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12.5.10

Vuelve Silver Kane

El seudónimo ideado por Francisco González Ledesma en los años cincuenta se convierte en personaje en La dama y el recuerdo, novela del Oeste con todos los ingredientes del género: bandidos, cazarrecompensas, pistoleros, vaqueros, caravanas de ganado ... El protagonista es un hombre sabio y honesto que dirige el Jackson Independent Journal

Foto;Fuente:elpais.com

Francisco González Ledesma, Paco para familiares y amigos, estaba escribiendo su nueva novela del policía Méndez cuando tuvo un ataque de melancolía. "Me estoy haciendo viejo". Ahí surgió la idea. "¿Y si vuelvo a escribir una novela del Oeste? ¿Y si recupero a Silver Kane?".

Su editor estuvo de acuerdo, pero él puso una condición: no cobrar adelanto. "Si no me gustaba la rompía y no tenía que devolver el dinero. Me lo planteé como un reto. Quería comprobar si era capaz de escribir con la rabia y la frescura de los veintitantos años". La acabó con el entusiasmo y la pasión que suele poner en todo lo que hace, le gustó y aquí está La dama y el recuerdo.

Hay varias diferencias entre esta novela y las cientos que escribió entre los años cincuenta y ochenta. No está firmada por Silver Kane, sino por Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927). Kane se ha convertido en un personaje. Es el director del Jackson Independent Journal, el diario de Jackson (Kansas), un hombre sabio y honesto. "Es un guiño. Es un hombre bien informado y bueno. Me hubiera gustado ser el director de un pequeño diario del Oeste". También hay otros guiños, como cuando un personaje le pregunta a otro si cree posible que un día haya un presidente negro en Washington y el otro le contesta: "¿Y una primera dama negra? Ni hablar".

En La dama y el recuerdo hay más sexo que en aquellos títulos que tanto éxito tuvieron en quiosco, como Un federal de Nevada, Una fosa pagada a plazos, El hombre que vendía muertos o ¡Ha vuelto Killer! "Había que ser muy moderado por la censura". Aquellas novelas solían tener unas setenta páginas y ésta, más de trescientas.

Reúne todos los requisitos del género: atracadores de bancos, cazadores de recompensas, pistoleros, vaqueros, el saloon con el piano y las prostitutas, los sheriffs, los indios, los caballos salvajes, las caravanas de ganado, las grandes distancias. Como en casi todas las novelas de Ledesma hay un montón de historias que se cruzan. "Porque así sucede en la vida". La del pistolero Taylor, que se enamora de una india mestiza; la del cazarrecompensas Lancaster, que le persigue para matarlo, pero que en el fondo también es una buena persona; la del cacique Ford, administrador de materiales del ferrocarril y representante del Gobierno para las tribus, un hombre repugnante y corrupto; la de su amante Lena, una mujer mala hasta el dolor; la del heroico y valiente jefe indio Valiant y la de su hijo, un chiquillo de 10 años que vengará su asesinato; y la de Ketty River, la dama del recuerdo que da título a esta historia, la mujer más distinguida de Jackson, que ejerce de juez en Kansas City, y que es implacable con Ford. Mucha acción y muchos muertos.

El seudónimo Silver Kane nació a finales de 1952. González Ledesma estaba pasando una mala época. Estudiaba Derecho, gracias a la ayuda de sus tíos Victoria y Claustre, porque él era pobre de solemnidad. Otro de sus tíos, Rafael González, un periodista represaliado tras la Guerra Civil que había encontrado refugio en Bruguera, logró que entrara en la editorial en 1947. Ya antes había escrito historias de aventuras para él y con él. Alquilaban máquinas de escribir por horas y escribían a cuatro manos. Luego fue guionista de historietas como El inspector Dan o Doctor Niebla. Pero Ledesma, que quiso ser escritor desde los 14 años, tenía ya la novela de su vida, Sombras viejas, que presentó al Premio Nadal de 1946 sin éxito. Dos años más tarde, el editor José Janés convocó el Premio Internacional de Novela, la retocó y la presentó. Ganó. La censura prohibió su publicación.

Estaba tan desesperado que se fue a Madrid para hablar con el censor. "Me dijo que era roja y pornográfica. Lo de roja pude entenderlo, porque los personajes eran los vencidos y los ideales republicanos que aprendí a querer en el Poble Sec (el barrio donde nació y creció) se dejaban ver. Pero lo de pornográfica, no. Se refería a una escena de lo más tonta: una joven se pasó la guerra esperando que regresara su novio. Soñaba que llamaban a la puerta; ella abría, retrocedía unos pasos y caía en un diván. Bueno, pues un día, llaman al timbre de verdad, abre, es un amigo de su novio, se sienta en el diván y él le pone la mano en la rodilla. Protesté, pero el censor me dijo que se notaba que el chico tenía intención de subir la mano por la pierna".

