29.4.15

Fernández Cubas: "Con el cuento aún no ha podido nadie"

La escritora, una de las cultivadoras más destacadas del género, publica un nuevo volumen de relatos, La habitación de Nona
Cristina Fernández Cubas. /Julián Lineros./elcultural.es

La escritora Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, Barcelona, 1945), una de las cultivadoras del relato breve más destacadas de nuestra lengua desde hace tres décadas, regresa al género con La habitación de Nona (Tusquets), un volumen de relatos para adultos en los que la realidad se enriquece con los procesos mentales de sus protagonistas, que guían la narración y se revelan mucho más importantes que los hechos objetivos. La identidad, la memoria, la percepción y el paso del tiempo son algunos de los temas centrales de estos seis cuentos, cuyas claves nos da su autora.

-Después de su libro La puerta entreabierta, en el que daba rienda suelta a su parte más desenfadada con el seudónimo de Fernanda Kubbs, ¿con qué actitud ha escrito este nuevo libro de cuentos?
-Con la actitud de siempre. Dispuesta a sorprenderme, a inquietarme, a responder algunas preguntas, a plantearme otras... Y, sobre todo, a pasármelo bien y a pasármelo mal. A veces de algún relato doloroso se sale renacida.

-Si obviamos la novela La puerta entreabierta, la antología Todos los cuentos y su cuento infantil De mayor quiero ser bruja, hacía bastante que no publicaba relatos nuevos. ¿Por qué?
-Vida y escritura van siempre de la mano y hay momentos en que no se tiene la capacidad de concentración necesaria, ni tampoco las ganas. Pero luego todo regresa. Y en eso estoy. De todas formas, mi ritmo de publicación nunca ha sido vertiginoso. Me tomo mi tiempo, convivo con mis relatos, los dejo reposar... No me gusta imponerme fechas u obligaciones. En realidad, la frecuencia de publicación la marcan los propios libros.

-En los cuentos de La habitación de Nona ahonda en los laberintos de la psique y parece más importante lo que sucede en la mente de los protagonistas que la realidad objetiva. ¿Está de acuerdo con esta impresión?
-Desde luego. Para ellos lo que pasa por su mente es sencillamente su realidad. De eso se trata. Y también de que me interesa penetrar en sus pensamientos y moverme en un mundo de claroscuros donde todo, en cualquier momento, puede ponerse en cuestión.

-La identidad (en “La habitación de Nona”) y la memoria (“La nueva vida” y otros) aparecen como algo difuso. ¿Considera realmente que estos dos pilares que constituyen el “yo” son así de frágiles? ¿Qué podemos hacer al respecto?

-Yo no los llamaría “frágiles” ni muchísimo menos. La identidad, natural o adquirida, es el eje precisamente de uno de los relatos, y de la memoria se dice en otro que “no es una tumba de alta seguridad”. De nada sirve, pues, enterrar recuerdos porque ella, al menor estímulo, se encargará de resucitarlos.

-¿Diría que la memoria y la percepción son el hilo conductor de estos cuentos?
-Cada cuento es independiente y ha nacido con voluntad de vivir su vida. Pero hay pasillos muy sutiles entre ellos. Citas, direcciones, objetos y, desde luego, la memoria, la percepción, lo engañoso de ciertas apariencias, los préstamos entre pasado y presente... Por algo cito al principio la frase de Einstein: “La realidad es simplemente una ilusión, aunque muy persistente”.

-Usted siempre ha defendido que no hay que edulcorar los cuentos a los niños. ¿Cree que crecen más sanos o mejor preparados psicológicamente si no les ocultamos las partes más crudas de la vida?
-Bueno, no soy tan drástica ni pretendo tampoco elevar mi experiencia a la categoría de verdad universal… Lo que sí he hecho ha sido recordar los cuentos que me contaban de niña, los libros que leí en mi adolescencia y sorprenderme de lo que está ocurriendo ahora: la progresiva infantilización de las lecturas. La isla del tesoro, por ejemplo: ¿era necesario abreviarla y simplificarla? En los libros que leíamos entonces había un montón de palabras que no podíamos entender pero, o bien las preguntábamos, o bien, a medida que avanzábamos, terminaban por explicarse a sí mismas. Todavía recuerdo algunas especialmente intrigantes como “linterna sorda”... ¿Qué podía ser una linterna o lámpara “sorda”? Y cuando lo averiguabas, te gustaba todavía más. Un farol de mano, de uso común, que permitía ver sin ser visto, algo así como el viejo sueño de la invisibilidad.

-¿Cómo suelen venirle las ideas para sus relatos? ¿Se nutre mucho de experiencias cotidianas y vivencias propias? Por ejemplo, la historia de “Interno con figura” parece inspirada en una experiencia verídica. ¿Es así?
-Sí. “Interno...” nace de una sensación poderosa. El cuadro de Cecioni, que descubrí en la exposición de los Macchiaioli en la Fundación Mapfre, me impresionó. La habitación casi desnuda, la cama descomunal, la extraña niña acurrucada junto a la cama... Era un cuadro con secreto. Con historia. Regresé a Madrid un mes después, volví a visitarlo y supe enseguida que un día u otro lo convertiría en cuento... Pero no siempre el punto de partida viene de una emoción intensa. En la lista de posibles estímulos entran los sueños o, mejor, ciertas imágenes entrevistas en sueños. La curiosidad. El deseo de recuperar escenarios perdidos o todo lo contrario: viajar a lugares donde no has estado nunca. La necesidad de responder a algunas preguntas o por lo menos intentarlo... Y la imaginación pura y dura, no lo olvidemos.

-¿Cómo ve el estado de salud del relato breve actualmente en la literatura en lengua española y en España especialmente?
-En España, a diferencia de algunos países de América Latina, el cuento ha pasado por tiempos adversos. Pero el lector de relatos es un lector muy fiel y los tiempos, además, están cambiando. Hoy existen editoriales dedicadas exclusivamente al género y un montón de excelentes cultivadores. Con el cuento, en definitiva, todavía no ha podido nadie.

-¿Por dónde va a seguir ahora? ¿Veremos más novelas de Fernanda Kubbs o más cuentos infantiles?
-La verdad es que me siento todavía en la habitación de Nona y alguna que otra noche sueño con los Wasi-Wano... Estoy, pues, disfrutando del momento y no tengo un plan concreto, pero sí todos los planes. Es decir, seguir con mis relatos no excluye ninguna otra posibilidad. Al contrario: creo que se complementan.

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