26.10.10

La Alemania nazi quiso quitar la nacionalidad a Thomas Mann

Ernst von Weizsäcker, padre del ex presidente alemán Richar von Weizsäcker (1981-1984), hizo la recomendación en 1936

Thomas Mann, en 1937.foto:wikipedia.fuente:lavanguardia.es

El padre del ex presidente alemán Richar von Weizsäcker (1981-1984), el diplomático Ernst von Weizsäcker, recomendó en 1936 retirar la nacionalidad al escritor Thomas Mann, según un informe de la implicación del Ministerio de Exteriores en el Holocausto que revela el diario Frankfurter Allgemeine.

Según el informe de una comisión de investigación creada en 2005 cuando el ecologista Joschka Fisher era ministro de Exteriores, Ernst von Weizsäcker, que fue secretario de Estado a partir de 1938, recomendó dos años antes desterrar a Mann a causa de su propaganda contra el régimen nazi. Mann, autor de La Montaña Mágica, Muerte en Venecia y Los Buddenbrook, partió al exilio en Suiza en 1933 para posteriormente viajar a Estados Unidos, donde combatió al nazismo con sus alocuciones desde la radio. El informe, que publicará también el lunes el semanario Der Spiegel, recoge que "el Ministerio de Exteriores alemán fue una organización criminal" en los años del nazismo (1933-1945) en la persecución de los judíos, según el presidente de la comisión, el historiador Eckart Conze.

Contra lo que asegura el informe, el ex presidente Weizsäcker afirma en el Frankfurter Allgemeine Zeitung que su padre "nunca fue una figura relevante del nazismo y su papel en el Ministerio de Exteriores fue ejemplar para mantener la tranquilidad en esos tiempos de cambios en Europa". Ernst von Wezsäcker fue sometido a juicio por crímenes contra la Humanidad en los procesos a prebostes nazis entre 1948 y 1949 y condenado a cinco años de cárcel. "El Ministerio de Exteriores funcionó como una institución del régimen nacionalsocialista desde el primer día y participó en la política de violencia instaurada por el Tercer Reich", señala Conze.

El estudio revela que después de 1945 "continuaron en el Ministerio personas que tuvieron una seria implicación en el régimen nazi", añade Conze. El propio ex ministro Fischer se muestra "sorprendido" en el periódico del papel de "protector de criminales" que tuvo el Ministerio después de 1945. También su sucesor en el cargo, el socialdemócrata Frank-Walter Steinmeier, afirma no poder "creer" la implicación de los diplomáticos en la eliminación sistemática de judíos y su posterior protección de los criminales.

Se publica por primera vez en castellano el diario completo de Dostoievski

Un monumental libro de más de 1.600 páginas que incluye más de un tercio de material inédito

Fiodor Dostoievski, además de ser uno de los grandes nombres de la literatura universal y un analista del alma humana, fue un agudo periodista, creador de opinión y ensayista.foto:internet.fuentes:EFE,elespectador.com,lavanguardia.es

Dostoievski, además de ser uno de los grandes nombres de la literatura universal y un analista del alma humana, fue un agudo periodista, creador de opinión y ensayista, como refleja su Diario de un escritor, que ahora por primera vez se publica completo en castellano y en un solo tomo.

Un monumental libro de más de 1.600 páginas publicado por Páginas de Espuma -con edición de Paul Viejo, experto en literatura rusa y que ha trabajado con tres traductores- que incluye más de un tercio de material inédito.

El libro saldrá a las calle el 8 de noviembre en España y México simultáneamente.

Esta ambiciosa publicación, en la que los editores han invertido más de tres años de trabajo y que se basa en la edición rusa de 2005 de Diario de un escritor, publicada en tres tomos, reúne además en una sola pieza la obra periodística: artículos, crónicas, críticas y demás escritos que el autor de Crimen y Castigo firmó antes de que en 1847 se publicara este famoso diario, y los posteriores a esa fecha, junto con una amplia selección de sus cuadernos de notas.

