13.6.11

La cultura del texto

Una firme cultura del texto y una fina respuesta a los matices textuales inspiran, así, la soberbia novela de Marías en aspectos esenciales, más relevantes todavía que los sugeridos por el título
foto:archivo.fuente:elpais.com

En Los enamoramientos, último ensayo-ficción de Javier Marías, el más interesante de los personajes episódicos monta en cólera cuando topa con una edición del Quijote plagada de errores como fortuna por fontana, gallegos por yangüeses o Pues no fue por Bueno fue.

Santa cólera. Apenas existe en España una cultura del texto. Los aficionados a la música no se contentan con cualquier grabación, sino que buscan la más valiosa entre las muchas existentes. Las pinturas antiguas se someten a laboriosas restauraciones de especialistas para restituirles su apariencia original. ¿Por qué, entonces, no se trata a los clásicos con iguales exigencias? Una palabra ajena a la intención del autor, una frase que cojea, un agravio al sentido común, ¿son menos importantes que una nota desafinada o la tizne que esconde un tornasol? La Real Academia Española avala ahora con su autoridad una "Biblioteca Clásica" destinada a publicar las obras maestras de nuestra literatura en ediciones fieles a la más exigente cultura del texto.

Una cultura a la que Marías presta homenaje poniendo en el centro de Los enamoramientos un dilema textual. En el trasfondo de toda la obra, y largamente evocado, está, en efecto, un relato breve de Balzac, Le colonel Chabert, en cuyas líneas finales el abogado Derville atestigua haber conocido horrores que ningún novelista podría imaginar: "He visto a mujeres darle al niño de un primer lecho gotas que debían traerle la muerte, a fin de enriquecer al hijo del amor".

Así lo traduce Javier, el protagonista de Marías, orientado ("quizá") en sus lecturas y en sus designios criminales por el aludido personaje episódico. Pero cuando la narradora, María, se va al original francés, encuentra que habla de mujeres que dan al primer hijo gustos (goûts), no gotas (gouttes), que lo llevarán a la muerte.

Todas las ediciones rezan goûts, mientras gouttes es una conjetura, del tipo que se consigna en un aparato crítico. Comprendemos sin embargo lo que hubo de pasar por la cabeza de Marías frente al pasaje citado. La frase de Balzac no cobra sentido si no se descifra como resumen de una trama, de una novela posible. Pero ¿qué gustos pueden ser los que se inculquen a un hijo para abocarlo a morir? La respuesta a tal perplejidad es una corrección textual que permite imaginar fácilmente la trama en cuestión: gotas, se entiende que de veneno (por más que ése sea un uso no documentado en La Comédie humaine).

La narradora duda entre ambas posibilidades, como duda entre las varias versiones de su propia historia. Pero el tema que fascina a Javier Marías y que se constituye en núcleo de Los enamoramientos es el que depende de aceptar goûts en el texto: la "muerte maquinada", urdida pero no ejecutada, el "lento plan" para que "venga sola o caiga por su propio peso", en la percepción de que "es muy distinto causar la muerte... que prepararla", distinto "también que desearla, también que ordenarla", porque quien la fragua siempre podrá decirse: "¿Acaso estaba presente, acaso cogí la pistola, la cuchara, el puñal, lo que acabara con él? Ni siquiera estaba allí cuando murió".

Una firme cultura del texto y una fina respuesta a los matices textuales inspiran, así, la soberbia novela de Marías en aspectos esenciales, más relevantes todavía que los sugeridos por el título. Ésas son también las virtudes que la Real Academia Española se propone fomentar con la nueva "Biblioteca Clásica" que desde hace casi dos siglos estaba entre sus obligaciones estatutarias y que ahora comienza con cuatro espléndidos volúmenes.

Nunca con mayor oportunidad. Cada vez son menos quienes, sencillamente, saben hablar, leer y escribir: quienes son capaces de expresarse a sí mismos y entender a los demás con otra cosa que el idioma estándar al que los someten los medios, el poder, los leguleyos

... El español se ahoga con la mordaza del lenguaje único. Sin ir más lejos, la metáfora y la hipérbole del estilo figurado, los juegos de palabras, la singularidad, la elegancia y la propiedad en el léxico, son ya incomprensibles para la mayoría. Frente a una lengua en ruinas, volver los ojos a la literatura, con los clásicos por delante, es toda una esperanza de riqueza y libertad.

Francisco Rico (Barcelona, 1942), académico y catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, es director de la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española, de la que se han publicado los cuatro primeros volúmenes: Cantar del Mío Cid; Milagros de Nuestra señora, de Gonzalo de Berceo; Gramática sobre la Lengua Castellana, de Antonio de Nebrija, y La vida del Buscón, de Francisco de Quevedo (Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores).

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