13.11.21

Cristina Peri Rossi, escritora de la rebeldía y el deseo, Premio Cervantes 2021

 La escritora uruguaya, poeta y narradora desde hace 60 años, es la sexta mujer que se une al palmarés

Cristina Peri Rossi.ANTONIO HEREDIA/elmundo.es


Es raro recordar que la poeta uruguaya Cristina Peri Rossi tiene 80 años. "La Rimbaudcita" la apodó el poeta Ángel Rama en sus primeros años de carrera y la broma suena hoy como una invitación a la isla de los niños perdidos. El erotismo, la transgresión, la ciudad, la construcción de la propia identidad, la amistad... los temas que marcan los casi 60 años de literatura de Peri Rossi, son los propios de una escritora joven. Hoy, el Premio Cervantes, el más prestigioso de las letras en español, ha elegido a la autora de 'Los museos abandonados' como una manera de rejuvenecer su palmarés.

El jurado del premio, presidido por el académico José Manuel Sánchez Ron, ha reconocido en Peri Rossi "la trayectoria de una de las grandes vocaciones literarias de nuestro tiempo y la envergadura de una escritora capaz de plasmar su talento en una pluralidad de géneros. La literatura de Cristina Peri Rossi es un ejercicio constante de exploración y crítica, sin rehuir el valor de la palabra como expresión de un compromiso con temas claves de la conversación contemporánea como la condición de la mujer y la sexualidad".

"Me dan el Cervantes y yo enferma, ¡córcholis!", explica por teléfono la nueva Cervantes. Peri Rossi siempre ha estado enferma, siempre ha sufrido, por "mi mala salud de hierro", porque es una mujer a un cigarrillo pegada o porque le ha dolido el exilio. Cristina Peri Rossi vive en un estado de exilio permanente.

Su elección llega en un momento en el que su figura parecía una obsesión casi olvidada para muchos lectores. Peri Rossi, alejada de los medios de comunicación en los que escribió desde los años 60, ha publicado sus últimos libros en dos sellos de Palencia, Menos Cuarto y Cálamo. La insumisa, su título más reciente (apareció en 2020) es un álbum de recuerdos que narra su infancia y sus años de formación y que sirven como guía para entender su vida y su obra.

Un resumen: Cristina Peri Rossi nació en una familia de clase trabajadora en la que se mezclaban emigrantes genoveses y españoles. Su padre fue un hombre esquivo y colérico; su madre, una mujer culta y frustrada. En la infancia de Peri Rossi, enfermiza y solitaria, el primer gran tema vital fue su relación obsesiva con su madre, con la que se quiso casar a los tres años y a la que quiso salvar toda su vida. Pasó un tiempo en el campo, tuvo una hermana que saboteó sus derechos de exclusividad filial, quiso ser escritora antes casi de saber escribir y desarrolló una actitud desafiante y transgresora desde muy temprano.

"No, no escribo a diario. Escribo a ratos de pasión" cuenta ahora, 70 años después, Peri Rossi. "Mi poesía cambia con el mundo, incorporo temas de actualidad, está pegada a ella y a la vez la supera. Es una visión crítica de la realidad, por ejemplo el concepto de 'país rico': un 'país rico' es el que no tiene pobres. También creo que hay que educar en el entendimiento y hay que erradicar la violencia sexual. Un violador sádico no debe estar vigilado en la calle por un policía, tiene que estar atendido, cuidado". Y vuelve a la literatura: "Me van a publicar toda mi poesía en Visor", dice contenta. El editor, Chus Visor explica: "Queremos sacar el libro en diciembre, a ver si llegamos. Es que son casi 1.000 páginas en un solo volumen. Ahí estarán todos los libros, 12 o 14. Ha escrito mucho. Cristina escribe para ella, no es comercial. Su poesía es muy de verdad, cuida mucho la palabra, aunque decir esto...". Hay una edición en Lumen que Chus Visor dice que se ha quedado "antigua". El libro se llamará, directamente, Poesía completa, sin más. Y sin menos. "La pasada semana cumplió 80 años. Ya no fuma. ¿Mis libros preferidos? Me gusta Estado de exilio".

En 1963, Peri Rossi ya era profesora universitaria y editaba sus primeras narraciones. En 1964 ya publicaba críticas literarias en El Popular, el diario del Partido Comunista Uruguayo y, poco después, en el semanario Marcha. En 1969 llegó Los museos abandonados, su primer libro de poesía. Y, en 1972, se abrió la zanja que dividió en dos su vida. Ese año, en abril, el Parlamento uruguayo decretó el "estado de guerra", el primer paso que justificó la toma del poder de los militares. Peri Rossi escondió entonces en su casa a Ana Luisa Valdés, una alumna suya que se sentía amenazada por el nuevo orden.. El primer día en el que Valdés salió a la calle, desapareció. La escritora, aterrada, renunció a su puesto en la universidad e ideó a toda prisa un plan de una huida de Montevideo. El primer barco que la pudo sacar del país, el navío italiano Giulio Cesare, se dirigía a Génova con parada previa en Barcelona. Peri Rossi embarcó en él el 4 de octubre de 1972 y lo retrató años después en la novela La nave de los locos. Cataluña sería su destino.

"Yo estoy en España desde hace mucho. El Cervantes me lo han dado dos continentes, América Latina y Europa, Uruguay y España. Vivo con estos dos amores porque colaboro con medios de los dos países. No sé cómo lo recibirán esto pero he trabajado para los dos sitios. Tengo las dos nacionalidades", cuenta la nueva Cervantes. "Se habla del exilio de América Latina pero ustedes también lo sufrieron con la Guerra Civil. ¿Saben que en Uruguay, un país siempre pacífico, a los huidos españoles les recibía un comité de apoyo y se les buscaba casa y trabajo?".

En La insumisa, las memorias juveniles de la escritora, hay un relato que sugiere que en aquel destierro hubo algo más, un amor, una mujer que, poco después, no pudo soportar la tristeza del exilio y se separó de Peri Rossi en un banco público de Barcelona. Tienta pensar que aquel desamor, narrado como un punto de inflexión vital, llevó a la escritora uruguaya a abandonar la literatura explícitamente política por otros terrenos igual de rebeldes pero más complejos. Eso sólo lo podrá confirmar ella.

