24.3.17

Abierta la convocatoria del Concurso de Cuento para Jóvenes Andrés Caicedo

Cuarenta años luego de la muerte del escritor colombiano y de la publicación de su emblemática novela ¡Que viva la música!, un concurso nacional le rinde homenaje y estimula la creación literaria entre los colombianos. La convocatoria estará abierta hasta el 16 de julio
Andrés Caicedo, escritor colombiano, quien obró contra sí mismo hace 40 años./revistaarcadia.com


La Alcaldía de Cali, la Secretaría de Cultura de la ciudad y la familia del escritor caleño Andrés Caicedo presentan un concurso de cuento para jóvenes que sirve de homenaje a Caicedo, dado que se cumplen 40 años de su muerte este año.
El autor de ¡Que viva la música! se quitó la vida a los 25 años el 4 de marzo de 1977.
La convocatoria estará abierta hasta el 16 de julio. Recibe textos originales e inéditos con temática libre de colombianos que tengan entre 15 y 25 años. Pueden participar no solo quienes son residentes en Colombia sino en el exterior.
Pilar Caicedo, hermana del escritor, explicó que “la idea es que los jóvenes, entre 15 y 25 años, edad en la que escritor escribió, tengan un estímulo para dedicarse a la escritura”.
El cuento ganador recibirá siete millones de pesos, segundo puesto dos millones y el tercero un millón. El jurado encargado de seleccionarlos está compuesto por Juan Gabriel VásquezJuan Esteban Constaín y Melba Escobar.
El ganador será anunciado en la Feria Internacional del Libro de Cali, evento que se realiza en el mes de octubre, y se publicará un libro con el cuento ganador y los finalistas.
Para participar, y conocer todos los detalles del concurso, puede hacer clic aquí.
Le puede interesar Un cinéfilo empedernido un texto de Andrés Caicedo.

Día de la Poesía: ¿Está tu poema favorito entre estos diez?

 Coincidiendo con el Día Mundial de la Poesía proponemos una decena de poemas
Día Mundial de la Poesía /elperiodico.com

¿Quieres celebrar el Día de la Poesía con una vuelta al mundo a través de una decena de poemas de grandes autores de la literatura?

W. H. AUDEN

Parad todos los relojes
Parad los relojes y desconectad el teléfono,
dadle un hueso jugoso al perro para que no ladre,
haced callar a los pianos, tocad tambores con sordina,
sacad el ataúd y llamad a las plañideras.
Que los aviones den vueltas en señal de luto
y escriban en el cielo el mensaje “Él ha muerto”,
ponedles crespones en el cuello a las palomas callejeras,
que los agentes de tráfico lleven guantes negros de
algodón.

Él era mi norte y mi sur, mi este y mi oeste,
mi semana de trabajo y mi descanso dominical,
mi día y mi noche, mi charla y mi música.
Pensé que el amor era eterno; estaba equivocado.
Ya no hacen falta estrellas: quitadlas todas,
guardad la luna y desmontad el sol,
tirad el mar por el desagüe y podad los bosques,
porque ahora ya nada puede tener utilidad.

JORGE LUIS BORGES

Ajedrez
En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.
II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?

GIUSEPPE UNGARETTI

No gritéis más
Dejad de matar a los muertos,
no gritéis más, no gritéis,
si les queréis todavía oír
si esperáis no perecer .

Tienen un susurro imperceptible,
no hacen más rumor
que el crecer de la hierba,
alegre donde no pasa el hombre.

(Versión de Jesús López Pacheco)

FERNANDO PESSOA

El poeta es un fingidor
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que hasta finge que es dolor
el dolor que en verdad siente,
Y, en el dolor que han leído,
a leer sus lectores vienen,
no los dos que él ha tenido,
sino sólo el que no tienen.
Y así en la vida se mete,
distrayendo a la razón,
y gira, el tren de juguete
que se llama corazón.

MARINA TSVIETÁIEVA

Libertad salvaje
Me gustan los juegos en que todos
son arrogantes y malignos,
en que son tigres y águilas
los enemigos.
Libertad salvaje.
Que cante una voz altiva:
"¡Aquí, muerte, allí -presidio!"
¡Luche la noche conmigo,
la noche misma!

Volando voy -tras de mí van las fieras;
y con el lazo en las manos yo me río...
¡Ojalá la tormenta
me haga añicos!

