26.4.10

Los fantasmas de la revolución

El cubano Leonardo Padura desanda los caminos del asesinato de Trotski. Indaga el hecho, crucial para el siglo XX, a través de la víctima y su victimario, Ramón Mercader

Letras libres. La prosa de Padura, cada vez más política.fOTO;fUENTE:Revista Ñ

"Agosto de 1940. Coyoacán. México. "El grito (de Trotski)... removió los cimientos de la fortaleza". Y su muerte, su eco, tan real como simbólico, desnudó las miserias del estalinismo. Ese hecho, con los grises que correspondan, es la llave de El hombre que amaba a los perros, la novela en la que el cubano Leonardo Padura desovilla esta historia crucial, y sobre todo triste, para el sueño de la revolución socialista. El autor tiene un mirador privilegiado para narrar la tragedia. Se para en la misma isla caribeña y se calza el traje de un personaje ficticio, el escritor Iván Cárdenas Maturell, quien en 1977 conoce a un tal López, un enigmático personaje que pasea por la playa dos hermosos galgos rusos, ese hombre dispuesto a confiarle los detalles más profundos de la vida de Ramón Mercader, el verdugo de Trotski. A partir de ese nudo, son tres los personajes que motorizan el relato: Mercader, el comunista español enceguecido por la directiva soviética que lo convirtió en un soldado de la NKVD; Trotski, depositario de la furia de Stalin, que ya viejo y exiliado dará vueltas por el mundo tratando de desnudar a su enemigo, el
sepulturero de la revolución; e Iván, el escritor cubano que representa a la masa, metáfora de una generación y resultado de una derrota histórica que muchos comprendieron tarde. El mismo Padura lo explicita a través de su alter ego: en su intención de entender a Mercader, tenía que entender, mostrar y conocer la magnitud de la víctima. Y todo ello sin dejar de hablar de Cuba, donde transcurre el tiempo real de esta historia, que empieza a escribirse en 1977, un año antes de la muerte de Mercader en La Habana, y termina, si es que le cabe un fin, en este siglo XXI. Va y viene Padura entre sus tres personajes centrales y repite muchos pasajes cruzando sus puntos de vista. Se nota ese esfuerzo que a veces abruma.

En el libro, Liev Davídovich Bronstein, Trotski, es sólo un ejemplo de la furia de Stalin, tal vez el más vital por haber sido un actor crucial de la revolución del 17 y por convertirse con los años en el gran teórico marxista. Pero esa furia también arrasó a figuras como Andreu Nin, el trotskista español que timoneó el POUM, a Erwin Wolf y a los mismísimos hijos de Trotski. Padura también desanda esos vínculos. Lo cuenta tan bien, a veces, que conmueve con la implosión de aquella España ensagrentada por la Guerra Civil, un país que tuvo la Revolución al alcance de la mano y que "sacrificó ese destino porque los dueños del socialismo supremo (los comunistas rusos comandados por el georgiano Stalin )", se volvieron funcionales a las falanges de Franco. ¿Qué hubiera sido de Europa con una España socialista? ¿Qué de la Unión Soviética si Trotski se hubiera impuesto a Stalin? Padura hurga sin ofrecer antídoto en un mundo lleno de mezquindades y delaciones, en el que un titiritero maneja cientos de marionetas, soldados del miedo o de la ceguera. Y nos da su visión de cómo fue que se pervirtió "la mayor utopía que alguna vez los hombres tuvimos al alcance de la mano". Antes y después del crimen, Ramón Mercader, Jacques Mornard o Jacson, algunos de sus nombres, va dando pistas de ese destino, a veces aceptando sus errores, otras veces negándolos maquinalmente.

En esa evolución de los hechos Iván, el personaje cubano, se va arrastrando hacia la escritura con dolor. Y ese dolor se siente y se transmite en las páginas de El hombre que amaba a los perros. Pasa él mismo de las bonanzas de la Cuba ochentista a las penurias del período especial, tras el fin abrupto de la URSS. Deja en claro Padura que la revolución cubana, que nació 20 años después del asesinato de Trotski, demoró en distanciarse de la manipulación y el ocultamiento de una historia que fue escrita y reescrita a merced del poder. Del mismísimo Stalin. "En Cuba era poca la gente que sabía de Trotski", dice Padura. Tampoco en España entendieron el juego de Stalin a tiempo, y ya era tarde cuando convirtieron a Mercader en el símbolo de un gran error para los comunistas españoles. Eso también lo sugiere el libro. En cuanto a Stalin, a Hitler y al final cantado de la URSS, las profecías de Trotski terminaron por cumplirse. Iván, tal vez Padura, convivió casi 30 años con esta historia lacerante.