Se desanimó, pensó que nunca publicaría nada y entonces Francisco Bruguera y su tío Rafael le propusieron que escribiera novelas del Oeste. "Bruguera me dijo que me buscara un seudónimo porque con un apellido como González nadie se iba a creer una novela del Oeste".

Por la primera le pagaron 1.500 pesetas en dos plazos. Al final ya cobraba 12.000. Escribía de tres a cinco al mes y las tiradas oscilaban entre 14.000 y 24.000 ejemplares semanales. "Bruguera tenía olfato para el éxito y te apretaba. Incluso cuando dejé la editorial, en 1966, seguí con contratos para hacer Silver Kanes. Con este nombre firmé también novelas de misterio".

Recuerda con cariño a la tropa de escritores de Bruguera. Marcial Lafuente Estefanía, el dibujante Peñarroya, Sergio Duval, Josep Maria Lladó, Víctor Mora, que le proporcionaba libros sobre el Oeste en inglés. "Allí había escritores, periodistas, catedráticos, casi todos represaliados. Gente de cultura, que escribía muy bien. Se pensaba que éramos unos desgraciados, que nos ganábamos la vida en el quiosco. Autores mal pagados que escribían novelas baratas para gente sin poder adquisitivo".

Dice en sus memorias, Historia de mis calles: "Me daba vergüenza escribir relatos sin la menor pretensión o quizá sí: la de distraer a la gente, que no es pretensión pequeña". Con el tiempo se ha reconciliado con esos tiempos. "Me he ido dando cuenta de que mis novelas del Oeste sirvieron de inicio a la lectura para gente que no leía nada. También decía veladamente que aquí no había libertad". Tiene auténticos admiradores, como Alejandro Jodorowsky. "Dijo incluso que Silver Kane era mejor que Cervantes, lo que es una animalada. A veces utiliza frases mías en sus libros".

"Lo más importante es que con esas novelas aprendí mucho técnicamente. Tenían que ser interesantes desde la primera línea y dosificar la intensidad para que se leyeran de un tirón. Era un desafío diario y tenías que tener una imaginación brutal para no repetirte y crear argumentos convincentes y atractivos. Bruguera era muy exigente y rechazaba cualquier historia que no se ajustara a esas condiciones. Silver Kane fue mi maestro".

La dama y el recuerdo. Francisco González Ledesma. Planeta. Barcelona, 2010. 318 páginas. www.gonzalez-ledesma.com.

21.4.10

Ledesma:"Me dije: ¿sabrías volver a escribir con instinto?"

ENTREVISTA
"Esa lágrima que te regala el entrevistado, la confesión... eso no tiene precio", comenta sobre el periodismo

Francisco González Ledesma, abogado, periodista y escritor.fOTO:ROSER VILALLONGA.fUENTE:lavanguardia.es

"Un clásico y un maestro, de la novela y del periodismo. Francisco González Ledesma (Barcelona, 1927),reciente Creu de Sant Jordi, firmó con el nombre de Silver Kane, casi 400 novelas del oeste. Año 1952. Por cada una -que valía dos pesetas- le daban 150. Ahora, él -que en el ejército fue tirador de primera y oficial de caballería- ha resucitado el nombre convirtiéndolo en personaje. La dama y el recuerdo (Planeta) le ha devuelto, dice, su juventud y la épica del oeste.

Volvió con Silver Kane.
Yo me sentía muy viejo. Tenía la sensación de haber perdido la frescura, la fuerza narrativa. Pensé: ¿sabrías volver a escribir por instinto, como antes? Animalada.

Usted lo creó para sobrevivir.
Totalmente. Yo era un abogado que trabajaba de pasante sin cobrar, hijo de una familia humilde de Poble Sec. Realidad triste. Pero tengo la teoría de que si el mundo en que naces te acaba por gustar, nunca llegas a escribir.

Y se inventó un mundo.
Un mundo pequeñito, con hambre física. Luego llegó el Premio Internacional de Novela y me creía que ya era un hombre. ¡Qué va! Vino la censura y se lo cargó: "Mientras el caudillo viva, usted no publicará". Y así fue.

