26.8.10

Aparente levedad

Los grandes maestros, tanto en literatura como en pintura o en cualquier otro campo artístico, también hacen su daño, no vayan ustedes a creer

Descanso de Sergeyet Alexey Tkachev.foto:archivo:fuente:elpais.com

En cierto sentido, un daño mayor incluso que el que puedan infligirnos los malos autores. No se lo hacen a sus parroquianos ni a los seguidores con talento, claro está, pero sí a la morralla de los que pretenden imitarles a pies juntillas, sin retranca suficiente para razonar por su cuenta o, simplemente, pasarlo todo a través del imprescindible tamiz de la sinceridad.

Se cumplen ahora ciento cincuenta años de la muerte de Chéjov, quien renovó, como todos sabemos, el arte del relato, y volveremos a leer una y mil veces, ya lo verán, que éste ha de ser por fuerza corto, intangible, acuarelado y, en particular, desprendido de cualquier tentación argumental.

El argumento supone, junto al costumbrismo, algo así como la bicha negra para los partidarios a ultranza del ruso -no para el autor de La cerilla sueca o La dama del perrito, que conste-: un peligro situado al borde de lo aceptable, con grave riesgo de caer en la pura grosería creativa.

Olvidan los tales que, desde que el mundo es mundo, los cuentos han implicado una sucesión de incidentes más o menos maravillosos, ejemplares, dramáticos, divertidos o aterradores. Si alguien abría la boca era, en principio, para dejarnos atónitos con su relato. El hecho de que a finales del XIX un médico tuberculoso irrumpiera en la escena literaria con historias que, con frecuencia, contradecían tales prácticas no ha de llevarnos necesariamente a la conclusión de que hoy en día no quepa volver a contar peripecias inesperadas o aventuras del otro jueves.

Hace muy poco, un libro repasaba los relatos incluidos en las novelas más célebres de nuestro Siglo de Oro, con Cervantes a la cabeza. ¿Debemos considerar que El curioso impertinente es un trabajo superado, obsoleto o, siguiendo la jerga establecida, "autoralmente" incorrecto?

Es cierto que los hermanos listos de Chéjov -Mansfield, Woolf, Cheever, Carver, y hasta, en cierta medida, el propio Joyce o Salinger- se apoyaron en las recetas del célebre galeno para volar luego por su cuenta y riesgo. Pero, con ser mucho el peso de tanto nombre ilustre, no basta para seguir a ciegas las prácticas del maestro. En particular si pensamos que, bien mirado, su aparente levedad no se apoya principalmente, según proponía él, en un proceso incansable de lima y depuración -menos es más, etcétera-, sino también, y sobre todo, en centrar el relato en la situación en que se encuentran los personajes más que en las consecuencias a que ésta pueda dar lugar con su desarrollo.

Frente a cuanto podamos pensar, las circunstancias suelen resultar bastante más amplias, espesas y aun barrocas. La situación engloba un puñado de salidas de las cuales el autor sólo utilizará dos o tres a todo tirar. Mantener abierta la puerta para que el lector escoja, o aventure a su antojo en qué han de acabar la nostalgia, el miedo, los recuerdos turbadores o el estado anímico de un hombre o de una mujer, no presuponen un proceso de destilación sino todo lo contrario: el despliegue de un rico muestrario donde el lector sea libre de elegir a pleno gusto. Conozcamos los anhelos secretos o inciertos de alguien, y lo demás se nos dará por añadidura.

Con todos los respetos para el genio al que con entera justicia homenajeamos ahora, su postura literaria no era tan leve ni sencilla. De lo contrario, Stendhal y su epígono Baroja, campeones de la acción por la acción, quedarían ante nuestros ojos como escritores atropellados. Y no estamos por la labor.

Por otra parte, tampoco hay que darle más vueltas al asunto. El propio Chéjov confesaría a su colega Scheglow: "En los cuentos cortos es mejor decir menos que contar mucho porque

... porque... ¡no sé por qué!" (en carta fechada en Moscú el 22 de enero de 1888).

José Luis Borau (Zaragoza, 1929) es director de cine, guionista y autor del libro Palabra de cine (Península). Su último libro de relatos es Cuentos de Culver City (Pre-Textos).

La historia trágica de un escritor cómico

Uno de los cuentistas de humor más imaginativos y geniales de la literatura inglesa murió hace cien años víctima del whisky

William Sydney Porter, más conocido como O Henry.foto.fuente:revistacredencial.com

Secuestros, amenazas, robos, crímenes, duelos, estafas... Antes de naufragar en whisky y morir a los 47 años, William Sydney Porter, más conocido como O Henry, descubrió que era posible divertirse con cuentos inspirados en algunos de los más oscuros instintos humanos. Otros lo habían hecho antes que él, por supuesto, pero con la intención de estremecer o moralizar, rara vez con la de despertar carcajadas.

O Henry había nacido en 1862 -el 11 de septiembre, para más trágica coincidencia- en el estado de Carolina del Norte y se lo llevó en junio de 1910 una cirrosis hepática copiosamente alimentada desde tiempo atrás. Cuando murió en Nueva York, tras una vida llena de malos momentos, llevaba en el bolsillo veintitrés centavos de dólar. Huérfano de madre desde los tres años, heredó a medias la vocación médica de su padre. Digo a medias porque, a pesar de haber sido un alumno juicioso, un tío suyo lo indujo a ser farmaceuta y trabajar en su droguería.

Al cabo de un tiempo, sin embargo, le dio por aventurar y se hizo pastor en un rancho de ovejas texano. En la hacienda convivió con inmigrantes chicanos, aprendió a defenderse en español y descubrió el alcohol, cuyo consumo lo acompañó hasta el último día de su vida. Llamado por un amigo, se trasladó a Austin, donde se transformó en burócrata de la Oficina de Registro de Bienes. No le iba mal. Tenía un buen salario, en sus ratos libres tocaba mandolina en una orquesta y se enamoró de una jovencita rica, pero que padecía principios de tuberculosis. Cuando los padres se opusieron al matrimonio, se marcharon a vivir juntos, como cualquier pareja del siglo XXI.

