacías, Villa Nueva o Vistahermosa y Cárcel Distrital. Uno se priva de ciertas cosas por ponerse derroteros que no son para uno y llega a darse cuenta de que uno no se arrepiente, al fin y al cabo son experiencias; la experiencia es el compendio de tus errores, como decía Mark Twain.

Desde niño me gustó la literatura, mi primer libro fue Fabulandia, una edición de Bruguera, española, de cuentos minimizados de Las mil y una noches, de autor anónimo. Es uno de los libros más antiguos. Ahí están Alí Babá, Simbad el marino. Pero el primero que tuve fue La bendición de la Tierra, de Knut Hamsun, un noruego que fue Premio Nobel. Después me leí El Padrino, de Mario Puzo, y a Víctor Hugo, Les miserables, ese fue el que me atrapó. En el encierro el tiempo pasa lento, doloroso, pero con los libros uno se escapa de la celda y viaja, viaja al mundo, a Europa, a América, se mueve en tiempo, a la conquista, a las cruzadas, recorre París, Roma...

En las cárceles me rebuscaba con artesanías: hacía barcos, tallaba madera, grababa monedas. Por ejemplo, uno cogía el hueso de la sopa y lo ponía a secar y de ahí sacaba uno materia prima o la conseguía intercambiando cosas con la gente, que una camisa por un palo para tallar, que el almuerzo por una moneda.

Realmente, toda persona que tenga la desgracia de caer en la cárcel entra a hacer un curso de malevo. Las cárceles son universidades del delito. El objetivo rehabilitador es una utopía. Si lo quieres rehabilitar, cómo lo metes en la mierda. Uno sale con una perspectiva distinta, las cárceles tienen el poder de subyugar las esperanzas y los sueños. Yo no salí pensando como Bolívar, uno sale a buscar dinero, el tiempo perdido, los cariños que faltaron. Uno ha tenido la posibilidad de relacionarse con esa gente y sale a llamarlos: ayúdeme, usted que fue serio conmigo, tíreme un cabo. Uno allá se pervierte y se conecta mal.

Es como Los miserables. Valjean era un tipo muy berraco. Cada vez que veía la puerta abierta tiraba para fuera. El hombre pagó 19 años por robarse un pan y tuvo cuatro intentos de fuga. Cuando salió tenía pasaporte amarillo. Le tocaba vivir el maltrato y la discriminación por haber estado preso. El hombre quería cambiar y se fue a un pueblo alejado a rehacer su vida. Tenía la ilusión de trabajar por la gente y se volvió alcalde, pero llega a ese pueblo un tipo que había sido conserje en la cárcel, y se dedica a dañarle la reputación, a hacerle la vida imposible, a despertar sus demonios. La historia de Jean Valjean es la de todos los que estuvimos en la cárcel y salimos a reconstruir nuestra vida, pero la sociedad y alguna gente no nos lo permite: esos son los miserables".

4.5.10

Piglia:"Un escritor escribe por y para los lectores y por y para los analfabetos"

En la conferencia de ayer, en la Feria del Libro, el intelectual marcó la importancia de la lengua popular. Y se quejó de las traducciones españolas


CERTERO Y CATEGORICO. Durante la conferencia sobre la tradición literaria argentina, el escritor deslumbró.fOTO;fUENTE:Revista Ñ

C ada vez que Ricardo Piglia acude a la Feria, logra imprimir su sello, eleva el nivel de la discusión y abre un debate y una vía de escape a tanta parafernalia publicitaria.

En 2008 inauguró la Feria con una reivindicación militante de la poesía. El año pasado evocó a Roberto Arlt durante la presentación de El paisaje en las nubes, una selección de artículos del autor de Los siete locos. Ayer, auspiciado por Ñ y Clarín, Piglia intentó explicar "o empezar a conversar", dijo, "La tradición de la literatura argentina". Durante la hora que duró su exposición, logró la atención total de sus 500 espectadores.

Para empezar a hablar de la tradición literaria argentina, Piglia eligió partir de las traducciones. "Se podría discutir a la traducción como un modo de democratizar el acceso a la literatura", afirmó. "Las traducciones fijan el estado de la lengua. Por eso los clásicos vuelven a traducirse", porque la lengua cambia, como todo cambia. Aclarado el punto, atacó: "Hoy sufrimos las traducciones españolas".

