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10.9.10

Skármeta: "Siento que la sociedad latinoamericana tiene muy mutilada el alma"

El autor de Ardiente paciencia, entre otros, cree que la región "aceptó la globalización sin matizarla". Y que "las grandes reservas son los artistas"

ANTONIO SKARMETA. El escritor chileno lanza su nueva novela "Un viaje de película", en noviembre.foto.fuente: Revista Ñ

El escritor chileno Antonio Skármeta llegó el lunes a Buenos Aires con un objetivo central: presentar la película El baile de la Victoria, dirigida por Fernando Trueba, protagonizada por Ricardo Darín, y basada en la novela homónima que le valió al autor el Premio Planeta en 2003.

El objetivo, cuenta, vale también para visitar una ciudad que "lo tiene tomado del corazón".

El vínculo del autor de Ardiente paciencia con Argentina es fuerte: vivió en Belgrano entre los 9 y los 11 años y pasó en el país sus primeros meses de exilio tras el golpe a Salvador Allende, en 1973.


­-¿Qué huellas dejó su experiencia en la Argentina?


-Fue fundamental: por sobre todo, yo soy un narrador, y nací como narrador contándole algo a alguien en forma oral. Y eso sucedió en este país. Cuando vivía aquí, siendo chico, apareció el gusto por la poesía y descubrí una facilidad para recitar versos.

También lo vislumbraron mis maestros y lo fomentaron. Luego ese talento pasó de la escuela al barrio, y las madres me pedían que recite en los cumpleaños.

Me ruborizaba, pero lo hacía, y allí fue cuando me descubrí contando historias.


­-¿Y esa impronta cómo se filtra en su literatura?


-Muchas de mis obras están nutridas de la Argentina, aún cuando no es escenario del relato. Por ejemplo, en El baile de la Victoria, uno de los protagonistas, en Chile, se pone a recitar una propaganda de yerba que yo oía en la radio cuando era chico: "Tomá mate y avívate, que la cosa, che hermano, es muy sencilla". Vaya a saber de dónde habrá salido ese recuerdo.

Y ahora, siete años después, ese tipo está interpretado por Ricardo Darín...


­-Como narrador, usted ha escrito novelas, cuentos, obras teatrales, guiones de cine y de radio, ¿cómo decide hacia qué formato se orienta cada idea?


-Estoy muy pendiente de mi interlocutor, me pregunto por él.

Sé que soy capaz de expresar una emoción, que tengo la técnica necesaria para hacerlo, entonces me pregunto si eso que yo quiero contar va a encontrar un auditor.

Lo que determina el género para una idea es saber cuál es el modo más adecuado para comunicarla.

De ahí en más, puede ser una canción, un cuento, una novela.


­-En una entrevista reciente señaló que el libro y la cultura no circulan como antes y que eso lo obsesiona, ¿qué cree que está pasando?


-Siento que la sociedad latinoamericana tiene muy mutilada el alma, las ganas de crear. Ha aceptado con un gesto sumiso la globalización y no se esfuerza por matizarla. Por suerte, las grandes reservas son los artistas: los cineastas, los músicos, los escritores, los pintores. Hay una tendencia al promedio, y creo que eso es algo desabrido. Por eso creo que es fantástica la intransable actitud de los artistas.


­ -¿Cree que las nuevas tecnologías pueden tomar la posta en este proceso de circulación?
­-Sin querer sonar antiguo, creo que no. Porque si bien se amplían los canales de comunicación, creo que los intercambios de información que se dan en Internet se basan en lugares comunes, que se habla de lo que ya se sabe, y no surgen grandes innovaciones. Y el arte es lo contrario a todo eso, es el reino de la singularidad.

En cuanto al libro específicamente, no creo que el soporte electrónico haga circular más a la literatura. Simplemente porque creo que el libro, el de papel, es infinitamente más moderno que el tecnológico, por sus funciones: se puede subrayar, se puede doblar una página, y si no te gusta, lo puedes tirar por la ventana, algo que nadie haría con un aparato. Si viene el eBook, vendrá, son las leyes de la historia, pero creo que el papel es irreemplazable.
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Skármeta Básico
Antofagasta, Chile, 1940.
Escritor.