La vida aún habría de golpearla otra vez: en 1973, los militares uruguayos dieron un golpe de Estado y formaron Gobierno y declararon apátridas a exiliados significados como Peri Rossi. Convertida en una figura incómoda para la España franquista, la escritora marchó a París, donde se refugió junto a un admirador de sus libros de poesía, un amigo por correspondencia llamado Julio Cortázar.

Es raro recordar que la poeta uruguaya Cristina Peri Rossi tiene 80 años. "La Rimbaudcita" la apodó el poeta Ángel Rama en sus primeros años de carrera y la broma suena hoy como una invitación a la isla de los niños perdidos. El erotismo, la transgresión, la ciudad, la construcción de la propia identidad, la amistad... los temas que marcan los casi 60 años de literatura de Peri Rossi, son los propios de una escritora joven. Hoy, el Premio Cervantes, el más prestigioso de las letras en español, ha elegido a la autora de 'Los museos abandonados' como una manera de rejuvenecer su palmarés.

El jurado del premio, presidido por el académico José Manuel Sánchez Ron, ha reconocido en Peri Rossi "la trayectoria de una de las grandes vocaciones literarias de nuestro tiempo y la envergadura de una escritora capaz de plasmar su talento en una pluralidad de géneros. La literatura de Cristina Peri Rossi es un ejercicio constante de exploración y crítica, sin rehuir el valor de la palabra como expresión de un compromiso con temas claves de la conversación contemporánea como la condición de la mujer y la sexualidad".

"Me dan el Cervantes y yo enferma, ¡córcholis!", explica por teléfono la nueva Cervantes. Peri Rossi siempre ha estado enferma, siempre ha sufrido, por "mi mala salud de hierro", porque es una mujer a un cigarrillo pegada o porque le ha dolido el exilio. Cristina Peri Rossi vive en un estado de exilio permanente.

Su elección llega en un momento en el que su figura parecía una obsesión casi olvidada para muchos lectores. Peri Rossi, alejada de los medios de comunicación en los que escribió desde los años 60, ha publicado sus últimos libros en dos sellos de Palencia, Menos Cuarto y Cálamo. La insumisa, su título más reciente (apareció en 2020) es un álbum de recuerdos que narra su infancia y sus años de formación y que sirven como guía para entender su vida y su obra.

Un resumen: Cristina Peri Rossi nació en una familia de clase trabajadora en la que se mezclaban emigrantes genoveses y españoles. Su padre fue un hombre esquivo y colérico; su madre, una mujer culta y frustrada. En la infancia de Peri Rossi, enfermiza y solitaria, el primer gran tema vital fue su relación obsesiva con su madre, con la que se quiso casar a los tres años y a la que quiso salvar toda su vida. Pasó un tiempo en el campo, tuvo una hermana que saboteó sus derechos de exclusividad filial, quiso ser escritora antes casi de saber escribir y desarrolló una actitud desafiante y transgresora desde muy temprano.

"No, no escribo a diario. Escribo a ratos de pasión" cuenta ahora, 70 años después, Peri Rossi. "Mi poesía cambia con el mundo, incorporo temas de actualidad, está pegada a ella y a la vez la supera. Es una visión crítica de la realidad, por ejemplo el concepto de 'país rico': un 'país rico' es el que no tiene pobres. También creo que hay que educar en el entendimiento y hay que erradicar la violencia sexual. Un violador sádico no debe estar vigilado en la calle por un policía, tiene que estar atendido, cuidado". Y vuelve a la literatura: "Me van a publicar toda mi poesía en Visor", dice contenta. El editor, Chus Visor explica: "Queremos sacar el libro en diciembre, a ver si llegamos. Es que son casi 1.000 páginas en un solo volumen. Ahí estarán todos los libros, 12 o 14. Ha escrito mucho. Cristina escribe para ella, no es comercial. Su poesía es muy de verdad, cuida mucho la palabra, aunque decir esto...". Hay una edición en Lumen que Chus Visor dice que se ha quedado "antigua". El libro se llamará, directamente, Poesía completa, sin más. Y sin menos. "La pasada semana cumplió 80 años. Ya no fuma. ¿Mis libros preferidos? Me gusta Estado de exilio".

En 1963, Peri Rossi ya era profesora universitaria y editaba sus primeras narraciones. En 1964 ya publicaba críticas literarias en El Popular, el diario del Partido Comunista Uruguayo y, poco después, en el semanario Marcha. En 1969 llegó Los museos abandonados, su primer libro de poesía. Y, en 1972, se abrió la zanja que dividió en dos su vida. Ese año, en abril, el Parlamento uruguayo decretó el "estado de guerra", el primer paso que justificó la toma del poder de los militares. Peri Rossi escondió entonces en su casa a Ana Luisa Valdés, una alumna suya que se sentía amenazada por el nuevo orden.. El primer día en el que Valdés salió a la calle, desapareció. La escritora, aterrada, renunció a su puesto en la universidad e ideó a toda prisa un plan de una huida de Montevideo. El primer barco que la pudo sacar del país, el navío italiano Giulio Cesare, se dirigía a Génova con parada previa en Barcelona. Peri Rossi embarcó en él el 4 de octubre de 1972 y lo retrató años después en la novela La nave de los locos. Cataluña sería su destino.

"Yo estoy en España desde hace mucho. El Cervantes me lo han dado dos continentes, América Latina y Europa, Uruguay y España. Vivo con estos dos amores porque colaboro con medios de los dos países. No sé cómo lo recibirán esto pero he trabajado para los dos sitios. Tengo las dos nacionalidades", cuenta la nueva Cervantes. "Se habla del exilio de América Latina pero ustedes también lo sufrieron con la Guerra Civil. ¿Saben que en Uruguay, un país siempre pacífico, a los huidos españoles les recibía un comité de apoyo y se les buscaba casa y trabajo?".

