4.10.10

La película de Facebook arrasa pese a sus supuestas mentiras

Las críticas contra el filme por tratarse de un relato de ficción no tienen ninguna repercusión en la taquilla

Imagen de la película sobre Facebook que ha levantado gran polémica tras su estreno.foto.fuente:abc.es

Mientras «The Social Network», la película sobre Facebook, ha encontrado millones de amigos en las salas durante este fin de semana, recaudando 23 millones de dólares y conquistando el primer lugar de la taquilla cinematográfica, continúa la polémica en torno a si el relato es ficticio o real. Parece que al público esta cuestión le importa poco o nada.

El filme ha cosechado críticas favorables por adelantado e incluso rumores de nominaciones al Oscar, si bien su afirmación de que muestra la verdadera historia del nacimiento de la red social se ha visto teñida de controversia, entre otras razones porque está extraída de un libro que fue vapuleado por sus métodos periodísticos.
Así, «The Social Network», del director David Fincher, se incorpora a una larga lista de filmes de Hollywood que han causado polémica por sus representaciones creativas de personajes de la vida real y escenas de acontecimientos que nunca ocurrieron. Pero en una era en la que los espectadores exigen un estilo «reality» de la televisión, sabiendo que éste a menudo carece de elementos de la verdad, puede que el público le preste menos atención que nunca a la autenticidad, según expertos cinematográficos.
«Desdibujamos tanto la línea que separa la realidad y la ficción recientemente en televisión y cine que está bien que guionistas y autores se tomen libertades para imaginar algo dramático e interesante», dijo el columnista y crítico cinematográfico de Deadline Hollywood, Pete Hammond.
«The Social Network» cuenta cómo el cofundador de Facebook Mark Zuckerberg pasó de ser un estudiante socialmente aislado y arrogante de la Universidad de Harvard con problemas para relacionarse con chicas a crear la red social que actualmente tiene más de 500 millones de miembros y vale decenas de miles de millones de dólares.
El libro es ficción
Además de los interrogantes sobre el libro en el cual está basada -«The Accidental Billionaires: The Founding of Facebook, A Tale of Sex, Money, Genius and Betrayal» de Ben Mezrich- que avivan el debate está el hecho de que Zuckerberg no cooperó con la película. «Gran parte del libro es ficción. Esta es mi vida, de modo que sé que no es tan dramática», dijo Zuckerberg a Oprah Winfrey recientemente en su programa de TV.
Pero los realizadores de la película sostienen que el filme es básicamente verídico, narrado desde tres perspectivas: la de Zuckerberg, su ex buen amigo y cofundador de Facebook Eduardo Saverin y sus ex compañeros de Harvard, los hermanos Tyler y Cameron Winklevoss.
El filme muestra escenas de testimonios tomados de demandas legales presentadas contra Zuckerberg por parte de Saverin y los gemelos Winklevoss. Ambas demandas terminaron con grandes arreglos extrajudiciales. Sorkin aseguró que aunque «está basada en el libro», él realizó su propia investigación y explicó que la película había sido «sometida a una minuciosa examinación por parte de un equipo de abogados». «A ellos sólo les importa que no esté diciendo nada que no sea cierto o difamatorio. Cuando la verdad está en disputa, dejamos eso en claro también», comentó.

“El Chacal” trabaja en la oscuridad

Es uno de los hombres más poderosos del sector editorial. Agente literario de escritores vivos y muertos como Borges, Nabokov y Philip Roth, en su trabajo es transgresor, voraz e implacable

EL DUEÑO. Wylie dice que fue muy importante tomar conciencia de que era él quien trabajaba para el autor, "y no al revés".foto.fuente: Revista Ñ

Los numerosos empleados de la Wylie Agency son los representantes de escritores más temidos e influyentes del mundo editorial angloestadounidense. Ellos reportan a la esquiva figura de Andrew Wylie, un gigante literario estadounidense que se tutea con muchos de los escritores contemporáneos más importantes, desde Salman Rushdie hasta VS Naipaul y Philip Roth. Wylie es una figura enigmática. También es, sin duda, uno de los hombres más poderosos del sector editorial. En su oficina de Manhattan, de un anonimato sorprendente, nos dio una rara y fascinante entrevista.

Hablamos a última hora de la tarde, pero la mayor parte de los días Wylie se levanta a las cinco de la mañana en Nueva York y anda "a tientas en la oscuridad", dice, antes de sentarse a abordar entre cuarenta y cincuenta e-mails procedentes de lugares tan lejanos como Tokio, San Petersburgo y El Cairo. Este agente literario global que representa a unos setecientos escritores –vivos y muertos–, entre ellos Martin Amis, Vladimir Nabokov, Saul Bellow, Arthur Miller y Art Spiegelman, tiene la palidez espectral de un hombre que trabaja mucho en la oscuridad.