Estudió Filosofía e hizo su tesis sobre Ortega y Gasset.
Durante el gobierno de Allende, fue miembro del Movimiento de Acción Popular y Unitaria. Tras el golpe de Pinochet, en 1973, pasó un año en la Argentina y se instaló en Alemania. Allí escribió su primera novela, "Soñé que la nieve ardía" y el libro que lo haría famoso, "Ardiente paciencia", que llegaría al cine como "El cartero de Neruda". En 2003 ganó el Premio Planeta con "El baile de la victoria".

7.9.10

Novela de Oriana Fallaci será llevada a la pantalla grande

La productora italiana Fandango compró los derechos de Un hombre y la adaptará para el cine
Fallaci falleció a los 77 años en 2006, producto de un cáncer terminal. foto.fuente:emol.com

La novela más personal de la periodista italiana Oriana Fallaci, "Un hombre", que recorre sus vivencias con el revolucionario griego Alekos Panagulis, será llevada al cine por la productora Fandango, de Domenico Procacci, que ha comprado los derechos a la editorial Rizzoli.

"Un hombre" estará dirigida por un director italiano de renombre- aún no anunciado- y contará con un reparto internacional, confirmaron hoy fuentes de la productora.

La película será fiel al contenido de la novela, en la que la periodista y escritora florentina cuenta su romance con Panagulis -opositor a la dictadura griega y autor de un atentado fallido contra el coronel Georgios Papadopoulos-, con el que convivió hasta que éste fue asesinado en una calle de Atenas.

Una historia de amor que tiene mucho de inconformismo y de desgracia, de cuya versión en castellano la propia autora pidió una reedición para corregir algunos episodios.

Fallaci fue una de las periodistas más influyentes del siglo XX y ejerció como corresponsal de guerra en gran parte de los conflictos de Vietnam, Oriente Medio, India, Pakistán o Latinoamérica.

En su trayectoria profesional destacan sus entrevistas a grandes líderes y celebridades del mundo político y social, como Henry Kissinger, el Sha de Persia, el ayatolá Jomeini, Willy Brandt, Ali Bhutto, Muammar al Gadafi, Federico Fellini, Yaser Arafat, Indira Gandhi, Golda Meir, Robert Kennedy o Sean Connery.

Fue precisamente en el contexto de una entrevista como conoció al griego Panagulis, episodio que la escritora recogió en "Un hombre".

Dos de sus últimos libros, "La rabia y el orgullo" y "La fuerza de la razón" suscitaron una gran polémica por sus críticas al fundamentalismo y al Islám, al igual que su obra posterior "Oriana Fallaci entrevista a Oriana Fallaci", donde analizó el "cáncer moral que devora a Occidente" y su propia enfermedad, un cáncer que le llevó a la muerte.

3.9.10

'Lope', un monstruo de la naturaleza

El literato español que se ganó el favor del pueblo y de los mandarines culturales del Siglo de Oro tuvo una agitada juventud que recrea 'Lope', producida por A3 Films
Alberto Ammann como Lope de Vega.foto.fuente:adn.es

Cuando los alumnos leen, por obligación, sus textos mientras dormitan en los pupitres de los colegios, muchos se imaginan a Lope de Vega como un señor anciano, con las mejillas picadas por el vino, golilla aparatosa y lenguaje pedante.

"Para mí fue la primera rock star del país", afirmaba ayer en Barcelona Leonor Watling, que interpreta a Isabel de Urbina, uno de sus amores en Lope, superproducción de Antena 3 films junto a otros inversores. "Tuvo cientos de amantes. Tenía que ser un tipo con mucho atractivo", añade.

