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27.4.10

Vallejo: "El sexo es algo del cuerpo pero ante todo es algo del alma"

ENTREVISTA
El amor y la muerte, dos experiencias que no se pueden filmar "porque pasan dentro", en una charla con el autor de La virgen de los sicarios

EN BUENOS AIRES. El autor trató de narrar su muerte en el libro El don de la vida.fOTO;fUENTE:Revista Ñ

"Que no, dice, que el loco furioso que desde sus libros tira con ametralladora verbal contra todo lo (humano) que camine no es él, no es Fernando Vallejo, no es el hombre que nació en Colombia en 1942, que es admirado en el mundo de habla hispana, que es el autor de La virgen de los sicarios . Dice que no es él pero a los dos minutos dice más o menos lo mismo que el personaje del libro que vino a presentar, como que Borges "es un muy mal poeta". Pero sobre todo dice que, como el personaje de El don de la vida ­"ese loco"­ él lleva una lista de gente conocida que murió. Setecientos ya tiene. No es capricho.

Este es un ­otro­ libro sobre su muerte. ¿Qué tiene que ver la lista? "Uno no muere de golpe, morirse es acabarse de morir. Piensa cómo los que lo acompañaron a uno con las ilusiones de uno, los valores de uno, desaparecieron. Entonces qué queda de uno, qué queda de uno en un mundo ajeno".

Vallejo se ha cansado de decir que él es un escritor en primera persona. Que no les cree nada a los narradores en tercera, que lo saben todo de sus personajes. Y esa convicción, claro, le complica el intento de narrar su muerte.

­ Es un imposible; uno escribe en tercera persona muy fácilmente la muerte de un personaje, pero ¿cómo dice uno en primera persona: "yo me morí"?

­ -Lo puede hacer el cine, hay camarógrafos que filmaron su muerte.

­ Filmar la muerte es como filmar el amor. El amor no se ve, el amor es interno. La pornografía no da cuenta de nada de lo que está pasando dentro de los que la están viviendo. El amor no se puede ver con una cámara ni la muerte tampoco; lo que cuenta es lo que está pasando dentro.

­ -¿Y qué es el amor?

­-El amor es sexo.

­ -Pero el sexo sí se puede ver.

­ -El sexo no se puede ver porque se ve lo exterior pero no se ve lo que está pasando en el alma. El sexo ante todo es algo del alma, es también algo del cuerpo pero ante todo, del alma.

­ -¿Y la muerte qué es?

­ -También del alma, la que se muere es el alma.

­ -¿Y el alma qué es?

­ -El alma es el yo, el momento, el ahora, lo que recordemos en el ahora. Es una pesadilla de la materia.

­ -Entonces el alma podría morir antes del cuerpo.

­ -Todas las noches morimos cuando estamos dormidos y no soñamos. Lo que sigue vivo es la maquinaria biológica. Con la muerte, se muere esa maquinaria y se muere definitivamente lo que ella sostiene, que es el alma.

­ -Y usted trata de anticipar lo que será eso ...

­ -Me estoy encaminando a pasos agigantados hacia la muerte.

­ -Como todo el mundo.

­ -Sí. Pero llega un momento de la vida en que uno se da cuenta que ese programita se acabó.

­ -¿Eso cuándo le pasó?

­ -Va pasando poco a poco después de los 50, cuando uno empieza a ver que se le muere la gente que lo ha acompañado a uno en la vida, quienes lo han rodeado, la familia, los amigos, la gente que uno ha querido, los enemigos, las ciudades, las calles, las casas que van tumbando, las calles que van ampliando, que convierten en avenida, los barrios que van tumbando, los hoteles que eran de primera y se vuelven hoteluchos, todo se va acabando y uno se va acabando como el mundo que lo ha rodeado. Y la música, la que estaba viva cuando uno era muchacho y que se muere también.

­ -¿Cómo muere la música?

­ -La dejan de oír los jóvenes y los viejos que la oían se mueren Aquí el tango y la milonga ya se murieron. En Medellín estuvieron vivos hasta hace diez años, fue el último reducto del tango y la milonga.

­ -Usted ha dicho que escribe para molestar, pero es un autor de éxito.
¿Será que encarna una especie de enojo de la época, un malestar que los demás no gritamos?