Hoy viene a saludarme en el hall tranquilo de su oficina del piso doce mientras el día llega a su fin y la luz crepuscular se funde con la luminosidad fluorescente del off-Broadway. En persona, Wylie es bajo, menudo, cortés y suave, como si con su traje oscuro y sus buenos modales formales desmintieran su fama de competitivo, obstinado, transgresor e implacable. El contraste entre su amable presentación y su consolidada reputación de problemático hace que la formalidad parezca tensa. Pero el muchacho malo sardónico no tarda en atravesar la máscara y emerger. En la oficina minimalista de Wylie pueden verse varios ejemplares promocionales del catálogo de Nabokov en distintas ediciones extranjeras. Cuando hago un comentario sobre el patrimonio literario (Borges, Mishima, Lampedusa y Updike, para nombrar sólo algunos de los más importantes) que controla la Wylie Agency, dice con una risa triste: "La gente se muere como moscas." En estos momentos se entiende por qué en el mundo editorial angloestadounidense se lo conoce sólo como "El Chacal".

Alguna vez fue un depredador bastante feroz, pero ahora Wylie se ha convertido en algo mucho más amenazante en el mundo literario. En un medio en el que muchos de los principales editores, libreros y agentes literarios rivales sufren la depredación de la recesión y la digitalización (la revolución de la tecnología de la información), puede afirmar que es el representante de escritores más poderoso y de mayor alcance global a ambos lados del Atlántico, un rey de la selva editorial.

Wylie, que ha pasado a estar en pie de igualdad con empresas como ICM, William Morris, Curtis Brown y United Agents gracias a su enérgica voluntad, no es como éstas. Es un lobo solitario que construyó su imperio de la nada en menos de treinta años. Empezó tarde, a pesar de su situación privilegiada, y fue siempre un hijo brillante y seguro de la aristocracia de Boston. Los Wylie se remontan a la época de la revolución estadounidense. Del lado de su madre había dinero y banca; del de su padre, libros y edición (Houghton Mifflin). Esa compleja herencia dual lo llevó a Harvard, donde estudió literatura francesa, y luego, como estaba en extremo aburrido, a Nueva York en los años 70. Aspirante a periodista, se hizo amigo de Andy Warhol, consumió drogas y escribió una poesía horrenda. Se ganó la vida como taxista hasta que, apenas cumplidos los treinta años, creó la Wylie Agency en un desolado ambiente del downtown. Su primer cliente fue el gran socialista estadounidense IF (Izzy) Stone. "Hace mucho tiempo", dice, "tenía las tardes libres." Una sonrisa irónica ilumina la pausa y le da efecto. "Eso ya no es un problema." Llevaba la edición en la sangre pero, rebelde y extremista, le indignaba su comodidad complaciente. "En aquellos días", recuerda, "el dinero iba de la editorial al agente y luego al autor. Los agentes sentían que trabajaban con las editoriales y eran algo condescendientes con los autores, a los que se trataba como personas talentosas pero disfuncionales. Me puse a pensar y decidí que eso era corrupto. Es el autor el que contrata al agente. Como agente, se es el jardinero de la propiedad del autor. Fue muy importante tomar conciencia de que era yo el que trabajaba para el autor, y no al revés." En ese momento cobra vida el teléfono que está sobre el escritorio inmaculado de Wylie. "Tengo que contestar", dice, volviendo a la actitud amable. Es Al Gore. "¡Hola Al! ¿Estás en El Cairo? Mi ciudad favorita..." Mientras habla, observo la iconografía de su oficina, que domina una réplica de un cartel señalizador de Nueva Jersey verde y blanco con la leyenda "Plaza Philip Roth". Los primeros tiempos Wylie no tenía clientes famosos, pero quería escapar de lo que consideraba la pobreza gentil del sector de los libros. "Veía empresas que tenían plantas moribundas en ventanas sucias. ¿No era posible –me preguntaba– tener ventanas limpias, hasta con vista, mientras se leían libros excelentes? Cuanto más habla, más emerge el celo puritano innato de Wylie desde el negro clerical de su traje y su corbata. "Me gustan los libros. Sí, tengo un Kindle. Lo usé una hora y media y lo guardé en el armario. No interesa la cultura masiva. Cuando empecé, veía que nueve de cada diez personas se dirigían a la puerta que decía Dinero, Comercio, Basura, por eso elegí la puerta que rezaba Calidad, Interés, Importancia." Diga lo que se diga del Chacal, no le falta seguridad o, para decirlo de otra forma, la clásica energía de Nueva Inglaterra. El cóctel de marcada competitividad, beligerancia literaria, ambición literaria frustrada y pasión por los "autores" pronto rindió frutos. Al declarar la guerra a las relaciones "corruptas" de agentes y editoriales, cobró notoriedad por romper la regla tácita de que los agentes no daban caza a los clientes de sus rivales. "Una mierda con tarjeta" fue una de las cosas más famosas que se dijeron de él.

A Wylie le encantó. Ahora podía ser al mismo tiempo un paria y un defensor de la escritura contemporánea. El momento decisivo llegó en 1995, cuando Martin Amis abandonó a su agente, Pat Kavanagh, de PFD, la esposa de su viejo amigo Julian Barnes, por el contrato de 500 mil libras por su novela La información . "Sí", dice Wylie ahora, "probablemente fue entonces cuando empezó lo del 'chacal'. No tengo idea de dónde salió. No evito ser agresivo en defensa de los autores. La representación de los buenos escritores ha sido menos profesional que la representación de los malos escritores." Parte de lo que hace en la actualidad, sostiene, es aportar disciplina y coherencia, así como una estrategia global, a una actividad que ha estado en manos de señoras excéntricas envueltas en cardigans deformados.