Porque las cifras cantan: 3.000 sonetos, 7 novelas, 9 epopeyas y 2.000 comedias. Y, entre horas y en ratos libres, 15 hijos –más o menos reconocidos– y 13 mujeres –lo mismo– en una vida de (sólo) 72 años. Y porque esta versión de uno de las autores más destacados, y el más exitoso entre el pueblo llano, importa su habilidad con la pluma, pero también con la espada y con los corsés de las señoritas.

Su director, el brasileño Andrucha Waddington, tenía muy claro desde el principio cómo filmar la forja de este literato. "A mí me dio mucho reparo al principio", comenta Alberto Ammann, que lo encarna, "pero pronto me dijo que sería un Lope joven, pasional, terrenal. Un Lope con una ambición y un hambre brutal. Un ser humano que ama y sufre".

Sufre como sufrió el actor. Aunque puede parecer idílico que Pilar López de Ayala –en el papel de Elena Osorio– y Watling te deseen, no lo es tanto si llegas al rodaje a poco más de veinte días del arranque y tienes que aprender: un montón de sonetos, esgrima, montar a caballo, etcétera. "Fue un tute muy intenso, pero muy bonito. El ambiente fue buenísimo durante todo el rodaje, aunque yo casi ni me enteré de lo ocupado que estaba".

Ficción, no documental

La película explica la forja de un visionario de su tiempo, hábil con la labia y con las armas. Su gesto y sus rasgos son demasiado modernos para su tiempo, incluso para un personaje tan adelantado como él. Incluso el vestuario se modernizó un poco. Y los dos amores entre los que se debate el papel del actor ganador de un Goya por Celda 211 no coincidieron en el tiempo. ¿Aberraciones históricas?

"No. Lo que pasa es que no es un documental. Es una ficción. A mí me gusta el tono de aventuras y persecuciones de la película. Que la gente salga del cine con las pilas cargadas", apuntó Watling, estrella de un reparto con grandes nombres como Luis Tosar o Juan Diego, entre otros.

Lope, que viajará al Festival de Venecia y al de Toronto, se sitúa entre el feísmo intencionado de Alatriste y el cuento casi mágico de Shakespeare in love. Hay amor romanticón, pero también uñas con roña y duelos con sangre.

20.8.10

Google tendrá su propia película

Primero la novela y ahora el salto a la gran pantalla

El dios-buscador tiene novela y va a tener película. foto.fuente:Ecodiario.es

La historia de la formación de Google da para mucho. Primero vino la novela ('Googled: The End of the World As We Know it') y ahora la adaptación cinematográfica de esta. Hollywood es conocedor del poder del buscador y relata la historia de Sergey Brin y Larry page, los dos fundadores de Google.

Una película sobre Facebook

"Se trata de narrar cómo estos dos chicos jóvenes crearon una empresa que cambió el mundo, y de cómo a su vez el mundo los cambió a ellos?, ha explicado Michael London, dueño de Groundswell Productions, a Deadline.

London, por su parte, ha desvelado algunos de los entresijos de la película que analizará la rapidez con que Google logró consolidarse en el mercado. ¿Puedes mantenerte fiel a tus principios y convertirte en rico y poderoso como ellos lo lograron?, se pregunta.

Un proyecto que viene en consonancia con la película 'La red social' ('The social network'), que trata sobre el 'boom' de Facebook. El cineasta David Fincher se embarca en retratar el fenómeno de la red social que ha revolucionaodo el mundo. El filme llegará a las salas estadounidenses el 24 de septiembre.

Groundswell Productions se ha asociado con John Morris para adquirir los derechos cinematográficos de la novela que trata sobre el buscador, 'Googled: The End of the World As We Know it'.

19.8.10

Leonardo Padura trabaja en el guión de 'Siete días en La Habana'

El escritor cubano declara que participa en un película en la que están implicados siete directores

Leonardo Padura Fuentes, autor de Adiós, Hemingway, metido a guionista.foto:archivo.fuente:elpais.com


Siete días en La Habana es el título de la película en la que trabaja el escritor y guionista cubano Leonardo Padura . El autor de Adiós, Hemingway, ha adelantado esta mañana su participación en el proyecto, que comenzará a rodarse el año que viene, desde la Universidad Internacional Menéndez Pelayo donde imparte un curso de novela policiaca.