Pero, cosas de la mala pata, sus amigos políticos perdieron las elecciones y con ellos se fue el cargo que ocupaba. Para peor, su primer hijo murió a los pocos meses y agregó otra nota trágica a un hombre que, a pesar de todo, siempre supo sonreír y extraer sonrisas.

El primer Rolling Stone

En 1894 -mucho antes de que existieran el rock, Mick Jagger, los Rolling Stones y la revista de ese nombre que hoy conocemos- funda un semanario de humor así titulado. Fracasa, por supuesto, como corresponde a casi todas las publicaciones satíricas. Sin embargo, un editor inteligente del Houston Post entiende que detrás de ese malhadado periodista hay un excelente escritor cómico y le encarga una columna diaria que goza de éxito inmediato.

Un poco antes de ello, O Henry había saltado de la burocracia oficial a la particular, cuando le ofrecieron ser contabilista de un importante banco y aceptó. Ojalá no lo hubiera hecho, porque el prometedor empleo se convirtió en fuente de nuevos problemas. Al cabo de unos meses, el banco lo acusó de haber desviado dineros a su propio bolsillo. Porter alegó su inocencia pero, por precaución, decidió retirarse discreta y velozmente hacia el exterior.

El 7 de julio de 1986 huye hacia Honduras y vive un tiempo escondido en un casposo hotel de Trujillo, como si eso fuera mejor que una buena celda en una prisión gringa. Allí, en la caliente, histórica y pequeña ciudad costera hondureña, Porter pule aún más su español y empieza a escribir cuentos. En uno de ellos utiliza por primera vez una expresión que se ha empleado innumerables veces en varios idiomas, pero por la cual ha recibido poco crédito: "banana republic".

Su estancia de siete meses en Centro América se manifestará después en varios cuentos donde Anchuria es un país imaginario que corresponde a Honduras y Coralio una ciudad que se parece mucho a Trujillo.

El plan era llevar la familia a Honduras, pero Athol, su esposa, enferma gravemente. Obligado a regresar para atenderla, William Sydney Porter se entrega a las autoridades poco antes de que fallezca la mujer. El juez considera que el joven viudo es culpable de desfalco y lo condena a cinco años de cárcel en la penitenciaría de Columbus, Ohio.

Es allí donde Porter recupera el seudónimo O Henry, con el que había firmado unos pocos textos cuando vivía en Austin.

¿Y esa O? ¿Y ese Henry?

¿Por qué O Henry, sin punto después de la O y sin más pistas que una inicial sobre el posible primer nombre? No está claro. Algunos dicen que lo tomó del gato de la familia y otros que lo inspiró un farmaceuta francés; no falta quien lo arma a partir de un complicadísimo juego de palabras donde aparecen el estado de Ohio y el vocablo penitenciary. El propio Porter, que era un mamagallista irreprimible, daba una versión diferente cada vez que le preguntaban por la razón de ser de su seudónimo.

Poco importa. El caso es que Austin, la ciudad que lo condena, es la que hoy conserva su memoria. La Universidad de Texas administra la Casa O Henry, un pequeño museo levantado en el lugar donde funcionó el tribunal que lo mandó a prisión. También se rinde homenaje a O Henry desde 1919 en el premio de cuento que lleva su nombre, uno de los más importantes de Estados Unidos. Entre sus ganadores figuran William Faulkner, Dorothy Parker, John Updike, Truman Capote, Saul Bellow, John Cheever, Katherine Ann Porter, Stephen King y Woody Allen.

Seamos sinceros: la vida que llevaba O Henry en la cárcel no era mala, sobre todo para un profesional de la desventura, como él. De cualquier manera, resultaba mejor que la del hotel de Trujillo. En vez de mazmorra compartida, le asignaron un cuarto cerca de la enfermería, donde trabajaba gracias a sus conocimientos de farmacia. Le sobraba tiempo para escribir y no tenía whisky a su alcance. A través de un amigo enviaba sus cuentos, de modo que las publicaciones ignoraban que se trataba de un preso. Un preso light, pero un preso. Su primer éxito fue un relato navideño que apareció en la entonces famosa McClure's Magazine en diciembre de 1899.

Un año y medio después, las autoridades, desgraciadamente, le otorgaron la libertad condicional en atención a su buena conducta y ahora sí O Henry pudo dedicarse sin cortapisas a escribir... y a beber.

En 1902, ya famoso y contratado por la revista New York World Sunday, se trasladó a Nueva York. Así como había escrito piezas deliciosas sobre la vida en la frontera y las praderas sureñas, se especializó entonces en escenas y personajes de ambiente neoyorquino. Sus historias de ficción, siempre inspiradas en la realidad, son complemento indispensable de las crónicas urbanas que han escrito después autores como Gay Talase o Joseph Mitchell.

En la Gran Manzana escribió 381 de los 600 cuentos que componen su obra narrativa y se convirtió en ídolo de la ciudad y de los lectores en lengua inglesa, que lo siguen considerando uno de los mejores cuentistas de todos los tiempos. Sus recopilaciones en forma de libro empezaron a publicarse en 1906 con éxito instantáneo, y siguieron saliendo en forma póstuma.

Pero su mala estrella no lo abandonaba. En 1907 se casó de nuevo y en 1909 lo dejó la segunda mujer, desesperada por su alcoholismo. Ya le quedaba poco tiempo de vida. El deterioro irreparable del tejido hepático, complicado con diabetes y cardiomegalia (corazón excesivamente grande), causó la muerte de O Henry el 23 de junio de 1910. Nada más peligroso que una cirrosis toreada...

