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14.8.10

De amores, robos y censuras

El 'Amadís de Gaula', la 'Biblia del oso', los libros botánicos de Mutis y otras rarezas son el tesoro que cuida Camilo Páez Jaramillo

Camilo Páez Jaramillo, en el archivo de libros antiguos de la Biblioteca Nacional. Un mundo valioso y misterioso al que pocos tienen acceso.Foto:Daniel Gómez.fuente:elespectador.com

La orden que prohibía el préstamo de la Biblia del oso les llegó con rótulo de urgente a todos los funcionarios que tuvieran que ver con la consulta de libros, aunque fue manejada con discreción. Días antes, la dirección de la Biblioteca Nacional se había enterado de que entre algunos bibliófilos habían circulado varios mensajes, e incluso derechos de petición, en los que el protagonista era un sujeto que pretendía sacar la Biblia del viejo edificio. Ya antes había enviado un mensaje abierto en el que ofrecía la cantidad de dinero que fuera por el ejemplar. Por su forma de escribir y su insistencia, los especialistas dedujeron que podía tratarse de un viejo coleccionista para quien no existía la ética con tal de conseguir lo que buscaba. Algunos coleccionistas lo acusaron de robo de libros, de haber arrancado páginas de los originales para guardar una firma importante, y hasta de falsificación.

Deseaba la Biblia del oso con obsesión, uno de los tesoros más preciados de la Biblioteca. En un tiempo, más de 100 años atrás, le perteneció a Rufino José Cuervo. Según Camilo Páez Jaramillo, historiador y guarda de la sala de incunables, una de las pruebas fue el letrero veritas veritatis , 'La verdad de la verdad', que Cuervo siempre escribía a modo de sello, ex libris. La Biblia data de 1522. Sin embargo, en la portada la fecha de impresión fue marcada como del año de 1622 (M.DC. XXII). Allí mismo, bajo una línea que decía "Trasladada en Efpañol", y sobre otra en la que se leía "En la librería de Daniel y David Aubrij, y de Clament Schleich", los impresores grabaron un pegaso que suplantó al oso original.

La Biblia había sido traducida por un sacerdote protestante, Casiodoro de Reina. Por ello, el Tribunal de la Santa Inquisición tomó la "santa" determinación de quemarla. Los impresores la salvaron con las alteraciones de la fecha y del pegaso. Presumiblemente, en un comienzo formó parte de las bibliotecas de la Compañía de Jesús. Luego, cuando los Jesuitas fueron expulsados por vez primera de América, fue debidamente ocultada, hasta que llegó a Cuervo. Cada una de sus historias, prohibiciones, viajes, sellos, dueños, cada una de las mil anotaciones que a lo largo de los siglos han hechos sus lectores a pie de página, arriba o abajo, han enriquecido el ejemplar. Para Páez Jaramillo, "así se fue haciendo el mundo de los raros y curiosos. A un Don Quijote le hace falta un párrafo, por ejemplo, y ese detalle lo hizo más valioso de lo que era. Un novenario pasó por las manos de José Celestino Mutis y se valorizó".

Ese mundo de raros y curiosos que en Europa y Estados Unidos, Australia y Oriente ha tenido siempre librerías, mercados, revistas, y mercados negros, se conmocionó poco más de un año atrás cuando las directivas de la Biblioteca de Castilla-La Mancha con sede en Toledo anunció que habían desaparecido de sus fondos dos mapas plegables de la edición incunable Geografía y Atlas de Ptolomeo, fechada en 1531. El robo se asoció de inmediato con la desaparición en los primeros meses de 2009 de otros mapas de Ptolomeo de ediciones incunables guardadas en la Biblioteca de El Escorial, en la de Castilla y León, en la Biblioteca Universitaria de Salamanca y en la Colombina de Sevilla, y con el hallazgo en 2007 de un mapamundi de Claudio Ptolomeo. El ladrón, presuntamente de nombre de nacionalidad húngara, explicaron los agentes investigadores de la Guardia Civil española, utilizaba varias identidades pero se hacía pasar, indefectiblemente, como investigador histórico para poder acceder a las distintas salas de incunables. Los mapas de Toledo fueron recuperados en septiembre. En el mercado negro ofrecían sumas de hasta 10 millones de euros por ellos.

