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17.8.10

El rastro de la independencia

Veintiún historiadores y académicos se reunieron para realizar una obra que recoge las incidencias políticas y vida cotidiana de los tiempos independentistas de la Nueva Granada

El primero de los dos tomos de la Historia de la Independencia de Colombia.foto.fuente:elespectador.com

La fecha cumbre del bicentenario de la independencia ya pasó pero las reflexiones en torno a este momento determinante de 1810 continúan. Y prueba de ello es la colección "Historia de la independencia de Colombia", que en dos tomos de lujo y una magnífica selección del patrimonio pictórico de la nación, circula por estos días y empieza a llegar como donación a bibliotecas nacionales, academias de historia, entidades educativas, instituciones culturales y embajadas de Colombia.

Ese fue el propósito que unió a la Alta Consejería Presidencial, la Fundación Bicentenario y la Editorial MR Comunicaciones & Ediciones, para sacar adelante una obra que compila el trabajo de 21 historiadores y académicos colombianos en torno a la reconstrucción de los aspectos primordiales de la época en la Nueva Granada, hoy República de Colombia. 21 relatos agrupados en dos temas centrales: Revolución, independencia y guerras civiles, y Vida cotidiana y cultura material en la independencia.

La dirección de la investigación estuvo a cargo del doctor en historia y catedrático de la Universidad Industrial de Santander, Armando Martínez Garnica y el historiador y profesor de la Universidad Nacional y la Universidad Externado de Colombia Pablo Rodríguez Jiménez. La obra lleva prólogo del presidente Álvaro Uribe Vélez y el respaldo y presentación del historiador Álvaro Tirado Mejía. En otras palabras, se trata del documento de estudio que sintetiza el espíritu de la conmemoración bicentenaria.

Sus contenidos lo reflejan. La época de las revoluciones atlánticas que recoge la saga de Napolépon Bonaparte con su disparatada invasión a España; la crisis de la monarquía española, con la secuencia de juntas de gobierno para respaldar al rey Fernando VII; la revolución de los cabildos, donde se resume como se fueron formando gobiernos transitorios para corresponder al ambiente imperante; y el 20 de julio, la ira del pueblo, la hora señalada en que la Nueva Granada dio su grito de independencia.

Pero el trabajo histórico no se detiene en la fecha que dio inicio a la primera república, también se incluyen detallados análisis sobre las pugnas entre centralistas y federalistas; el movimiento que dio lugar a las primeras constituciones; las guerras de independencia que lograron la soberanía definitiva; las acciones aisladas y conjuntas de indios, pardos y mulatos; las mujeres que participaron activamente en el movimiento independentista; la invención de la nación y la forma como se organizó el primer Estado.

Es decir, el mapa político americano, sacudido por todos los cambios sociales que ocurrieron en la década de 1810. La crónica y evaluación del derrumbe de las instituciones virreinales, que además se complementa con un valioso aporte iconográfico. La reproducción de reconocidas obras de Francisco de Goya, Coriolano Leudo, Ricardo Acevedo Bernal o Constancio Franco, acuarelas de la Comisión Corográfica; grabados de A. Neuville o dibujos en carboncillo de José María Espinosa.

Al tema político se suma la evaluación de cómo se vivía en los tiempos de la Nueva Granada. Los secretos de la casa y el mobiliario; la moda y el vestuario; la religiosidad en la vida cotidiana; la familia, el matrimonio y los casos de infidelidad en los tiempos de guerra; los miedos imperantes en los vericuetos de la independencia; la medicina y el tratamiento de las enfermedades; las bebidas y comidas, la fiesta y el teatro, la vida escolar. Los detalles inadvertidos en las habituales reseñas de la historia nacional.

Un verdadero regalo para Colombia que estuvo dirigido y editado por María Lía Neira Restrepo y que también contó con la coordinación de Melisa Restrepo Molina y el aplicado criterio del periodista José Navia. Los tiempos de la celebración bicentenaria continúan. Al menos hasta el 7 de agosto de 2019 hay mucho que recordar en el devenir colombiano y esta obra, destinada a toda la plataforma educativa del país, representa un aporte para repensar a Colombia desde sus raíces y primeros liderazgos.