Un legado intelectual que pone en presente la honda y crítica mirada de un Dostoievski siempre preocupado por la moral del escritor y la defensa de la libertad, y que escribía y publicaba sus reflexiones a modo de trabajo periodístico.

Primero lo hizo en 1876, cuando ya era un escritor ampliamente conocido y fue nombrado director de la revista El Ciudadano, donde comentaba y denunciaba la injusticias y los acontecimientos de la Rusia del XIX.

Un año después, y por desavenencias con el dueño de la revista, interrumpió sus escritos y en 1876 fue él mismo quien financió un cuadernillo especial que editaba cada mes y en el que plasmaba sus pensamientos y opiniones sobre política europea, comentaba aspectos cotidianos o desarrollaba la critica literaria, como la que escribió dedicada a Anna Karenina. Así lo pone de manifiesto Paul Viejo en el extenso prólogo de este volumen.

Un libro como muchas aristas, como recuerda el director de Páginas de Espuma, Juan Casamayor, que advierte de que este monumental volumen es fundamental para la comprensión de la historia más reciente de Rusia.

Así, este gran escritor que buceó en las profundidades del corazón, en opinión de Casamayor, entroncaría con los creadores de los actuales blogs y la nuevas tecnologías, ya que el ruso ponía su pensamiento al alcance del lector de forma inmediata.

Un Dostoievski muy periodista, muy directo, crítico, exigente con él mismo y con los demás, con sus filias y sus fobias, y que llegará a las librerías de las dos orillas en virtud de una curiosa campaña de marketing denominada red viral, que consiste en que el autor ruso se introducirá en las llamadas redes sociales de internet y se creará un blog con un booktrailer (pieza audiovisual sobre el libro).

Además, el rostro del autor de Los hermanos Karamazov aparecerá en muchas fachadas de las librerías de toda España con la frase: Dostoievski o nada, como si se tratara de una pintada.

25.10.10

Los perdedores toman la palabra

En Historias de aquí y allá, el escritor chileno Luis Sepúlveda reflexiona sobre la derrota, el perdón y el olvido, y da las claves para entender su obra

El escritor chileno Luis Sepúlveda.foto.DANIEL MORDZINSKI.fuente:elpais.com

Luis Sepúlveda cree que la literatura es de perdedores. O, al menos, que la gran literatura trata sobre grandes perdedores. Por eso, los personajes de este escritor chileno, nacido en Ovalle en 1949, son derrotados que no aceptan sus fracasos. Y por eso, su último libro, Historias de aquí y de allá, está plagado de vencidos.

"La historia se ocupa de los vencedores", dice. Él prefiere escribir acerca de quienes se atrevieron a hacer algo -a formular una idea de cambio social o político- y perdieron. Lo ve como un territorio más interesante. "Toda mi literatura está llena de perdedores", asegura y cree difícil encontrar algo más que destreza en una victoria.

En su obra más reciente, presentada en la Casa de América esta semana, hay derrotados de todo tipo. Están los héroes envejecidos que lucharon contra las dictaduras latinoamericanas. Están los exiliados que, finalmente, regresaron a su país. Y están, entre otros, los que, como el conde de Montecristo, no olvidan ni perdonan.

Sepúlveda es uno de ellos. No perdona a los opresores que lo obligaron a vivir en el exilio después de la caída de Salvador Allende, pues el perdón no puede existir como una razón de Estado, ni como una orden oficial. "En todos los países que han sufrido dictaduras se ha pretendido que los que sufrieron perdonen, mientras quienes cometieron los delitos ni se han arrepentido", explica el escritor.

Asimismo, opina que en países como Chile se ha impuesto un lenguaje de eufemismos: la dictadura pasó a ser régimen autoritario, los asesinatos se han convertido en excesos. "De esta forma, se va desvirtuando la verdadera naturaleza de la monstruosidad que se cometió".

Estas reflexiones pueblan los 25 relatos que integran su nuevo libro, en el cual hay también claves para entender la totalidad de su obra. Cada uno de los textos son pequeñas memorias o reflexiones del autor en torno a una situación. Algunas fueron concebidas con fines periodísticos, otras fueron hechas como homenajes y otras como simples recuerdos para explicar el porqué de algo ya contado.