"Si yo pudiera llevarme uno de estos libros, sería el Amadís de Gaula que tuvo Cuervo". Páez Jaramillo habría podido ser aquel Fray Guillermo de Baskerville que, en 1327, en el Nombre de la Rosa, de Umberto Eco, investigó la muerte de varios monjes, relacionadas con unos antiguos tratados sobre la licitud de la risa que se encontraban en la biblioteca de una abadía en el norte de Italia. Nervioso, delgado, sin edad clara, se ha desvelado desde su llegada a la Biblioteca en 2006 por cuidar cada uno de los incunables a su cargo. "La voz viene del latín, incunabulae, 'en la cuna' ". Las veces que ha tenido que mostrar los libros, ha pasado cada una de sus página con guantes quirúrgicos. "Su" Amadís fue impreso "en la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla" en el año de 1538 por Juan Krompe. Fue la gran novela de caballería de la Edad Media.

A finales del siglo XV, Garci Rodríguez de Montalvo terminó la edición definitiva de la obra, cuya versión más antigua de las conocidas fue una de Zaragoza, 1508, con el nombre de Los cuatro libros del virtuoso caballero Amadís de Gaula. No obstante, la obra ya existía en sus tres primeros libros desde el siglo XIV, según registros de don Pedro López de Ayala y Pero Ferrús. Montalvo admitió haber enmendado los tres libros iniciales, y haber sido el autor del cuarto. De acuerdo con otros investigadores, el Amadís fue de un tal Vasco de Lobeira, portugués, y armado como caballero en la batalla de Aljubarrota, 1385.

"De cualquier forma, fue el libro insignia de la Conquista, pues quienes se embarcaron hacia América soñaban de una u otra forma con las aventuras del Amadís", ha sostenido año tras año Páez Jaramillo, las manos enguantadas, el pulso acelerado, la mirada brillante, consciente de que parte de la gran historia de América está ante sí, a su alcance, día a día.

10.5.10

Desde la otra orilla

La Biblioteca Nacional es sede de un interesante experimento literario: escritores colombianos de distintas generaciones se sientan a conversar por primera vez sobre las impresiones que tienen unos de otros

Andrés Felipe Solano y Piedad Bonnett inauguraron la serie de charlas ‘Desde la otra orilla’.

Solano publicó ‘Sálvame Joe Louis’, su ópera prima, hace dos años.Bonnett acaba de publicar su cuarta novela, ‘El prestigio de la belleza’, con Alfaguara.

La ceiba de la memoria’, la reciente novela de Roberto Burgos Cantor.

Gonzalo Mallarino publicó su nueva novela, ‘Santa Rita’, hace poco más de un año.

Julio Paredes prepara en este momento su próximo libro.

Juan Carlos Rodríguez debutó hace dos años con ‘El viento agitando las cortinas’.

Antonio Ungar publicó en febrero ‘Trece circos y otros cuentos comunes’.

Álvaro Robledo fue nominado al Premio Herralde por ‘Nada importa’,  novela  que reeditó Villegas.
Álvaro Robledo fue nominado al Premio Herralde por ‘Nada importa’, novela que reeditó Villegas.

fOTOS:fUENTE:semana.com
Se leen entre sí, se conocen de cara y están pendientes de lo que los otros publican, pero si algo caracteriza el panorama literario nacional hoy es que "cada escritor anda por su lado".

Parece que la época de las tertulias, de grupos como el de Barranquilla, quedaron atrás y aunque festivales como el Hay y Bogotá 39 han puesto a escritores de distintas generaciones a conversar en los mismos escenarios, persisten los prejuicios y la distancia. ¿Narcisismo? ¿Miedo a ser comparados? ¿soledad 'creativa'? Una cosa es cierta: los mayores sienten que los jóvenes son irreverentes, desparpajados, que aprendieron a moverse por la maquinaria comercial de las editoriales demasiado pronto; mientras los jóvenes los ven a ellos acartonados y opinan que sus libros, discursos y lenguaje son caducos, cosas del pasado. La comunicación entre unos y otros es casi inexistente.