¡Que sean héroes los enemigos!
¡Acabe en guerra el convite!
Que sólo quedemos dos:
¡El mundo y yo!
(Versión de Severo Sarduy)

JAIME GIL DE BIEDMA

Píos deseos para empezar el año
Pasada ya la cumbre de la vida,
justo del otro lado, yo contemplo
un paisaje no exento de belleza
en los días de sol, pero en invierno inhóspito.
Aquí sería dulce levantar la casa
que en otros climas no necesité,
aprendiendo a ser casto y a estar solo.
Un orden de vivir, es la sabiduría.
Y qué estremecimiento,
purificado, me recorrería
mientras que atiendo al mundo
de otro modo mejor, menos intenso,
y medito a las horas tranquilas de la noche,
cuando el tiempo convida a los estudios nobles,
el severo discurso de las ideologías
-o la advertencia de las constelaciones
en la bóveda azul...
Aunque el placer del pensamiento abstracto
es lo mismo que todos los placeres:
reino de juventud.

WISLAWA SZYMBORSKA

Fin y principio
Después de cada guerra
alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.

Alguien debe echar los escombros
a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.

Alguien tiene que arrastrar una viga
para apuntalar un muro,
alguien poner un vidrio en la ventana
y la puerta en sus goznes.

Eso de fotogénico tiene poco
y requiere años.
Todas las cámaras se han ido ya
a otra guerra.

A reconstruir puentes
y estaciones de nuevo.
Las mangas quedarán hechas jirones
de tanto arremangarse.

Alguien con la escoba en las manos
recordará todavía cómo fue.
Alguien escuchará
asintiendo con la cabeza en su sitio.
Pero a su alrededor
empezará a haber algunos
a quienes les aburra.

Todavía habrá quien a veces
encuentre entre hierbajos
argumentos mordidos por la herrumbre,
y los lleve al montón de la basura.

Aquellos que sabían
de qué iba aquí la cosa
tendrán que dejar su lugar
a los que saben poco.
Y menos que poco.
E incluso prácticamente nada.

En la hierba que cubra
causas y consecuencias
seguro que habrá alguien tumbado,
con una espiga entre los dientes,
mirando las nubes.
(Versión de Abel A. Murcia)

CÉSAR VALLEJO

Hoy me gusta la vida mucho menos...
Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.
Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tánta vida y jamás!
¡Tántos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo:
¡Tánta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tántos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dice casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y que está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tanta vida y jamás y jamás! ¡Y tantos años,
y siempre, mucho siempre, siempre siempre!

BERTOLT BRECHT

Placeres
La primera ojeada por la ventana al despertarse
el viejo libro recién encontrado
rostros entusiasmados
nieve, el cambio de las estaciones
el periódico
el perro
la dialéctica
darse una ducha, nadar
música vieja
zapatos cómodos
comprender
música nueva
escribir, sembrar
viajar, cantar
ser amable.

(Versión de Víctor Casaus)

DEREK WALCOTT

El amor después del amor
Un tiempo vendrá
en el que, con gran alegría,
te saludarás a ti mismo,
al tú que llega a tu puerta,
al que ves en tu espejo
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.
Seguirás amando al extraño que fuiste tú mismo.
Ofrece vino. Ofrece pan. Devuelve tu amor
a ti mismo, al extraño que te amó
toda tu vida, a quien no has conocido
para conocer a otro corazón
que te conoce de memoria.
Recoge las cartas del escritorio,
las fotografías, las desesperadas líneas,
despega tu imagen del espejo.
Siéntate. Celebra tu vida.

En la novela escrita de un tirón Al final del Periférico, el autor regresa a una edad mítica, la de la adolescencia, para descubrir cómo más allá de las diferencias raciales y materiales, la edad y la circunstancia fueron fruto de una unión indestructible

