31.7.09

Peligro: viene el libro electrónico

Por: Juan Gabriel Vásquez
“LA LITERATURA EN PAPEL ESTÁ condenada a restricciones físicas inaceptables”, escribía Javier Moreno el sábado pasado en este periódico.
“El formato digital permitirá que la literatura nazca y se mueva con agilidad”. Su columna era un alegato a favor del libro electrónico y en contra de los románticos como yo, que insensatamente desconfían (desconfiamos) de estas nuevas tecnologías. Pero apenas diez días antes de su columna sucedió en Estados Unidos algo que, si el mundo nuestro fuera menos tecnólatra, generaría inmensa preocupación. Algo que echa nueva luz sobre las “restricciones físicas inaceptables” y sobre la manera en que el formato digital permite que la literatura “se mueva con agilidad”.
Hacia el 16 de julio, varios lectores de Kindle, el soporte electrónico de Amazon, notaron con sorpresa que algunos libros habían desaparecido de su aparato. Entre ellos hay uno que me interesa en particular, por la ironía deliciosa que su desaparición implica: 1984, de George Orwell. Ante el escándalo subsiguiente, Amazon explicó que los libros habían sido publicados por equivocación, porque sus editores no tenían los derechos para explotarlos; así que, en cumplimiento de la ley, Amazon se metió al libro electrónico de estos lectores y eliminó los libros. La eliminación, por supuesto, vino acompañada del reembolso a los lectores frustrados.
Amazon es una compañía seria: se dio cuenta de que no tenía derechos sobre esas obras, y las retiró del aparato. Pero cualquiera se da cuenta de que la cosa no termina ahí. Los lectores de 1984, esa novela sobre la vigilancia constante de los individuos, sobre la pérdida de libertades, sobre la injerencia en nuestras vidas por parte de fuerzas que nos sobrepasan, vieron (vimos) en esa situación un augurio temible. Supongamos que se cumplen los deseos de los tecnócratas y el libro en papel desaparece en un futuro, dejándonos únicamente con el libro electrónico. Eso quiere decir que nos enfrentamos a un mundo donde otros tienen el control sobre lo que leemos; un futuro donde la tecnología permitirá que los libros a que tengo acceso —los libros de mi soporte electrónico— puedan ser controlados remotamente, eliminados de mi biblioteca sin mi permiso, o, peor aun, censurados sin que yo me entere.
Es un escenario espeluznante. No tengo que hacer la lista de fuerzas, políticas o religiosas o económicas, que pueden sacar provecho de un sistema que, en la práctica, es el sueño de los fascismos. La prohibición de un libro (práctica corriente en Irán, o en China, o en las bibliotecas fundamentalistas de Estados Unidos) nunca es perfecta: en la Rusia de Stalin o en la Alemania de Hitler la literatura prohibida encontraba formas subterráneas de circular. Pero cuando esa literatura sólo existe en la memoria de un aparato, y cuando alguien —hoy, una compañía; en el futuro, un juez o un ayatolá o un presidente-comandante— puede entrar en todos esos aparatos y eliminar todos esos libros... No sé. Si escuchamos con atención, tal vez oigamos al Gran Hermano desternillarse de la risa.
“La literatura no se deshace al contacto con los píxeles”, escribía Javier Moreno en la columna de marras. Dudo que los lectores frustrados de 1984 piensen lo mismo. Pero pueden estar tranquilos: el libro de papel todavía se consigue en la biblioteca.

29.7.09

Cuando la novela es el guía

CIUDADES REALES como el Dublín de Joyce o la Lisboa de Pessoa.
Un nuevo turismo cultural que imbrica la ficción en el mundo real . Los grandes éxitos de ficción propician una oferta turística en ciudades de medio mundo.
Zafón, Larsson, Falcones, Dan Brown... no sólo generan derechos de autor por sus novelas superventas, sino que han hecho florecer rutas turísticas en los escenarios reales donde suceden sus obras, o incluso - como en el caso de Tolkien, este año-en la ciudad donde nació el escritor (ante la dificultad, se supone, de situar con precisión en el mapamundi la Tierra Media). El fenómeno alcanza una magnitud cada vez mayor, y apunta un futuro donde las ciudades podrían acabar subvencionando escritores. Un recorrido por la Buenos Aires de las novelas de Ernesto Sabato

