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12.10.10

Abad Faciolince regresa a España con la alegría de un "exiliado español"

El escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, que alcanzó el éxito con El olvido que seremos, dedicado a la memoria de su padre asesinado, vuelve a España tras diez años de ausencia con la alegría de un "exiliado español", pero firme en su rechazo a la exigencia de visado a sus compatriotas

Héctor Abad Faciolince, autor colombiano de El olvido que seremos.foto.fuente:lainformacion.com

Abad Faciolince fue uno de los intelectuales colombianos, junto a Gabriel García Márquez y Fernando Botero, entre otros, que firmó en 2001 un manifiesto en protesta por la exigencia de visado a los colombianos para entrar en España.

"Sigo pensando que exigirles visado a los ciudadanos de los países hispanoamericanos es una ofensa y un error", afirma Héctor Abad en una entrevista con Efe hoy en Madrid, donde participa en el festival VivAmérica que se desarrolla en la capital española hasta el próximo domingo.

Motivos personales le han llevado a romper su "palabra empeñada" de no regresar, pero cree que aquella decisión sirvió "de alguna manera" para que las autoridades españolas entiendan que Latinoamérica no iba "siempre a recibir pasivamente" las imposiciones burocráticas e impedir que ese requisito se extendiese como una "plaga" a otros países.

El autor de "Fragmentos de amor furtivo" reconoce que esa ausencia voluntaria ha sido "dura" y "costosa", y que, en cierta manera, se sentía "como un exiliado español que prometía que no iba a volver hasta que no muriera Franco".

"Me hubiera gustado ser como el poeta José Bergamín, que esperó hasta la muerte de Franco, pero yo fui más como (Luis) Buñuel que no fui capaz de esperar hasta el final", dice Abad.

Afincado en Medellín, su ciudad natal, Héctor Abad ejerce también como observador que trata de "descifrar" la realidad de su país y aunque sabe es complicado ofrece su diagnóstico: "El problemas es muy claro, la mitad de la población es pobre".

Por ello a la hora de ofrecer soluciones, indica que "muchos son partidarios de una revolución y otros de una evolución".

"Yo -prosigue- estoy con los que creen que tiene que haber una evolución, pero menos lenta que la actual, porque las revoluciones que se han hecho no han conducido a una mejoría radical de los problemas en los países que lo han intentado".

Héctor Abad conoce bien otra de las lacras de su país: la violencia. Su padre, Hécto Abad Gómez, un conocido médico y defensor de los derechos humanos, fue asesinado a manos de presuntos paramilitares en 1987.

A él le dedicó "El olvido que seremos", un relato conmovedor e íntimo, pero que el escritor quiso hacer público ante la "humillación pública" y el "escarnio" que considera que supuso aquel asesinato.

Y de ese trágico hecho surgió "la belleza de una historia" en la que se da la paradoja de que "sin la tragedia real hubiera sido imposible una buena tragedia escrita", puntualiza.

Abad, que asegura que siempre busca "un camino, una voz y una manera" distintas de contar las historias, avanza que no abandonará la figura del padre en su próxima obra y que inspirándose en una experiencia real narrará el devenir de un párroco enamorado de la "sosa vida" de una familia que le despierta el deseo de tener hijos.

"Ahora -relata el escritor- que se habla de tantos curas pederastas, yo que soy un ateo manso, quiero escribir sobre este cura bueno que fue a mi casa mientras esperaba un trasplante de corazón y se enamoró de la vida familiar e incluso de mi esposa".

Abad, quien se ha visto inmerso en la polémica que rodea a Ingrid Betancourt tras la publicación de su libro "No hay silencio que nunca acabe", es consciente de que "el odio" que siente mucha gente en Colombia y en otras partes del mundo por la ex candidata presidencial le "ha salpicado", pero no le preocupa.

Abad asegura que el oficio de escritor consiste en ponerse en el lugar de otra persona. Y por ello, concluye, que si "no es capaz de sentir compasión y solidaridad" por la situación "inhumana y espantosa" que vivió Ingrid Betancourt sería "una persona insensible e incapaz" de hacer el oficio que hace.

Mercedes Bermejo

20.9.10

W. Ospina retrata a su propio Bolívar

En busca de Bolívar, responde las preguntas más urgentes que tenía Ospina sobre el Libertador

William Ospina, autor de El país de la canela.Foto: Rodrigo Sepúlveda.fuente:.vive.in

En el proceso de investigación, Ospina leyó, entre otros, las biografías de Indalecio Liévano, de Ludwig, las memorias de Luis Perú de Lacroix y parte de la correspondencia personal del Libertador.

"Bastó que muriera para que todos los odios se convirtieran en veneración, todas las calumnias en plegarias, todos sus hechos en leyenda". Esta frase, con la que el escritor William Ospina comienza su nuevo libro 'En busca de Bolívar', además de deleitar al lector, de entrada, con ese sello narrativo tan personal, retrata la imagen solemne del ese personaje histórico con la que muchas generaciones crecieron.
¿Cuál es su percepción sobre el uso de la imagen de Bolívar?

Yo diría que Bolívar es un personaje muy complejo. Todo el mundo tiene derecho a querer imitarlo y querer aprender de él, pero es desafiante abarcarlo y recibir la compleja herencia, también porque Bolívar tenía, como todo ser humano, sus defectos.

¿Qué va a encontrar de novedoso el lector sobre un personaje del que tanto se ha escrito?

Para mí, casi todo es nuevo porque yo, por supuesto, no he leído las inmensas bibliotecas que se han escrito sobre su vida. Es posible que los especialistas de Bolívar sepan mucho de lo que fue su vida, pero el común de los ciudadanos, entre los cuales me cuento, no tenemos una información suficiente sobre él. Yo he querido hacer un libro personal, tratando de responder algunas preguntas que yo me hago sobre él.

¿Con qué Bolívar se encontró?

Con un Bolívar como símbolo del romanticismo de comienzos del siglo XIX, con Bolívar como discípulo de la Ilustración, como interlocutor de los filósofos de aquel tiempo, como aprendiz de la estrategia napoleónica, como inventor, de alguna manera, de la idea de la República en América, como viajero, como aventurero, como soñador, como seductor, como bailarín, como psicólogo y como aventurero; y el modo en que todas esas cosas se fusionaron para crear un personaje de una talla histórica asombrosa, inclusive a despecho de un continente que pocos ejemplos nos puede mostrar de tanta persistencia y de un pensamiento tan abarcador, capaz de conciliar los sueños con la realidad.

¿En qué radica su magnetismo para que grandes escritores le hayan dedicado un libro?

Hay algo que le fascina al arte y es que, como decía alguien, nadie se anima a celebrar a un triunfador. Es más propicio para el arte interrogar los fracasos. Y Bolívar cumple el ciclo completo. Es, en los comienzos, un gran soñador; en la mitad de su vida, un gran triunfador, y al final de su vida, un gran derrotado. Muchos de sus sueños de esfuman, muchos de sus seguidores lo abandonan o lo traicionan y, sin embargo, la grandeza de su sueño sigue viva. Entonces nos podemos permitir el lujo de admirarlo y de celebrarlo, sin sentir que estamos solamente celebrando a un héroe victorioso, a un guerrero triunfal, a un ser hecho de autoridad y de poder, sino también la fragilidad de un ser humano que en él también se encarnó.

¿En el contexto de los hombres libertarios e idealistas (Washington, San Martín, Miranda), en dónde lo ubicaría?

Bolívar es alguien que acunó desde muy temprano unos sueños muy grandes y muy altos. Pero además es un personaje que tiene la curiosa característica de que no se traza un sueño único sino que está como modificando, permanentemente su sueño, no en el sentido de cambiarlo sino en el sentido de ampliarlo. Yo le presto a este libro un epígrafe de unos versos de Rilke que dice: "Vivo mi vida en círculos abiertos que crecen sin cesar sobre las cosas" porque me parece que hay algo en Bolívar de ese espíritu del que siempre está viendo crecer sus sueños en el horizonte. A Bolívar lo derrotan en 1811, en la aventura de la Primera República venezolana, y cuando se levanta de esa derrota ya no quiere liberar a Venezuela sino que quiere derrotar a la Nueva Granada; cuando lo derrotan en la segunda república venezolana, en 1814, al levantarse de esa derrota en Jamaica, ya no quiere liberar solamente a Venezuela y a la Nueva Granada sino a todo el continente. Y cuando logra avanzar en ese sueño de Independencia, ya no quiere solo eso sino la unión de las naciones, un sueño aún más ambicioso. Entonces en eso es un personaje asombroso porque además era muy pertinente todo lo que él soñaba. Algunas cosas no estaban al alcance de las manos como otras, en realidad ni la Independencia estaba al alcance de su mano, lo logró más por su obstinación y por la capacidad de convencer a sus propios amigos, que porque fuera una tarea fácil. Fundar repúblicas en América era muchísimo más difícil que funda repúblicas en Europa, en aquellos tiempos. Entonces es alguien que siempre aspira a algo más de lo que es posible y eso es admirable.

¿Y en el contexto de los guerreros (César, Napoleón, Hitler), como estratega, dónde estaría?

Hay algo que cada vez admiran más los que documentan el tema, y es que hay una diferencia muy grande entre librar guerras en Europa y librar guerras en la América equinoccial, porque Europa es una especie de campo de batalla tonificado por el arte de la guerra desde hace dos mil años, en Europa, la estrategia militar se aprende en las academias y en los libros porque ya Julio César había descrito una parte de los movimientos que hay que hacer en un escenario como ese. Y hubo guerras y guerras y guerras, y generales y generales siguiendo esas estrategias y tácticas. Pero el escenario latinoamericano hacía mucho más difícil la guerra porque no era una guerra solamente contra los enemigos sino afrontando las enormes dificultades de la cordillera andina, de los llanos, de las ciénagas, de los páramos, de las borrascas, de los tigres, de una naturaleza demasiado viva y entonces no se puede medir con el mismo rasero la guerra europea donde en unas llanuras se concentran 50 mil hombres a estas selvas y ciénagas y estos montes americanos, donde era una temeridad enorme avanzar, en medio e grandes penalidades. Y por otro lado también está el hecho de que la importancia de una batalla no se mide por la cantidad de soldados que participen en ella ni por la cantidad de muertos que tenga, esa es una manera apocalíptica de mirar la historia; la importancia de una batalla se mide por la importancia de las consecuencias que obró esa batalla. Y la verdad es que Europa ha vivido muchas batallas que no han sido más que sangre y tragedia, pero que no han obrado modificaciones sustanciales en la historia, en tanto que una de Bolívar a veces con 2.500 hombres liberaba una nación entera.

¿Cómo separó la experiencia teatral de 'Bolívar, fragmentos de un sueño', con la literaria de 'En Buscar de Bolívar'?

El caso del trabajo de escribir el libro es un trabajo más trazado en mis propias obsesiones y en mis propias preguntas, en tanto que el ejercicio de trabajar para la obra es, en realidad, creación fundamentalmente de Omar Porras, para la cual yo aporté algunos textos, algunas reflexiones, algunas ideas.

En busca de Bolívar
William Ospina
Norma

12.8.10

La palabra de Dharmadeva

FERIA DEL LIBRO
Después de 12 años de vivir en India y regresar convertido en maestro de yoga, Ignacio Zuleta Lleras recobró la novela que escribió a finales de los años 80 y debuta en el mundo literario
Ignacio Zuleta Lleras o Dharmadeva, autor del libro 'Narciso en vilo'.foto.fuente:elespectador.com

La novela quedó lista en 1987, pero no era el momento de los lectores. Tampoco su autor volvió a pensar en ella porque entonces su búsqueda espiritual era prioritaria e incesante. La prueba es que cinco años después viajó a India y se quedó 12 años. Regresó en 2004 transformado en maestro de yoga con una definida vocación en dos facetas: la pedagogía desde su compromiso con la conciencia y la prosa para compartir su experiencia de vida más allá de las fronteras.

De nuevo en su ciudad natal y entre su gente, Ignacio Zuleta Lleras recibió una sorpresa: un amigo le devolvió el manuscrito de la novela que él le había pedido evaluar más de dos décadas atrás. La revisó en su estructura, volvió a sentir que su aliento y su métrica le daban la esencia para leerla en voz alta, y decidió que era el momento de que fuera de todos. Este domingo 14 de agosto, con el sello de Taller de Edición Rocca ve la luz con el sugestivo título de Narciso en vilo.

La historia de dos hombres cuyos destinos se cruzan en una Bogotá contemporánea que empieza a verse modificada por los vericuetos de la violencia política, y tejen una relación en la que la percepción sensorial, el amor o la simple cotidianidad trazan la ruta de sus almas. La cicatriz del Holocausto del Palacio de Justicia en la intimidad de su encuentro y el protagonismo de una urbe entre acechante y luminosa que despliega su atmósfera como un costumbrismo imaginado.

Una novela sin apologías de género ni predisposición sexual. Más bien fluida entre matices poéticos, desencantos generacionales o calambures bogotanos. El universo que palpó en sus entrañas Ignacio Zuleta a finales de los años 80 y ahora describe dándole vida a sus personajes por la calle 19, la Plaza de Lourdes, Chapinero o el Cementerio Central, en su capital de siempre, que hace 23 años dejó sin muchas esperanzas y hoy redescubre cambiada por el poder de la educación.

Una ciudad donde, a sus 55 años de edad, ha encontrado los escenarios ideales para seguir cultivando su vida espiritual. Su yoga "laico", como denomina a su condición de instructor de esta práctica, independiente de escuelas, proselitismos o líneas de sucesión, personal y auténtico desde su condición de Dharmadeva que considera más sobrenombre que sucedáneo de Ignacio Zuleta Lleras. Y desde su nueva condición de narrador, con una deuda pendiente: 12 años en India que merecen más de un relato.

Y como buen nieto del ex presidente Alberto Lleras, aunque sin ambiciones políticas, está interesado en desempolvar su tarjeta profesional de abogado para recobrar la profesión que nunca ejerció, y que ahora quiere poner al servicio del agua, la tierra o el aire, los invaluables recursos que hoy encuentra más deteriorados que cuando emprendió el camino a Oriente, entre otros aspectos, por la indolencia de "un país arribista ahogado por la mentalidad corrupta y narca".

La palabra de Ignacio Zuleta que regresa del pasado, plena de musicalidad "casi endecasílaba", para actualizarse en una sociedad que sabe llena de dificultades pero también repleta de bondad. Su Colombia de ayer y hoy con sus desigualdades intactas, pero donde el vocabulario fluye tanto como la vida misma. Un destino del que ya está convencido puede ayudar a crecer, no desde las reformas de siempre sino, al estilo de Mandela o Gandhi, desde la abundancia del corazón.

7.8.10

¡Escriba como los maestros!

¿SE PUEDE ENSEÑAR A ESCRIBIR?



Por: Julio César Londoño

POR supuesto que sí, aunque los escritores se empeñen en hacernos creer que lo suyo es un don divino, una cualidad marciana, un misterio impenetrable, como la inteligencia, el mesmerismo o la telepatía. Cuando se los interroga, responden con gravedad: "Nadie entiende los arcanos de la escritura, y si alguien los entendiera no podrá enseñarlos, y si alguien lograra enseñarlos no será comprendido".

Tampoco digo que sea una tarea fácil. No hay fórmulas que garanticen la calidad de un ensayo, digamos, pero sí podemos enseñarle al alumno la poética del género, darle una bibliografía básica, ponerlo en guardia contra los errores más comunes y, sobre todo, vacunarlo contra cuatro enemigos letales: el patetismo, el proselitismo, la vanidad y la ternura.

Con estas ideas en mente, he diseñado un taller de escritura creativa compuesto por las siguientes asignaturas:

Gramática básica: estudio de la naturaleza de las palabras, vistas de manera aislada (morfología), y la manera de enlazarlas en series lógicas (sintaxis), sin perder de vista que un idioma no es un sistema arbitrario de signos sino la manera como un pueblo siente la realidad y dialoga con su tradición.

Teoría literaria: definiciones de géneros, tropos, escuelas, tendencias y estructuras, en el lenguaje plano y elemental que las enciclopedias estilan.

La poética vuelve sobre los mismos asuntos de la teoría, pero lo hace con el lenguaje y la agudeza de los grandes maestros (v. gr. los "decálogos" de Poe, Quiroga, Bolaño, Monterroso, etc.). La teoría es una asignatura técnica mientras que la poética es una suerte de filosofía de la literatura; pero ambas, teoría y poética, son de carácter abstracto, general.

La crítica, en cambio, es concreta y particular: resulta de aplicar la teoría y la poética (+ filosofía + sociología + historia de la literatura + lo que usted guste) al análisis de una obra o un autor determinado, sin olvidar que el asunto es la literatura (no la filosofía, ni el psicoanálisis, ni la sociología) y que las conclusiones deben ponerse en lenguaje literario. O, para decirlo con las palabras de Harold Bloom: "En crítica, es válido analizar el estilo de Freud en clave de Shakespeare, pero no es válido leer a Shakespeare en clave de Freud".

En el capítulo narrativa se estudiará el cuento, esa forma sintética y esencial cuyo protagonista es el argumento, y la novela, que es un género de personajes (o como dijo Philip K. Dick: el cuento trata del crimen, la novela del criminal). También nos ocuparemos aquí de la estructura del relato: manejo del espacio y del tiempo (que puede ser lineal u oscilante), la inserción de descripciones pertinentes y la construcción de personajes con relieve, es decir, "dotados de un ADN singular", como quiere Roberto Rubiano.

El ensayo es el lenguaje del pensamiento, o "la mejor manera de sostener con gracia un punto de vista original", según Jaime Alberto Vélez, y tiene tres partes: introducción, desarrollo y cierre. Estudiaremos por qué es éste el género de más importancia social, la conveniencia de investigar mucho pero desechar luego las 9/10 partes del acopio, y la razón de que la cualidad clave de un ensayista sea su capacidad de mantener un equilibrio exacto entre el rigor y la especulación.

La última asignatura a estudiar será el periodismo literario, ese poderoso invento de Gabo, Truman Capote y Gay Talese en los años cincuenta, ese híbrido que mezcla las estructuras, la claridad, el impacto y las vastas audiencias del periodismo con el poder de seducción de la poesía.

Los interesados en tomar estos contenidos pueden obtener más información en La Fundación Casa de la Lectura de Cali: Tels.: 5581818 y 3175385416, casalectura@yahoo.com.

A los 93 años, publica su primer libro

El bogotano Edgard Westendorp duró casi 29 años escribiendo la saga épico-fantástica Egon

Edgard Westendorp Restrepo, de 93 años, muestra la fotografía de su hermano medio Camilo Torres, a quien le llevaba 11 años.foto.fuente.vive.in


Tomo primero de la saga 'Egon', del bogotano Edgard Westendorp Restrepo

Tomo segundo de la saga 'Egon', del bogotano Edgard Westendorp Restrepo

Como lo buenos vinos, el bogotano Edgard Westendorp Restrepo tardó cerca de 29 años en terminar la que considera "la más importante expresión de su vida". La saga épico-fantástica 'Egon', una de las novedades de la próxima Feria Internacional del Libro de Bogotá.

"Su escritura empezó después de un sueño que tuve", comenta el autor, de 93 años, y agrega que la inició en 1974, como un proyecto personal de vida, cuando se pensionó de su trabajo en un banco en Santiago de Chile, donde vive desde hace más de cinco décadas. Sin embargo, nunca pensó en que llegaría a publicarla.

Fue gracias a la insistencia de su sobrino-nieto, el bogotano Jorge Pradilla, quien cada vez que lo visitaba en Chile le preguntaba sobre el libro, que Westendorp se decidió, un día, a recuperar del 'baúl de los recuerdos' la obra cumbre de su vida.

"El 28 de abril de 1999, mi tío me llevó a un cuarto, me hizo bajar una caja de cartón que había encima de un armario y me dijo: 'Usted es el único que me ha preguntado por el libro. Es suyo'", comenta emocionado Pradilla, quien regresó a Colombia con su "tesoro" en la maleta y con la promesa de que algún día se lo publicaría.

Vistazo al mundo de Mittgard

El texto fue creado en siete grandes tomos, escritos en una vieja máquina Remington, con la historia del imaginario mundo de Mittgard, en Escandinavia del siglo IV. Los tomos estaban acompañados de mapas hechos a mano por su autor, que describían, de manera milimétrica, todo un universo fantástico de territorios y genealogías.

En esa región legendaria, cuyos reinos se enfrentan por alcanzar el poder de un imperio sumido en la anarquía y las intrigas de las familias, surge la figura esperanzadora de Egon, un guerrero de ascendencia noble, que deberá enfrentar las batallas más cruentas y protagonizará las historias de amor más sensuales, con varias de las mujeres que encontrará durante su travesía.

Luego de permanecer varios años guardado en Bogotá, en un pequeño baúl, Pradilla contó con la complicidad del editor Benjamín Villegas, quien luego de leer el libro se montó en esta aventura editorial. A ellos se unieron Beatriz Caballero, hija del escritor Eduardo Caballero Calderón, quien se le midió a levantar en computador toda la saga, y Leandro Carvajal, quien se dedicó, durante más de un año, a la edición y revisión de datos.

"El sueño de mi tío fue tener su libro y el mío publicárselo. Lo he hecho realidad y, ahora, salgo para Chile a llevárselo de sorpresa, en los próximos días", concluye Pradilla.

EL HERMANO MEDIO DE CAMILO TORRES

Hijo de un inmigrante holandés y de una bogotana de la alta sociedad, Edgard Westendorp Restrepo y su hermana Gerda quedan huérfanos de padre cuando son muy niños. Años más tarde, su madre se casó de nuevo con Calixto Torres, de cuyo matrimonio nacieron Fernando y Camilo, a quien Westerndop adoró de manera particular.

"Siempre vio en mí a su hermano mayor y yo me sentía su segundo padre. Durante la etapa de la Universidad Nacional y del movimiento político que lideró, no pude estar cerca de él, pero compartía sus ideales. La verdad es que su muerte me afectó mucho. Yo amaba a mi hermano. Guardo siempre a mi lado una foto suya, con su sotana negra, que me envió como algo premonitorio de su muerte", concluye.

Egon
Edgard Westendorp R.
Villegas Editores

4.8.10

“Los informantes”, de Juan Gabriel Vásquez

Esta novela viene precedida por su fama. En 2009, fue la única obra no escrita en lengua inglesa elegida por Amazon como una de las diez mejores novelas del año


Los informantes. Juan Gabriel Vásquez
Alfaguara (México, 2010)

Mario Vargas Llosa ha dicho de ella que es "una poderosa historia sobre los sombríos años inmediatamente posteriores a la Segunda Guerra Mundial", testimonio de la riqueza de la imaginación de su autor, "así como de la sutileza y elegancia de su prosa". Tampoco le han ahorrado elogios Javier Cercas, John Banville y Alfredo Bryce Echenique, entre otros escritores y críticos.

¿Merece tales muestras de entusiasmo Los informantes (2004), de Juan Gabriel Vásquez (Colombia, 1973)? En mi modesta opinión, sí. Reeditada por Alfaguara en este 2010, esta novela no solo es relevadora de un pasaje poco conocido de la historia colombiana, sino que también explora con tino temas como la traición, la culpa, el perdón, la memoria y la relación entre padres e hijos; asuntos, pues, que a todos nos tocan de alguna u otra manera.

El narrador del libro es el joven periodista Gabriel Santoro. Luego de tres años distanciado de su padre, que lleva su mismo nombre, el joven visita al viejo a instancias de este. Gabriel padre será sometido a una delicada operación de corazón y al parecer no quiere pasar por el trance sin la compañía y el apoyo de su hijo. A raíz de este reencuentro, el narrador rememora el incidente que lo alejó de su padre: luego de que el joven publicara un biografía sobre una vieja amiga de su padre, Sara Guterman, una emigrada alemana que llegó a Colombia a los 14 años, huyendo junto a su familia del régimen nazi, Gabriel viejo publicó una crítica despiadada del libro. Su hijo nunca entendió el encarnizamiento de su progenitor. Solo lo entenderá cuando, luego de la muerte de este, salga a la luz un ominoso secreto que marcó a su padre de por vida.

Los saltos temporales son uno de los recursos principales de los que se vale esta novela. El narrador se mueve con fluidez por distintas épocas tanto de su propia vida como de las de su padre y Sara. De los días anteriores a la operación del viejo pasamos a los años posteriores a su muerte, luego al tiempo en que el narrador empezó a escribir el libro que provocaría la ruptura con su padre o a los días en que Sara partió de su país convulsionado o al momento en que Gabriel joven lee la crítica de su padre a su biografía. Todos estas historias y tiempos distintos se revelan, conforme avanza el libro, íntimamente ligados, de modo que sin uno de ellos no se entendería el resto. La fragmentación temporal le permite al autor hacer avanzar varias tramas a la vez, al mismo tiempo que genera expectativas en el lector por los vacíos entre ellas, los cuales se irán llenando poco a poco.

Juan Gabriel Vásquez (Foto: Alfaguara)

Los informantes es una novela que golpea emocionalmente al lector: ya sea cuando lo entera de la persecución de la que fueron víctimas los alemanes refugiados en Colombia luego de huir del horror del nazismo, o cuando lo expone al propósito malogrado de un viejo de reorientar su vida o al de un joven que se debate entre el afecto y la repulsión por su padre, el libro, sin caer nunca en el melodrama, lo enfrenta a situaciones dolorosas y muy significativas para el puñado de personajes que lo protagonizan. Toda la obra está atravesada por desencuentros, violencia y la nostalgia del camino que no se tomó, de la infamia que no se evitó, la palabra que no se dijo.

No ofrece Los informantes conclusiones categóricas sobre los temas que aborda. El lector no podrá extraer lecciones de la novela. El autor más bien narra, con gran habilidad, una serie de historias engarzadas que suscitan, además de la respuesta emocional, la reflexión intensa sobre algunas de esas preguntas que los seres humanos se han hecho y se seguirán haciendo siempre, tal vez sin encontrar nunca respuestas definitivas. Quizás a ello se deba la honda impresión que el libro deja.

Javier Munguía
Fuente: http://javiermunguia.blogspot.com

Más que un libro, una biblioteca pública

Qué es un libro digital y qué ventajas tiene sobre el papel, además el primer e-book colombiano

El e-libro. foto:archivo.fuente:vive.in

La vida de Pablo Arrieta, un ávido lector de cómics y de cuantas páginas descubren sus ojos, gira alrededor de los libros. Hasta su propia apariencia, de personaje de novela de piratas de Emilio Salgari, parece evocar la literatura y ocultar su verdadera profesión de arquitecto, diseñador e instructor certificado por varias firmas de software.


Es difícil cuantificar los libros que ha leído Arrieta durante sus 38 años de vida. Y más ahora, cuando, además de los volúmenes que invadieron las paredes de su apartamento como una hiedra multicolor, compra novedades literarias en su libro digital Sony Reader, descarga textos de clásicos en su iPhone y devora historietas animadas en su iPad.


Con este último dispositivo, Arrieta rebasó la frontera que separa al lector del autor digital y pronto finalizará una obra multimedia que podría ser el primer e-book para iPad que publica en Colombia la editorial Planeta. Tendrá enlaces a los mejores sitios web que ha navegado en sus más de 15 años de 'cibernauta', imágenes en movimiento y sonidos para ampliar la experiencia del texto plano.


La historia de este ciudadano de la red es novedosa en Colombia, pero mucho más común en un entorno global, en el que se espera que, el próximo año, el 10 por ciento de los libros que se vendan en el mundo sean digitales. De hecho, hay editoriales como O'Reilly, especializada en libros de tecnología, que calcula que venderá el 50 por ciento de sus textos en formato digital.


Los e-books se extienden como un virus por todo el mundo, como se puede constatar en las salas de espera de cualquier aeropuerto de Estados Unidos, país donde las ventas de libros digitales casi se cuadruplicaron durante el último año, al pasar de 25 millones de dólares en el primer trimestre del 2009 a 91 millones de dólares en el mismo período del presente año.


Skip Prichard, presidente de la firma de servicios editoriales Ingram Content Group, va más allá. Según planteó en el seminario TOC (Tools of Change), en febrero de este año en Nueva York, los libros digitales ya están muertos, cuando tienen no más de tres años de vida. Según Prichard, las versiones actuales son apenas copias al carbón de sus primos de papel y no cumplen con la promesa del contenido digital. "En los próximos años, los libros digitales serán reemplazados por versiones mejoradas que harán que las historias cobren vida. La innovación redefinirá incluso qué es un libro".

¿Qué es un libro digital?

Y es que cuando en 1924 Ivor A. Richards describió el libro como "una máquina de pensar", difícilmente podría haber profetizado una mejor descripción de los actuales dispositivos digitales, que conservan el texto como su principal recurso, pero están llamados a ofrecer experiencias más complejas, que emulan las películas de cine y las redes sociales de Internet.


Compendios centenarios como el Diccionario en inglés de Oxford se quedan cortos al definir al e-book como "una versión electrónica de un libro impreso que puede ser leído en un computador personal o un dispositivo de mano, diseñado especialmente para este propósito".


Más bien, los libros digitales son cada vez menos libros y más bibliotecas, porque pueden almacenar centenares de obras en el mismo espacio físico; o más mediatecas, porque pueden ofrecer contenidos multimedia que permiten comprender mejor su contenido; o más talleres literarios, porque pueden ser reescritos por sus propios lectores, solos o en compañía.


Para el experto Francis Pisani, luego de su experiencia en universidades como Berkeley, Stanford y Harvard, hay varias etapas sucesivas que pueden marcar la redefinición del libro digital:

1- Los textos con enlaces. Las conexiones son importantes y los ejemplares que se consiguen hoy no tienen vínculos a sitios de Internet ni notas de pie de página, que pueden complementar el contenido inicial.

2- El relato multimedia. Hay algunos experimentos, como el de Paper Logic, que promueve lo que llama web documentales, en los que se pueden agregar videos y elementos multimedia al relato del libro.

3- La modificación del estilo de la expresión. Por ejemplo, Tim O'Reilly (fundador de O'Reilly Media y uno de los autores del concepto Web 2.0) lanzó un libro sobre Twitter en el que cada página se concibe como una presentación de Power Point. Puede incluso estar en papel, pero la expresión viene modificada por los cambios culturales.

4- El libro del cual participamos todos. Ya se están dando proyectos de creación colectiva, similares a lo que acaba de proponer YouTube, de hacer una película con videos enviados a esta plataforma, que serán ensamblados y tendrán la producción final del cineasta Ridley Scott.


En medio del calor del mes de julio en París, Pisani recuerda sus veranos de hace diez años, cuando viajaba con diez libros en la maleta porque quería tener diferentes lecturas según su estado de ánimo. Hoy, cuando emprende sus vacaciones, lleva apenas su Kindle con 80 diferentes títulos a bordo, que pueden ser ampliados como quiera y con el peso de una revista.


"A la gente que dice que todavía es mejor el papel y que el libro digital no se puede llevar a la playa, hay que recordarle el tamaño de la primera Biblia de Gutemberg, que pesaba una tonelada y medía un metro de altura. El libro digital evolucionará y no hay duda de que en 20 años se leerán menos cosas en papel, pero probablemente más historias", advierte Pisani con su voz nasal digitalizada gracias a la magia de Skype.


--"Dentro de las nuevas expresiones culturales, tenemos que mencionar que en el 2009 cinco de los diez mayores best-selllers de Japón fueron escritos por Twitter", dice el periodista y catedrático francés Francis Pisani.--

Otras cosas que debes saber acerca de los libros digitales:

¿De quién es este libro?

¿Cómo conseguir un libro digital?

El libro digital hace su agosto


1.7.10

'El Librero', en el Malpensante

La revista cuenta con la destacada sección 'Los Libros', que publica en español reseñas de The New York Review of Books

Sergio Dahbar es periodista, escritor y director de 'El Librero'.foto.fuente:elespectador.com

El rumor es cierto. La reconocida revista literaria El Librero, con su intención de ampliar el radar sobre las letras de estas latitudes, lanzará su edición para Colombia en el marco del Festival Malpensante 2010.

Esta publicación comenzó a correr por las calles de Venezuela por primera vez en agosto de 2006 con la idea de ser gratuita, mensual, de darles información especializada sobre libros a lectores y libreros, y con la intención de que cuando la gente lo tuviera en sus manos quedara boca abierta por su edición de lujo.

La revista cuenta con la destacada sección 'Los Libros', que publica en español reseñas de The New York Review of Books, pero además número tras número pasa revista a las novedades editoriales en el campo de la narrativa, de la crónica, la historia y el ensayo, así como hace unos curiosos análisis de la presencia de la literatura de los países latinoamericanos en las diferentes ferias del libro en el mundo.

En 2009, después de 1.200 libros reseñados, un centenar de entrevistas y 30 ediciones de la revista El Librero abrió su página web locosporloslibros.com en donde mantiene al tanto a sus lectores de las coyunturas editoriales.

"Esta revista busca salirle al paso a la idea de que las revistas bien pensadas y bien producidas no tienen viabilidad en Venezuela, así como otra tan perversa como la anterior, que no hay lectores en el país para sostener tantas páginas mensuales", asegura el director de El Librero, Sergio Dahbar, periodista, escritor, crítico de cine, promotor cultural que estará invitado al Festival Malpensante 2010 y presentará este nuevo paso de la revista ante un grupo de destacados periodistas, el domingo 4 de julio a las 4:30 p.m., en la Zona de Lectura Radisson Royal.

9.6.10

Cien años de soledad en wayúu

Estaría disponible en la lengua hablada por indígenas wayuunaiki de zona limítrofe entre Colombia y Venezuela

Gabriel García Márquez, autor de Cien años de soledad.foto:archivo.fuente:vive.in

Así se refirió el sábado el experto Félix Carrillo, uno de los impulsores del proyecto de llevar a esa lengua la obra cumbre de Gabriel García Márquez.

García Márquez, ganador del premio Nobel de Literatura en 1982, "ya dio su consentimiento" para que la novela sea traducida en breve al wayuunaiki, señaló Carrillo en entrevistas radiales.

Añadió que el proyecto fue concebido como un mecanismo de difusión de la cultura y reforzamiento de la integración entre los indígenas de la comunidad wayúu, que viven en el departamento de La Guajira y el estado venezolano de Zulia.

Traductores, estudiosos de la lengua y otros expertos de La Guajira, Zulia y la comunidad wayúu participarán en el proyecto, avalado por el ministerio de Cultura de Colombia, según Carrillo.
Además del texto en wayuunaiki, los indígenas podrán contar con un producto audiovisual de la novela de García Márquez, se informó.

Cien años de soledad (1967), que narra la historia de la saga familiar de los Buendía a través de varias generaciones en el pueblo de Macondo y menciona episodios del mundo indígena del Caribe, ha sido traducida a más de 35 lenguas.

25.5.10

Leer las mentes criminales

Las biografías de los asesinos en serie más perturbadores de la historia

El catedrático Miguel Mendoza se adentró en las historias de los criminales más despiadados del siglo XX.foto:Daniel Gómez.fuente:elespectador.com

"Debemos tener cuidado al mirar al fondo del abismo, porque el abismo también nos mira: el que lucha contra monstruos no debe convertirse en uno", sentenció alguna vez Robert Ressler, famoso investigador de crímenes violentos.

La misma frase se la repite a menudo el escritor y catedrático Miguel Mendoza, quien ha ocupado los últimos 13 años de su vida para aventurarse a caer en las profundidades de las mentes más perversas, confusas, negras y misteriosas de los asesinos en serie.

Mendoza ha sentido desde siempre una pulsión, una fascinación, por descifrar la maldad humana. Se adentró en el tema primero a través de la literatura, luego por medio de los libros de crímenes reales y, finalmente, tuvo un encuentro sentenciado con el crimen real. "He tenido una gran curiosidad por tratar de descifrar esos laberintos de la mente criminal, porque ahí también hay una forma de conocer la complejidad humana, ahí también me doy cuenta de esas potencias de la condición del hombre en su peor faceta".

Después de leer una y otra vez muchas de las investigaciones del FBI, este profesor, quien consagró su capricho en la cátedra Asesinos en serie en la Universidad Javeriana, empezó a descubrir algo perturbador. Como un tiro a quemarropa, se dio cuenta que muchas de las idealizaciones que el cine y la literatura han creado en torno a figuras como Jack el Destripador o Jeffrey Dahmer (quien mataba porque sólo se podía relacionar con cadáveres) no le hacen justicia a la verdadera complejidad y a la realidad del modus operandi que se esconde en estas mentes que caminan el mundo por sus márgenes.

"¿Que por qué sentimos esa cierta seducción por los asesinos seriales? Primero, por su tipo de crimen, en apariencia desprovisto de cualquier fin y ligado primordialmente a la obtención de placer. Luego hay siempre un gran interés, porque de manera inconsciente nos vemos susceptibles de ser víctimas y queremos entender cómo sería enfrentarse a un monstruo", explica Miguel, y añade: "Y también habría una fascinación un tanto oscura una vez que son personas que han traspasado las barreras de lo permitido, el asesino tipo Hannibal Lecter tiene ese encanto de alguien muy inteligente y sensible, pero que no tiene el menor reparo en ninguna norma legal o moral, y se construye como una especie de ser poderoso".

Con este libro, Asesinos en serie, de 295 páginas, Mendoza decidió exponer, desde un enfoque descriptivo y analítico, las características patológicas del perfil del asesino en serie, así como adentrarse en las biografías de los más peligrosos del mundo. Lista que encabeza el colombiano Luis Fernando Garavito ( 190 víctimas).

"Frente al asesino en serie la psiquiatría no se pone de acuerdo si este tipo de sujetos nacen o se hacen. No se sabe si influyen factores genéticos, contextuales, sociales o biográficos. Cuando te adentras en las biografías de hombres como Ted Bundy (del que se dijo: 'Lástima que sea usted un asesino, de lo contrario sería un gran abogado') o John Wayne (el payaso asesino) empiezas a notar que muchos no tienen traumas de la infancia, que no tienen un comportamiento antisocial en la adolescencia, que su vida social fue completamente normal, e incluso reconocida, que gozan de buena apariencia y de dinero. Otros, por el contrario, tienen un perfil más asocial, el típico sujeto tímido, retraído. Entonces es una galería de monstruos con miles de rostros que tiene sólo algunos elementos comunes", explica el escritor, quien asegura que quizás uno de los puntos en los que la comunidad médica está más clara es que un asesino en serie es "incurable".

El encuentro íntimo y literario con la historia de estranguladores, caníbales, mujeres y hasta niños asesinos es un viaje tremendo a la oscuridad humana que está sólo esclarecido por la luz que Mendoza intenta encender en torno a la comprensión y el análisis de un fenómeno que ha socavado la imaginación de las autoridades policiales y médicas. "La mayoría de asesinos son sanos, en la medida que saben lo que hacen, su cerebro funciona más o menos de forma adecuada, pero su sistema moral está pervertido y su lógica sobre la bondad o la maldad no es igual a la del resto de los mortales".

21.5.10

Esclavos de un frenético mundo global

El escritor y periodista Juan Manuel Ruiz publica su segunda novela Ciudad adrenalina

Juan Manuel Ruiz (Tunja, Boyacá) hizo su debut literario en el 2006 con la novela El sepulturero..foto.fuente:vive.in

En esas las largas caminatas que hacía por alguna de sus ciudades entrañables (Nueva York, París, Buenos Aires, La Habana, Ámsterdam, México, Lima y Bogotá), el periodista y escritor Juan Manuel Ruiz sintió la necesidad de anotar, en una pequeña libreta, los lugares, calles y demás datos curiosos que llamaban su atención.

Al principio no tenía muy claro para qué le serviría esa información, hasta que en medio del "tedio espantoso" que le producen las largas esperas en los aeropuertos, de manera casi premonitoria, comenzó a escribir su segunda novela, 'Ciudad adrenalina', que llega a las librerías

No es gratuito que sea un aeropuerto el símbolo de inicio de esta historia, que le permite a su creador reflexionar, desde las alborotadas historias de vida de un grupo de jóvenes, acerca del vértigo y el desasosiego que produce este mundo globalizado.

"Creo que esa sensación de sentirse en casa en cualquier parte del mundo genera a la vez un frenesí, en el que ser ciudadano hoy se vuelve algo angustiante", comenta Ruiz, al explicar lo natural que puede significar, en especial para las nueva generaciones, un viaje o un traslado a otro país, en comparación con lo que podía representar para sus abuelos.

"No sé si se vaya a cumplir el vaticinio de Borges de que algún día sólo vayamos a hablar inglés, pero sí creo que llegará un instante en que las fronteras se irán eliminando", agrega el autor, quien, en consonancia con la vida moderna, escribió esta novela entre noticia y noticia radial, en jornadas que arrancaban a las 4 a.m. y finalizaban a las 8 p.m.