Finge, de manera nada convincente, que no tiene poder alguno y asegura que está dando un paso al costado. "Ahora soy el Ronald Reagan de la operación", bromea. "Cuando me reúno con editoriales, el personal me da un guión. Hola. Es. Un. Placer. Conocerlo." Después de una generación en el sector, insiste en que "la Wylie Agency no es una firma unipersonal sino de cincuenta personas. La sucesión ya está arreglada: Scott Moyers en Nueva York y Sarah Chalfant en Londres. Quiero que la gente entienda que nosotros (la agencia) vamos a seguir cuando yo desaparezca." Por el momento, Wylie, que tiene un aspecto juvenil a pesar de sus sesenta y dos años, mantiene una agenda salvaje. "Nos reunimos todos los días a las 7:45 y hablamos de todo durante una hora, cinco días por semana. Así es que..." (otra sonrisa, no tan feroz y más parecida a la manija de un ataúd) "somos muy detallistas en todo. Somos muy internacionales. Analizamos cada territorio con minuciosidad. Viajamos mucho. Moscú. Asia. Europa. No recibimos información de manera pasiva. Asignamos un grupo de gente al estudio de cada caso. Estudiamos el trabajo de los escritores. Contamos con sistemas de computación muy desarrollados que producen gran cantidad de informes. Contratos. Derechos. Territorios. Decidimos qué queremos. Lo conversamos con el cliente (el autor) y luego salimos a conseguirlo." Después de otro llamado de Gore, empieza a hablar de su flamante pasión por Alaa Al Aswany, el autor de The Yacoubian Building y Chicago . De pronto suena entusiasmado, casi periodístico. "Fui a Egipto. Lo llamé. Le expliqué quién era. Me invitó a visitarlo a las siete. Seguíamos hablando de sus libros cuando fuimos a comer casi a medianoche." Ahora Wylie vende The Yacoubian Building en todo el mundo en muchas ediciones, y va a vender literalmente toda palabra que escriba Al Aswany al mayor postor.

Es en momentos como este que se entiende cómo llegó a representar a Rushdie y a Naipaul, que hace poco dejó a su agente (y ex colaborador de Wylie) Gillon Aitken. ¿Por qué Naipaul hizo eso? Hoy Wylie vuelve a permitirse una leve sonrisa y una expresión circunspecta de satisfacción. "Digamos que pienso que Vidia sintió que era hora de un cambio." Señala que no podría adoptar la actitud "maternal" y solidaria en la que algunos agentes se especializan, aunque sé que trabajó mucho para apoyar a Rushdie durante los peores momentos de la fatwa. Por naturaleza, el Chacal no es un animal social.

"Me gusta ver a mi mujer y a mis hijos. Me gusta irme a dormir a las nueve y levantarme a las cinco. Nadie en su sano juicio tiene esos horarios. No me dedico a Twitter ni a los blogs. Soy malo para la conversación superficial y para la 'charla'. Háblenme de edición y puedo quedarme horas enteras." Ese, me doy cuenta a medida que se va delineando en la conversación, es nuestro viejo amigo, el ego de la ausencia de ego. En líneas generales, Wylie es un hombre al mismo tiempo tímido y arrogante cuya obsesión lo convierte en un gran personaje. Su vida se define por lo que hace. Admite que no le interesan la música ni la comida ("es sólo combustible") y que: "No voy a los libros en busca de sexo. Cuando busco sexo voy a mi casa."

(c) The Guardian y Clarin Traduccion de Joaquin Ibarburu

2.10.10

La revista ´Granta´ elige a los jóvenes narradores en español del siglo XXI

La publicación recoge los textos de 22 escritores procedentes de varios países hispanohablantes menores de 35 años

Portada de Granta.Foto.fuente:adn.es

La revista Granta ha reunido en el número 11 a los mejores narradores jóvenes en lengua castellana, nacidos después de 1975. La publicación de Reino Unido también dedicará su próximo ejemplar a estos autores, quienes además estarán presentes en la Feria del Libro de Fráncfort (Alemania).

En total se ha escogido a 22 personas procedentes de varios países de habla hispana, como Bolivia, Chile, México, Uruguay, Perú o Colombia, aunque la mayoría proceden de España y Argentina. El jurado ha estado formado por Edgardo Cozarinsky, Francisco Goldman, Isabel Hilton, Mercedes Monmany, Valerie Miles y Aurelio Major.

Los nombres, que se han hecho públicos este viernes en la presentación del número son: Andrés Barba, Oliveiro Coelho, Federico Falco, Pablo Gutiérrez, Rodrigo Hasbún, Sònia Hernández, Carlos Labbé, Javier Montes, Elvira Navarro, Matías Néspolo, Andrés Neuman, Alberto Olmos, Pola Oloixarac, Antonio Ortuño, Patricio Pron, Lucía Puenzo, Andrés Ressia Colino, Santiago Rongcagliolo, Samanta Schweblin, Andrés Felipe Solano, Carlos Yushimito y Alejandro Zambra.