Buscando hobbits en Sudáfrica
El rastro de Lisbeth Salander en Estocolmo
Siguiendo a Martín y a Sempere por Barcelona
El best séller conduce al Louvre
Nace el turismo de alcantarilla

fuente: Revista Ñ http://delcastilloencantado.blogspot.com/

Las enseñanzas del topo

Pensar la historia. Pensar el rol de los intelectuales y filósofos. Pensar a los pensadores. Estas tareas que José Sazbón encaró a lo largo de su vida encuentran en el modelo del topo prefigurado por Nietzsche su mejor espejo. Cavar, perforar, avanzar en forma subterránea para encontrar el verdadero sentido del humanismo en el barro de la historia.
Por Fernando Bogado
En el prólogo a la segunda edición de Aurora, aparecida en 1886, Friedrich Nietzsche escribió: “En este libro se encontrará a un ‘subterráneo’ trabajando, alguien que cava, que perfora, que mina”, alguien a quien califica en definitiva como un topo. El filósofo alemán se refiere así a esa labor filológica de la lectura lenta que encuentra, detrás del pensamiento de Occidente, los cimientos que sustentan el límite entre bien y mal y, por ende, la fuerza práctica misma del saber racional y metafísico de Sócrates y Platón en adelante: la fuerza moral, política y rectora de las ideas filosóficas. En 1981, José Sazbón, filósofo y pensador argentino recientemente fallecido, encontraría otro topo en su notable artículo El fantasma, el oro, el topo: Marx y Shakespeare; en donde la metáfora del animal excavador atravesaba y ligaba la obra de Shakespeare leída por Hegel y luego por Marx, cada uno describiendo un movimiento diferente en las formas de insertarse en las profundidades del ya mencionado animalito. El tercer momento del drama, el definitivo, es un libro de reciente publicación: Nietzsche en Francia y otros estudios de historia intelectual. Aquí se reunieron una serie de artículos que ahondan, que cavan en el mismo problema común: la urdimbre profunda de la historia, las insospechadas conexiones de cada concepto que el hombre ha traído a la superficie para pensar su existencia.
¿Cómo lee un topo? Ya lo dijo Nietzsche: con paciencia, en las zonas oscuras y poco vistas, en lo negado. Sazbón, afín a este tipo de trabajo crítico, demuestra en textos de diversa temática una preocupación por discutir los “luminosos” conceptos de la Aüfklarung desde prácticas y doctrinas filosóficas de innegable contemporaneidad, como el (pos) estructuralismo o el marxismo inglés, e inclusive la teoría literaria aplicada con afán crítico, implacable, casi.
En trabajos como Conciencia histórica y memoria electiva, echa luz sobre discusiones teóricas que giran en torno de la diferencia entre la historia y la memoria –punto nodal de la experiencia sin más–; oposición que toma diferentes nombres en los restantes textos reunidos pero que sigue marcando el problema que estos dos pensadores excavadores no dejaban de recalcar: la vigencia o caducidad de un pensamiento, de una forma de vida, y su utilidad para lo contemporáneo. ¿Cómo si no entender la constante mención de la Revolución Francesa, objeto del debate historia/memoria, fantasma shakespeareano que no deja en paz a tantos y tantos filósofos?
Armar una “historia intelectual”, entonces, será volver sobre diferentes conceptos que el hombre occidental había pensado como universales, pero que ahora se revelan tan particulares y terrestres como los mitos de los “nativos”.
Razón y método: del estructuralismo al posestructuralismo, por caso, es uno de los textos en donde se repasan recientes mitologías: Sazbón revisa el pasaje de las proposiciones de Sartre a las de Althusser y Lévi-Strauss, para terminar en Foucault y Derrida. Esto es: de la centralidad del sujeto (Sartre y su Crítica de la razón dialéctica: el cogito colectivo y la primacía de la historia), a la centralidad de la estructura, y por último, al descentramiento radical de cualquier concepto (arqueología-genealogía en Foucault; deconstrucción en Derrida). Ese mismo tipo de lectura –que parte de una inquietud presente para reconstruir el particular devenir de cada idea– se vuelve a repetir a la hora de arribar al legado teórico de la escuela de Frankfurt o a la revisión del debate intelectual que tuvo como protagonistas a Perry Anderson (amigo intelectual del autor) y a Gerard S. Thompson, ambos excelsos miembros del marxismo inglés. Sería engorroso mencionar la multitud de sustantivos propios que abundan en cada texto: los nombres y las ideas se suceden en un diálogo abierto, donde el autor deja escapar muy sutilmente sus preferencias, para luego patentarlas en trabajos cuyo objeto –a primera vista– es más específico: basta revisar los textos que abren y cierran el libro, dedicados a la recepción temprana del pensamiento nietzscheano en Francia y a la conflictiva relación de Pedro De Angelis con los escritores del Salón Literario del ‘37, respectivamente. José Sazbón, fallecido el 16 de septiembre del año pasado, ha dejado una impronta innegable en el pensamiento argentino de nuestros días: apasionado inicialmente por Sartre y la literatura del compromiso, pasó luego a ocuparse de traducir y presentar trabajos de diferentes pensadores y filósofos estructuralistas (Lacan, Foucault). De una tarea crítica abundante, aun desde el exilio en Venezuela o en sus últimos años ya instalado en Buenos Aires, Sazbón logra en estos trabajos niveles de erudición que se patentan en la profusión de datos, sumado siempre a un estilo deudor de cierta prosa literaria (los últimos trabajos del libro, menos atados al rigor académico, tienen frases que recuerdan rápidamente a Borges). Tal como señala Horacio Tarcus en el prólogo y en la nota aparecida en Radar el 8 de diciembre del pasado año, José Sazbón ha sabido ser un humanista: crítico del concepto de historia y del sujeto como fuerte herencia de esta noción, el humano es ese ser vital, deviniente, inclasificable, que flota siempre por sobre cualquier determinación, pero que sin embargo exige siempre ser pensado y re-pensado desde su inherente movilidad.
Lectura porosa del topo: su tarea abre vasos comunicantes subterráneos entre una palabra y otra, entre un texto y otro, y permite desplegar una verdadera historia intelectual que revisa los grandes conceptos (¿metáforas?) del siglo XIX y XX, o mejor, de toda la historia del pensamiento occidental que estos dos siglos se atrevieron a sintetizar, convirtiéndose en los límites o realizaciones de su promesa: o sea, desde la República racional anunciada por los hechos de 1789 hasta la montaña de muertos dejados como saldo de las dos guerras mundiales. Ya lo dijimos: el gran tema del libro de Sazbón, pese a su carácter recopilatorio (o quizás por eso), es el de la historia, el de los conflictos intelectuales que su pensamiento despierta en el hombre. Como Nietzsche, como Marx, Sazbón revisa, sospecha, excava. Aprendamos la enseñanza del topo, en definitiva: la mejor forma de derribar los avejentados edificios del pensamiento occidental nunca será desde la luminosa altura de la prudente contra-argumentación, sino a través de la revisión de esas partes barrosas del frágil mundo subterráneo de la existencia.