Guillermo Fadanelli, escritor mexicano.Crisanto Rodríguez, SinEmbargo.com


Guillermo Fadanelli está convencido de que la vida transcurre alguna vez sin intervención. En su caso, la adolescencia es esa edad mítica en la que las circunstancias lo hicieron unirse al Adonis, el que se robaba todas las chicas, al Negro Herrman y a unos cuantas criaturas más, fruto de una amistad indestructible, detenida en ese tiempo.
Al terminar el tramo sur de la avenida Periférico a mediados de los años setenta, la ciudad cerraba sus puertas y un lugar despoblado comenzaba a formarse. En ese límite empezaron a ocuparse novísimas residencias con grupos de familias tocadas por la nueva realidad económica del país. En este ambiente de nuevos ricos, Guillermo llega a su hogar con un importante complejo de inferioridad. Pronto hace nuevas relaciones y asimila aquellos que a su edad convierte a su grupo de amigos en estúpido insolentes y desvergonzados sin una guía de supervivencia más que la necesidad sexual, dice la sinopsis.
Como en Los detectives salvajes, Fadanelli elige la edad adolescente para su mito. No es como los amigos de Roberto Bolaño, un dechado de aspiraciones intelectuales. Son, acaso más jóvenes, fruto de una delincuencia juvenil en ciernes, animado por ese despertar sexual tan en ebullición.
–¿La infancia, la adolescencia, como literatura?
–Bueno, cuando vives un presente desgraciado, en continua caída, siempre vas en búsqueda de una edad mítica. Explorador del mito y constructor del pasado y la adolescencia o la infancia son épocas que pueden prestarse a ello, demostrando también que la vida no es mera ilusión.
–¿Te notaste en caída en los últimos tiempos?
–Sí, por supuesto soy un pesimista falso e hipócrita, porque continúo escribiendo y continúo dándole valor a la literatura. Soy afín a ciertos a placeres, pero he cancelado la idea de un futuro mejor, no creo de ningún modo ni en lo social ni en lo individual que la vida vaya a cambiar diametralmente. Damos pasos pequeños a lo largo de siglos, pasos de hormiga en el universo. Pero me he conformado a la manera que lo quería Arthur Schopenhauer como un hombre que es rehén de sus propios impulsos y cuyas explicaciones acerca de la vida y del mundo son sólo un paliativo. O una retórica que acompaña a la vida. Esto te lo digo muy personalmente, mi relación de literatura-vida es íntima y de mi escritura. No es solamente un oficio, es el testimonio de una vida. Y repito siempre la frase de Bryce Echenique: “Nunca te irá tan mal que no te pueda ir peor”. Lo peor siempre está a la vuelta de la esquina, así que mientras tanto disfruto esta lenta calma. Como me gusta decir: doy vueltas alrededor de mi tumba.
–Dando vueltas alrededor de la tumba, pero siempre dándote oportunidad para manifestarte alrededor de lo social. Es tu costado optimista, digamos…
–Sí. Lo ideal para mí es que el resto del mundo desapareciera. Decía Cioran que un hombre normal odia a la mitad de sus contemporáneos y creo que se quedó corto, pero creo que uno no puede vivir socialmente sin pensar en el otro, sin saber que el otro, el vecino, el enemigo, aquel que comparte el espacio común está allí para hacerte la vida más pesada o más sencilla. Entonces, creo que mi inclinación a opinar acerca de lo social tiene una finalidad muy concreta, que el otro desaparezca, que se convierta en un ciudadano, en un hombre distante, en un ser que cumpla las leyes. No en un hombre feliz, porque la felicidad es a cuentagotas y es indefinible, pero por lo menos distante y respetuoso. Civilizado y cortés. Esa es la dirección de mi crítica social constantemente. No soy un tirano ético, no estoy inscripto a ningún partido político, detesto los liderazgos y las transformaciones son lentas, son pausadas, la reflexión tiene que ir siempre por delante de la pulsión en cuestiones sociales. Ahí me revelo como un pesimista hipócrita, porque creo que el hombre con todos sus deseos y sueños debe desaparecer en pos del otro y luchar para no ser engullido por los demás. Y por otro lado, el cultivo de una idea de la libertad ha sido importante en mi vida, la libertad individual y la libertad social, que se entrelazan. No estoy hablando de una ausencia de obstáculos, el de una libertad física y pusilánime hasta cierto punto, sino de una libertad como construcción, que incluya al otro y que incluya la voluntad de vivir la vida como uno quiera, sin necesidad de ser sojuzgado por algún tirano o por algún gobierno despótico. Entonces, bueno así te resumo en forma muy general mi posición, si es que tengo una posición.
–Este año murió Ignacio Padilla, él decía irónicamente que tú terminaste pertenecientes