Lo nuevo en su obra es la historia de Mercader. En una biografía ficcionada, reconstruye la trayectoria de este hombre que nunca dejó de escuchar el grito de Trotski. También es ameno y exhaustivo el relato del penoso exilio del líder e impactante ese fresco de la URSS de Stalin, capaz de crear un nuevo sistema de explotación, "otra clase de dictadura adornada con la retórica y sostenida en mentiras y miedos". La revolución traicionada escribió Trotski. Y Padura rubrica. Costará en cambio sentir la compasión que siente Iván por Ramón Mercader, moldeado para cometer uno de los crímenes más reveladores de la historia del siglo XX. Tal vez sienta él mismo el soplo de Trotski en la nuca y escriba empujado por ese influjo. Trae muchas respuestas El hombre que amaba a los perros, aunque sea ficción. Pero trae sobre todo preguntas. Podremos pensar cómo hacer la revolución del futuro, pero la pregunta es si, alguna vez, superaremos estos odios. La revolución fue traicionada, y éstos son algunos de sus fantasmas.

El crimen como enigma de la razón

Escrito entre 1922 y 1925, La novela policial, del alemán Siegfried Kracauer, descubre en un género devaluado por el campo cultural de la época razones para filosofar

Siegfried Kracauer.fOTO;fUENTE:Revista Ñ

Pablo De Santis traza, a partir de esta novedad editorial, un apasionante análisis de la lógica del relato policial de ayer y hoy

Por Pablo de Santis

Una de las más famosas anécdotas de la filosofía lo muestra a Tales de Mileto caminando por los campos y tan atento a las estrellas que se cae en un pozo. Entonces oye la risa de una joven esclava. "¿De qué te ríes?", pregunta el filósofo. Y la muchacha le responde: "Pretendes saber lo que hay en el cielo, pero no ves lo que hay en la tierra".

Esta anécdota, que se ha predicado no sólo de Tales sino de otros filósofos de la Antigüedad, revela una imagen que conocemos muy bien: la del sabio un poco excéntrico y distraído. Imagen que bien corresponde al detective, con su eterno divorcio entre intelecto y vida práctica. Auguste Dupin, el detective de Edgar Allan Poe, es un aristócrata en bancarrota que hubiera terminado en la calle de no ser por su amigo, el narrador de sus historias, que lo hospeda en su casa. Legrand, el descifrador de El escarabajo de oro, también de Poe, es otro aristócrata que lo ha perdido todo, y vive en una choza.

¿Qué haría Sherlock Holmes sin el abnegado Watson, que le resuelve los inconvenientes de la vida cotidiana? Al buen Columbo se lo ve siempre desaliñado, incapaz de mandar su impermeable a la tintorería y su viejo coche al mecánico. Su vida práctica descansa en la invisible señora Columbo. Atentos sólo a las constelaciones del crimen, los detectives caen sin cesar en los pozos de la vida cotidiana. Si la caída es fuerte, también en el pozo se han de ver las estrellas.

Elogio de la convención

Siegfried Kracauer escribió su libro La novela policial entre 1922 y 1925. El tema para su época resultaba algo insólito (a pesar de que su maestro, el sociólogo Georg Simmel, también se dedicó a pensar en objetos de la vida cotidiana, alejados hasta el momento de todo interés filosófico). Su corpus es el de la novela-problema, ya que Dashiell Hammett, pionero del género negro, comenzaría a publicar un par de años después. Lee con atención a aquellos autores pródigos en artificios hoy un poco anticuados, como Maurice Leblanc, el olvidado noruego Sven Elvestad, Gastón Leroux o Emile Gaboriau, mientras El candor del padre Brown de Chesterton o El maestro del juicio final de Leo Perutz, raras obras de imperecedero encanto, lo dejan un poco desconcertado. ¿Dónde queda la metáfora del detective como sacerdote, si en Chesterton el detective es efectivamente un sacerdote?

A Kracauer no lo apasionan las fugas de la convención, sino la convención misma. Es en las constantes del género donde encuentra motivos para filosofar, sobre todo en la construcción de un mundo destinado a mostrar el funcionamiento de la razón. La novela policial demuestra que sólo en un ambiente completamente dominado por el artificio puede triunfar la razón, porque en la vida real (acaso ésta es la moraleja secreta de su libro) la razón está destinada a fracasar.

Aunque las novelas de detectives hablen de la importancia de la razón y de lo importuno de los sentimientos, el policial no deja de ser un género romántico.

Muerte y conversación

Para Kracauer, el género aparece con el detective. Otras genealogías lo retrotraen a Edipo rey o al mismo Caín, pero eso es porque se identifica al género policial con el asesinato. El género no nace con el crimen, sino con la desaparición del crimen, es decir, el borramiento del crimen como hecho moral y aun humano, para que quede sólo como problema intelectual, como desafío gnoseológico. Mientras el asesino trata de hacer desaparecer sus huellas, el escritor de novelas policiales trata de borrar al crimen en cuanto tal. El cuerpo muerto es un cuerpo geométrico y tiene un teorema por sudario.

Desde luego, esto molesta a la buena conciencia, y por eso las novelas una y otra vez tratan de hacer desaparecer este matiz intelectual. Así, en muchos policiales de hoy proliferan asuntos que indignan en la vida real (la violencia contra las mujeres, el racismo, la xenofobia). Muy a menudo se aprovecha algo que excita la curiosidad morbosa del lector, como la violencia sexual, pero dando al libro un tono de denuncia, que libera al lector de toda culpa, como quien mira la sangrienta escena de un accidente de autos mientras se convence de que así medita sobre educación vial.