Historias de maleantes

O Henry construyó una fascinante obra narrativa mediante el recurso de retorcer situaciones terribles hasta convertirlas en cómicas, como quizás le habría gustado que ocurriese en su amarga vida.

Así empieza, por ejemplo, El rescate del Cacique Rojo, uno de sus más famosos cuentos:

«La idea no parecía mala; pero espérese hasta que le cuente. Bill Driscoll y yo nos hallábamos en el sur profundo, en Alabama, cuando nos vino como un rayo la idea del secuestro. Como después explicó Bill, fue un momento de 'rapto mental temporal', pero eso sólo lo supimos más tarde».

Lo que sigue es la desopilante historia de los dos secuestradores que se encartan con un niño insoportable de diez años cuya pasión es jugar a indios y vaqueros, origen de su apodo de Cacique Rojo. Poco a poco los secuestradores se dan cuenta de que ellos son las víctimas del guámbito y no saben cómo hacer para que la familia lo reciba de nuevo.

Aún más delirante, más larga y más divertida es Rehenes de Momo, una de las más alocadas narraciones del Oeste norteamericano que se hayan escrito jamás. Allí abundan los elementos del género western, pero en función de las aventuras de dos maleantes inolvidables, uno de los cuales (juzguen por eso) se llama Caligula Polk.

Los bandidos de O Henry no suelen ser gente perversa, sino personas infortunadas, como él, que en un momento dado deciden sacudir su suerte haciendo caso omiso de la ley. Eso sí, procuran compensar su resbalón manteniendo una compostura digna de caballeros (o lo que ellos creen que es la compostura digna de los caballeros) y un lenguaje remilgado, rebuscado y de cursi elegancia que es una verdadera joya.

En Telémaco, amigo, dos viejos camaradas, Hicks y Paisley, que parecen clonados de la picaresca española, se enamoran de la misma viuda en una vereda perdida de Nuevo México. Para que la pasión no los fuerce a traicionar su amistad, acuerdan que ninguno de ellos hará avances a la señora mientras el otro se halla ausente. Son diálogos "exquisitos" entre gente vulgar, que producen risa y conmiseración.

- Oh, señor Hicks -[dice la dama en cierto momento en que está a solas con uno de los pretendientes]¿, cuando una se considera íngrima en el mundo, ¿no cree usted que hay razones para sentirse aún más agraviada en su soledad en una noche tan bella como esta?
Ante lo cual Hicks se pone en pie y se aparta del tentador rincón diciendo:
"- Perdóneme, señora, pero tendré que esperar a que Paisley venga antes de ofrecer respuesta audible a una pregunta tan importante como esa."

Otro cuento de bandidos (Asaltando un tren) ofrece las claves para robar un convoy férreo. El ladrón aconseja con adorable educación:

«La mayoría de la gente diría, si se le preguntara su opinión, que asaltar un tren es un trabajo muy duro. Bueno, pues no es así; es fácil. Yo he contribuido en alguna medida al desasosiego de los ferrocarriles y el insomnio de los trenes expresos y creo que el problema más grave que se me presentó después de un asalto fue el me hubieran timado gentes inescrupulosas a la hora de gastar el dinero del botín».

Cisco Kid, aquel célebre vaquero de cómics y películas, fue invento suyo. Aparece en 1907 en un cuento titulado, con obsesión recurrente, A la manera de un caballero (aunque ha sido traducido como La venganza de Cisco Kid).

Para que vean qué clase de caballero era este, empieza así:

«El Cisco Kid había dado de baja a seis hombres en riñas más o menos limpias, había asesinado al doble, en su mayoría mexicanos, y había dejado maltrecho a un número mucho mayor que, por pura modestia, se abstuvo de contar. Por consiguiente, una mujer lo amaba».

Dónde leerlo

La imaginación de O Henry para retorcer situaciones fue muy celebrada por los lectores, pero censurada por algunos críticos. Jorge Luis Borges señaló que la trick story (el cuento con trama y resolución de esmerada sorpresa) tiene "algo de mecánico" pero que debemos a O Henry "más de una breve y patética obra maestra".

Júzguenlo ustedes mismos. Aparecen cuentos en inglés de O Henry en http://www.literaturecollection.com/a/o_henry/ y en español en http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/henry/oh.htm.

Ignoro si los relatos de O Henry, tan desconocidos en español, podrían seducir a los lectores tanto como lo hicieron conmigo. Pero sé que si el Negro Fontanarrosa hubiera nacido en Estados Unidos hace 147 años, algunas de sus historias se parecerían mucho a las del trágico y cómico William Sydney Porter.

25.8.10

"El ser humano es la bestia más maligna"

El escritor francés presenta su nueva novela El perro de Dios

El escritor Patrick Bard presentó en Barcelona el libro que recrea la leyenda de la Bestia de Gévaudan.foto:Xavier Cervera.fuente:lavanguardia.es

Nacido en Montreuil- sous-Bois (Francia, 1958), Patrick Bard debutó en 1993 con un libro de viajes sobre el mundo del blues y tres años después se instaló en México para realizar una investigación. De ahí salió un interesante trabajo y su primera novela, La frontera, thriller sobre el asesinato sistemático de mujeres en Ciudad Juárez. Ahora presenta un libro inquietante: El perro de Dios (Ed. Grijalbo). Un ser mitad hombre mitad animal siembra el terror en la Francia del siglo XVIII. Años más tarde, el sacerdote Antonin Fages salva del saqueo en el Vaticano unos libros prohibidos... En uno de ellos descubre un misterioso manuscrito sobre una bestia sanguinaria...

¿Qué ocurrió realmente en Gévaudan en 1764?
Fue la historia criminal más famosa del siglo XVIII en Europa. Apareció el cuerpo devorado de una chica de quince años y entre 1764 y 1767 la llamada Bestia se comió 150 personas. Todos niños y mujeres. Ni un solo hombre.

