9.9.16

Juan Gabriel Vásquez: "Nunca en mis 43 años de vida me había sentido tan orgulloso de Colombia como en este momento"

Juan Gabriel Vásquez es en estos momentos el novelista colombiano vivo más reconocido en el mundo y alimenta su narrativa con la historia de este país tan complejo

Juan Gabriel Vásquez ve en la paz con las FARC una gran oportunidad para Colombia/Natalio Cosoy./BBCMundo

Y la experiencia de bucear en esa complejidad, desmadejar los intrincados episodios que han marcado el devenir de Colombia, le dan una especial sensibilidad para leer el país y para intentar contarlo y explicarlo.
Esa capacidad parece especialmente útil en el contexto del histórico acuerdo de paz alcanzado con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) tras cuatro años de negociaciones, el que sin embargo todavía tendrá que ser aceptado o rechazado en un plebiscito por los colombianos.
Y sobre esos temas y en ocasión del Festival Hay de Querétaro, BBC Mundo conversó con él, primero en Londres, antes del anuncio del acuerdo, y luego en Bogotá, una vez sabido que se había alcanzado un pacto definitivo en la mesa de La Habana.
Este es el resultado de esos diálogos.
¿Cómo recibiste el anuncio del acuerdo final alcanzado en La Habana?
Yo creo que nunca en mis 43 años de vida me había sentido tan orgulloso de este país como en ese momento; pude decir: "Hemos logrado algo colectivamente". Ahora falta ver si ratificamos ese logro.
Ayúdanos a entender Colombia: ¿cómo se explican los más de 50 años de conflicto, que generaciones enteras de colombianos no hayan conocido sino violencia y guerra?
Hay una serie de circunstancias que distinguen al conflicto colombiano de otros, y para mí la más importante es la presencia de la droga como combustible de la violencia. Aunque, aparte de eso, la violencia colombiana ha demostrado un talento increíble para reinventarse.
El jefe de los negociadores de las FARC, Iván Márquez, el del gobierno, Humberto de la Calle, y el ministro de Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez reaccionan tras la firma del acuerdo./reuters

Los historiadores están más o menos de acuerdo en que el conflicto que ahora estamos intentando terminar empezó en 1948 con el asesinato de un candidato a la presidencia: Jorge Eliécer Gaitán, un líder popular, muy popular. Un asesinato que inauguró una década de violencia tan extrema que los colombianos la llamamos La Violencia, así con mayúsculas.
Fue una década de enfrentamientos partidistas, entre conservadores y liberales, que acabaron con 300.000 muertos en menos de 10 años.
Esa década de violencia extrema se termina con un plebiscito. Hay una especie de gran acuerdo nacional hecho en 1957, que fue la participación electoral más grande de nuestra historia para acabar con esa violencia.
Se logró.
Pero las dinámicas internas de la opresión, de la pobreza extrema como combustible de la violencia y una historia de enfrentamientos partidistas, todo eso mezclado con la aparición en la escena latinoamericana de la Revolución Cubana, de alguna manera fue el caldo de cultivo en que la nueva violencia se produjo, la nueva violencia surgió, con la creación en 1964 de las FARC.
El asesinato del candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán el 9 de abril de 1948 desencadenó el periodo conocido como La Violencia./AP

A partir de ahí es cuando propiamente comienza el medio siglo de violencia que ahora acaba de terminar con los acuerdos de paz. En medio siglo las dinámicas de la violencia, la inercia interna de la violencia, permitió una especie de degradación del conflicto que involucró a todos los actores.
Así como las guerrillas descendieron a niveles de crueldad y de vileza pocas veces vistas yo creo en la historia latinoamericana, también surgieron los ejércitos de paramilitares de extrema derecha, también surgió el fenómeno de los crímenes de Estado.
Todo ese gran conflicto social se alimentó casi de manera exclusiva ,a partir de cierto momento reciente de nuestra historia, con el dinero de la droga.
Y la guerra contra las drogas se convirtió, con el paso del tiempo, en la principal fuente de la violencia en Colombia, con la guerra que Pablo Escobar le declaró al Estado colombiano. Pero luego, con la muerte de Pablo Escobar, la droga como combustible siguió ahí, siguió presente, alimentando tanto a la guerrilla como a los paramilitares.
Entonces, Colombia es un país con una violencia muy antigua, con tensiones sociales muy antiguas, que han provocado esa violencia, pero con ese pequeño ingrediente que ningún otro país tiene: la droga como combustible, como motor, y como fuente de financiamiento de todos los grupos ilegales.
Eso es lo que este proceso de paz trata de desactivar y yo tengo la esperanza de que eso se logre con la firma de la paz.
¿Y cómo evitar que continúe la violencia mientras exista el negocio ilegal de drogas, el narcotráfico?
No se puede.
Esa es una de las convicciones a las que hemos llegado quienes defendemos la idea de legalizar las drogas: que mientras la droga siendo ilegal su capacidad para generar ilegalidad permanece intacta.
Dos mujeres recogen marihuana en la zona rural de Toribio, Cauca, un área controlada por las FARC./EPA

