2.11.11

Cuando Groucho encontró a Eliot

Su misteriosa amistad descansa en un puñado de cartas escondidas. ¿Qué los unió?
Groucho Marx y T.S. Eliot: correspondencia posible: poesía y actuación. foto.fuente:elmundo.es

Un día de 1961, Groucho Marx abrió el buzón y se encontró con una carta llegada desde Londres de, nada más y nada menos, TS Eliot, premio Nobel de Literatura de 1948. Abrió el sobre y leyó una nota bastante sencilla. ¿Me podría enviar una fotografía dedicada? Groucho accedió, qué iba a hacer. Pero, al poco, recibió otra carta de TS Eliot. La fotografía está bien, gracias, pero, ¿no podría enviarle un retrato en el que Groucho estuviera caracterizado de, en fin, de Groucho Marx, con su bigote y su puro...?, le escribía el poeta. El actor obedeció una vez más. Y, al poco, recibió otra nota de TS Eliot que le daba infinitas gracias por el obsequio y le anunciaba que su fotografía iba a colgar al lado de los retratos de W.B. Yeats y de Paul Valery que descansaban en la pared más noble de su casa. Groucho, un poco abrumado, se animó a pedirle a Eliot un retrato y éste se lo facturó con una posdata más o menos simpática: "A mí también me gustan los puros, pero no tengo fotos fumando". ¿Qué más quieren? Los chistes eran asunto de Groucho...

Así arrancó una de las amistades epistolares más insólitas del siglo XX. A un lado, el estadounidense, poeta de la contención, la esencia y lo nuclear, conocedor de la Historia y de los mitos como nadie y hombre, al trato personal, bastante gélido o algo peor, según tesimonios como el de Elia Canetti. Y, al otro lado, Groucho Marx, el gran artissta del caos y la espontaneidad de su época.

Esta semana, Lee Siegel, autor de una inminente biografía (que incidirá en el origen judío del actor) de Groucho, ha publicado un artículo en la revista 'The Economist' en el que narra la historia de su amistad e insta a los responsables del legado de Eliot a que completen la edición de su epistolario completo. Que se lo tome con calma. Este año se ha publicado en Cambridge el primer volumen, que termina en 1923.

¿Qué les unía? De momento, es difícil precisarlo, más allá de su afición común a Shakespeare o la fascinación de Eliot por el mundo de los actores. En el archivo de Siegel sólo quedan unas cuantas cartas de las que Groucho envió a Eliot. y en ellas, el actor toma el pelo al poeta en sus flancos más fáciles. Por ejemplo, en su sexualidad o en su (impostada) personalidad de intelectual inglés. ¿Es verdad que te pusieron Tom de primer nombre por Tom Gibbons (un campeón de lucha libre)?".

O, por ejemplo, el delicado asunto de la mala fama de antisemita que Eliot arrastraba desde los añós 30 por culpa de alguna conferencia y de algún que otro verso: 'Rachel, neé Rabinovich, lágrimas en las viñas de garras asesinas'. O también: 'Mi casa es una casa en decadencia/ Y el judío se agazapa en el pretil de la ventana / Surgido en algún cafetín de Amberes...'.

Groucho no se hacía el despistado en su correspondencia con Eliot. En una carta le anunció su intención de visitarle al regreso de un viaje a Israel. Eliot, elegante, le respondió con una declaración de admiración por el estado israelí.

Y el caso es que en 1964, Groucho, efectivamente, visitó a Eliot en el apartamento de éste en Londres, y relató el encuentro en una carta dirigida a su hermano Gummo. Al margen de alguna malicia, Groucho terminó reconociendo que el poeta, ya anciano, era una persona querida y "un anfitrión encantador". "Él mismo sirvió el vino; ningún maitre lo hubiera hecho con más gracia".