¿Nunca se supo quién era?
Nunca. Mataron a lobos, a hienas, pero nunca lograron nada. Al llegar a Versalles, el que creyeron que era el verdadero cuerpo de la bestia ya se había descompuesto y ni el mejor de los científicos supo identificar su especie.

Coincide con un momento iniciático de la prensa europea
Sí, esa cruel noticia dio paso al primer vertido mediático de la historia de la prensa europea: dio artículos diarios en prensa francesa, inglesa, alemana, española...

Apunta usted a la manipulación del clero
El arzobispo empezó a decir a los campesinos de Gévaudan que esa bestia no era natural sino enviada como castigo divino por los pecados que ellos cometieron.

La miseria que describe es verdaderamente aterradora
Los campesinos, entonces, eran muy muy pobres, atrozmente. Y era fácil acobardarles. No tienen tierras ni dinero para casarse,muchos, hambrientos, deben abandonar a sus hijos recién nacidos a la puerta de las iglesias.

Fue un centro importante
Esa zona producía la tela de lana de todos los ejércitos de Europa. Era una de las fuentes de dinero más importantes de Francia, pero sus habitantes se morían de hambre. Inglaterra tenía el monopolio de los telares.

Lleva veinte años documentándose. Los historiadores han ensalzado su trabajo. Hace muchos años que mi esposa Berta y yo tenemos una casa en esa zona, en la montaña. A la hora de investigar somos un equipo y juntos hemos seguido muchas pistas. ¿Sabe lo que es tener en la mano un documento de un sacerdote de entonces donde lees: "hoy hemos enterrado el cuerpo de la niña X de cuatro años, destrozada por la Bestia..."

Ha suscitado muchas hipótesis y variantes literarias
Sí. Esa bestia ha dado más tinta que sangre. Quise llenar de ficción los espacios vacíos de esa historia porque el ser humano es la bestia más maligna.

Denuncia la mezquindad política, ya en esa época
Resulta inimaginable, ¿verdad?, que el cura de un pueblecito de monte escribiera cada día al que sería hoy el ministro de Gobernación. ¡Y el ministro le contestara diariamente! Pues ocurría, porque quienes cobraban impuestos eran miembros de la familia real y la zona era esencial.

Trabaja con su esposa
Como periodistas siempre viajamos juntos y tenemos proyectos en común. Ahora mismo hemos iniciado una investigación en Latinoamérica sobre la violencia en mujeres. Los periodistas tenemos una responsabilidad social, pero cada vez tenemos menos garantías sobre nuestros derechos de autor.

Ya recibió en su momento varios premios por su libro sobre Ciudad Juárez. ¿Dos mundos?
No, no, tienen muchos puntos en común que conforman mi núcleo de interés como escritor. En ambos casos se trata de asesinatos de mujeres. No son mundos tan distintos, la Bestia de Gévaudan o los Monstruos de Juárez. También les mueve el dinero, el poder y la manipulación religiosa.

Usted ve paralelismos también entre aquellos campesinos
En zonas de Latinoamérica hay campesinos que viven casi en esclavitud. Sin tierras y trabajando para una élite como los campesinos franceses hace dos siglos.

Utiliza vocablos propios de la lengua occitana
El conjunto occitano-catalán fue la primera lengua de la literatura europea. Una lástima. Hoy, la lengua occitana está muriéndose. Sólo los ancianos la utilizan.

La novela apunta una posible hipótesis donde la Bestia solaparía atrocidades humanas
No descarto nada. Podía ser que, con la excusa del animal, algún hombre cometiera violaciones, decapitaciones... y cerrara el círculo con un perro-lobo amaestrado para rematar la faena y no dejar huellas. O lobos que cambiaron costumbres alimentarias, animales salvajes traídos de África...

Licántropos, vampiros, existe cierta moda literaria. ¿Por qué esa pasión de adolescentes por Crepúsculo, por ejemplo?
Vivimos una época convulsa. Cuando el hombre no cree en Dios, no es que no crea en nada, es que cree en cualquier cosa. Incluso el mal puede ser su Dios.

Tres en uno

Escritor y fotoperiodista
Articulista habitual en la prensa francesa, Patrick Bard es fotoperiodista y expone regularmente. En la actualidad es presidente de honor de la Asociación Nacional de Periodistas, Reporteros, Fotógrafos y Cineastas de Francia. Por su trabajo sobre Ciudad Juárez recibió el premio Michel Lebrun de novela policiaca y el premio 2005 Brigada 21 a la mejor novela policiaca extranjera.


Pessoa en Brasil, interactivo y musical

El universo del escritor portugués Fernando Pessoa regresa a Brasil de la mano de una exposición que hoy abrió sus puertas con la intención de homenajear al pueblo que puso música a sus versos

SESENTISTA. El interés por Pessoa en Brasil data de la década del 60, cuando Caetano Veloso y María Betania cantaron y adaptaron versos del poeta.foto.fuente: Revista Ñ

El universo fragmentado, intelectual y filosófico de Fernando Pessoa regresa a Brasil de la mano de una exposición interactiva que hoy abrió sus puertas al público con la intención de rendir un homenaje al pueblo que, seducido por el mensaje del poeta portugués, puso música a sus versos.

La muestra, que se exhibirá en el Museo de Lengua Portuguesa de Sao Paulo hasta el próximo 30 de enero, quiere ser "un homenaje a los brasileños, porque están entre los primeros que apreciaron a Fernando Pessoa", dijo a Efe Richard Zenith, uno de los comisarios de la exposición.