25.7.09

La novela gótica de un cineasta

FERIA DEL LIBRO. PAÍS INVITADO:MÉXICO
El director mexicano Guillermo Del Toro habla de Nocturna (Suma de Letras), primera parte de una trilogía, donde narra la expansión de un virus que convierte a los infectados en vampiros. Además, un fragmento del libro, que llega en agosto.
Faltan pocos minutos para la medianoche y una fuerte tormenta azota el corazón de Brooklyn, donde más de un centenar de jóvenes desafía estoicamente el agua y el viento ante las puertas de la librería Barnes & Noble en Park Slope. Esperan que al marcar las doce, las puertas se abran y ellos puedan comprar los flamantes ejemplares de Nocturna , la primera novela del cineasta mexicano Guillermo del Toro, quien desde los pósteres de la vidriera les lanza su típica mirada, entre traviesa y maliciosa.
El afamado director de El laberinto del fauno y El espinazo del diablo se encuentra varios metros bajo tierra, en el sótano de la librería, junto con el coautor de la novela, el escritor estadounidense de thrillers Chuck Hogan. Allí, vestido de negro, con una camiseta gastada y zapatillas que han recorrido miles de kilómetros soportando el enorme peso de su dueño, Del Toro devora una galletita de chocolate tras otra mientras reflexiona sobre vampiros, monstruos y otras criaturas tan diabólicas como los humanos.
Tiene el aspecto de un niño encerrado en un cuerpo de adulto gótico, con unos pequeños anteojos desde los cuales las grandes órbitas de sus ojos parecen sobresalir, siempre atentas a lo que sucede alrededor. No para de hablar, en inglés y en español, y se lo ve hiperactivo, evitando sucumbir al jet-lag . Es natural, acaba de aterrizar desde de Los Ángeles -su hogar-, donde pasó apenas unas horas proveniente de Nueva Zelanda, donde está preparando su proyecto más ambicioso hasta ahora, la filmación de las dos películas de El Hobbit , inspiradas en los personajes de J. R. R. Tolkien y producidas por Peter Jackson.
"Estamos haciendo la preproducción y empezaremos a filmar el año próximo las dos películas juntas. Estoy muy contento: me ha llevado cuarenta y cuatro años empezar a vivir como niño; me levanto por la mañana, imagino y juego con mis amigos, diseño los filmes y vuelvo a mi casa", subraya entusiasmado mientras autografía y hace dibujos sobre algunos ejemplares de su novela.
Nocturna es la primera entrega de una trilogía que trata sobre la expansión en Nueva York de un virus que convierte a los infectados en vampiros. Para detener esta terrible plaga, Del Toro y Hogan idearon los personajes de Ephraim Goodweather, un doctor del Centro de Control de Enfermedades, y de Abraham Setrakian, un ex profesor sobreviviente del holocausto judío, que se alían en su cruzada contra ese mal, diseminado por un maquiavélico empresario.
"Yo me defino como un fatalista esperanzado. Espero lo peor, pero creo que puede suceder lo mejor. Y creo que los humanos somos tanto lo peor como lo mejor que le ha pasado a este mundo; está en nosotros decidir la dirección que tomemos como raza", apunta el director, que comenzó su carrera cinematográfica con Cronos , otra historia de vampiros. Por supuesto, jamás imaginó que el lanzamiento de su libro coincidiría con la epidemia del virus de influenza H1N1.
"Nos sorprendieron los parecidos que hubo con lo del virus de la influenza, y sentimos que el trabajo de investigación que habíamos hecho en casi tres años quedó validado por cómo suceden las cosas en la realidad -cuenta-. Fue todo muy surrealista. Unas semanas antes teníamos que explicar qué era el Centro de Control de Enfermedades o una pandemia, y luego se convirtieron en palabras que estaban en boca de todos."