La película, una producción de Morena films, consta de siete historias diferentes, bajo la mirada de "seis directores internacionales y uno cubano", según ha explicado. Padura está trabajando en el guión de dos de esas historias junto a Juan Carlos Tabío y Benicio del Toro .

El autor de El hombre que amaba a los perros ha revelado también que "un importante director y productor norteamericano" se ha interesado por la adaptación al cine de su serie de novela policiaca protagonizada por el investigador Mario Conde, pero no ha querido revelar el nombre, ya que "hace 12 años" que acaricia la idea de ver alguna de estas obras en la gran pantalla y no quiere gafar el proyecto.

10.8.10

Las imágenes definitivas de la trilogía El Padrino

La obra, editada por Taschen, recoge imágenes tomadas durante el rodaje de la mítica saga El Padrino. Brando, De Niro, Pacino, Duvall y Keaton, entre otros intérpretes, aparecen retratados por el fotógrado Schapiro encarnando a los personajes del clan Corleone, ideados por el escritor Mario Puzo. Las imágenes de Schapiro nos llevan tras las escenas de esta épica e inimitable obra cinematográfica, revelando el proceso de trabajo del director, captando las atmósferas y las personalidades involucradas y proporcionando interioridades de cómo se hacía la historia del cine.

El actor Marlon Brando caracterizado como el Padrino

Francis For Coppola, director de la trilogía, junto a varios actores durante el rodaje de El Padrino I

El intérprete Marlon Brando en una sesión de maquillaje para El Padrino I

Imágen de la escena inaugural de El Padrino I, en la que se retrata la boda de Conney Corleone

Reconciliación entre mafiosos, captada en una de las secuencias de El Padrino I

Marlon Brando

Al Pacino, caracterizado como Michael Corleone

Imagen tomada durante el rodaje de El Padrino II

Robert De Niro, en la piel de un joven Vitto Corleone

Andy García y Al Pacino en el rodaje de El Padrino III

fotos:Taschen.fuente:elcultural.es

4.8.10

La escritura en fílmico

Escritor y cineasta Alexander Kluge, amigo de Adorno y Habermas, artífice del manifiesto de Oberhausen como base para el Nuevo Cine Alemán, acaba de publicarse en español su último libro de relatos: una lectura íntima sobre la historia del cine
ALEXANDER KLUGE. Un maestro del concepto, según algunas miradas.foto.fuente Revista Ñ.

Un abogado que escribe libros, trabaja en la televisión y cambió el cine alemán para siempre. Esa fórmula –hermética, que dice todo al tiempo que lo niega; boutade perfecta para una vida inclasificable– podría coronar una faja hecha a las apuradas para un libro de Alexander Kluge.

No estaría mal: es cierto que cuando sus compañeros de generación ya filmaban, él todavía pensaba que se iba a dedicar al derecho, como también es cierto que un día su amigo Theodor Adorno hizo las gestiones para que se infiltre como meritorio en un rodaje de Fritz Lang –La tumba hindú, penúltima película del realizador– y su vida cambie estrepitosamente. Dicen que ese rodaje fue tortuoso, casi insoportable. A Fritz Lang lo apuntalaban con demandas mercantiles y daba la impresión de que la película le pertenecía completamente al que disponía de la chequera. Según el escritor Alan Pauls, "la experiencia habría disuadido a cualquiera que pretendiera acercarse al cine con vagas intenciones 'artísticas'. No a Kluge. Para Kluge, que seguía siendo abogado, fue una suerte de leading case patético, pero altamente instructivo: allí descifró las reglas de juego que imperaban en el cine industrial en la Alemania de fines de los cincuenta, y allí acuñó las consignas que regirían todo su trabajo posterior: autonomía, control, reapropiación de la experiencia".