El experto aseguró que el interés por Pessoa en Brasil data de la década de los años 60 y dijo que músicos brasileños como Caetano Veloso y María Betania cantaron y adaptaron versos de Pessoa, mientras que en Portugal no gana auténtica popularidad hasta la publicación del "Libro del Desasosiego" en 1982.

La muestra, titulada "Fernando Pessoa, plural como el universo" recorre el mundo creativo del literato y comienza con la presentación de algunos de los heterónimos más célebres de los que el portugués se valió para su producción literaria como Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro de Campos o Bernardo Soares.

La exposición, que busca acercar la complejidad literaria y filosófica de Pessoa a un público no conocedor de su obra, comprende imágenes de la Lisboa en la que vivió, una cronología sobre la vida del poeta, artículos que escribió para revistas y copias de cartas al único amor que se le conoció, Ophelia Queiroz.

También pueden leerse y escucharse algunos de los poemas más conocidos de Fernando Antonio Nogueira Pessoa (1888-1935), con el objetivo de reivindicar la vigencia de su mensaje.

Además, la muestra contiene una reproducción virtual e interactiva de la primera edición de su obra "Mensaje", la única que el escritor publicó en vida.

"La fragmentación de la obra de Pessoa es mucho más clara para nosotros que para sus contemporáneos. Pensamos que es extremadamente actual, sus coetáneos tenían más dificultades. En su época se buscaban las cosas bonitas y acabadas", dijo Zenith.

Mientras, el profesor y escritor Carlos Felipe Moisés, también curador de la muestra, aseguró que otra de las pretensiones de laexposición es que el visitante "haga una reflexión sobre la multiplicidad" que existe en todos los seres humanos.

Según Moisés, en los últimos años los lectores brasileños han iniciado un proceso de recuperación de la poesía y aseguró que es "cada vez más frecuente en Brasil" la celebración en teatros y escuelas de recitales, eventos que ya forman parte de la agenda cultural de muchas ciudades.

"Hay una vuelta a los orígenes, a la oralidad de la poesía", dijo el comisario, para agregar que se está generando un fenómeno de "revalorización de la poesía en el que Pessoa colabora porque su obra es muy estimulante".

Moisés considera que una de las claves de la exposición es que el visitante se sienta "intrigado" por el trabajo de Pessoa y por la "imaginación impregnada de raciocinio" que recorre su obra.

"Leemos a Pessoa como si fuera contemporáneo, revelando el mundo como si estuviera vivo y hablando con nosotros. Pessoa alimenta nuestra conciencia crítica y nuestra imaginación", concluyó.

Una vez que concluya su ciclo en Sao Paulo, la exposición será llevada a Río de Janeiro, en marzo de 2011.

24.8.10

La novela negra en seis pasos, según Leonardo Padura

El escritor cubano Leonardo Padura desliza su pluma por los entresijos de la novela negra desde hace 20 años

El escritor cubano Leonardo Padura, durante la entrevista en el patio de su casa en Mantilla, cerca de La Habana.foto: JOSE GOITIA.fuente:elpais.com

Su hijo literario más conocido, el investigador cubano Mario Conde, protagoniza ya seis obras y va camino de una séptima. "Es un personaje por el que la gente me pregunta como si existiera de verdad, ¿cómo va Mario Conde?, me dicen por la calle", sostiene el escritor. Padura, que ha impartido un curso sobre novela policiaca en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, nos da las que para él son las seis claves del género.

Los clichés saltan por los aires. Mujeres fatales, atmósferas hechas de humo denso y un hombre sentado en el ángulo más oscuro del local, que siempre resuelve el caso pero, indefectiblemente, pierde en lo personal. Son ingredientes afianzados en la tradición del género que Padura aconseja utilizar con una "perspectiva posmoderna". "Yo los utilizo sabiendo que son clichés. Están en mis libros, pero no como una parte fundamental, sino como un guiño al lector; son parte del juego literario".

La novela negra tiene banda sonora. Si el jazz envolvía las cuitas de Santiago Biralbo en El invierno en Lisboa de Antonio Muñoz Molina y el Bernard Gunter de Philip Kerr rumiaba sus preocupaciones a ritmo de tango en los locales más decadentes de Buenos Aires en Esa llama misteriosa, la música no es menos relevante para Padura. "La música es importantísima en la novela policiaca", asegura. En su caso, las historias transcurren en Cuba y allí, explica el autor, "la música es una presencia constante". "Mario Conde tiene una relación nostálgica con la música de los años 60, que a Cuba llegó con retraso. En cinco de las novelas discute con su amigo el flaco sobre qué van a escuchar en un momento determinado, Beatles o Rolling Stones, al final, eligen a la Creedence".

Una forma astuta de cometer un delito no basta. No hay que quedarse en la mera anécdota. "El escritor se puede quedar en el ingenio, en la superficie, o profundizar en la vida, la sociedad y la Historia; cualquiera de los grandes asuntos de la literatura pueden abordarse desde la novela negra, que es muy dúctil". Y recuerda que su novela Pasado perfecto trata de la nostalgia y la memoria; Vientos de cuaresma, del amor, y la marginación y el engaño se abordan en Máscaras y Paisajes de otoño.

El lector se identifica con el antihéroe. "Es clave tener un personaje que exprese un punto de vista ético, social y humano, y que tenga una mirada propia sobre un contexto determinado". Y hay que conseguir que el lector se identifique con él, incluso en los aspectos de antihéroe. "Son personajes con un sentido ético peculiar". Para Padura, su Mario Conde es un nieto del Marlowe de Raymond Chandler y un hijo del Carvalho de Manuel Vázquez Montalbán. El resultado, un personaje "de mirada crítica e ironía desencantada".

Romper las estructuras. El autor invita a jugar al despiste con el lector. "Hay que conocer las reglas del juego, hacer un ejercicio racional y romperlas. En casi todos los casos se cuenta la historia según el esquema del principio, desarrollo, clima y desenlace; pero a veces conviene violar esas estructuras". Como ejemplo recurre a su novela La neblina del ayer: "el crimen se comete a la mitad de la historia".