Liberarían los libros en las próximas 48 horas

Se firmó un convenio por el que Comercio promete liberar alrededor de un millón de libros retenidos en la Aduana desde septiembre y los editores prometen exportar por el mismo valor por el que importen de acá a septiembre de 2012
Retención. Afectó a todos los libros sin distinción. foto.fuente:Revista Ñ

"Vamos a monitorear el acuerdo para lograr los objetivos comprometidos", advirtió ayer Guillermo Moreno, secretario de Comercio Interior, a los editores de la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP). Lo hizo cuando se firmaba el esperado convenio por el que Comercio promete liberar en las próximas 48 horas alrededor de un millón de libros retenidos en la Aduana desde septiembre y los editores prometen exportar por el mismo valor por el que importen de acá a septiembre de 2012. Según el trato, si una empresa no cumple con ese equilibrio, se obliga "a efectuar un aporte irrevocable de capital, por el monto necesario para lograr el equilibrio comprometido".

La CAP es una de las dos Cámaras del sector (la otra es la Cámara del Libro) y agrupa a 46 editoriales, entre las que están las multinacionales que operan en el país.

"Este acuerdo permitirá impulsar la producción de libros en la Argentina", dijo ayer la ministra de Industria, Débora Giorgi. Aunque la retención afectó a todos los libros sin distinción, el centro de la cuestión, señalan los editores, son aquellos producidos en la Argentina pero impresos en el exterior.

¿Se imprimirá en el país ahora? Sin dar su nombre –no hablar con la prensa fue un requisito de Moreno– un editor contó a Clarín que la discusión "nunca estuvo fijada en términos de 'imprima nacional' sino de 'no podemos dejar salir más dólares que los que entran'". Por eso, contó, les sugierieron que buscaran cualquier cosa para exportar a cambio de lo que trajeran. Hoy, dice, el ahorro de imprimir afuera es sólo del 5%. Pero en el sector temen que, conociendo la restricción, los imprenteros suban los precios. Mientras, siguen en problemas las distribuidoras que traen libros que no existen acá, como los de arte y fotografía que editoriales europeas fabrican en Asia y reparten por el mundo.

1.11.11

La 'sicaresca' colombiana

El narcotráfico ha sido tema de novelas, reportajes y efímeros testimonios periodísticos. Muchos reportajes y biografías de terribles capos del narcotráfico alcanzaron grandes cifras de venta, pero apenas se inscriben en el más morboso entretenimiento de los colombianos: la violentología
El más tenebroso y eficaz símbolo mortal del sicario: el cañón de su revólver. foto:archivo.fuente:eltiempo.com

Cuando se empezaron a escribir y publicar novelas "sobre" el narcotráfico, alguien acuñó un término ingenioso de intenciones despectivas: sicaresca. Habían aparecido dos novelas pioneras: La virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo (1993), y Rosario Tijeras (1999), de Jorge Franco.

Pero el éxito no es algo que satisfaga a los críticos literarios. Les satisface más el señalamiento del fracaso. Sin embargo, ambos libros alcanzaron el éxito y la perdurable dignidad de novelas que construyeron personajes emblemáticos de una realidad que todavía hoy excita la imaginación de muchos escritores.

La última de esas novelas, sin la carga sicarial de las mencionadas, es El ruido de las cosas al caer (2011), de Juan Gabriel Vásquez. Entre la novela de Vallejo y esta ha pasado el tiempo suficiente para suponer que el tema podría haberse agotado. Pero no es así. El narcotráfico y sus efectos sociales han sido tanto o más traumáticos que la violencia bipartidista de los años 40 y 50. La crueldad que se dejó de practicar en el sectarismo político se perfeccionó en los nuevos negocios del crimen.

Como la violencia bipartidista, el narcotráfico ha sido tema de novelas, reportajes y efímeros testimonios periodísticos. Muchos reportajes y biografías de terribles capos del narcotráfico alcanzaron grandes cifras de venta, pero apenas se inscriben en el más morboso entretenimiento de los colombianos: la violentología.