–Sí, fue una muerte dura. Ignacio Padilla es un buen escritor, pero la literatura es una estética y un gusto, es una inclinación moral. Yo fundé la revista MOHO, en 1988 y nosotros firmamos un manifiesto de tendencia anarquista y dadaísta, pero también partimos de allí para construir otra literatura, dando lugar a una editorial y a una especie de vida estética. En el crack se reunieron cinco escritores, muy distintos entre sí, redactaron un pequeño manifiesto y se dedicaron a escribir libros. Es algo benigno para toda sociedad. La muerte de Padilla es terrible, yo preferiría que se muriera el 95 % de todos los políticos que detesto, en funciones.
–(risas) Gerardo Balderas, toda la novela sucede en las años ’70, representa al Narciso, al Adonis, es la belleza en sí misma. Pese al espejo, construye una filosofía diletante pero también melancólica. Todos mis personajes tienen una referencia real y Gerardo Balderas por supuesto que existía. Era el chico que nos robaba todas las novias y al mismo tiempo el que nos acercaba a ellas–No ir a la cárcel porque no hay estéticas
–Tú no quisieras encontrarte con ellos, los tienes ahí, en esa zona de los años
–Al final de cuentas la novela es la construcción de un mito y prefiero que permanezcan en esa zona ambigua, pero también dichosa. Uno tiene derecho a ser feliz, aunque sea a través de la mentira, del mito y del pasado.
–Roberto Bolaño hace un mito de su juventud, en Los detectives salvajes
–Mis personajes se ubican más en la adolescencia, son niños de 11 a 14 años. No tienen ningún tipo de ambición intelectual y además conviven en un residencial, llamado Villa Cuemanco, cerca de Villa Coapa, que fue una de las primeras prótesis urbana. Uno de los primeros suburbios, una de las colonias donde el Periférico terminaba, tenías que volver, el eterno retorno como diría Nietzsche. Y ahí, en el final del Periférico unos niños conspiraban para hacerse adultos. Creo que es una novela más de iniciación, de aprendizaje, de melancolía adolescente.
–Uno siempre es niño y después se muere
–Sí, la madurez es algo que nadie se merece, el hombre es un niño eterno. Está movido por las mismas pasiones, por el deseo de crueldad, por el ansia de conquista, la curiosidad. Y si sigue siendo niño, seguirá siendo seducido por la sorpresa. El hombre maduro es aquel que ya ha hecho cuentas, que ha determinado el final y el camino de su propia vida. El niño siempre está, dando vueltas alrededor de sus pasiones primarias.
–¿Willy, un escritor? Hoy ya no tienes clase, eres escritor, un hombre sin clase
–Nosotros proveníamos de la Colonia Portales. Veníamos de la calle, mi madre nos echaba después de la escuela a la calle para descansar un poco de nosotros y definitivamente no la culpo. Cuando llegamos a Villa Cuemanco, llegamos a un mundo muy distinto del que habíamos crecido, era un mundo que significaba el progreso de mi padre. Él compraba una casa, que tenía jardín, obligó a mi madre a tomar clases de manejo para tener un auto…y nos enfrentamos a niños distintos. Pese a provenir de clases diferentes, de economías distintas, logramos los niños hacer una pandilla.
–Los perros que eran mascotas y el vecino que asesina al perro sarnoso
–Sí, no todos los niños son iguales, pero la ausencia de experiencia, de ideología, de dolor, lo vuelve un ser más honesto y más honrado. Nosotros le declaramos la guerra a la mitad del vecindario a partir de una mirada cruel y sincera. Por ejemplo, a un vecino que mató a un perro con un rifle lo denominamos “asesino”, a sus hijos “asesinitos” y a su mujer “asesina”. Éramos también pequeños animales, construyendo lenguaje y moral.
–Tú venías de la Portales, por lo tanto te hacías escuchar
–Sí, pero también tenía imaginación. La mayor parte de los planes y de las estrategias que urdíamos para solazarnos provenían de mi imaginación. Si bien los niños reconocían la belleza de Gerardo Balderas y él era como una especie de líder estético, yo era la voz malvada, sobre todo la imaginación que comenzaba a despertarse…
–¿Cómo es tu vida de escritor?
–Esta novela me ha dado mucha satisfacción. Regularmente yo sufro con el género de la novela, el relato, el aforismo, la brevedad, son medios o formas de expresión más comunes a mí. En la novela siempre sufro. Pero quizás sea seducido por la emoción de sufrimiento lo que me hace escribir novelas. Sin embargo, en esta novela como está ligada a la idea de la infancia, a la autobiografía, al mito construido, fue para mí un volver a un pasado, construirme un pasado para evitarlo. Kundera, en su libro El arte de la novela, tenía muy claro que la novela es el cultivo de la mentira. Y una mentira para que tenga sentido, tiene que ser probada, tiene que ser verídica. Construimos mentiras a través del lenguaje y mundos alternativos, la novela es una forma de escaparse de lo real pero no hace a un mundo de fantasía sino a otra forma de la realidad. Es la construcción de mundos. Yo gocé con la escritura de esta novela, por primera vez y no perseguía ningún fin estético. Tampoco buscaba construir una noción de verdad, tampoco deseaba tener el aplauso ni de mis contemporáneos ni de mis lectores. Esta novela es una especie de ajuste de cuentas y estoy muy satisfecho por ella.