La característica del relato policial no es el crimen: es la conversación. No nace con una muerte violenta: nace con dos hombres que conversan sobre una muerte violenta. Poe retoma el aire de paciencia infinita de los diálogos platónicos. También Sherlock Holmes, en lugar de decirle a Watson la verdad, le da una serie de instrucciones para llegar a ella. ¿Hace falta decir que ese manual de instrucciones es infinito y que el discípulo nunca se recibe de detective? Al fin y al cabo, si los dos se entregan a la pura intelección: ¿quién se ocupará de arreglar los asuntos domésticos? "Watson, golpean a la puerta". "Holmes, golpean a la puerta". Ninguno abriría.

Fragmentos

En un ajado ejemplar de El lagrimal trifulca (revista editada en Rosario por Francisco y Elvio Gandolfo a comienzos de los años setenta) encuentro un artículo de Bertolt Brecht sobre la novela policial. Siempre había oído que a Brecht le gustaba el policial duro norteamericano, pero aquí hay una enfática defensa de la novela-problema y sobre todo de su condición de mecanismo. Pero lo más interesante es que Brecht señala cómo en las novelas policiales los personajes aparecen fragmentados, iluminados por una luz intermitente, no como una totalidad.

Este principio constructivo del personaje obedece por supuesto a una estrategia narrativa: si supiéramos todo de todos los personajes, sabríamos cuál es el asesino. Pero a la vez este rasgo de la novela termina convirtiéndose en una teoría sobre las relaciones humanas. Las novelas susurran en nuestros oídos: no conocemos realmente a nadie, vemos a todos de un modo intermitente, hasta los más cercanos pueden guardar un secreto que escapa a nuestra conciencia.

Muchos relatos llevaron esta duda, que se pregunta por los otros, al mismo yo. Así a menudo es el mismo detective el que emprende una investigación que cree ajena y termina cumpliendo con el mandato oracular del "Conócete a ti mismo". Así ocurre con el detective de El angel caído, de William Hjorstberg. Encargado de buscar en Nueva Orleáns a un legendario músico de jazz, Harry Angel termina haciendo una indagación sobre su propia identidad. También los héroes de Paul Auster en las novelas de la Trilogía de Nueva York se descubren a sí mismos en los vericuetos de su investigación.


Erik Lönnrot, detective inventado por Borges en el cuento La muerte y la brújula, se da cuenta recién al final de que él no es, como creía, el observador impersonal de procesos lógicos, sino alguien que pertenece también al mundo de la pasión. Para Kracauer, la figura del detective está en espejo con la del sacerdote. (Ajeno a la física y judío, toma de la física atómica y del catolicismo sus metáforas). El detective, como el cura, es célibe y debe poner en contacto una esfera superior con una inferior. Pero su gran hallazgo es cuando descubre el lugar esencial del policial, el centro político y poético de la trama: el hall del hotel, donde los destinos se cruzan. En su capítulo "El vestíbulo del hotel", Kracauer compara ese espacio con la iglesia. Allí la sociedad se reúne y el sacerdote-detective actúa para poner en escena la ceremonia de la razón.

Desde luego, hay otros halls de hotel posibles, y tanto Agatha Christie como P.D. James saben como amueblarlos: hospitales, trasatlánticos, islas desiertas. Una vez más, lo que es una convención práctica (qué mejor lugar para reunir a personajes que apenas se conocen que un hotel) se convierte en metáfora de la vida.

Columbo es una rara cruza entre el detective de la novela inglesa y el héroe moral de la novela dura norteamericana. Para él la inteligencia no es un don, lo dado, sino algo que laboriosamente se construye. Su insistencia con los sospechosos ("Si me permite, tengo una última pregunta") es una puesta en escena de su visión del trabajo detectivesco donde ocupa un lugar esencial el empeño.

En uno de sus casos, a Columbo le toca investigar una muerte que involucra a los miembros de un "club de genios" en el que sólo son aceptados los que tienen un altísimo coeficiente intelectual. Para el principal sospechoso, presidente del club, Columbo no es un rival de cuidado. El detective admite que la diferencia intelectual entre ellos es muy marcada. Sin embargo, le dice, no está dispuesto a darse por vencido. Cuando comenzó su carrera como detective se dio cuenta de que en el departamento de policía había gente mucho más inteligente que él. Comprendió que sólo con un extraordinario esfuerzo podría estar a la altura de sus compañeros. Por eso se acostumbró a pedir más de sí mismo. Y por eso finalmente logra atrapar al culpable, aunque sea el presidente del Club de los Genios.

Pero esa insistencia de Columbo no pertenece sólo al mundo moral, sino al gnoseológico. Cuanto más se prueba, más posibilidad hay de encontrar la respuesta correcta. El hacerse el tonto es el arma más sofisticada de la inteligencia. "Si el tonto persistiera en su necedad, se volvería sabio", escribió el visionario William Blake.

Cuartos cerrados

La parte de la filosofía más afín al relato policial es la lógica. La lógica estudia las reglas del pensamiento, y el detective, por intensa que sea su intuición, sabe que debe actuar por reglas. En los libros elegidos por Kracauer, importa más el cómo que el quién. En un plano de psicología funcional, cualquiera puede cometer el crimen; lo que importa es cómo pudo ser posible lo imposible.