Quizá por eso, la Biblioteca Nacional inició el miércoles 'Desde dos orillas', una serie de charlas entre escritores de distintas generaciones que se irá hasta junio. La inauguración estuvo a cargo de Piedad Bonnett y Andrés Felipe Solano, dos de los más notorios representantes de las últimas generaciones: la que empezó a publicar en los años 80 y los que hacen parte del último boom editorial de jóvenes promesas. Y si algo quedó claro es que el diálogo, algo que vaya más allá de la lectura ocasional, de las charlas de café y de los abrazos y felicitaciones de los lanzamientos, es necesario. Se trataron temas tan diversos como gustos literarios, la crítica y la prensa, la industria y las percepciones que tienen las generaciones entre sí. El resultado: una conversación en la que había varios puntos de encuentro.

El primero es que se leen entre ellos. Sea por las razones que sea -"por respeto al otro, para estar informados o por simple mala leche, para hablar mal de los demás", como dice Nahum Montt, uno de los escritores que consultó SEMANA- es el punto de partida de toda tertulia. Más aún, los jóvenes han leído a los mayores y, al contrario de su aparente desdén, lo han hecho con admiración. De Piedad Bonnett destacan su cuidado con el lenguaje: "La musicalizad de sus frases, la fluidez de sus imágenes", en palabras de Montt. De Tomás González, que su obra explore mundos personales lejos de las modas. Su novela, Primero estaba el mar, fue lectura "fundamental", como dijo Solano en la charla; Juan Carlos Rodríguez, autor de El viento agitando las cortinas, una de las sorpresas de 2008, la llama "una revelación"; y para Antonio Ungar, González, Fernando Vallejo y Evelio Rosero son los escritores de cabecera de la anterior generación. Y la lista sigue: Roberto Burgos, Héctor Abad, William Ospina y Ramón Cote entran, aunque en menor medida.

Los mayores también han leído a los más jóvenes, aunque con mayor reserva. Bonnett dice que ha encontrado talentos como Ungar, Mauricio Bernal y Solano entre los más jóvenes: escritores marginales, como los llama ella, a los que llega de manera intuitiva. Burgos, crítico de libros de Cromos durante muchos años, parece más escéptico: "Tengo la sospecha de que la época de las promesas quedó atrás. Ahora hay aventuras y procesos", y resalta el riesgo narrativo que tomó Juan David Correa en Todo pasa pronto, su primera novela, al escoger un narrador niño. Junto a ellos aparecen Ricardo Silva y Antonio García.

"A mí lo que me impide hablar a esos muchachos es el manejo pobre de las formas narrativas dice Bonnett. No es un problema exclusivo de ellos. Creo que hay en general mucha pobreza de lenguaje y de elementos narrativos". Y el problema, ciertamente, no es exclusivo de ellos. A muchos escritores jóvenes sí les preocupa el lenguaje. En libros como Sálvame, Joe Louis, de Andrés Felipe Solano, es evidente: "Pero eso no significa que haya que hacer algo edulcorado", dijo él. Quizá ni siquiera sea un problema generacional. "Algunos escritores colombianos del siglo XIX tenían prosa y tramas sencillas -recuerda Antonio Ungar- algunos caían en la banalidad y otros no. Lo mismo pasaba con algunos escritores de principios del XX, con otros de mediados del XX, con otros de finales del XX". El quid del asunto está en la calidad, en la fuerza del lenguaje, en tener una voz y un estilo propios. Unos y otros escritores, sin importar su edad, coinciden en que la no tan reciente novela sicaresca, el excesivo realismo y la literatura periodística (que no el periodismo literario) son las que pecan por simplicidad y facilismo.