Para el autor de El último lector y Crítica y ficción, las traducciones fueron también una estrategia de divulgación de ideas políticas: "Todas las revoluciones las hicieron los hijos de los libros. Las hicieron lectores que intervinieron activamente en ciertas prácticas políticas".

En ese sentido, habló del anunciado apocalipsis de los libros: "No soy futurólogo, pero quizás el declive del libro podría estar ligado a los declives de ciertas prácticas políticas", señaló ­con más sutileza que precisión­ antes de recordar que "las revoluciones siempre fracasan" y que el resultado de la revolución francesa fue Napoleón, así como Rosas de la de Mayo y Stalin de la rusa.

Una de las muchas imágenes literarias que Piglia barajó en su disertación fue imaginar qué pasaría si se llevaran las discusiones actuales a la víspera de mayo de 1810. "Yo creo no hubieran hecho la revolución. Hubieran dicho que hay que consensuar. Los que piden conversar son los que tienen el poder, los que pueden manejar el diálogo", señaló, categórico.

El público festejó cada ocurrencia de Piglia, que, verborrágico, intercalaba opiniones políticas con estéticas, si es que allí habita alguna fractura posible.

Luego de leer la proclama de San Martín al Ejército de los Andes ­donde el prócer dice cosas como que "andaremos en pelotas como nuestros hermanos los indios"­, recalcó la importancia del uso del lenguaje popular. El Libertador lo utilizó para construir "un nosotros", explicó.

"Un escritor escribe por y para los lectores y por y para los analfabetos, por los que no pueden leerlo", insistió a la hora de recordar la importancia de los libros que acompañan los cambios de las formas de hablar y de usar el lenguaje, como El Martín Fierro u Operación Masacre.

"Ese tipo de libros son acontecimientos más que documentos", destacó, "porque nos enseñan sobre todas las épocas. Son los que fundan tradiciones, más allá de las discusiones por el canon", sostuvo Piglia, quien a través de su obra crítica construyó gran parte del "canon" argentino. Así se llama a los textos y autores que son considerados parte de "el cuerpo" de la literatura nacional.

Ese gran "cuerpo" que nació con El matadero, de Esteban Echeverría, y en el que "los perdedores siempre tienen razón", fue, según Piglia, funcional a los intereses del Estado. Eso ya no sucede: "Nosotros, los escritores de mi generación ­Saer, Briante y Di Paola­ empezamos a correr a la literatura del discurso estatal. Hoy la literatura ha perdido su vigencia en la construcción de ciertos sentidos; ahora lo hacen los medios. Por eso los debates son muy agudos y muy intensos, más allá de los intereses", señaló.

Finalmente, para Piglia la tradición colabora en la discusión sobre la construcción de la memoria colectiva y en la casi siempre arbitraria política de archivo.

"Lo que tratado de empezar a discutir es la construcción de tradiciones. Y el modo en que se representa a literatura argentina: como si fuera una especie de río donde los escritores navegamos como podemos. Y lo cierto es que ni estamos navegando ni yo me paso leyendo a Cambaceres.

Leo a Joyce", terminó.

Y estalló el aplauso.

9.4.10

Vargas Llosa: "No cambiaré mis convicciones"

El escritor peruano Mario Vargas Llosa afirmó que no cambiará sus opiniones políticas por premios

Mario Vargas Llosa, autor de La ciudad y los perros.fOTO:aRCHIVO.fUENTE:EFE

"En una entrevista publicada hoy por el diario de Perú La República y que coincide con su 74 cumpleaños, el reconocido autor habló sobre literatura y afirmó que "intenta ser coherente con las cosas" en las que cree y que "el ejercicio del escritor no puede agotarse en lo literario".

El premio Cervantes de 1994 respondió a la pregunta sobre la tesis que señala que "no le dan el Premio Nobel por su militancia liberal" afirmando que "no sabe si eso es cierto".

"Pero si es así, no cambiaré mis convicciones por premios literarios", agregó.

Vargas Llosa argumentó que el tipo de literatura que hace responde a las ideas que aprendió de joven leyendo al francés Jean-Paul Sartre, un autor que en su opinión "envejeció muy rápido" debido a la falta de espontaneidad de sus escritos, pero con el que coincide en lo que respecta al "escritor comprometido".

