5.8.16

Cómo los lectores pueden cambiar el mundo

En colegios y escuelas de zonas rurales, algunos docentes van buscando niños que no tienen acceso a un libro, maestros que no comprenden los textos y padres que no saben leer. Gracias al programa Las Letras van por Colombia, la vida de miles de familias se ha transformado

Las Letras van por Colombia ayuda en la disminución del analfabetismo y la pobreza extrema de las zonas rurales, afectadas por el conflicto armado colombiano./elespectador.com



Para llegar al casco urbano de Yarumal, desde la vereda Ochalí, hay que andar cuatro horas en bus escalera, como le dicen los paisas a la chiva. El viaje es largo e incómodo, por eso, y otras razones, muchos de sus habitantes jamás han salido de su tierra. Visitar el pueblo puede convertirse en una de las mayores aventuras de su vida. Entonces, cuando Jonatan vio a los profesores y padres llegar al pueblo para tomar las clases del programa Las Letras Van por Colombia, para ser escritores y lectores óptimos, se dio cuenta de la dimensión de su labor.  
Jonatan Lunder Flórez es asesor regional pedagógico para Antioquia. Recorre los pueblos enseñando a docentes, padres y niños el placer y las bondades de la lectura. Pero a Ochalí no pudo ir por dificultades en el orden público. A principios del año 2000, esta zona se vio azotada por paramilitares que perpetraron una masacre en la comunidad. El pueblo productor del café más suave de Colombia cargaba a su espalda el dolor y la crueldad de la guerra. Conciendo esta realidad, la imagen de sus pobladores queriendo leer más y mejor, para transmitirles el conocimiento a sus hijos y estudiantes, hace parte de las reliquias en la memoria que le ha dejado este proyecto a Jonatan. 
En el 2001, creado por Bancolombia, como parte de sus programas de apoyo a la infancia y la educación, el proyecto Las Letras Van Por Colombia tomó forma inspirado en una radiografía nacional sobre las pocas oportunidades de las comunidades rurales para acceder a escuelas, bibliotecas o, incluso, libros. La falta de buenas bases en lectura no solo se veía en niños y adolescentes, sino en sus padres y maestros que reconocían no saber leer o comprender los textos. 
En estos 15 años de creación se ha llegado a 9.441 beneficiarios directos y a 20.944 indirectos. La operación de este proyecto la realiza la Fundación Alberto Merani, a la que pertenece Jonatan. (Leer Las Letras van por Colombia: el poder de los libros)
“Primero se capacita a los docentes; en una segunda fase, los acompañamos para aplicar el modelo con los estudiantes en el que se les enseña claves de escritura y lectura. Siempre estamos comunicándonos con los docentes para resolver sus dudas”, cuenta Jonatan. Después de esta capacitación se lleva al municipio, vereda o corregimiento, una biblioteca con 400 libros nuevos, que son de uso para la institución educativa, y  además para toda la comunidad cercana.
Lectores que trascienden
Después de esta capacitación, en la que se les enseña a ver los libros de una manera más amable y no como una aburrida imposición, muchos de los niños y adolescentes salen leyendo apasionadamente de las clases. “En la institución de Llanos de Cuivá, un corregimiento de Yarumal, los niños montaron un grupo de teatro y para aprenderse el parlamento, aplicaron antes el modelo del lector óptimo. Eso no se me va a olvidar.Para mí es increíble que cuando llego a un lugar varios meses después de haber ido por primera vez, la comunidad se acuerde de mí y me llame por mi nombre. Por ejemplo, en Navidad me invitan a natilladas y a compartir con ellos”. Jonatan ya ha llevado el amor por la lectura a municipios como Remedios, Segovia, Santa Rosa de Osos, Dos Matías, San Pedro de los Milagros, Entre Ríos y Guarne, tanto a la zona urbana, como rural. (Leer El despertar de las bibliotecas)
Este licenciado en educación y ciencias sociales se siente orgulloso de ver cómo en algunas instituciones los niños más grandes formaron semilleros de lectores, para sentarse a explorar los libros con los más pequeños: “Lo más importante para estos chicos es que se trabaja por el ser. No solo llevamos un libro, sino aplicando el tema de lectura orientada a la formación en valores, les enseñamos qué personas quieren ser. Si son conscientes de lo que viven y la realidad en la que están inmersos trascienden el mundo. No les enseñamos un conocimiento básico, sino a trascender para que sean útiles a la sociedad. Me gusta mucho una frase de Paulo Freire que dice: “La educacion no cambia el mundo, sino a las personas que quieren cambiar el mundo””.