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3.9.10

Marc Augé: "El mundo digital construye la ilusión de conocer todas las respuestas"

El antropólogo francés dio una conferencia sobre identidades virtuales y literatura, en el Malba, en la apertura del Festival de Literatura de Buenos Aires

El antropólogo francés, Marc Augé.foto.fuente: Revista Ñ

Que las dos ediciones del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires hayan sido inauguradas por dos figuras ajenas al ámbito estrictamente literario es por los menos extraño. Y ya casi una tradición.

En 2008 fue el turno del filósofo italiano Gianni Vattimo. Ayer le tocó al antropólogo francés Marc Augé. Con él, en un colmadísimo auditorio del Malba, se puso en marcha el Filba 2010.

El festival ideado por Pablo Braun y Soledad Costantini tendrá esta vez un total de siete sedes en las que, hasta el domingo, habrá conferencias. Y performances como la anterior a la intervención de Augé, del cuentacuentos colombiano Nicolás Buenaventura.

El autor de El viajero subterráneo. Un etnólogo en el metro se refirió a la evolución de la antinomia entre los conceptos de "lugar" y "no lugar", que acuñó y le dio fama. Con la segunda categoría, Augé se refería a los espacios dominados por una naturaleza transitoria, como un aeropuerto o un supermercado; en oposición a los "lugares", donde siempre es posible leer mejor "las inscripciones sociales". "En la actualidad un supermecado es un lugar de encuentro para jóvenes de la periferia parisina", contrapuso.

Sin embargo, para este etnólogo de la Escuela de Estudios en Ciencias Sociales de París, Internet y el horizonte virtual de las comunicaciones son los motores que revolucionan las relaciones humanas
."La ficción y la imagen reorientan nuestra relación con la historia y la actualidad", sentenció Augé, siempre con cierto tono apocalíptico y su castellano gutural. Para él, las comunidades virtuales son en primer lugar agrupaciones de usuarios y, por ende, agrupaciones de consumidores, una figura dominante en el mundo de la antropología actual.

"La aparición de la identidad digital plantea varios problemas, porque puede ser utilizada para actividades lúdicas, públicas o laborales. Se pueden usar nuevos nombres y cambiarlos. Son nuevas máscaras", señaló. Con estas identidades el sujeto pasa del otro lado del espejo y asume el riesgo de convertirse en un actor de teatro improvisando todo el tiempo una identidad prestada: "Una forma de esquizofrenia de la que no es fácil desembarazarse. El mundo cibernético no se plantea nuevos temas, pero construye la ilusión de conocer todas las respuestas ", sentenció. Para Augé en ese pasaje al otro lado del espejo el sujeto necesita convertirse en su propia imagen. Todo eso en un contexto en el que, según el teórico, el mundo corre el riesgo de convertirse en una oligarquía planetaria. "Garantizar la libertad de los individuos sin condenarlos al anonimato es la función más alta de la democracia", concluyó Augé cuando promediaba los tres cuartas partes de su exposición.

En ese momento se permitió una pregunta que involucró más directamente a la literatura.

"¿Cuál es el lugar del escritor?", interrogó a una sala plagada con varios de los autores que participarán del festival . El escritor, como el usuario de Internet, también tiene un problema de identidad y quiere saber quién es. "Dos milenios de monoteísmo y un siglo de psicoanálisis nos convencieron de que el sentido proviene del pasado.

El escritor escribe por la intención y la necesidad de ser leído, para establecer una relación y comprometer el futuro, busca a otros y regresa a sí mismo para explicarse . La literatura responde al llamado del futuro del porvenir, no al llamado del pasado", señaló.

El autor de Travesía por los jardines de Luxemburgo advirtió que para entender algo sobre el misterio de la creación literaria es necesario quitarse los anteojos freudianos o marxistas que miran al pasado en vez de al futuro y a los lectores. "El autor es un doble que quiere establecer relaciones para existir. La relación identidad-alteridad necesita siempre del futuro", dijo antes de que una multitud de dobles, autores y lectores, lo aplaudiera con ganas.

Augé Básico
Poitiers, Francia, 1935.
Antropólogo.