En La insumisa, las memorias juveniles de la escritora, hay un relato que sugiere que en aquel destierro hubo algo más, un amor, una mujer que, poco después, no pudo soportar la tristeza del exilio y se separó de Peri Rossi en un banco público de Barcelona. Tienta pensar que aquel desamor, narrado como un punto de inflexión vital, llevó a la escritora uruguaya a abandonar la literatura explícitamente política por otros terrenos igual de rebeldes pero más complejos. Eso sólo lo podrá confirmar ella.

La vida aún habría de golpearla otra vez: en 1973, los militares uruguayos dieron un golpe de Estado y formaron Gobierno y declararon apátridas a exiliados significados como Peri Rossi. Convertida en una figura incómoda para la España franquista, la escritora marchó a París, donde se refugió junto a un admirador de sus libros de poesía, un amigo por correspondencia llamado Julio Cortázar.

7.11.21

Qué es la lectura profunda y afecta (para bien) tu cerebro

 Leer cambia el cerebro -literalmente- y trae un sinfín de beneficios

Niña lectora/BBC Ideas

"Sin libros, no seríamos humanos como lo somos", le dice a BBC Ideas la biblioterapeuta Ella Berthoud.

Si bien eso es cierto, "no hay nada menos natural que la lectura", precisa la neurocientífica Marianne Wolf.

"La alfabetización es uno de los más grandes inventos de la especie humana", que no sólo es útil sino tan poderoso que transforma nuestras mentes y aún más: "la lectura literalmente cambia el cerebro", afirma Wolf.

Los beneficios son extraordinarios pero estamos en riesgo de perder algunos de ellos. ¿Por qué?

Pregúntate: ¿prestaste atención a todo lo anterior o lo leíste por encima, buscando información rápidamente o quizás "un gancho" que te lleve a leer un poco más?

Sinceramente, ¿cuán a menudo haces lo último?

A pesar de que hoy en día estamos leyendo más palabras que nunca -se calcula que un promedio de alrededor de 100.000 al día- la mayoría se leen en ráfagas cortas en las pantallas, y "por encima".

Eso preocupa a expertos, pues transformar nueva información en conocimiento consolidado en los circuitos del cerebro requiere múltiples conexiones con las habilidades de razonamiento abstracto, cada una de las cuales requiere un tipo de tiempo y atención que a menudo falta en la lectura digital.

Todo lo cual nos deja con la misma pregunta que hizo el poeta TS Eliot: "¿Dónde está el conocimiento en nuestra información? ¿Dónde está la sabiduría en nuestro conocimiento?".

Volvamos al cerebro.

Físicamente

A diferencia del lenguaje oral, la visión o la cognición, no existe un programa genético para aprender a leer.

Si un niño, en cualquier lugar del mundo, está en un entorno hablante, su lenguaje, naturalmente, se activará. Eso no ocurre con la lectura, pues implica la adquisición de un código simbólico completo, tanto visual como verbal.

Por ser un invento relativamente reciente -"es un parpadeo en nuestro reloj evolutivo: tiene apenas 6.000 años", apunta Wolf-, aún no lo hemos formateado.

"Empezó de una manera simple, para marcar cuántos vasos de vino u ovejas teníamos. Y con el nacimiento de los sistemas alfabéticos, comenzamos a tener un medio eficiente para recordar y almacenar el conocimiento".

"La lectura es un conjunto adquirido de habilidades que literalmente cambia el cerebro"

"Lo que hace es explotar un principio de diseño en el cerebro humano, que le permite hacer nuevas conexiones entre regiones visuales, regiones del lenguaje, regiones para el pensamiento y la emoción".

Esta transformación, subraya la neurocientífica, "comienza de nuevo en cada nuevo lector. No existe dentro de nuestra cabeza. Cada persona que aprende a leer tiene que crear un nuevo circuito en su cerebro".

Y eso, abre las puertas a un mundo nuevo.

Mágicamente

"La lectura aporta tres poderes mágicos: creatividad, inteligencia y empatía", le dijo a BBC Ideas Cressida Cowell, escritora de literatura infantil y autora de la serie "Cómo entrenar a tu dragón".

"Leer por el gusto de hacerlo es uno de los dos factores clave en el éxito económico posterior de un niño. Es más probable que no termines en prisión, que votes, que seas dueño de tu propia casa...".

Además, "leer una gran historia es mucho más que entretenimiento", asegura la biblioterapeuta Ella Berthoud.

"La lectura en realidad tiene muchos beneficios terapéuticos.

"Tu cerebro entra en un estado meditativo, un proceso físico que ralentiza los latidos del corazón, te calma, y reduce la ansiedad", afirma Berthoud, para quien, por ejemplo, el remedio para la "claustrofobia, rabia, agotamiento" es la novela de Nikos Kazantzakis "Zorba el griego".

La biblioterapia, el arte de prescribir ficción para curar las dolencias de la vida, fue reconocida en el Diccionario Médico Ilustrado de la editorial Dorland's en 1941.

Su práctica se remonta la menos a la Antigua Grecia, época en la que se colocaban notas en las puertas de las bibliotecas, advirtiendo a los lectores que estaban a punto de entrar en un lugar de curación del alma.

En el siglo XIX, psiquiatras y enfermeras le recetaban a sus pacientes toda clase de libros, desde la Biblia, pasando por literatura de viajes, hasta textos en lenguas antiguas.

Varios estudios en el siglo XX y XXI han comprobado que la lectura agudiza el pensamiento analítico, lo que nos permite discernir mejor los patrones, una herramienta muy útil ante conductas desconcertantes de otros y de nosotros mismos.

La ficción en particular puede hacerte socialmente más hábil y empático. Y aunque no prometen una transformación total en siete sencillos pasos, las novelas te pueden informar y motivar, los relatos breves consolar y ayudar a reflexionar y está demostrado que leer poesía estimula partes del cerebro relacionadas con la memoria.

Sumergirse en una novela es perderse, pero cuando volvemos a la realidad traemos con nosotros aquello que nos inspiró nuestro personaje favorito.

Sin embargo, muchos de estos beneficios dependen de un estado conocido como "lectura profunda".

Profundamente

"Cuando leemos a nivel superficial, sólo estamos obteniendo la información. Cuando leemos profundamente, estamos usando mucho más de nuestra corteza cerebral", explica Wolf.

