2.9.16

En el camino, el padre de “Lolita”

 Crónica. Viajando por EE.UU. a la caza de mariposas y detalles para “Lolita”, el incomparable Vladimir Nabokov vio más de su país que Kerouac o Steinbeck

Un ruso en tránsito. Nabokov no sólo vivió en hoteles en sus excursiones de lepidopterólogo. Pasó sus últimos 15 años en el Montreux Palace, Suiza./revista Ñ


Vladimir Nabokov escribió su perturbador y cautivante clásico Lolita sin respiro, a lo largo de cinco años, desde 1948 hasta 1953. Lo hizo llenando tarjetas de 5x7 pulgadas con notas que tomó viajando en el asiento del acompañante mientras el conductor a cargo, su esposa Vera, manejaba el Oldsmobile negro que tenían. Viajaron desde Ítaca, en el estado de Nueva York, hasta Arizona, Utah, Colorado, Wyoming y Montana.
En otras palabras, en el pico de la guerra fría, un novelista ruso expatriado, con el resonante nombre de Vladimir Nabokov, deambulaba por los estados más conservadores, documentándose para un libro sobre la obsesión sexual de un desgastado aristócrata con las “nymphets” (denominación que terminó en el Oxford English Dictionary y se ha traducido al español como “nínfulas”). Lo sorprendente es que Nabokov haya sobrevivido.
Todavía veneramos Lolita por el argumento audaz de Nabokov y su prosa sugerente, deslumbrante. Pero su contribución más perdurable puede llegar a ser el retrato de los Estados Unidos de posguerra, kitsch y ostentoso, que el escritor observó en sus viajes a través del país. Nabokov nunca aprendió a manejar, de modo que estimaba que entre 1949 y 1959 Vera ha de haberlo llevado en el auto unos 240.000 klómetros, casi todos por las rutas de dos manos que precedieron a las autopistas interestatales.
Si comparamos el número de millas recorridas, Nabokov es el más norteamericano de los escritores. Vio más de Estados Unidos que Francis Scott Fitzgerald, Jack Kerouac o John Steinbeck, y lo que vislumbró fue el país de los caminos secundarios: personal, íntimo, de apariencia uniforme e innegablemente auténtico. Hizo falta un autor nacido en Rusia para despertarnos a lo que Mark Twain sabía bien: Estados Unidos no es un lugar, es un camino.
Iba hacia el oeste porque cazaba mariposas. Fue un lepidopterólogo apasionado, que escribió el definitivo estudio científico del género llamado Lycaeides y varias especies recibieron su nombre por él. Con los años sus viajes lo llevaron desde Bright Angel Trail en el Gran Cañón a Utah, Colorado y Oregon. Pero uno de los mejores lugares para encontrar al mismo tiempo muchas especies diferentes de mariposas estaba a lo largo de la divisoria continental en Wyoming, a alturas que hacen sangrar la nariz. A medida que continuó el recorrido, la forma de la novela se fue afianzando y Nabokov empezó a tomar notas durante su cacería de mariposas y a pasarlas en limpio en habitaciones de motel.
De modo que, ¿por qué no seguir la pista de Vladimir y Vera hoy? Los hitos geográficos físicos de Lolita siguen en su lugar: no sólo las “montañas distantes”, las “colinas de avena” y los “picos implacables” de Humbert, sino también la cadena en serie de Cabañas Kumfy, Moteles Sunset, hoteles de paso Pine View, las Casas de Campo U-Beam y las posadas Skyline, adonde Humbert llevó a la cautiva Dolores Haze (nombre y apellido reales de Lolita). Entre ellos quedan algunos de los mismos hoteles en los que se registraron Vladimir y Vera hace más de medio siglo. Ni una vez durante mi seguimiento de Nabokov di con un solo propietario de motel que hubiera oído del escritor o de la novela.
Humbert y Lolita recorrieron toda una “mezcolanza de cuarenta y ocho estados”: Bourbon Street, Carlsbad Caverns, Yellowstone, Crater Lake, criaderos de peces, viviendas en acantilados y “miles de localidades llamadas Bear Creek, Soda Spring y Painted Canyons”. Cuando Humbert y Lolita hicieron su viaje, los íconos religiosos al costado de las rutas estaban limitados principalmente al sur. La pareja vio sólo una “réplica de la Gruta de Lourdes en Luisiana”. Hoy hay cruces por todas partes: blancas y pequeñas para conmemorar accidentes fatales en las carreteras, gigantescas como “La cruz más grande del mundo”, que supera los 60 metros, en la intersección de las carreteras interestatales I-70 e I-57, en Effingham, estado de Illinois.
En Wyoming, Vladimir y Vera pararon en el hoy desaparecido Motel Lazy “U”, de Laramie, al pie de las montañas Medicine Bow, hacia el sudeste del estado. Viajaba con ellos su hijo Dmitri, estudiante de la Universidad de Harvard, al volante de su nuevo Ford A 1931. Desde Laramie la familia siguió en auto hasta la cordillera Snowy Range y pasaron por un “pantano de sauces de aspecto notablemente repulsivo, lleno de bosta de vaca y alambres de púa”, donde Vladimir se detuvo de inmediato a cazar mariposas. Más adelante llegaron a Riverside, también en el estado de Wyoming, villorrio polvoriento con “un garaje, dos bares, tres albergues para automovilistas y algunas estancias, a un kilómetro y medio del viejo y obsoleto pueblito de Encampment (calles de tierra, veredas de madera)”.