El jurado ha destacado este viernes en la presentación que estos escritores poseen algo en común: la "experimentación con las formas". En concreto, el poeta y editor Aurelio Major ha señalado que "muchos revelaron sus escritos en continentes muy distintos, pero las diferencias entre ellos es tan amplia que se pueden colocar en varios lugares, porque tienen sensibilidades y estilos muy diversos".

Sin embargo, matizó que sí tienen en común algo, y son "sus viajes y sus recorridos por el mundo", algo que se aprecia porque toman la inspiración de autores de otros idiomas. "Se nota que es una generación cosmopolita", ha puntualizado.

John Freeman ha coincidido con Major y ha señalado que estos escritores poseen estilos muy diferentes, porque "no parece que reaccionen contra nada ni nadie" y, además, ha dicho que "escriben mucho sobre el sexo". "En el mundo que dedicó la revista a este tema se hablaba mucho menos", ha bromeado.

Además, Freeman destacó que la literatura en habla inglesa se ha acercado mucho al realismo en los últimos años, mientras que todos los escritores de esta lista "toman riesgos" y la forma en la que los asumen es "muy distinta". El escritor y miembro del jurado lamentó el "abismal" déficit que existe de obras en castellano traducidas al inglés. "Es extraordinario encontrar una nueva generación de escritores que van a crear otra realidad", ha subrayado.

NUEVAS VOCES

Para la directora de Duomo Ediciones, Valerie Miles, esta es una "oportunidad" porque va a "tirar la puerta" para que se escuchen otras voces además de Borges y Gabriel García Márquez. Según ha señalado, el hecho de que también se publique en inglés también permite a los lectores de otros países conocer a estos artistas. "Exponencialmente va a llegar a muchos otros idiomas", ha dicho.

Por su parte, Cozarinsky ha señalado que para él supuso un "desafío" buscar textos y ha declarado que entre todos ellos descubrió a dos que no conocía y que, a partir de ahora, "estarán en mis lecturas", según ha señalado.

Mercedes Monmany subraya que en esta elección se ha huido de la "intimidación" de las cuotas y peculiaridades biográficas de las personas que se han presentado. En este sentido, ha destacado que estas mujeres son una "bocanada de aire fresco", porque, a diferencia de otras generaciones, se alejan de lo "previsible".

1.10.10

El premio Nobel de Literatura será anunciado el 7 de octubre

Entre los eternos candidatos figuran el poeta Ali Ahmad Said Asbar y los escritores estadounidenses Thomas Pynchon, Philip Roth y Joyce Carol Oates
Alfred Nobel, inventor de la dinamita, en 1896.foto:internet. fuente:elmundo.es


El ganador del premio Nobel de Literatura 2010 será anunciado el jueves 7 de octubre, según confirmó hoy la Academia Sueca en Estocolmo.

La fecha del Nobel de Literatura era la única que aún no se había confirmado, después de que se anunciaran los días de los Nobeles de Medicina (lunes), Física (martes), Química (miércoles), Paz (viernes) y Economía (lunes 11).

Entre los eternos candidatos que siguen barajándose este año para el Nobel de Literatura figuran el poeta nacido en Siria Adonis (Ali Ahmad Said Asbar) y los escritores estadounidenses Thomas Pynchon, Philip Roth y Joyce Carol Oates.

Sin embargo, según la casa de apuestas Ladbrokes, el ganador de este año sería el poeta sueco Tomas Transtromer, seguido por el autor polaco Adam Zagajewski, Adonis y el poeta surcoreano Ko Un.

La casa de apuestas rival, Unibet, apuesta en cambio por el dramaturgo paraguayo Néstor Amarilla, seguido de Adonis, y también contempla en su top cinco a Roth, el japonés Haruki Murakami y Oates.

El año pasado, el Nobel de Literatura fue para la alemana nacida en Rumania Herta Müller.

Los premios Nobel tienen una dotación de 10 millones de coronas (1,5 millones de dólares). Las ceremonias de entrega tienen lugar tradicionalmente el 10 de diciembre en Estocolmo y Oslo.

Ese día es el aniversario de la muerte del inventor de la dinamita, Alfred Nobel, en 1896.

El aullido poético de Norma Jean

Un libro recoge los versos inéditos de Marilyn Monroe, sobrecogedor retrato de la cara más amarga del mito - La muerte, el desamor y la soledad son algunos de sus temas


Marilyn escoje un libro sobre Goya, en 1953. foto.fuente:elpais.com


Marilyn Monroe leía y escribía de manera compulsiva desde su adolescencia. Lo hacía en los tiempos muertos de los rodajes, en los monótonos días en hoteles, durante sus reincidentes crisis emocionales y, también, durantes los escasos momentos de felicidad que tuvo. Anotaba sus pensamientos, caóticos a veces, poéticos casi siempre, en cuadernos, hojas sueltas o facturas. Escribió sobre la muerte, el suicidio, el abandono, el desamor y el miedo. Habló de su soledad y, entre notas de recetas de cocina, cartas a sus médicos y deseos cotidianos, pidió socorro en silencio en versos desolados: "Vida- / soy de tus dos direcciones. / De algún modo permaneciendo colgada hacia abajo / casi siempre...".