­ -Hay un malestar general, no se si en la historia de la humanidad haya sido siempre así, pero calculo que nunca como ahora, porque nunca para empezar había habido tanta gente, nunca habíamos estado tan amontonados. La frase de Sartre, que el infierno son los demás, se está convirtiendo en la gran frase de la humanidad.

­ -En el libro dice que Borges es muy mal poeta. ¿De verdad lo cree?

­ -Eso lo dice el loco del libro, no yo. No solo un muy mal poeta sino un prosista bastante irregular, está lleno de afectaciones, de impropiedades, como si no fuera su idioma la lengua española. Y no porque esté lleno de anglicismos, no usa anglicismos: es porque no se siente que hubiera respirado el aire que traían las palabras de la lengua castellana, como que hubiera respirado otro aire distinto."

18.3.10

“Vallejo está en la cumbre literaria”

LIBRO
Investigador belga Jacques Joset explica la dimensión que está tomando la obra del polémico escritor antioqueño

El crítico belga Jacques Joset en medio de Fernando Vallejo (derecha) y su compañero, el coreógrafo David Antón, en la casa de estos últimos en Ciudad de México.
fOTO:fUENTE:elespectador.com

"Como a la mayoría de lectores europeos, Fernando Vallejo agarró por el cuello al catedrático emérito de la Universidad de Lieja y reconocido crítico literario, Jacques Joset, con su novela prima La Virgen de los sicarios (1994). Hasta ese momento el belga era un filólogo hispanista experto en el Nobel colombiano, editor de Cien años de soledad (1987) y autor de Gabriel García Márquez, coetáneo de la eternidad. Sin embargo, el descubrimiento de la blasfemia dialéctica de boca y puño de una especie de Cioran tropical en Medellín lo obligó a cambiar el rumbo de sus investigaciones, a pasar del realismo mágico del costeño al realismo violento del paisa.

El resultado de su vertiginoso viaje a través de las diez novelas que ha escrito Vallejo, la más reciente El don de la vida, es un ensayo de 211 páginas titulado La muerte y la gramática. Las dos obras salen desde mañana al mercado, la primera bajo el sello editorial Alfaguara y la segunda con el de Taurus.

Joset logra identificar los principales derroteros creativos de Vallejo. Explora a fondo la influencia del poeta Louis-Ferdinand Céline desde la adolescencia, en especial de la obra Viaje al fin de la noche, así como las coincidencias de pensamiento del colombiano y el francés incluso hasta la creación final de este último, Rigodon, dedicada a los animales. Los dos rechazan los dogmas ideológicos contemporáneos y asumen una postura antihumanista que los hace capaces de despreciar hasta a su propia madre. Los dos también confluyen en el tema de la muerte, columna vertebral de sus libros.

Es un ejercicio riguroso de literatura comparada que lleva a Joset a confrontar a Vallejo en su casa en México y a través del correo electrónico para sentar las bases de una crítica profunda que ubica al polémico escritor en la cima de la literatura, por la fuerza de sus diatribas, por el impacto que han tenido en América y Europa. Esto a pesar de que en su caso es inútil aspirar a verdades absolutas porque en él todo es contradictorio.

Joset también evidencia que llegó el momento de dejar de entrevistar a Vallejo en busca de titulares de periódico, lo que ha llevado a la opinión pública a valorarlo más por su cantaleta que por su prosa, para meterse de lleno en la trascendencia de su literatura.

"¿Ese pederasta amargado un clásico?", me dijo enervada esta semana una crítica suya que no lo soporta pero tampoco lo ha leído con juicio. Pues según le dijo Joset a El Espectador, sí. El efecto Vallejo crece a nivel internacional como una bola de nieve. Lo confirma desde Nueva York su agente Tom Colchie, cabeza de la prestigiosa agencia que ha autorizado traducciones a 15 lenguas en los últimos dos años. Sus novelas más traducidas son La virgen de los sicarios, también llevada al cine por el franco-iraní Barbet Schroeder (2000) y El desbarrancadero, cuyas ediciones en polaco y checo acaban de llegar a la casa de Vallejo en Medellín.

