18.4.11

Buenos Aires lectora

Capital Mundial del Libro en 2011, sede de la 37° de la Feria Internacional del Libro, la ciudad como productora y sede de la cultura dispara análisis y ficciones, en tiempos en que el libro vive su mayor transformación

LA CIUDAD Y LOS LIBROS. Edición especial de la 37° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.foto.fuente:Revista Ñ
El lector en el subte. La imagen se reitera en este número dedicado a Buenos Aires. El lector en movimiento pero absorto, indiferente al estruendo de la ciudad. Un lector sumergido en un libro que acelera el viaje o que maldice la velocidad del trayecto porque compite con su avance en la página. Visión casi utópica de una ciudad que se recorre leyendo. ¿Regla o excepción? Mientras algunas voces, como la de Beatriz Sarlo, señalan la condición excepcional de esta imagen y observan una pérdida de la vocación lectora de los porteños en contraste con otros tiempos, otras, como la de Serra Bradford, registran su obstinada supervivencia y ven en esto una marca, un sello de la ciudad. Ante la próxima inauguración de la Feria del Libro en su 37a edición y a propósito de la declaración de Buenos Aires como capital mundial del libro por la Unesco, este número especial de Ñ presenta múltiples enfoques para imaginar, investigar y analizar ese vínculo entre la ciudad y los libros, incluida su problematización.

En primer lugar, la ciudad en los libros. Cada época, cada literatura, cada escritor construye su ciudad. La ciudad mitificada de Borges, o la ciudad de contrastes, en plena transformación, de Arlt, ejemplos clásicos. El barrio de Flores de Girondo o el Flores de Aira, que, como señala en este número Martín Kohan, favorece por su medianía y trivialidad la irrupción de lo extraordinario. ¿Qué ciudad imaginan y representan los nuevos escritores? De manera recurrente, ciertas literaturas actuales –Bruzzone, Havilio, Cabezón Cámara, Puenzo, Avalos Blacha, Incardona, Meret, Strafacce– recorren una ciudad ampliada, que sortea los límites de la General Paz y se interna en el conurbano profundo: Berazategui, Villa Celina, Fiorito, Don Torcuato, Morón, las villas de San Isidro, Opendoor… Son territorios donde rige otra lógica civilizatoria –observa Ana Laura Pérez– de la que dan cuenta textos que incorporan la corrupción, la violencia, la contaminación y el desempleo pero en un registro que, la mayoría de las veces, rumbea hacia lo fantástico.

Por otra parte, la ciudad, que expande sus horizontes de percepción a través del arte, se hace presente a través del análisis de Daniel Molina sobre la Torre de Babel de Libros de Minujín, nueva obra participativa en la que, como intérprete de la tribu, la artista entreteje los sentidos del mito –la diversidad de lenguas, los inicios de la escritura– con los nuevos rumbos de la cultura contemporánea en la que el libro se desmaterializa y la lectura se vuelve fragmentaria y multimedial.

Así como el símbolo de Babel condensa el pasado y el porvenir, la Feria del Libro, con sus 37 años de historia, se planta este año de cara al futuro, con su nueva directora, Gabriela Adamo, quien, entrevistada por Ñ , anticipa sus proyectos de innovación. Su tarea no es poca, a juzgar por el panorama del sector, que pone en perspectiva la situación de la industria editorial en el contexto de la lengua y de la región. Frente a este presente de la Feria, apenas al cruzar la avenida, en Plaza Italia, la ciudad nos coloca frente al libro pero más lejos de la industria y más cerca de los usos y de la circulación al nivel de la calle. El escritor Félix Bruzzone sale a buscar libros (o chicas) y hace la crónica de la vida del feriante, desde Parque Rivadavia a Plaza Italia.

Con una larga carrera como bibliotecario, Federico Jeanmaire relata la experiencia bastante particular de la Biblioteca del Congreso que, por muchos años, mantuvo un insólito turno trasnoche. Durante los inhóspitos años 90, ese ámbito insomne fue abrigo de estudiantes e investigadores que llegaron a ser más de doscientos, a la espera del mate que les servían cada noche. Como Beatriz Sarlo, Jeanmaire recuerda el daño profundo que la dictadura hizo a la cultura y al libro, tema que analiza en profundidad Judith Gociol, coautora de Un golpe a los libros , para quien la lógica del mercado, en la actualidad, no difiere mucho de la que lograron imponer los militares. La distopía de la ciudad sin libros es retomada aquí por Andrés Neuman, quien dibuja un futuro hipertecnológico de ciudadanos que han quedado "sofisticadamente en blanco". En otra propuesta ficcional, los escritores Félix Bruzzone, Serguio Olguín, Esteban Castromán, Mariano Blatt y Leonardo Oyola revivieron a un personaje porteño de Güiraldes y lo hicieron vivir las aventuras del presente en un texto a diez manos.

Si de viajes se trata, ¿cómo ven a Buenos Aires los escritores que vienen (o vinieron) del interior? Angélica Gorodischer, Santiago Sylvester, María Martoccia y Carlos Busqued lo cuentan en clave autobiográfica, crítica o ficcional. En otro viaje –de Ñ para participar del Salón del Libro de París– Jorge Aulicino recuerda su curiosidad por la ciudad de los exiliados norteamericanos y descubre la fiesta en una librería del barrio Latino, émula de la de Sylvia Beach, pero argentina, claro.

Y si es cierto, como afirman muchos en este número, que en Buenos Aires hay menos lectores, esos pocos han de ser movedizos. Los múltiples recorridos de un bibliófilo son narrados por Matías Serra Bradford, para quien la librería de viejo es la "reserva natural de la literatura". Y algo de eso hay. El punto en que la bibliomanía se cruza con la vocación lo representa, finalmente, el anticuario Alberto Casares, quien revela los secretos de un oficio misterioso y augura, optimista, una convivencia armoniosa entre el libro digital y el tradicional.

No hay comentarios: