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4.10.10

El barroco argentino

¿Qué puede haber de común entre Borges, Cortázar, Bioy Casares, Silvina Ocampo y Onetti? ¿Será el cuento fantástico, en el que incursionaron todos en algún momento?

foto.fuente:pagina12.com.ar

En Ficciones barrocas, Carlos Gamerro arriesga interpretaciones e intuiciones más allá de la cuestión de género. Un barroco de ideas y no sólo de palabras floridas, viene a ser el punto de reflexión en este ensayo que toma distancia de la crítica académica para permitir la pasión y la subjetividad, aunque sin abjurar de la teoría literaria.

Una sutil incomodidad, una experiencia como lector, apunta Carlos Gamerro, desató la génesis de aquello que con el tiempo habría de convertirse en Ficciones barrocas, su último libro de ensayos, donde hace una lectura de Borges, Bioy Casares, Silvina Ocampo, Cortázar, Onetti y Felisberto Hernández. "Sentía que Borges, Bioy, Silvina Ocampo y Cortázar efectivamente tenían algo en común, y Onetti con todos ellos, pero que el género fantástico, cifra bajo la que suele reunírselos y explicárselos en la historia de la literatura argentina, no alcanzaba a dar cuenta de eso. Si uno los lee con atención, detenidamente, no cabe ninguna duda: de Holmberg, Lugones y Juana Manuela Gorriti, de la precisión de Quiroga, que es mucho mejor incluso, no es posible llegar a un cuento de Borges o Bioy. Hay un salto, del que la mera evolución del género no alcanza a dar cuenta. Por otra parte, esa idea de una tradición fantástica deja afuera a Onetti, que sin embargo tiene muchos puntos de contacto con el grupo de escritores."

Ficciones barrocas Carlos Gamerro Eterna Cadencia 240 páginas

Así, a partir de una intuición que fue revelándose poco a poco, el autor de Las islas encontró la pista de una lectura que, de manera voluntaria o no, abre una discusión sobre la manera en que se lee (y enseña) no sólo la producción literaria del siglo XX, sino también su relación con la herencia española, tan fustigada por Borges. "Mi intención nunca fue revisar la manera en que se construye la historia de la literatura argentina –aclara–, pero me encontré con un escollo que no pude sortear. Tomando a modo de ejemplo la producción de Borges, la visión historicista nos obliga a distinguir entre los cuentos fantásticos como 'Tlön, Uqbar, Orbis Tertius' y por otro lado los criollistas o librescos, invenciones sobre la literatura y la tradición como 'Tema del traidor y del héroe'. Sin embargo, cualquier lector que no esté atravesado de antemano por la idea del género fantástico en la literatura nacional advierte que ambos tienen estructuras similares. Básicamente, están hablando de la misma manera, son el mismo tipo de cuento, con la salvedad de que el primero recurre a una causalidad o explicación sobrenatural o fantástica, mientras que el segundo no. Y esta similitud entre los cuentos fantásticos y no fantásticos de Borges –pude comprobar–, se repite en Bioy y Cortázar. Ese fue el punto de partida."

La respuesta, sin embargo, parecía elusiva, y para dar con ella fue necesario emprender otra estrategia de lectura, un trabajo de reconstrucción: "En vez de seguir un camino historicista, donde algo es resultado de lo anterior, se imponía una mirada genealógica, del objeto a su pasado, que se remontara en el tiempo –mirada que Gamerro, cabe señalar, ya había adoptado para su lectura de El matadero en El nacimiento de la lectura argentina–, y desde esa mirada definitivamente no advierto una continuidad con la producción anterior. Lo que sí advierto, tanto en Borges como en Bioy y Cortázar, es la reiteración de una serie de motivos, la confrontación entre los planos del original y la copia, el objeto y su reflejo, la imaginación y la percepción, el sueño y la vigilia, la locura y la cordura, el teatro y el mundo, la obra y el autor, el arte y la vida, el signo y el referente, todos ellos imbricados en la constitución compleja de eso que puede dar en llamarse realidad. Y este tipo de juegos no aparece en el fantástico universal del siglo XVIII, en el del XIX ni en el fantástico argentino, pero sí tiene en la literatura española un lugar concreto: lo que no pude encontrar en el fantástico, está en el Quijote y en Calderón de la Barca".

UNA LITERATURA DEL PLIEGUE

Gamerro despliega entonces su idea: aquello que caracteriza al grupo conformado por Borges, Bioy, Cortázar y Onetti es una manera específica y barroca de construir la trama con el objeto de provocar cierta vacilación o confusión en el lector respecto de la constitución de lo real, vacilación que no necesariamente requiere de la mediación de un suceso sobrenatural o fantástico, un sistema de oposiciones e inversiones que se lee de manera clara, por ejemplo, en el conocido análisis que hace Michel Foucault de Las meninas de Velázquez. De hecho, el propio Borges señala en "Magias parciales del Quijote": "Cervantes se complace en confundir lo objetivo y lo subjetivo, el mundo del lector y el mundo del libro... ¿Por qué nos inquieta que don Quijote sea lector del Quijote, y Hamlet, espectador de Hamlet? Creo haber dado con la causa: tales inversiones sugieren que si los caracteres de una ficción pueden ser lectores o espectadores, nosotros, sus lectores o espectadores, podemos ser ficticios".

Sin embargo, esta idea de un barroco argentino para el grupo al que Gamerro, no sin ironía, bautiza "los cuatro fantásticos", encontraba un obstáculo considerable. En principio, los reiterados y feroces ataques del propio Borges contra el barroco, encarnado en particular en las figuras de Góngora y Quevedo, y por extensión contra el modernismo hispanófilo de Darío y Lugones, ataque estético y moral: "No he encontrado sonetos de Quevedo o de Lugones sin alguna fealdad, sin alguna línea en que el autor no incurra en un pecado de vanidad; porque el barroco es condenable por razones éticas, yo creo, lo barroco es condenable porque corresponde a la vanidad".

De hecho, para el propio Gamerro, la escritura del ascético Borges, que aprende y enseña a suprimir adjetivos, "puede verse como un gradual alejamiento de la escritura barroca hacia un estilo cada vez más medido, de mayor economía verbal, ajustadamente referencial; clásico en suma".

En este caso, sería un comentario de Néstor Perlongher al prólogo de Historia universal de la infamia el encargado de echar un poco de luz sobre la cuestión. Según el poeta: "En su expresión rioplatense, la poética neobarroca enfrenta una tradición literaria hostil, anclada en la pretensión de un realismo de profundidad". Es cierta la hostilidad, como hemos visto, ¿pero hasta qué punto puede achacarse a Borges un realismo de profundidad?

"En verdad –asiente Gamerro–, Borges habla mal del barroco, pero en eso encuentro una inconsistencia fundamental, que me llevó a plantear una distinción, que puede parecer ahora un poco mecánica y esquemática, entre escritura barroca y ficciones barrocas. En un punto, desde el Caribe hasta el Plata somos todos plenamente barrocos. Borges, a pesar de sus ataques contra Góngora y Quevedo, es tan barroco en sus hipótesis metafísicas y gnoseológicas como son barrocos, de otra manera, Lezama Lima y Carpentier".

EL BARROCO SON DOS

Hay, según Ficciones barrocas, un modo del barroco que se repliega sobre la palabra y complica a tal punto el plano de la expresión que se vuelve esquiva la relación entre significante y referente, entre las palabras y las cosas; a esta práctica, que efectivamente encuentra su cumbre en el culteranismo de Góngora y el conceptismo de Quevedo, la llama "escritura barroca". Pero hay también, de manera similar, un modo de ser barroco que no articula el pliegue en las palabras mismas sino en otro nivel, en el territorio de los personajes, las estructuras narrativas y la construcción del universo referencial; es, claramente, el barroco de Cervantes, al que llama "ficciones barrocas".

"Generalmente, escritura y ficción barroca no se dan juntas por un problema de inteligibilidad", dice Gamerro. Esto es palmario en las Soledades de Góngora: ante el grado de complejidad al que va a llevar el lenguaje, donde las palabras van a oscurecer todo vínculo con las cosas que nombra, necesita tomar un asunto de una sencillez tremenda. Por el contrario, cuando lo complejo es el grado de elaboración del asunto mismo, el lenguaje necesita allanarse y adquirir una mayor referencialidad, lo que no quiere decir que sea un lenguaje realista. Esto ocurre en la literatura de Borges, Bioy, Cortázar, Ocampo y Onetti, pero también, en un caso que incluyo en este libro a manera de apéndice, en la ciencia ficción de Philip K. Dick, donde se puede encontrar otra solución a este asunto de las ficciones barrocas. Cuando uno está hablando de realidades que no existen, necesariamente el lenguaje tiene que cargarse de referencialidad, para poder sostenerlas."

El único caso de síntesis entre escritura y ficción barroca lo encuentra en Calderón de la Barca, quizá por la recurrencia de fórmulas poéticas que constituía el oficio del autor dramático de la época, de igual modo que ocurre en Shakespeare.

La distinción entre escritura y ficción barroca le permite, además, analizar un proceso complejo de influencia mutua entre Borges y Bioy en el plano de la estilística. "La evolución propiamente estilística de Bioy invierte de alguna manera la de Borges: su primera obra importante, La invención de Morel, es la más barroca de sus ficciones, y la más ascética y llanamente referencial en lo que al lenguaje se refiere, y luego en el cuento 'El ídolo', según sus propias palabras, se suelta mi prosa. Y mientras se sueltan los pliegues de la prosa de Bioy, la de Borges se vuelve más ceñida, como si uno se vistiera con lo que al otro le sobra. De hecho, Bioy se arroga el mérito: 'Yo creo que quizá lo convencí de que se podía escribir de un modo más llano, más tranquilo, sin buscar tanto el efecto en una frase. A veces a Borges le gustaba lo sentencioso, le gustaban las frases muy trabajadas, le gustaba mucho lo barroco'."

Los reiterados ataques de Borges contra el barroco, no sólo en las figuras de Góngora y Quevedo sino también en los resabios presentes en Lugones y Darío, deben ser leídos –propone Gamerro– como ataques contra lo hispánico, siguiendo una tradición clara en el marco de la literatura nacional.

UN MODO DE ESCRIBIR, UN MODO DE PENSAR

Si algo deslumbra a lo largo del desarrollo de Ficciones barrocas, en un momento en que la crítica suele exigir una desmesurada dosis de paciencia por parte del lector, es el apasionamiento de su prosa. Ya en el prólogo a El nacimiento de la literatura argentina, Gamerro planteaba una distinción nítida entre una crítica académica y otra de autor, a la que asisten "el derecho a la primera persona y, por consiguiente, a hablar desde los sentimientos y las emociones; un relativo derecho a la ignorancia o por lo menos a la irresponsabilidad bibliográfica... y la decisión de escribir no en una jerga de especialistas o iniciados sino en un lenguaje accesible a los lectores cultos en general".

Tradición dominante, no sólo Borges y Martínez Estrada frecuentaron esta crítica de autor, también lo hizo, con inconfundible felicidad, Pezzoni. A pesar de ello, durante los últimos años –junto con el repliegue "esotérico" que atraviesa la producción cultural en su conjunto en los años '90–, esta crítica parece haber perdido terreno ante la académica, al mismo tiempo que el discurso antes adusto de la institución se contamina –vía Barthes– de algunas de las características de su hermana díscola, en particular el uso de la primera persona y la reivindicación del gusto (como se advierte, por caso, en la producción de Daniel Link o en el último libro de Josefina Ludmer), sin por ello borrarse el hiato decisivo que las separa: su relación (estructurada en un caso, libre en otro) con la biblioteca y la lengua en que se escribe.

En tal sentido, Ficciones barrocas despliega un juego sorprendente entre la complejidad de lo que expone y el tono en que lo hace, convirtiéndose en un libro que puede leerse no sólo por interés, sino también por placer, porque ha sido escrito como una invitación al juego.

"Cuando uno lee las instrucciones para escribir una tesis o un paper académico –señala Gamerro–, todas concuerdan en la necesidad de comenzar por un párrafo donde uno declare aquello que se propone demostrar. Este modelo me produce rechazo en principio como narrador. Imaginemos si El asesinato de Roger Ackroyd, de Agatha Christie, comenzara por 'ésta es una novela donde yo, el narrador, soy el asesino'. Sería aburridísimo, carece de cualquier gracia. A mí, personalmente, me gusta aplicar a la construcción de los ensayos el mismo mecanismo que a la ficción, me interesa que el lector no sepa, tomarlo por sorpresa, desconcertarlo, llevarlo a un lugar que no sea el que espera."

Pero no es sólo el tedio lo que lleva a Gamerro a cuestionar los protocolos de la crítica académica. Como señala en el capítulo dedicado a Silvina Ocampo, "el problema de mucha crítica feminista, como su madre la crítica marxista y su hermana la crítica poscolonial, es que parte de las conclusiones para llegar, al cabo de un largo pero predecible camino, hasta las premisas". Más allá de la falta de suspenso, más allá del aburrimiento, cree que "este modo de producir papers y crítica excede el problema de la exposición. Lo malo de esta forma de producir crítica es que genera una manera de pensar extraordinariamente anodina sobre la literatura. Cuando yo escribo un ensayo, justamente me gusta no saber a dónde voy, comenzar a partir de una molestia o una incomodidad y encontrar en la escritura la respuesta que busco. Para eso puedo, desde ya, recurrir a la teoría, no se trata de proponer una crítica sin teoría o un nuevo impresionismo, yo recurro a Foucault, a Deleuze y a los estructuralistas para encontrar respuestas, pero uso esas teorías para entender la literatura y no al revés".

Por otra parte, esta crítica basada en la intuición, en la antigua tradición del ensayo, permite hallazgos improbables de otra manera. "El caso de Silvina Ocampo, por ejemplo, me planteaba varios problemas a la hora de pensarla en relación con las ficciones barrocas. Si estuviese haciendo crítica académica, me hubiese visto obligado a dejarla de lado, porque no cerraba, pero como puedo tomarme la libertad del escritor, me regalé el tiempo para darle todas las vueltas necesarias hasta encontrar de qué manera podía leerla a partir de esta idea." Otro caso, más apasionante quizás, es el capítulo dedicado a Cortázar, donde con singular ingenio (y acierto) se permite invertir la idea de que "Casa tomada" ha sido escrito pensando en el peronismo.

De hecho, más allá de sus distintos aciertos particulares, el libro constituye un momento fundamental en la producción de Gamerro como crítico-escritor, y por ende en su literatura. A diferencia de El nacimiento de la literatura argentina, que compilaba en su mayor parte artículos periodísticos y conferencias, y de Ulises. Claves de lectura, emprendimiento didáctico y de difusión que reproduce un tipo casi inexistente en el mercado editorial hispánico pero muy común en el anglosajón, Ficciones barrocas es su primer trabajo concebido y escrito enteramente, de principio a fin, como un ensayo autónomo, lo que le permite una construcción más orgánica y templada, a la par que insufla vida en un género casi extinto en el mundo editorial contemporáneo.

30.9.10

Los nombres del misterio

El ensayista Luis Chitarroni propone en esta columna un proyecto ambicioso y fuera de época: armar un diccionario de detectives
El detective. personaje también para un diccionario.foto:archivo.fuente: Revista Ñ

Los principales exponentes del misterio y la resolución, desde el Lew Archer de Ross MacDonald hasta la Miss Marple de Agatha Christie formarían parte de este catálogo.

Siempre creí en la utilidad de un diccionario personal de detectives que me ayudara a resolver los enigmas menos importantes, esos que la realidad no escatima. Los detectives estarían representados por alguna de las letras del abecedario para no obstruir las facultades de intelección y detección con sus rasgos personales y prestarían servicio todo el día, de acuerdo con mis triviales requerimientos. Una segunda presunción imaginaria entorpeció este propósito: un diccionario exhaustivo de personajes, con sus rasgos individuales, para deleite pedantesco del que viste y calza. Tuve la suerte de nacer en época que disuade tales excesos. "Los libros de referencia", me dijeron sabiamente, "hoy sólo se ponen on line".

Puedo dar curso parcial a mis dos proyectos fallidos en esta columna. En términos de abarcar, empezaría probablemente con Lew Archer, de Ross MacDonald y terminaría seguramente con Aurelio Zen, de Michael Dibdin, respectivamente. Habría, sí, una mullida recepción para viejos conocidos como Nigel Strangeways, Gideon Fell y el teniente Columbo, entre otros. Dejaríamos lugar a Cornelia Gray y a otra dama menos inocente, la teniente Tennyson de Prime Suspect . Admito dos debilidades adicionales. Tienen el pudor de ser menos conocidas: Montagu Cork, de Macdonald Hastings, que trabaja en tres novelas extraordinarias e irrepetibles de los cincuenta: es probable que la época anterior a nuestro nacimiento ejerza un magnetismo superior a cualquier otra. Montagu no es un detective propiamente dicho sino un agente de seguros convertido por la compañía en que trabaja en investigador; sus pesquisas, programas de tiesa perfección a los que nunca deja de asistir personalmente, aunque tiene la imperturbabilidad de un "armchair detective", estilo de razonador que no se mueven de su sillón –o de su catrera–, como nuestro inolvidable y genial Isidro Parodi. Entre éstos, no me gustaría que Nero Wolfe de Rex Stout quedara sin mención, ni el príncipe Zalevsky, de M.P. Shiel.

El método de Cork es poco refinado: él no pertenece al conjunto de los que desconfían de la casualidad. Podría postularse, con mucho menos ingenio, a la vacante de Nigel Strangeways, si Strangeways necesitara suplente. O a la de Gideon Fell, que es ufano y circunspecto, casi tanto como Poirot pero exento de sus veleidades culinarias y sus remilgos contumaces.

De los últimos que estrené, de la escuela norteamericana de Texas, mi favorito es Kinky Friedman, un cantante country de mucha reputación en los tempranos setenta, integrante del combo "Los cowboys judíos". Uno de sus éxitos del grupo, escrito por el propio Kinky, fue: "Ya no se hacen judíos como Jesús en estos tiempos". Para reponerse de los devaneos y las arbitrariedades del éxito, de las interminables giras en ómnibus enormes con silueta de galgo y papeles de cocaína en todos los descansos, dedicó su ingenio a las novelas policiales en primera persona. El detective y el ex cantante son el mismo, y a escasa distancia de ambos está el autor, quien puede, en una página, celebrar las nupcias de Jimmie Rodgers y Jane Marple. Los aficionados a la novela de detectives deben de recordar a Miss Marple, otra creación de Agatha Christie cuyo método parecía un curso de corrección aprendido de la sensatez de las clases medias inglesas y de la sabiduría en extinción del diecinueve. Las conclusiones de Miss Marple no tienen la brillantez de las de Poirot, pero remedan con opaca condescendencia las del padre Brown de Chesterton. Jimmie Rodgers, por su parte, fue un cantante maravilloso, "el hombre que empezó todo", como recordó Bob Dylan, y, por lo tanto, precursor de precursores como Hank Williams y Woody Guthrie. Famoso por su yödl, modalidad tirolesa acomodada a la pradera, su canturreo sinusoide hizo memorable "Soñando con lágrimas en los ojos", que homenajeó, entre otros, Bono. Kinky vive solo con su gato y tiene como mascota adicional un armadillo. Es otro cuyo método consiste en una especie de fatua indolencia. La pesquisa la hacen por su cuenta las sagaces observaciones, que van armando, a lo largo de la novela, una especie de trama social de la que no escapan las costumbres alimenticias ni los mamarrachos de la moda. Entre Nueva York y Texas, el sistema de respuestas del hombre es chandleriano, de un laconismo terminal; y el humor, algo que los personajes de sus libros comparten. "Me gusta de los chinos", le dice su amigo Ratso, "que no responsabilizan a los judíos de la muerte de Jesús". "Sí", contesta Ramban, "pero creo que saben que fuimos los que contratamos al leñador".

A la altura de nuestra cornisa sin vista a la desesperación ni a la desesperanza está siempre el querido Maigret, a quien veo asomando de su solapa en las novelas que leía –una por día– mi profesor particular de contabilidad, en tercer año. Se ofreció a canjearme las clases por libros. Una vez que aprobé, ganó estima en mi memoria. Y todo lo que me enseñó se desvaneció para siempre.

20.9.10

W. Ospina retrata a su propio Bolívar

En busca de Bolívar, responde las preguntas más urgentes que tenía Ospina sobre el Libertador

William Ospina, autor de El país de la canela.Foto: Rodrigo Sepúlveda.fuente:.vive.in

En el proceso de investigación, Ospina leyó, entre otros, las biografías de Indalecio Liévano, de Ludwig, las memorias de Luis Perú de Lacroix y parte de la correspondencia personal del Libertador.

"Bastó que muriera para que todos los odios se convirtieran en veneración, todas las calumnias en plegarias, todos sus hechos en leyenda". Esta frase, con la que el escritor William Ospina comienza su nuevo libro 'En busca de Bolívar', además de deleitar al lector, de entrada, con ese sello narrativo tan personal, retrata la imagen solemne del ese personaje histórico con la que muchas generaciones crecieron.
¿Cuál es su percepción sobre el uso de la imagen de Bolívar?

Yo diría que Bolívar es un personaje muy complejo. Todo el mundo tiene derecho a querer imitarlo y querer aprender de él, pero es desafiante abarcarlo y recibir la compleja herencia, también porque Bolívar tenía, como todo ser humano, sus defectos.

¿Qué va a encontrar de novedoso el lector sobre un personaje del que tanto se ha escrito?

Para mí, casi todo es nuevo porque yo, por supuesto, no he leído las inmensas bibliotecas que se han escrito sobre su vida. Es posible que los especialistas de Bolívar sepan mucho de lo que fue su vida, pero el común de los ciudadanos, entre los cuales me cuento, no tenemos una información suficiente sobre él. Yo he querido hacer un libro personal, tratando de responder algunas preguntas que yo me hago sobre él.

¿Con qué Bolívar se encontró?

Con un Bolívar como símbolo del romanticismo de comienzos del siglo XIX, con Bolívar como discípulo de la Ilustración, como interlocutor de los filósofos de aquel tiempo, como aprendiz de la estrategia napoleónica, como inventor, de alguna manera, de la idea de la República en América, como viajero, como aventurero, como soñador, como seductor, como bailarín, como psicólogo y como aventurero; y el modo en que todas esas cosas se fusionaron para crear un personaje de una talla histórica asombrosa, inclusive a despecho de un continente que pocos ejemplos nos puede mostrar de tanta persistencia y de un pensamiento tan abarcador, capaz de conciliar los sueños con la realidad.

¿En qué radica su magnetismo para que grandes escritores le hayan dedicado un libro?

Hay algo que le fascina al arte y es que, como decía alguien, nadie se anima a celebrar a un triunfador. Es más propicio para el arte interrogar los fracasos. Y Bolívar cumple el ciclo completo. Es, en los comienzos, un gran soñador; en la mitad de su vida, un gran triunfador, y al final de su vida, un gran derrotado. Muchos de sus sueños de esfuman, muchos de sus seguidores lo abandonan o lo traicionan y, sin embargo, la grandeza de su sueño sigue viva. Entonces nos podemos permitir el lujo de admirarlo y de celebrarlo, sin sentir que estamos solamente celebrando a un héroe victorioso, a un guerrero triunfal, a un ser hecho de autoridad y de poder, sino también la fragilidad de un ser humano que en él también se encarnó.

¿En el contexto de los hombres libertarios e idealistas (Washington, San Martín, Miranda), en dónde lo ubicaría?

Bolívar es alguien que acunó desde muy temprano unos sueños muy grandes y muy altos. Pero además es un personaje que tiene la curiosa característica de que no se traza un sueño único sino que está como modificando, permanentemente su sueño, no en el sentido de cambiarlo sino en el sentido de ampliarlo. Yo le presto a este libro un epígrafe de unos versos de Rilke que dice: "Vivo mi vida en círculos abiertos que crecen sin cesar sobre las cosas" porque me parece que hay algo en Bolívar de ese espíritu del que siempre está viendo crecer sus sueños en el horizonte. A Bolívar lo derrotan en 1811, en la aventura de la Primera República venezolana, y cuando se levanta de esa derrota ya no quiere liberar a Venezuela sino que quiere derrotar a la Nueva Granada; cuando lo derrotan en la segunda república venezolana, en 1814, al levantarse de esa derrota en Jamaica, ya no quiere liberar solamente a Venezuela y a la Nueva Granada sino a todo el continente. Y cuando logra avanzar en ese sueño de Independencia, ya no quiere solo eso sino la unión de las naciones, un sueño aún más ambicioso. Entonces en eso es un personaje asombroso porque además era muy pertinente todo lo que él soñaba. Algunas cosas no estaban al alcance de las manos como otras, en realidad ni la Independencia estaba al alcance de su mano, lo logró más por su obstinación y por la capacidad de convencer a sus propios amigos, que porque fuera una tarea fácil. Fundar repúblicas en América era muchísimo más difícil que funda repúblicas en Europa, en aquellos tiempos. Entonces es alguien que siempre aspira a algo más de lo que es posible y eso es admirable.

¿Y en el contexto de los guerreros (César, Napoleón, Hitler), como estratega, dónde estaría?

Hay algo que cada vez admiran más los que documentan el tema, y es que hay una diferencia muy grande entre librar guerras en Europa y librar guerras en la América equinoccial, porque Europa es una especie de campo de batalla tonificado por el arte de la guerra desde hace dos mil años, en Europa, la estrategia militar se aprende en las academias y en los libros porque ya Julio César había descrito una parte de los movimientos que hay que hacer en un escenario como ese. Y hubo guerras y guerras y guerras, y generales y generales siguiendo esas estrategias y tácticas. Pero el escenario latinoamericano hacía mucho más difícil la guerra porque no era una guerra solamente contra los enemigos sino afrontando las enormes dificultades de la cordillera andina, de los llanos, de las ciénagas, de los páramos, de las borrascas, de los tigres, de una naturaleza demasiado viva y entonces no se puede medir con el mismo rasero la guerra europea donde en unas llanuras se concentran 50 mil hombres a estas selvas y ciénagas y estos montes americanos, donde era una temeridad enorme avanzar, en medio e grandes penalidades. Y por otro lado también está el hecho de que la importancia de una batalla no se mide por la cantidad de soldados que participen en ella ni por la cantidad de muertos que tenga, esa es una manera apocalíptica de mirar la historia; la importancia de una batalla se mide por la importancia de las consecuencias que obró esa batalla. Y la verdad es que Europa ha vivido muchas batallas que no han sido más que sangre y tragedia, pero que no han obrado modificaciones sustanciales en la historia, en tanto que una de Bolívar a veces con 2.500 hombres liberaba una nación entera.

¿Cómo separó la experiencia teatral de 'Bolívar, fragmentos de un sueño', con la literaria de 'En Buscar de Bolívar'?

El caso del trabajo de escribir el libro es un trabajo más trazado en mis propias obsesiones y en mis propias preguntas, en tanto que el ejercicio de trabajar para la obra es, en realidad, creación fundamentalmente de Omar Porras, para la cual yo aporté algunos textos, algunas reflexiones, algunas ideas.

En busca de Bolívar
William Ospina
Norma

25.5.10

Félix de Azúa: "Yo, evidentemente, no soy Casanova"

El filósofo y escritor publica un raro y hermoso texto, Autobiografía sin vida, con voluntad testamentaria

Félix de Azúa, escritor y filósofo.foto:Sergio Lainz.fuente:elperiodico.com

Aunque ahora me siento incapaz de enfrentarme a una novela del tipo tradicional, lo que quería es aportar la mejor prosa.


–Llama a su libro autobiografía pero quien quiera rastrear su trayectoria quedará decepcionado.
–Y sin embargo, esa es mi historia y la de mi generación. En vez de contar cómo hice la primera comunión o quién fue mi primera novia, he partido de imágenes de la historia del arte. Aunque ahora me siento incapaz de enfrentarme a una novela del tipo tradicional, lo que quería es aportar la mejor prosa.


–Y el resultado es este insólito ensayo literario.
–La cosa empieza con las pinturas rupestres de la cueva de Chauvet, en Francia. Esos cuatro caballos de la portada son la primera representación del arte occidental y son perfectos. Tanto, que son absolutamente reconocibles. Así que pensé que los niños que nacieron en esa cueva conocieron antes la imagen que el animal real. Y así se inicia mi reflexión. Ahora nuestra vida está formada por un conjunto de signos que por un lado explican toda tu vida, te dicen las cosas que tienes que entender, pero por otra parte te separan de la realidad. La imagen tiene siempre un componente vampírico.

–Lo que dicho por un catedrático de estética que se ha pasado la vida analizando imágenes suena desolador.
–Pues en cierta forma, sí.

–¿La conclusión sería que las imágenes le han apartado de la vida real?
–No puedo negar que este libro tiene un carácter testamentario. A lo largo del libro hablo de distintos momentos en la historia del arte y las relaciono con mi vida. El último capítulo, el de la muerte del arte, es también el del momento de la muerte que yo tengo ya muy cerca.

–Las imágenes han cumplido ya su ciclo, las palabras también. ¿Qué queda ahora?
–Ya sé que puede sonar demagógico pero ahora empieza la vida. De lo que va a pasar no tenemos ni idea pero me da la impresión de que existe el indicio de una nueva era. El aumento de la violencia que nos rodea, por ejemplo.

–¿La violencia...?
–No me entienda mal. Eso es algo espantoso, por supuesto, y muestra lo duras que se están volviendo nuestras relaciones, pero también, un desprecio absoluto por la justicia y un deseo de la gente por creer en el cuerpo. Lo que estoy diciendo no se puede decir... es lo más incorrecto.

–No parece que le haya preocupado nunca la incorrección.
–No, eso es verdad. Pero en fin, no quiero insistir en ese tema porque es horroroso.

–¿El haber dejado reducida al mínimo su labor periodística tiene que ver con esa idea de fin de trayecto?
–Más bien con el hartazgo que me produce la política catalana.

–¿Y no teme que le llamen gruñón?
–Me lo han dicho muchas veces pero es mentira. Aunque no lo parezca, mi libro es un canto de esperanza. Lo que dice es: dejaos de abstracciones.

–Escribió el prólogo de la reciente edición de las luminosas Memorias de Casanova, quién también las escribió en su madurez. ¿Podría ser esta Autobiografía su negativo?
–Lo más impresionante de las memorias de Casanova es que él es absolutamente honesto en su relato. Yo siempre he intentado mantener esa honestidad, aunque no siempre lo haya conseguido. Pero, evidentemente, yo no soy Casanova.

–«Yo no soy Casanova», qué declaración, tratándose de Félix de Azúa.
–Ja, ja, ja. Hace ya muchos años que no lo soy. Creo que tanto él como yo somos honrados en la descripción del mundo que nos ha tocado vivir. Solo que el de él era emergente y espléndido y el mío, todo lo contrario.