Es curioso que mientras muchos ven en Kluge a un maestro del concepto, el tipo que supo conjugar la teoría del distanciamiento brechtiano, por ejemplo, con la maquinaria de la televisión abierta, él insista una y otra vez en repetir la palabra "historia". Su primera película, de 1966, llevaba por título Una mujer sin historia, y esa preocupación por la posibilidad de una narración no lo abandonó jamás. Se podría decir que en ese título iniciático y profético se cifraba una de sus grandes obsesiones, una especie de mantra o letanía que termina de destilarse en su 120 historias de cine (Caja Negra). Agrupadas en capítulos más o menos caprichosos, que guardan una coherencia fracturada pero palpable, estas narraciones podrían empezar con "había una vez". Esa contraseña, fórmula mágica para conjurar los designios de un cuento, entra en perfecta sintonía con un proyecto de libro que se resiste a la vulgaridad de bajar línea, que no se sube a un púlpito y que confía ciegamente en la fuerza interpretativa de una historia del cine contada desde la subjetividad y el agrupamiento anárquico, alocado, de relatos y significaciones. Así, como no intenta postular un absoluto, este libro podría ser infinito y jamás agotarse. Las historias podrían ser otras, el orden también podría variar o, como dice Kluge, "la historia del cine vuelve una y otra vez. La forma que adopte el Ave Fenix, sin embargo, puede ser muy diversa".

Quizás la historia más conmovedora del libro sea la del relato subterráneo y que viene desde siempre, que es el de la relación de Kluge con Godard. Como en un espejo deformante, invertido, ya el título del libro proyecta un juego de ecos con Historia(s) del cine (también editado por Caja Negra) del realizador francés. Kluge y Godard son estrictamente contemporáneos. Para Kluge, autor intelectual y material del manifiesto de Oberhausen, de donde nació el Nuevo Cine Alemán, la política de los autores que se venía agitando desde las páginas amarillas de los Cahiers de cinema fue decisiva. En algún punto, lo de Godard y sus secuaces fue como un virus que fue haciendo metástasis en distintos cines nacionales y que siempre tenía que ver con releer la propia tradición buscando las huellas de un director, las de un autor. A la manera circular del "Kafka y sus precursores" de Jorge Luis Borges, fue posible empezar a ver en Truffaut el espectro de Hitchcock, la rémora de esa autorialidad, pero también a la inversa poder leer a Hitchcock en clave truffautiana. La tradición se reescribe hacia atrás y opera, modificada, en el futuro. Para Kluge la idea fue explosiva, y le permitió pensar la historia del cine en términos de filmografías y proyectos culturales. Fue el momento también en el que la categoría de autor, heredera del romantiscismo y peligrosamente devota de la mistifación de "genio", se instaló definitivamente como marca de fábrica de la producción cinematográfica. El concepto es tramposo, desde luego, porque el cine es el más colectivo de los productos artísticos, y la impronta del "director-autor" en el corte final es muchas veces difusa, engañosa. Sin embargo, la política de lo autoral se puede leer como un gesto tremendamente liberador, un deshielo profundo, un golpe al imperio del cine como entretenimiento y al star system y la marquesina como propuesta central de la industria cultural. Sobre esas y otras cuestiones discutieron los 26 directores jóvenes que se juntaron un febrero helado de 1962 en la ciudad obrera de Oberhausen, en el festival de cine más fervoroso de la década alemana. Esos chicos viajaron hasta ahí con algunas certezas y con muchas incertidumbres, como se va a las veladas que realmente importan. (Kluge escribe: "Los oberhausianos hablábamos con desenfado. Apenas si conocíamos la historia del cine. Cada uno seguía el consejo del otro. Nos tratábamos de usted"). Lo que se habló ahí, y toda esa impronta cahierista que se metabolizó con fuerza, pegó en Kluge de un modo particular, como si ese manifiesto que rasgó la epidermis del cine europeo le hubiera hecho un tajo en el centro de su sistema nervioso. Y como sucede muchas veces, los que fueron jóvenes y contestatarios terminaron en algunos casos pasteurizando su discurso; Kluge, en cambio, se radicalizó. A sus setenta y pico de años, acometió una empresa titánica: filmar un documental sobre cómo Eisenstein quiso y no pudo filmar El capital de Marx. El resultado es una cinta de diez horas, Noticias de antigüedad ideológica: Marx-Eisenstein-El Capital, que conjuga narración, investigación, la relectura de un texto emblemático y varios otros formatos.