2.2.10

¡Viva el rey! ¡Abajo el imperio!

BICENTENARIO
¿Libertadores épicos o estereotipados? - Una oleada de libros indaga en el
proceso de las independencias latinoamericanas en su bicentenario

Foto;fUENTE:El País.com


"La desaparición del imperio español, si se parece a algo, es al fin del imperio soviético en 1989", afirma Manuel Lucena Giraldo, autor de Naciones rebeldes (Taurus). "Se deshizo desde el centro a la periferia". Doctor en Historia, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y profesor visitante en Harvard, Lucena Giraldo es uno de los muchos especialistas que fijan en estos tiempos su interés en el proceso libertador de Latinoamérica. La ocasión editorial lo merece.

Lucena Giraldo: "El proceso se parece al fin del imperio soviético"

Simón Bolívar es protagonista de 'Los libertadores', de Robert Harvey

La revolución cumple 200 años. Concretamente, el 19 de abril, aniversario de la creación de la Junta Suprema de Caracas, fecha señalada por la mayoría de los historiadores como el arranque de un proceso que culminaría 14 años después en el campo de batalla de Ayacucho, Perú, y que puso fin a la presencia de la monarquía española en el continente americano. Naciones rebeldes es una de las aportaciones más lúcidas de cuantas inundan las librerías. Una lista que incluye un clásico de la literatura histórica británica, Los libertadores, de Robert Harvey (RBA).


El libro de Harvey se centra en las biografías de siete personajes que tuvieron papeles importantes en las luchas por la independencia: Simón Bolívar, que soñó con una América unida; el precursor, conspirador y revolucionario Francisco de Miranda; el héroe argentino José San Martín; el prócer chileno Bernardo O'Higgins; el emperador mexicano Agustín de Iturbide; el rey de Brasil Pedro I; y Thomas Cochrane, almirante, aventurero y héroe en Chile y Brasil. Son más de 500 páginas de prosa brillante y amena.


Una estructura que recuerda a la obra del cubano Rafael Rojas Repúblicas de aire (Taurus), que se alzó con el I Premio de Ensayo Isabel Polanco con un inspirado retrato de los primeros republicanos del continente. Una mirada más en profundidad sobre el proceso es lo que ofrece Las independencias de América (Catarata), de Manuel Chust e Ivana Frasquet. O el libro de Lucena Giraldo, que se refiere al derrumbe del Antiguo Régimen por la invasión napoleónica y al surgimiento del liberalismo que nació en las Cortes de Cádiz y se extendió por buena parte de América.


Manuel Chust, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Jaume I de Castellón, abunda en esa corriente de la historiografía que ha abierto un debate sobre la supuesta inevitabilidad de las independencias, que valora los aportes de la historia económica y social y procura el "desmonte del culto a los héroes".


Y culto a esas heroicidades es lo que inspira Los libertadores, de Harvey, autor de un buen número de biografías y ensayos de historia militar y política. Su espléndida narración de la lucha por la independencia desde 1810 a 1830 tiene como protagonista indiscutible a Simón Bolívar. Su audacia militar, pese a su falta de experiencia previa, su visión estratégica y su brillante pluma quedan bien reflejadas en el libro. Tres personajes le acompañan en esta gran aventura: Francisco de Miranda, venezolano como él, militar español, agente inglés, revolucionario en Francia, y el gran animador de la lucha por la independencia. El argentino José de San Martín, oficial español que combatió a los franceses en Bailén y que después creó el ejército de los Andes, clave en la independencia de Argentina, Chile y Perú. Y Bernardo O'Higgins, hijo de un militar irlandés que sirvió al servicio de la Corona española, fue virrey de Perú y padre de la patria en Chile.