–¿Qué hará en el retiro de sus cuarteles de invierno?
–Voy a vivir entre Madrid y Barcelona porque ha llegado el momento de la desintoxicación. Aquí hay una atmósfera demasiado densa de ideología, de viejas ideas políticas de los 70, acompañadas de una ineficacia absoluta. Y después, sinceramente, creo que pasearé al perro.

9.3.10

Detrás de un autor, una mujer

DEBATE

El ensayista Savater reflexiona sobre la posibilidad de que en realidad la autora del triple bestseller Millenium sea Eva Gabrielsson, la pareja del escritor Stieg Larsson en lugar del fallecido autor sueco

Eva Gabrielsson, viuda de Larsson. fOTO:aRCHIVO.fUENTE:Revista Ñ


Por: Fernando Savater

En cierta ocasión, Samuel Butler propuso irónicamente la hipótesis de que la Odisea fue escrita por una mujer y que su verdadera protagonista es Penélope. Robert Graves sustantivó esta conjetura en su divertida novela La hija de Homero. Aunque la muy leída trilogía de Millenium no sea precisamente comparable a la Odisea, también hay quien la supone escrita por mano femenina. Anders Hellberg, el jefe de Stieg Larsson en su agencia de noticias, tiene serias dudas sobre la capacidad de éste para escribir los sucesivos mamotretos: "El lenguaje que utilizaba era pobre, el orden de las palabras incorrecto, la construcción de las frases era simple y la sintaxis completamente enloquecida". A mí todo ello me parece prueba irrefutable de que Larsson y sólo él escribió Millenium, pero Hellberg cree en cambio que esas características de estilo le descartan: a su juicio, la autora del triple best seller es Eva Gabrielsson, la pareja del escritor a la que azares de la vida dejaron compuesta y sin las regalías millonarias.

No sería la primera vez que ocurre algo parecido. Como lector, el caso que más me interesa es el de Dick Francis, el antiguo jinete metido a novelista policíaco de ambientes hípicos, a quien debo tantas vigilias jubilosas. Mi Hermandad de la Buena Suerte quiso ser un modesto homenaje a sus relatos. Francis escribió una novela por año desde mediados los sesenta del siglo pasado: todas entretenidas, una docena buenas y seis o siete magistrales. En su biografía no autorizada, Graham Lord puso en duda que el no muy instruido ex jóckey tuviese tamaño talento narrativo: la verdadera autora sería Mary, su esposa durante más de medio siglo, con buena preparación en letras. En el 2000 falleció la fiel Mary y Francis guardó silencio seis años: después volvió a publicar otras tres novelas, pero auxiliado por su hijo Félix. Ahora acaba de morir y no sé a quien agradecer la felicidad recibida, si a Dick, a Mary, a Félix o a los tres. Quizá el destinatario de mi gratitud deba ser Devon Loch, el caballo de la Reina Madre que lo derribó a pocos metros de ganar el Grand National y desencadenó la vocación literaria de ... de quien sea.

Copyright Clarín y F. Savater, 2010.

23.12.09

¡FELIZ NAVIDAD, PRÓSPERO AÑO 2010!

COMO LA LLAMA DE ESTA VELA, ESTÉ ENCENDIDA SIEMPRE LA ESPERANZA, QUE NO ES SINO EL MILAGRO DE LA VIDA, PARA CONTINUAR LA ESCRITURA ENTRE LA PIEL Y EL PAPEL...CON LA PERENNE BÚSQUEDA INCANSABLE DE LA FELICIDAD!


¡FELICES FIESTAS!



LES DESEA



MARCELO DEL CASTILLO

25.9.09

Vargas Llosa gana el Premio Caballero Bonald con una reflexión sobre Onetti


El escritor peruano Mario Vargas Llosa fue distinguido hoy con el Premio Internacional de Ensayo Caballero Bonald 2009, por su libro "El viaje a la ficción", una obra en la que analiza detalladamente la vida y la obra del autor uruguayo Juan Carlos Onetti.

El fallo del premio, dotado con 30.000 euros (unos 44.100 dólares), se hizo público hoy en la Casa de América de Madrid.

El jurado destacó que la obra premiada "recrea el complejo, inquietante y a veces perturbador mundo de Onetti con un ejercicio de gran intensidad crítica".

El premio, convocado por la Fundación Caballero Bonald y la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, reconoce la gran importancia que posee el género ensayístico para el conocimiento más profundo de la realidad.

El galardón, que el pasado año recayó en el historiador Ricardo García Cárcel, tiene como finalidad promover la difusión de los autores de ensayos y las publicaciones que las acogen.

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