Por lo demás, un relato de la vida y la obra mestiza de Kluge podría hacer suponer que su estilo es altivo y grandilocuente (¡9 horas y media de El capital!, nada mas cercano a la utopía de la Obra Total). Todo lo contrario. Las 120 historias de cine parecen escritas bajo el ideal deleuziano de "lo menor", esa categoría con la que se pueden leer poéticas como la de Kafka o la de Borges, deudoras del ascetismo y la disolución del ego. La frase corta, la prosa transparente y una voluntaria erosión del estilo hacen de este libro una contracara del de Godard. ¿Cómo erigiría cada director contemporáneo su propia historia escrita del cine? La respuesta es imposible de aventurar, porque son contados los cineastas con esa vocación de historiador que, por ejemplo, ha mostrado siempre Martin Scorsese. Lo cierto es que en cada historia del cine está cifrado el lugar que le ha tocado ocupar al director que la construye. En última instancia, y para ponernos un poco sentenciosos, se podría decir que un director revisa la tradición para entender cuál es su lugar en ella. Si la crítica es la forma moderna de la autobiografía, en 120 historias de cine (que no es crítica, pero se podría leer como tal, y esa lectura desviada le haría honor al conjunto) está la vida de Kluge, volcada en breves esquirlas de sentido, en historias desperdigadas que puestas una al lado de la otra arman el mapa de su subjetividad. Un director es todo el cine que vio, afirmación obvia pero necesaria. Pero un director como Kluge es también todos los libros que escribió, que no son pocos y que dibujan una constelación aparte. Se podría decir, finalmente, que un director es también las películas que no vio. Para citar de nuevo a Godard, "los de la nouvelle vague amaron el cine incluso antes de conocerlo".

"El cine crea imágenes invisibles"
-¿Qué se puede alcanzar por medio de la literatura que no se puede alcanzar a través de una película?

-En la literatura las palabras son muy precisas y en media página se puede narrar algo para lo que se necesitarían siete horas de película. A la inversa, hay instantáneas en el cine que resulta imposible describir con palabras. Tales instantes cristalizados son la gran virtud del cine. No es que haya que filmar 90 minutos de instantes cristalizados, pero si una película incluye doce de esos instantes en los que la cámara realmente logra cristalizar algo nuevo, algo que nos sorprenda, ésa será una buena película. Ahora bien, el cine es en general más complicado que la literatura porque se requiere mucho despliegue para lograr describir algo visualmente... Le doy un ejemplo: usted conoce la palabra "laconismo"; pues bien, Tácito es lacónico, habla con pocas oraciones, sin siquiera atender mucho a la gramática, y eso es literatura, lo contrario del discurso de Cicerón. A veces el laconismo puede incluso quebrar el lenguaje, maltratarlo. Pero esto se puede hacer porque el lenguaje es robusto, diverso y preciso. Por otro lado, una película tiene la habilidad de encontrar cosas que ninguna palabra puede expresar, y de crear imágenes invisibles, terceras imágenes [...]. Esa es una habilidad del cine. Eventualmente esto también se puede hacer en la literatura pero se requiere de muy buenos lectores. Yo podría mostrarle algún fragmento de ese tipo, pero de ahí a que alguien lo descifre...

-¿Como cineasta puede prever esos momentos invisibles?