"Sartre carecía de espontaneidad. Ese elemento vital, espontáneo, inesperado, la impredecibilidad de la vida. Ese es un elemento fundamental en toda gran literatura. En Sartre eso nunca existió", afirmó el autor de "Conversación en La Catedral".

El peruano definió también el tipo de sociedad a la que cree que América Latina debe aspirar: "Una sociedad democrática, liberal y antiautoritaria, abierta e integrada al mundo", un camino que, en su opinión, permitirá más progreso, reducir la violencia y elevar los niveles de vida de la gente.

"Y esas cosas en las que yo creo (son las) que me llevan a conflictos y polémicas con regímenes como Fidel Castro o (Hugo) Chávez, y antes con (Augusto) Pinochet", agregó.

No obstante, reconoció que a veces se equivoca, ya que la única forma de no hacerlo es mantenerse mudo, algo que, en su opinión, no va con su forma de ser.

Precisamente, el autor de "La Casa Verde" o "La fiesta del Chivo" criticó a aquellos escritores "que se encierran con sus libros", a los jóvenes literatos, en los que encuentra "mucho desprecio por la política".

"Y eso no me parece, si la política se queda en manos sólo de los políticos se corre el riesgo de que se pudra", sentenció.

5.3.10

El centenario de Eduardo Caballero Calderón

CENTENARIO
Este 6 de marzo se cumplen 100 años del natalicio de uno de los intelectuales más reconocidos en la historia del país

Eduardo Caballero Calderón, escritor, diplomático y periodista.FOTO; fUENTE elespectador.com

"Hace 100 años, el 6 de marzo de 1910, nació en Bogotá uno de los periodistas y escritores con más extensa obra en la cultura colombiana: Eduardo Caballero Calderón. Hijo del general liberal de la Guerra de los Mil Días, Lucas Caballero Barrera, a sus 16 años ya se iniciaba en el oficio de las letras, debutando en las páginas de El Espectador. Dos años después pasó al periódico El Tiempo, donde por muchos años, además de incontables artículos y ensayos, con el seudónimo Swann, publicó una columna que con férrea disciplina lo convirtió en un referente de opinión y análisis durante varios gobiernos y décadas.

Aunque estudió Derecho en la Universidad Externado de Colombia, rápidamente dejó a un lado los asuntos legales y, casi de tiempo completo, se dedicó al ejercicio periodístico y literario. Sin duda alguna, su entorno cultural y familiar fue determinante para adoptar esta decisión. En una de sus obras menos comentadas, pero de significativo aporte para entender los primeros lustros del siglo XX en Colombia, quedó un retrato claro del por qué de su vocación. Memorias Infantiles, publicada por primera vez en 1964, representa una semblanza extraordinaria y hasta inédita de la Bogotá de entonces.

"El corto espacio entre las calles 10 y 14, y las carreras séptima y segunda", donde discurrió su niñez y empezaba "el mundo de los grandes". El Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, el de los Hermanos Cristianos con su Museo de Plantas, el Jockey Club, el Hotel de Maison Dorée, la Imprenta del Diario Nacional, el Salón Samper o el Cinerama de monseñor Valenzuela, entre otros lugares, en una Bogotá de antaño que llegaba hasta los parques de San Diego y La Independencia, y de allí se abría el horizonte por el Camino Real, por donde empezó a crecer la ciudad de hoy.

Y si de aquellos tiempos centenarios Eduardo Caballero Calderón dejó memorables páginas, qué decir de su otra patria chica, el entrañable pueblo boyacense de Tipacoque, tierra de sus ancestros, ubicado al costado occidental del río Chicamocha, a 174 kilómetros de Tunja, a donde su abuela viajaba en cupé, "tirado por un tronco de mulas, con Salvador al pescante". Desde 1940 lo hizo famoso con un libro dedicado a sus peñascos, caserones, capillas y leyendas. En 1968, cuando se tornó municipio, Caballero fue su primer alcalde.

Sería corto cualquier espacio para destacar el aporte de Eduardo Caballero Calderón a Colombia. Sus libros El Cristo de espaldas, Siervo sin tierra, La penúltima hora, Manuel Pacho, El buen salvaje, Caín o Historia de dos Hermanos, entre otros; su paso por las embajadas de Perú, Argentina, Francia, España o la Unesco; su gestión política en la Asamblea de Boyacá o la Cámara de Representantes; pero sobre todo su infatigable misión periodística, al mismo ritmo de su creativo y célebre hermano, Lucas o Klim; e incluso vigente como legado en la obra de su hijo Antonio, hoy columnista de la revista Semana.

