3.8.13

Letras en vuelo libre

Los nuevos novelistas latinoamericanos convierten sus vidas en ficción. Babelia inicia una serie de diez entregas con ellos

De izquierda a derecha, Lucía Puenzo, Alejandro Zambra y Wendy Guerra. / Daniel Mordzinski./elpais.com

Una creatividad libre de toda angustia de las influencias explica la diversidad y riqueza de los libros que surgen últimamente en América Latina. El auge del yo —ficcionalizado o no— que convierte la intimidad en literatura, una mirada no ideológica sobre la política, ritmos más propios del viaje iniciático que del exilio y variedad de historias pequeñas, fragmentarias —con tramas que van de la anécdota amorosa o familiar al policial o al humor, eludiendo la corrección política— dominan las tramas. Relatos que no se escriben contra nada, pero que tampoco aspiran a ser embajadores de un mapa ni a representar una identidad nacional o local, aunque a veces el pasado reciente resuene o el paisaje propio se imponga casi con la fuerza de un personaje, porque por fortuna —mal que le pese a la globalización— olemos a un lugar, sabemos a él.
Como en la vida, en la literatura hay capas, palimpsestos, y se escribe sobre lo ya escrito. Pero hoy nada urge y ese “vale todo” es la clave de lo nuevo. El boom latinoamericano —fenómeno que en los años sesenta y setenta del siglo pasado exportó universos complejos como los de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Julio Cortázar— no es mandato a seguir ni fantasma que sacudirse de encima. Algo que sí sintieron necesario los autores nacidos en torno a 1960 y publicados en McOndo, la antología editada por los chilenos Alberto Fuguet y Sergio Gómez en 1996, que dinamitaron el realismo mágico y pusieron en página smog, centros comerciales y “latidos digitales”.
Si les dieran a elegir hoy, muchos jóvenes escritores latinoamericanos iniciarían en Roberto Bolaño —nacido en Chile, forjado en México, que escribió en Cataluña con la desesperación del que no tiene demasiado tiempo la mayoría de su obra y devenido autor de culto tras su temprana muerte en 2003— el linaje que los define. Algo de esto se insinuaba ya en Bogotá 39, el encuentro en la capital colombiana de 39 autores de 17 países del continente, menores de 39 años y con al menos una obra publicada, durante el Hay Festival 2007. A pesar de su juventud, algunos eran ya veteranos en las letras (el mexicano Jorge Volpi, la ecuatoriana Gabriela Alemán y el argentino Pedro Mairal, entre ellos). Muchos de esos nombres se reencuentran en este reportaje, pero han surgido nuevas voces, aunque la distribución deficiente de las obras siga siendo un obstáculo para saber qué se cuece hoy y con qué ingredientes en América Latina

Viajeros y cosmopolitas


“No hay producción en serie, no hay cables conductores maestros, cada quien busca por su lado, saca punta a su propio lápiz”, destaca de esta hora el nicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, 1942), para quien aún en los escritores muy jóvenes se verifica “el primero de los signos de la calidad literaria: la pasión por la búsqueda, no repetir a los de antes, experimentar con el lenguaje y con los temas, alejarse de lo tradicional”. Ex vicepresidente de su país y ganador del Premio Alfaguara de Novela por Margarita, está linda la mar, Ramírez señala “menos inserción ideológica, menos tendencias, menos escuela”. Con todo, la libertad no supone, a su juicio, ausencia de realidad política en las ficciones. Con una nota distintiva: se trata, afirma, “del pasado familiar escrito por los hijos y juzgado por ellos, como en El espíritu de mis padres viene subiendo con la lluvia, del argentino Patricio Pron” (Mondadori).
El caso de este autor rosarino, nacido en 1975 y afincado en Madrid es similar al del peruano Santiago Roncagliolo (Lima, 1975), autor entre otras de Óscar y las mujeres (Alfaguara): hijos de familias con ecos de militancia o exilio, que eligen su vida en un mapa distinto del de origen y escriben con las alforjas llenas de ambos mundos. De la misma generación y residente también en la Península desde 2005 es Sergio Galarza (Lima, 1976), que acaba de publicar JFK (Candaya), segundo libro de su trilogía madrileña. Forzada en generaciones anteriores por razones políticas, la residencia en el extranjero —estadía más que mudanza en ocasiones— es hoy casi una seña de identidad del oficio de escribir: no hay autor que por su trabajo en universidades, sus tareas como traductor o su deseo de contactar con centros editoriales, no dé cuenta de becas, seminarios o premios que le permitan salir del terruño. De allí que cuando hablamos de literatura latinoamericana debamos sincerar algunas ficciones que se escriben en Europa, en EE UU o más lejos (tal el caso de Andrés Felipe Solano (Colombia, 1977), autor de Los hermanos Cuervo, que vive actualmente en Corea).

El boom de los sesenta, que redujo al estereotipo la identidad americana, ya no es mandato que seguir ni fantasma que combatir
Lo nuevo no siempre es tecno. “Mi impresión general es que con las nuevas tecnologías no aparecieron los nuevos géneros que solían prometerse; más bien se reformularon algunos de larga data: la vuelta al aforismo con Twitter y la reactivación del diario personal con el blog”, apunta Martín Kohan (Buenos Aires, 1967), premio Herralde de Novela 2007 y autor de la reciente Cuentas pendientes (Anagrama), donde la vida de Lucio Giménez, un jubilado que debe varios meses de alquiler que no piensa pagar al dueño de casa, le permite trabajar el punto de vista y explorar una cotidianidad en descomposición, sin renunciar a ciertas marcas históricas (un pasado de apropiador de hijos de desaparecidos, que no sería esencial, pero que Kohan elige como prehistoria significativa). El presente, subraya, no obliga a nada: “Sabemos que la literatura del boom, aun con lo que tuvo de valiosa, condujo a una reducción estereotipada de la identidad latinoamericana. Hoy podemos ser perfectamente indiferentes a esa clase de expectativas, es decir, no encajar en el modelo de lo que se espera de lo latinoamericano, pero sin la presión de activar parricidios y rupturas”.
¿Qué formas toma esa diversidad? Todas las imaginables. Aunque el paisaje es predominantemente urbano, hay excepciones. El desierto a bordo de una camioneta rumbo a Iquique, donde el protagonista se someterá a un tratamiento dental, es el que escoge Diego Zúñiga (Chile, 1987) para Camanchaca (Mondadori), su primera y contundente novela: la historia de un divorcio y de la vida de hijo y padres, después de ese cisma privado. Otra familia y otra carretera enmarcan Hablar solos, de Andrés Neuman (Alfaguara), que renueva por el abordaje que se da a la experiencia de la pérdida y las contradicciones de quien cuida a un enfermo. Selva Almada (Entre Ríos, 1975) escribe de la Argentina que mejor conoce: pueblos chicos donde llegan pastores evangélicos alterando la calma de la siesta; resentimientos rumiados por años, mientras el calor agobiante del litoral auspicia hervideros de sangre en forma de sexo o de ajustes de cuentas. Algunos hallan en su obra —las novelas El viento que arrasa y Ladrilleros, y los relatos de Una chica de provincia— parecidos con la de Juan José Saer, autor al que Almada —publicada por Mardulce— dice conocer poco, mientras sitúa deliberadamente sus relatos en contextos donde la tecnología no ha llegado (algún momento de los noventa, antes de que las computadoras estuvieran por todas partes).