En los últimos años, el mercado televisivo se animó con obras como Sin tetas no hay paraíso, de Gustavo Bolívar, y El cartel de los sapos, de Andrés López, libros concebidos para ser éxitos de la televisión. Sería un error creer que, a pesar de haber tenido decenas de miles de lectores, un número insignificante comparado con el de sus espectadores, las obras de Bolívar y López hacen parte de la literatura.

Ciertos críticos sospechan que el narcotráfico es un evento pasajero, un sucio episodio criminal que sólo cabe en el periodismo. Yo creo, por el contrario, que un fenómeno de degradación social con casi medio siglo de existencia tiene la importancia que tuvo el gansterismo en la literatura de Estados Unidos, de donde han salido grandes obras literarias y filmes.

No hay temas prestigiosos ni temas deleznables. Menos aún cuando expresan nuevamente la búsqueda inescrupulosa de poder y riqueza. La destrucción de los principios morales de una sociedad no es menos escandalosa que la pérdida de legitimidad del Estado, pervertido por el dinero y el chantaje de las armas.

¿Cómo se sitúa la literatura en este conflicto? Este fue uno de los temas debatidos en el Hay Festival de Xalapa, capital del Estado de Veracruz. México lleva unos pocos años mirando hacia Colombia. No sé si con razón se habla de "colombianización" de ese hermoso e inquietante país, tan cercano al alma popular colombiana.

El crimen y la política, como acá, tienen allá su siniestra "cita de negocios" a los ojos de todo el mundo, pero de un "todo el mundo" que se hace el ciego, el sordo y el mudo. Política y delito no son una excepción sino la regla oculta que ayuda a medir el alcance ilegal de la economía de mercado.

Lo que no ha tenido validez literaria es la expresión brutal y exterior de esa violencia, el regodeo en la crueldad y la truculenta explosión de las acciones criminales, los ríos de sangre y la pavimentación de las calles con cadáveres. La literatura tiene el desafío de explorar la condición humana en la altanería destructiva de los criminales y en la trágica indefensión de las victimas. En esto, Colombia y México empezamos a parecernos.

Vuelve "Agosto" de Rubem Fonseca



Portada Agosto de Rubem Fonseca, en edición española de RBA.foto:editorial RBA.fuente:20minutos.es
Rubem Fonseca, autor brasileño, problematiza en su obra todo el espectro del lado oscuro del ser humano. foto:archivo.

Vi ayer en La Casa del Libro que RBA acaba de publicar Agosto, una de las grandes novelas de Rubem Fonseca. Era casi inencontrable en castellano, como tantas otras obras del escritor brasileño. A Fonseca se le ha publicado poco y mal en España, y así una gran masa de lectores se han perdido hasta ahora a uno de los grandes escritores contemporáneos. Hace muchísimos años, en los ochenta, yo me encontré su El caso Morel en una librería de viejo. Lo compré probablemente seducido por el arranque del libro, no conocía de nada al autor. Me lo leí de un tirón esa misma noche, embebido en la lectura, y desde entonces soy fonsequista acérrimo. Aquí os he hablado muchas otras veces de este autor.
Agosto, que se publicó originalmente en 1990, es una obra pionera, curiosa mezcla de novela negra y novela histórica. La trama transcurre en los últimos días de vida y de presidencia de Getulio Vargas, en agosto de 1954, cuando Brasil vivió uno de los periodos más convulsos de su historia. Es espléndida. Os la recomiendo con fervor.

Márkaris: "Es imposible no estar furioso con Europa"

"Estoy indignado y furioso contra el sistema político griego y lleno de rabia. Es imposible no estar enfurecido con Europa", afirma el escritor griego
Petros Márkaris, en el barcelonés barrio del Raval. foto: Marcel Lí Sáenz.fuente:elpais.com

Petros Márkaris (aunque nacido en Estambul en 1937). Queda patente en Con el agua al cuello (Tusquets), quizá su novela negra más política. A sus páginas, llenas de su inconfundible estilo de maestro de la novela negra europea, ha trasladado la rabia que embarga a sus compatriotas ante las noticias económicas. Y lo ha hecho sin perder un ápice de su característico humor.