En ese cuadro de audaces conspiradores, siempre auspiciados discreta o explícitamente por la Corona británica, no podía faltar un marino como Thomas Cochrane, capitán de navío, tan valiente como turbio en su peripecia vital, cuya leyenda sólo es superada, en esa época, por la de Horatio Nelson. Los dos restantes libertadores son de un perfil diferente: Pedro de Braganza, rey de Brasil, el más "insólito", el único que pertenecía a una familia real, y el general Agustín de Iturbide, que proclamó la independencia sin disparar un tiro, relegado hoy en la memoria mexicana en favor del cura Hidalgo, que el 16 de septiembre de 1810 enarboló un estandarte con la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de México, en el que se leía: "Viva la religión. Viva nuestra madre santísima de Guadalupe. Viva Fernando VII. Viva la América y muera el mal gobierno". Fue llamado el Grito de Dolores, que se celebra como el inicio de la independencia.


Pero el problema de los relatos épicos es la tendencia a establecer estereotipos. Manuel Lucena Giraldo, en Naciones rebeldes, que figuró entre los libros de historia del año en el The Times Literary Supplement, señala que los relatos dedicados a edificar una mitología nacional son una versión de las élites blanca y criolla. "Los peninsulares, malos, rencorosos y avariciosos, agravian a los americanos, buenos y virtuosos", sería el estereotipo más convencional, versión de la leyenda negra española.


En su ensayo destaca que el optimismo que animó el cambio político frente a la crisis del imperio español tiene actualidad. "Si se intentan superar los sólidos lugares comunes que cimientan el excepcionalismo latinoamericano, centrado en la idea del fracaso permanente frente al éxito de Estados Unidos, Europa y demás primeros mundos, el mensaje del bicentenario radica en que existe un nuevo futuro posible, porque así ocurrió en el pasado".


Los procesos revolucionarios de esa época, según Manuel Chust, van a afectar a las monarquías absolutistas y las van a abocar a su disolución. Por ello, Lucena Giraldo no comparte la opinión de una política venezolana de que España no tiene nada que decir en el bicentenario: "Los españoles tienen algo que decir porque de ese imperio venimos 22 repúblicas latinoamericanas y una monarquía parlamentaria europea, que es España".





    14.1.10

    Tras el soldado de la Independencia

    BICENTENARIO LIBROS
    En 26 relatos cortos, Gonzalo España intenta darle rostro a quienes lucharon por nuestra libertad.
    El historiador Gonzalo España hace parte de la Comisión de Honor del Bicentenario.Foto: Néstor Gómez/EL TIEMPO. fUENTE: VIVE.IN

    "Hace doscientos años era completamente impensable una fotografía. Las imágenes más cercanas que nos llegaban eran las de los artistas, que se dieron a la tarea de inmortalizar en sus cuadros alguna batalla o momento histórico memorable.

    "El fantasma vivo que el obturador de una cámara retiene de lo que fue real, el instante congelado, la imagen que no puede arrebatarse a la muerte, no llegó hasta nosotros en imágenes, el soldado de la Independencia se difuminó entre la niebla", cuenta el escritor Gonzalo España, quien se inspiró en esta última imagen, para titular y dar vida los 26 relatos de su nuevo libro.

    "La verdad es que siempre quise verle la cara al soldado de la Independencia. Cómo era, qué pensaba, qué lo afligía. Leí sobre todas las independencias americanas buscando esa cara y me encontré con un arrume de anécdotas maravillosas", agrega España.

    ¿Qué papel desempeñaron las mujeres en este proceso?

    Las mujeres fueron el elemento más vital de la Independencia. Lo que colmó la copa y puso a toda la población de Colombia contra los españoles, fue el fusilamiento de la 'Pola'. Cuando España ofendió a la mujer, la privó de sus hijos o cometió el error de herirla, en cualquier forma que lo hiciera, el mundo se le vino encima. Las mujeres lucharon como leonas.

    ¿Fue el amor un arma de doble filo?

    Hubo amores entre mujeres realistas y soldados patriotas, entre mujeres patriotas y soldados realistas. El amor nunca reconoce barreras. Pero el amor también fue un arma de guerra. Se sedujo al enemigo para hacerlo desertar, para arrancarle un secreto, para llevarlo a la perdición. La guerra rompió muchas ataduras sociales y familiares; las mujeres amaron con mayor libertad. En últimas, el premio de exponerse a la muerte era el amor.

    ¿Qué tan marcado fue el tráfico de armas en esa época?