–Hay además un nivel del lenguaje muy dinámico, no es tu estilo razonado…
–Claro, una novela es un ritmo y es un tono. Es una tesitura. Yo elegí un lenguaje apresurado, entrecortado, plagado de comas, que mostrara al lector también el ritmo, como palpitaba mi vida entonces. No un lenguaje que buscara la belleza, sino un lenguaje honrado, que expresara sus propias debilidades a través de su desarrollo. Me ha gustado. Mi vida como escritor es eso: un hombre que trabaja mucho por las noches, que lee y escribe, soy muy desordenado en mis hábitos, pero sobre todo soy un hombre observador y que todavía conserva curiosidad y pasión por las letras, por las mentiras, por la noción de la otra realidad, una realidad aparte, por el ser otro. La idea de poder ser otro. Mi vida de escritor va dando tumbos, porque además suelo escribir ensayos, aforismos, tengo columnas y sigo insistiendo en la novela.
–¿Qué piensas de este México conmocionado?
–Mira, al ser México un tema tan complejo, me haría siempre una pregunta: ¿en verdad existe un país o es una entelequia política que utilizan algunos para sus beneficios, para sus intereses? ¿Hay país, hay un Estado que le dé fortaleza al país, hay un gobierno que represente al Estado, hay gobiernos representativos que estén preocupados por el bien común, hay una Federación? Me haría primero esas preguntas, tengo esas preguntas por mi ciudad, soy un habitante de la lengua castellana. Cito otra vez a Cioran que decía que el país es la lengua en la que tú hablas. No son las fronteras físicas. Imre Kertész que decía aquello de que la idea de patria le parecía una tontería, que lo único que un hombre buscaba era un lugar habitable. ¿Es México un lugar habitable? Me parece que para algunos sí, pero para la gran mayoría no. Un país donde la corrupción ha alcanzado niveles rocambolescos no me lleva más que al desánimo.
–¿Qué impresiones te causa Donald Trump?
–Las democracias que están sostenidas no mediante la reflexión sino mediante el conteo de votos, es una democracia indirecta. Dan lugar a que palurdos, a que monigotes ansiosos de poder, como Donald Trump, puedan llegar a ser presidentes. La pregunta es si las instituciones pueden soportar a un payaso de esa naturaleza. O si el payaso se vuelve un monarca de la locura y la tontería. Entonces, habrá problemas. Yo me preocuparía también por México, por el país en el que supuestamente vivimos, no tener capacidad de reacción ni inteligencia ni miras de Estado, para poder establecer un nivel de diálogo que busque el bienestar de la gente que habita aquí. Me preocupa Trump hasta cierto punto, casi al mismo nivel que me preocupa un gobierno mexicano con falta de respuesta, poco representativo, sin imaginación para afrontar dilemas de esta naturaleza.
–¿Hay alguna cosa que se pueda hacer desde la literatura?
–Yo creo que el escritor usa el lenguaje, lo enriquece, le da cierta forma. Para tener opiniones políticas, es necesario entrar en el lenguaje para poder llevar a cabo una crítica. Nuestras quejas son exabruptos pasionales, pero no necesariamente están expresadas en un lenguaje que se corresponda con nuestro desánimo. ¿Cómo puedes reclamarle a alguien su capacidad de corrupción si no tienes las palabras para hacerlo? ¿Cómo vas a reclamarle a las instituciones si no has leído un libro? ¿Cómo vas a mostrar tus miedos sociales si no tienes un lenguaje? Allí el escritor está haciendo su trabajo, como los artistas que nos muestran mundos alternativos. Cada quién tomará sus decisiones, de acuerdo a cómo le convenga. Richard Rorty, este filósofo que he admirado tanto, decía que hay más señales de progreso moral que en las novelas que en el discurso político y la filosofía. Que uno aprende más en el vivir en esta tierra en el arte de las novelas que en la política o en la filosofía. Entonces, mientras sigamos construyendo historia, no fantasiosa, sino historias a partir de la lengua y de la imaginación, todavía una idea del hombre prevalecerá. Cuando se acaben las novelas, estaremos de pie en un mundo distinto, en un mundo que no conozco, esa es mi aportación a lo social. Ya veremos después porque viene un año difícil y es necesario poner un hasta aquí a esta podredumbre política.
–Y en el terreno de la literatura, ¿hay una nueva novela, un libro de ensayos?
–Hay tres libros en puerta. Unos son mis crónicas de viajes. Viajé mucho durante 10 años, era pata de perro, no tenía dinero, era un vagabundo. Visité Irak, Japón, Argentina, varios lados. Se llaman El billar de los suizos. Luego está mi ensayo que es sobre literatura con lo social. Se llama Meditaciones desde el subsuelo y estoy metido en una novela que se llama Fandelli, que es biográfica, pero a mediados de los 90, en las tabernas a las que acudí para cumplir la frase de Fernando Pessoa: “Para comprender me destruí”. Seguramente lo mejor de todo esto será un aforismo, ya veremos.