El libro Fragmentos, que en España edita Seix Barral, saldrá a la venta en todo el mundo el próximo 6 de octubre (El País Semanal ofrecerá en exclusiva un amplio adelanto este domingo con fotos y textos inéditos). El volumen reúne por primera vez los poemas y escritos inéditos de la actriz, documentos que muestran la otra cara de una mujer obsesionada con encontrar su identidad en un sistema que le negaba cualquier pulsión propia, creativa e intelectual. Una mujer que se sintió acorralada por un papel del que -en el fondo- no la dejaron salirse nunca, el de la rubia tonta que le obligaron a interpretar hasta su trágica muerte, en 1962.

Todas sus pertenencias fueron heredadas por su profesor en el Actors Studio, Lee Strasberg. Durante casi cuarenta años las cajas que contenían todos sus efectos personales han estado selladas, hasta que Anna Strasberg, viuda del maestro, ha decidido desempolvarlas para su publicación. En su biblioteca había libros de historia, novela y ensayo. De Walt Whitman a James Joyce, Samuel Beckett, Gustav Flaubert, Jack Kerouac, Fiodor Dostoievsky o John Steinbeck. Entre sus poetas favoritos, Milton y entre sus pintores, Goya: "Conozco bien a ese hombre, tenemos los mismos sueños, llevo desde pequeña teniendo los mismos sueños", escribió una mujer marcada por una infancia atroz, huérfana de padre y víctima de una madre loca que jamás se hizo cargo de ella. De su infancia, Marilyn recordaba con especial pavor el día que tirotearon en su presencia a su perro Tipp, escena que le dejó de por vida su tono de voz titubeante.

Era una mujer insegura, triste, depresiva y autodestructiva. También era alegre, o como decía ella: "Sé que nunca seré feliz pero sé que ¡puedo ser muy alegre!". Sus escritos son la huella de las subidas y bajadas de una personalidad extremadamente sensible que le hizo dar tumbos entre maridos, amantes, hospitales y rodajes hasta su muerte a los 36 años. Adicta a las pastillas, vivía condicionada por un desquiciante pulso con el insomnio: "Anoche volví a pasar despierta toda la noche. A veces me pregunto para qué sirve el tiempo nocturno. Casi no existe para mí, todo me parece un largo y horrible día".

Stanley Buchtahl y Bernard Comment, editores de Fragmentos, escriben: "Algunos de estos textos darán lugar a interpretaciones y comentarios. Pero no hay en ellos nada sucio, ni de baja estofa, nada de cotilleos. Intimidad sin exhibicionismo, medición sísmica del alma". En el prólogo del libro el escritor Antonio Tabucchi habla de una personalidad "intelectual y artística" que ni los biógrafos podían sospechar. "La imagen que Marilyn ha dejado de sí misma esconde un alma que pocos sospechaban. De gran belleza, es un alma que la psicología barata calificaría de neurótica, como se puede calificar de neurótico a todo el que piensa demasiado, a todo el que ama demasiado, a todo el que siente demasiado".

De sus textos mecanografiados cuando apenas tenía veinte años, y en los que describe al detalle sus sentimientos al descubrir la infidelidad de su primer marido, James Dougherty, a los poemas emborronados y extrañamente puntuados de los últimos tiempos. Muchos de ellos, dedicados a su tercer marido, el dramaturgo Arthur Miller. Ella escribe del desamor de un hombre que todavía amaba: "Mi amor duerme junto a mí / en la débil luz -veo su viril mentón / aflojarse -y la boca / de su adolescencia regresa/ con una blandura más blanda/ su sensibilidad temblando / en la quietud / sus ojos tienen que haber excrutado el exterior / maravillosamente desde la gruta de su/ adolescencia -cuando las cosas que no entendía- / las olvidaba/ pero tendrá este mismo aspecto cuando esté muerto / oh hecho insoportable e inevitable / pero ¿preferiría que llegase la muerte / de su amor antes que la suya propia?".

Pero quizá nadie fue más certero a la hora de explicar la tragedia de Marilyn Monroe que el escritor Norman Mailer, quien al preguntarle por el suicidio de la actriz dijo: "Para sobrevivir habría tenido que ser más cínica o por lo menos estar más cerca de la realidad. En lugar de eso era una poeta callejera intentando recitar sus versos a una multitud que le hacía jirones en la ropa".

'EL PAÍS SEMANAL' ofrece en exclusiva el próximo domingo un autorretrato del mito a partir de fotografías y poemas inéditos de la época dorada de la actriz Marilyn Monroe.


Versos inéditos sobre el suicidio

Ay maldita sea me gustaría estar

muerta -absolutamente no existente-

ausente de aquí de

todas partes pero cómo lo haría

Siempre hay puentes -el puente de Brooklyn

Pero me encanta ese puente (todo se ve hermoso desde su altura y el aire es tan limpio) al caminar parece

tranquilo a pesar de tantísimos

coches que van como locos por la parte de abajo. Así que

tendrá que ser algún otro puente

uno feo y sin vistas -salvo que

me gustan en especial todos los puentes -tienen

algo y además

nunca he visto un puente feo.