Los relatos policiales de esa época tienen dos formas esenciales, cuyo encanto sigue intacto. La primera es el crimen del cuarto cerrado, como El doble crimen de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe, o El misterio del cuarto amarillo, de Gastón Leroux.

El problema lógico que plantea es cómo, dentro de la información dada, que parece cubrir todo el espectro de lo real, queda un hueco que permite hallar una realidad distinta. El cuarto cerrado plantea la pregunta: cómo conocer más allá de la apariencia.

La otra es el crimen en serie. Hay una serie de asesinatos de personas no vinculadas entre sí, pero alguna señal permite ligar estos asesinatos en una precisa constelación.

Así ocurre en El crimen de la guía de ferrocarril, de Agatha Christie, en La muerte y la brújula, de Borges, en Crímenes imperceptibles, de Guillermo Martínez. La pregunta ya no es cómo es posible lo imposible, sino qué sentido tiene: cómo descifrar el mensaje hecho de muerte.

La novela de Martínez es además una reflexión sobre la serie, en ese caso la serie matemática. En su novela (y también en su ensayo Borges y la matemática) aparece una impugnación a la teoría que leemos en el final del cuento de Borges, de que dados tres elementos de una serie, se puede predecir el cuarto. Lo que observa Martínez es que dados tres elementos, no hay una única respuesta para el cuarto. El filósofo Ludwig Wittgenstein hubiera estado de acuerdo con él: alguna vez propuso la serie 2, 4, 8, 93, sugiriendo así que cualquier elemento puede ocupar el cuarto lugar, porque siempre puede inventarse una regla que lo justifique.

Wittgenstein era muy aficionado a las novelas policiales. Sin embargo, con excepción de Chesterton y de Agatha Christie, no le gustaban los relatos de enigma. Se hacía enviar por correo la revista norteamericana Smiths & Street's Detective Stories Magazine, cuyos protagonistas eran detectives duros, más afines a las trompadas que a los delicados razonamientos. Su autor favorito era el hoy olvidado Norbert Davis (1909-1949) autor de Rendez vous with fear. Los héroes de Wittgenstein eran los hombres de pura acción, que no salían del mundo de la apariencia a través del desciframiento, sino de la irrupción y la violencia. La apariencia no es un código para descifrar, sino un telón que hay que desgarrar.

Amnesia

El detective clásico vive el enigma como un modo de huir de sí mismo. Cuando el enigma se demora, aparece el tedio. Son famosas las escenas de la casa de Baker Street, con Holmes fumando la pipa y Watson leyendo el periódico. A través de las características de esta espera, Kracauer opone la figura del detective a la del aventurero. El aventurero es el héroe que sale en busca de la aventura, mientras el detective la espera. El aventurero se levanta con el alba y salta del lecho apenas abre los ojos.

Los detectives no. Sherlock Holmes se levanta muy tarde, Hércules Poirot pasa horas acicalándose antes de presentarse en sociedad. Tienen, en el fondo, temperamento de artista: la oscilación entre la actividad frenética y el derrumbe. El aventurero es la memoria viva de todas sus peripecias. Encuentra su identidad en el largo camino que lo ha llevado hasta allí. Su personalidad ha sido modelada por los acontecimientos. El detective, en cambio, es puro olvido.

Los acontecimientos no lo modifican: él es siempre el mismo, hasta el punto que puede olvidar sus viejos casos. "La concentración mental intensa tiene una curiosa manera de borrar lo ya pasado", le dice Holmes a Watson. "Cada uno de mis casos desplaza al anterior". En esto el lector acompaña al detective en su capacidad de olvido.

Las novelas de aventuras, que siguen el tipo del "camino del héroe", con una meta, colaboradores y obstáculos, son fáciles de recordar. Pero de las novelas policiales recordamos poco y nada, salvo al detective.

Para Platón, conocer es recordar; para Kierkegaard, conocer es repetir. Para Holmes, y para todos los lectores aficionados al género, conocer es olvidar.

Kracauer Básico
Francfort, 1889-Nueva York, 1966.
Filósofo

Fue uno de los teóricos más influyentes del movimiento que generó la Escuela de Fráncfort. Filósofo, sociólogo y teórico del cine, se dedicó al estudio de los fenómenos marginales de la cultura, generando una novedosa concepción del campo cultural del siglo XX. Entre sus obras se destacan De Caligari a Hitler, Jacques Offenbach o el secreto del Segundo Imperio y El ornamento de la masa. La novela policial constituye uno de los primeros ensayos sobre un género literario menospreciado por la intelectualidad de la época.

23.4.10

Por desconocimiento, por vergüenza o hasta por 'sofisticación' se deteriora el idioma español

DÍA DEL IDIOMA
A veces, parece que en Colombia el idioma no tuviera normas sino sugerencias


fOTO:aRCHIVO.fUENTE:vive.in

Un mal homenaje a una tradición perdida de haber sido, otrora, un país que se preciaba de "hablar y escribir el mejor castellano" la lengua de Cervantes, que es la verdadera patria.