En esta nueva entrega, la crisis se ceba en el comisario Kostas Jaritos, su inolvidable personaje. Le han rebajado el sueldo, como a todos sus colegas funcionarios, y además debe pagar los plazos del Seat Ibiza con el que ha sustituido su viejo Mirafiori. Adrianí, su esposa, que hace milagros con la cesta de la compra, dice en la ficción: "Nos hundimos sin remedio". "Es así", explica el escritor en la realidad. "Los griegos han perdido el control de su sistema político, están secuestrados por un sistema al que no se pueden enfrentar y no pueden cambiar. Están en estado de choque y en la más absoluta desesperación. El camino que tienen que recorrer es larguísimo, un camino pavimentado con 30 años de terribles mentiras. Y lo que más me indigna es que aún ahora nos dicen mentiras o medias verdades".

El punto de partida es inconfundiblemente Márkaris; Jaritos se enfrenta a un caso muy complicado. Primero decapitan con una espada a un banquero jubilado; luego a otro aún en activo y que es especialista en hedge funds; después, a un alto cargo de una agencia internacional de calificación, y por último a un empresario que persigue y acosa a morosos. "Hice una investigación antes de seleccionar a estos personajes. Todos representan este sistema financiero enfermo. Los cuatro son habitantes últimamente de las pesadillas de los griegos".

Para mayor preocupación de Jaritos, Atenas aparece empapelada con carteles en los que se recomienda no pagar lo que se debe a los bancos. No será la única preocupante acción del guerrillero antibancos, que vuelve a atacar, esta vez con una inundación de pegatinas con mensajes subversivos: "Los bancos han recibido 25.000 millones más. Ese dinero sale de vuestros impuestos. ¡No volváis a pagar de vuestros bolsillos!".

El característico y endiablado tráfico de Atenas se torna aún más infernal a causa de las manifestaciones, marchas y protestas. Todo sucede en el sofocante verano de 2010. Jaritos y su familia siguen la final del Mundial de fútbol y están apasionadamente a favor de España. "Ha nacido una especie de solidaridad entre los países del sur de Europa, entre los que más problemas tenemos", explica el escritor en Barcelona. "Turistas españoles viajan a Grecia y la gente les para en la calle para hablar de lo que está pasando. Por eso mi comisario compra un coche español. Los sufridores del sur deben unirse frente a los malvados centroeuropeos".

La mitad de la población griega vive (o vivía) de créditos, dice Márkaris en su novela. Créditos hipotecarios, para el consumo o para las vacaciones. "Es un sistema que funciona a base de dinero virtual, éramos ricos porque teníamos dinero virtual, pero ese dinero nunca existió y así hemos llegado a los servicios sociales colapsados y al borde de la bancarrota. Un día nos fuimos a dormir con un sueño y nos despertamos en una pesadilla". En Con el agua al cuello, Márkaris transmite el sufrimiento y el desconcierto de los griegos. Adrianí sufre una depresión porque presencia el suicidio de su vecino de enfrente. "El índice de suicidios en Grecia se ha incrementado un 25%, una cifra exorbitante para un país que apenas tenía suicidios".

Petros Márkaris recibirá el VII Premio Pepe Carvalho, durante la semana BCNegra, en Barcelona. "Estoy orgulloso y muy emocionado. No conocí a Manuel Vázquez Montalbán, pero he aprendido mucho de sus novelas. He aprendido, por ejemplo, a introducir la política en una novela negra". Con el agua al cuello es buena prueba de que Márkaris es un alumno aventajado.