El III 'Getafe Negro', la cita con la novela policíaca en el sur, se centrará en Gran Bretaña

La tercera edición del Getafe Negro, la cita con la novela policíaca en el sur de la región, contará este año con la presencia de autores como Philip Kerr y Robert Wilson dentro de un programa centrado en esta ocasión en Gran Bretaña


La Comunidad de Madrid participa en el III Getafe Negro, festival de novela policíaca de Madrid y evento anual de referencia en el panorama literario nacional. Lo hará mediante el patrocinio a su organización y la realización de varias actividades de inscripción gratuita en las bibliotecas públicas del Gobierno regional.

El primero de los actos que ofrecerá la Comunidad serán los Seminarios de Novela Negra, en colaboración con la Escuela de Escritores. Éstos tendrán lugar en la biblioteca municipal de Getafe el martes 13 y el jueves 14 de octubre; en la Manuel Alvar, el lunes 18 y miércoles 20 de octubre; y en la Biblioteca de Retiro el martes 19, y el jueves 21 de octubre. Se trata de seminarios sobre el género literario a cargo de Ignacio Ayerbe. La inscripción es gratuita y puede realizarse hasta completar aforo.

Por otro lado, el lunes 18 de octubre, a las 18.30 horas, se desarrollará en la biblioteca Centro Pedro Salinas la actividad 'Cosecha Negra', basada en un encuentro con cuatro autores actuales españoles, que hablarán de sus obras más recientes. Serán Julián Ibáñez, Lucía Etxebarría, Carlos Salem y Francisco Balbuena.

Por último, y sin duda uno de los platos fuertes de esta programación, la Biblioteca de Retiro albergará el 21 de octubre a las 11 horas un encuentro con el célebre autor escocés Philip Kerr, creador de la serie 'Berlin Noir'. Kerr charlará con los asistentes acerca del proceso de creación de su obra.

Del mismo modo, el publicista y novelista inglés Robert Wilson estará el miércoles 20 de octubre a las 17.30 horas en la Biblioteca Central. Por último, la novelista española Marta Sanz, autora de 'Black, Black, Black', estará el 24 de octubre a las 17 horas en la Biblioteca Manuel Alvar.

'Getafe Negro' está destinado a fomentar la lectura y la cultura aprovechando el auge de la novela negra como nueva novela social que hoy en día se ocupa de describir las múltiples caras de la injusticia, la explotación y el crimen en un mundo globalizado.

Desde el lunes 18 al domingo 24 de octubre de 2010, se llevarán a cabo diferentes actividades en las que participarán escritores nacionales e internacionales, así como artistas, directores de cine, ex banqueros, jueces, periodistas y profesionales de diferentes campos.

Los que vinieron después de Borges

El segundo volumen de la edición crítica de sus obras completas permite desentrañar su legado en la historia de la literatura argentina: reclamos de paternidad y negaciones

"En la literatura argentina no es tan fácil hablar de tradiciones alternativas a Borges, porque él las incorpora a todas". foto.fuente:Revista Ñ

La sombra de Borges. Los escritores de las últimas décadas hicieron su propia reescritura del legado borgeano.

Borges tuvo varias canonizaciones. Se podría decir, enunciándolo de otro modo, que su obra sobrevivió al paso de las décadas y terminó por instalarse en el centro mismo de nuestra conciencia literaria por una serie de factores y golpes maestros que están por supuesto en su inmensidad literaria, pero que también están en toda esa órbita que gravita un poco por afuera de los textos. El mercado, con su lógica azarosa, le empezó a rendir pleitesía hacia 1961, cuando le otorgan el Premio Formentor compartido con Samuel Beckett. "El resultado inmediato fue que mis libros se reprodujeron como hongos en el mundo occidental", dijo entonces. A partir de ese punto aproximado, el Borges escrito empieza a languidecer y nace el ícono que alimentó las primeras planas del mundo: el ciego oral que da miles de entrevistas hablando de escritores ingleses de segunda línea, que despliega una especie de "política de la modestia" (Alan Pauls, El factor Borges ), tan consciente de que mejor que hablar de sí mismo es dejar que sus textos sedimenten solos y se metabolicen en el nervio de nuestra tradición. Su influencia en los escritores argentinos, sin embargo, ya era palpable, y en unos años la sombra de Borges lo dominaría todo.