    Como en todas las guerras, en la Independencia las armas fueron vitales. Se pagaba un alto precio por tenerlas, o por no tenerlas. Todo el siglo XIX las naciones hispanoamericanas estuvieron pagando el costo de las armas adquiridas para independizarse, los barcos, los cañones, los sables, los uniformes traídos de Londres. Perú entregó sus islas guaneras, Chile sus salitreras, Colombia su oro. Fue una guerra muy costosa, en vidas y en dinero.

    ¿Qué tan grave era caer prisionero del otro ejército?

    El mayor problema para escribir mi libro fue el grado de crueldad que transpira todo el conflicto independentista. Ambos contendores incurrieron en prácticas de crueldad inaudita. La suerte de los prisioneros era espantosa. Sólo después del Pacto de Santa Ana entre Bolívar y Morillo, la guerra se humanizó. Este es quizás el logro más importante de todo el proceso. Algunos, todavía en pleno siglo XXI, siguen dándole a los prisioneros un trato que patriotas y realistas lograron superar, y los dejan podrirse en la selva.

    ¿Cómo se definían las batallas si casi nunca se ganaban ni se perdían?

    Nuestra guerra de Independencia tomó más de tres lustros. Fueron varias guerras a la vez, guerra civil, guerra racial, guerra anticolonial. Incluso existieron asomos de guerra religiosa. Ninguna nación obtuvo su independencia con facilidad, casi todas conocieron los horrores de la reconquista. Todos decían que la guerra se iba ganando, pero nadie sabía nada. Ocurrió un desgaste incesante. Al final, España se quedó sin aliento para proseguir.

    ¿Cuál fue el problema de las lealtades?

    La lealtad al rey tenía más de tres siglos. Los pueblos americanos se sentían orgullosos de ser súbditos reales. Todavía hay quienes dicen que la separación de España fue un error. La locura de emanciparse la inventaron los criollos. La gente los seguía, pero a los primeros tropiezos les volvían la espalda y los abandonaban a su suerte. Si España, en lugar de mandar a unos militares crueles, envía a unos políticos inteligentes y conciliadores, otra hubiera sido la historia.

    ¿Cómo se fue el proceso de asimilación de las técnicas disciplinarias de los ejércitos americanos?

    Para ganar la guerra fue necesario consolidar una clase militar, explica Gonzalo España. Sin militares profesionales, entrenados y disciplinados, no se podía ganarle a un ejército que había combatido contra Napoleón, y que se declaraba vencedor de dos mundos. El cura Hidalgo levantó en México una montonera de 150 mil indios y labriegos pobres que causaron mucho estrago y metieron mucho miedo, pero los ejércitos realistas los derrotaron. Las montoneras no servían, se necesitaba un ejército más disciplinado, más audaz y más valiente que el español. En Ayacucho ya lo teníamos de lujo. Después de la Independencia, el problema fue desmontar y someter ese ejército al poder civil.

    ¿Quiénes fueron los legionarios?

    La Legión Británica, y en general el aporte de los legionarios, fueron definitivos. Chile, un país de rotos, tuvo armada porque ingleses y franceses le enseñaron la ciencia del mar. Al general Páez los ingleses le enseñaron a comer con cubiertos, a lucir un uniforme y a bailar. La artillería, el empleo de la infantería en cuadros cerrados y muchas otras tácticas militares corrió de cuenta de los legionarios. Lo que no se sabe es cómo se las arreglaron para hacer la guerra sin whisky. En Suramérica no había whisky.

    ¿Por qué la presencia de los niños en los ejércitos fue triste?

    La presencia de los niños en los ejércitos siempre será triste. Los niños pagaron un precio muy alto en la guerra de independencia. Lo terrible es que en pleno siglo XXI continúen existiendo bárbaros que reclutan niños para sus ejércitos.

    ¿En qué forma la música jugó un papel primordial en este proceso?

    Al tiempo que luchaba, América bailó sin cesar. Es una demostración de su pujanza para emanciparse. La batalla de Pichincha se ganó al son de la Güaneña. La música era el espíritu, la moral, el arrebato guerrero. Bolìvar llevaba a todas partes una pequeña orquesta."

    El soldado que desapareció entre la niebla
    Gonzalo España
    Planeta