Ilustración Fernando Vicente

El ambiente rural también es escenario de Los Malaquías (Edhasa), de la brasileña Andréa del Fuego (São Paulo, 1975), quien en su aclamada primera novela para adultos (ganó el Premio José Saramago 2011, pero tiene varios libros anteriores para niños) sigue las andanzas de Nico, Antônio y Júlia, tres huérfanos devenidos tales porque un rayo partió —literalmente— la vida de sus padres. La mirada infantil se reencuentra en otras ficciones: intenta entender un astillado universo familiar tras la muerte súbita de la hermana del protagonista en El amor nos destrozará (Tusquets), primera novela del argentino Diego Erlan (Tucumán, 1979) y permite rebobinar la historia reciente de Chile en Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra (Santiago, 1975), que lo confirma como uno de esos autores cuyos libros esperamos.
Es una niña también, Lilith, la que fascina a José, que no es otro que el nazi Josef Mengele, cuyo presunto paso por Bariloche imagina Wakolda, de Lucía Puenzo (Buenos Aires, 1976), convertida en el filme homónimo aplaudido en el Festival de Cannes. Esta talentosa directora y narradora ejemplifica un rasgo de muchos jóvenes autores: su profunda vinculación con el cine. Una zona de encuentro de la que participan (la lista es incompleta, como todas) además de los mencionados Del Fuego y Roncagliolo, la escritora y actriz cubana Wendy Guerra (La Habana, 1970), autora, entre otros, de la varias veces premiada y traducida Todos se van (Bruguera), y también, Rodrigo Hasbún (Bolivia, 1981), guionista y autor de la inquietante El lugar del cuerpo (Alfaguara), que en poco más de cien páginas cuenta la historia de Elena, quien tras una infancia oscura coquetea con la muerte a lo largo de toda su juventud, en una trama en la cual escritura y sexo se conjugan inevitablemente.

Escribir para ser traducido


Las migraciones amplían el territorio de la lengua. Sergio Ramírez reconoce la “transgresión” de llamar la atención sobre los autores de origen latinoamericano que escriben en inglés y renuevan: “Es una nueva modalidad de nuestra literatura joven, producto de uno de los grandes fenómenos del tiempo presente, la emigración, la lengua que viaja y se asienta fuera, lo que me gusta llamar ‘la lengua mojada’: Daniel Alarcón, Junot Díaz, Francisco Goldman. La lista es muy larga; hay abundancia, buena abundancia”.
En la Academia se estudia ya hasta qué punto las creaciones de estos “l@tino writers” que provienen del Caribe hispano podrán influir o redibujar el mapa de esas literaturas nacionales. Tal es el caso de la investigación presentada en el seminario ALLICCO 2013, en París, por Rita de Maeseneer, de la Universidad de Amberes, centrada en las obras de dos autores dominicanos residentes en Nueva York: el multipremiado Junot Díaz (Santo Domingo, 1968), Pulitzer 2008 por La maravillosa vida breve de Óscar Wao, y la actriz y escritora Josefina Báez (1960), autora, entre otros, de los poemas que se transformaron en performance en Dominicanish. El trabajo (que será publicado por la revista Pasavento, junto con otras ponencias sobre los efectos de la globalización en formas y lenguajes de la literatura contemporánea en español), presta especial atención a cómo tratan estos autores de la diáspora dominicana la noción de hogar (home), que implica en ocasiones una idealización del lugar de origen frente a la visión negativa del sitio de llegada. Tanto Díaz como Báez cuestionan ese lugar común, dando testimonio de lo difícil que es ser ajeno, o no del todo propio, en ambos países. “Hogar es donde está el teatro”, escribe Báez en Dominicanish; “Ella era dominicana de aquí” (refiriéndose a Estados Unidos), afirma Yunior, álter ego de Díaz, en uno de los relatos del reciente Así es como la pierdes (Mondadori).


Participantes en el encuentro de jóvenes autores latinoamericanos 'Bogotá 39'. / Daniel Mordzinski

Pluricausal, esta riqueza tuvo socios indispensables. Las editoriales independientes “ampliaron las posibilidades de las búsquedas literarias, mientras los grandes grupos se enceguecían en la persecución del negocio rápido y seguro”, remarca Martín Kohan. Hay “autores de referencia”: al ya mencionado Roberto Bolaño, aventurero y cosmopolita, Kohan suma los nombres del argentino César Aira, que se ha ganado lugar de clásico y es una escuela de velocidad narrativa, y del uruguayo Mario Levrero, librero, guionista de cómics, creador de juegos de ingenio y autor casi secreto hasta hace muy poco. Hablamos, sin embargo, de las “huellas del impacto” de sus literaturas, “pero no en el grado de mandato estético que marcaría tendencias como se dice que se marcan en el mundo de la moda”, distingue.
La obra de Levrero (Montevideo, 1940-2004), que incluye cuentos y ensayos, cuestiona la idea de que lo renovador viene en envase joven. Reeditada por Mondadori, ya hay quienes le auguran tantos devotos como los del autor de 2666. La novela luminosa, su libro póstumo, se inicia con el registro de ciertas experiencias extraordinarias, bajo la forma de un diario escrito a partir de agosto de 2000, gracias a la tranquilidad económica que le brinda una beca. A lo largo de más de quinientas páginas se desmenuzan sueños, lecturas, imposibilidades, reflexiones sobre la ficción, el amor, el miedo a la muerte y otras obsesiones.
La gran apertura y variedad que registra la literatura escrita en español se da también en portugués, confirma el brasileño Silviano Santiago (Formiga, 1936). “El boom actual no es de libros, es de autores”, define el ganador de la última edición del Premio Machado de Assis, otorgado por la Academia Brasilera de Letras al conjunto de su obra. “Cada uno usa los géneros literarios y el lenguaje a discreción”, aunque siempre bajo el mandato de lograr “un texto apto para el consumo general”. Esto explica por qué “la escritura tradicional supera la vanguardista”. “El modelo no es Ulises sino El gran Gatsby”, grafica el autor de Stella Manhattan (Corregidor). “A partir de la década de 1930 los autores populares escribían con un ojo en la adaptación cinematográfica, ahora escriben con un ojo en la traducción”.