El germen de la trilogía fue una biblia de ideas y personajes que había propuesto hace unos cuatro años a la cadena televisiva Fox para una serie que nunca se realizó. ¿Será cuestión entonces de esperar a que él traslade estas historias al cine? "No -advierte inmediatamente-. No en una película; se trata de un formato demasiado comprimido. Sería ideal crear una serie para TV por cable, y no extenderla a la televisión abierta, donde los personajes mueren al ritmo del rating."
-¿Por qué elegiste ubicar la historia de Nocturna en Nueva York?
-Porque es como una ciudad imaginaria universal; es la metrópolis por excelencia. Y la primera vez que vine a Nueva York, allá por 1985 o 1986, estaba caminando por Central Park y vi uno de esos edificios que terminan con una gran torre, como un castillo, y me imaginé que un vampiro vivía allí.
-En el libro hay un personaje que se llama Lorenza Ruiz. ¿Fue una suerte de tributo a tu esposa Lorenza?
-Sí, así es, y es la primera que muere (risas). Pero hay muchos otros nombres sacados de mi entorno. Por ejemplo, el capitán Navarro está inspirado en Guillermo Navarro, mi fotógrafo; Gus Elizalde, en Mike Elizalde, que hace los monstruos para mis películas; Abraham Setrakian viene de Mark Setrakian, que construye todos los mecanismos para mis criaturas. Para el tercer libro, habré matado a toda mi familia y mis amigos. Debo de tener algún problema psicológico.
-¿Te produce una suerte de morbo?
-Puede ser, pero lo que realmente me daba morbo y fascinaba era describir bien y sumergir al lector completamente en el momento del drenaje de la sangre. Era algo que no había visto en ningún otro libro de vampiros. Quería que cada muerte estuviera escrita de modo que el lector sintiera que no es un momento placentero, y trataba de hacerlo tan explícito como fuera posible.
-¿Qué es lo que te da miedo?
-La política, la ley, los policías, el ejército, los bancos, la religión institucionalizada. Esas cosas que son como montoneros legislados, que pueden violar tu privacidad porque tienen de su lado la ley escrita por ellos, me dan mucho miedo. Los bancos me parecen un robo organizado.
-Leí por allí que entre tus influencias literarias se encuentran dos argentinos, Jorge Luis Borges y Horacio Quiroga...
-Sí, así es. Quiroga es un genio, un tipo profundamente morboso, tiene un sentido absolutamente fatalista de la vida, no es una pose, realmente cree que el mundo está lleno de bestialidades. A mí me fascinan sus historias tanto como ver un accidente de autos; me quedo atrapado por sus imágenes. En cuanto a Borges, yo no conozco a nadie más que utilice el lenguaje de esa manera. Tiene un ritmo que te arrulla para soñar con lo que él está contando. Y es a la vez tentativo y asertivo en su manera de escribir. En "El Golem" te dice: "Si (como afirma el griego en el Cratilo) el nombre es arquetipo de la cosa..." La frase parece tentativa, como si estuviera preguntando, pero está hablando ya de dos referencias que tú tienes que descifrar. Es a la vez erudito, ameno, hechizante. Creo que sus prólogos sobre su biblioteca personal, de escritores como Robert Louis Stevenson o Marcel Schwob, han iluminado más la obra de estos autores que libros enteros que se han escrito sobre ellos. Lo único que he leído de Borges en lo que estoy en desacuerdo con él son sus críticas de cine; no me gustan nada.