El conflicto colombiano entre ejércitos, grandes y muy bien constituidos, se ha alimentado de la droga.
Desaparecida la guerra, desaparecidos esos ejércitos, la droga como combustible seguirá alimentando las diversas violencias: la criminalidad pequeña, los enfrentamientos entre bandas, la corrupción.
Ahí es cuando decimos, los que apoyamos la legalización de la droga como idea, que la droga es un doble problema. Es un problema de salud pública y es un problema de orden público en este momento.
Legalizar la droga eliminaría el problema de orden público, porque eliminaría el contenido de criminalidad, de corrupción y de violencia que produce la droga, y nos quedaríamos con un problema grave -que existirá mientras haya droga- que es el del consumo, pero eso pertenece al ámbito de la prevención y el tratamiento médico y también de la responsabilidad personal.
El conflicto, la violencia, ¿todavía permean la vida cotidiana en Colombia?
Noto la violencia en el lenguaje cotidiano en Colombia. Y la noto de manera muy clara en el debate público. La crispación de los últimos años en Colombia ha sacado a la superficie una violencia en el debate, en la manera de contradecir, en la manera de recibir las opiniones del contrario.
50 años de violencia han marcado el temperamento colombiano y la mentalidad colombiana de una manera tan fuerte que es imposible no pasar por ahí en nuestra vida cotidiana. Y creo que esa es una de las razones por las que, paradójicamente, tenemos esa reputación de cortesía y de buenas maneras, porque son pasos extras que se toman para evitar la confrontación.
Cientos de colombianos celebraron en las calles de Bogotá el anuncio del acuerdo de paz el 24 de agosto./AP