Huir de lo maniqueo. Ningún lugar físico ni ningún espacio moral está libre de albergar el delito. "Hay que mover las líneas entre buenos y malos", explica el autor, que habla de policías corruptos, y recorre en sus tramas desde los barrios marginales hasta los de clase alta. "Trato la degradación de ciertas formas de pensar y actuar de un sector de la población que debería ser representante del ideal revolucionario y que, sin embargo, se aprovecha de su posición para obtener ciertos beneficios".

El trauma personal de una escritora la especializa en terrorismo

Jessica Stern fue víctima de una violación a los 15 años. Hoy, es experta en las motivaciones secretas de los hombres violentos. Sobre todo, los terroristas

NEGACION. Su nuevo y revelador libro es Negación. Memorias del terror, retoma episodios personales para ligarlos con semblanzas de hombres violentos.foto.fuente: Revista Ñ

Jessica Stern es una famosa experta en terroristas y terrorismo, y ha enseñado sobre el tema en la Universidad de Harvard, además de desempeñarse en el Consejo Nacional de Seguridad. Su libro de 2003: "Terror en nombre de Dios: Por qué los militantes religiosos matan", consiste sobre todo en entrevistas a extremistas de todo signo: cristianos, judíos, musulmanes, militantes antiabortistas, hasta seguidores de Timothy McVeigh, el bombero de la ciudad de Oklahoma.

"La verdad es que dediqué mi vida al estudio de la violencia y los perpetradores", dice.

Stern fue una víctima. En su nuevo libro, "Negación: Memorias del terror", cuenta que, en 1973, cuando tenía quince años, a ella y a su hermana menor las violaron a punta de cañón en su casa de Concord, Massachusetts.

La policía no creyó el relato de las niñas y archivó la investigación. El padre no consideró necesario suspender un viaje y regresar. Toda la comunidad, escribe, parecía estar empeñada en la negación.

La experiencia le produjo a Stern un tipo de entumecimiento emocional: una calma, hasta una temeridad, que le resultan extrañamente útiles en su trabajo actual.

"Me fascinan las motivaciones secretas de los hombres violentos", escribe en "Negacion", "y soy buena en lo que respecta a desentrañarlas." Descubrió que los terroristas hablaban abiertamente en su presencia, dice, porque "podía entrar en un estado en el que casi trataba de ser esa persona, y en el que sentía que si me permitía hasta el más mínimo juicio, lo más probable sería que pudieran detectarlo.

"Me sumía en la calma, casi como si pudiera sentir un cambio químico en mi organismo", agrega.

"Seguramente es una consecuencia del trauma, pero no quiero interpretarlo en términos médicos. También sentía una intensa curiosidad." Benjamin Wittes, un investigador de la Brookings Institution, una organización sin fines de lucro de políticas públicas que tiene sede en Washington, D.C., es amigo de Stern desde fines de los años 90. Se asombró al enterarse de que la habían violado. "Si uno conoce a una persona por completo disfuncional, en la que pueden verse las huellas de esa experiencia, no se sorprende", explica. "Pero no es el caso de Jessie." Uno de sus aportes, agregó, es que Stern fue una de las primeras académicas que estudiaban el terrorismo que se dio cuenta de que la forma de descubrir lo que los terroristas pensaban era hablar con ellos. "Hizo las preguntas indicadas a la gente indicada", dijo. "Si algo de eso procede de su propia experiencia de ser víctima del terror, entonces las lecciones fueron muy fructíferas." Sin embargo, un posible aspecto negativo de no sentir demasiado es también que se experimenta menos alegría y que hasta puede producirse una desconexión de la propia vida. Fue reconocer en ella misma esos síntomas, cuenta Stern, lo que la llevó a decidirse, en 2006, cuando la policía reabrió su caso de violación, a recordar toda la experiencia. Se enteró de que el violador era responsable de por lo menos cuarenta y cuatro violaciones entre 1971 y 1973, y de que había pasado dieciocho años en la cárcel antes de ahorcarse. El libro, dice Stern, le enseñó mucho sobre los efectos del síndrome de estrés postraumático, del que ahora se considera una víctima, y la ayudó a pulir sus ideas sobre el terrorismo.

En enero, escribió en un artículo en Foreign Affairs que el abuso sexual que padecen los chicos en las escuelas religiosas islámicas conocidas como madrasas no es poco común, como tampoco lo es la violación de niños en Afganistán, en especial los jueves, a los que se da el nombre de "día de amor al hombre", porque se considera que las plegarias de los viernes absuelven al pecador de toda culpa. "Hace años que lo sé", dice Stern, "pero hasta que escribí el libro no establecí la relación. No sé muy bien cómo se estudia, pero es algo que está ahí. La humillación es sin duda un factor de riesgo, y puede tratarse de un caso particular de eso."

¿Por qué tendrían que darle el Premio Nobel a este hombre?

Su nombre está en las quinielas del Nobel cada año. Y sin embargo, a pesar de su talento excepcional y sus maravillosas historias, Cees Nooteboom no es un autor muy leído. Arcadia conversó con él

El nombre del escritor Cees Nooteboom siempre está en las quinielas del Nobel.foto.fuente:revistaarcadia.com

Lo que uno quisiera escribir sobre Cees Nooteboom ya está escrito en sus libros. Y lo que uno quisiera decirle, después de haberlos leído, ya lo hizo a su manera el gran Antonio Tabucchi: "Me encontré a Tabucchi una vez y de repente viene hacia mí y me da un beso, dos besos, y me dice: 'Eso es por ¡Mokusei!' ¿Está bien entre autores, no? No pasa muchas veces". Me contó Nooteboom, en impecable español, en la entrevista telefónica que concedió para Arcadia. ¡Mokusei! es uno de sus cuentos, en el que un fotógrafo holandés se enamora de una modelo japonesa y entre las muchas cosas que piensa, cree que ese amor tan grande sólo se explica porque cada uno desea ser el otro: "No lo podía decir, pero era lo que había pensado a menudo: que él quería convertirse en ella y tenía la sensación –sin que ninguno de los dos hubiera dicho nunca algo por el estilo– de que a ella le pasaba exactamente lo mismo, que ella, por idiota que pueda sonar, intentaba tomar posesión de su cuerpo no para tenerlo a él, sino para ser él". Y todo el texto tiene la misma densidad y la misma cadencia de este fragmento.