24.7.09

Anotaciones al margen de una vida

“LOS LIBROS TIENEN SU PROPIA SUERTE ”, dice Vila-Matas con respecto a su Dietario Voluble y su difusión que ya lo excede.

Hace unos días, el catalán Enrique Vila-Matas concluyó su Dietario voluble en la prensa española. El libro, publicado el año pasado, es una mezcla de relatos, experiencias y lecturas que conforman su mejor retrato. Aquí reflexiona sobre literatura argentina, identidad y estilo.
...Enrique Vila-Matas sigue vivo. Sobrevivió a la enfermedad (una insuficiencia renal que casi lo mata) y a los críticos. Ahora responde con velocidad y por escrito los interrogantes sobre su Dietario voluble (Anagrama), un libro difícil de ubicar en anaqueles rotulados. Es una mezcla de relatos, experiencias, anotaciones y deseos; un conjunto de textos surgidos de un cuaderno de notas que el autor catalán nutrió entre 2005 y 2008 y que retratan a su autor mejor que cualquier biógrafo. Los publicaba semanalmente en el diario El País, de Cataluña. Durante 2009 los siguió publicando hasta el 28 de junio, cuando escribió el último con el título "Llaveneres". Es el nombre del pueblo de su abuelo donde fue al cine por primera vez a los 3 años y donde conoció el miedo...Seguir artículo.

Vila-Matas Básico
Barcelona 1948. Escritor Es uno de los más destacados escritores europeos y su obra se tradujo a 29 idiomas. Es Caballero de la Legión de Honor de Francia. Obtuvo los premios Ciudad de Barcelona; Rómulo Gallegos; Herralde. Escribió: Una casa para siempre; El viaje vertical; Bartleby y compañía; Doctor Pasavento; Exploradores del abismo.

Una historia para ser domesticada

FERIA DEL LIBRO:INVITADO, MÉXICO
El escritor y periodista mexicano Juan Villoro.