"La lectura profunda significa que hacemos analogías, hacemos inferencias, lo que nos permite ser seres humanos verdaderamente críticos, analíticos, empáticos".

En su libro "Proust y el Calamar. Historia y Ciencia del Cerebro Lector" -cuyo título en español es "Cómo aprendimos a leer"-, la experta en neurobiología de la lectura explica como "en cierto momento, cuando un niño pasa de decodificar a leer fluidamente un texto, la ruta de las señales a través de su cerebro cambia.

"En vez de recorrer una ruta dorsal (...), la lectura comienza a moverse a través de una más rápida y eficiente ruta ventral...

"Puesto que el tiempo empleado y el gasto de energía cerebral son menores, un lector fluido será capaz de integrar más de sus sentimientos y pensamientos en su propia experiencia.

"El secreto de la lectura se halla en el tiempo que ésta libera para que el cerebro pueda tener pensamientos más profundos que antes".

Pero, si bien el proceso de aprender a leer cambia nuestro cerebro, también lo hace lo que leemos, cómo leemos y en qué leemos (impresión, lector electrónico, teléfono, computadora portátil).

Alternativamente

Para Chris Meade, autor transmedia, esto último no es problema: "Pensamos en el libro como la obra, pero el libro es sólo un mecanismo de entrega".

La narrativa transmedia es un tipo de relato en el que la historia se despliega a través de múltiples medios y plataformas de comunicación -apps, e-books, juegos, comics, blogs, etc.-, y en la cual los consumidores pueden asumir un rol activo en el proceso de expansión.

"Los nuevos medios le están dando voz a una nueva generación de escritores. Impide que tengamos estemos condicionados a pensar que sólo hay un tipo de 'escritura buena' y en realidad le permite a las personas simplemente hablar y compartir historias y experiencias", opina Natalie A. Carter, cofundadora del extraordinariamente exitoso Black Girls Book Club.

"No importa el medio, no importa cómo lo consigas, lo que importa es la historia", dice la otra cofundadora Melissa Cummings-Quarry.

"La novela está evolucionando. Hay todo tipo de libros increíbles que se están escribiendo deliberadamente para ser leídos en los teléfonos", señala Berthoud.

"El libro tal vez da la ilusión de que esto es todo. Nunca lo ha sido, es una forma de entrar en un proceso de pensamiento", afirma Meade.

Sin embargo, la lectura digital puede tener un costo para el cerebro del lector.

Desafortunadamente

"Reunimos a académicos y científicos de más de 30 países, para investigar sobre el impacto de la digitalización en la lectura", le contó a BBC Ideas Anne Mangen, presidenta de E-READ.

E-READ, o Evolución de la lectura en la era de la digitalización, es un organismo cuyo objetivo es mejorar la comprensión científica de las implicaciones de la digitalización.

Es parte del Programa Internacional de Cooperación Europea en el Campo de la Investigación Científica y Técnica (COST), que considera la lectura como un "asunto de urgente preocupación".

"Las investigaciones muestran que la cantidad de tiempo que se dedica a leer textos de formato largo está disminuyendo y, debido a la digitalización, la lectura se está volviendo más intermitente y fragmentada", algo que podría "tener un impacto negativo en los aspectos cognitivos y emocionales de la lectura", explica COST.

"Descubrimos que hay, lo que se llama una inferioridad en la pantalla", reveló Mangen.

"Hay muchas cosas que se pueden leer igualmente bien en su teléfono inteligente, actualizaciones de noticias más cortas, pero con algo que es cognitivo o emocionalmente desafiante, leer en una pantalla conduce a una comprensión de lectura más pobre que leer en papel".

"La realidad es que no es sólo qué o cuánto leemos, sino cómo leemos lo que es realmente importante", señala Wolf.

"El volumen mismo está teniendo efectos negativos porque para absorber tanto, hay una propensión a leer por encima. El cerebro lector tiene un circuito plástico. El circuito reflejará las características del medio con el que lee. Las características de lo digital se van a ver reflejadas en el circuito".

En otras palabras, así como al aprender a leer de la manera tradicional el cerebro se formatea y graba los itinerarios de la razón y los caminos a la emoción, al aprender a leer de la manera en la que lo hacemos en los medios digitales, el cerebro trazará rutas distintas y, si dejamos de un lado la lectura profunda, borrará las anteriores, si es que existían.

"Si no entrenamos esas habilidades, eventualmente podemos perder la capacidad de comprender contenido más complejo, y también tal vez de involucrarnos e imaginar", advierte Mangen.

Entonces, ¿qué podría deparar el futuro para los libros y para el cerebro lector?

Eventualmente

"La imaginación humana es algo fantástico, somos muy flexibles. Encontramos formas de hacer lo que queremos con la tecnología disponible", opina Meade.

Según Carter, el futuro traerá "muchas más colecciones de cuentos, y creo que veremos muchos más libros más cortos".

La escritora Cowell ya ha sentido el cambio: "He modificado la forma en que escribo, porque la capacidad de atención de los niños se ha acortado. Los libros tienen capítulos cortos y son increíblemente visuales... brillantes, como las golosinas".

Para la neurocientífica Maryanne Wolf, "así como las personas pueden ser bilingües y trilingües, mi esperanza es que desarrollemos un cerebro bialfabetista.

"Podemos disciplinarnos para elegir el medio que mejor se adapte a lo que estamos leyendo y así no perder el extraordinario don que la lectura le ha dado a nuestra especie".