"Las nuevas tecnologías no trajeron nuevos géneros. Twiter reactivó el aforismo; los blogs, el diario personal", dice Kohan
En cuanto a los temas, Santiago afirma que el cosmopolitismo tiene en Brasil quienes le escriban y menciona la colección Amores Expressos, editada por Companhia Das Letras, de la que participan Daniel Galera, Bernardo Carvalho y Sergio Sant’Anna, entre otros. Sin embargo, a su juicio, “el rasgo saliente de la literatura brasileña está en la fragmentación del espacio sociopolítico nacional”. Así, si la visión de Brasil como un todo íntegro era “indispensable al momento de la lucha contra la dictadura militar y cimiento abstracto de la consagración de la novela de Clarice Lispector en los noventa”, a partir de 2000, la literatura da un salto hacia lo local y retoma temas políticos regionales. En este milenio, afirma Santiago, “a la línea política de fondo agrario típica del nordeste, se le opone otra línea, también altamente politizada, de novela urbana (Río de Janeiro y São Paulo), preocupada por la condición social y el destino de los villeros y marginales, frente a una policía corrupta”.
Escritores o aspirantes a serlo protagonizan muchas ficciones latinoamericanas del siglo XXI (tema que recorta, entre otros, los significativos Mis dos mundos, de Sergio Chejfec; En la pausa, de Diego Meret; los relatos de Punto de fuga, del peruano Jeremías Gamboa; Las teorías salvajes, de Pola Oloixarac; Phoenix, de Eduardo Muslip, y el reciente y conmovedor Mi libro enterrado, de Mauro Libertella). El uso de la primera persona y la identificación entre narrador y protagonista son frecuentes y hasta típicos de la literatura escrita en este tiempo. Certifican lo que la ensayista Beatriz Sarlo llama “el giro subjetivo de la cultura” en el insoslayable Ficciones argentinas (Mardulce), donde reúne 33 ensayos sobre libros publicados entre 2007 y 2012, de autores pertenecientes a generaciones y estéticas diversas.
Pero la tendencia trasciende el Río de la Plata, como prueban El cuerpo en que nací (Anagrama), de Guadalupe Nettel (México, 1973), que retoma recuerdos de infancia y la incidencia de un defecto de nacimiento en un ojo, para releer la propia vida. O la impactante y premiada Canción de tumba (Mondadori), de su compatriota Julián Herbert (1971), textos ambos nacidos de una invitación de la revista Letras Libres a jóvenes autores, para escribir sus memorias precoces. En la suya, ya convertida en novela, Herbert cuenta la compleja relación del narrador con su madre, prostituta y moribunda, mordida por la leucemia, que lo obliga también a revisar la realidad de un país asolado por la violencia y la corrupción en un vértigo con ritmo de web.

Ficciones reales

El pasaje de la cultura de la biblioteca a la cultura digital es el contexto de lo que Josefina Ludmer, profesora emérita de la Universidad de Yale, llama “literaturas posautónomas”, escrituras cuyos textos ya no se pueden leer autónomamente sino en relación directa con el ahora. En Aquí América Latina. Una especulación (Eterna Cadencia, 2010), la crítica argentina analiza estas narrativas propias de los años 2000: relatos que toman la forma del testimonio, la autobiografía y el reportaje periodístico salen de la realidad y entran a “lo cotidiano” (ya no la realidad tangible sino la que construyen Internet y los medios, que no necesita ser representada porque es pura representación). Así, define Ludmer, estas literaturas “fabrican presente con la realidad cotidiana”. Una tendencia que las editoriales receptan bajo el paraguas extragrande de la crónica, otorgando más espacio en sus catálogos a las escrituras híbridas. Ejemplo de ello es la colección Ficciones Reales, que promociona en Sudamérica el sello Marea.
Esta libertad elude moldes y corrección política. En las novelas de Yuri Herrera (México, 1970), autor entre otros de La transmigración de los cuerpos (Periférica), valen tanto los narcocorridos —subgénero musical que aborda el mundo del narcotráfico— como el uso de arquetipos, para metaforizar una realidad violenta, donde migrantes y mujeres la pasan peor que otros. El policial, que Herrera ronda, marca también al brasileño Altair Martins (Porto Alegre, 1975) en su primera y premiada novela La pared en la oscuridad (Adriana Hidalgo), que se inicia cuando un profesor de matemáticas mata en un accidente de tráfico a un hombre y huye. Los topos (Mondadori), primera novela de Féliz Bruzzone (Buenos Aires, 1976), reafirma la opción del autor de 76 (relatos) de desmarcarse del discurso de las víctimas del terrorismo de Estado (los padres del escritor son desaparecidos de la dictadura). A partir de un narrador que deja a su mujer y se enamora de un travesti que proyecta matar policías, Bruzzone convierte en literatura una pregunta hasta hace poco prohibida: ¿qué sucedería si algún hijo de desaparecidos pensara en hacer justicia por mano propia? Búsqueda y predestinación, con mucho de parodia y disparate, acompañan la metamorfosis pasional y física del protagonista.
Ásperos a veces, desgarradores, otras, imaginación furibunda o sobredosis de verdad, estos libros deparan esa atracción hipnótica, capaz de mantenernos en vela y en vilo cuando se apagan las demás luces de la casa.

