5.8.16

Una pareja fuera de cuadro

Novela. La fascinación que produce el arte y que provoca una mujer es la excusa eficaz de la nueva novela del autor de la célebre El lector

Bernhard Schlink. Juez en sus horas diurnas, es también escritor./revista Ñ

Con Mujer bajando una escalera, Bernhard Schlink vuelve al nivel de El lector , ese libro bello, peligroso, deslumbrante, con el que lo conocimos como escritor. En una prosa aparentemente simple, un abogado que cree que lo tiene todo resuelto cuenta una historia de amor que roza temas como la globalización, el dinero, el arte, las clases sociales, los viajes corporativos, la muerte y la naturaleza salvaje en un remolino narrativo que recuerda mucho al de aquel primer libro.
Schlink divide la novela en tres partes y avanza con un ritmo que parece pausado y, en el fondo, no lo es. La historia de la relación del abogado con Irene, la mujer del cuadro que se nombra en el título, empieza en la juventud del narrador, se interrumpe casi inmediatamente y queda en suspenso durante años hasta que él vuelve a ver el cuadro en un museo de Australia, a miles de kilómetros. Entonces, todo empieza de nuevo.
Las dos primeras partes casi completan la historia: cuando terminan, aunque falten algunos detalles, los lectores saben ya adónde va la relación amorosa. En la última parte, el abogado ofrece otra versión de su vida y la de Irene, se anima a imaginar qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes. Es una versión inventada, que lo convierte en creador de arte efímero (la versión es solamente oral) y ese arte cambia las vidas de los dos protagonistas. Para ella, es un consuelo necesario; para él, la revelación amarga de su verdadera personalidad.
Con un cuadro y una historia en el centro, en el libro no pueden faltar reflexiones sobre las relaciones del arte con el mundo, los creadores y sus creaciones, y sobre el arte y el público. Esas reflexiones o son directas –aparecen en conversaciones entre los personajes– o están representadas por los actos de los personajes. También está presente el mundo como se lo vive en las capas superiores de la pirámide a las que pertenecen el abogado y los otros dos hombres que rodean a Irene.
La historia empieza en Alemania, el centro económico de ese mundo, y después se traslada a Sydney, y finalmente, dentro de Australia, a los límites de la civilización. Aunque el mundo global de hoy no es el foco, Schlink toma la precaución de considerar el dinero, que lo toca todo, desde los negocios hasta el arte, su fuerza principal. Finalmente, en un país como Australia es más fácil que se vea con claridad otro factor importante: la naturaleza. Esas corrientes poderosas sacuden la vida de Irene y el narrador. Es esta una novela de personajes con perfiles psicológicos definidos.
La estructura es clásica: un círculo casi perfecto. Bien al comienzo, el narrador gana un concurso para ser juez pero el viejo que lo entrevista lo rechaza porque dice que no debería acostumbrarse a mirar desde arriba, desde quien ostenta el poder. Hacia el final, el narrador se ve frente a un espejo que nunca se atrevió a mirar, uno que cambia todos los juicios que se hacía sobre sí mismo, y lo obliga a reconocer las razones del viejo con el que se cruzó en su juventud.
Mujer subiendo una escalera es un libro cuidadoso, manejado con un lenguaje diáfano que parece sencillo, casi inofensivo, pero es complejo, filoso, y organiza elementos de distinto origen, sentido y peso. El contraste entre esa superficie brillante y lisa, y el abismo del fondo, tiene una fuerza inolvidable, muy semejante a la de El lector .