Es tan diversa y productiva su obra como su larga vida. Vivió hasta 1993, es decir, 83 años, y nunca dejó de escribir páginas históricas, novelas, ensayos, textos académicos, libretos de radioperiódico o semblanzas de provincia. Sus cenizas se encuentran en la capilla de su casa en Tipacoque, donde también por estos días se realizarán varios homenajes para recordarlo. De cualquier modo, la obra de Eduardo Caballero Calderón perdurará a través del tiempo y su imagen con un cigarrillo entre los dedos y la mirada adusta sigue siendo el símbolo de una dinastía cultural que le ha dado a Colombia nombre ilustre.

Este es el año Caballero Calderón

En el marco del Programa de Recuperación de la Memoria Literaria en Colombia, el próximo 11 de marzo a las 6:00 p.m. en la Biblioteca Nacional de Colombia el Área de Literatura del Ministerio de Cultura lanzará el Año Caballero Calderón con motivo de los cien años del natalicio del escritor bogotano Eduardo Caballero Calderón, autor de novelas como 'Siervo sin tierra' y 'El Cristo de espaldas'.

En el evento habrá una exposición sobre la vida del autor y se realizará un conversatorio en el que participarán escritores como Juan Gustavo Cobo Borda y Ricardo Silva."

19.2.10

Cameron prepara una novela con la secuela de "Avatar"

El cineasta James Cameron tiene previsto publicar un libro con la secuela de Avatar, aunque inicialmente no hay planes para llevar esa historia a la gran pantalla como parte de una saga de ciencia ficción, informaron hoy los medios locales.

http://www.clarin.com/shared/v8.1/swf/fullscreen_video.html?archivo=http://contenidos2.revistaenie.clarin.com/2010/01/20/avatar.flv

La noticia la adelantó el productor de Avatar Jon Landau en una entrevista con la cadena MTV en la que explicó que Cameron quiere contar los antecedentes del taquillero filme a través de una novela.

La película es una producción que traslada al espectador al año 2154 en el planeta Pandora, un lugar donde existe un mineral capaz de acabar con la escasez energética terrestre y donde unos seres llamados Na'vi y los humanos se enfrentan por un mismo territorio.

"La obra servirá como fundación de ese mundo. No tendremos tiempo para contar estas historias en una película o en las secuelas", comentó Landau, quien indicó que el relato profundizará en aspectos de Avatar que fueron secundarios en el guión.

"Jake (el protagonista) y su historia en la Tierra y cómo llegó aquí, la muerte de su hermano Tommy, o cómo el coronel Quartich terminó aquí" son algunos de esos aspectos, explicó el productor.

Según Landau, sería la primera novela escrita por James Cameron, director de películas como "Aliens", "Terminator" o "Titanic", y supondría el recorrido contrario al habitual en las películas de ciencia ficción, normalmente basadas en novelas adaptadas para la gran pantalla.

El productor estimó que la obra podría estar lista antes de que finalice el año.
Lo audaz de "Avatar" es plantear el paraíso

16.2.10

El guionista de The Wire muestra la interacción del crimen en su nueva novela


Un crimen y una investigación son los ejes de La vida fácil, novela que transcurre en un rincón violento de Nueva York donde se mezclan "los chinos, con su pragmatismo; los jóvenes afroamericanos, dominicanos y puertorriqueños, que no tienen nada que perder; y los blancos, que vuelven borrachos a sus casas y a los que les roban", explica en esta entrevista.


RICHARD PRICE prepara ya una nueva novela. "Será sobre Harlem -anuncia-, donde vivo, me estoy dedicando a hablar con todo el mundo y me encanta, en cuanto salgo de mi casa estoy en mi libro".fOTO.fUENTE: Revista Ñ

"El escritor Richard Price, guionista de la exitosa serie de televisión The Wire, ha elegido como protagonista de su nueva novela el Lower East Side de Manhattan, "un lugar en continuo cambio donde conviven distintos mundos" que están unidos por el delito.

La vida fácil (Mondadori) arranca con un robo que se convierte en el asesinato de un joven camarero aspirante a actor, Ike Marcus, a partir del cual surge la dura realidad que hay bajo la superficie de la ciudad y de los personajes.