Cómo mentir con la verdad

El auge de la escritura testimonial y la voluntad de lograr el efecto de lo verdadero define buena parte de la literatura del siglo XXI. Profesora emérita de la Universidad de Nueva York y autora de Acto de presencia, un ensayo sobre la autobiografía de los siglos XIX y XX en Hispanoamérica, Sylvia Molloy destaca lo “sintomático” del rótulo relativamente reciente de “escrituras del yo”, que ha ido reemplazando la noción de escritura autobiográfica, “algo desgastada y no demasiado favorecida” en América Latina.
¿Cómo se relaciona esto con la creciente importancia del escritor como personaje mediático, que ya no solo presenta sus libros sino que mantiene cuentas en redes sociales y participa de programas radiales y televisivos? “No creo que haya mucha diferencia en la construcción de aquella primera persona autobiográfica, aquel ‘yo’ que estudié en Acto de presencia, y el ‘yo’ del escritor como personaje mediático”, señala Molloy. “En los dos hay trabajo de pose y deliberada construcción: se busca persuadir de que ese es el yo del autor”. Si hay alguna diferencia, señala la autora de En breve cárcel, estaría en la recepción: “En el yo autobiográfico se parte de un texto que el lector lee, descifra, recompone en su lectura, sin necesariamente haber visto al autor. Es un proceso. En el caso del escritor como personaje mediático se trata de una performance contemporánea del espectador, no se necesita texto, o mejor dicho el autor, en su exhibición —en su performance— es, él mismo, texto. Al escritor se lo busca, se lo admira, se lo escucha (pienso en innúmeras ferias del libro) sin que sea necesario leer lo que ha escrito”.
Hay ejemplos con diversos grados de ficcionalización. Uno de los más recientes es Un comunista en calzoncillos, de Claudia Piñeiro (Buenos Aires, 1960), cuya portada es una foto de infancia de la autora junto a su padre. Novela autobiográfica confesa, la escritora aclara que miente lo suficiente como para que valga la pena leerla. También recrean la historia familiar y el clima político de sus países los estupendos El olvido que seremos, de Héctor Abad Faciolince (Colombia, 1958) y Missing. Una investigación, de Alberto Fuguet (Chile, 1964). Otros narran desde la sinécdoque, prefiriendo la diagonal para interpretar lo macro. Un caso es la trilogía de Alan Pauls (Buenos Aires, 1959) sobre la militancia argentina de los setenta, que culmina el reciente Historia del dinero. Obras que su autor ha calificado de “testimoniales” porque los elementos escogidos —el llanto, el pelo, el dinero— tienen resonancias personales que le permitieron cruzar intimidad, política y extrañeza en las novelas. R. Garzón

Herralde: "Si publicara a Dan Brown, la gente diría ‘aquí ha pasado algo grave’"

El editor de Anagrama, una de las editoriales más importantes en español, dice que cuando la fundó era "muy combativo, muy izquierdoso, muy antifranquista"

Independiente. El editor español ha conformado a lo largo de los años un catálogo de autores del que dice sentirse muy orgulloso. /revista Ñ

Cuando estoy a pasos del bar del hotel Alvear, me da miedo no reconocer a mi entrevistado, pero enseguida veo ese gris tan particular de la cabeza de Herralde y se me van las dudas. A los 44 años de la fundación de su editorial, Anagrama, una de las editoriales independientes en castellano más importantes, en la cara de Herralde, que nacido en 1936 anda cerca de los 80, hay una sonrisa de fondo, como si tuviera los músculos dispuestos de ese modo, y se le nota el entusiasmo cuando habla de su editorial; en un punto es hablar de su vida. Fue, “primero, un lector omnívoro”, empezó fascinado por Salgari y Dumas y no paró. “hubo un momento de mi vida en que estudié ingeniería”, dice, “iba poco a clase y planeaba proyectos editoriales. Después de 2 o 3, que no funcionaron, sin experiencia, con poco dinero, –mi familia estaba acomodada, pero me repugnaba pedirles dinero en mis años izquierdosos–, en septiembre de 1967, decidí empezar una editorial. Entonces, a los 31, Herralde era, “muy combativo, muy izquierdoso, muy antifranquista”.
Se concentra y empieza a contar sus colecciones, los autores que publicó, desde Enzersberger hasta la cronista argentina Leila Guerriero, que será publicada en septiembre. Se detiene en los primeros años y habla de una de sus colecciones iniciales, “la que tenía que ser la más importante y fue menos, se llamaba Documentos, y el primer título fue Los procesos de Moscú de Pierre Broué, que era una visión trotskista del estalinismo. Fue muy castigada por la censura, con secuestros y procesos”. Levi-Strauss, Tom Wolfe, Copi, “que fue muy amigo mío”, el nuevo periodismo, Patricia Highsmith y tantos. Su hallazgo de La conjura de los necios es una leyenda: en un aeropuerto, una amiga le dio el libro en inglés. El autor, Kennedy Toole, se había suicidado dos años antes. Herralde compró, tradujo, publicó, la novela, que ganó un Pulitzer y fue un éxito. Entre otras cosas, luego lanzó el premio que lleva su nombre, ganado por muchos latinoamericanos.
-¿Qué le permitió el Premio?
-Tras un período, la nueva narrativa española no encontró mucho relevo. Pero en América latina aparecía gente muy interesante –aparte de Bolaño, que también ganó el premio–, por ejemplo, Juan Villoro o Daniel Sada. Aquí, Martín Cohan, Martín Caparrós, y otros. Nosotros no hacemos como otras editoriales, especialmente los grandes grupos, que es hacerse con los derechos mundiales para un autor y no sacarlo del país: de todos sacamos al menos dos ediciones, una en su país de origen y otra en España y, a veces, tres o cuatro en diversos países.
-Ojalá otros editores lo imiten. ¿Cuál es su mayor orgullo?
-El trayecto y el catálogo, que es lo que dice la verdad. Orgulloso podría estar de haber logrado congregar a tan buenos autores: que son los que marcan el catálogo, el mérito es suyo. Los editores intentamos armonizar y reunir un catálogo que sea fiable, que el lector vea determinados libros de una editorial y sepa que están escogidos por criterios culturales literarios, otra cosa es que le interesen, es lo máximo a que aspira un editor y en cada país hay editores que lo consiguen. Es algo que se gana con los años y que se puede arruinar en tres meses: si Anagrama publicara a Dan Brown, la gente diría: “Aquí ha pasado algo grave”, aunque sigan publicando a Tabucchi o a Carrere. Los vamos a seguir leyendo, nos fiamos de los autores, pero no de la editorial.
–¿Qué diferencia ve entre la literatura que se produce hoy en español y la de hace 40 años?
–¡Está pregunta da para una monografía en seis volúmenes!
–Lo primero que se le ocurra.
–Más que grupos con estéticas hay individualidades que van saliendo en determinadas literaturas como en América Latina, en Argentina y en México sobre todo; en España esto es un poco el azar, por decirlo de alguna manera, las cosechas que fueron muy buenas en los ‘80 y los ‘90, en 2000 regular. Ha salido un gran escritor que se llama Rafael Chirves que tiene 64 años y ha estado toda la vida consagrado a escribir, ajeno a cualquier modelo, una obra cada vez más sólida y ahora está considerado, salió en una encuesta en ABC, como el mejor escritor español actual sobre todo gracias a las dos últimas novelas: Crematorio y En la orilla, que se publicarán en la primavera próxima en la Argentina y que son dos obras maestras.
Crematorio, es una novela profética del estallido de la burbuja inmobiliaria y financiera y es de una calidad literaria excepcional. En La Orilla que la hemos publicado este año y que ha sido acogida como una obra maestra, es ya cuando ha explotado la burbuja y estamos en el charco de la crisis. Es un tema a contracorriente de esta literatura facilona de temas reconfortantes que se estila hoy, pues ha tenido gran acogida en la crítica y aunque no es un best-seller ha tenido un buen número de lectores.
–Hablando de best sellers, se rumorea que Random comprará Alfaguara; antes, Planeta compró Tusquets, ¿cómo ve el mercado editorial en español?
–Esto hace daño a la cultura, a la pluralidad, a las voces críticas, a la difusión de obras que no pertenezcan a mainstream, etc. Pero es, por lo visto, inevitable en esta fase de híper concentración del capitalismo. Pienso que esto solo puede tener efectos negativos.
–Cuando Anagrama pase a manos de Feltrinelli ¿no le da miedo de perder el control del catálogo?
–Esto será en mayo de 2016; yo ya habré estado 47 años on the road . Creo, con el margen de error pertinente, que es la mejor opción para Anagrama, una editorial como Feltrinelli con los que estoy muy vinculado, con la familia y el heredero, Carlo, que dedica su vida a esto e intentará mejorar la sociedad a través de la cultura, a través de sus librerías, sus medios, entonces, me siento más a gusto pasando a él que a una multinacional.
-Lo otro hubiera sido
-Renegar de la Historia.