El cuento de Rodolfo Walsh desaparecido por la dictadura argentina

Los dos únicos lectores conocidos de Juan se iba por el río reconstruyen el texto a partir de su memoria para una muestra
Mariano Pinedo, nieto de Rodolfo Walsh, recorre la muestra en homenaje a su abuelo a los 40 años de su desaparición. 

"Juan Antonio lo llamó su madre. Duda era su apellido. Su mejor amigo, Ansina y su mujer, Teresa". Con estas líneas comienza Juan se iba por el río, el último cuento del escritor, periodista y militante argentino Rodolfo Walsh. Lo escribió entre enero y marzo de 1977, de forma paralela a su Carta abierta a la Junta Militar en la que denunció públicamente las atrocidades perpetradas por la dictadura en el primer aniversario del golpe militar. A diferencia de esa misiva, convertida en uno de los testimonios más precisos del horror, esa obra de ficción sigue desaparecida 40 años después. La compañera de Walsh, Lilia Ferreyra, recitó de memoria el inicio del cuento en un café de la Gran Vía de Madrid en 1982. Frente a ella estaba Martín Gras, superviviente del centro clandestino de detención de la Escuela Superior de Mecánica de la Armada (ESMA), donde fue trasladado Walsh el 25 de marzo de 1977 tras ser acribillado a balazos a plena luz del día en una esquina de Buenos Aires. Martín Gras la escuchó y en su cara se formó una sonrisa: "Yo leí ese cuento", le dijo, "lo leí allí, en la ESMA.
Gras le relató entonces las escenas de Juan se iba por el río que recordaba y Ferreyra se dio cuenta de que había al menos otro lector de ese cuento perdido. Los militares se lo llevaron de la casa en la que se ocultaba el escritor y oficial de inteligencia de Montoneros, junto a todos sus papeles y objetos personales, horas después de asesinarlo.
"Con Lilia decíamos que éramos parte del club más exclusivo del mundo, el de los lectores del último cuento de Walsh. Ahora sólo quedo yo", dice a EL PAÍS Gras, al recordar con tristeza la muerte de Ferreyra, ocurrida en 2015. Nadie sabe qué destino tuvo el relato, si los militares lo conservaron o se deshicieron de él, pero el texto cobra vida ahora gracias a la memoria de Ferreyra y Gras en la exposición recién inaugurada Walsh en la ESMA. La muestra incluye también testimonios de supervivientes de la ESMA que dan fe del traslado del militante a este centro del horror, por el que pasaron 5.000 detenidos-desaparecidos. Y se completa con una sala dedicada a los demás papeles robados.
"La dictadura militar no sólo mató a Rodolfo Walsh, también secuestró su obra", señaló Alejandra Naftal, directora ejecutiva del museo, durante la inauguración de la muestra. "Todo lo que pasó después de secuestrado lo sabemos gracias al testimonio invalorable de los sobrevivientes", agregó.
Gras estaba en el sótano cuando trajeron a Walsh, ya muerto o malherido. "Había algo raro en el aire, mucha tensión y excitación", rememora. Los secuestrados recibieron órdenes a los gritos de regresar al altillo del Casino de Oficiales, llamado entonces Capucha, pero él aprovechó la confusión para encerrarse en el baño y se quedó allí con los pantalones bajados hasta que cesaron los ruidos. Cuando empezó a subir por las escaleras para ir a Capucha, se chocó con oficiales de la Armada que bajaban hacia la enfermería y por la parte inferior del antifaz que le cubría el rostro acertó a ver algo de lo que ocurría. "Era Rodolfo. Tenía una ráfaga de balas debajo del pecho", afirma. 40 años después, su cuerpo permanece en paradero desconocido y los descendientes de Walsh, presentes en la inauguración, denuncian que nadie lo está buscando.