* Este artículo está basado en el video "What does reading on screens do to our brains?" de BBC Ideas y The Open University

 

30.10.21

El último inédito de Kafka llega con ‘Los dibujos’

Un volumen recoge por vez primera todas las ilustraciones del autor de La transformación, que permanecieron 63 años en la caja fuerte de un banco de Zúrich

Uno de los dibujos inéditos de Kafka, en una hoja suelta, fechado entre 1901 y 1907.ARDON BAR-HAMA/elpais.com

Es escritor, pero le cuesta encontrar las palabras. “¡Cómo describir la manera en que íbamos en el sueño! (…) Espera, que te lo dibujo. Ir cogidos del brazo es así [dibujo]. Nosotros, en cambio, íbamos así [dibujo]”. Es Franz Kafka en una carta de 1913 a su novia, Felice Bauer. “Debes saber que tiempo atrás era un gran dibujante (…) En aquella época, ya han pasado muchos años, esos dibujos me satisfacían más que cualquier otra cosa”, le confiesa pocas líneas después. El autor de La transformación dibujaba ya antes de escribir, en 1901, y lo hizo muchísimo, hasta casi el último día de su vida, en 1924; en cualquier espacio (hojas sueltas, manuscritos ornamentados, un cuaderno, postales, márgenes de libros jurídicos…) y con un estilo peculiar, pero acorde a su obra literaria. Casi dos terceras partes de esos dibujos eran el último gran inédito de Kafka que quedaba, 63 años reposando en una caja fuerte de un banco de Zúrich que ahora, junto a los 41 que ya se conocían, salen a la luz para sumar los 163 que conforman Los dibujos, coedición internacional de siete países que en España publica Galaxia Gutenberg.

Sorprende cómo el autor cultivó esa faceta porque sostenía que los judíos no eran pintores: “No sabemos representar las cosas de manera estática. Las vemos siempre fluyendo, en movimiento, como cambio”. Pero lo cierto es que Kafka se pone a dibujar al mismo tiempo que a escribir: entre 1901 y 1907 lo hace intensamente y con ambición artística, sobre todo en su etapa en la Universidad Alemana de Praga, donde tomó clases de dibujo y era asiduo a los cursos de Historia del Arte.

Pero si fue duro con su escritura, aún más inflexible lo fue con sus ilustraciones. La faceta artística de este otro Kafka tiene tintes, claro, kafkianos. Distintos, en sus dibujos mayormente las figuras humanas se antojan frágiles, enigmáticas, inquietantes, hijas de pocos trazos, donde a veces asoma algún rasgo animal. Están en “una suspensión y un movimiento insólitos, liberados de la fuerza de la gravedad; desafían la coordinación cinestésica de las partes del cuerpo”: parecen desorientados y carecen de coordinación, o de movimiento intencionado, sostiene la filósofa Judith Butler en uno de los textos que incluye el libro. No es inusual que las cabezas (o los círculos que las representan) estén separadas de un cuerpo a menudo de extremidades larguísimas.

“Igual que su escritura, su dibujo está muy ligado a su tiempo, es expresionista y aborda así el cuerpo: la situación corporal, la postura ya es muy importante en sus novelas; eso se ve, en el cuaderno de dibujo inédito, en las variantes que hace sobre un luchador, inspirado quizá en El guerrero Borghese”, cita Joan Tarrida, director de Galaxia Gutenberg. Siguiendo la estela del estudio del suizo Andreas Kilcher que también incorpora el volumen, que alcanza las 356 páginas, en las ilustraciones de Kafka puede reseguirse a su vez la influencia del arte japonés y su caligrafía: trazos muy negros y anchos, realizados como si fuera con pincel.

Como en su producción escrita, asoma asimismo el humor, pero “lo grotesco viene de la diferencia corporal… Todo parece indicar que dibujaba en arrebatos”, indica Tarrida, señalando un dibujo cabeza abajo, reproducido tal como estaba en el cuaderno: “No se fijaba si estaba del derecho o del revés o de lado…”, hace notar ante unas ilustraciones que se han reproducido acercándose lo máximo posible al tamaño real y sin recortar.

Recoger de las papeleras

La supervivencia de los dibujos también merece la adjetivación del apellido del autor. Kafka especificó en su famoso testamento de 1921 en el que pide a su albacea y amigo Max Brod que destruyera tanto sus textos… como sus dibujos. Tampoco le hizo caso en eso. Es más, Brod se había dedicado a recoger de las papeleras los que Kafka tiraba, mientras le pedía que le regalara los folios emborronados con sus dibujos. E incluso se puso a recortar de los libros de leyes del autor de El castillo los márgenes que el escritor sembraba con sus dibujos, “en una especie de contraposición carnavalesca a los contenidos jurídicos”, apunta Kilcher.

Brod, en un durísimo periplo huyendo de los nazis desde Praga en 1939, llevó hasta Palestina todo el legado de su amigo, fallecido en 1924. Ahí dejó la parte de las dos sobrinas del escritor que habían sobrevivido al Holocausto y que éstas con los años acabarían, en 1961, depositando en la biblioteca Bodleiana de Oxford. De ahí proceden buena parte de los 41 dibujos que se conocían hasta ahora de Kafka. El albacea guardó su parte en un banco de Tel Aviv. Pero al estallar en 1956 la crisis del Canal de Suez, temiendo la desaparición del Estado de Israel, trasladó todo a cuatro cajas fuertes de un banco de Zúrich, el hoy UBS. Brod, luego, acabó legando su parte a su secretaria, Ilse Ester Hoffe.

Tanto Hoffe como Brod pusieron siempre trabas a su exhibición y publicación. “Brod los había cortado y manipulado y, en parte, al cederlos a su secretaria en vida, ya no eran suyos”, lanza como hipótesis Tarrida para justificar la actitud esquiva del albacea en este ámbito. Hoffe llegó incluso a pedir en los años 80 a un editor alemán 100.000 marcos sólo para verlos. A la muerte de Hoffe en 2007 se inició una disputa legal entre sus herederos y la Biblioteca Nacional de Israel porque la cláusula 11ª del testamento de Brod decía que lo custodiado en el banco de Zúrich debía ser depositado en el centro israelí. La victoria de la biblioteca, que culminó en 2019, acabó con los 63 años de ostracismo del centenar de dibujos inéditos que tenía el amigo de Kafka.

“Sólo quedan unos apuntes de cuando era estudiante de hebreo”, señala como único inédito que resta de Kafka el editor Tarrida, que publica la obra completa del autor checo en España y que anuncia para 2022 el segundo volumen de la correspondencia del escritor, la comprendida entre 1914 y 1918, la Primera Guerra Mundial, siguiendo el patrón del sello alemán Fischer. “Al editarlas cronológicamente sale un Kafka más real, menos obsesivo de lo que dibujan las correspondencias agrupadas por corresponsales como se ha hecho hasta ahora”, apunta. Quedan, a lo sumo, un par de volúmenes más, pero el proceso es lento porque “se cree que puede haber alguna carta más inédita y eso lo frena y remueve todo”, admite Tarrida. Pura labor kafkiana.