Sara Araújo Castro

Es verano y aprovechando su trabajo en la Universidad de Barcelona, Juan Villoro decide desde la distancia trabajar en esa novela escurridiza, que tiene su natal México como escenario y que lleva varios años en proceso. Como él dice, “la escritura puede ser esquiva, como un potro”, por eso recurre a las mejores estrategias para domarla: saltar de un género a otro, alejarse del territorio para escribir con nostalgia y hacerlo hasta que ese texto indómito sea domesticado.
El libro salvaje, su más reciente obra publicada en Colombia, es una historia para niños en la que desarrolla esta idea de la conquista de las letras.
En el ‘El libro salvaje’ uno no lee una historia infantil...
Pienso que las historias para niños deben funcionar para cualquier lector, así como La isla del tesoro o El Principito.
Aquí los libros también son protagonistas...
Quería escribir un libro sobre la aventura de leer para un joven que no estuviera acostumbrado a hacerlo. Pensé en la idea de un libro que huye de los lectores, que es como un caballo sin herradura y no quiere tener jinete. De manera que la lectura fuera la conquista de ese libro salvaje. Así, la lectura se hace tan activa como la escritura misma de un libro. Cuando uno escribe, el libro se resiste, es como un potro salvaje que debes ir domando. Leyendo el libro, el lector vive todos estos desafíos y se enfrenta a retos.
Aquí los lectores no son ratones de biblioteca, aislados de la vida.
A veces se cree que un buen lector es un cerebro suspendido lleno de ideas pero que no tiene contacto con la realidad. Pero lo cierto es que la lectura se engrandece cuando la mezclamos con la vida. La lectura es una forma del afecto, cuando la madre le lee al hijo, éste asocia la historia con su voz. Nada mejor que compartir un buen libro.
Su escritura es también indómita, viaja por todos los géneros...
Nunca he escrito poesía, que es la forma más alta de la literatura. Lo que hago son distintos formatos de prosa, eso tiene que ver con un temperamento disperso. Me gustan muchas cosas al mismo tiempo y al escribir no me ha quedado más remedio que ser fiel a esta dispersión.
¿Cómo ve la relación entre el periodismo y la ficción?
Yo creo que puede ser muy fecunda, pero al tiempo peligrosa. Ha habido novelistas que metidos en las redacciones de los periódicos pierden el poder de su prosa. Sin embargo, García Márquez logró llevar la voz fecunda del periodismo y luego utilizar los recursos para la ficción. Vargas Llosa, Hemingway o Camus encontraron en el estímulo de lo cotidiano las claves de algo perdurable. Las novelas están hechas de esos instantes que buscan volverse perdurables. Para mí, el periodismo es una gran escuela, necesito el estímulo del periodismo y el ansiolítico de la novela donde te pierdes cinco años.
¿Cuál es el libro salvaje en el que está trabajando?
Siempre el próximo. Siempre la historia se te resiste. Yo en ningún genero me siento muy cómodo y es bueno, porque me presenta desafíos. Mientras disfruto de la prensa la inmediatez y la fidelidad a los hechos, en la novela encuentro los desafíos que tiene una historia larga y compleja.
Usted ha vivido mucho tiempo en España, siempre regresa como ahora, ¿tiene que ver con la escritura?
Yo creo que se escribe mejor con la nostalgia de las cosas cuando se trata de la ficción. El periodista es testigo de cargo y debe estar cerca. Pero el novelista escribe más desde una pérdida de lo que pudo ser y no fue. Estoy en Barcelona tratando de avanzar en esta novela que llevo años escribiendo, pues para escribir ficción sobre México prefiero estar lejos. Acabo de terminar una obra de teatro. Al parecer en el tercer acto de mi vida habrá mucho teatro.
fuente:elespectador.com/ http://delcastilloencantado.blogspot.com/