El hombre que se animó

Pocos días después de su asesinato, Gras encontró los papeles de Walsh en el sótano. En silencio, devoró sus textos críticos dirigidos a la cúpula de Montoneros, la carta abierta a la Junta Militar, la carta que escribió a su hija Vicky cuando fue asesinada por los militares y ese último cuento, que permanece sin publicar.
Su protagonista, Juan Antonio Duda, es "un argentino derrotado del siglo XIX" -en palabras de Ferreyra- que ha participado en numerosas batallas y las recuerda sentado en un banco frente al Río de la Plata. En el otro extremo se divisan las casitas blancas de la colonia y él desea llegar hasta allí. Un día, el río se seca y "Juan, sacudiéndose su melancolía, se lanza a caballo a cruzar el río, más allá de su incertidumbre. Cuando Juan es solo un punto en el horizonte el río empieza a crecer, incontenible", recordó ante el tribunal la compañera de Walsh. Ahí termina el cuento. Ferreyra lo pasó a máquina y al llegar al final le preguntó a Walsh si Juan lograba cruzar el río. "No lo sabemos", asegura que le contestó. En ese largo café con Gras, se dio cuenta de que el final abierto había sido para ella una metáfora de esos meses de 1977 en los que creyó que Walsh podía estar vivo: "Una esperanza, el deseo de ganarle a la muerte y al destino".
Más tarde, ante los jueces, Ferreyra le dio a Juan se iba por el río otra interpretación: "Lo que importaba es que Juan se animó, más allá de las circunstancias, del dolor, se animó a cumplir ese deseo". Y señaló que Rodolfo Walsh fue también "un hombre que se animó" a denunciar el terror y la miseria planificada por la dictadura "sin la esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumió de dar testimonio en momentos difíciles".

El libro que llevó a una mujer a prisión por pornografía y escándalo público


Fue difícil dar con su identidad, pues al firmar como Rachilde muchos pensaron que se trataba de un hombre, pero pronto se reveló su verdadero nombre: Marguerite Vallette-Eymery, condenada a dos años de prisión bajo los cargos de pornografía y escándalo público
Portada Monsier Venus de Rachilde

Rachilde, seudónimo de Marguerite Vallette-Eymery escritora francesa nacida cercana a Périgord, Dordoña, Aquitania, Francia durante el Segundo Imperio francés./culturacolectiva.com


En el ámbito literario hay un dicho que todos los escritores y críticos repiten hasta el cansancio, “si no molestas a nadie con lo que escribes, entonces no escribiste nada”, esta frase que a menudo suena pretenciosa, ha encajado a la perfección con muchas de las más grandes obras literarias de la historia. 

En 1957, después de haber publicado la obra maestra del poeta Allen Ginsberg, “Howl”, el autor y editor Lawrence Ferlinghetti fue demandado por un grupo de conservadores quienes consideraron que el libro era un material obsceno y sin ningún valor literario.

Diferentes críticos literarios y expertos en la materia se manifestaron en contra del poemario frente a los tribunales; no obstante, gracias a los excelentes argumentos de su defensa y de quienes estaban de acuerdo con que los textos que componían “Howl” gozaban de cierto valor estético, el editor fue liberado de todos los cargos en su contra y la distribución de la obra de Ginsberg prosiguió con toda normalidad.

Lamentablemente no todos los autores que han sido acusados de daños a la moral debido al contenido de sus textos han tenido la misma suerte. A finales del siglo XIX, la sociedad francesa se escandalizó tras saber de la existencia de una novela que desafiaba todas las reglas establecidas por los estándares de comportamiento de la época.

El libro firmado por Rachilde narraba la polémica relación entre Raoule de Vénérande y Jacques Silvert, un apuesto obrero al que la mujer decide llenar de lujos y comodidades para reclamarlo como suyo, convirtiéndolo en el único objeto de su deseo. 



¡He aquí el hombre! No Sócrates ni la grandeza de la sabiduría, no Cristo ni la majestad de la entrega, no Rafael ni el resplandor del genio, sino un pobre despojado de sus harapos, la epidermis de un patán

Dicho de otra forma, la sociedad francesa interpretó las acciones de la protagonista de esta novela como un cambio de roles en el que la mujer asumía el papel del hombre protector y dominante que tiene a su cuidado a una mujer indefensa, papel que en este caso pertenecía a Jacques. Evidentemente, esta transgresión fue inmediatamente considerada como inmoral ya que, además de poner en duda el papel rol de la mujer en la sociedad de ese entonces, también era una invitación a prácticas poco convencionales como el travestismo, lo cual se deducía desde el título: “Monsieur Vénus”, que de una u otra forma insinuaba la conjunción de lo femenino con lo masculino en un solo cuerpo.
El subtítulo “Novela materialista” no ayudó en nada a la autora del libro, quien inmediatamente fue rastreada para ser juzgada y encarcelada por promover el placer por encima de la razón y las buenas costumbres. Fue difícil dar con su identidad, pues al firmar como Rachilde muchos pensaron que se trataba de un hombre, pero pronto se reveló su verdadero nombre: Marguerite Vallette-Eymery, condenada a dos años de prisión bajo los cargos de pornografía y escándalo público. 