Es innegable, sin embargo, que mucho ha cambiado el panorama literario entre una y otra generación. Mientras algunos de los mejores escritores de 50 años han sido reconocidos de manera tardía -es el caso de Evelio Rosero y Burgos-, los más jóvenes publicaron su primera novela antes de cumplir 30 años. Esto, por supuesto, no es síntoma de genialidad. Hace 25 años publicar no era una cosa fácil en Colombia. Bonnett recuerda que entonces no había editoriales que distribuyeran libros masivamente. Y asegura que si escritores como R.H. Moreno Durán y Óscar Collazos publicaron, lo hicieron porque estaban en Barcelona, y que si Álvaro Mutis tuvo un temprano reconocimiento internacional era porque estaba en México.

"Hoy -dice Burgos- existe una industria editorial que con sus venturas y desventuras sostiene una producción literaria con mayor constancia. Supongo que el enorme complejo de culpa que dejó en los editores 'Cien años de soledad', y tantos descubrimientos tardíos, llevan a la industria a expiar mediante una mayor atención a los jóvenes. Pero, atención, que no siempre es rigor". Y Bonnett parece estar de acuerdo: "Los escritores se empiezan a convertir en pequeñas estrellas por el aparato comercial, y mientras más jóvenes publiquen mejor. Algunos empezaron a escribir presionados por los adelantos, los plazos y el afán de hacerse conocer". Una situación paradójica, según la escritora, que alaba el crecimiento de una industria, pero un crecimiento del que al parecer no salieron bien librados ni los escritores, que comprometieron sus obras, ni los editores que cometieron errores comerciales por afán.

Pero no todos los jóvenes parecen haber caído en la tentación de publicar a ritmo de instant-book: Solano y Correa debutaron hace más de dos años y en este momento están escribiendo su segunda novela. Y, ciertamente, no todos han caído en el olvido (al menos, no de momento): la narrativa de Ungar ha recibido excelentes críticas por parte de escritores mayores; y el año pasado Villegas reeditó Nada importa, la novela con la que Robledo fue finalista del Premio Herralde hace 10 años cuando él tan solo tenía 24. "Para mí -dice Julio Paredes- lo más interesante está en ver en estos autores una búsqueda por consolidar una obra personal a largo plazo".

Lejos de las diferencias generacionales, de los prejuicios, de las envidias y las vanidades, la discusión es necesaria. En Colombia hay varias generaciones de escritores consagrados o en camino a la consagración, hay una industria establecida (aunque siempre harán falta lectores, libros y librerías) y los círculos literarios están creciendo y son más visibles cada vez. La cuestión de fondo, sin embargo, seguirá siendo la del talento, la de la capacidad para crear mundos significativos, y la de que se produzcan obras trascendentes, que logren decir lo que solo la literatura puede decir.

3.3.10

Francia se queda con la leyenda de Casanova

La Biblioteca Nacional adquiere por siete millones Historia de mi vida

Manuscrito de Giacomo Casanova .fOTO;fUENTE:El País.com

"El legendario manuscrito de Historia de mi vida, de Giacomo Casanova, el relato de más de 3.700 folios en los que se funda la leyenda del aventurero diplomático y conquistador italiano, ha sido adquirido por la Biblioteca Nacional de Francia por más de siete millones de euros. Se trata de la compra más cara hecha jamás por esta institución y su presidente, Bruno Racine, lo justifica por el extraordinario valor de un manuscrito único, escrito por el mismo Casanova al final de sus días, en Bohemia, cuando ya no le quedaba nada sino recordar y tomarse en serio como personaje. Está en francés, la lengua que siempre utilizó en sus escritos por considerarla más literaria y de mayor proyección. La escritura es regular, apretada y elegante.