Es director de la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. Entre sus libros: Los no lugares: espacios del anonimato (1993), Hacia una antropología de los mundos contemporáneos (1995), Ficciones de fin de siglo (2001), Diario de guerra: El mundo después del 11 de septiembre (2002), ¿Por qué vivimos? Por una antropología de los fines (2004).
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4.5.10

Piglia:"Un escritor escribe por y para los lectores y por y para los analfabetos"

En la conferencia de ayer, en la Feria del Libro, el intelectual marcó la importancia de la lengua popular. Y se quejó de las traducciones españolas


CERTERO Y CATEGORICO. Durante la conferencia sobre la tradición literaria argentina, el escritor deslumbró.fOTO;fUENTE:Revista Ñ

C ada vez que Ricardo Piglia acude a la Feria, logra imprimir su sello, eleva el nivel de la discusión y abre un debate y una vía de escape a tanta parafernalia publicitaria.

En 2008 inauguró la Feria con una reivindicación militante de la poesía. El año pasado evocó a Roberto Arlt durante la presentación de El paisaje en las nubes, una selección de artículos del autor de Los siete locos. Ayer, auspiciado por Ñ y Clarín, Piglia intentó explicar "o empezar a conversar", dijo, "La tradición de la literatura argentina". Durante la hora que duró su exposición, logró la atención total de sus 500 espectadores.

Para empezar a hablar de la tradición literaria argentina, Piglia eligió partir de las traducciones. "Se podría discutir a la traducción como un modo de democratizar el acceso a la literatura", afirmó. "Las traducciones fijan el estado de la lengua. Por eso los clásicos vuelven a traducirse", porque la lengua cambia, como todo cambia. Aclarado el punto, atacó: "Hoy sufrimos las traducciones españolas".

Para el autor de El último lector y Crítica y ficción, las traducciones fueron también una estrategia de divulgación de ideas políticas: "Todas las revoluciones las hicieron los hijos de los libros. Las hicieron lectores que intervinieron activamente en ciertas prácticas políticas".

En ese sentido, habló del anunciado apocalipsis de los libros: "No soy futurólogo, pero quizás el declive del libro podría estar ligado a los declives de ciertas prácticas políticas", señaló ­con más sutileza que precisión­ antes de recordar que "las revoluciones siempre fracasan" y que el resultado de la revolución francesa fue Napoleón, así como Rosas de la de Mayo y Stalin de la rusa.

Una de las muchas imágenes literarias que Piglia barajó en su disertación fue imaginar qué pasaría si se llevaran las discusiones actuales a la víspera de mayo de 1810. "Yo creo no hubieran hecho la revolución. Hubieran dicho que hay que consensuar. Los que piden conversar son los que tienen el poder, los que pueden manejar el diálogo", señaló, categórico.

El público festejó cada ocurrencia de Piglia, que, verborrágico, intercalaba opiniones políticas con estéticas, si es que allí habita alguna fractura posible.

Luego de leer la proclama de San Martín al Ejército de los Andes ­donde el prócer dice cosas como que "andaremos en pelotas como nuestros hermanos los indios"­, recalcó la importancia del uso del lenguaje popular. El Libertador lo utilizó para construir "un nosotros", explicó.

"Un escritor escribe por y para los lectores y por y para los analfabetos, por los que no pueden leerlo", insistió a la hora de recordar la importancia de los libros que acompañan los cambios de las formas de hablar y de usar el lenguaje, como El Martín Fierro u Operación Masacre.

"Ese tipo de libros son acontecimientos más que documentos", destacó, "porque nos enseñan sobre todas las épocas. Son los que fundan tradiciones, más allá de las discusiones por el canon", sostuvo Piglia, quien a través de su obra crítica construyó gran parte del "canon" argentino. Así se llama a los textos y autores que son considerados parte de "el cuerpo" de la literatura nacional.

Ese gran "cuerpo" que nació con El matadero, de Esteban Echeverría, y en el que "los perdedores siempre tienen razón", fue, según Piglia, funcional a los intereses del Estado. Eso ya no sucede: "Nosotros, los escritores de mi generación ­Saer, Briante y Di Paola­ empezamos a correr a la literatura del discurso estatal. Hoy la literatura ha perdido su vigencia en la construcción de ciertos sentidos; ahora lo hacen los medios. Por eso los debates son muy agudos y muy intensos, más allá de los intereses", señaló.

Finalmente, para Piglia la tradición colabora en la discusión sobre la construcción de la memoria colectiva y en la casi siempre arbitraria política de archivo.

"Lo que tratado de empezar a discutir es la construcción de tradiciones. Y el modo en que se representa a literatura argentina: como si fuera una especie de río donde los escritores navegamos como podemos. Y lo cierto es que ni estamos navegando ni yo me paso leyendo a Cambaceres.

Leo a Joyce", terminó.

Y estalló el aplauso.