Vladimir pasó el 4 de julio de 1952 en Riverside, y debe haber tomado notas sobre las Festividades del Día de la Independencia aquella vez, datos que cobrarían vida nuevamente en Lolita cuando el muy europeo Humbert termina confundido por “alguna importante celebración nacional en el pueblo, a juzgar por los petardos, verdaderas bombas que explotaban todo el tiempo”. Desde Riverside, Vladimir y Vera se hicieron una escapada por el día hasta la cercana Sierra Madre para cazar mariposas, tomando por un “camino local abominable” hasta la divisoria continental. Yendo hacia aquel paso, como más tarde lo describió en un artículo para The Lepidopterists’ News , Nabokov encontró los “mejores terrenos de caza” en Wyoming y capturó una cantidad de “curiosos” especímenes de mariposas, entre ellas la Speyeria egleis , que después donó a colecciones de las universidades de Cornell y Harvard y al Museo de Historia Natural de EE.UU.
Luego los Nabokov se dirigieron al norte del estado, hacia el pequeño pueblo de Dubois, donde cazaron mariposas a lo largo del magnífico río Wind y pararon en una cabaña de troncos y después en el Red Rock Motel, cuya razón social es actualmente Longhorn Ranch Lodge and R.V. Resort. Ubicado al pie de colinas altas, de laderas que caen a pique sobre el río Wind, con sus dilatadas manchas rojas y marrones, el Longhorn rinde homenaje entusiasta a la estética del oeste en versión Hollywood. Hoy, junto a la oficina de administración hay un museo-santuario dedicado a las motocicletas Harley-Davidson.
Después de Dubois, Vladimir y Vera continuaron hacia el norte a través del espectacular paso de montaña Togwotee, desde donde se ve Jackson Hole, lugar que Humbert debe haber tenido en mente al describir el oeste de altas montañas como “grises colosos de piedra con vetas de nieve”. Fueron a parar a Jackson Hole, más adelante a Star Valley y a lo que Nabokov llamó el “pueblito completamente encantador” de Afton, Wyoming, un sitio con 2.500 habitantes y muchos más alces y truchas.
El motel en el que se hospedaron, Corral Lodges, sigue estando en el centro de la población. Construido en la década de 1940, es un semicírculo de 15 cabañas de troncos individuales agrupadas alrededor de una oficina de administración que fue estación de servicio. En Lolita , el Corral Lodges aparece como cualquiera de los refugios de troncos con leños de pino, “barnizados en marrón”, que a la Dolores Haze –Lolita– de 13 años le recuerdan “huesos de pollo frito”.
En su viaje al oeste, Humbert y Lolita habían visto el anuncio en una caverna sobre “la mayor estalagmita del mundo”. Apenas saliendo del Corral Lodges vimos “el mayor arco de cuernos de alce del mundo”, un pórtico triunfal plano que cruza por sobre todo el ancho de los cuatro carriles de la calle principal, totalmente construido con más de 3.000 astas desprendidas año tras año de alces machos. Nabokov cazaba sus amadas mariposas en los arroyos tributarios del río Salt, incluido el “mayor manantial intermitente del mundo” en Swift Creek. Los troncos usados para construir las cabañas de Corral Lodges llegaron flotando corriente abajo por el arroyo Swift para luego ser trabajados a mano al estilo “tradicional sueco”, cortando las esquinas para efectuar las inserciones. Algo de las Montañas Rocallosas del oeste le recordó a Nabokov su juventud en Rusia. “Alguna parte mía debe haber nacido en Colorado”, le escribió al crítico Edmund Wilson, “porque constantemente estoy descubriendo cosas con súbito deleite”.
Los Nabokov hicieron el viaje de vuelta por Jackson Hole, donde Dmitri se quedó de vacaciones con sus compañeros del Club de Montañismo de Harvard. En 1951 se habían alojado en el Teton Pass Ranch, pocos kilómetros al oeste de la minúscula población de Wilson, siempre en Wyoming.
La parada final en la pista de Nabokov en Wyoming fue el Battle Mountain Ranch, sobre el río Hoback, al sudeste de la localidad de Jackson. Estancia que también recibía huéspedes cuando Vera y Vladimir la visitaron durante su persecución de mariposas, se ha mudado río abajo y es hoy el Broken Arrow Ranch, sede del programa benéfico “City Kids Wilderness Project”. Un año después de su viaje por Wyoming en 1953, Nabokov terminó esa “cosa grande y espiralada” que lo había acechado durante media década. Temeroso de una reacción negativa, no menos de dos veces había intentado quemar las tarjetas en las que redactó el manuscrito. En cada oportunidad, Vera las salvó del fuego.
Rechazada en Estados Unidos, Lolita fue publicada por primera vez en 1955 en Francia, en inglés. Llegada a Gran Bretaña, el Sunday Express dijo que era “mera e irrestricta pornografía”. Pero el novelista Graham Greene la elogió, rescatándola así de las llamas de la crítica. En Estados Unidos se publicó en 1958, con ruidosa aceptación. De inmediato se convirtió en N° 1 entre los bestsellers del New York Times , y Stanley Kubrick se alzó con los derechos cinematográficos. Desde entonces se ha vuelto a reimprimir siempre y la reputación de Vladimir Nabokov nunca ha estado más alta, con nuevos libros que se publican sobre él todos los años. El más reciente es, precisamente, la reveladora biografíaNabokov in America , de Robert Roper.
©New York Times. Traducción de Román García Azcárate.