Hay una suerte de consenso global que indica que lo más alto de su obra va del 30 al 52; de Evaristo Carriego a Otras inquisiciones . En esos años, Borges no sólo escribió libros, artículos en revistas y diarios, empezó a dictar algunas conferencias significativas y moldeó el esquema mental de su posteridad literaria, sino que además tuvo tiempo para dirigir desde las sombras un taller literario fantasmal y para pocos, del que surgieron por lo menos tres obras maestras: La invención de Morel de Bioy Casares, Las ratas de José Bianco y Autobiografía de Irene de Silvina Ocampo. Los escritores agrupados bajo el cielo de "Sur" encontraron en Borges esa mezcla perfecta entre anacronismo y modernidad para llevar a la ficción los vectores teóricos y las líneas de sentido que pregonaba el aura editorial de la revista. Pero no sólo lo conceptual hizo metástasis en ese grupo: la prosa opaca y precisa, contrabando perfecto de la sintaxis sajona, se impuso como un código de elegancia para la escritura de elite. Si Roberto Arlt, el escritor popular, escribía "mal", a los epígonos de Borges les tocó jugar el papel de la resistencia del belle letrismo y la híper literaturidad del texto –rasgos estilísticos que Borges iría erosionando de El informe de Brodie hacia adelante. Bioy Casares percibió desde luego ese movimiento, y siguió con diligencia los pasos del maestro; sus últimos libros se vuelcan a lo oral y se desembarazan de las marcas literarias duras.

En los años sesenta, el lugar de Borges en el microcosmos literario se rediseña y la centralidad que ya se infería se complica por la vía de la política. Son años de una militancia creciente, y una izquierda radicalizada busca correr a Borges –emparentado con el antiperonismo y artífice de declaraciones poco felices– del centro de la identidad letrada. Según Alan Pauls, "la izquierda más nacionalista casi ni se tomó el trabajo de leerlo; el fervor antiperonista de Borges, festivamente reivindicado bajo la revolución libertadora, fue suficiente para que lo descalificaran sin mayores trámites, acusado de representar los intereses de la oligarquía cipaya. Las cosas no eran tan fáciles para Ernesto Sabato o para el joven Abelardo Castillo, dos figuras menos involucradas en apuestas políticas inmediatas o, en todo caso, más sensibles al carácter problemático (a la vez artístico y político) de Borges. La solución, en este caso, es otra. Borges y su obra son sometidos a una doble exigencia simultánea; una es literaria, la otra es vital. Borges, previsiblemente, aprueba la primera y reprueba la segunda".

La sombra de Borges en esa década es, entonces, dominante pero también problemática. Ya había pasado Contorno (1953-1959), revista dirigida por los hermanos Viñas, que rearmó el lugar de Borges y Arlt en el mapa de las lecturas críticas. Rodolfo Walsh había publicado en 1957 Operación Masacre , y en la década del sesenta compuso un puñado de relatos donde se deja traslucir la estampa de Borges. Saer publica en esa década sus cinco primeros libros, y Piglia aparece con su primer volumen de relatos. Osvaldo Lamborghini saca en 1969 El Fiord , y Andrés Rivera, que destila por momentos una herencia borgeana literal, se empieza a construir su lugar en la literatura contemporánea. Para Rivera, Sabato y Castillo, sobre todo, Borges empieza a ser una figura difícil de eludir. Por aquellos años, ya es claro que hay por lo menos dos modos fuertes de capitalizar el legado borgeano: a través de la prosa, que es posiblemente el modo más tosco y estéril, demasiado visible, de saquear Borges, y a través de los modos en los que Borges leyó la literatura local en relación a la cultura universal, que quizás sea su gran legado y lo que los mejores escritores pudieron apropiar.

Con la vuelta de la democracia, la cartografía literaria se rearma y la centralidad de Borges, que ya era palpable, termina de consolidarse cuando los dados arrojan. Sylvia Saitta, en el libro Lo que sobra y lo que falta , dice: "Que Borges ocupara el centro del sistema literario en los años ochenta y fuera consagrado el gran escritor nacional, fue el resultado de operaciones convergentes de lectura y relectura de su obra, en la que participaron varios actores. En primer lugar, y en más de un sentido, las operaciones críticas de Ricardo Piglia, en tanto escritor y en tanto crítico, diseñaron el sistema literario que hoy se mantiene vigente: Piglia diseña un mapa en cuyo centro están Borges y Arlt, negando la disyunción con la que solía pensárselos hasta entonces". Parte del reposicionamiento de Borges vino, claro, de la academia: todos terminaron de entender que las teórias francesas en boga ya habían sido formuladas por Borges varias décadas antes, y un círculo conceptual terminaba entonces de cerrarse. Según Piglia en Crítica y ficción (1986), "Paul de Man, Harold Bloom, George Steiner, Stanley Fish son por momentos más borgeanos que Borges. Quiero decir que a su manera, en los años cuarenta, en Buenos Aires, en pequeños ensayos circunstanciales, Borges había planteado problemas y modos de leer que después la crítica contemporánea descubrió. Todo lo que Borges había estado haciendo en aquel momento entró después en la escena de la discusión académica. Lo que hoy dice Derrida de una manera un poco esotérica sobre el contexto, sobre el margen, sobre los límites, es lo mismo que dice Borges de una manera más elegante y mas clara".