El belga se identifica con las palabras de Alberto Quiroga, autor de reseñas de la narrativa de Vallejo: "La frase corta, impulsiva, llena de interjecciones, de gritos, de exclamaciones, de cambios intempestivos de humor… el vértigo en unos claroscuros tenebrosos, densos, turbulentos, despiadados, crueles, criminales". Otra parte del ensayo de Joset está dedicada a las "autoficciones" de Vallejo a través de "un yo narrador que se autoriza todas las libertades, hasta las de 'mentir' sobre sí mismo", a ojos de Quiroga "un yo pendenciero, absoluto, castigador, que no da tregua y fustiga a diestra y siniestra como un dios rabioso y vengativo".

¿Por qué Vallejo manda al diablo la omnisciencia de los autores de tercera persona, desde Dostoievsky hasta García Márquez? ¿Por qué ha desmitificado a Darwin con su Tautología (1998) y a Newton con el Manualito de imposturología física (2005)? ¿Por qué apenas reconoce influencias de Cervantes, "el más grande escritor", y Mujica Láinez, "el más grande prosista"? ¿Por qué le da estatus a la grosería, al "hideputa cervantino" y al "hijueputa colombiano"? Según Vallejo, en El Quijote descubrió la fuente de "una sarta de palabrotas" para echarle a alguien "un baldado de vulgaridad", aunque allí no encontró "el horror de la vida" que le dio esa mala madre llamada Colombia. Las respuestas están en el texto de Joset, que descalifica el facilismo de quienes ubican a Vallejo como "escritor maldito".

Respalda sus denuncias abiertas contra las perversiones de la democracia y la demografía desbocada pero enseguida lo critica porque "no me parecen aceptables su misoginia ni su desdén por la 'chusma'". Deja en claro, para quienes se atreven a dudarlo, que Vallejo no es un escritor del montón sino un insigne gramático normativo, graduado desde que publicó Logoi en 1983; un ideólogo marginal al que ubica, inspirado en el arte y el perfil del pintor inglés Bacon, en el "fascinante cruce de caminos entre la poesía y el horror, la violencia y el sexo". Se puede decir que Joset establece la "unidad subterránea" de la novela vallejiana y explora el ritmo de sus letanías, de su "burla suprema", hasta asimilarlas a la música, considerada por el autor colombiano como el arte supremo. Y deja entre líneas una advertencia: que a Colombia no le pase lo que a Francia con Céline, que lo marginó y satanizó, y después de muerto desenterró su obra tras reconocer que decía verdades que una nación debe oír.

El Espectador. ¿Fernando Vallejo ya ocupa un lugar en la literatura universal?

Jacques Joset. Si consideramos que desde el modernismo, las literaturas de Hispanoamérica desempeñan un papel cada vez más protagónico en el discutible concepto de literatura universal, parece obvio afirmar que Fernando Vallejo ocupa una de sus cumbres actuales.

Usted que ha estudiado a fondo a García Márquez y a Vallejo, ¿qué paralelo puede hacer entre mundos reales ficcionales como Macondo y 'El desbarrancadero'?

A García Márquez y menos a Vallejo le haría gracia la pregunta. Lo único sensato que se podría contestar es que cuando Gabo inventa Macondo, Vallejo recrea Medellín. El del antioqueño no es para nada un realismo mágico; es un realismo, si tiene la palabrota algún sentido en crítica literaria, que se precipita hacia la nada.

¿La obra de Vallejo tiene la suficiente fuerza y trascendencia para aspirar a un Nobel de Literatura?

No se trata ni de fuerza ni de eficiencia. Se trata de la aceptación posible del Nobel de Literatura por Vallejo. Sé que no rechaza por principio premios y honores —recogió el Rómulo Gallegos de 2003 y el Doctorado Honoris Causa que le otorgó la Universidad Nacional el año pasado—, pero no sé si soportaría inscribirse en una lista donde figura ya García Márquez. Por otra parte son muchos los escritores con o sin méritos que están en la carrera del Nobel y que aspiran a integrar la nómina. Pienso que Vallejo no participa en la competición. Y para terminar: ¿cree que los miembros del jurado están dispuestos a escuchar el discurso políticamente incorrecto que no dejaría de soltar Vallejo en la ceremonia de recepción?

¿Cuánto tiempo completa siguiéndo a Vallejo y cómo estudiarlo sin que la metodología de investigación se vuelva caótica como su obra?

Hice mis pinitos con un articulillo sobre La Rambla paralela en 2005 y desde hace cinco años le sigo la pista al escritor con los recursos de una formación de hispanista y de filólogo romanista. El rigor de un aprendizaje que no venía aún pervertido por los estudios culturales acota la pasión y el caos cronológico de mis lecturas.