Los escritores Víctor Andresco y Alfonso Mateo, que dialogaron con Sepúlveda en la presentación, coincidieron en que la obra contiene códigos para entender el nacimiento de novelas ya publicadas como Un viejo que leía historias de amor y otras anunciadas como Últimas noticias del sur.

El propio escritor chileno considera esta publicación como una suerte de "cocina" en donde expone los ingredientes de otras de sus piezas. "Es un poco compartir esa parte muy íntima del escritor, de su relación con la vida y la literatura", explica, pero añade que no califica los textos como autobiográficos porque ha preferido dotar a sus personajes de algunas partes de su vida.

Amigos ya desaparecidos de Sepúlveda -como el poeta uruguayo Mario Benedetti y el ecuatoriano Jorge Enrique Adoum- también aparecen como personajes en Historias de aquí y de allá. Vivencias con cada uno de ellos, al igual que con otras figuras como el fotógrafo Daniel Mordzinski, son parte del anecdotario constituido en el libro.

Novela negra a la gallega

El vigués Domingo Villar es el único representante español en el mayor festival de literatura policíaca de Europa

foto:archivo.fuente:elpais.com
Recién llegado de Italia, donde acudió a otro festival de novela negra, prepara ya sus maletas para viajar a Alemania. Allí Domingo Villar (Vigo, 1971) participará en el Mord am Hellweg, el festival de literatura policíaca más importante a nivel europeo. Este gallego afincado en Madrid es el único representante español en un evento en el que se celebrarán más de 200 actividades y al que acudirán unos 600 escritores de todo el mundo.

Villar participará junto con otros autores en la velada literaria del 29 de octubre, un evento destacado por la organización y en el que leerá un cuento creado especialmente para la ocasión. "Cuando estoy de promoción éste es mi ritmo de vida, pero a mí lo que me gusta es el proceso, escribir; lo de los festivales es un mal necesario", dice el autor, irónico.

Tanto viaje tiene que ver con la promoción de su novela A praia dos afogados (2009), segunda entrega de una serie policíaca que arrancó en 2006 con la publicación de Ollos de auga. Ambas obras han sido un éxito de ventas: Ollos de auga alcanza ya la decimosexta edición en castellano y la novena en gallego, mientras que A praia dos afogados ha sido editada cuatro veces en gallego y 12 en castellano.

El vigués asume el reconocimiento que está recibiendo su obra con tranquilidad: "Yo ya llegué mayorcito a esto de la literatura, así que tengo los pies en el suelo", asegura. Tampoco le molesta que lo comparen con Henning Mankell o Stieg Larsson, aunque no los considera sus principales influencias; prefiere señalar como referente a Andrea Camilleri. Y acepta que tanto éxito de ventas puede estar relacionado con el auge de la literatura policíaca, un género que, según él, ha conseguido en los últimos años pasar de la marginación al reconocimiento.

A Domingo Villar no le gustan las prisas. Se autodefine como un "maestro del incumplimiento de fechas". Por eso el proceso de creación de sus novelas es lento. Lo explica gráficamente: "Parto de una idea más o menos clara de la trama de la historia, del tronco; todo lo demás, las ramas y las hojas, van creciendo a medida que escribo". Otra de las peculiaridades de su sistema creativo es que no tiene traductor. Escribe simultáneamente en gallego y castellano, utilizando el paso de un idioma a otro para corregir los textos que va creando. Domina perfectamente las dos lenguas, a pesar de que lleva viviendo en Madrid más de 20 años. Para él no existe el conflicto lingüístico, todo lo contrario. "Tenemos suerte los que podemos desenvolvernos en dos lenguas, y yo me aprovecho de eso; igual que un pintor que domina la acuarela y el óleo y trabaja con las dos técnicas", defiende el escritor vigués.

Sus novelas son puramente gallegas, desde los protagonistas hasta el escenario, pasando por la gastronomía y las profesiones tradicionales. Leo Caldas, el inspector que protagoniza la serie, representa el prototipo de hombre del norte, sobre todo en las dificultades para dar una respuesta exacta a cada pregunta.