Tras el 'world dream'

"Chicago hubiera sido mejor idea. Pero le faltaba el feeling: el aire, la comida, los sueños... no era lo mismo allí que en Manhattan. Manhattan era volver realidad lo que hasta el momento era para cada uno de nosotros la expresión de un ideal que se transmite en un video de MTV". Así describe Camilo Tovar -uno de los protagonistas- su vida en un viejo apartamento de Nueva York con sus compañeros, Louise, Chantal y Patty.

En medio del rock, las drogas y el sexo, ellos, al igual que muchos lo hacen hoy, huyeron de su tierra en busca del 'american dream'. Un sueño que para Ruiz evidencia mejor lo que él denomina el "world dream".

"Ya uno no le apunta a Estados Unidos, en cuanto a sueño, sino al mundo; pues ya no hay límites -anota-. El 'american dream' sigue siendo, digamos, una opción económica para muchos, pero en la sociedad de la información y del mundo global, que está detrás de la novela, lo que hay es un 'world dream', un deseo irrefrenable de poseer el mundo, de conocerlo, de conquistarlo".

En medio de las historias que se van entretejiendo en cada una de las ciudades antes mencionadas, se descubre la vena melómana del autor, su pasión por la relectura y la mirada particular del mundo que lo rodea. "De una u otra manera -explica,- el periodismo me limita al rigor de los hechos, pero la literatura me permite reflexionar frente a ellos. Creo que el espacio más libre que hay en la mente humana es el que le da a uno la posibilidad de comunicarse a través de la literatura".

De este modo, en 'Ciudad adrenalina' confluyen la mirada perspicaz del periodista con la pasión de contar una buena historia literaria. "Creo que, como todo libro, es una labor de arquitectura impresionante, en la que uno no sabe si el edificio logra sostenerse solo, pero ese fue el intento", concluye.

Ciudad adrenalina
Juan Manuel Ruiz
Ediciones Aurora

10.5.10

Desde la otra orilla

La Biblioteca Nacional es sede de un interesante experimento literario: escritores colombianos de distintas generaciones se sientan a conversar por primera vez sobre las impresiones que tienen unos de otros

Andrés Felipe Solano y Piedad Bonnett inauguraron la serie de charlas ‘Desde la otra orilla’.

Solano publicó ‘Sálvame Joe Louis’, su ópera prima, hace dos años.Bonnett acaba de publicar su cuarta novela, ‘El prestigio de la belleza’, con Alfaguara.

La ceiba de la memoria’, la reciente novela de Roberto Burgos Cantor.

Gonzalo Mallarino publicó su nueva novela, ‘Santa Rita’, hace poco más de un año.

Julio Paredes prepara en este momento su próximo libro.

Juan Carlos Rodríguez debutó hace dos años con ‘El viento agitando las cortinas’.

Antonio Ungar publicó en febrero ‘Trece circos y otros cuentos comunes’.

Álvaro Robledo fue nominado al Premio Herralde por ‘Nada importa’,  novela  que reeditó Villegas.
Álvaro Robledo fue nominado al Premio Herralde por ‘Nada importa’, novela que reeditó Villegas.

fOTOS:fUENTE:semana.com
Se leen entre sí, se conocen de cara y están pendientes de lo que los otros publican, pero si algo caracteriza el panorama literario nacional hoy es que "cada escritor anda por su lado".

Parece que la época de las tertulias, de grupos como el de Barranquilla, quedaron atrás y aunque festivales como el Hay y Bogotá 39 han puesto a escritores de distintas generaciones a conversar en los mismos escenarios, persisten los prejuicios y la distancia. ¿Narcisismo? ¿Miedo a ser comparados? ¿soledad 'creativa'? Una cosa es cierta: los mayores sienten que los jóvenes son irreverentes, desparpajados, que aprendieron a moverse por la maquinaria comercial de las editoriales demasiado pronto; mientras los jóvenes los ven a ellos acartonados y opinan que sus libros, discursos y lenguaje son caducos, cosas del pasado. La comunicación entre unos y otros es casi inexistente.

Quizá por eso, la Biblioteca Nacional inició el miércoles 'Desde dos orillas', una serie de charlas entre escritores de distintas generaciones que se irá hasta junio. La inauguración estuvo a cargo de Piedad Bonnett y Andrés Felipe Solano, dos de los más notorios representantes de las últimas generaciones: la que empezó a publicar en los años 80 y los que hacen parte del último boom editorial de jóvenes promesas. Y si algo quedó claro es que el diálogo, algo que vaya más allá de la lectura ocasional, de las charlas de café y de los abrazos y felicitaciones de los lanzamientos, es necesario. Se trataron temas tan diversos como gustos literarios, la crítica y la prensa, la industria y las percepciones que tienen las generaciones entre sí. El resultado: una conversación en la que había varios puntos de encuentro.

El primero es que se leen entre ellos. Sea por las razones que sea -"por respeto al otro, para estar informados o por simple mala leche, para hablar mal de los demás", como dice Nahum Montt, uno de los escritores que consultó SEMANA- es el punto de partida de toda tertulia. Más aún, los jóvenes han leído a los mayores y, al contrario de su aparente desdén, lo han hecho con admiración. De Piedad Bonnett destacan su cuidado con el lenguaje: "La musicalizad de sus frases, la fluidez de sus imágenes", en palabras de Montt. De Tomás González, que su obra explore mundos personales lejos de las modas. Su novela, Primero estaba el mar, fue lectura "fundamental", como dijo Solano en la charla; Juan Carlos Rodríguez, autor de El viento agitando las cortinas, una de las sorpresas de 2008, la llama "una revelación"; y para Antonio Ungar, González, Fernando Vallejo y Evelio Rosero son los escritores de cabecera de la anterior generación. Y la lista sigue: Roberto Burgos, Héctor Abad, William Ospina y Ramón Cote entran, aunque en menor medida.

Los mayores también han leído a los más jóvenes, aunque con mayor reserva. Bonnett dice que ha encontrado talentos como Ungar, Mauricio Bernal y Solano entre los más jóvenes: escritores marginales, como los llama ella, a los que llega de manera intuitiva. Burgos, crítico de libros de Cromos durante muchos años, parece más escéptico: "Tengo la sospecha de que la época de las promesas quedó atrás. Ahora hay aventuras y procesos", y resalta el riesgo narrativo que tomó Juan David Correa en Todo pasa pronto, su primera novela, al escoger un narrador niño. Junto a ellos aparecen Ricardo Silva y Antonio García.

"A mí lo que me impide hablar a esos muchachos es el manejo pobre de las formas narrativas dice Bonnett. No es un problema exclusivo de ellos. Creo que hay en general mucha pobreza de lenguaje y de elementos narrativos". Y el problema, ciertamente, no es exclusivo de ellos. A muchos escritores jóvenes sí les preocupa el lenguaje. En libros como Sálvame, Joe Louis, de Andrés Felipe Solano, es evidente: "Pero eso no significa que haya que hacer algo edulcorado", dijo él. Quizá ni siquiera sea un problema generacional. "Algunos escritores colombianos del siglo XIX tenían prosa y tramas sencillas -recuerda Antonio Ungar- algunos caían en la banalidad y otros no. Lo mismo pasaba con algunos escritores de principios del XX, con otros de mediados del XX, con otros de finales del XX". El quid del asunto está en la calidad, en la fuerza del lenguaje, en tener una voz y un estilo propios. Unos y otros escritores, sin importar su edad, coinciden en que la no tan reciente novela sicaresca, el excesivo realismo y la literatura periodística (que no el periodismo literario) son las que pecan por simplicidad y facilismo.

Es innegable, sin embargo, que mucho ha cambiado el panorama literario entre una y otra generación. Mientras algunos de los mejores escritores de 50 años han sido reconocidos de manera tardía -es el caso de Evelio Rosero y Burgos-, los más jóvenes publicaron su primera novela antes de cumplir 30 años. Esto, por supuesto, no es síntoma de genialidad. Hace 25 años publicar no era una cosa fácil en Colombia. Bonnett recuerda que entonces no había editoriales que distribuyeran libros masivamente. Y asegura que si escritores como R.H. Moreno Durán y Óscar Collazos publicaron, lo hicieron porque estaban en Barcelona, y que si Álvaro Mutis tuvo un temprano reconocimiento internacional era porque estaba en México.