¿El discurso blasfemo de Vallejo sorprende a autores o intelectuales europeos?

Desde un principio un intelectual que sea europeo, africano o latinoamericano no tiene que dejarse sorprender por un discurso literario. Es más, lo espera consciente o inconscientemente. Si un texto, siquiera de Vallejo, lo sorprende, no es un intelectual. Al lector del montón, el de Carlos Zafón o de Dan Brown, por ejemplo, claro que lo perturba el discurso de Vallejo.

¿Cómo compara el impacto de Vallejo en Europa y en América?

No puede ser el mismo. La recepción de un texto literario viene determinada por las condiciones concretas, espaciales y temporales, de lectura. Eso vale para Vallejo como para García Márquez y para todos los escritores habidos y por haber. Por otra parte es evidente que dicho impacto es mucho más fuerte en España que en Francia (donde no es nada inocuo) o en Alemania.

¿Y entre el público anglosajón?

No lo sé. Soy romanista y ni siquiera conozco las traducciones de Vallejo al inglés.

¿Al nivel de quiénes en la literatura universal pondría hoy a Fernando Vallejo?

El mismo concepto de literatura universal, un tanto esencialista, me parece discutible. Más vale hablar de literatura comparada que remite a redes textuales interactivas. Pero a uno por más "aficionado a leer aunque sean los papeles rotos de las calles" (Don Quijote, I, 9), se le escapará siempre un "papel" importante. Es muy posible por ejemplo que desconozca la existencia de un Fernando chino.

¿Cómo asimilar y catalogar en Vallejo ese juego entre el dominio pleno de la gramática española y, a la vez, validar a nivel literario lo vulgar?

En verdad no hay contradicción entre lo uno y lo otro como si no se pudiera increpar a Dios en una lengua correcta. En eso Vallejo no es nada original: el "Comte de Lautréamont" por ejemplo lo había hecho genialmente en 1868-1869 al publicar Les chants de Maldoror. Con un reparo: nunca Vallejo ni Lautréamont son vulgares.

¿La forma en que aborda en sus obras lo sexual, llegando según sus críticos, a promover la pederastia, afecta la universalización de su obra?

Todo lo contrario. Se sabe, por lo menos desde Freud, que lo sexual es un motor esencial de la vida, y no sólo de la humana. Los que le atribuyen una promoción de la pederastia son o bien lectores apresurados de su obra o bien inocentes que caen en la trampa de la provocación de unas entrevistas suyas.

'El don de la vida' es una perorata magistral de Vallejo con la muerte, pero ¿qué opina de la carga sexual desde la primera línea?

Quedarse en lo sexual para definir esa obra me parece a la vez una exageración y una reducción del alcance ideológico de la obra. Los que van más allá de la primera frase ("—¿Quién tiene la verga más grande en este bar de maricas?") descubrirán que el verdadero tema del libro es como en todos los demás la muerte.

¿Cree como crítico que a Vallejo, por la fuerza de su punto de vista narrativo y su gran yo, se le puede atribuir la invención de la "autohagiografía"?

Lo de "autohagiografía" es una tomadura de pelo más de Fernando Vallejo. El género al que se atiene es la autoficción en sus más variadas modalidades. Lo que ocurre es que Vallejo le da un sesgo original y propio al género, que tampoco inventó. Existe desde antes de que el crítico francés Serge Doubrowski le dio la fe de bautismo o sea la etiqueta en 1977.

¿Por qué se quedó con el título 'La muerte y la gramática'?

Era el que mejor correspondía al contenido: la muerte es la gran obsesión de Vallejo desde su primera autoficción.

¿Cree que Vallejo sí es un potencial suicida o es una pose que utiliza a conveniencia?

Se ha dicho lo mismo de muchos otros escritores cuya filosofía no respira el optimismo, que digamos. Estoy pensando en Cioran o en el Sartre de La náusea. Se murieron en su cama.

¿Qué aprendió que no sabía de literatura leyendo a Vallejo?

Ya que tengo un año menos que Vallejo y que, como Mallarmé, "j'ai lu tous les livres" ('he leído todos los libros'), tuve la gran alegría de descubrir que un texto literario aún podía conmoverme."