Caldas guarda muchas semejanzas con su creador: ambos trabajan en la radio -Villar participa en Asuntos propios, de RNE-, disfrutan de la buena comida y "los dos tenemos un padre adegueiro", añade el escritor. A pesar de los años que llevan juntos, todavía no se han cansado el uno del otro. Todo lo contrario. Para Villar, crear una serie con personajes recurrentes le ayuda. "Todos viajamos en grupo, y eso me da menos miedo que viajar solo", explica.

Quizás por eso ha pensado de nuevo en Leo Caldas para protagonizar su tercera novela, en la que ya está trabajando. Igual que las anteriores, también estará ambientada en Galicia, en esta ocasión en la ciudad de Vigo. Villar concede algunos adelantos: la trama se sitúa en la Escola de Artes e Oficios, donde sucede un asesinato que los protagonistas de la serie tendrán que resolver.

La situación del relato en el emblemático edificio de esta ciudad gallega tiene que ver con la polémica desatada después de que intentaran cerrarlo. "La Escola [de Artes e Oficios de Vigo] es una joya que no podemos perder, un universo tan vivo que en este caso esconde un asesinato en su interior", explica Domingo Villar. Y no cuenta nada más, por eso de darle intriga a la historia. Si todo sale bien, la novela estará lista para el próximo año. Siempre con las reservas de un hombre que sabe tomarse las cosas con calma.

Koch: "La frontera entre el bien y el mal es muy difusa en la adolescencia"

Este escritor holandés es el fenómeno editorial de la temporada europea con una historia de adolescentes que aborda temas como la educación y el engaño

El escritor holandés Herman Koch. foto: Mark Kohn.fuente:elcultural.es

Desde luego, empezar con una cita de Quentin Tarantino es toda una declaración de intenciones, y es que Herman Koch (Arnhem, Holanda,1953) es fan acérrimo del cineasta estadounidense, concretamente a raíz de ver la rompedora Reservoir dogs. Pero lo suyo nunca ha sido el séptimo arte, aunque se confiese cinéfilo, sino la escritura. "A los ocho años ya disfrutaba enormemente con las redacciones del colegio, y llegó un día en que decidí que ésa iba a ser mi profesión", explica Koch en un castellano riquísimo gracias a su matrimonio con una española con la que ahora vive en Holanda después de haberlo hecho en Barcelona.

Y así empezaron, hace ya más de veinte años, sus incursiones en el mundo de la narrativa. La cena (Salamandra), su séptima novela, se ha convertido en el fenómeno editorial de la temporada en los Países Bajos y todo apunta a que seguirá ese mismo camino en Europa. En ella aparecen plasmados temas tan profundos y cuestionables como las relaciones entre padres e hijos, la peligrosa carretera de curvas en que puede convertirse la adolescencia, la capacidad de engañar y las trampas en las que uno puede caer con tal de guardar las apariencias. Padre de un chico de dieciséis años, se confiesa cercano al mundo de los adolescentes y sorprendido por esa ambivalencia que les hace mostrarse y actuar cómo adultos y a la vez reaccionar cómo niños. "Vivía en Barcelona cuando allí ocurrió el grave suceso en el que me inspiré para escribir esta novela, dos chicos de buena familia prendieron fuego a una indigente que dormía en un cajero. A partir de ahí no quise saber nada más sobre el caso para no contaminarme. Y así empecé a fabular mi historia".

Nada es lo que parece
A Koch le fascina la inmensa capacidad del ser humano para sorprender a sus más allegados y La cena explora en nuestra vertiente más oscura. "Cuántas veces hemos oído en las noticias que el asesino en serie era el educadísimo vecino del quinto al que se le han encontrado quince cadáveres descuartizados en el congelador", dice riendo. "Nuestros propios hijos nos ocultan parcelas de su vida, por muy buena que sea la relación con nosotros. Son personas diferentes cuando están con sus amigos. Yo también lo hice. Era muy buen chico y me llevaba bien con mis padres, pero cometí varias gamberradas que ellos nunca han conocido. Hay una frontera muy difusa entre el bien y el mal y, a ciertas edades, esa línea adelgaza peligrosamente. Los varones jóvenes tienen una necesidad imperiosa de adrenalina y pueden buscarla en el alcohol, en la velocidad o en cierto tipo de actos violentos."