24.10.21

Las obras de Shakespeare escritas por “monos virtuales” cumplen 10 años

 El ingeniero informático Jesse Anderson, que generó el corpus del dramaturgo a base de segmentos aleatorios de nueve caracteres, reflexiona sobre lo que significó para él hacerse viral

Un mono con una máquina de escribirIMAGNO (GETTY IMAGES/elpais.com

Si un mono aporrease las teclas de una máquina de escribir durante un tiempo infinito, podría producir cualquier texto, por ejemplo, las obras completas de Shakespeare. Esta es, en pocas palabras, la premisa central de lo que se conoce como el Teorema del Mono Infinito, que hace 10 años convirtió en viral a Jesse Anderson, un programador de Montana (Estados Unidos). “En una de mis escenas favoritas de Los Simpsons, el señor Burns le está dando un tour de su casa a Homer y entra en una habitación donde hay un montón de monos con máquinas de escribir. Esa fue la idea original”, recuerda en una entrevista por videollamada. “Además, estaba aburrido y me gusta aprender nuevas tecnologías”.

Anderson, que en aquellas fechas estaba aprendiendo a manejar el entorno de programación Hadoop, especializado en gestionar grandes cantidades de datos, tenía ganas de probar los servicios de computación en la nube de Amazon Web Services, que se habían lanzado cinco años antes. Así que se propuso escribir un programa capaz de generar segmentos de texto aleatorios hasta completar las obras del dramaturgo británico. Y lo consiguió. Y se hizo viral.

Su gesta la cantaron medios de todo el mundo. “Unos pocos millones de monos virtuales están a punto de recrear las obras completas de Shakespeare machacando teclas en máquinas de escribir virtuales”, proclamaba la BBC el 26 de septiembre de 2011. “Las obras de Shakespeare, producidas por millones de monos amazónicos”, anunció Engadget tres días antes. En EL PAÍS también nos hicimos eco. “Si la memoria no me falla, los primeros fueron Fox News y Gizmodo. Eso me dio el impulso para dejar el proceso en marcha hasta el final”, recuerda Anderson. “Fue interesante descubrir el proyecto a través de los ojos de los periodistas, ver en qué se fijaban”.

Al cabo de un mes y medio, el programa había completado el corpus del dramaturgo británico a base de segmentos aleatorios de nueve caracteres. Anderson no pretendía que las obras se completasen una a una ni renglón a renglón. Si las letras propuestas era un galimatías, se descartaban automáticamente. Si coincidían con algún segmento de las obras, digitalizadas por el proyecto Gutenberg, se añadían a lo ya escrito. En este contexto, el texto del conocido pasaje de Macbeth, “ser o no ser” —to be or not to be, en inglés— habría sido igual de válido como tobeornot o como eornottob. El millón de monos y sus máquinas de escribir eran puramente imaginarios; un recurso de Anderson para retratar la naturaleza aleatoria del proceso. Pero fueron, junto con la mención a Shakespeare, una parte fundamental del éxito del proyecto.

“La clave fue encontrar algo que apelaba a los sentimientos de la audiencia. Algo de lo que muchos habían oído hablar o que fuera curioso. Nada esotérico”, razona el programador. Lo que no tiene tan claro es si podría reproducir aquel éxito en el internet actual: “Hay muchas más cosas compitiendo por tu atención que haces diez años. Tal vez podría ocurrir, pero creo que ahora estamos más hastiados”.

En 2011, algunos portales pusieron en duda la importancia del hito desde el punto de vista tecnológico. Para Anderson, el objetivo no era hacer avanzar la ciencia ni inventar un nuevo método de creación literaria. El reto de generar las obras de Shakespeare comparando los originales con segmentos de caracteres perdería complejidad, por ejemplo, si las propuestas son, una a una, las letras del abecedario. De hecho, este es el modelo que aplicó inicialmente, para verificar que el código estaba bien estructurado. El proceso duró 20 segundos. “El proyecto no se habría viralizado si hubiese durado solo tres o seis horas. Necesitaba algo de margen. Algo de seriedad”, explica. “Lo que hice fue intentar invitar a la gente a seguir el proyecto, a ver qué había cambiado en los últimos 30 minutos y cómo iba avanzando su obra favorita de Shakespeare”.

Con la tecnología actual, incluso la generación por segmentos de nueve caracteres se completaría en un suspiro. Pero también han surgido otros modos de afrontar el problema. “Hay un algoritmo genético en el que comienzas con un bloque que se va ajustando hasta el punto de crear algo”, señala. Por ejemplo, si Romeo y Julieta tienen 50.000.000 de caracteres, se empieza con un conjunto de esa extensión y se van introduciendo modificaciones aleatorias hasta que el resultado es, letra a letra, la tragedia de los Montesco y los Capuleto. “O podríamos tomar la ruta de la inteligencia artificial y entrenar un algoritmo con textos de la época para ver si podría recrear Macbeth. Sería interesante, aunque no creo que sea posible ahora mismo”, añade.

Anderson no se hizo rico con el millón de monos. Pasados los primeros fogonazos informativos, la atención que captó el proyecto se fue diluyendo y llegó la hora de volver a la vida normal y a las rutinas de su empleo de entonces, en una compañía financiera. “Entonces descubrí que estaba trabajando en el lugar equivocado. Allí no valoraban la creatividad”, recuerda. Desalentado por la indiferencia de sus compañeros, el programador decidió aprovechar los últimos coletazos de popularidad de sus monos amazónicos para buscar un nuevo empleo. Primero pasó por Cloudera, una empresa especializada en la gestión de datos en la nube, y después fundó su propia empresa.

Para quienes estén buscando una oportunidad como la que él tuvo, un viral que les cambie la suerte, Anderson recomienda buscar algo interactivo, que importe a la gente, que tenga algún elemento humano o que estimule nuestra curiosidad intentando responder a preguntas para las que no tenemos respuesta. “Pero lo más importante, y esto es algo que la gente de perfiles técnicos suele olvidar, es que vas a tener que echarte flores”, advierte. La noche que puso en marcha su proyecto, Anderson pasó horas enviando correos a los medios explicando la historia del millón de monos. Cuando despertó, tenía la bandeja de entrada repleta.