"Hoy -dice Burgos- existe una industria editorial que con sus venturas y desventuras sostiene una producción literaria con mayor constancia. Supongo que el enorme complejo de culpa que dejó en los editores 'Cien años de soledad', y tantos descubrimientos tardíos, llevan a la industria a expiar mediante una mayor atención a los jóvenes. Pero, atención, que no siempre es rigor". Y Bonnett parece estar de acuerdo: "Los escritores se empiezan a convertir en pequeñas estrellas por el aparato comercial, y mientras más jóvenes publiquen mejor. Algunos empezaron a escribir presionados por los adelantos, los plazos y el afán de hacerse conocer". Una situación paradójica, según la escritora, que alaba el crecimiento de una industria, pero un crecimiento del que al parecer no salieron bien librados ni los escritores, que comprometieron sus obras, ni los editores que cometieron errores comerciales por afán.

Pero no todos los jóvenes parecen haber caído en la tentación de publicar a ritmo de instant-book: Solano y Correa debutaron hace más de dos años y en este momento están escribiendo su segunda novela. Y, ciertamente, no todos han caído en el olvido (al menos, no de momento): la narrativa de Ungar ha recibido excelentes críticas por parte de escritores mayores; y el año pasado Villegas reeditó Nada importa, la novela con la que Robledo fue finalista del Premio Herralde hace 10 años cuando él tan solo tenía 24. "Para mí -dice Julio Paredes- lo más interesante está en ver en estos autores una búsqueda por consolidar una obra personal a largo plazo".

Lejos de las diferencias generacionales, de los prejuicios, de las envidias y las vanidades, la discusión es necesaria. En Colombia hay varias generaciones de escritores consagrados o en camino a la consagración, hay una industria establecida (aunque siempre harán falta lectores, libros y librerías) y los círculos literarios están creciendo y son más visibles cada vez. La cuestión de fondo, sin embargo, seguirá siendo la del talento, la de la capacidad para crear mundos significativos, y la de que se produzcan obras trascendentes, que logren decir lo que solo la literatura puede decir.

23.4.10

¿Cómo nacen las palabras?

DÍA DEL IDIOMA
El editor John Naranjo acaba de publicar La fascinante historia de las palabras

Para la carátula de 'La fascinante historia de las palabras', el diseñador colombiano John Naranjo se basó en una ilustración del biólogo alemán Ernst Haeckel.


"Un origen 'sui géneris' tuvo el libro 'La fascinante historia de las palabras', del periodista uruguayo Ricardo Soca. En lugar de nacer en el papel y dar el salto al mundo virtual, como está ocurriendo gracias al 'boom' de aparatos de lectura digital, la publicación de Soca se fue escribiendo primero en la web.

"La magia de las palabras me atrae desde mi lejana infancia. Yo era el tipo de niño que no conseguía hacer una suma o una resta, pero que no tenía una sola falta de ortografía, que conversaba sobre significados y etimologías o comparaba con vocablos extranjeros", comenta Soca.

Este curioso 'hobby' lo llevo a crear en 1996, cuando comenzaba el furor de Internet, 'La página del idioma español' (www.elcastellano.org). Luego, en el 2002, el periodista comenzó a enviar desde su página un correo masivo, titulado 'La palabra del día', que hoy cuenta con 189 mil suscriptores.

Esa fue la materia prima de 'La fascinante historia de las palabras', un hermoso libro-objeto, con el que se estrenan en el mundo editorial el diseñador bogotano John Naranjo y su esposa, la fotógrafa Carolina Rey.

"Yo creo que el compromiso y el gran esfuerzo que tiene que hacer un editor hoy es ofrecerle a los lectores una experiencia vivencial y tangible que solo sea perceptible en los sentidos a través del libro", explica Naranjo, quien se preocupó por combinar las texturas mates y brillantes con un diseño original de las páginas interiores.

Para acompañar las definiciones, que superan las quinientas palabras, provenientes, entre otros, del árabe, de idiomas nórdicos y de americanismos, Naranjo diseñó durante varios meses cerca de 200 ilustraciones, inspiradas en la técnica del artista surrealista Max Ernst, que solía hacer un 'collage' con grabados antiguos.

Muchas de las imágenes, por ejemplo, combinan cuerpo humano con cabeza de animales o de objetos, explica Naranjo, ganador en dos oportunidades del Premio Society of News Design, uno de los más prestigiosos en ese campo, en Estados Unidos.

"Mi mayor preocupación es diseñar imágenes que tengan un valor que va más allá de la producción multitudinaria", agrega Naranjo, quien se inspiró para la carátula en una obra del biólogo alemán Ernst Haeckel. "Al ver las imágenes quedé maravillado. Se me ocurre que cada uno de esos colibríes es una palabra".

EL CAMINO DE LAS PALABRA POR LA HISTORIA

- Belladona: esta planta toma su nombre del italiano 'bella donna' (bella mujer). Su origen viene del siglo XVI, cuando las mujeres de las cortes italianas ingerían la atropina (alcaloide presente en la belladona) antes de los bailes para dilatar sus pupilas y lucir más sensuales.

- Hincha: el primer hinca de fútbol vivió en Montevideo. Era un hombre encargado de inflar (hinchar) los balones, al que llamaban el 'hincha Reyes'. Sus gritos por el Club Nacional se volvieron tan famosos, que luego la palabra se fue aplicando, en general, a todos los seguidores de un club futbolístico.

- Cínico: su origen viene los miembros de las escuelas griegas que solían burlarse "como perros" de la gente común y mediocre. La palabra proviene del griego 'kyon', que significa "perro", que luego derivó en 'kynikós' (los que se mofan como perros), que más tarde seria el vocablo latino 'cinicus'.

- Piropo: debe su origen a la palabra griega 'pyropos', que significa "con aspecto de fuego" o "de ojos de fuego". Esta relación con el fuego "se vincula tal vez a la llama de las pasiones que van junto con el piropo".

- Veneno: La humanidad ha soñado siempre con sustancias estimulantes en el sexo que llamó afrodisíacos, inspirado en Afrodita. En los romanos esta deidad era Venus. De allí que las pociones mágicas para despertar el deseo sexual se llamaron 'venenum'. Con el tiempo, esta palabra se extendió para todas las drogas que también causaban la muerte.

15.4.10

Gabriel García Márquez dona una de sus guayaberas a un museo cubano

Donó una guayabera al Museo Provincial de la ciudad cubana de Sancti Spíritus, donde ya hay unas cien prendas similares

Gabriel García Márquez, Nobel colombiano. Autor de Cien años de soledad. fOTO:aRCHIVO.fUENTE:Revista Ñ

"La guayabera del novelista, que será expuesta desde el sábado próximo, fue entregada por su esposa, Mercedes Barcha, al escritor Senel Paz, vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, por medio de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, creada por García Marquez.

El Nobel de Literatura colombiano, Gabriel García Márquez, donó una guayabera al Museo Provincial de la ciudad cubana de Sancti Spíritus, donde ya hay unas cien prendas similares del ex presidente Fidel Castro y otras personalidades, informaron hoy medios oficiales.

Fidel Castro donó para esa colección la guayabera blanca por la que sustituyó por primera vez en público su histórico uniforme verde olivo, en la IV Cumbre Iberoamericana, celebrada en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias en 1994.

Medios oficiales cubanos han publicado que la idea de Castro de usar esa prenda tropical en aquella ocasión le fue sugerida por su amigo García Márquez.

El "Proyecto Cultural La Guayabera" de Sancti Spíritus, a 350 kilómetros al sureste de La Habana, también tiene prendas del actual presidente cubano, general Raúl Castro, y del fallecido Nobel de Literatura guatemalteco, Miguel Ángel Asturias.

El presidente venezolano, Hugo Chávez, donó el año pasado al museo una guayabera roja que le regaló su homólogo brasileño, Luiz Inácio Lula Da Silva.

12.4.10

Señor Sombra

RESEÑA
"La motosierra fue muchas veces el sello estampado en la ejecución de muchos crímenes.Se talaban los cuerpos como se talaban los árboles"


Por Marcelo Del Castillo
En la más reciente narrativa colombiana, les ha dado a muchos escritores por reescribir la cruda realidad colombiana, atravesada por crímenes de Estado, emparentada con las variadas ramificaciones del narcotráfico, y por supuesto la penetración de este fenómeno criminal a la política como otra mafia más sofisticada, y peor de criminal que la misma mafia.