"Por eso, no es raro que se inventen normas y se traigan palabras de otros idiomas, sin necesidad. Así, en buena parte de los avisos, la tilde brilla por su ausencia, mientras el apóstrofo, que en español solo se usa para marcar formas de hablar (pa' marcar formas de hablar) pulula en peluquerías y negocios (Diego's Peluquería, Lisandro's Pub, etc.)

El experto en español Fernando Ávila pone los puntos sobre las íes: "Las normas buscan que nos entendamos y, si no las cumplimos, corremos el riesgo de no entendernos".

Algunos argumentan que, como sea, los letreros se entienden: "La gente que detecta el error se ajusta y lee, pero, por ejemplo, a los niños que están aprendiendo a leer les queda muy difícil", dice Ávila.

Ni hablar de los nombres de locales y de servicios. "Escriben show room, en vez de sala de ventas, con la falsa creencia de que van a vender más. Creo que eso muestra falta de conocimiento del español. Además, los letreros en otros idiomas evidencian un complejo de inferioridad".

Usar palabras de otros idiomas se ha vuelto cosa diaria. "Antes tomábamos café con leche, pero está de moda pedir un 'caffé latte' (nombre del italiano), lo que es una sofisticación innecesaria", comenta Ávila.

Una buena idea es traducir. Si la carta de un restaurante tiene los platos en francés, sería cortés escribirlos también en español.
Algunos que anuncian en inglés argumentan que, al hacerlo, están pensando en una sociedad globalizada.

Un ejemplo es cuando una cervecería escribe "Handcrafted beer".
Ávila opina: "Puede ser que estamos pensando en una Bogotá turística y que el extranjero entienda, lo que está bien. Pero, lo mínimo es que el letrero estuviera también en español: "Cerveza hecha a mano". En el País Vasco los avisos están en vasco y en español, y así no se ofende ninguna comunidad".

De todos modos, vale recordar que, según la Ley 14 de 1979, los avisos de los negocios "se dirán y escribirán en la lengua española".

Tampoco hay razón para omitir las tildes, pues es falso que las mayúsculas no las llevan. "No hay distinción entre minúsculas y mayúsculas. Quizá, la razón es que las máquinas de escribir viejas no tenían tilde para las mayúsculas, pero no hay una norma que diga que las mayúsculas no se tildan", señala Ávila.

En todo esto quedan peor las entidades del Estado, pues en Colombia el español es un idioma oficial. Visto así, los autos de la 'Policia' deberían ser de la Policía y la Secretaría de Educación de Bogotá debería anunciarse así y no como si fuera el despacho de la "secretaria de 'Educacion'".

Todo listo para celebrar el Día del Libro

Fundalectura y la Alcaldía de Bogotá inauguran hoy los Centros de Lectura en Familia y la Biblioteca para Jóvenes en las localidades de Engativá, Rafael Uribe Uribe, Usme, Suba y Kennedy.

Además, se presentan tres novedades del programa Libro al viento, alusivas al tema del Bicentenario: Soy Caldas, Viva la Pola y Nariño soy yo.

BibloRed tiene preparados talleres y ofrecerá afiliación gratuita a todos los mayores de 18 años interesados en hacer uso del préstamo de material de lectura.

Por su parte, en el Centro Cultural Gabriel García Márquez habrá descuentos del 10 por ciento en todos los libros y se obsequiarán tarjetas de descuento a las personas que compren libros por un valor de 70.000 pesos.

En la Universidad del Rosario se realizará la II Jornada del Libro Universitario en el Espacio Ciudadano. Este evento se extenderá hasta el 30 de abril, en la plazoleta central.

En Medellín, 13 editoriales han donado los 1.550 libros nuevos que hasta la fecha conforman el Banco del Trueque, que se realizará en la Universidad de Eafit, este viernes entre las 10 a.m. y las 7 p.m.

En Quibdó habrá talleres literarios en la sala infantil y en el auditorio del Banco de la República.

En Tunja se realizarán lecturas y una venta de bodega, en el pasillo de la entrada principal de la biblioteca.

En Pasto, la Fundación Espantapájaros realizará un taller de lectura infantil en la biblioteca de Comfamiliar de los barrios surorientales.

Bogotanos leen más de tres libros al año

Abre la Feria del Libro de Buenos Aires,que "entra por los ojos"

DÍA DEL IDIOMA
Pantallas, banderas y fotos enormes atraerán al público en el gran evento cultural del año

VER Y LEER. Todo listo para una edición en la que se destaca la utilización de recursos visuales.fOTO;fUENTE:Revista Ñ

"La 36ª Feria del Libro, que hoy abre sus puertas al público, es cada vez más parecida a un buen plato de comida: entra por los ojos. Basta con pasar la puerta que da a la avenida Sarmiento para que, entre las banderas de los países expositores y las columnas que dan ingreso al enorme Espacio del Bicentenario, se genere el primer impacto visual, que se desplegará a lo largo de todo el predio.