17.10.21

El Planeta desvela el misterio del seudónimo Carmen Mola: tres guionistas se llevan el millón

La novela ‘La bestia’ se corona en la gala con más sorpresas de la historia del galardón

Los tres gana­dores de la 70.ª edición del premio Planeta, que responden al pseudónimo de Carmen Mola, con el rey Felipe y la reina Letizia durante la gala celebrada en la sala oval del ­Palau Nacional 


El premio Planeta de este año parece haber contratado a un guionista de la serie Black mirror, y los que lo siguen no ganan para sobresaltos. Si, en la jornada previa del jueves, se aumentó por sorpresa la dotación a un millón de euros (y a 200.000 para el finalista), lo ha ganado Carmen Mola, una identidad ficticia de alguien que hasta ahora había escrito siempre con seudónimo y que además procede del grupo rival, Penguin Random House, pues ha publicado sus tres novelas anteriores en Alfaguara.

Por si todo esto fuera poco, en el momento de desvelarse la identidad secreta de Carmen Mola –ante los reyes de España, presentes en la gala del MNAC, para los que el presidente del Grupo Planeta, José Crehueras, pidió un aplauso de apoyo, que fue secundado por toda la sala–, apareció otro conejo de la chistera: la ganadora era ganador. Y ¿quieren más? ¡eran tres ganadores! Con la cabeza echando humo, los periodistas presentes –un total de 240– anotaban sus nombres: Antonio Mercero (Madrid, 1969), Agustín Martínez (Lorca, 1975) y Jorge Díaz (Alicante, 1962).

La novela ganadora se titula La bestia, fue presentada bajo el (doble) seudónimo de Sergio López y es, en palabras del jurado, “una mezcla entre trama histórica y thriller”. Está ambientada en la epidemia de cólera que tuvo lugar en 1834 en Madrid, en la que, además, se produce una ola de asesinatos de niñas pobres, que aparecen descuartizadas. “Es la historia de Lucía, una adolescente huérfana, que atraviesa esa ciudad desolada para encontrar a Clara, su hermana pequeña desaparecida. Es un mundo de conspiraciones en los cafés y de lucha de clases”, dijo Mercero. Un periodista y un policía ayudan a la niña a desentrañar el enigma.

La obra ganadora refleja un Madrid castigado por una epidemia de cólera y un asesino de niños pobres

Atresmedia –la empresa televisiva del grupo Planeta– está justamente a punto de estrenar la serie sobre la inspectora madrileña Elena Blanco, protagonista de las hasta ahora tres novelas de Carmen Mola: su debut, La novia gitana (2018), L 2019) y La Nena (2020). La cuarta entrega, Las madres, aparecerá en la primavera de 2022... en Alfaguara, el sello que la contrató. 

La inspectora Blanco, que vive en la plaza Mayor, trabaja en la Brigada de Análisis de Casos y trata con criminales muy truculentos, desde caníbales a psicópatas que asesinan con gusanos devoradores de cerebros, pasando por personas que organizan peleas a muerte entre menores secuestrados. El personaje va evolucionando y, como decía la propia Carmen Mola, “sufre un gran impacto en su vida tras el encuentro con su hijo. Esto le hace replantearse muchas cosas, entre ellas su profesión. Al empezar La Nena, en cambio, la inspectora ya está fuera de la policía y ha abandonado muchas de sus costumbres, entre ellas el karaoke, la grappa y las aventuras de una noche. Es necesario un acontecimiento importante para que regrese y retome algunas de sus viejas costumbres”.

Mola, en entrevistas diversas –siempre por correo electrónico–, decía: “Reconozco que he mentido en casi todo. Una vez hasta hice una biografía diciendo que era profesora y que había nacido un 14 de febrero”, declaraba a La Vanguardia en mayo del 2020, y añadía: “Jamás descubriré voluntariamente la identidad de Carmen Mola. Además, no tiene mucho interés, se lo aseguro”. En otra ocasión, afirmó: “Puedo ser una escritora famosa, un funcionario de provincias, una profesora de universidad o un camionero que recorre Europa y escribe en las áreas de descanso de las autopistas. Lo que sí le digo es que mi madre no sabe que soy Carmen Mola”. ¿Que pasaría si un día la descubrieran? “Si un día ocurre, no creo que vaya a pasar absolutamente nada. Lo viviré con incomodidad, pero con naturalidad”.

Los miembros del trío ganador tienen sus carreras por separado. Antonio Mercero ha escrito novelas como La cuarta muerte (2012), La vida desatenta (2014), El final del hombre (2017) y El caso de las japonesas muertas (2018), estas dos últimas protagonizadas por Sofía Luna, una inspectora de policía transgénero. También es autor del cómic El violeta (2018), sobre la represión de los homosexuales durante el franquismo. 

Por su parte, Agustín Martínez es guionista de series (Sin tetas no hay paraíso, La chica de ayer, Víctor Ros...), y autor de dos novelas, entre ellas Monteperdido (2015), adaptada a serie con guion de los tres ganadores del Planeta, entre otros (tal vez allí fraguaron la amistad que les llevaría a fundirse en Carmen Mola). 

Jorge Díaz, además de guionista televisivo, es también autor de novelas como La justicia de los errantes, sobre el período americano de los anarquistas Durruti y Ascaso, o Tengo en mí todos los sueños del mundo, sobre el naufragio del barco Príncipe de Asturias en 1916.

“Reconozco que he mentido en casi todo. Una vez hasta dije que era profesora y que nací un 14 de febrero”

La obra finalista es Últimos días en Berlín, de Paloma Sánchez-Garnica (Madrid, 1962). Novela-río histórica, ambientada en Rusia y la Alemania nazi y centrada en un joven que quiere reencontrarse con su madre y su hermano menor, a los que la familia tuvo que abandonar en su huida del régimen leninista. La finalista resumió su novela como "el tratamiento de las consecuencias de los totalitarismos en la vida cotidiana". 