Se trata de la compra más cara hecha jamás por la institución

La historia del manuscrito no es tan azarosa como la de su autor, pero también merece una novela: en 1798, poco antes de morir, Casanova se lo legó a su sobrino, Carlo Angiolini. Los hijos de éste lo vendieron, 20 años después, al editor Brokhaus, que hizo dos ediciones: la primera, traducida al alemán, fue concienzudamente censurada de obscenidades; la segunda, en francés, también fue mutilada y alterada por Jean Laforgue. Desde entonces, y hasta 1960, cuando se publicó la primera edición fiable y completa, se sucedieron más de 500 ediciones falsas, espúreas, semiverdaderas o completamente deformadas que, paradójicamente, contribuyeron a engrandecer la leyenda erótica de Casanova.
El tataranieto del tataranieto del tataranieto del editor que compró el manuscrito, Hubertos Brockhaus, el último de la dinastía y el heredero que ha vendido el inmortal manuscrito a la Biblioteca Nacional de Francia, explicó el jueves el destino final del manuscrito. "En 1943 nuestra sede en Leipzig fue cerrada por los nazis. Mi abuelo, entonces, cogió los manuscritos y en una bicicleta se los llevó hasta un banco, donde los metió en una caja fuerte. Así se salvaron del bombardeo que destruyó la ciudad", relató.

La última peripecia fue menos arriesgada. En otoño de 2007, el recién nombrado director de la Biblioteca Nacional de Francia recibe una llamada telefónica del embajador alemán en París. Una cita medio secreta en el aeropuerto de Zurich, en la que le muestran cajas enteras de papeles que documentan la autenticidad del manuscrito y la certeza de que no existe otro en el mundo acaban de convencer a Racine. El precio, siete millones de euros, es tan elevado como justo e impagable en ese momento. Así, pide al editor tiempo y durante dos años busca un mecenas que le ayude. Hace poco lo encontró. No ha revelado el nombre. Tan sólo que se trata de una empresa "financiera".

De este modo, en 2011, una exposición en la Biblioteca Nacional de Francia mostrará el más famoso manuscrito del que fue el más famoso mujeriego del siglo XVIII, además de espía, violinista, poeta, seminarista, militar, jugador, agente financiero, creador de la Lotería Nacional Francesa, mago y alquimista, nacido en 1725 y muerto pobre y sin nada en 1798, después de haber viajado por toda Europa y haber vivido de verdad.
Era alto, elegante (aficionado a los perifollos de la época), simpático, bromista, inteligente, vanidoso y no muy aficionado a las novelas. Tal vez por eso se dedicó los últimos años a recordar y consignar. La psicoanalista belga Lydia Flem, biógrafa de Casanova, relata cómo ese hombre inagotable comenzó a escribir las 3.700 páginas que ahora acaba de adquirir Francia: "Se lanzó a la vida sin pedir nada a cambio excepto la más insolente y más escandalosa de las recompensas: el placer".

18.2.10

Francia compra las memorias de Giacomo Casanova

Se trata de la compra más cara de un manuscrito hecha por el Ministerio francés
El precio no se ha dado a conocer, pero los expertos estiman que superaría los 3,6 millones de euros./fOTO; fUENTE:ABC

"El Ministerio de Cultura francés que dirige Frédéric Miterrand ha hecho pública hoy la compra de un valioso manuscrito que contiene varias páginas de las memorias de Giacomo Casanova.

Frédéric Mitterrand, el presidente de la Biblioteca Nacional, Bruno Racine, y el editor alemán Hubertus Brockhaus, han rubricado la firma del contrato de compra del valioso documento, cuyo precio no se ha dado a conocer, aunque al parecer se trata de la compra más cara de un manuscrito hecha por el Ministerio francés.

En palabras del editor, «el manuscrito estaba en nuestra posesión y yo quería que el público tuviese acceso a él. Me alegro de poder entregar esta obra de la literatura mundial a la Biblioteca Nacional».
Según estiman los expertos, el precio de la obra adquirida se situaría por encima de los 3,6 millones de euros que se pagaron por el manuscrito del autor francés André Breton en 2008. Mitterrand explicó que Francia adquirió el único ejemplar de las memorias de Casanova, del siglo XVIII, con ayuda de un mecenas anónimo.
Casanova, italiano de nacimiento, escribió sus vivencias en francés, por considerar, como él mismo apuntó, que ese idioma estaba más difundido que el suyo. Un heredero del mujeriego italiano vendió en 1821 las memorias al editor alemán Friedrich Arnold Brockhaus, en Leipzig. Tras la Segunda Guerra Mundial, la familia se trasladó a Wiesbaden y se llevó el manuscrito."