A pesar de que su libro trató de ser borrado por completo, la historia le hizo justicia a Vallette-Eymery, demostrando que, sin importar la temporalidad, un gran texto siempre encuentra la gloria que merecía desde el momento en que fue escrito.

17.3.17

Así se renovaron los diccionarios escolares

Norma tardó dos años en actualizar sus diccionarios para estudiantes de colegio
En el 2014, la Real Academia de la Lengua Española (RAE) lanzó la edición número 23 de su diccionario y les dio visto bueno a más de 5.200 neologismos./Abel Cárdenas/eltiempo.com

Las áreas de referencia en las editoriales, que en otros tiempos eran divisiones gigantes dedicadas a idear diccionarios, enciclopedias y atlas, han venido perdiendo terreno ante las opciones de internet.

Mabel Pachón, a cargo de este tipo de textos en Norma desde el 2000, es testigo de los cambios: “Cuando empezaron a subirse los contenidos a la web, fueron quedando solo los diccionarios escolares con contenidos antiguos –cuenta–. En el 2008 partimos de cero e hicimos una nueva línea de diccionarios: de lengua, de sinónimos y antónimos y bilingües”. 

Pachón, al frente del equipo que entregó la actualización 2017 del Diccionario Básico Escolar y del Diccionario Escolar Ilustrado, se muestra orgullosa del resultado: el trabajo no se limitó a comprar una base de palabras y adaptarla. Fue una actualización de dos años que evaluó palabra por palabra antes de incluirla.

¿Cuándo se vio la necesidad de actualizarlo?

En el 2014, la Real Academia de la Lengua Española (RAE) lanzó la edición número 23 de su diccionario y les dio visto bueno a más de 5.200 neologismos, cuyo ingreso fue labor en común con las academias de los países de habla española. Esto hizo para nosotros imperativo actualizar los nuestros. 

¿Cómo fue el proceso?

Los cambios de fondo implicaron un estudio acerca de qué palabras eran pertinentes para incluirse en diccionarios cuyo objetivo es la población escolar. 

Se hizo el cotejo entre las ediciones de la RAE buscando las palabras nuevas, y otro equipo de docentes de colegios, conocedores de los textos escolares, presentaron términos que debían entrar. Después se fundieron los dos trabajos, se miró el lenguaje hablado y el que manejan los docentes, que a veces usan términos que no están en la RAE, y se discutió qué palabras podían ingresar. 

¿De dónde se toman las definiciones?

La RAE fue solo una guía. Copiarla sería un plagio. Así que miramos las palabras nuevas, qué definiciones tenían y cuáles eran válidas para los estudiantes, y empezamos a redactar. Incluimos palabras de todos los campos: ciencias, física, química, matemáticas, geografía, astronomía, historia, política, economía, medicina, informática. La RAE españoliza palabras como ‘güisqui’, pero nosotros la usamos con w, whisky, como un extranjerismo que conserva su forma y lo escribimos en itálica.

¿Quitaron muchas palabras?

Pocas. No se podía hacer crecer mucho el diccionario y meterle 120 páginas más y mantenerlo a un buen precio. Así que, sin afectar la calidad ni el valor, tengo un texto con 16 páginas más, en las que cabe mucho, si se tiene en cuenta que sacamos palabras en desuso. 

¿Hubo palabras que generaron debate?

Bruxismo, por ejemplo. Se consideraba un término elevado. Pero los muchachos lo viven, así que resulta cercano, lo mismo que bullying. Feminicidio es una realidad social. Alguien verá una palabra y dirá: “Ese contenido no se ve en el colegio”, pero pertenece al contexto de la familia, la ciudad o el país. Nos interesaba privilegiar todo: cuidado del planeta, conflictos sociales, que sepan qué es segregación racial. Dígame si no van a estar familiarizados con el desplazamiento más que los niños de otros países. Hay realidades que no podemos desconocer.

¿Hasta cuándo sobrevivirán este tipo de diccionarios?

No se ha dicho la última palabra. He visto profesores que proponen consultar por internet y otros, en diccionarios impresos. A diferencia de una base de internet que arroja el mismo significado para un adulto que para un niño de 8 años, sin filtro, el trabajo que hacemos es seleccionar palabras acordes con las necesidades de los menores. En ese sentido no competimos. Esa es nuestra fortaleza, lo que podemos aportar. 

¿No está en internet?

No. Salvo el Diccionario Didáctico Escolar, del que emitimos un volumen de palabras en impreso asociadas con juegos para trabajar con imágenes complementarias en la web. Subirlo tal cual no tendría sentido. Ahora trabajamos en proponer formas más creativas de usarlo, y para ello hacemos talleres para maestros sobre el tema.