"No es cinismo, pero la verdad es que necesitamos el crimen, porque estos delitos son, desafortunadamente, los elementos que unen los mundos de una ciudad, y en esta interacción se basa el libro" afirma Price.

La novela supone una visión realista de la decadencia urbana y de unos personajes tremendamente complejos característicos del escritor neoyorquino.

"No me considero parte del realismo social literario, soy un escritor realista en la medida en que enseño la realidad como una cámara, pero nunca pretendo juzgar", sostiene el autor, que participará estos días en Madrid y Barcelona en un ciclo de conferencias titulado Narrar en la era de la imagen, y organizado por la obra social de la entidad bancaria La Caixa.

Al hablar de los personajes, Price explica la complejidad de relatar la historia de Billy, el padre de Ike Marcus, por la "terrible sensación" de meterse en la piel de alguien que pierde un hijo.

Para Price, lo más importante al redactar es el "ritmo" de la narración que va marcado en los diálogos.

"Intento que mi lenguaje sea musical y que muestre como la gente habla, como se comporta y lo rápido que van las cosas. Soy un escritor realista en la observación y musical en la escritura o, al menos, eso intento", señala.

Famoso por su labor como guionista de The Wire, considera este proyecto una labor "maravillosa" que ha permitido mostrar de la manera "más profunda y más dramática" por qué en las ciudades "no funciona nada", pero aclara que el mérito corresponde a su amigo y creador de la serie David Simon.

"Es cierto que se inspiró en mi novela Clockers para escribir 'The Wire', pero ha sido una labor titánica y todo el mérito es suyo, yo sólo escribí cinco capítulos", asegura.

En relación a su labor como guionista, Price admite que trabaja en Hollywood "por dinero", para poder escribir lo que le gusta.

"En un guión no hay literatura es un proceso de negociación cada vez más frustrante en el que tienes que conseguir que el actor esté entusiasmado, el director contento y que el productor firme cheques de 300 millones de dólares", añade.

Price afirma que el proceso "más tedioso" al que se ha enfrentado es convertir sus novelas en guiones. "¡Ya he escrito esa historia una vez! y ahora toca reducirla a 130 páginas no literarias, en la que se va todo lo bueno", se justifica.

"Pero tengo que pagar facturas y los dos o tres años que me lleva un libro, así que ahora mismo tengo dos pilotos de serie escritos y estoy adaptando el guión de La vida fácil", explica.

Price prepara ya una nueva novela. "Será sobre Harlem -anuncia-, donde vivo, me estoy dedicando a hablar con todo el mundo y me encanta, en cuanto salgo de mi casa estoy en mi libro".

7.1.10

Tímidas escenas de sexo

"Los novelistas jóvenes están enamorados de la ironía", dice la autora de esta nota.

PHILIP ROTH Y MICHAEL CHABON. Roth celebra la pasión, Chabon representa a una generación ambivalente. fUENTE Revista Ñ

El sexo es el pan de la vida. Y sin sexo la vida es plana y sin emociones.El sexo como en la vida es un problema y hablar de él en literatura constituye un reto estético para el autor: ponerlo en escena con las palabras resulta bien tratado, mal tratado o provocador en los escritores, o sugerido y explicito, pasándose a decir pornográfico. La tendencia en los nuevos y jóvenes escritores norteamericanos es un tanto pacata; digo yo, y ambivalente, según la autora de la nota. Va el adelanto.

"El problema con las escenas de sexo en el último libro de Roth no es que sean pornográficas, sino que fracasan como pornografía. Uno siente que el corazón del autor no está en la novela, que simplemente está describiendo los movimientos; uno siente al viejo maestro impaciente haciendo un mapa de las escenas, no escribiéndolas.

En este punto, uno podría pensar: que entren los hombres jóvenes. Pero nuestro lote de novelistas masculinos jóvenes o juveniles no sueña con éso. El estilo sexual actual es más infantil; la inocencia está más de moda que la virilidad, los mimos, preferibles al sexo. Las posibilidades literarias de su propia ambivalencia son las que seducen a esta nueva generación, más que lo que sucede en el dormitorio. Michael Chabon escribe: "Una mujer vestida con una minifalda de cuero verde y sin ropa interior lee en voz alta La historia de O., y la protagonista dice escrupulosamente, "Me niego a azotarte." Describe Jonathan Franzen: "El ha sido, por supuesto, un amante asqueroso, ansioso". Y, por supuesto, hay escritores como Jonathan Safran Foer que evitan las corrupciones de sexualidad adulta y eligen niños y vírgenes como sus protagonistas."