Es que el recurso de la imagen parece no agotarse. Los stands, que no pueden extenderse hacia los costados, lo hacen hacia arriba colgando letras, tapas de libros, esculturas de chicos leyendo o adornos típicos de las naciones que representan, como los Países Árabes o Japón. A la vez, las paredes ilustradas de cada espacio ­con una foto enorme de Eduardo Galeano, con algunos de los protagonistas de la Revolución de Mayo o con un retrato de Tomás Eloy Martínez, a quien el Grupo Santillana dedica un sector de su stand­ sirven para captar la atención del público y para organizar los temas ofrecidos.

Con recursos visuales se promociona la participación de las estrellas invitadas: Alessandro Baricco (el autor de Seda); los españoles Antonio Gamoneda y Enrique Vila-Matas; el estadounidense John Katzenbach y el provocador colombiano Fernando Vallejo.

Los recursos multimedia, más usados que en ediciones anteriores, son otra forma de acompañar la oferta bibliográfica: abundan las pantallas que muestran la programación de cada editorial o los paisajes de la provincia o país que representan. Una novedad de esta edición: habrá kioscos de música. Justo donde el pabellón verde se transforma en el azul, se han montado cuatro máquinas expendedoras de MP3, en las cuales se podrá comprar canciones sueltas, con tarjetas prepagas de entre 10 y 100 pesos. Claro que también habrá música gratis. Y qué música: Caetano Veloso se presentará el 1° de mayo para cerrar la Noche de la Ciudad en la Feria.

Una característica, previsible, de esta Feria: el Bicentenario es excusa de varios estantes en más de un stand. A-Z Editora, Grupo Santillana y el INDEC son sólo algunos de los que le dedicaron un sector a la efeméride más popular de 2010. También se destaca el espacio que montó la Presidencia de la Nación, que nuclea entre otros a Cancillería, la secretaría de Cultura y la Biblioteca Nacional.

Todos estos recursos son sólo un condimento extra para el plato principal: los libros, que entre pantallas, sillones de colores, charlas, debates y murales, no pierden su lugar sino que están mejor expuestos que nunca, listos para ser retirados de los anaqueles, clin, caja, y a la biblioteca de casa.

La Feria, que se extenderá hasta el 10 de mayo, empieza con una gran novedad: hoy abre sus puertas en forma gratuita para el público, desde las 18 y hasta las 22. El acto inaugural será a partir de las 18.30 en la sala Leopoldo Lugones.

Allí, los oradores anunciados son Mauricio Macri, Jefe de Gobierno porteño; Horacio García, presidente de la Fundación El Libro; Jorge Coscia, secretario de Cultura de la Nación y Alberto Sileoni, ministro de Educación nacional. Cecilia Milone cantará el Himno Nacional y los tangos Uno y El día que me quieras, y Víctor Heredia y Teresa Parodi leerán textos de Mariano Moreno (sobre la creación de la biblioteca pública), Joaquín V.

González, Manuel Ugarte y Ricardo Rojas (Blasón de plata). La presencia de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner aún no está confirmada.

Como un buen plato de comida, la Feria está servida y todos esperan que resulte un gran alimento...para el alma.

Los editores debatieron sobre el futuro del libro

DÍA DEL IDIOMA
En la redacción de Ñ, se reunieron para mantener un diálogo con algunos de los responsables de la revista y discutir sobre el futuro de los libros

Ñ.Un estilizado diseño de la letra, realizado en los siglos XI y XII.Símbolo del Idioma Español.fOTO:.fUENTE: Revista Ñ

"Invitados de Fundación Typa (Teoría y Prácticas de las Artes), Caroline Chang, de Brasil; Carles Torner , de Cataluña; Ottavio di Brizzi, de Italia; Paca Flores, de España; Kexing Ma, de China y Jackeline Montalvo, de Estados Unidos; conversaron en intimidad con los editores de Ñ Jorge Aulicino, Julián Gorodischer, Raquel Garzón, Horacio Bilbao y Diego Erlan. Los primeros se interesaron en el prisma particular con el que Ñ intenta decodificar y reflejar el estado de situación de la actividad cultural en Argentina. Los anfitriones, en cambio, preguntaron sobre las experiencias particulares de cada uno de los invitados.

"Por desgracia el de la cultura es un mundo que les importa a muy pocos", rompió el hielo Flores, que obtuvo el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial en España en 2008, por su trabajo en la Editorial Periférica, que editó entre otros al argentino Fogwill y al mexicano Yuri Herrera. Di Brizzi , responsable editorial de B.U.R. (Biblioteca Universale Rizzoli), sello de libros de bolsillo de ese gigante editorial italiano, lamentó que esa esfera informativa fuera la más perjudicada –casi siempre- en los medios tradicionales y trasladó la discusión a Internet, una plataforma que también le interesa para llevar sus libros.

Di Brizzi se entusiasmó con el desarrollo del mercado de libros electrónicos, mientras que Flores señaló que hasta que no haya un consenso general en cuanto al hard y al software más conveniente, su editorial no apostará a ninguno de los modelos que ahora compiten sin sacarse demasiada ventaja. La representante norteamericana, aunque nacida en Puerto Rico, destacó -en tanto- el campo cada vez más importante que los e-books van ganando en la primera economía del mundo.