Con esta refundación de nuestro canon, aparece también una nueva generación de narradores, que imponen su propia reescritura del legado borgeano. Siguiendo a Saitta, "el sistema literario que se reconstruye en los primeros años de la democracia es, entonces, un sistema presidido por Borges cuya marca predomina en la narrativa de comienzos de la década: la no respresentación de lo real, la exhibición de la desconfianza que genera la lengua como medio para representar la realidad, el rechazo por las motivaciones psicológicas en la elaboración de tramas y personajes, el uso de la cita, la parodia, el estilo conjetural. Con Piglia y Juan José Saer como escritores faro, el campo literario ha definido a sus actores y sus agentes consagratorios: por un lado la carrera de Letras de la UBA; por otro, las editoriales, los suplementos culturales de los diarios y las revistas culturales, en torno a los cuales se crean grupos de pertenencia". En este contexto, empiezan a publicar sus primeros libros los escritores agrupados en la revista Babel, muchos de ellos de impronta altamente borgeana: Luis Chitarroni, Alan Pauls, Sergio Bizzio, Sergio Chejfec, Charlie Feilling, entre otros. Deudores de una literatura intelectual, una literatura de prosa y de procedimientos, leían a Borges pero también a César Aira, a Fogwill, a Saer y a los escritores europeos, de Nabokov a Thomas Bernhard. Al mismo tiempo, aparece lo que se llamó los "planetarios", agrupados en torno a la colección Biblioteca del Sur de Planeta y después al suplemento Radar de Página/12. La literatura de este grupo –que, para arrojar algunos nombres, contaba entre sus filas con Rodrigo Fresán, Juan Forn, Guillermo Saccomanno, Marcelo Figueras– entró en discusión con la política literaria de Babel, y prefirió buscar a sus precursores en la literatura norteamericana y en autores argentinos más narrativistas, como Osvaldo Soriano. Así, la influencia de Borges, ya ampliamente expandida y legitimada, sufrió algunos tironeos que la mantuvieron viva. Sólo basta que los jóvenes (en determinado momento) se disputen la potestad de una obra para que esta rejuvenezca.

Además del sello decisivo que empiezan a dejar las lecturas de Borges que propone la literatura de Piglia y Saer, se abre un nuevo derrotero que desencapsula algunos de los tics borgeanos más estereotipados, que cruza la literatura con la cultura de masas y que tiene como centro de sistema a dos nombres de peso: Manuel Puig y César Aira. Así, a partir del comienzo del nuevo siglo, las generaciones de nuevos narradores destilan la influencia borgeana a través de la lupa deformante de estos autores de cabecera. Se podría decir que para los escritores jóvenes Borges es un autor que ya viene procesado por Aira, por Piglia, por Saer y por unos pocos escritores más. En ese sentido, es inútil tratar de indagar si los escritores que hoy empiezan a producir "leyeron" a Borges: la literatura de Borges ya está en nuestras letras, y cualquiera que haga su entrada en nuestra tradición va a escribir desde Borges, sea o no sea consciente de esa paternidad, evidencie o escamotee esas marcas de pertenencia.

Por lo demás, es cierto que los tiempos han cambiado, y es innegable que la poética y la retórica de pensamiento de un Aira o un Piglia puede ser más estimulante para un escritor joven que la de Borges. La erudición como se entendía en los días de Sur es un sistema de conocimiento ya casi impracticable, y la velocidad –asociada a una suerte de elogio del "vitalismo" y en algunos casos deudora de las nuevas tecnologías– parece haberse impuesto como contraseña de buena parte de la nueva narrativa. Sin embargo, no todo es tan sencillo. Con los escritores en los que Borges aparece atravesado por Piglia o Saer (Martín Kohan, Hernán Ronsino, Mariano Dupont, Juan José Becerra, Gustavo Ferreyra), la influencia parece ser mas desentrañable. Pero los escritores que salen de una línea más cercana a la que abrieron Aira y Puig (Félix Bruzzone, Romina Paula, Cucurto, Iosi Havillo, Pola Oloixarac) muestran una relación con Borges más tensa, tirante, acaso más demandante. En una conferencia que ofreció Josefina Ludmer en el último Festival de Literatura de Buenos Aires, dijo en algún momento que la literatura de Aira tardó en leerse en Europa porque para los lectores europeos es difícil entender la lectura, compleja y sutil, que el argentino hizo de Borges en sus propios relatos. Por eso es difícil ver a Borges en algunos de los nuevos narradores: porque escritores como César Aira le confirieron a lo borgeano una silenciosa y trabajada vuelta de tuerca, al punto de que ya es imposible volver a lo borgeano en sentido puro, original. Es, si se quiere, un movimiento que la propia literatura de Jorge Luis Borges imploraba, tan afecta a los juegos de manipulación, saqueo y deformación de un texto original.

Para terminar, podemos citar a César Aira en una entrevista, consignando una sensación que, como un fantasma, ha recorrido las últimas décadas de la narrativa argentina: "Borges es un centro, y es a la vez inescapable y muy resbaloso. Creo que el quid está en que leyéndolo, de adolescentes, vimos dónde estaba la esencia de la literatura. Eso fue definitivo, pero después descubrimos, también, que la literatura no tiene una esencia sino muchas, históricas y contingentes. Así que fue fácil escapar de la órbita borgeana, tan fácil como volver, o como no haber escapado nunca. En la literatura argentina no es tan fácil hablar de tradiciones alternativas a Borges, porque él las incorpora a todas".