Tratando la trata

Autora española de novelas muy exitosas, Ángela Vallvey aborda en su nuevo libro el candente tema de la esclavitud sexual
Ángela Vallvey, autora de El hombre de corazón negro. fotos.fuente:pagina12.com.ar

Esta última novela de Ángela Vallvey, la multipremiada escritora española, nos sumerge de entrada en un tema que hasta hace no tantos años producía asombro y espanto y que hoy, precisamente por la frecuencia con que vienen apareciendo narraciones de algún modo emparentadas con ésta, ya, al menos, no nos dejan paralizados de horror y en algunos casos hasta nos comprometen con alguna forma de acción. Hoy, la trata de personas es un problema del cual la gente en cualquier lugar del mundo occidental ha tomado conciencia, si bien es posible que no sea sólo porque va desapareciendo el asombro porque las personas –y los medios– discuten y analizan el asunto, quizá se deba también a que la envergadura de la cuestión, lejos de estar en vías de ser controlada por las organizaciones que defienden los derechos humanos, aumenta día a día.

El relato de Vallvey es entretenido, ligero, lleno de suspenso y de personajes que pueblan tanto las mafias de diversas latitudes –aunque ella se ocupe principalmente de la rusa y la española, cada una con sus características propias, por ejemplo en cuanto al uso de la violencia, más común en centros de trata como Estambul o el Emirato de Dubai– como a las fuerzas del orden y la ley que buscan desmantelarlas. En el centro de esta lucha por el dominio de la situación están naturalmente las víctimas, cuyo infortunio Vallvey describe en la generalidad de los casos con gran detalle y verismo, por momentos con descripciones casi insoportables de su sufrimiento y humillación.

El hombre del corazón negro. Ángela Vallvey. Destino 544 páginas

Como es sabido, actualmente hay dos destinos habituales para la trata de personas: la prostitución y el trabajo esclavo. En el caso del libro de Vallvey, las mujeres engañadas, sometidas y varias veces vendidas y cambiadas de mano hasta ser deportadas a su país de origen cuando la mala alimentación, el maltrato y el abuso las vuelve inútiles, las enferma o las mata, tienen como destino el encierro en burdeles y la explotación sexual de sus cuerpos. La autora baraja cifras, no se limita a entretener con un relato de suspenso más o menos horripilante: informa, denuncia, devela. Aun así, estamos ante una novela en la que caben temas secundarios como la discriminación racial, la diferencia de clases y hasta el romance.

En cuanto a la trama concreta, los personajes principales son varios y convergen o se apartan, se acercan, se miran a los ojos y se alejan como en una danza cortesana de salón. Por ejemplo una hermosa e ingenua niña de quince años proveniente de Moldavia, Polina, cuya cotización se ve incrementada enormemente por el hecho de ser virgen y que parece simbolizar a todas las demás jóvenes mujeres captadas por las mafias, aunque no por eso Vallvey nos ahorrará la descripción de los destinos de unas cuantas. Un par de amigas españolas entradas en años y en carnes que viven apaciblemente en Guadalajara en sus respectivas casas, demasiado cerca para su gusto de un grupo de rusos que exhiben actitudes sospechosas, y que se convertirán –una de ellas especialmente– en protagonista involuntaria del relato. Marcos, el hijo juez y solterón de la otra, que acaba de ser designado para investigar la presencia alarmante y cada día más evidente de las mafias del Este en el mundo de las empresas españolas. Sigrid Azadoras, una mujer policía frustrada, culposa y encantadora. Misha, el mafioso ruso que está en el eje del relato desde sus orgullosos comienzos de ladrón y asesino a sueldo; sus siniestros guardaespaldas, la mujer que usa sus intuiciones para protegerlo, así como los otros jefes mafiosos con los que Misha realiza transacciones, multimillonarios poderosos que pasean su impunidad por los centros mundiales de la corrupción, todos ellos siempre sujetos a la posible traición o venganza del otro.