Ni siquiera el narrador de la novela es quien parece ser cuando empieza a contarnos la historia. "En las primeras páginas se muestra cómo alguien cordial y equilibrado, pero pronto empieza a mostrar su lado oculto. ¿Hasta qué punto podemos dejarnos influir por un personaje trastornado? También me interesaba explorar ese terreno y mostrar cuán manipulables podemos llegar a ser".

Hábitos saludables
No le gusta hablar de disciplina ni de método, sino que prefiere calificar de sana costumbre la que le ha llevado a sentarse cada mañana, durante tres horas, frente al ordenador. "Cuando empieza el día estoy increíblemente lúcido y la escritura casi me sale sola. Y, después de tres horas, me canso y escribo con menos fluidez. Suelo corregir muy poco, el noventa por ciento de lo que escribo lo doy por bueno".

La crítica holandesa fue favorable desde el primer momento con La cena, lo que le llevó a hacerse con el Premio del Público y a convertirse en un best seller. Y eso demuestra, según sus propias palabras, "que calidad literaria y éxito comercial no están reñidos. Sé que he escrito un buen libro. Hay una historia interesante llena de reflexiones y que invita al lector a seguir cuestionándose cosas. Pero además está bien escrito y su lectura no es aburrida. Tomé conciencia de esto en una fiesta de cumpleaños a la que asistí el año pasado y en la que siete personas habían regalado mi libro. Fue emocionante". Y justamente eso, el no aburrir al lector e invitarlo constantemente a seguir leyendo, a pasar las páginas con facilidad deseando llegar al final, es el objetivo narrativo de Koch. "A veces leo textos en los que el autor parece más preocupado por llenar las frases de adjetivos que por contar una historia. Y leer algo así es agotador. Admiro la narrativa de Tobias Wolff y de Gustave Flaubert. Sencilla y muy clara. Y yo quiero atrapar al lector tanto por la trama como por el estilo".

Robert Ballyear

La obra de Bolaño -repleta de los más variados ecos- se destaca contra el horizonte de la literatura latinoamericana, de la realidad y del imaginario latinoamericanos, y es contra ese horizonte como se revela su estatura de escritor

Roberto Bolaño. Su irradiar literario crece con el tiempo.foto.archivo.fuente:elcultural.es

La historia literaria (pero no sólo ella) está llena de malentendidos que se perpetúan debido no tanto a la fatiga o la pereza como a la incredulidad de quienes se hallan en condiciones de desmentirlos. Parece mentira pero así es. Así viene ocurriendo de un tiempo a esta parte con la figura de Roberto Bolaño y con las leyendas que sobre ella ha tejido buena parte de la prensa norteamericana. Cabe pensar que no vale la pena salir al paso de tantas majaderías. Pero cualquiera sabe cuántas, entre éstas, terminarán por consolidarse.

La extraordinaria resonancia alcanzada en Estados Unidos por 2666 no sólo está fomentando una imagen distorsionada de la personalidad de Bolaño, sino que empieza a distorsionar, a su vez, los efectos que su obra estaba destinada a tener sobre las nuevas generaciones de narradores hispánicos. Más allá de las inexactitudes y de las falsedades de las que unos y otros echan mano a la hora de contar la forma en que la obra de Bolaño se abrió paso en Estados Unidos (con lamentable olvido de sus primeros y auténticos promotores en aquel país), resulta deprimente la tranquilidad con que se acepta que el éxito de Bolaño en Estados Unidos ha decidido su fortuna en todo el mundo. Quizá sea así en lo relativo a los países del ámbito anglosajón y de otras lenguas; es menos cierto en lo que respecta a países como, por ejemplo, Francia, donde el crédito de Bolaño ya se hallaba muy afianzado; pero es desde luego erróneo en los países de habla hispana, en los que Bolaño ya obtuvo en vida un notable predicamento, y desde los cuales su obra estaba llamada a irradiar de todas formas.