Cees Nooteboom (su nombre se pronuncia Ceis y su apellido Notbom, que es 'nogal' en holandés) nació en La Haya en 1933. El recuerdo más vívido que tiene de sus primeros años, y que bien podría pertenecer a alguno de sus personajes, es el de su padre poniendo una silla en la terraza de la casa para sentarse a ver el bombardeo nazi del aeródromo de Ypenburg, en 1940. Pero el mismo Nooteboom ha dicho que si bien hay gente que puede rastrear su infancia entera con fechas, escuelas y eventos, como si fueran un computador, él no puede hacer eso: "Algunas veces me pregunto si realmente estuve ahí".

Su padre los abandonaría durante la guerra para luego morir en el bombardeo a La Haya, en 1945. Su madre, Johanna Pessers, se mudó a Tilburg, se casó de nuevo y entonces Nooteboom empezó su peregrinaje por varios internados católicos —uno de ellos dirigido por monjes franciscanos, otro por agustinos— y de esa época conserva una enorme gratitud por "los buenos hermanos" que le enseñaron latín y griego. Pero aclara en la entrevista, con mucho humor: "Pero… ¡ellos me han arruinado!". Y aquí aparece otro rasgo distintivo de Nooteboom: parece haber tenido la típica infancia europea de posguerra —incluso aburrida­—; rara vez habla de ella y, a diferencia de tantos escritores contemporáneos, no ha escrito libro alguno en el que la evoque.

No terminó el bachillerato, tuvo algunos trabajos de escritorio, y empezó a viajar: "A la edad de diecisiete años le dije a mi madre: 'Me voy'. De cierta manera, nunca he vuelto". Y en los sesenta años que han pasado desde entonces, Nooteboom ha conocido cuarenta países y ha escrito más de cuarenta libros entre poemarios, traducciones, novelas y crónicas de viaje. Pero así como en sus novelas los personajes nunca caen en clichés, en sus crónicas periodísticas, llenas de datos útiles y bien ordenados, se percibe también la pátina de una búsqueda interior. Hotel Nómada, una antología de sus mejores crónicas (prologada en la edición en español por su amigo Alberto Manguel), recoge la filosofía de Nooteboom desde el instante en que empezó a viajar: "A partir de aquel momento opté por una vida que hoy llamo la mía, la existencia del que escribe y describe en el mundo de las apariencias, pero ¿cuántas palabras hay que escribir para ser capaz de leer una única palabra?" "Leo filosofía de vez en cuando, pero no he estudiado filosofía. He leído mi Platón, mi Nietzsche, y también a Heidegger. Hay filosofía en todos lados. A lo mejor, también hay un poco de filosofía que sale de mi propio imperio". A lo mejor la hay en lo que se pregunta Alma, la joven narradora de Perdido en el paraíso, mientras yace al lado de su amante maorí, en Australia: "¿Existe la pornografía sin porno? Mejor dicho, ¿existe la pornografía exclusivamente como concepto, sin representación gráfica alguna?" Pero las referencias filosóficas en Nooteboom no son las del escritor que quiere impresionar con sus conocimientos, ni las del que pretende entrar a disertar con los filósofos. Es evidente que la ha leído juiciosamente, pero es más bien irreverente con ella: "Sobre eso estaba escribiendo ahora. ¡Ja!, un capricho, completamente absurdo, pero bueno: Lutero en una misma habitación con Derrida y Baudrillard. Acabaría sin dificultad con su mascarada. Aunque… contra un talmudista y un jesuita…", piensa Arno Tieck, un personaje de El día de todas las almas.

A principios de los 50, Nooteboom realizó su primer viaje en autostop por Escandinavia y luego por Provenza, y de ahí surgió su primera novela, Philip y los otros (1955), que recibió muy buena acogida por parte de la crítica, así como el Premio Anne Frank. A su ópera prima le seguirían algunos libros de poesía, hasta que Nooteboom sintió que el lenguaje poético lo limitaba: "Necesitaba que mi obra perdiera tanto lirismo. Para escribir se requiere de un cierto connaissance du monde. Por eso empecé a viajar". Y ese uso de extranjerismos que se cuela en su obra y en su conversación no es del escritor políglota y esnob sino el del viajero cosmopolita con una sólida educación clásica, pero que se ha visto obligado a aprender otras lenguas para enfrentar la vida que ha escogido: "Quien huye de la realidad es aquel que se queda en casa sometido a la rutina de la vida diaria, porque no puede soportar la amarga sabiduría que proporciona el viaje", dice en Hotel Nómada. Y esa amarga sabiduría aparece por doquier en sus textos. En medio de la descripción de las infames condiciones de los mineros en Bolivia amarga (1968), se lee: "De vez en cuando el silencio queda interrumpido por el grito de un pájaro invisible que sueña un sueño de terror". Tal vez los libros de viajes de Nooteboom son, como afirmó Richard L. Kagan, crítico del New York Times, en su reseña de El desvío a Santiago (1992): "Una especie de Guía Michelin para el alma".