“Bolaño no era tan maldito, ni yonqui, ni pobre”

Cuando se realizó esta entrevista, el lunes pasado, Herralde recién llegaba de Chile, del congreso sobre Roberto Bolaño, el más reciente escritor latinoamericano global y Herralde, el editor de casi toda su obra. Entonces:
–¿Qué dijo de Bolaño en Chile?
–Hablé de su trayectoria editorial, empezando por el 97, cuando salió La literatura nazi en América, y deja de ser un escritor casi clandestino. Vivía ganando lo que él llamaba “premios búfalos, para que subsista el piel roja” en España, con bastante dinero, pero casi sin difusión. Cuando ubica títulos en Seix Barral o Anagrama, ya es visible, con muy buenas críticas. El hito siguiente es en el 98, cuando Los detectives salvajes gana el premio Rómulo Gallegos. Empiezan las traducciones, que nosotros gestionamos, y hasta su muerte hicimos como 50 contratos. El tercer hito es su muerte, con todo el plus de su leyenda como escritor maldito, aunque desde Los detectives salvajes, dejó de ser maldito económicamente.
–Los premios habrán ayudado.
–Y las muchas traducciones. El otro hito es la publicación de 2666: ahí, los lectores más ocasionales se preguntan quién será este Bolaño, ahí hay un salto cualitativo. Y el último peldaño es el éxito en Estados Unidos de Los detectives salvajes y sobre todo de 2666. A través de estos hitos preparé un texto. De todo lo que se escribió sobre él elegí Bolaño Salvaje, escogí cinco textos de cinco amigos y armé una visión polifónica, son Vila-Matas, Fresán, Villoro, Alan Pauls e Ignacio Echevarría. Y al final leí el texto que leí en el tanatorio cuando murió Bolaño, 10 años después.
–¿Y qué le preguntaron?
–La importancia de México y Chile en su obra, si era drogadicto. Esta es una de las leyendas favorecidas en Estados Unidos por un cuento en primera persona sobre un heroinómano. Pero no era tan maldito: ni siquiera bebía. Tampoco era tan pobre.

Lalo reivindica la lucha independentista al recibir el Rómulo Gallegos

El escritor puertorriqueño Eduardo Lalo se acostumbra a la nueva dimensión que han adquirido sus palabras tras ganar el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2013, aunque espera que esta presión extra sea algo temporal

Eduardo Lalo reivindica la lucha independentista al recibir el Rómulo Gallegos./lainformacion.com

La entrega del premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos 2013 al puertorriqueño Eduardo Lalo se convirtió en una tribuna de la que se sirvió el escritor para recordar que vive en "el único país latinoamericano conquistado dos veces", un discurso independentista celebrado por el Gobierno de Venezuela.
Lalo recibió el galardón, dotado con un diploma y 100.000 dólares, por su obra "Simone" de manos del presidente venezolano, Nicolás Maduro, que también encabezó la ceremonia para bautizar la novela y respaldó el discurso independentista del escritor en un acto que tuvo lugar en el Teatro Teresa Carreño de Caracas.
A Lalo, poco conocido en el ámbito hispanoamericano, le llegó inesperadamente la fama cuando en junio pasado fue declarado ganador de la edición número XVIII del prestigioso premio venezolano por su novela "Simone", elegida de manera unánime por el jurado entre las 200 obras de 17 países en competencia.
El primer puertorriqueño que gana el Rómulo Gallegos dice que intenta que su vida no cambie demasiado ahora que esta en la misma lista que autores consagrados como Gabriel García Márquez.
"Hay mucha presión en lo que yo diga, yo me he propuesto no decir palabras vacías y eso no es lo mismo decirlo a un grupo de amigos o a un periódico regional que con todo esto que hay ahora", dijo.
Los efectos de su nuevo estatus como escritor premiado se sintieron la semana pasada cuando asistió como invitado a la Feria del Libro de Lima.
"Yo estuve en Lima hace unos días (...) y tengo entendido que la embajada de Estados Unidos puso el grito en el cielo, se retiró de la feria. Yo ni me di cuenta, no dije nada incendiario, pero muestra cómo ahora cada palabra adquiere otra nueva dimensión", expresa.
 "Agradezco profundamente que sea aquí en Venezuela donde quizá por primera vez en mi vida haya sacado del bolsillo mi verdadero pasaporte, aquel que en ninguna de sus palabras me niega o me condena (...) por fin, luego de leer mis datos opacos y turbios, ninguna autoridad me detiene", dijo Lalo en su discurso.
El escritor narró a lo largo de más de quince minutos cómo ha sido su vida al pertenecer a un territorio con habitantes "cuyos orígenes son preguntas, equivocaciones o condenas", un gentilicio "que difícilmente se asocia a la grandeza y a la victoria".
Recordó además que pertenece a una sociedad "que tiene el preso político que lleva más años en una cárcel en toda la historia de las américas", acusado de haber conspirado sediciosamente "contra un país al que no pertenece", Oscar López Rivera, líder independentista que lleva 32 años en prisión en Estados Unidos.
"Su libertad está al alcance de una sola mano, de un solo hombre, se consigue con una firma humanitaria", dijo Lalo.
Tras el discurso, el presidente venezolano tomó la palabra y celebró que el Rómulo Gallegos "de manera justa y digna" cayera en manos de "este extraordinario hombre de las letras".
El mandatario también dijo estar seguro de que "más temprano que tarde" se verá "reverdecer la fuerza de la dignidad, de la independencia" y se conocerá del nacimiento de una república en Puerto Rico, "libre e independiente, con su bandera, con su himno, con su identidad y con el horizonte abierto hacia el futuro".
Lalo, de 53 años, se ha declarado un defensor de la literatura "sin concesiones" y alejada de las reglas comerciales, y revela que aunque se ha dado cuenta de que "para bien o para mal" lo que dice "tiene otro impacto", confía en que será un fenómeno transitorio.
"La literatura tiene todo para decir y no tiene que ser un proyecto político, la literatura tiene que tratar de expresar la complejidad del dolor de la gente, sea de un pueblo o sea de un personaje", dijo en entrevista a Efe.
De hecho, "Simone", escrita a lo largo de varios años de manera interrumpida, está protagonizada por Li Chao, una obrera afectada por la revolución cultural china que emigra a Puerto Rico, donde encuentra en el placer de la lectura un escape a su trabajo semiesclavo en un restaurante chino y entabla una historia de amor.
El escritor que se define como "independentista", aspira a que esta nueva condición lo ayude a "mover asuntos" y a dar visibilidad a su país para "no vivir en la indiferencia", pese a que por momentos siente sobre él "un peso y una intensidad que hay que mantener".
Es justamente Puerto Rico y su capital, San Juan, una de sus grandes preocupaciones y uno de los principales objetos de atención en los nueve libros que lleva publicados, muchos de ellos ensayos en los que también despunta otra de sus pasiones: la fotografía.
Reclamó asimismo, que Puerto Rico "vive una crisis profundísima" producto en parte de una clase política que "no quiere los cambios, aunque hipócritamente diga que sí".