10.2.10

Los manuscritos de ‘La vorágine’

La Biblioteca Nacional revelará esta semana al público cuadernos originales de la gran novela de la literatura colombiana.

Fueron entregados por un descendiente de José Eustasio Rivera. fOTO: David Campuzano.fUENTE:El Espectador

"Los cuadernos tienen una composición visual tan dramática y elocuente que pudieran pasar como genuinas obras de arte plástica", dijo el investigador y curador Carlos Páramo.

"Querido don José Eustasio Rivera:

Fue difícil no sentir cierto beriberi cuando el enguantado experto en conservación de la Biblioteca Nacional apareció con los documentos que estuvieron a la deriva por más de 80 años. Ahora permanecen envueltos en suave papel desacidificado, de pH neutro, y pegado con cintas blancas. El sobre marcado como número 1 contiene un cuaderno alargado de tapa rojiza, de los que Usted también utilizaba para llevar la contabilidad de la hacienda de Sogamoso a comienzos del siglo pasado. Por lo que veo, resistió el frío del altiplano, el sopor de su Huila natal y la humedad de la jungla. Al abrirlo se encuentra uno con el título La vorágine, debajo un gran tachón como si hubiera querido cambiarlo y el inicio de la primera parte de la novela del realismo lírico que partió en dos la historia de la literatura colombiana, antes del realismo mágico de Cien años de soledad.

La caligrafía en tinta azul es hermosa, alterada por enérgicas enmendaduras y anotaciones al margen, siempre en busca del término más cadencioso. Palabras sobre palabras, pasadas luego a la máquina de escribir antes de lograr la versión definitiva (1924), que despiertan la curiosidad sobre su proceso creativo. Novedad en Colombia y en las decenas de países en los que generó impacto el relato definido como el encuentro de Occidente con la selva. -Previo a su temprana muerte en Nueva York, a los 40 años, Usted vio la traducción al inglés, pero le cuento que la trágica aventura de Arturo Cova se lee en portugués, sueco, ruso y hasta en chino. Si viera la bella y más reciente edición hecha en Colombia en 2006 por la fotógrafa Sylvia Patiño Spitzer-.

En cambio, inmaculada aparece la primera frase del cuaderno 1, cuya fuerza poética atrapa a los lectores, se convierte en una de las citas más reconocidas de nuestra cultura y marca el tono épico, entre moderno y posmoderno, que no decae hasta el epílogo: "Antes de que me hubiera apasionado por mujer alguna, jugué mi corazón al azar y me lo ganó la Violencia".

El primer borrador se cierra con una anotación Suya, avalada por su firma, entonces de abogado funcionario de la Comisión de Límites en la frontera con Venezuela: "este cuaderno viajó conmigo por todos los ríos de Colombia durante el año 1923, sus p{aginas fueron escritas en las popas de las canoas y las piedras que me sirvieron de cabecera, sobre los cajones y rollos de cables, entre las plagas y los calores. Terminé la novela en Neiva el 21 de abril de 1924".

Las manos autorizadas sacan del sobre 2 un cuaderno del mismo estilo pero cuadrado, en el que Usted bosquejó la segunda parte de su obra máxima, no la totalidad, con el mismo ritmo riguroso de escritura y reescritura. Más difícil de leer porque predominan los trazos de lápiz negro que tienden a borrarse, al parecer de forma irremediable. El tercer sobre no es menos sorprendente: protege los mapas y rutas de Sus viajes por la Amazonia, con apuntes grises de número de horas o días de viaje, nombres de trochas y crédito a los mapas del cartógrafo Hamilton Rice. Una guía para navegar "la selva de anchas cúpulas" y "los iracundos ríos", como Usted los define en Tierra de promisión, su libro de poemas.