Aunque su dominio del francés, el inglés y el alemán es casi perfecto, nunca ha pensado en escribir en otra lengua que no sea su holandés natal: "Siempre digo que cuando yo escribo en holandés es como si tocara el órgano. Si escribiera en inglés, sería como tocar la guitarra". Esa conciencia musical de su lengua materna, sobre la que sus personajes disertan con tanta frecuencia, viene acompañada de un singular patriotismo: "Holanda es un país difícil de comprender. Somos una tribu un poco rara y no nos entienden", afirma con el mismo humor que usa en su ensayo ¿Cómo ser europeos?: "¿Cómo se convierte uno en europeo? Para empezar, siéndolo, cualidad que se adquiere, por ejemplo, naciendo en los Países Bajos. Quien está convencido de que conoce el mundo mucho mejor de lo que el propio mundo se conoce, es que es holandés".

Después de su primera novela, Nooteboom publicó libros de poesía, la novela El caballero ha muerto (1963), y crónicas de viajes, entre las que se destacan la de la invasión soviética a Hungría, en 1956, y las de mayo del 68. En 1967 fue nombrado editor de la revista Avenue, de gran tiraje en Holanda, para la cual tradujo a poetas como César Vallejo (por quien profesa una gran admiración) y Wallace Stevens, entre otros. Y mientras continuaba con sus viajes, en 1980 publicó Rituales, que luego sería adaptada al cine, y que es quizá su novela más famosa y a partir de la cual empezó su etapa más productiva como novelista.

En 1989 fue invitado por el Servicio de Intercambio del gobierno alemán a vivir un año en Berlín, lo que le permitió ser testigo de la caída del muro (sobre la que escribió varias crónicas, recientemente recopiladas en el libro Berlín 1989-2009). En esta ciudad hizo amistad con el filósofo Rüdiger Safranski y con el pintor Max Neumann, quien luego ilustraría las portadas de algunos de sus libros. Desde entonces divide su tiempo entre Berlín, las afueras de Ámsterdam y Deiá, en la isla de Menorca, donde tiene una casa que se puede ver en un video de YouTube.

En cuanto a su libro más querido, dice que si tuviera que escoger uno, éste sería La historia siguiente, esa novela delirante en la que un profesor de escuela secundaria, Hermann Mussert, se acuesta una noche en su casa de Ámsterdam y se despierta al día siguiente en Lisboa. Pero lo interesante de Mussert es que, a diferencia de lo que hacen los profesores en la literatura contemporánea, no se enreda con la estudiante por la que siente fascinación, sino con una profesora (con cuyo marido, la estudiante, Lisa D'India, inicia una aventura por su lado). Nooteboom escribió esta novela para la Semana Holandesa del Libro, un evento anual en el que un escritor recibe el encargo de escribir una novela con un número determinado de palabras, que será distribuida de forma gratuita. Aunque recibió fuertes críticas en su país, ya que el estilo es muy diferente al de sus otras novelas, este fue el libro que lo catapultó en Alemania y de ahí al resto de Europa: "Pasan cosas raras con los libros", dice, y a continuación pregunta si sus libros son muy costosos en Colombia y si llegan las ediciones de bolsillo: "No me interesa vender. Me interesa ser leído".

En su ya larga carrera como escritor, Nooteboom ha recibido, además del Premio Anne Frank en 1957, el Premio de Poesía de la Comunidad de Ámsterdam en dos ocasiones (1960 y 1965), el Premio de Periodismo por sus crónicas sobre mayo del 68, el prestigioso premio Pegasus por Rituales (1982), el Constantin Huygens (1992), el Aristeion por La historia siguiente (1993) y, en noviembre pasado, el Premio Holandés de las Letras, el galardón más importante de los Países Bajos.

Es un lugar común afirmar que en la concesión del Premio Nobel de Literatura hay un componente claramente político. Desde hace varios años la Academia Sueca parece decidida a desmentir esa afirmación, como parecen confirmarlo los premios Nobel otorgados a Elfriede Jelinek, J.M. Coetzee y Jean-Marie Le Clézio, quienes, si bien tienen posiciones políticas que podríamos llamar liberales, son en esencia novelistas dedicados a su oficio. Sobre el Premio Nobel Nooteboom dijo: "Me interesa para ser leído. Sería arrogante decir que no. Pero es una lotería y yo no puedo decir nada al respecto". Y recuenta la anécdota de su amigo el poeta belga Hugo Claus, que murió en 2008, y quien fuera otro de esos eternos candidatos al Nobel: "Claus decía: 'Ahora es tiempo de que me lo den por razones humanitarias'. Pero Claus murió sin recibirlo", dice Nooteboom, y después de una pausa agrega: "Como mis maestros: Borges, Proust, Nabokov, Kafka y Calvino".

Tal vez Nooteboom, como su obra, quede a la altura de los que él considera sus maestros, pero tal vez le den el Premio Nobel porque es un gran cronista, traductor y poeta, y un novelista excepcional. Porque en sus obras no hay frases célebres que se puedan citar fuera de contexto. Porque su humor es exquisito. Porque escribe y describe sin posar como escritor. Porque leerlo es un goce estético e intelectual. Porque es elegante con el lector. Porque, en resumen, recoge la cultura europea sin dejar de dialogar con el resto del mundo. Su próximo viaje será a China, Japón y Corea ("donde han publicado mis libros y bueno… Me interesa… Pero claro, no puedo leerlos"). Su próximo proyecto: Cartas a Poseidón. "Son cartas a Poseidón porque son dioses olvidados, ¿no? Inmortales, pero también olvidados, ¿y cómo es ser un dios olvidado?" Y mientras esta revista está en la imprenta, Nooteboom estará de viaje, tratando de pasar inadvertido, "lo cual no es sino una forma de desaparecer, que es en definitiva de lo que se trata".

En el mercado

Hotel Nómada

Cees Nooteboom

Debolsillo

2007

224 páginas

$29.000