Más tarde y luego de pedirles a los periodistas recomendaciones sobre autores argentinos con un posible futuro venturoso en sus países de origen, Torner reflexionó acerca de su experiencia como coordinador de la participación de Cataluña en 2007 como invitado de honor en la Feria del Libro Frakfurt. Ese rol será ocupado este año por la Argentina. "Es importante decir -sobre todo por lo que parece ser la discusión aquí- que (Frankfurt) tiene un efecto de descubrimiento sobre la literatura, pero lo que el explica el éxito relativo que tuvimos, fue que empezamos a subvencionar la traducción de los libros catalanes 4 años de Frankfurt y luego hemos proseguido con esa tarea", subrayó.

La traductora independiente china Kexing Ma, que llevó al gigante asiático textos de autores como Guillermo Martínez y Luis Sepúlveda detalló las dificultades que debe sortear para superar los órganos censores de su país.

Jackeline Montalvo, en tanto, comentó cómo fue el trabajo bilingüe y de traducción con La maravillosa vida breve de Oscar Wao, del dominicano Junot Díaz, ganador del Pullitzer 2008 y uno de los más destacados invitados a la Feria porteña del año pasado.

El diálogo, que se extendió durante aproximadamente dos horas, sirvió para unos y otros para empezar a vivir la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires en el año del bicentenario nacional.

En la lengua se juega la identidad

DÍA DEL IDIOMA
Cuando el lenguaje circula con vida entre docentes y alumnos, se construye una visión del mundo sostenida en la subjetividad de cada uno

ESPERANZA. "Los alumnos que leen y escriben poesía en el aula se acercan al secreto más misterioso de la creación", supone Pradelli.fOTO;fUENTE:Revista Ñ

Por: Angela Pradelli

Hace cinco años, en el marco del Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebró en Rosario, escuché a un poeta, el escritor nicaragüense Ernesto Cardenal, afirmar respecto a la muerte de las lenguas: "Cuando una lengua desaparece, no son sólo palabras las que se pierden. Cuando se muere una lengua, es una visión del mundo lo que desaparece". Partiendo de Cardenal, podemos llegar también a la otra orilla y preguntarnos: para que la lengua viva en las aulas, ¿qué es lo que se enseña y qué se aprende?

Los profesores, en nuestras clases, tenemos que valorar la vacilación de la lengua como algo sagrado, preservarla en lo insondable de la materia que enseñamos. Escribir una oración breve puede ser una operación compleja y dificilísima. Se ponen en juego no sólo la circulación de las palabras, también los silencios, las jergas, la cadencia, el fraseo. El lenguaje corre allí con su energía creadora. La polisemia de la lengua es casi permanente: es imposible hablar sin matices, es imposible desatender a la vitalidad de ciertas frases y tonos. Los acentos de un poema nos revelan un mundo y nos ocultan otros. La intensidad de una prosa que nos afecta puede perturbarnos.

Los alumnos que leen y escriben poesía en el aula se acercan al secreto más misterioso de la creación. Cuando los estudiantes elaboran argumentaciones y construyen relatos hablan también, siempre, de su propia identidad. Vivimos en un mundo que se desborda de señales, que está repleto de mensajes. Cada gesto, cada color, las posturas, incluso los silencios tienen algo para decirnos.

Pero necesitamos las palabras para cargar a cada uno de ellos de cierta significación. El punto y las comas marcan la respiración de nuestras enunciaciones. Cuando los alumnos construyen sus textos, orales o escritos, deciden también, en la compleja red de la sintaxis, dónde acontecerán sus propios silencios. En la construcción de textos los silencios ya no son sólo límites del lenguaje. En el silencio se oye el eco de la palabra que está presente incluso allí, en su ausencia.
El lenguaje tiene reflejos a partir de los cuales se instala en la creación. Los discursos que acontecen en el aula, los discursos de los otros y los propios, laten en la capacidad de su propia invención. Nada queda fuera: los enunciados de los medios, las conversaciones entre amigos y con las parejas, los mensajes de las autoridades de la escuela, la historia, la filosofía, el cine, la matemática, los blogs, el chateo, los muros del Facebook, los mensajes de texto, las canciones.
Nuestros enunciados, personales y también sociales, nuestros discursos amorosos, profesionales, los diálogos entre alumnos y docentes, cualquiera de nuestros discursos opera sobre una gramática compleja y traza un mapa de nuestra subjetividad. En los pliegues más remotos de nuestra intimidad hay elementos sociales y públicos que inciden en ella y la determinan. Es imposible no oír las distintas lenguas que circulan dentro de la misma lengua.


La riqueza de una clase puede ser ilimitada si valoramos los espacios de los diálogos "interlinguales". La capacidad del lenguaje es tremenda. Por la lengua construimos una mirada personal sobre el universo, nuestra propia humanidad depende de nuestras palabras.

La respuesta a qué se enseña y qué se aprende en las clases de lengua la encontramos también en aquel poeta nicaragüense cuando en Rosario habló de la vida de las lenguas. Hacia allí van los aprendizajes, hacia la construcción de una visión del mundo. En el aula, cuando el lenguaje circula con vida entre alumnos y profesores -en las bocas, los cuadernos, las pantallas- se construye, sobre todo, una visión del mundo.