En una hojita cuadriculada están sus travesías por el río Guaracú y sus barracas, epicentro del libro. Y en otras un documento de Franco Zapata sobre el "modo de trabajar la goma (caucho) en Brasil". Zapata y su esposa Alicia Hernández fueron los modelos reales de Arturo Cova y su amada Alicia. No sé si fue producto de la imaginación, pero al acercar la nariz a los manuscritos me pareció captar un viejo aroma a selva que se resiste a evaporarse entre los ácidos de la civilización.

A partir de esta semana sus escritos serán motivo de estudio cuando queden a disposición de los investigadores y del público, en formato digital. Los originales pasarán a una urna de vidrio como atractivo principal de la exposición La vorágine, abierta por la Biblioteca Nacional en noviembre y que seguirá gratuita hasta el mes de marzo en el centro de Bogotá.

Hallazgo trascendental

Más emocionado con el hallazgo está uno de los curadores de la muestra. Se llama Carlos Páramo -nombre para personaje novelesco-, es antropólogo de la Universidad Nacional y, como estuvo el investigador chileno y biógrafo de don José Eustasio, Eduardo Neale-Silva, vive obsesionado con descifrar el origen de cada una de las 340 páginas de La vorágine, considerada por Horacio Quiroga "el libro más trascendental que se ha publicado en el Continente". De Usted dijo el escritor uruguayo, otro maestro de los relatos de la selva: "su aliento épico no lo poseyó novelista alguno en América. Pasarán muchos años antes que nuestro Continente dé a luz un poeta de tal valer".

Páramo no duda de que los papeles Suyos serán trascendentales para despejar muchas de las preguntas sobre "el gran mito de Occidente". "No sólo valen como documento literario sino como documento histórico y antropológico, pues en varias ocasiones en un mismo cuaderno se consignan por igual pasajes de la novela en borrador y la información de primera mano que José Eustasio Rivera obtuvo durante su viaje por la Amazo-Orinoquia".

Quien se nota muy tranquilo es Sergio Calderón, el descendiente de Rivera que descubrió los legajos en el baúl de los recuerdos de la familia. Admite que se vino a dar cuenta de su importancia en 1988, año de la celebración de los cien años del nacimiento de don José Eustasio y los 60 de su muerte, luego de que la Biblioteca Luis Ángel Arango publicó un folleto dando cuenta de la existencia de las notas. Lo increíble es que desde entonces las ofreció a la citada entidad, al Ministerio de Cultura, a la Casa de Poesía Silva, a la Universidad Central y al Instituto de la Cultura del Huila, sin que nadie definiera el procedimiento para su recepción y conservación.

Apenas a finales del año pasado concretó la entrega con Ana Roda, directora de la Biblioteca Nacional. Los puso en contacto Isaías Peña, experto en literatura colombiana y fundador del taller de escritores más reconocido del país. El día que Sergio llegó con los añorados originales hubo conmoción en la Biblioteca Nacional. El historiador inglés y colombianista Malcom Deas estaba de visita y celebró el acontecimiento como ninguno. Resultó fácil para el comité de evaluación verificar la autenticidad porque el descendiente de Rivera probó su conexión y porque los manuscritos lo demuestran por sí mismos. Además, en esa biblioteca reposa un original de la primera edición de la obra, enviada por Usted desde Nueva York en el primer vuelo que hubo hacia Bogotá, y una diapositiva de los cuadernos que, nadie sabe cómo, apareció entre el archivo de imágenes que donó el escritor Germán Arciniegas.

3.2.10

Los últimos días de La Vorágine

Taller de escritura gratuito

"Durante la segunda semana de febrero, como parte de un proyecto de celebración de La vorágine y como andamiaje para la producción de textos creativos que serán seleccionados para acompañar un libro de fotografías ( sobre "distintas fuentes de agua") en proceso de edición, hemos organizado de la mano de la Biblioteca Nacional un taller (dividido en tres sesiones, gratuito y abierto al público de la ciudad) que tendrá lugar en Bogotá los días 9, 12 y 13 de febrero (martes y viernes 6-8pm - sábado 10am). La inscripción es gratuita y puede hacerse a atraves del mail:aguadelpacifico@gmail.com, informando su experiencia e interés en participar.
La exposición estará abierta hasta el próximo 5 de marzo.