"Rojo y pornógrafo" rezaba en su ficha.
Les dije: "rojo" lo entiendo, soy un niño que perdió la guerra, pero pornógrafo ¿por qué? Me hablaron de una secuencia -que para mí era una de las más tiernas- donde un chico posaba su mano sobre la rodilla de la chica. ¿Cóomoo? "Pues eso, ya se adivina que quiere subir más", zanjaron.

Su propuesta puede incomodar: chica frágil busca "protección" de hombre duro y tierno.
Sí, van a decir que es machista. Pero es que el mundo del oeste era así, yo llegué a convivir con aquellos indios. Ahora se ha perdido la hombría.

¿Se arrepiente de algo?
Hice muchas tonterías como abogado. Bruguera era cruel y me pedía que el autor de un libro dejara de ser propietario de sus personajes. Y eso con Víctor Mora, con Vázquez, con Peñarroya...

Por eso lo dejó.
No me sentía en paz. Sufrí muchísimo porque aquella gente eran mis amigos. La barbaridad fue aguantar tanto. Me levantaba por la mañana y no quería mirarme al espejo, volvía casa y mi mujer escondía los niños. Siempre le agradeceré que alertara, siempre.

Entonces ustedes eran ricos.
Pues sí, pasé de millonario -tres coches, dos criadas, un piso de 400 metros cuadrados- a libre. Decidí irme de redactor eventual a El Correo Catalán y pasé de cobrar entre medio y un millón al mes a 5.000 pesetas. Dije "basta".

Ya era periodista vocacional.
Sólo le diré que, cuando tenía cinco años, mi tío, un redactor de La Vanguardia, de los baratitos, me llevaba de la mano a ver la rotativa. Y ese ruido me fascinaba.

¿Qué gremio le decepcionó antes: políticos o periodistas?
La política. Yo estaba acostumbrado, en mi barrio pobre, a que la política era puro ideal, el "Visca Catalunya lliure!" era real, y el empleado capaz de ir a la huelga hasta la muerte también.

En Francia le quieren mucho.
Allí la gente vive más en la librería y encuentro afinidades políticas. Porque yo era de izquierdas, ahora ya no sé... Era una persona dispuesta a coger un fusil ¿eh? por defender el ideal de la gente que había visto morir en la calle ¡y ahora los falangistas denuncian a Garzón! No entiendo nada.

¿Qué le hundió moralmente?
Felipe González. Los comunistas iban a la cárcel pero éste no iba nunca, ni con corrupción. Hoy, la política ya no ofrece riesgos. No les creo, ninguno es sincero.

Fue amigo de Adolfo Suárez.
Sí, me recibía en la Moncloa con frecuencia y me decía "cada día me apunto lo que he hecho mal, yo no estoy preparado para ésto". Lo decía con buena fe y con temor. Ahora, el tripartito, no tiene ni categoría política ni humana.

El periodismo le curó, dice.
Fue mi pasión. En una redacción hay gente indeseable y gente maravillosa. Y esa lágrima que te regala un entrevistado, esa confesión en el bolsillo al volver a redacción... eso no tiene precio.

Su hijo ha seguido su estela.
Es mucho mejor que yo.

Díga algo que le rebele.
¿Cosas que me joroban? Yo escribo bien el catalán, muy bien, mejor que el president de la Generalitat, seguro. Pero la primera poesía que me emocionó fue en castellano. Te crías en un idioma y te consideran un escritor enemigo de Cataluña. ¡Eso es una idiotez!

¿En qué o en quién cree?
En personas. Y punto. A algunas las miras a los ojos y te dan ganas de abrazarlas, a otros les miras fijamente y te asustas.

¿Se teme menos a la muerte?
La veo con mucha más naturalidad. Incluso piensas que puede ser útil... Una tontería: he dado mi cuerpo a la ciencia. yo no quiero entierros. Y además, mientras tenga trabajo no me moriré. He pasado horas en autopsias, sé hacer un lazo de ahorcado, estoy familiarizado, incluso me sorprende haber llegado a esta edad: hambre, sufrí tuberculosis.

¡Pero mire a Semprún, 86!
De la necesidad nace el milagro. Un tío que ha estado en Buchenwald, o se moría entonces o ya llegará viejo, ¡y a viejo sabio! Yo tuve suerte: con diez años estar a pico en un refugio. Cuando no podía con los sacos de arena me decían "¡aquí falta un hombre!"... Volví hace poco al Poble Sec y recordé eso, no sé, fue una idiotez, casi lloro... 'aquí no teniu un home, teniu un vell', les dije. Se me había pasado la vida.