23.11.09

Polémica en Francia por el posible traslado de los restos de Albert Camus

El presidente Nicolas Sarkozy quiere trasladar los restos del escritor Albert Camus al Panteón de París pero el plan se ha topado con la oposiciónde los hijos del Premio Nobel, quienes no creen que a su padre le hubiese gustado ese honor.

EN EL OJO DE LA TORMENTA. "Sarkozy continúa intentando captar a las grandes figuras francesas con fines politicos", denunció el Partido Comunista Francés, con el que Camus simpatizaba hasta romper con él en 1937.
Jean Camus dijo que enterrar los restos de su padre en el Panteón sería contrario a los deseos del autor de La peste y no quiere que su legado sea puesto al servicio del Estado.

Sarkozy había propuesto el jueves pasado que los restos del autor de El extranjero y fuesen trasladados al Panteón, el monumento en el corazón de París que alberga las tumbas de las grandes figuras francesas, como Voltaire, Víctor Hugo, Zola, Pierre y Marie Curie, André Malraux y Alejandro Dumas, entre otros.

"Sería un símbolo extraordinario (...) llevar a Albert Camus al Panteón", con ocasión del 50º aniversario de su muerte, afirmó Sarkozy.

Pero los hijos del Premio Nobel de Literatura 1957, Catherine y Jean, no parecen muy convencidos con esa iniciativa, según los medios de comunicación franceses.

Mientras Catherine se dice "indecisa", fuentes cercanas a su hermano gemelo, Jean, aseguran que éste estima que ese traslado al Panteón no es conforme con la manera austera de vivir de su padre, y piensa incluso que, con su propuesta, Sarkozy busca sobre todo beneficiarse de la memoria del filósofo y novelista.

Según esas fuentes, citadas por el diario Le Monde en su sitio en Internet, Jean piensa que los restos de su padre - que nació el 7 de noviembre de 1913 en Argelia y falleció en Francia el 4 de enero de 1960, en un accidente de tráfico - deben permanecer en el cementerio de Lourmarin, el pueblo del sur de Francia donde está sepultado.

Ese traslado sería "un contrasentido", opina Jean, señalan las fuentes citadas por Le Monde.
Catherine, aunque estima que la propuesta de Sarkozy es un "buen símbolo", señaló el sábado a una emisora francesa "sus dudas" sobre esa iniciativa.

Recordó también, en declaraciones a la radio, que su padre padecía de "claustrofobia" y que "no le gustaban los honores", y dijo que no sabía cuál será "su decisión" sobre la propuesta del mandatario francés.

"Es algo complicado desde el punto de vista afectivo", dijo. Albert Camus "trató siempre de hablar por aquellos que no tenían voz. Desde ese punto de vista, es un buen símbolo". Pero "él era claustrofóbico. Y no le gustaban los grandes honores. Por eso, la cuestión no es sencilla", notó.
Dijo que pensaba también en todos aquellos que tienen "el mismo origen pobre" que su padre y su abuela, que trabajó como mujer de la limpieza.

"Mirándolo así, es un homenaje a todos aquéllos para los que la vida es una experiencia dura", dijo la hija, señalando que el problema para ella no es político, sino que tiene que ver sobre todo con la manera de ser de su padre.

"El problema, para mí no es político. Yo no recuerdo qué presidente trasladó los restos de Zola o Malraux, por ejemplo. Pero si hay personas que sostienen lo contrario, tal vez tengan razón", dijo.
El Partido Comunista francés también entró en el debate, opinando que Sarkozy, que "trató de instrumentalizar la memoria del joven resistente comunista Guy Mocquet, continúa intentando captar a las grandes figuras francesas con fines politicos".

Y Camus representa "la revuelta, la libertad, el combate por Argelia", afirmó el PCF en un comunicado divulgado el fin de semana, en el que recordó que para Camus, "una de las únicas posiciones filosóficas coherentes es la revuelta", según él mismo escribió en El Mito de Sísifo.
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David Camus, nieto de Albert Camus, presenta su primera novela

fuente: Revista Ñ