Michael Ende

Habitaciones y escritores


Michael Ende.(Garmisch-Partenkirchen, 1929 - Roma, 1995) Narrador alemán especializado en literatura infantil. Hijo del pintor surrealista Edgar, quizás heredara de su padre el gusto por la imaginería fantástica y por la extraña plasticidad de las imágenes. Empezó a escribir desde muy joven, inicialmente atraído por el teatro, pero pronto se hizo más intenso su gusto de puro "fabulieren", que encontró su adecuada forma expresiva en la literatura juvenil.
En 1958 escribió su primer libro, Jim Botón y Lucas el maquinista, que no sería publicado hasta 1960, seguido, en 1962, de Jim Botón y los trece salvajes. No obstante haber sido traducido y premiado en muchas ocasiones, el verdadero gran éxito le llegó con Momo (1972), novela-fábula que es bastante más que un libro para muchachos: narra la historia de una niña que se enfrenta a los ladrones del tiempo y reconquista el tiempo para los hombres.
La fama internacional del escritor se consolidó con La historia interminable (1979), en la que Ende dio vida a un complejo mundo fantástico, rico en referencias e implicaciones filosóficas y literarias. Es la historia del niño Bastian, que leyendo un libro fantástico llega a formar parte de él hasta convertirse en su protagonista, que consigue ser el héroe y salvador de un mundo destinado al desastre.
En sus páginas, la capacidad del autor para la creación fantástica, la coherencia estilística y conceptual, la intensidad de los símbolos y la riqueza de las imágenes, ofrecen lo mejor de Ende y hacen de él uno de los autores más leídos durante aquellos años. En 1984, Ende publicó El espejo en el espejo, relatos surrealistas inspirados en las obras de su padre, que revelan nuevas aspiraciones de carácter intelectual. Desde 1970 hasta su muerte, vivió en Genzano (Roma).
Semblanza biográfica: biografiasyvidas.com. Foto:sinjania.es.

2.8.13

BibloRed es modelo a seguir en República Dominicana

La Vicepresidente de República Dominicana y la delegación de ese país, realizaron un recorrido por los diferentes espacios de la Biblioteca Pública Virgilio Barco, también tuvieron la oportunidad de conocer el funcionamiento de algunas áreas y la influencia de las bibliotecas de BibloRed en las diferentes comunidades inmersas en las localidades de Bogotá

La Secretaría de Cultura Recreación y Deporte (SCRD) y su Red Capital de Bibliotecas Públicas -BibloRed, recibieron la visita de  la vicepresidente de República Dominicana, Margarita Cedeño, el embajador en Colombia Briuny Garabito,  y una delegación de funcionarios de ese país,  quienes vinieron a conocer el modelo de gestión de  BibloRed.
Durante la visita la directora general de BibloRed, Mary Giraldo,  expuso  el modelo y la experiencia exitosa de  BibloRed respecto a la administración, gestión,  bibliotecas, impacto urbanístico, colecciones, programas y servicios que se ofrecen en las bibliotecas de la red,  y reconocimientos que ha recibido este proyecto que a diario atiende a todo tipo de público.
La Vicepresidente de República Dominicana y la delegación de ese país, realizaron un recorrido por los diferentes espacios de la Biblioteca Pública Virgilio Barco, también tuvieron la oportunidad de  conocer el funcionamiento de  algunas áreas y  la influencia de las bibliotecas de BibloRed en las diferentes comunidades inmersas en las localidades de Bogotá.
/biblored.edu.co

La lengua de mil colores

A través de ocho mil entrevistas en capitales de América y España, un grupo de lingüistas indagó sobre la percepción que se tiene del castellano. Ana Beatriz Chiquito, investigadora, dice que hace falta "autoestima lingüística"

La lingüista Ana Beatriz Chiquito es investigadora en el MIT y la Universidad de Bergen (Noruega). / Gustavo Torrijos./elespectador.com