Como he dicho en otras ocasiones, los jóvenes escritores latinoamericanos -precedidos por la excelente recepción que desde muy pronto le brindó la crítica a uno y otro lado del Atlántico- no tardaron en reconocer en Bolaño un nuevo paradigma de escritor que se adecuaba idóneamente a sus inquietudes y a sus ambiciones, y que desplazaba de una vez por todas el agotado paradigma generado a partir del boom. En los últimos años de su vida, Blanes se convirtió en un centro de peregrinación para muchos autores en ciernes cuyos nombres suenan hoy en oídos de todos. Bien es verdad que no ocurrió lo mismo con los jóvenes escritores españoles, que en general tardaron más en reconocer a Bolaño. En cualquier caso, el ascendente de Bolaño ya era muy poderoso cuando murió, y desde luego antes de que en Estados Unidos lo consagraran. Por supuesto que no cabe negar el efecto enormemente amplificador que esa consagración ha tenido incluso en los países de habla hispana. Pero de ahí a pretender que Bolaño es lo que es, también en estos países, gracias al éxito obtenido en Estados Unidos, hay un paso que no sólo revela el papanatismo a que tan propensos son muchos de nuestros agentes culturales, sino que atenta, como se sugería antes, a la forma en que Bolaño es leído por las nuevas promociones.

Éstas corren el riesgo de pensar que el paradigma de escritor que encarna Bolaño está formateado conforme a gustos y modelos norteamericanos, y de terminar concluyendo que la fórmula Bolaño -y de su éxito- consiste en su talento para adaptar con acierto esos gustos y esos modelos. Cuando está muy lejos de ser así, por importante que haya sido -y lo fue, sin duda- la deuda de Bolaño con algunos de los grandes escritores norteamericanos, desde Mark Twain y Philip K. Dick a Kurt Vonnegut y James Ellroy. Más allá de esa deuda, la obra de Bolaño -repleta de los más variados ecos- se destaca contra el horizonte de la literatura latinoamericana, de la realidad y del imaginario latinoamericanos, y es contra ese horizonte como se revela su estatura de escritor que proyecta su sombra más allá del ámbito hispánico.

No es pecar de suspicacia advertir de la estupidez y la tergiversación que supone, al menos en este ámbito, emplear el éxito de Bolaño en Estados Unidos como un reclamo para su lectura. Quienes emplean ese reclamo, parecen ignorar ya -tan pronto- cómo sucedieron las cosas, y la relevancia que la obra de Bolaño tenía garantizada bastante antes de que los editores de Farrar, Stauss & Girroux empezaran a leerla y el traficante de escritores Andrew Wyllie supiera nada de Robert Ballyear, nombre con el que Bolaño firmaba algunos de sus correos, con evidente pitorreo.

La revolución, la poesía y la muerte

Renovación y tradición se funden en la breve e intensa obra del poeta de Orihuela. Aquí, un viaje desde su pueblo al centro de su poesía existencial

Cementerio de Orihuela, en 1936. Miguel Hernández, donde yace su amigo de la infancia Ramón Sijé.foto.fuente:Revista Ñ

Orihuela no es una aldea. Es una ciudad en la que la casa de su ilustre hijo Miguel Hernández se conserva tal vez tal cual era, no lejos del centro. Una autopista une el pueblo con Alicante, en la costa azul del Mediterráneo. Y en un auto que recorría esa autopista, tres visitantes ilustrados discutían un tema acaso algo trivial, hace de esto un año. Roberto Alifano sostenía que Miguel Hernández mal puede ser recordado como aquél "pastor de Orihuela", ya que era el hijo de un propietario medianamente acomodado. Antonio Requeni, que esa misma noche daría una conferencia brillante sobre Hernández en el casino de Orihuela, se negaba a admitirlo. Quien escribe estas líneas, intentando ser salomónico, terciaba con que "pastor", en el sentido literal de la palabra, lo fue, puesto que llevaba a pastar el ganado de su padre. Y que ni los pantalones de pana ni las alpargatas eran un look escogido, sino el atuendo real de Hernández, el único del que disponía cuando se reunía con García Lorca y González Tuñón en la Cervecería de Correos, puesto que no tenía empleo, y el padre no estaba dispuesto a financiarle su aventura en Madrid.