22.7.09

JESÚS FERRERO

Nicolas-Edme Rétif de la Bretonne (1734-1806) resulta un escritor bastante atípico dentro de la literatura francesa. Hijo de un terrateniente de Yonne, primero intentó ser sacerdote, y más tarde fue confidente de la policía, además de impresor.
A los treinta y dos años publicó su primer libro: La familia virtuosa, pero se debió de cansar pronto de la virtud ya que sus siguientes obras parecen inclinarse más bien hacia el vicio: El pornógrafo y La campesina pervertida, entre otras.
Fue enemigo de Sade, y lo quiso emular y hasta superarlo con su novela Anti-Justine, por oposición a la Justine de Sade. No lo superó, pero logró escribir una historia tan escabrosa como la del marqués, y de una amplia amoralidad.
Tras su muerte, fue bastante olvidado y han sido sus obras sobre la Revolución Francesa las que más han contribuido a su relativamente reciente resurrección: El palacio real, por ejemplo, y sobre todo Las noches revolucionarias, intenso relato de la época más crítica de Francia y que conforma tan sólo una parte de su vastísima crónica Las noches de París.
Como Maupassant, Rétif de la Bretonne fue un pájaro nocturno (lo llamaban el búho de París) y buena parte de su obra tiene por escenario la noche, que suele estar llena de revelaciones, como están llenas de revelaciones Las noches revolucionarias.
Uno de los aspectos más atractivos de esta obra, y que más modernidad le puede conferir al autor, reside en el intento de narrar la instantaneidad, lo que convierte su crónica en una sucesión, a veces vertiginosa, de emociones encadenadas, que permiten sentir el flujo mismo de la vida, con todas sus glorias, miserias y abominaciones. El lector advierte que Rétif de la Bretonne casi no tiene tiempo de asimilar y ordenar lo que está viviendo, circunstancia que convierte su relato, además de en una crónica histórica fluida y alucinante, en un laberinto de proclamas, consejos, aspiraciones y deseos, y donde Rétif mezcla su vida colectiva con la personal. La crónica propiamente social va a conformar dentro del texto el río principal, en el que confluyen muchos afluentes, tantos como los personajes y las calles que se van deslizando por el libro. El hecho de que Rétif utilice todo el rato el presente de indicativo le da todavía más inmediatez a su crónica, y hasta más veracidad periodística.
La lectura de Las noches revolucionarias nos puede hacer pensar que había en Rétif de la Bretonne "algo de precursor", como en el Andrés Hurtado de Baroja, y es que en sus mejores momentos (esos en los que evita las proclamas y los entusiasmos excesivos) parece estar inventando el periodismo moderno, y algunos fragmentos de Las noches son de una agilidad periodística más que notable.
Rétif no omite ninguno de los horrores del periodo revolucionario, y a lo largo de su relato va desplegando un mundo de abusos continuos, violaciones salvajes, ejecuciones dementes, prostitución infantil, villanos descerebrados, burgueses sin cabeza, y aristócratas con la cabeza en otra parte.
A pesar de que Sade y Rétif fueron enemigos más bien mortales, conviene leerlos a la vez, o al menos tener en cuenta a Sade cuando estamos leyendo a Rétif, pues en realidad son escritores que se complementan (justamente porque se oponen) y que debido a ello pueden iluminarse el uno al otro.
Sade elaboró una gigantomaquia del sexo y la perversión fundamentada en la violencia ejercida sobre el otro, base cardinal de su sistema, pero toda esa escatología sexual, aparentemente imaginaria, halló cabida y lugar en las noches de la Revolución, y sobre todo en las del periodo del terror. Si Sade supo imaginar a su manera el universo abismal en el que se iba apoyar la nueva ciudadanía, en Las noches revolucionarias de Rétif de la Bretonne vemos ese fondo abismal concretándose en el cuerpo social e iluminando, desde los hechos mismos de la realidad pura y dura, toda la escatología de Sade y su peculiar Apocalipsis sangriento y sexual, anclado en lo que el mismo Sade llamó "el entusiasmo de los castigos". Ese entusiasmo de los castigos que experimentan por igual los personajes de Sade y los personajes de Las noches revolucionarias. Del sadismo formal, teatral y repetitivo de Sade, al sadismo sustancial, trágico y reiterativo de Las noches no hay tanta distancia, y el uno se refleja en el otro de la misma manera que parte de la obra de Rétif se reflejó claramente en la de Sade, le gustase o no a nuestro autor.
Sorprende que en estos tiempos de ideologías muertas y escasos entusiasmos colectivos volvamos a acercarnos a la obra de Rétif de la Bretonne, y a la vez es comprensible. Su estilo directo y caótico es de algún modo moderno, y los abismos que conoció en París también.