Aunque por momentos, o quizás por eso mismo, el lenguaje se ponga imposible y nos haga balbucear a todos con una lengua de trapo. "Tropezamos, dice George Steiner, en ocasiones visceralmente con impalpables pero rígidos muros de lenguaje. El poeta, el pensador, los maestros de la metáfora, hacen arañazos en ese muro. Sin embargo, el mundo, tanto dentro como fuera de nosotros, murmura palabras que no somos capaces de distinguir."

La intensidad de las palabras que se dicen puede ser tan potente como el vigor de las palabras que se callan. Los que hemos hecho de la lectura y de la escritura los ejes de los aprendizajes, construimos las clases sobre estas dos columnas que nos sostienen y nos permiten atravesar con nuestros alumnos los umbrales siempre infinitos que nos internan en el nervio de las palabras, en la ambigüedad, y también en la música, los sonidos y en el silencio.

¿Cómo nacen las palabras?

DÍA DEL IDIOMA
El editor John Naranjo acaba de publicar La fascinante historia de las palabras

Para la carátula de 'La fascinante historia de las palabras', el diseñador colombiano John Naranjo se basó en una ilustración del biólogo alemán Ernst Haeckel.


"Un origen 'sui géneris' tuvo el libro 'La fascinante historia de las palabras', del periodista uruguayo Ricardo Soca. En lugar de nacer en el papel y dar el salto al mundo virtual, como está ocurriendo gracias al 'boom' de aparatos de lectura digital, la publicación de Soca se fue escribiendo primero en la web.

"La magia de las palabras me atrae desde mi lejana infancia. Yo era el tipo de niño que no conseguía hacer una suma o una resta, pero que no tenía una sola falta de ortografía, que conversaba sobre significados y etimologías o comparaba con vocablos extranjeros", comenta Soca.

Este curioso 'hobby' lo llevo a crear en 1996, cuando comenzaba el furor de Internet, 'La página del idioma español' (www.elcastellano.org). Luego, en el 2002, el periodista comenzó a enviar desde su página un correo masivo, titulado 'La palabra del día', que hoy cuenta con 189 mil suscriptores.

Esa fue la materia prima de 'La fascinante historia de las palabras', un hermoso libro-objeto, con el que se estrenan en el mundo editorial el diseñador bogotano John Naranjo y su esposa, la fotógrafa Carolina Rey.

"Yo creo que el compromiso y el gran esfuerzo que tiene que hacer un editor hoy es ofrecerle a los lectores una experiencia vivencial y tangible que solo sea perceptible en los sentidos a través del libro", explica Naranjo, quien se preocupó por combinar las texturas mates y brillantes con un diseño original de las páginas interiores.

Para acompañar las definiciones, que superan las quinientas palabras, provenientes, entre otros, del árabe, de idiomas nórdicos y de americanismos, Naranjo diseñó durante varios meses cerca de 200 ilustraciones, inspiradas en la técnica del artista surrealista Max Ernst, que solía hacer un 'collage' con grabados antiguos.

Muchas de las imágenes, por ejemplo, combinan cuerpo humano con cabeza de animales o de objetos, explica Naranjo, ganador en dos oportunidades del Premio Society of News Design, uno de los más prestigiosos en ese campo, en Estados Unidos.

"Mi mayor preocupación es diseñar imágenes que tengan un valor que va más allá de la producción multitudinaria", agrega Naranjo, quien se inspiró para la carátula en una obra del biólogo alemán Ernst Haeckel. "Al ver las imágenes quedé maravillado. Se me ocurre que cada uno de esos colibríes es una palabra".

EL CAMINO DE LAS PALABRA POR LA HISTORIA

- Belladona: esta planta toma su nombre del italiano 'bella donna' (bella mujer). Su origen viene del siglo XVI, cuando las mujeres de las cortes italianas ingerían la atropina (alcaloide presente en la belladona) antes de los bailes para dilatar sus pupilas y lucir más sensuales.

- Hincha: el primer hinca de fútbol vivió en Montevideo. Era un hombre encargado de inflar (hinchar) los balones, al que llamaban el 'hincha Reyes'. Sus gritos por el Club Nacional se volvieron tan famosos, que luego la palabra se fue aplicando, en general, a todos los seguidores de un club futbolístico.

- Cínico: su origen viene los miembros de las escuelas griegas que solían burlarse "como perros" de la gente común y mediocre. La palabra proviene del griego 'kyon', que significa "perro", que luego derivó en 'kynikós' (los que se mofan como perros), que más tarde seria el vocablo latino 'cinicus'.

- Piropo: debe su origen a la palabra griega 'pyropos', que significa "con aspecto de fuego" o "de ojos de fuego". Esta relación con el fuego "se vincula tal vez a la llama de las pasiones que van junto con el piropo".

- Veneno: La humanidad ha soñado siempre con sustancias estimulantes en el sexo que llamó afrodisíacos, inspirado en Afrodita. En los romanos esta deidad era Venus. De allí que las pociones mágicas para despertar el deseo sexual se llamaron 'venenum'. Con el tiempo, esta palabra se extendió para todas las drogas que también causaban la muerte.