La oración ha sido repetida tantas veces que se ha convertido en mito: en Colombia, dicen, se habla el mejor español. Como muchas de las frases y características que sostienen el espíritu patriótico, ésta tampoco permite duda. La dijo el presidente Juan Manuel Santos hace poco para promocionar el programa Spanish in Colombia, que ayer fue lanzado de manera oficial: “Con base en nuestra bien ganada reputación de hablar el mejor español del mundo, uniremos la fuerza y la reputación del Instituto Caro y Cuervo con las universidades y la empresa privada para convertir a Colombia en el mayor destino en América Latina donde aprender español como segunda lengua”.
El objetivo del programa es que los extranjeros acudan a las universidades e institutos colombianos para aprender español. El Ministerio de Cultura apunta que 20 de las 43 escuelas de español en Latinoamérica se encuentran aquí. También varias universidades reconocidas, que no son nombradas en las comunicaciones de prensa, tienen acreditación internacional para estos cursos.
Fue por ello que Ana Beatriz Chiquito, investigadora de la Universidad de Bergen (Noruega) y profesora invitada del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), vino al país: para hablar sobre la preocupación del país por la lengua. Chiquito fue durante tres años parte de una indagación en la que, con el patrocinio del Consejo Noruego de Investigaciones y a través de 8.000 entrevistas en las capitales de América y España, se buscaba comprender las percepciones que tienen los hispanohablantes del idioma. ¿Quién habla mejor? ¿Por qué? ¿Qué cree usted que es hablar bien? De modo que vino también para discutir si, en verdad, en Colombia se habla el mejor español.
“Tenemos algunas creencias sobre cómo hablan nuestros vecinos —dice Chiquito—, pero son creencias, nada más (...). Conocemos qué es el lenguaje culto. Cómo pronuncian las palabras las personas cultas y la manera en que las demás personas lo aprecian. Por otro parte tenemos las creencias, que no están basadas en datos, sino en las ideas que tenemos del otro”.
Esas creencias, por ejemplo, han dejado bien parada a Colombia. Aunque los resultados están en proceso de análisis (el trabajo, titulado Actitudes lingüísticas de los hispanohablantes hacia el idioma español y sus variantes, saldrá en las próximas semanas), Chiquito cuenta que buena parte de los hispanohablantes creen que en el país el castellano es cuidado, bien hablado.
¿De dónde viene esa fama? De acuerdo con la investigadora, los entrevistados esgrimían razones de este tipo: “Me gusta como hablan en Colombia”, “en Colombia hay mucha cultura”, “ellos pronuncian todas las eses”, “pronuncian bien”, “porque usan el ‘usted’”. Sin embargo, la pregunta sigue en pie: ¿qué ha producido ese imaginario en el resto de países de América Latina?
Más allá de que, como dijo Santos, en Colombia se hable el “mejor” español, es evidente que han existido en el país numerosas instituciones preocupadas por el manejo de la lengua. Colombia fue el primer país, por ejemplo, en fundar una Academia de la Lengua. También es la casa del Instituto Caro y Cuervo y tiene lingüistas históricos de renombre, entre ellos Rufino José Cuervo, Ezequiel Uricoechea y Miguel Antonio Caro. En 2007, además, con la presencia de los reyes de España, fue aprobada en Medellín la versión definitiva de la más reciente gramática del idioma. Y afuera también es conocida la relación entre la lengua y el poder: en cierta época, era imposible ser político sin ser primero poeta.
En 2005 el director de la Real Academia Española de la Lengua, Víctor García de la Concha, dijo en Caracol Radio: “Colombia sí habla un muy buen español. Pero, de ahí a que sea el mejor, bueno... Esa frase es cierta, pero hay que matizarla porque yo no creo que haya versiones de mejor español. Lo que sí quiere decir es que Colombia tiene una tradición histórica de preocupación por la lengua, desde su propia independencia”. Sí, es difícil tratar el idioma en términos de “mejor” o “peor”, sobre todo si se tienen en cuenta la multitud de dialectos. Son, además, categorías inútiles: con base en lo dicho por De la Concha y Chiquito, es fácil concluir que la lengua es un instrumento de poder, de identificación y expresión. Reducirlo a esas dos categorías resultaría fútil.
“Lo más sorprendente —cuenta Chiquito— es que esperaba que hubiera más alta autoestima lingüística. Falta hacer énfasis a todo nivel sobre el aprecio a la manera de hablar de los demás y a la manera de ser de los demás. Porque la autoestima lingüística es reflejo de otras cosas: está relacionada con variables sociales, con recursos, con las estructuras de poder, con la globalización”.
La anotación de Chiquito se refiere a lo mismo que en los años 70 estudiaban Noam Chomsky y Michel Foucault: cómo las palabras determinan la posición social de una persona, su forma de relacionarse y, por último, determina su poder. La pregunta no es menor, entonces: ¿parte de la percepción del Tercer Mundo que existe sobre América Latina tiene que ver con su propia apreciación del lenguaje?
En tono pausado, con un español invadido por cierto tono extranjero, Chiquito dice: “A pesar de que la gente exprese una autoestima, al preguntársele si quisiera cambiar el acento, dice que no. Y las explicaciones son: porque es mío, es el que me identifica, es el que yo hablo. De tal manera que vamos por buen camino, pero se necesita mucho esfuerzo a nivel nacional. Tenemos que empezar por nosotros mismos. Por querer más nuestra lengua”.

¡Tiembla, Stephen King!

El festival Celsius 232 reúne en Avilés a autores de literatura fantástica en español. El género acumula éxitos en el extranjero y vive su mejor momento de la historia

Ilustración realizada  por Borja Fresco, alias Nekro, que trabaja para editoriales estadounidenses en proyectos como La torre oscura, de Stephen King./elpais.com