Acabó de leer la última novela Señor Sombra del escritor Óscar Collazos, donde despliega una inusual panorámica de la violencia endémica de espirales sangrientos que ha padecido la nación en sus últimos 60 años. La anécdota del asesinato de El Señor Sombra, paramilitar y patriota que quiso refundar el país utiliza el esquema clásico de desplegar una investigación policial exhaustiva donde cada cabo que va encontrando la Fiscal para indagar el asesinato del personaje de marras va hallando en el pasado sanguinario una madeja de crímenes, que no se sabe cual es peor, o mas atroz.
La trama va en una espiral envolvente donde todos están untados o salpicados por la sangre de un crimen, ya reciente o en el más lejano pasado como de igual se ponen en escena las atroces matanzas que desde hace 20 años atraviesan y desangran a Colombia. El relato va desgranando en un tono sencillo casi periodístico que sobre los paramilitares, junto a los parapolíticos tuvieron esa pretensión arrogante y política mediante fuego y sangre como respuesta a los desmanes de la guerrilla, de refundar la patria.
Ya ubicándonos en lo especializado del arte de la literatura, el autor tiene la premisa básica de contarnos una novela negra, pero la amarga y sangrienta realidad colombiana le supera el arte de la literatura, y el autor sólo alcanza a darnos un fresco social de todas las violencias que han castigado a Colombia desde los orígenes de las guerras partidistas.
Lo rescatable, la creación del personaje de la Fiscal, que se le siente una cariz andrógino pero de verdad una mujer. Lamento que por la voz de la Fiscal se sienta la opinión del autor y se enrede en volver a decirnos lo mismo. O sea de caer en el retoricismo que confunde al lector, pues, se le enreda la pita de la trama o que esa era la pretensión literaria del autor, de darnos una novela negra, pero al final sale airoso, dándonos un toquecito de esperanza a tantos crímenes tan juntos y demenciales.

Vale la pena leerse la novela en esta fiebre renovadora y actual por tratar de entender desde lo literario el grande y agudo y complejo amasijo de violencias encontradas que es conflicto armado colombiano que no supera la sociedad colombiana, que políticamente no hay muestras de solución posible por las largas cadenas de venganza tras venganza entronizada desde un jefe de Estado que personalizó su propia venganza como una política de gobierno.

Señor Sombra

Óscar Collazos

La otra orilla

Editorial Norma

391 páginas

10.4.10

La inolvidable maestra de 'Gabo'

"Ella era una mujer muy alegre y dulce, de mucha voluntad; cuando quería algo lo conseguía"

Mensaje manuscrito de Gabo

Portada del Libro. fOTOS;fUENTE:vive.in


"El libro 'La maestra y el Nobel' reposó casi treinta años en la mente y en los archivos de la periodista colombiana Beatriz Parga, radicada en Miami (E.U.). Fue una de esas gratas coincidencias de la vida la que permitió que su autora recuperara la historia que su protagonista le pidió que contara sólo después de su muerte para evitar el asedio de la prensa.

Un día, mientras organizaba su archivo personal, antes de una mudanza, Parga encontró una carpeta con unos recortes de prensa sobre Gabriel García Márquez, acompañados de la transcripción de una entrevista a Rosa Fergusson, la primera maestra del autor de 'Cien años de soledad'.

Entonces se le vino a la mente qué habría sido de la vida de esta querida amiga a la que había conocido a principios de 1982, meses antes de que su discípulo fuera galardonado con el Premio Nobel de Literatura. 'Gabo' la había llamado a Miami para preguntarle si le interesaba entrevistar a su primera profesora, quien se encontraba estudiando inglés en esa ciudad.

Parga y el escritor cataquero se habían conocido en el famoso bar 'La Bodeguita del Medio' de La Habana, en 1978, a donde ella -una joven periodista aventurera- había viajado enviada por EL TIEMPO para intentar entrevistar a Húber Matos, ex comandante de la revolución cubana.

Al principio, cuando Parga contactó a Rosa, ésta le dijo, de manera tajante, que no hablaba con la prensa. Pero al saber que había sido una idea de "Gabito", el semblante de la profesora cambió de inmediato.

De esta manera, no sólo se conoció la vida de una de las personas más influyentes en la formación del Nobel, sino que nació una hermosa amistad entre Parga y Fergusson. "Nos vimos en varias oportunidades. Entonces, yo me llevaba a mis dos pequeñas hijas a la piscina del Hotel Fontainebleau Hilton Beach y, mientras se bañaban en la piscina, me sentaba con Rosa a conversar y a tomar piña colada", cuenta la autora, quien por entonces se desempeñaba como corresponsal de este diario en Miami.

Infortunadamente, una primera versión de la entrevista nunca fue publicada y "terminó en el cajón de algún editor que tal vez no la consideró importante en ese momento", cuenta Parga al final del libro, quien decidió ofrecérsela a una agencia internacional de noticias. "Terminaron anotándose un batazo periodístico, debido a que días después se anunció la noticia del Nobel".

La periodista explica que, aparte de las anécdotas, su libro busca, ante todo, resaltar la historia de una mujer y su pasión por la docencia. "Lo más importante de Rosa era la devoción por su carrera. Ella sabía que ser maestra no era solo una manera de ganarse la vida sino un apostolado, que tenía como misión llegar al alma de los niños".

Prueba de ello fue ese pequeño que a los cinco años quedó tan impactado con la manera como ella le mostró el mundo, que dio vida a uno de los más grandes y originales universos literarios. "Yo creo que el libro va a ayudar a muchos padres y maestros a desarrollar la imaginación de sus alumnos y de sus hijos", concluye Parga.

UNA MUJER VISIONARIA PARA SU ÉPOCA

Rosa Fergusson nació en Riohacha (La Guajira). Su edad real fue siempre un secreto, cuenta Beatriz Parga. "De hecho, en el libro pongo que ella murió en Medellín a los 96 años (en el 2005), pero tengo entendido que murió a los 98; y cuando nos conocimos me dijo que tenía 60 cuando en realidad tenía 72 años". Fue una mujer muy adelantada para su tiempo. Muy niña consiguió una beca para estudiar en la Normal de Señoritas de Santa Marta, en donde también se preparó para ser maestra. Abrió el primer Montessori en Aracataca, método que había aprendido de una profesora española, discípula de María Montessori. "Ella era una mujer muy alegre y dulce, de mucha voluntad; cuando quería algo lo conseguía", cuenta la periodista, al poner como ejemplo su deseo ferviente por viajar, ya mayor, a Miami para aprender inglés y hasta conseguir novio. "Siempre decía que si la United Fruit Company no hubiera dejado a Aracataca, esa habría llegado a ser una gran ciudad". Se casó con un abogado de apellido Acuña con quien tuvo siete hijos. "Enviudar fue uno de los momentos más dolorosos de su vida, porque ella decía que se había casado para toda la vida", le contó a Parga.

La maestra y el Nobel
Beatriz Parga
Oveja Negra/Quintero Editores

9.4.10

Falleció el escritor antioqueño Jaime Espinel

En el cambio cultural de los años sesenta y que se convirtieron en un referente de vanguardista con su anti poesía y sus manifestaciones en contra de la Iglesia

Jaime Espinel, poeta y escritor. fOTO;fUENTE:revistaarcadia.com

"El escritor antioqueño Jaime Espinel falleció en las horas de la tarde del martes 6 de abril en Medellín debido a complicaciones cardiacas y renales.

Espinel nació en Medellín en 1940 y estudió en la Universidad Pontificia Bolivariana. Tras un largo viaje a los Estados Unidos en donde trabajó como docente, regresó al país para dedicarse de lleno a la escritura. Inspirado por la cultura norteamericana, se integró al grupo de los nadaístas, poetas rebeldes que se inspiraban en los beatnicks y en el cambio cultural de los años sesenta y que se convirtieron en un referente de vanguardista con su anti poesía y sus manifestaciones en contra de la Iglesia.

Tal vez fue este viaje a los Estados Unidos el que inspiró la mayor parte de su obra nadaísta en donde se destacaban cuentos y poemas en los cuales la ciudad, la rumba, el jazz, el sexo y las experiencias de los inmigrantes eran los protagonistas.

Espinel también se destacó como colaborador de diferentes publicaciones como la Revista de la Universidad de Antioquia y el periódico El Mundo de Medellín.

Entre sus obras publicadas se encuentran Esta y mis otras muertes (1975), Agua de luto (1981), Manriques micros y otros cuentos neoyorquinos (1986), Alba negra (1990) y Cárdeno réquiem entre toda la eternidad menos un día (2001).