El estilo de Vallvey no es de lo mejor que tiene su libro. Por momentos da la impresión de ser una traducción poco feliz, a pesar de lo cual la historia es atrapante y el tema, la denuncia y la información trasmitida por la autora a lo largo del relato, la vuelven una lectura algo más que interesante.

La próxima edición de la Semana Negra de Gijón está en peligro

El festival, uno de los mayores encuentros de literatura policial y negra del mundo hispanohablante. Podría no realizarse en 2012
Una fiesta literaria. Más de un millón de visitantes pasaron por la última edición de la Semana Negra. foto.fuente: Revista Ñ

De entrada, parece más una novela de Agatha Christie que una de Chandler: un rencor memorioso, un odio de clase que espera décadas para asestar su golpe mortal. Sólo que el asesino no es el mayordomo, sino los que tienen mayordomo. Desde que, hace un cuarto de siglo, comenzó a gestarse el festival literario de género más importante del mundo, la derecha de la ciudad asturiana de Gijón se conjuró para dar muerte a la Semana Negra.

Por Gijón desfilan desde los monstruos sagrados del género (como Dennis Lehane, autor de Mystic River ), hasta debutantes en Europa como el argentino Kike Ferrari, que presentó su primera novela editada en España, Que de lejos parecen moscas. Unos y otros se alojan en los mismos hoteles, comen en los mismos restaurantes concertados, y ningún invitado cobra caché. En esa horizontalidad está el secreto del éxito de la Semana Negra.

En el recinto se alternan casetas de librerías, con otras de ropa étnica o carritos al paso en los que saborear desde unos churros de antología hasta los célebres chorizos a la sidra, especialidad de la cocina asturiana. Todo presidido por una de las norias (vuelta al mundo) más grandes de Europa. Esta mezcla de kermesse y festival literario atrae a visitantes que no pisarían un encuentro cultural encorbatado.

Hace unos meses, la Feria del Libro de Madrid cerró balance con un descenso del 25 % con respecto a 2010. En la última Semana Negra, en julio, se vendieron 43. 000 libros, un 14 % más que en la anterior.

El reciente vuelco electoral en España se sintió especialmente en Asturias. El Foro Asturias, la nueva autoridad, una coalición a la derecha del Partido Popular, está decidida a destripar el festival con navajas presupuestarias, pese a que, por cada euro que aporta el municipio, recupera trece.

A estas alturas, mas de un lector se preguntará qué importancia tiene esto para la literatura argentina. Mucha más de lo que parece: cada año, autores argentinos presentan sus libros en Gijón, accediendo así al mercado español y europeo. Y tampoco se nos dan mal los premios de la Semana Negra.

Solo en los últimos seis años, el Dashiell Hammett a la mejor novela policial correspondió en cuatro ocasiones a escritores argentinos (Guillermo Orsi, Leonardo Oyola, Raúl Argemí y Ricardo Piglia), mientras otros cuatro se alzaron, en el mismo período, con el Silverio Cañada a la mejor primera novela policial (entre ellos Ernesto Mallo, y yo mismo).

Miguel Molfino, que este año fue finalista de uno de los galardones, cree que "esto es una fiesta popular y democrática de la literatura; y un modelo a imitar en otros países. En Argentina, el Festival Azabache de Mar Del Plata, va por ese camino y lo celebro".

Un argentino veterano del festival, Raúl Argemí, se muestra convencido de que "nos da la oportunidad mostrar lo que hacemos y llegar a otras lenguas sin dejar de ser nosotros mismos". Por mi parte, ya me declaré, como escritor, "nacido en la Semana Negra, y a mucha honra". Allí conocí a mi primera editora francesa, a mi traductora al alemán, y a una cantidad incontable de colegas. Ernesto Mallo lo dice claro: "La semana Negra ahora está en problemas, hay unos políticos que quieren borrar de un plumazo 25 años de historia, pero no lo van a conseguir".