En Avilés hay dos bebés que sueñan con ser gigantes. Uno es un festival de literatura fantástica de nombre Celsius 232; se celebra este fin de semana en la localidad y cumple su segundo año tras el éxito de su primera edición, que congregó a unos 40.000 asistentes y fue bendecida por la presencia de George R. R. Martin, todopoderoso creador de Juego de tronos.El otro es el género fantástico en español, que vuelve a reunir en tierras asturianas a buena parte de sus autores en un momento histórico para esta literatura.
Manel Loureiro, Félix J. Palma y José Carlos Somoza son tres de los principales responsables del inusitado auge del movimiento. Son una especie de nuevos conquistadores. Se han hecho con las Américas, dándole la vuelta a la tortilla a base de triunfar en territorio estadounidense, hogar de los mandamases del fantástico mundial. Somoza es, desde 2008, el primer (y de momento único) español candidato al John W. Campbell Memorial, uno de los premios más prestigiosos de la ciencia ficción que han ganado autores como Arthur C. Clarke o Philip K. Dick. Además, ha publicado ya tres novelas en ese inexpugnable mercado.
Palma entró en 2011 en la lista de los 50 libros más vendidos de The New York Times y ha rendido a críticos de medios como The Washington Post. Y Loureiro se ha permitido superar en ventas al mismísimo Stephen King y auparse al puesto de escritor número uno en Amazon en Estados Unidos el pasado otoño. “Creo que han llegado para quedarse, con todo lo bueno y lo malo que el éxito conlleva”, afirma Jesús Palacios, experto en el género que ha sido jurado este año del Premio Celsius a la mejor novela fantástica. “Se rigen por un patrón, más industrial que artístico, muy similar al que regula el cine comercial”, apostilla el crítico.
En todo caso, no solo importan los números. Es indudable que hay un vivero de talento más allá de las ventas. Emilio Bueso, ganador de los dos últimos premios Celsius, opina que “esta generación se diferencia de las anteriores en que cuida mucho más su voz literaria”. Basta un vistazo a la temática y estilo de los autores españoles para entender que los dos puntos de vista, el de Palacios y el de Bueso, son compatibles. El punto en común de la literatura fantástica contemporánea en España es el eclecticismo. Todas las historias caben.
La carrera de Emilio Bueso, compuesta hasta el momento por tres novelas y una cuarta en ciernes, define bien el boom diverso del fantástico en España. Ha escrito una historia de fantasmas con trasfondo de la Guerra Civil, una de vampiros protagonizada por un pintor yonqui y otra sobre el fin del mundo capitalista en la sierra de Castellón. En su nueva novela, titulada Esta noche arderá el cielo, narra una trama de amor y horror con toques de western protagonizada por un motorista y rockero de Quebec. Sus compañeros tampoco se quedan cortos. Félix J. Palma juega a la metaliteratura con H. G. Wells y Julio Verne en su trilogía victoriana. Carlos Sisí, sin salirse del terror, lo salpimienta de zombis, con el océano como amenaza, en una nave espacial o en el contexto más minimalista posible: un apartamento, un informático estresado y un perro que no deja de ladrar. Y escritoras como Laura Gallego, que ya lleva vendidos 30.000 ejemplares en 2013 de El libro de los portales, su última novela, según datos de su editorial, han hecho de la literatura juvenil su bastión.
A todos esos públicos se dirige Javier Ruescas, que dará una charla hoy en la carpa frente al Auditorio de la Casa Municipal, en pleno casco histórico de Avilés. “Lo que ha cambiado para el género juvenil con la crisis es que ahora solo dos o tres autores venden mucho y el resto casi nada. Pero sigue habiendo oportunidades”, apunta este autor madrileño que a sus 25 años ha publicado seis novelas. En el otro extremo del arco generacional se encuentra José Carlos Somoza, que repasó ayer su carrera ante una legión de los entregados fans que han tomado esta apacible localidad de pasado industrial. Este autor español de 53 años nacido en La Habana ve la efervescencia actual “con cierto pesimismo”. Cree que aunque se vende más que nunca, la posibilidad de entrar en una editorial generalista para un autor español es limitada.
Somoza y Ruescas pertenecen a la que podría llamarse, si se permite el símil futbolístico, primera división del fantástico español literario. Los autores de este género juegan en dos ligas muy diferentes. Están los (muy contados) casos que consiguen situarse en la lista de los más vendidos y está el escritor medio que ve el dedicarse a las letras en exclusiva como una quimera. Según los editores de Salto de Página y Minotauro, dos de los sellos que se dedican a este género apostando por novelistas españoles, la media de las ventas de los autores que aún no han conquistado la primera línea oscila entre 900 y 3.000 ejemplares. Y eso no da para vivir de esto.

Portada de Frankenstein M.C. (Tyrannosaurus Books, 2013), otra ilustración de Expósito, el artista que expone en el Celsius 232 de Avilés.

En medio de este panorama, en junio arrancó el sello Fantascy, que dentro del mastodonte Random House promociona a novelistas extranjeros consagrados y a viejos y nuevos valores del fantástico nacional. Y lo hace con una tirada base de vértigo: 6.000 ejemplares. Su responsable, Emilia López, es consciente del riesgo y aún no tiene cifras de venta que apunten a un triunfo o a un descalabro. “Es el momento de apostar fuerte”, dice.
En el sector digital parece que tanto autores como editores son aún algo reticentes a jugársela. Los responsables de Fantascy, Salto de Página y Minotauro coinciden en que es el futuro, pero este último apunta a que si bien el lector de fantástico es muy abierto a la nueva forma de leer también lo es a la vieja usanza de piratear. “Creo que es una cuestión cultural”, afirma el editor de Minotauro, José López. “En nuestra línea digital, Scylla, hemos llegado a poner libros a 99 céntimos. Y la gente los pirateó igual”. Pablo Mazo, editor de Salto de Página, confiesa que tardó en entrar en Amazon porque la política de reparto de porcentajes de beneficio con el portal electrónico fue “muy dura”.
Estas amenazas pueden condicionar la explosión definitiva de este género y sus autores nacionales. Pero, en medio de la terrible crisis, España vive un momento mágico para el fantástico en todas las facetas artísticas. Un director de cine, F. J. Gutiérrez, dirigirá la nueva versión de El cuervo para Hollywood. Un dibujante, David Aja, ha ganado dos Eisner, el galardón más importante del cómic, este año por su trabajo para Marvel. Borja Fresco, alias Nekro, trabaja como ilustrador para editoriales estadounidenses en proyectos, como La torre oscura de Stephen King, mientras que Daniel Expósito, el artista que ha diseñado el cartel del festival de Avilés, firma la exposición del certamen. Y hay dos compañías españolas de videojuegos de éxito internacional, una en el sector indie (Tequila Works) y otra en el más mainstream (Mercury Steam). Las estrellas parecen alineadas. Pero algo retarda el gran estallido. “Nos falta un Stephen King, un Clive Barker, un Neil Gaiman”, afirma Emilio Bueso. “Alguien que sea un referente absoluto”.
Tal vez sea ese el tercer bebé que sueña con ser gigante en Avilés.

Un fin de semana de miedo en Avilés

  • Uno de los principales atractivos de esta edición de Celsius 232 es la presencia de David Simon, creador de series de televisión como The wire o Tremé. Ofrecerá una conferencia sobre la nueva era de la ficción televisiva y sus modos revolucionarios.
  • El de Avilés se trata, sin duda, de un festival con sentido del humor. Entre las actividades más divertidas del programa están la celebración combate con armadura orquestado por la Escuela Asturiana de Esgrima Antigua y una fabada al aire libre en la cita con la II Comida Pantagruélica del Celsius 232.