Sánchez-Garnica es una autora de Planeta, con obras como El gran arcano (2006), La brisa de Oriente (2009), El alma de las piedras (2010), Las tres heridas (2012) y La sonata del silencio (2014), sobre una madre e hija en la españa de los años 40, de la que se hizo una serie para TVE. Con Mi recuerdo es más fuerte que tu olvido ganó el premio Fernando Lara 2016. Su última novela, hasta ahora, era La sospecha de Sofía (2019).

Pues al final, al ser tres ganadores, el aumento de la dotación no ha sido para tanto. Cada uno de ellos se lleva 333.333 euros, mientras que, el año pasado, Eva Garcia Sáenz de Urturi se embolsó 601.000.

10.10.21

Abdulrazak Gurnah: “El discurso contra la inmigración no es moral ni compasivo, y lo peor es que no es racional”

El Nobel de Literatura de 2021 asegura que el Brexit es un error que mezcla la nostalgia y el autoengaño

Abdulrazak Gurnah, Premio Nobel de Literatura, 2021,/elpais.com

 

Abdulrazak Gurnah (Zanzíbar, 73 años) se deja llevar, entre despistado y molesto, por los fotógrafos de prensa. Le hacen caminar por el estrecho callejón londinense donde están las oficinas de su agente literario. Le obligan a posar como modelo profesional, y no entiende nada. Aunque su traje gris le siente como un guante, y los zapatos negros brillen como recién estrenados, hay un punto de dandismo íntimo en el escritor al que la publicidad desorienta.

Y la publicidad de un premio como el Nobel de Literatura es desbordante. Convierte a quien toca en el portavoz forzado de una causa justa, o de una porción olvidada de la humanidad. “No estoy jugando ningún papel, digo lo que pienso. No me considero responsable ni portavoz de ninguna causa”, intenta explicar Gurnah. Admite, sin embargo, que su experiencia de inmigrante está en el corazón de todo lo que escribe. Llegó a Reino Unido con 19 años, en 1967, y huía de una revolución en Zanzíbar que derrocó el sultanato árabe del archipiélago. “Soy de Zanzíbar. No hay ninguna duda al respecto. Pero es la vida que he vivido, y las experiencias que he tenido, lo que ha influido sobre mi escritura. Y la mayoría de mi vida he trabajado y residido en Inglaterra. He enseñado literatura en inglés. Aunque no creo que tu experiencia vital sea lo que construye por completo lo que podríamos llamar tu vida imaginaria o imaginativa”, describe el autor.

Su lengua materna, que aún habla, es el swahili, pero su educación literaria se construyó a partir de los miles de libros en inglés a lo que tuvo acceso cuando llegó al Reino Unido. No fue una decisión premeditada. La conversación y las respuestas que necesitaba dar a los autores que le han precedido ―”la amplia red de voces que conversan en la literatura”— le salían en inglés, donde lograba expresar con mayor comodidad su voz propia. Que, como él mismo reconoce, se movió a la fuerza en un terreno muy delimitado por la experiencia de la inmigración. “Es el fenómeno de nuestro tiempo. Y creo que yo lo entiendo, en cierto sentido, por mi propia experiencia. No es una materia escogida libremente, es un asunto recurrente en tu pensamiento. Puedes incluso decirte a ti mismo que, en tu próximo libro, no quieres mencionar ese asunto. Da lo mismo, tarde o temprano encontrará el modo de entrar”, confiesa.

Gurnah ha sido descubierto esta semana por el gran público universal de la literatura. Su voz era minoritaria hasta ahora, a pesar de haber publicado ya más de una decena de libros ensalzados por la crítica especializada. Se nota en él una madurez, no solo profesional, sino vital. El autor tiene convicciones firmes, pero su radicalidad exhibe un tono educado y comprensivo. “A veces parece que el debate sobre la inmigración haya cambiado a mejor, pero de nuevo retrocedemos. Cada nueva ola de inmigrantes que llega al Reino Unido —afrocaribeños, paquistaníes, indios, rumanos…— deben sufrir el mismo clima de hostilidad, y una respuesta autoritaria del Gobierno”, lamenta. “Es una respuesta falta de moral y de compasión. Pero lo que es peor, no es racional. Esta gente no viene con las manos vacías. Traen con ellos juventud, energía y un gran potencial. La idea de que llegan para arrebatar parte de nuestra prosperidad es inhumana”.

Acabó adquiriendo la nacionalidad británica. Enseña literatura inglesa desde hace décadas. Vive en Canterbury. No se puede ser, en cierto modo, más británico. Quizá por eso, su opinión sobre el gran debate de los últimos años en Reino Unido, refleja ya el cansancio generalizado de sus compatriotas. Queda poco por decir respecto al Brexit: “Ha sido un error, pero así lo ha querido la gente. Me despierta muchas sospechas la fuerza que se esconde detrás de ese fenómeno, o de las aparentes razones que han llevado a respaldarlo. Puede haber algo de nostalgia, pero creo que también hay algo de autoengaño”, sugiere.

Gurnah esconde, bajo una voz suave, casi tímida, una ironía a la que resulta fácil rendirse. “¿Quiere usted que devuelva ya mi premio?”, le preguntaba al periodista que prácticamente le exigía que fuera una voz contra el tono racista o xenófobo de las instituciones. Compasivo y comprensivo con la gente, acusa sin embargo a las instituciones de que perduren en el tiempo los comportamientos que muchas de sus novelas han intentado reflejar con sutileza. “Cuando llegué al Reino Unido, la gente podía dirigirse a ti y emplear determinadas palabras sin ansiedad ni miedo, sin siquiera darse cuenta de que podía resultar ofensivo o herirte. Y muchas veces responde más a una falta de consciencia que a malicia. Creo que, sobre todo en las ciudades, donde los niños han ido juntos al colegio o han jugado juntos al fútbol, hay ahora mucha más claridad a la hora de entender lo que resulta o no correcto en público. Sin embargo, creo que las instituciones son igual de malvadas y autoritarias. No creo que eso haya cambiado. Y el maltrato a muchas personas no ha cambiado en absoluto”, denuncia.