Hijo ilustre de Orihuela. Pero hijo comunista y republicano. El mismo casino donde Hernández leyó sus poemas, ya mal que bien consagrado poeta, luce sobre sus cromáticas mayólicas una lista de caídos "por Dios y por la Patria". Es obvio, fue colocada después del triunfo de los franquistas, pero nadie la movió de ese lugar más tarde. Nada me dijo, debo confesarlo, sobre Hernández, Orihuela, excepto quizá sobre su sed de irse. Algo, tal vez, sobre las luces y las sombras de España. Todos son allí valencianos de pura cepa, buenas gentes y aman a Miguel. Pero es que ha pasado mucho tiempo y el cuerpo que su alma atravesaba en llamas, no arde con ella ni con azafranada cosa alguna . Lo digo parafraseando a Pound, un poeta con el que mutuamente se hubiesen ignorado, porque aquél escribía en inglés y era fascista.

Sí, claro, hay algo que une a Hernández con su tierra: su luz de relámpago y su dureza ejemplar. El resto lo supo, creo yo que instintivamente, de la tradición de la poesía castellana y del surrealismo y el imaginismo que pululaban en los borboteantes vasos de la Cervecería de Correos. De este modo, pudo unir, no en teoría, sino en una deslumbrante práctica, la revolución literaria con la política, y éstas juntas, con el sol material y con las sombras de España eterna.

Para mí, toda la breve obra de Hernández es tributaria de un verso de Francisco de Quevedo: "Hay en mi corazón furias y penas". Pablo Neruda –otro participante de la tertulia madrileña– citaría simplemente ese verso; Hernández construyó su obra sobre él.

Hernández es furia, no la indignación justa de Neruda, cuyo verso más sincero sobre la Guerra Civil Española es breve, seco, atravesado de rabia y mejor que toda la arquitectura de su denuncia: "Generales, traidores".

Miguel Hernández coagula en El rayo que no cesa su riquísima experiencia de chico, de joven y de hombre, vividas en el vértigo de una revolución literaria y una contienda que desgarraba la patria en dos. ¿Qué era aquél rayo? El libro está destinado a ampliar la figura, nunca a perfilarla del todo, a partir de aquella cuarteta inicial: Un carnívoro cuchillo / de ala dulce y homicida / sostiene un vuelo y un brillo / alrededor de mi vida . La devastación de ese rayo lo recorre como una condena que de él mismo brota; angustia, mueve a la pregunta: ¿No cesará este rayo que me habita? En el trascurso de El rayo que no cesa , Hernández despliega una serie de imágenes plásticas, modernas y redondas, que hacen de esta serie de poemas el epítome de su trabajo: Recojo con las pestañas sal del alma y sal del ojo y flores de telarañas de mis tristezas recojo.

Guiando un tribunal de /tiburones, como con dos guadañas /eclipsadas, con dos cejas tiznadas y cortadas de tiznar y cortar los corazones El dolor, que proviene de su simple condición de mortal, es el dolor existencial que asimismo Hernández ha de poner en aquella guerra desde adentro. Hubo quienes contaron y cantaron, denunciaron y se exaltaron oscuramente con la batalla de España. El de Miguel Hernández es el testimonio de un soldado, pero no por lo que vio o sintió, cantó y padeció él también, sino por la voluntad de orgasmo que llevaba en sus venas de español.

Así pues, sí: si ha de tener algún significado aquel rayo incesante ha de ser el de una pasión, un dolor de vivir, un hambre de amor y de muerte que el alma lleva, furiosa e intolerante, sobre la carne que la cubre. Este complejo emotivo es el rayo, pues no admite otra lengua que la de la poesía. La que al fin concluye, perdida de antemano la batalla: No podrá con la pena mi persona /rodeada de penas y cardos:/¡cuánto penar para morirse uno!