-No, no. Pero puedo percibirlos y hacerles lugar... De cualquier forma, hoy además existe Internet que ofrece otros recursos. Se pueden transformar en imágenes contextos de música, lenguaje, relatos. Claro que la impresión que esto causa, la huella no es tan profunda como en el cine ni tan intensa como cuando se lee un libro. Pero sí se pueden crear constelaciones, contextos, redes. En este sentido el modelo es Aracné, como lo cuenta Ovidio en sus Metamorfosis... Esa araña con su red es un indicio de que debemos tomar Internet en forma literal: está hecha para crear redes, redes que son más ricas que la literatura por sí sola. Ya lo dice Balzac en el prólogo de La comedia humana cuando sostiene que Walter Scott no había pensado en unir sus composiciones una con otra de modo de coordinar una historia completa de la cual cada capítulo habría sido una novela y cada novela una época. La red puede hacerlo, puede lidiar con el exceso de información y contexto.

-¿Qué influencias conserva de la tradición crítica de Horkheimer y Adorno?

-Digámoslo así: llegué al Instituto de Investigación Social de Frankfurt en calidad de jurista. Cursé algunos seminarios con Adorno pero no estudié allí. Soy abogado. Entré como síndico y trabé amistad con Adorno y Horkheimer. Desde luego que soy seguidor de la teoría crítica, y todo lo que hago, mis películas, mis libros, están marcados por ella. Pero no vaya a pensar que ellos en Frankfurt apostaban demasiado por la literatura. Para ellos la literatura era más bien un portero, el ama de llaves o el jardinero [...]. Le cuento algo, en mi último libro El laberinto de la fuerza amorosa dedico ocho relatos a Niklas Luhmann. El último narra lo siguiente: en el semestre de invierno de 1968/69, en medio de la revuelta estudiantil en Frankfurt, Luhmann da en la cátedra de Adorno un seminario sobre el amor como pasión. Afuera, la protesta estudiantil; a su lado Adorno, la única vez que ve en persona Luhmann; pero Adorno no está muy atento porque está preocupado: teme que su amante lo vaya a dejar justo ahora, en medio del conflicto con los estudiantes. Los estudiantes toman el Instituto de Investigación Social, Adorno hace llamar a la policía. En él, un laberinto de fuerzas afectivas que lo tironean de todos lados. Y esta historia, por ejemplo, yo me puedo permitir contarla porque no tengo un alto estatus en la teoría crítica, pero sí una gran perseverancia. [...]

-¿Usted intenta reconstruir la historia del cine a través de sus relatos?

-Sí, o mejor dicho: yo creo que la historia del cine es algo que aconteció todo el tiempo y nunca dejó de acontecer. Más aún, sostengo que ahora viene a nosotros desde el futuro... La historia del cine es algo que los hombres hacen en sus mentes desde la Edad de Piedra. Lo que sucedió es que de repente se la pudo proyectar con ayuda de la cámara y los proyectores.[...]

Fragmento de la entrevista que Carla Imbrogno le realizo y que se incluye en "120 historias del cine" (caja negra, pag. 291).

Kluge Básico
Alemania, 1932.
Cineasta, escritor.

Se doctoró en derecho en 1956. Como consultor jurídico del mítico Instituto Social de Frankfurt conoció a Theodor Adorno y a Habermas, que serían fundamentales en su carrera y su pensamiento crítico. Trabó rapidamente vinculos con el mundo del cine, y en 1962 redactó el manifiesto de Oberhausen, donde rezaba que "el cine de papá está muerto" y proponía una renovación para la filmoteca alemana. A partir de entonces lanzó sin descanso películas, libros y construyó una prolífica actividad en la televisión abierta de su país. Recibió premios por todos los campos de intervención.

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29.7.10

Las librerías se ponen al día

Los últimos estrenos cinematográficos o la muerte de grandes figuras como Delibes o Saramago alimentan la producción editorial.Nuevos lanzamientos y reediciones aprovechan el tirón de la actualidad