Creo que sabemos que tendemos a la violencia y por eso tratamos de desactivarla en la vida cotidiana lo más que se pueda, hasta el momento que ya no se puede más. Entonces los colombianos llegamos a la violencia verbal o física con mucha facilidad, de manera muy inmediata.
Esta paz que hemos conseguido puede ser muy bien, si se llega finalmente a una aprobación del plebiscito y a una aprobación del plebiscito dentro de un clima de reconciliación, el primer paso para desactivar esas violencias soterradas que llevamos los colombianos con nosotros y que nos permiten con tanta facilidad acudir a la agresión verbal o física en el momento de un desacuerdo.
Más allá del lenguaje, ¿se puede decir que Colombia es un país peligroso, un país violento?
Definitivamente es un país que sufre todo los días una dosis de violencia muy alta. Lo que pasa es que esa violencia ha cambiado de escenarios y de focos a lo largo de los años.
La violencia urbana, con la que yo crecí; la violencia de los años de las bombas, de la guerra del cartel de Medellín contra el Estado colombiano, de los asesinatos políticos, de los tiroteos en las calles -todo lo que está en (la novela de Vásquez) "El ruido de las cosas al caer"- ha desaparecido.
Pero la guerra está presente en las zonas rurales colombianas de una forma muy tangible, que marca la vida de la gente, que produce desplazados todos los días, que produce víctimas todos los días, aunque los colombianos que vivimos en la ciudad nos enteramos de un porcentaje muy pequeño de las maneras en que esa guerra -a veces larvada, a veces declarada- que hay en Colombia se manifiesta todos los días.
Yo creo que una de las grandes transformaciones que vendrán a partir de ahora, con la paz, con la desactivación del conflicto, tendrá mucho que ver con esto. Colombia dejará de ser un país peligroso, en el sentido tan personal, tan idiosincrásico que tiene ahora. Y lo será en la misma medida en que lo es cualquier otro país de sus mismas condiciones, cualquier otro país latinoamericano.
Eso está a la vuelta de la esquina. La paz traerá una especie de normalización de la vida.
¿Qué explica que haya gente que marcha contra los acuerdos de paz?
Por un lado, una herencia de dolor y sufrimiento que es muy intensa y que convierte el acto de lo que algunos llaman el perdón, otros simplemente olvido, en algo muy difícil. La guerrilla de las FARC ha causado muchísimo sufrimiento, de maneras muy innobles, a lo largo de los años, igual que el paramilitarismo.
  • "Voy a votar que no": las razones de quienes rechazan el acuerdo de paz en Colombia a pesar de haber padecido la guerra.
    Y ese dolor de algunas víctimas, que es absolutamente comprensible, ha sido manipulado de mala manera por mucha gente con mucho peso en la opinión colombiana, por una parte de la clase política Colombia para oponerse a un proceso de paz. Entre otras cosas porque es mucho más fácil liderar a una multitud cuando se está en guerra que en tiempos de paz.
    Y esa es sólo una de las muchas divisiones de Colombia, ¿no? A veces da la impresión de que no hay una Colombia, sino muchas...
    Hay un país muy dividido, en constante combate por su identidad. Es un país que no se decide todavía entre defender un modelo de sociedad de los más progresistas que puede haber en América Latina a nivel de ciertas leyes, y un país que todavía se resiste a los cambios sociales, a la modernidad, se resiste a la pluralidad religiosa, se resiste a ser lo que su constitución dice que es: una república laica.
    ¿Ves algún riesgo de que es tras el plebiscito sobre los acuerdos de paz que tendrá lugar el 2 de octubre se desemboque en un nuevo ciclo de violencia?
    En Colombia siempre está la posibilidad de un nuevo ciclo de violencia, porque la violencia tiene sus propias inercias. Son mecanismos subterráneos, que funcionan de manera siempre impredecibles, y desde luego que un acuerdo nacional de paz en la forma de un plebiscito no es un antídoto contra eso.Pero lo que me ha sorprendido en estos cuatro años de negociaciones es que estos hechos se han producido y el proceso de paz ha sobrevivido, el gobierno y la guerrilla, la mesa de La Habana ha llevado esos trágicos accidentes de la inercia de la guerra, con mucha madurez, con mucha sensatez y con la testarudez de buscar la paz a pesar de eso. Y yo creo que lo que ha sucedido (el miércoles 24 de agosto, cuando se anunció el acuerdo final) es el premio para eso.
    Pero no estamos exentos de nuevos accidentes, de nuevas circunstancias impredecibles por parte de cualquiera de los actores, sobre todo existiendo una parte del espectro político colombiano tan interesada en el fracaso, en el sabotaje de lo que ha logrado.
    ¿Recomendarías hoy visitar Colombia? ¿Qué le dices a la gente que te pregunta eso?
    Yo les diría que sí, que por supuesto.
    Y les diría que Colombia hoy, gracias a ciertos esfuerzos que se han hecho en las últimas décadas, no sólo es un país por el que la gente se puede mover con relativa normalidad, sino que es un país condenadamente interesante. Está lleno de lugares que desde un punto de vista natural son lugares privilegiados de nuestro continente. Y por si eso fuera poco la vida cultural, la vida literaria en Colombia pasa hoy por un gran momento.
    Todo eso hace que yo, a pesar de mis peores instintos, siga siendo muy optimista con respecto a mi país.
    ¿Y qué hay que ver para conocer Colombia de verdad?
    Uno de los privilegios de Colombia pero también de sus lastres es ser un país que es en realidad varios países que no han sido completamente exitosos comunicándose entre ellos. El centro con las costas y las costas con el sur amazónico, con los Llanos Orientales o con Antioquia o con Cauca.
    Son idiosincrasias marcadamente distintas que hay que conocer para entender Colombia. Hay que estar consciente de esa diversidad y tratar de cubrirla y tratar además de trascender las polaridades entre la vida de ciudad y la vida de las zonas rurales.
    Yo creo que no se puede entender Colombia sin entender esa diversidad y sin haberla visto y sentido.
  • Figuras como el expresidente Álvaro Uribe se oponen a os acuerdos con las FARC./reuters

  • Lo que hemos tenido, entonces, es un conflicto terrible que, diría el sentido común, lo que tenemos que hacer es terminarlo. Pero hay muchísima gente para la que ese dolor pesa más que la voluntad -que es más política, que emocional o vital- de terminar con el proceso.